Escudo de la ciudad

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martes, 19 de septiembre de 2017

ANTONINO ROCA: LA HISTORIA NO CONTADA ANTONINO BIASETTON, SUS INICIOS COMO RUGBIER

Por Eduardo Sánchez



Un personaje casi desconocido hoy día, pero que trae muchos recuer­dos para los que pintan canas. Hay mucha información sobre su tra­yectoria en Buenos Aires y en Estados Unidos, pero no he encontrado datos acerca de los primeros pasos de Anto-nino en el cachascan en Rosario, de allí el título de "Historia no contada". Antonino Pío Biasetton era el verdade­ro nombre de quien era llamado Anto­nio "Tony" Beasetton, en los anuncios de las populares luchas de catch de Ro­sario de los años 40. Nacido en Treviso, Italia, en 1921, se había embarcado a Rosario a los 16 años para juntarse con sus hermanos mayores ya radica­dos en la ciudad, y comenzó a trabajar con uno de ellos que era distribuidor de carnes del Frigorífico Swift.

Antonino muy joven, pero con una fuerza fuera de lo común, cargaba las medias reses sobre su espalda con una facilidad que llamaba la atención. El detalle fue observado por una persona de apellido Midletton, dueño de una estación de servicio en Córdoba y bu­levar Oroño, quien le propuso integrar­se al equipo de rugby del Club Atlético del Rosario (Plaza Jewell). Midletton, también jugador de la institución, cre­yó que el forzudo joven le aportaría mucho al equipo.

Algunos de los datos antedichos y varios de los que siguen, fueron apor­tados en una entrevista a Alberto Gollán, importante empresario de nuestra ciudad fallecido no hace mucho, y que fuera rugbier y compañero de Anto­nino en Plaza Jewell. Fue justamente Gollán quien lo recibió en la puerta del club cuando Antonino con su pequeña valijita de cartón duro (como se usaba en la época), llegó al club para su pri­mera práctica. Comentaba don Alberto el contraste entre el físico exuberante de aquel muchacho, y la diminuta va­lijita donde transportaba su equipo de­portivo.

En la nómina de integrantes de los equipos de Plaza con mayoría de ape­llidos ingleses, en abril de 1938 co­menzó a aparecer el nombre Biasetton, que formaría parte del equipo hasta comienzos de 1941. Por su tremenda fortaleza era uno de los jugadores que realizaba el empuje principal; comentaba Gollán, que su posición en el serum era justamente detrás de Antonino, y lo fácil que se le hacía el avance con un tractor humano como Biasetton adelante. De excelente condición atlética, tenía la poco usual cualidad de rebotar en el suelo con el estómago.

Sus compañeros lo recordaban como un muchacho simple, de buen carácter, y excelente como persona. Disfrutaba con el rugby, pero al extraordinario atleta, el destino lo había marcado con otro futuro más promisorio.
Antonino Roca el luchador

Desde fines de 1940 y primeros días de 1941, como anticipo del comienzo de la temporada de catch, los diarios de la ciudad hacían referencia a un rosarino que tomaría parte de las luchas, donde intervenían campeones mundiales de varios países. El nombre y la fotogra­fía de Antonino comenzaron a hacerse públicas aún antes de su debut. Como hipótesis personal, estimo que posiblemente fue Juan Humberto Natale, un importante entrenador y pro­motor de boxeo, que interesó a Anto­nino (con antecedentes familiares en la práctica de ese deporte) para ingresar al catch.


Fundamento tal suposición, porque en algunas fotografías tempranas, se lo ve a Biasetton rodeado de boxeadores, co­mentándose que habían sido tomadas en un entrenamiento bajo la dirección de Natale.


Seguramente a posteriori, el entrena­dor con más experiencia en el boxeo, hizo un paso al costado y su lugar lo tomó Karol Nowina, campeón polaco de lucha, y una de las figuras más im­portantes del campeonato de catch de Rosario y Buenos Aires. Antonino, que luego se convirtiera en un icono mundial del catch, y triunfara nada menos que en el Madison Square Garden de Nueva York, realizó su primera lucha de catch ante público el sábado Io de febrero de 1941, en el ring del conocido en aquel tiempo como Estadio N° 2 de Rosario Central, ubi­cado en Ovidio Lagos y San Lorenzo de Rosario. Le fue estupendo en aquel combate, porque ganó fácilmente a los 5 minutos de lucha enfrentando al por­teño Abie Coleman, y comenzó de esta manera una carrera, que difícil pensar en ese momento, llegaría a convertirlo en uno de los grandes ídolos mundiales de ese deporte.


Aquel primer triunfo de Antonino, des­pertó gran interés en los aficionados locales, por lo que los organizadores no tuvieron más opción que programarlo para las jornadas siguientes, pero cada vez ante luchadores más experimenta­dos, que lo obligaban a superarse utili­zando no solo su fuerza, sino los con­ceptos técnicos que iba asimilando.


El éxito, las simpatías, y apoyo de los espectadores hicieron que a partir de entonces, Antonino se dedicara full time al catch, y a un riguroso entrena­miento. Entre 15 luchadores de pres­tigio que se presentaron en Rosario, Antonino figuraba en un envidiable 5o puesto en la tabla de posiciones; todo un logro.


El esfuerzo era duro porque los sába­dos (luego se agregaron los viernes) era día de lucha en Rosario, y durante la semana Tony viajaba al Luna Park de Buenos Aires, para entrenarse bajo la supervisión directa del polaco Karol Nowina. Allí conseguía su mejor esta­do atlético, e iba aprendiendo los se­cretos del catch a un ritmo vertiginoso. Rosario no disponía en aquel tiempo de estadios cerrados, debido a lo cual, pasados mediados de marzo comenza­ba el frío, y el catch ya no era posible practicarlo en espacios al aire libre como el de Rosario Central, por lo cual debía esperarse hasta la época estival. El llamado rosarino (aunque no lo era) había progresado de tal forma, que causó sensación en el torneo interna­cional del Luna Park, siendo uno de los que encabezan la tabla de posiciones, habiendo sido vencido solamente por el rudo Vanka "Hombre Montaña" Zelezniak.


A partir de la reanudación de tempora­da en Rosario, en noviembre de 1941, Antonino comenzó a aparecer como Roca, apellido que lo acompañaría toda la vida.


Algunos catcher que formaban el elen­co eran Nowina, Hombre Montaña, Ulzemer, Olaguivel, los ásperos y an­tideportivos Kaplan y el "gordo" Hanley, el Gigante de Memel, el brasilero Tatú, Baronti, Nick Olson, Joe Corbett, Tino "Obelisco" Beto. En una lucha memorable y con Antoni­no ya bien posicionado en el catch na­cional, en enero de 1943, en un día de los más calurosos de Rosario con una temperatura de 41.9°C, le tocó enfren­tar nada menos que al Hombre Monta­ña, a quien venció por descalificación debido a los reiterados fules y actitudes antideportivas del ruso Zelezniak. El Hombre Montaña representaba bien su personaje, los aficionados no para­ban de silbarlo, abuchearlo y gritarle cuantos adjetivos podamos imaginar, pero en las confiterías, cafés, y por las calles rosarinas por donde circu­lara el Hombre Montaña, era buscado para verle de cerca y tocarlo como si se tratara de algo sobrenatural, pero también había quienes le dirigían pa­labras de tono elevado, no piropos pre­cisamente, por sus continuas actitudes antideportivas en el ring, ante lo cual Vanka retribuía con una sonrisa, o con una actitud amenazante que asustaba a los pequeños especialmente. Antonino Roca ya había triunfado en Rosario, pero quedaban por delante las luchas del Luna Park de Buenos Aires, y los campeonatos en Chile y Brasil, que lo catapultaron a un lugar impor­tante en el catch mundial. Finalmente fue contratado para pre­sentarse en las ligas mayores de los campeonatos estadounidenses, llegan­do a la meca del catch norteamericano: el Madison Square Garden, donde lu­ció y se convirtió en uno de los ídolos indiscutidos y más queridos del país del norte.


Antonino murió muy joven en 1977, pero en el ambiente del catch se lo re­cuerda como figura indiscutible. Los campeonatos de catch en Rosario continuaron aunque en forma esporá­dica, hasta que dejaron de realizarse en el estadio auriazul en 1947 aproxima­damente.


En Rosario el cachascan tomaría otro impulso a partir de 1950, pero enton­ces en el Barrio de Arroyito, en el re­cordado Estadio Norte de José Inge­nieros y avenida Alberdi, pero eso,... eso será otra historia.

Fuente: extraído de la Revista “Rosario y su historia y región” Fascículo N• 142 de Julio de 2015