Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

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19 de julio- día del amigo canaya

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lunes, 15 de septiembre de 2014

los ecos rosarinos



   Aquel furor legalista porteño llegaría a Rosario también en 1930, sobre finales de marzo, y produciría una real zozobra entre la cofradía rufianesca, temerosa de padecer las mismas penurias carcelarias de sus colegas de Buenos Aires. Una serie de procedimientos policiales con aval judicial, a cuyo frente estaba el Jefe de Investigaciones de la Jefatura de Policía rosarina, Félix de la Fuente (un controvertido funcionario al que se señalaban conexiones y permisividad hacia el mundo rufia­nesco y también la mafia, y que se suicidaría tiempo después) permi­tió la detención inicial de una serie de explotadores curiosamente no vinculados a la Zwi Migdal.

Se trataba, en ese caso, de rufianes criollos que, en distintos pros­tíbulos clandestinos, casi ninguno de ellos emplazado estrictamente en Pichincha, usufructuaban el trabajo de mujeres reclutadas o secues­tradas en otras localidades. Los apellidos de los detenidos son demos­trativos: Saavedra, Ponce, Ramallo, Mancini, Grimandi, González, León García, Oliva, Cavallone, tanto como el de las explotadas: Fer­nández, Gauna, Delera, Gallo, Bogado, Peludero, Báez, etc.

En una segunda arremetida, en mayo de 1930, les tocaría el turno a los implicados en otro tráfico igual de sórdido ya entonces: el del narcotráfico. Los operativos implican, esta vez, a algunos de los muchos extranjeros vinculados a la Migdal en forma directa o indirecta a través del negocio prostibulario de Pichincha o de los clandestinos subsistentes de la sección 4.a. De ese modo, caen por el tema de las drogas Bernardo Pusder, José Zilberberg, Manuel Schneiderman, Ana Rucks y Juan Zebman, entre otros, además de los propietarios de algu ñas farmacias de la zona de los "quilombos".

Simultáneamente, De la Fuente recibe de su colega porteño.  famoso comisario Eduardo Santiago (sobre el que caerían asimismo las fundadas sospechas de su connivencia con la Migdal, que lo llevaría a huir al Uruguay tras el golpe de Uriburu, en previsión de que salieran la luz los mutuos favores), el pedido de captura de varios de los soci^ de esta última, ordenada por el juez Rodríguez Ocampo.

El 25 de mayo dan comienzo los procedimientos, que se inicia en la mencionada sinagoga de Güemes 2965 y en un comercio " mueblería de Ituzaingó 1981. En la primera es detenido Saúl Friedman, polaco que oficiaba de rabino y se contaba entre los fundadores ^ cementerio de la cofradía rufianesca de Granadero Baigorria; el segundo, es apresado su propietario Carlos Jacobovich y secuestra documentación vinculada con el negocio prostibulario organizado la Zwi Migdal. Ambas noticias aparecen en las páginas del diario porteño Ultima Hora, que se ocupaba con asiduidad de los avatares de aq^ Ha avanzada contra la cofradía rufianesca.

Si bien la actividad policial no declinó en los días subsiguiente,  todo parecía indicar que tampoco en Rosario el celo de la autoría fuera mucho para detener a algunos de los socios expectables de sociedad rufianesca a los que se suponía instalados en la ciudad, tras las batidas ordenadas por Rodríguez Ocampo, que los habían gado a emigrar apresuradamente de la Capital Federal. Es cierto que en la Jefatura rosarina habían recalado, en pocos días, una treintena de socios de la Migdal como Samuel Kalisky, José Abramovich, Simón Feinbus, Aisk Frank, Alter Schulevich, Isidoro Goldestein y muchos otros, cuya nómina aparece en las páginas de los diarios de la ciudad .

Uno de ellos, el polémico Reflejos, dirigido por Caffaro Rossi, iba a encargarse, a veces en más de una edición por día, de ir señalando sus dudas y enojo ante la acción de la policía rosarina, pese las detenciones apuntadas. El 30 de mayo, por ejemplo, señala: el desbande de la Migdal en Buenos Aires ha habido un gran desbande explotadores de mujeres. Muchos de ellos han venido a esta ciudad. Aquí. pasean, se pavonean y hasta quizá planean nuevos negocios. ¿Qué hacen autoridades? Hasta ahora nada. No queremos hablar de complicidad; ptf* bien dice el refrán que el que calla otorga. Presenciar impasibles las actividades  de esos seres deleznables en nuestra urbe k trabajo es lo mismo que tolerar su permanencia.

La admonición a la Jefatura de Investigaciones comandada por De la Fuente es contundente: La invitamos a que ponga de vez en cuando el celo que acostumbra emplear para perseguir anarquistas, también para ahuyentar tahúres, maleantes, traficantes y maquereaux...

En la embestida policial, sin embargo, iban a quedar implicados algunos de los prostíbulos conocidos, como el "Armenonville", del cual el ya mencionado Zilberberg aparece como copropietario junto a Elena Rubinstein, y donde al parecer abundaba la cocaína, lo mismo que en el "Petit Trianón" de Chatel. En el "Armenonville", además, se comprobó la explotación de una joven pupila polaca, Sabina Heit, quien hacía pocos días había sido internada en el mismo por el dete­nido Goldestein, tras ser traída por éste desde su país natal mediante el habitual método del casamiento y obligada por la fuerza a prosti­tuirse en su beneficio.

Lo cierto es que la policía, e incluso la justicia rosarina, caerían en esos días bajo la sospecha de connivencia con los tratantes, entre otras cosas por el otorgamiento insólito de las cartas de ciudadanía a muchos de ellos, todos reconocidos como tales y por ende inhabili­tados para obtenerlas por vía legal. Algunos individuos famosos en el ambiente prostibulario son denunciados por diarios como Reflejos, Gráfico, Rosario Gráfico y Democracia por actuar como agentes de la Migdal ante la policía y la justicia.

Son los casos del conocido "Ñato" Musolino (alias de Angel Belorini), de quien se afirma que además de su condición de chofer de un auto de alquiler ejerce la de explotador de la madama del "Mina de Oro", y del "Patón"Tecce, al que se le asignan puertas abiertas en el ámbito tribunalicio para todo lo que sea "dar una mano" a la cofra­día en el ámbito judicial...

La revolución del 6 de septiembre, que terminaría con el legí­timo mandato popular de don Hipólito (su casa fue saqueada e incen­diada en el transcurso de esa jornada), no conmovió sin embargo demasiado a Rosario, si nos atenemos al testimonio de Juan Álvarez, que sin duda estaba teñido de la subjetividad de su origen conserva­dor: Rosario, ajena al movimiento, recibió la noticia sin agitarse, admitiendo enseguida y con sensación de alivio al nuevo orden de cosas, que daba asimismo en tierra con el gobierno local...

La ola duramente inti-yrigoyenista que se había enquistado en ciertos sectores del Ejército tenía voceros muy encarnizados en el periodismo, como los diarios Crítica, de Natalio Botana, y sobre todo La Fronda, claramente filonazi, fundado en 1919 y dirigido desde entonces por Francisco "Pancho" Uriburu; este último servía de vocero a la "reacción nacionalista" y expresaba de un modo por lo general insultante, entre el agravio y más de un toque de desembo­zado racismo, lo que esos sectores no se atrevían a decir del presidente y su gobierno.

Un repaso somero a las ediciones de "La Fronda" de 1929 sirve de suficiente ejemplo de ese estilo de prensa amarilla; aludiendo al ori­gen vasco del padre de Yrigoyen, el diario opina en enero de ese año: ¡Analfabeto de padre y madre! ¡Qué magnífica genealogía para un jefe de repú­blica civilizada!, mientras que el 23 de enero de 1930 habla del terror de la mazorca yrigoyenista y el 27 de junio del año siguiente va mucho más allá al titular: Ya no cabe duda de que Yrigoyen está loco...

El 15 de julio de 1930 el diario habla de Rosario y adelanta cla­ramente hasta dónde habían llegado las críticas y el tono de las mis­mas en la etapa de preparación del    golpe, cuyos progresos y protago­nistas estaban en Buenos Aires en boca de muchísima gente, y en las noticias de los diarios, aunque el presidente insistiese en la postura de no otorgarle mayor entidad a aquella tentativa que, en definitiva, se convertiría en la primera de las muchas interrupciones de la vida democrática en la Argentina.

Afirma el diario de Uriburu: Las consecuencias de la propaganda demagógica de los partidos extremos y además, del peludismo, se está haciendo sentir en la ciudad de Rosario. Desde que el gobierno nacional asumió el poder, la ciudad laboriosa del Litoral parece abandonada a las fuerzas disol­ventes que amenazan destruir los fundamentos mismos de la colectividad, con sus continuas perturbaciones del orden público. Todo el mundo recuerda la huelga que mantuvo paralizadas las actividades del Rosario durante mas de un mes. Un nuevo incidente producido anteayer nos demuestra que la exci­tación obrera continúa y que los elementos comunistas y revolucionarios se sienten alentados por la actitud aduladora que mantienen hacia ellos los ele­mentos de la política local.

   "La Fronda", un pasquín infame en esencia, que sustentaba la inmi­nente irrupción fascista en la Argentina, sólo insistía en ese artículo en su decidida fobia contra el radicalismo y en especial contra la condi­ción de líder popular ostentada porYrigoyen aún entonces. El 30 de julio volvía a la carga con respecto a la situación en Rosario: El ambiente de la ciudad registra infinidad de hechos que son graves síntomas de una paulatina disolución del poder público. No hay gobierno. No hay auto­ridad. No hay mantenimiento de jerarquías institucionales, jurídicas ni de cate­gorías sociales. El gobierno del pueblo y para el pueblo, en otros términos, el yri-goyenismo, es lo que ha traído semejante desbarajuste. No es menester ser muy perspicaz para advertir que estamos al borde del abismo...

Dos años antes, al producirse el triunfo en las elecciones que decidieron su segundo mandato, se podían leer en sus páginas frases aberrantes como éstas, que sintetizaban tanto la xenofobia como el pensamiento reaccionario del sector: Yrigoyen ha triunfado, porque hoy lo aplauden en todas las cárceles los indultados, los reincidentes, los rufianes, dueños de casas de juego y lenocinios, 50 empleados y obreros ocupados en las dependencias del Poder Ejecutivo de la Nación, 70 mil árabes, calabreses, tur­cos, rusos y otros detritos europeos desterrados de sus respectivas patrias, con carta de ciudadanía. El triunfo en las urnas ha sido el de la falta de delica­deza de las clases altas, del encaño y la mentira, operando en el elector senci­llo e inconsciente...

   Ese chauvinismo racista correspondía al odio que produjo en los sectores más claramente conservadores y oligárquicos el nuevo triunfo radical con Yrigoyen a la cabeza, pero antes del comido de 1928 La Fronda ya estaba empeñada en una campaña agorera y agre­siva a la vez, que no asociaba esta vez al gobierno radical con la "mala vida" pero lo atacaba por otro flanco: Nuestro electorado jamás ha dado muestra de una certera orientación política. Pesa en nuestra balanza electo­ral un ejército enorme de empleados públicos, superiores en número al de Francia y otro enorme ejército de aspirantes. Pesa en nuestra balanza, por ultimo, el oro de los bolcheviques rusos, prodigado sin medida en nuestra cam­paña y probablemente también en Tucumán, Santiago del Estero y Santa Fe.

Toda una muestra del acendrado pensamiento reaccionario y fas-cistoide de quienes iban a sumergir al país en la "década infame", con la complicidad (activa o por omisión, en Santa Fe) de partidos que, como la democracia progresista de Lisandro de la Torre, representaban mucho más los intereses de ciertos niveles poderosos que los de las clases populares, pese a que su fugaz gobierno provincial produjo una de las constituciones más progresistas que se hayan implementado en Santa Fe.

Positivo antecedente que, mucho después, no debe dejar de recordarse, quedaría reducido a recuerdo al aportar el PDP algunos de sus dirigentes más conspicuos, como los rosarinos Alberto Natale o Rafael Martínez Raymonda, para colaborar con el gobierno militar que ejercería la más cruenta dictadura registrada en la historia argentina. Ello bajo la endeble justificación de que se lo hacía en el período final de la misma y en una transición hacia la democracia, a la que ellos no habían contribuido por cierto demasiado a través de la historia.

Por su parte, el sucesor de Yrigoyen, el dictador José Evaristo Uriburu, vendría a la ciudad en julio de 1931 para presidir la inaugu­ración de un gran elevador de granos, con la presencia de buques de guerra en el puerto rosarino, y un banquete con 500 invitados espe­ciales, deseosos de dar fe de su decidida adhesión golpista.

La campaña de ataques a los rufianes proseguiría mientras tanto después del 6 de septiembre, y para alegría de la prensa independiente continuaron cayendo en manos de la ley muchos socios de la Zwi Migdal, algunos de ellos escondidos en Rosario tras la cortina de humo de algún negocio legal, como cigarrerías o mueblerías que disi­mulaban la verdadera actividad de muchos de sus dueños. Organos periodísticos como El Norte, dirigido por Ernesto Rasmussen, o el ya mencionado Reflejos, se regocijaban públicamente del triunfo de esa campaña "antirrufianesca" que los tuviera mucho tiempo como soli­tarios paladines en la ciudad.

Alguna denuncia de esos periódicos llegaba incluso más lejos, como la de Reflejos en mayo de 1931, que señalaba la existencia de una generalizada corrupción policial y municipal, para la que apor­taban dinero todos los sectores locales de la Migdal. Otras notas obte­nían repercusiones impensadas, como aquella que involucrara a dos nombres conocidos de la cultura argentina: los de Rodolfo Puiggrós y Antonio Berni, y que el pintor —como se consignara anterior­mente— seguiría recordando muchos años después.

Allá por el año 31, después de mi primer viaje a Europa cuando yo había vuelto a vivir en Rosario, me hice bastante amigo de Rodoljo Puiggrós. Fue precisamente a él a quien se le ocurrió una nota sobre loi prostíbulos rosarinos y me llevó a mí como fotógrafo; la nota era para el diario Crónica; la escribió con seudónimo, por supuesto, y las fotogra­fías se publicaron como si fueran de un fotógrafo anónimo. Los mejores quilombos de Rosario estaban en la calle Pichincha: había de 2 pesos, de 3 pesos y de 5 pesos. Luego estaban los de un peso, pero estos quedaban en calle Suipacha y eran los más rascas. Lo corriente es que fueran gran­des patios que habían sido techados con vidrio, de modo que de día eran muy luminosos. Comenzaban a funcionar a partir de las 4 de la tarde, así que hasta las 6, sobre todo en verano, tenían una luz bárbara.

(Antonio Berni: en "Homenaje a Rosario" Reportaje en revista La Maga, 1998)
 
Todo aquel ajetreo prostibulario desatado por el probo Rodrí­guez Ocampo tendría pronto una tregua en la ciudad en 1931, luego del fallo de la Cámara que beneficiaría a los rufianes de la Migdal, aun cuando algunos miembros notorios de la cofradía en Rosario, como el ya mencionado francés Enrique Chatel, terminaran remitidos poco después a Buenos Aires y deportados luego, aunque éstos fueran los menos. Sería en ese año, sin embargo, cuando obtendría notoriedad periodística y pública un funcionario policial asignado justamente al barrio de Pichincha, quien haría famosos los métodos "disuasivos" empleados con los guapos y rufianes de su jurisdicción.

Después del golpe militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen, el mayor Carlos Riccheri fue nombrado comisario de órdenes de la policía rosarina. Desde ese momento encabezó periódicas razzias en el ambiente prosti­bulario de Pichincha. Los rufianes, eran conducidos a la jefatura de Policía, rapados con la máquina número cero y detenidos durante un mes de pri­sión. En una de esas recorridas, Riccheri se topó con Antonia Lais, encar­gada del café Venecia, que estaba en Brown entre Pichincha y Suipacha y pertenecía al rufián León Rubinstein. Lais le regaló una cruz de oro con brillantes, ante lo que el militar reaccionó airadamente, imponiéndole una multa. El incidente demuestra que las "excursiones" de Riccheri tenían una finalidad más propagandística que de combate efectivo contra la pros­titución. De hecho, los "empresarios" del sector continuaron sus negocios sin sufrir mayores inconvenientes...

(Osvaldo Aguirre, "El militar y la madama", en diario La Capital, 20 de diciembre de 2001)


Cuando yo trabajaba en la policía, mientras estudiaba Medicina, el jefe de Policía era Carlos Riccheri, un mayor que también perseguía mucho a la prostitución y a los panzones. A los que él podía detectar los detenía. Estos tipos andaban todos vestidos de azul, con una camisa amarilla, corbata azul y un taquito alto: usted veía alguien así en la calle y podía estar seguro que era un panzón. Entonces, ¿qué hacía Riccheri? Les afeitaba la mitad de la cabeza, y les cortaba con el sable uno de los tacos. Salían caminando rengos...

(Mercau: testimonio citado)
 



Contemporáneamente, la atenuación de los vaivenes del "caso Liberman" permitió que los prostíbulos de Pichincha volviesen a lucir animados y concurridos como en sus mejores tiempos. Se reiniciaba de ese modo, después del gran susto de las  razzias y los allanamien­tos policiales de poco antes, el trajín de los "quilombos" y de su fauna habitual y pintoresca. Pero sería sólo un paréntesis de calma antes del golpe mortal.



Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo IV  editado 2005 por la Editorial homo Sapiens Ediciones del autor Rafael Ielpi
 

A TRES AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

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