Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 3 de octubre de 2019

LA PERMUTA DE LOS TERRENOS Y LA CASA PROPIA



Por Andrés Bossio


Señalamos en varias ocasiones las dificultades que debieron afrontar los directivos como consecuencia de ocupar un terreno que no les pertenecía. Más de un funcionario municipal, ajeno a ese sentimiento auriazul mayoritario en la ciudad provoca contratiempos que asustaron en su momento a los dirigentes. Fue así que se compró el predio de la Avenida Pellegrini y Vera Mujica, con la intención de levantar allí el estadio propio. Vimos en la entrega anterior el préstamo que obtuvo Central del Gobierno de la Nación, por la suma de $ 1.500.000 m.n. Costaba mucho, sin embargo, construir sobre la nada. Y había que gastar mucha plata para desmantelar el terreno de Arroyito. Además —esta fue razón de mayor peso— el corazón de Rosario Central estaba y latía en Arroyito, mucho más que a pocas Independencia. 

Un precursor centralista -don Adrián Giannini—, el mismo que había conseguido el terreno de avenida Pellegrini, se ocupó de hacer viable la permuta de ese predio por el de propiedad municipal donde estaba el estadio auriazul. Hubo que vencer muchas dificultades, felizmente superadas por la buena disposición más sensibles al sentir popular y por la aceptación de las garantías hipotecarias que el Ministerio de Hacienda de la Nación admitió atendiendo al cambio de los inmuebles. 

Fue así que una asamblea memorable celebrada el 7 de agosto de 1951 resolvió convalidad todo lo actuado por directivos y proceder a la permuta de los terrenos. Muchos asociados se enteraron recién allí de las dificultades que debieron vencerse en más de una ocasión para evitar la expropiación del predio de avenida Génova y Cordiviola. Como correspondía, esa asamblea rindió emocionado homenaje de reconocimiento a don Adrián Giannini por su gestión fundamental en la consecución del fin que allí se acababa de plasmar. 

Lo más emotivo de ese homenaje es que el propio Giannini estaba allí presente y pudo dar testimonio de la gratitud de infinidad de asociados auriazules. Quienes sigan la lectura de estos fascículos atentamente recordarán que el mismo Adrián Giannini de esta asamblea de 1951 fue quien tuvo que "poner la cara" en la Subcomisión de Fútbol en 1936, cuando el equipo andaba a los tumbos. 

El escribano mayor de la Nación, el legendario Jorge E. Garrido, estuvo también presente en aquel acto trascendental a partir del cual Rosario Central, dueño de la cancha que había ocupado desde 1924 y del estadio que inauguró oficialmente el 17 de octubre de 1929 jugando contra Peñarol, pasaba a ser definitivamente de la institución. 

Flynn y sus compañeros pudieron haber considerado cumplida su misión. Ambas metas se habían logrado. Pero el engrandecimiento de Rosario Central —para aquellos centralistas que acaudillaba don Federico— no reconocía límites en el horizonte. Querían para la entidad un destino acorde con su historia, con la respuesta popular que suscitaba. Y se quedaron muchos años más. Cada período se iba renovando el elenco de colaboradores, con don Federico firme en el lugar de mando, en el puesto de avanzada. Su gestión como presidente es piedra fundamental, cimiento y sostén de la historia centralista. Ya en 1923 —treinta años antes de la época que estamos evocando— Flynn explicaba a sus consocios que"siempre ha sido mi interés conocer la fecha exacta de la fundación del club y sus principios ya que no se conserva un archivo completo desde su existencia. 

Fue también él el abanderado del movimiento que lo llevó a Rosario Central a desatarlos lazos que le aferraban a su viejo origen inglés, creciendo y modelando su propio estilo, amoldándolo al de un barrio, una ciudad, un país deseoso de aprender lo ajeno pero orgulloso de mostrar lo propio. 

Fue también Flynn puntero derecho, en campañas inolvidables en la década del '10, debiendo abandonar la ropa de jugador por el saco y la corbata del dirigente, al ser ungido por vez primera presidente en 1918. 

Don Federico J. Flynn, el hombre que se prometió a sí mismo el ascenso y el estadio a comienzos de 1951 —y lo cumplió---- es muchísimo más que esta incompleta reseña. Y merecerá, sin duda, una atención preferencial en esta historia de Rosario Central. Quizás nada mejor para ilustrar el concepto sea decir que la historia de Central es, en gran parte, la historia de don Federico.. 




Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. De Andrés Bossio