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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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miércoles, 11 de julio de 2012

CAMPEON ARGENTINO


El 1º de agosto de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial. En Europa varios países se lanzan a la mayor carnicería humana conocida hasta entonces. La repercusión es inmediata para la economía argentina pues se paraliza el comercio exterior de carnes y granos, y se suspende la importación de productos manufacturados.
Precisamente, el censo nacional de ese año demuéstrala dependencia hacia estos sectores productivos controlados por los ingleses: en el país habitan casi 8 millones de personas, y hay 26 millones de cabezas vacunas y 43 millones de cabezas ovinas. Es decir, más de 3 vacas y 5 ovejas por argentino.
En Rosario y en la región ya se advierten las consecuencias del modelo que enriquece a pocos y empobrece a muchos. Para confrontar con esta realidad se habían creado en 1912 la Federación Agraria Argentina y la Federación Obrera Ferrocarrilera que reunía a personal de tráfico y talleres, o sea, el núcleo donde había nacido y crecido Rosario Central. La guerra de Europa profundizaba la grave crisis argentina a la que en Rosario las luchas gremiales intentaban hacerle frente. Mientras, el fútbol seguía. Nuevamente unido, al menos en las formas.
Con su retorno a la Liga Rosarina, Central eslabonó una cadena de conquistas que lo ubicaron en un nivel de superioridad en la ciudad pero que además lo llevaron a obtener el título de campeón argentino en una final con Racing en Buenos Aires.
La década del 10 constituyó una época de oro para Central. Tras ser campeón e invicto en el 14, repitió ambas consagraciones en el 15 y 16. Fue campeón aunque no invicto en el 17 y reiteró la doble fórmula en el 19. En esos años también ganó varias Copas -Honor y Competencia- y se posicionó en el fútbol nacional, hizo conocer el virtuosismo del fútbol rosarino en Buenos Aires.
La guerra en Europa había provocado un éxodo de inmigrantes, esencialmente británicos, que regresaron a sus tierras para combatir o estar cerca de sus familias en la difícil hora que vivían.
Esto acentuó la tendencia que en algunos clubes se venía observando: eran mayoría los apellidos criollos, italianos y españoles, sobre los británicos. Y Central se construía  en un ejemplo de este proceso que tema las bases en su origen popular.
En Buenos Aires sucedía algo similar con el Racing Club. De cuna inglesa pero con una rápida transformación terminó ganando siete campeonatos seguidos desde 1913, récord nunca igualado. En ese lapso los futbolistas ingleses apenas eran dos, o a veces tres. Osvaldo Bayer, en "Fútbol Argentino", dice que Racing será "la primera máquina" de nuestro fútbol y que "su maquinista se llama Carlos Olazar, el primer caudillo del pasto porteño".
Estas vidas paralelas de Central y Racing se tradujeron en dos históricas finales por la Copa Ibarguren, trofeo instituido por el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación doctor Carlos Ibarguren para ser disputada anualmente entre los campeones de Buenos Aires y Rosario.
En la primera jugada el 6 de diciembre del 14 en Palermo, en la cancha de la Sociedad Hípica Argentina, y con una persistente garúa que cayó durante los noventa minutos, venció Racing 1 a 0.
El juego tuvo mucha movilidad, fue equilibrado aunque avanzó más Racing que logró el único gol luego que Marcovecchio recibiera un pase de Perinetti y derrotara a Serapio Acosta.
La final del año siguiente, de 1915, debió efectuarse en los primeros días del 16. Palermo volvió a ser el escenario. Nuevamente se enfrentaban los campeones de Buenos Aires y Rosario, y mis allá de que el trofeo llevara el nombre de su donante -el ministro de Justicia-, para la afición futbolística representaba ya el partido del que surgía el mejor equipo del país, el campeón argentino.
Rosario Central venía de realizar una campaña excepcional. Había ganado el torneo rosarino por la Copa Vila con 104 goles a favor y sólo 4 en contra en 20 encuentros, demostrativo de su potencial ofensivo y el equilibrio defensivo. A Newell's lo había dejado en el camino en los dos partidos con el mismo resultado: 6 a 0.
Y    en la final empezó ganando Central con un gol de Laiolo, reemplazante de Harry Hayes. Enseguida llegó el empate a través de Vivaldo. El partido terminó 1 a 1 y hubo que ir a un alargue de 15 minutos cada uno. En el segundo de los complementarios Laiolo y el wing izquierdo Woodward le dieron la victoria a Central por 3 a 1.
La hazaña fue en Buenos Aires. Los diarios capitalinos hablaron al día siguiente de la belleza del fútbol auriazul, de la forma en que los rosarinos tenían la pelota en sus pies y superaban al poderoso Racing Club de Olazar, Hospital y Perinetti.
Pocos apellidos de origen inglés se notaban en los dos equipos, prueba de que la transformación social del fútbol continuaba tanto en Buenos Aires como en el interior. El equipo campeón de Central alineó a Moyano; Zenón Díaz e Ignacio Rota; Rigotti, Eduardo Blanco y Perazzo; Barbieri, Antonio Blanco, Laiolo, Ennis Hayes y Alfredo Woodward. La inmigración española e italiana le había ganado espacios futboleros a la inglesa.
Nuevamente hubo fiesta en barrio Talleres. Y en otros. Es que los seguidores de Central ya no sólo provenían de los "suburbios del norte" sino de otras zonas populares de la ciudad que se encolumnaban detrás de ese transgresor exponente del fútbol.
Los títulos de campeón siguieron siendo la recompensa para esa gente humilde que compartía las alegrías futboleras con las penas de su realidad social y económica, en el marco de una lucha obrera con huelgas y represiones. Al igual que lo eran en los barrios obreros de Avellaneda o Barracas para los seguidores del Racing Club, que formaban parte de los sectores del trabajo que pedían reivindicaciones y participaban, por ejemplo, de las 80 huelgas que debió afrontar en su primer año de gobierno -1917- el presidente radical Hipólito Yrigoyen, y de la Semana Trágica de 1919.
Paradójicamente, en una década de profundos conflictos sociales estos postergados sectores encontraban un bálsamo en las satisfacciones domingueras que les brindaban sus equipos de fútbol. Porque para Racing y Central fue una década triunfal.
Fue así que por la seguidilla de siete campeonatos, a Racing se lo bautizó como la "Academia". Fue en Buenos Aires.
Y    en esa historia de vidas paralelas no pasó mucho tiempo para que también Central, en Rosario, se fuese conviniendo en la "Academia".

Fuente: Artículo Publicado en el libro “ De Rosario y de Central , Autor: Jorge Brisaboa  Impreso en Noviembre 1996 por la Editorial Homo Sapiens.

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