Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

Páginas vistas en total

jueves, 31 de mayo de 2018

La sociedad rosarina entre 1930- 1955. Crisis y recuperación



Rosario se vio notablemente por la crisis agrícola mundial deJ928. Su relación con la zona rural aledaña se presentaba, en estos años, como un continuum que reflejaba la circulación permanente de ideas y personas. Este fenómeno se explica mediante un movimiento poblacional permanente, agudizado por el progresivo declive del campo, el creciente activismo de las asociaciones obreras y la preocupación de diversos sectores e instituciones- que temían posibles revolucionarios. Debemos considerar, además la acción de los partidos políticos y la Iglesia Católica, interesados por ampliar sus respectivas esfera de influencia más allá de los límites de la ciudad.



A mediados del segundo gobierno de Yrigoyen —1928/1930— se agudizó la actividad opositora. Se juzgaba que la gestión transcurría en el caos y la inestabilidad, mientras se multiplicaban: los reclamos de los productores, industriales y centros marítimos, a la vez que el puerto se paralizaba, con frecuencia por las . En 1928, la tensión existente cristalizó en la muerte de una obrera portuaria, Luisa Lallana, a manos de un miembro de la « Liga Patriótica Argentina», organización nacionalista fundada unos años antes por el rosarino Manuel Carlés. El sistema democrático vigente durante el período se debilitaba en forma inesperable, afirmándose las tendencias autoritarias corporativistas influidas por el fascismo europeo. Se prepararon así los condiciones para el golpe de Estado del 30 de septiembre de 1930.

El 10 de septiembre sería ejecutado, sin juicio previo, el obrero anarquista Joaquín Penina, en las barrancas den arroyo Saladillo. El domicilio de Penina fue allado por la policía la madrugada anterior, secuestrando sus libros, folleto, manifiestos, correspondencia y hasta su mimeógrafo, mientras se concretaba la captura del joven naturalista libertario Penina, que contaba con sólo 29 años, fue acusado de imprimir y distribuir un manifiesto contra la dictadura de Uriburu. Un volante repartido un año más tarde se preguntaba todavía” ¿ Fue fusilado Penina? ¿ No será él uno de los obreros cobardemente asesinados por el fascismo militar en Rosario?

¿ Que otra conjetura cabe, en qué forma responder al terrible interrogante plateado por su desaparición?

Recién hacia 1932 se conocieron los pormenores de un asesinato que simbolizó las transformaciones ideológicas del país en los albores de la década.

Por lo lado, los efectos iniciales de la crisis financiera de las elites dominantes. La complejidad del fenómeno excedía a la economía nacional y comenzaba a percibirse que la solución seria de largo plazo, derivando en políticas de mayor intervención estatal que se plasmaron durante la gestión de Justo- 1932/1938-.

Entre 1930 y 1932 , la depresión económica produjo un nivel de desempleo y la mendicidad, la rebaja de salarios sin reducción del costo de vida y las presiones patronales para que se flexibilizara la aplicación ya débil de las leyes vigentes, eran sombras que amenazaban a la población local. El periódico rosarino La Verdad afirmaba, en febrero de 1930, que “ abundan en distintas partes de esta provincias, con preferencia cerca de las vías férreas y acá en Rosario, grandes caravanas de hombre desocupados, que andan como parías de quienes nadie se ocupa, cargados con sus miserias, con sus hambres a cuestas… Son, en su mayoría, elementos polacos, hombres jóvenes y aptos para el trabajo(…) acá nadie se ocupa de ellos (…) ellos no existen para los poderes políticos públicos y ninguna institución los recoge(...)Se mencionaba también a los obreros sin trabajo “ que en vano recorren pueblos y casas en busca de colocación”. Esta población vivía en barrios con pésimas condiciones higiénicas y muchas veces debió recurrir a las ollas populares que se organizaron para paliar la crisis.

Asimismo durante el período de recesión se debilitaron las fuerzas sindicales, predominando las imposiciones patronales sobre las necesidades obreras y propiciándose cierto “ amarillismo”en los trabajadores.

Ademas. Rosario se vio particularmente afectada por el cierre de fábricas de envergadura, como sucedió con la Refinería Argentina del Azúcar a comienzos de la década, o por la reducción de personal aplicada por otras empresa, como es el caso de Minetti y Cía.

Sin embargo, la recuperación económica comenzaría – al igual que en el resto del país- en la segunda mitad del período.

Ya en 1934 se comprueba cierta reactivación del puerto, pero la crisis del modelo agroexportador había determinado un cambio de rumbo que sería definitivo para la economía del país, tal como lo han analizado Castagna y Woelflin. Agudizados los problemas por la segunda guerra mundial, se redujeron notablemente las exportaciones portuarias desde 1939, aunque hubo un repunte en 1947. En las décadas siguientes, el progresivo abandono de la actividad portuaria haría afirmar a la escritora Beatriz Guido que el puerto era sólo “ un cementerio de barcos, grúas y silos, elefantes prehistóricos, dormidos eternamente en sus orillas”.

No obstante, la ciudad continuaba su expansión. Aunque a un ritmo más lento. Las migraciones internas, que se profundizarían en las décadas siguiente, sustituyeron las oleadas humanas llegadas del exterior. El ya citado Censo Municipal de de 1926 establecía que un 12,81% de la población rosarina esta constituida por migrantes internos, aunque en su mayoría seguían siendo de origen extranjeros. “ La ciudad gringa” se consolidaba, entonces, incorporando cada vez más familias rurales provenientes de poblados pequeños de la propia provincia y de otras provincias del interior, como también de Buenos Aires. No obstante, el 44, 9% de sus habitantes era todavía inmigrante.

Luego de 1930, el desarrollo progresivo y sistemático de la industria sustitutiva de importaciones resultó un estimulo más para una ciudad cuya constante parecía ser el crecimiento.

En particular, se desarrolló el área de consumo textil y de alimentos, como también productos químicos y metalmecánicos.

El Censo industrial de 1935 asignaba, para el departamento Rosario, arriba de mil setecientos establecimientos industriales que empleaban unos 27.000 obreros. En 1943, alrededor del 50% de la actividad industrial santafesina se concentraba en nuestra ciudad.
Fuente: Historia de Rosario