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martes, 10 de marzo de 2015

LETICIA COSSETTINI



Por CARLOS E. SALTZMANN


La obra de Olga Cossettini no se habría llevado a cabo tal como fue si a su lado, en la escuela y en la casa -en ésta para compar­tir, discutir y alentar; en aque­lla para colaborar y para impul­sar la obra colectiva- no hubiese estado, con su luz propia y com­plementaria, su hermana Leti­cia.
Estas dos personas asombro­sas, por raro que parezca, no fueron excepción dentro de una familia creativa y cautivante, de cada uno de cuyos miembros emanaba una poderosa seduc­ción: milagro sencillo del padre y la madre, cuyo secreto hemos perdido. Y sin embargo, Olga y Leticia carecen de iguales, y aun de semejantes: ambas tenían - tiene, Leticia- un atractivo sin­gularísimo, una asombrosa ca­pacidad de creación, y ese don infrecuente que señala a los ar­tífices de hombres y mujeres, a los Jardineros de seres huma­nos.
Olga cumplió, sin duda, y con brillante eficacia, el papel orga­nizador y directivo, con un co­nocimiento permanentemente incrementado por su curiosidad abierta y dinámica, con certera I Intuición, con habilidad para promover lo mejor de cada uno.
Pero Leticia ocupó, en el terre­no que acotaron con el esfuerzo compartido, un lugar que sólo ella podía llenar. Leticia es una artista, si las hay: una artista polifacética, porque la creación le es esencial. Cuanto toca,  cuanto hace, cuanto dice, se troca en belleza. Rara vez se encuentra plasmada en una persona, como en ella, ese gra­do de armonía que alcanza la creación cuando está sustenta­da por una forma racional que no estorba pero sí contiene e in­tegra la intuición estética.
Tal vez los perfiles propios de Leticia, la hermana menor junto a la mayor, la maestra de grado junto a la directora, no se hayan destacado durante algu­nos años con toda su brillante nitidez, a causa de la enverga­dura que se le reconoció a Olga.
El tiempo, no obstante, hizo posible que el despliegue pro­gresivo y natural de la inagota­ble riqueza creativa de Leticia revelara en diferentes terrenos su personalidad admirable:
-En la escuela, en función catalizadora, muchas veces por virtud de la sola presencia -por emanación, diría- y tantas otras por discreta sugerencia, hizo posible todo un repertorio crea­tivo:
-Las acuarelas y las tempe­ras, que siendo ilustración coti­diana en el cuaderno provoca­ban el asombro de los visitan­tes, y el placer de sus autores;
-los apuntes del natural que por dinámica potenciación recí­proca -el estímulo de la natura­leza y la respuesta de la sensibi­lidad del niño- daban por resul­tado un descubrimiento cada vez más rico del mundo circun­dante: ¿para qué copiaba Leo­nardo?
-las teatralizaciones de poe­mas, cuentos y episodios, que produjeron en la escuela -y donde se los llevó- la magia fina y bella de un teatro infantil enteramen­te diferente de todo otro: un teatro plástico, mímico, danza­do, y sobre todo divertido, origi­nal y estimulante; -el teatro de títeres, que con cabezas y vestidos que eran cada uno una minuciosa y perceptiva recreación del personaje, con telones y sonidos bellamente estructurados y un repertorio que se nutría de García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Javier Villafañe supo deleitar confino humor y gracia pura a chicos y grandes:
-el coro de pájaros, esa creación única que tantas referencias admirativas ha originado;
-las esculturas de arcilla, de chala, de corcho, de semillas y frutos, que abrieron un mundo de libertad creadora a centena­res de chicos.
Fuera de la escuela (desde la escuela, con ella, más allá de ella) Leticia, desde el fondo de su alma artística, no cesó de producir y de crear: ha pintado bellas naturalezas vivas, con acuarelas y tempera, modelado sus notables lechuzas incrusta­das y sus figulinas de chala, de corteza y de semillas, ha com­puesto su maravilloso Jardín y ha publicado sus ideas y expe­riencias sobre el teatro infantil: Teatro de niños y Del juego al arte infantil.
¿Qué nuevas sorpresas de creación y goce nos reserva este hada de la belleza? Desde hace un tiempo estudia guitarra, y en algún gabinete de perfumada madera ha de guardar cuentos y poemas. ¿Nos dejará oiría cantar? ¿Podremos leer esas páginas diferentes? No será fácil, porque me temo que debamos esperar hasta que Leticia Juz­gue que la música es por lo menos tan pura como la del pájaro y las palabras tales como para complacer a Federico o a Juan Ramón.

Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992.

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