Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

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19 de julio- día del amigo canaya

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jueves, 21 de agosto de 2014

TERTULIAS, RECIBOS Y FESTEJOS



En las notas sociales de publicaciones como La Nota, Iris, Monos y Monadas, etcétera, aparecen entre 1900 y 1930 muchos de los ape­llidos de la burguesía de comienzos de siglo junto a otros cuyo lustre social llegaría un poco más tarde; por lo general se los menciona como presencias habituales en el Hipódromo Independencia, en la anual Exposición Rural o en los muchos saraos y fiestas que los tenían como notorios destinatarios y animadores: Fernández Díaz, Casas, Cifré, Zavaleta, Sugasti, Peracca, Manera, Cabrera, Ricardone Goyenechea, Marull, Doncel,Tudela Terán, Fredikson, Cassini, Monserrat, Premoli, Candía, Centeno, Vila, Petit, Marquardt, Alcacer, Foster, Araya, Amuchástegui, Laborde, Colomar, Bustillo, Rouillón, Larrechea, Paganini, Uranga, Tellería, Méndez Carreras, Castagnino, Echesortu, Giacosa, etcétera.
Perduraban asimismo, como incluidos en esa clase, apellidos alemanes e ingleses que en todos los casos eran también de origen inmigrante: Herwig, Schaeffer, Berger, Reimer, Werner, Meister, Hoffman, Rehder y otros, entre los primeros, y Nolan, Turney, Clayton, Bell, Halliday, Noble, Davis, Bradley, Sylvester, Constable, etcétera. Estos últimos, por ejemplo, infaltables en los festejos rosa-linos del "Empire Day", como los concretados por la British Society, ni julio de 1929.
De 1903, en cambio, es la crónica de otro tipo de velada social: una Nochebuena celebrada a bordo, cuando un grupo de familias reco­nocidas organiza el evento a bordo del vaporcito "Manuel Zolezzi", * edido por la Dirección de Obras del Puerto, para esperar la llegada de las doce campanadas. Salieron a las diez y media de la noche, pre-\ io silbato de la embarcación, con los viajeros instalados en cubierta 1 orquesta haciendo sonar una marcha entusiasta. Los excursionis­tas, una veintena entre señoras, señoritas y caballeros, formaban Circulo en la cámara del Zolezzi.
La Idea ayuda a imaginar el momento, dando cuenta, de paso, de quiénes integraban aquel pasaje distinguido: Deleitábanse en animada conversación, salpicada de chistes de buen tono y haciendo gala de espiritualidades del más refinado buen gusto. Y no podía ser de otra manera: ahí estaba la incesante  y joven señora Matilde Duchesnois de Casas, amable y decidora como siempre, con su cultura exquisita y sus oportunidades de caseur inge­niosa, a quien se la escucha con la complacencia que despierta su clara inteli­gencia; la señora Amalia de Jenyén, que interesa desde el primer instante en que se participa de su ameno trato y las señoras Carlota Pérez de Duchesnois y Celina Guesalaga de Covernton, que con todo el prestigio de la aristocra­cia que encarnan sus nombres, daban brillo y realce a aquella reunión selecta.
    El "vaporetto" tomó rumbo a San Lorenzo, y mientras los viaje­ros se asomaban a mirar las luces titilantes y temblonas que se avizo­raban en la costa, la orquesta ejecutaba un repertorio tan ecléctico que admitía música de baile, ópera y "estilos nacionales". Estos últimos merecieron el honor de ser cantados a coro por los excursionistas, mientras que Duchesnois de Casas se lucía en las vidalitas y la señora de Jenyén hacía oir, en medio del Paraná, su espléndida voz de soprano. El remate de La Idea es digno de una revista de chismes: ¡Y llegaron las 12! Con entusiasmo fue aclamada la medianoche y el primer tapón de Pommery saltó y el rubio y espumoso champagne fue servido y el primer brin­dis se formuló saludando al gran día del nacimiento del Niño Dios. A partir de aquel instante el entusiasmo creció, si cabe, pues empezaron los brindis, que se hacían en general, y en particular entre algunas parejas que ofrecían algún detalle sospechoso...
      La excursión incluía a apellidos notorios: el bouquet fragancioso (sic) y coqueto que formaban las señoritas Blanca Muniagurria, Rosa Vila Ortiz, Margarita y Alice Covernton, María y Sara Susana Páez, Amalia Jenyen y Elisa Pérez y los caballeros Arturo Suárez Pinto, José Damiani, Carlos Lac Prugent.José Jenyen, Andrés Calcagno, Francisco E. Correa y el doctor Camilo Muniagurria, y después que Sara Susana Páez recitara poemas de su cosecha (peligrosa costumbre que al pare­cer mantuvo durante toda su vida), el vapor Zolezzi atracó a las dos de la mañana en el muelle. La Idea pone el broche: el desembarco fue tan animado como lo fuera la partida de la excursión. Aunque sonara segu­ramente más ruidoso el primero, pensando que mediaron entre una y otra circunstancia unos cuantos estampidos de Pommery a bordo...
Algunas familias, por su origen y posición socioeconómica, tenían facilidad para ser generadoras de otra de las formas de relación social de principios de siglo: las tertulias, que se llevaban a cabo en Lis residencias, algunas magníficas, que la burguesía adinerada haría levantar en la ciudad ya desde los años finales del siglo XIX.
En diciembre de 1910 se lee en Monos y Monadas: Entre la colectivi dad inglesa, las tertulias en lo del doctor Claudio Newell tienen fama por la selección de familias que concurren como por la animación que reina toda la noche.
El mencionado, hijo de Isaac Newell, fundador del Colegio Mercantil Inglés y del club Newell's Oíd Boys, tuvo también desta­cada actuación en la ciudad. Nacido en 1878, se recibió de abogado ocupando luego altos cargos judiciales en la magistratura santafesina. En 1921 es designado intendente de Rosario y en 1924 asume una diputación nacional por Santa Fe, llegando a ocupar la residen­cia de la Comisión de Negocios Extranjeros del Congreso nacio­nal. Dicho cargo le posibilitaría ser el enviado oficial a Génova, donde recibió el Monumento al general Manuel Belgrano, donado por dicha ciudad.
Aquellas residencias fastuosas, en muchos casos con detalles de refinado buen gusto, por más que se siguieran en un todo los dic­tados de modas y estilos arquitectónicos y decorativos en boga en Europa, y en ocasiones se mezclaran los mismos sin mayor cuidado, eran también símbolos de poder económico y la inauguración de una de ellas pasaba a ser también un importante evento, al que no ser convocado era socialmente oprobioso. La habilitación de la man­sión de los Pinasco, en Córdoba esquina Bulevar Oroño en agosto de 1910, dio lugar a un festejo presidido por la anfitriona Angela Tiscornia de Pinasco, antes de pasar a ser una de las residencias más envidiadas del Rosario y en la que se alojarían muchos visitantes ilustres.
Lo mismo ocurría el 5 de agosto del mismo año, por la noche, al celebrarse lo que se calificaría como "festival" ofrecido por los espo­sos Nicanor De Elía y Carola del Campo (descendiente directa ésta del poeta Estanislao del Campo, el autor del Fausto criollo) en la fla­mante residencia mandada construir por los mismos en la esquina de Bulevar Oroño y Mendoza, que sobreviviría hasta entrada la década del 60. Monos y Monadas daría pistas de lo que fue aquella lejana cele­bración, otro de los fastos sociales de comienzos del siglo: El buen gusto y la elegancia estuvieron representados dignamente. El festival no pecó por la más mínima vulgaridad. Hubo recitados, representaciones, lunch y baile. La revista muestra imágenes de la escenificación, por jóvenes de ambos sexos de las familias más reconocidas, de Les dosse tetnps de la reine. En francés, como correspondía.
Otros constantes "agasajadores" de esos años, mencionados asi­duamente por las revistas sociales, eran Juan José Benegas y su esposa Rita Ibarlucea; Cornelio Casablanca, cuyas recepciones y veladas eran señaladas por la prensa social como ejemplo de lo que debe­rían ser las ¡testas de buen tono; los Recagno, cuya mansión, con vitra­les traídos especialmente desde Alemania, en Bulevar Oroño entre San Juan y Mendoza, actual Liceo Bernardino Rivadavia, constitui­ría un ejemplo de la arquitectura y el estilo francés en pleno paseo dela"high"rosarina; o Esteban Frugoni y su esposa, en su esplén­dida morada de calle San Lorenzo.
Del mismo modo, hacia 1901, la prensa rosarina daba cuenta de las tertulias realizadas por las familias residentes en el pueblito de Alberdi, en el local de la Comisión de Fomento, frente a la actual Plaza Alberdi; familias que, por lo demás, eran en su gran mayoría parte de la sociedad rosarina, que había elegido la zona como lugar de veraneo a orillas del Paraná, o para bucólicos fines de semana.
Era en esas residencias donde las señoras de la aristocracia que daba el poderío económico recibían a sus amigas o a matrimonios de su misma clase social. Las rígidas convenciones sociales, el llamado "buen gusto", hacían que incluso el hecho de una visita social de estas características estuviese perfectamente reglamentado por códi­gos no escritos pero sí vigentes en esos círculos. Por ello es que cada una de aquellas damas hacía público su "día de recibo", para evitar confusiones o irrupciones no acordadas, que viniesen a alterar una rutina social perfectamente organizada.
Una guía de 1905, la editada por Peralta, en su capítulo "Días de recibo de las familias del Rosario", publica una nómina que incluye entre otras a las siguientes: María Leonor V. de Amuchástegui, que no tenía día fijo; María Esther Arijón (Io y 3o miércoles); Luisa B. de Araya y Elena Sugasti de Araya (todos los días); Rosa Tiscorniade Castagnino (3o y 4o lunes); Petrona del Mármol de Colombres (2o y 4o miércoles); Pepita S. de Recagno (Io y 3o miéi coles); Familia de Santiago Pinasco (sin día fijo); Nicanor De Elía (.'" y 4o lunes); Héctor Castagnino (sin día fijo); Firma Mayor de Estévea (los sábados); Ramona Ortiz de Colombres (2o y 4o viernes); María  C. de Chiesa (2o y 4o viernes); Adela E. de Casas (1o y 2o lunes); Carmen Machain de Lejarza (1o y 2" sábado); Manuela P. de Marull (todos los días); Carmen Sívori de Casanovas (miércoles), etcétera.
No debe extrañar para nada la existencia de dicha costumbre en el Rosario del primer lustro del siglo, ya que los días de recibo eran una imposición del protocolo social de las clases altas, tanto de Rosario como de algunas de las grandes ciudades como Córdoba o Buenos Aires, en las cuales estas convenciones eran respetadas a ultranza. Todavía en 1925, la revista Para Ti indica los días de recibo de las encopetadas damas de la oligarquía porteña: Carmen Alvear de Cristophersen, los martes; Dolores Anchorena de Elortondo, los miér­coles; María Luisa Unzué de Aldao, los jueves; Susana Torres de Castex, los sábados, etcétera.

Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo III  editado 2005 por la Editorial homo Sapiens Ediciones

A TRES AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

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