Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 11 de octubre de 2012

LAS DOS MADRES PATRIA




La Capital, en 1910, señalaba que proseguía en forma creciente el flujo de gente proveniente de España hacia Argentina: El año pasado, aseguraba el diario, se ha establecido un superávit notable de la colectividad española sobre la italiana, y agregaba a título de ejemplo ponderativo que últimamente ha zarpado de Almería el vapor "Francesca", austríaco, conduciendo a Buenos Aires 332 inmigrantes sólo de esa provincia española. Este movi­miento parece adquirir mayor fuerza entre las familias de provincias, sobre todo en las zonas mineras donde están haciéndose grandes preparativos para emigrar.
Como señala acertadamente Armus, fue en la zona del Litoral argentino donde el asentamiento de la inmigración iba a producir cambios más que perceptibles con su protagonismo en la expansión agropecuaria de exportación y en el fácilmente verificable crecimiento urbano de ciudades como Rosario. Italianos y españoles, en conjunto, representan, en el lapso que mediara entre 1880 y 1923, el 80,3 por ciento de la población extranjera en la Argentina.
Hacia comienzos de 1912,1a información se encargaba de señalar que el flujo de hombres y mujeres que embarcaban en puertos españoles continuaba en forma regular: De todas las regiones del Viejo Mundo, el éxodo hacia nuestras playas se ha iniciado el mes pasado muy acentuadamente, habiendo quedado sin embarcarse por falta de sitio en los buques muchos inmigrantes que saldrán en el presente mes y en febrero. De Gijón, nos dicen, acaba de salir un vapor lleno de inmigrantes para la Argentina. De varias regio­nes se embarcaron durante 1911, hacia nuestro país, 87.163 inmigrantes. Con el objeto de cortar los abusos que cometen algunas compañías de navegación, el gobierno español ha decidido nombrar inspectores que viajarán en los buques que conduzcan a más de cien inmigrantes.
En agosto de 1911, cuando la ciudad contaba con 201.168 habitantes, habían ingresado ya al país 119.537 inmigrantes, sobre todo italianos y españoles. Ese mes, la cantidad de recién llegados era de 7.736, entre los que se catalogaban, como profesiones mayoritarias, los jornaleros (1.606), agricultores (902), sirvientas (685), comerciantes (641), costureras (286), dependientes (205), tejedores de ambos sexos (178), planchadoras (175), cocineros de ambos sexos (139), mecánicos (109), zapateros (82), marineros (80), sastres (57), panaderos (40), artistas de teatro (38), etc.
Gran parte de esa corriente de hombres y mujeres (pero sobre todo hombres, ya que la inmigración fue mayoritariamente masculina, un 70 por ciento de varones arribados entre 1857 y 1914), que arribara en lo que se denomina la "inmigración tardía", concretada entre 1900) y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, eran campesinos arrastrados a la azarosa aventura de la travesía oceánica y a la  incertidumbre de una tierra desconocida en la generalidad de los casos, por razones diversas que iban desde el hambre y la miseria al sueño de una tierra propia que labrar, o a las aspiraciones de ascenso social.
En eso se parecían los cientos de miles de "taños" y "gallegos", los "gringos" llegados a estas tierras; aunque iban a ser los italianos quienes tendrían, en el caso de Rosario, una importancia decisiva, sin desmedro de otras colectividades igualmente laboriosas y entrañablemente unidas, con el paso del tiempo, a la ciudad.
Debe consignarse como una digresión que algunas curiosidades traería consigo, sin embargo, aquel flujo inmigratorio proveniente de distintos lugares de Europa y Asia. Una de ella lo constituirían, por ripio, los contingentes de hindúes arribados como consecuencia de la Primera Guerra, la mayor parte de los cuales fueron empleados por las empresas de ferrocarriles británicos, por lo general en tareas duras,. Consigna  el historiador rosarino Wladimir Mikielievich que todos ellos pertenecían a la casta de los intocables y permanecían unidos en cada ciudad o pueblo de residencia, bajo la tutela de un jefe, lo que no impidió que la mayo-Ha se asimilara a la comunidad contrayendo matrimonio con mujeres argentinas.
En Rosario desempeñó las funciones de jefe de los intocables el obrero Hjambu Hjambacet, que trabajaba en los talleres del Ferrocarril i cutral Argentino. Aquel hindú no abandonaría el uso del tradicional turbante ni de los aros de oro en sus orejas, aun cuando eso pasara por un exotismo en las calles rosarinas, hasta que su presencia se convirtió en un hecho cotidiano en esa ciudad cada vez más acostumbrada a los exotismos como a la diversidad de costumbres y usos aportados por los inmigrantes.
Volviendo a los italianos, un libro editado en Londres un año después de los fastos del Centenario de Mayo, y como consecuencia directa de éste, bajo el título de Impresiones de la República Argentina cu el siglo XX, menciona como una de las grandes firmas del Rosario .i "Chiesa Hermanos", empresa familiar fundada por el inmigrante italiano Ángel Chiesa en la década de 1860: Maneja tanto dinero y su situación es tan buena que hoy puede competir con cualquier institución bancada de la provincia, afirmaba la publicación.
La empresa contaba, para entonces, por ejemplo, con tres edificios de su propiedad en el centro mismo de la zona comercial y bancada rosarina: el de su comercio, de vastas dimensiones, en San Lorenzo 1050; el de San Lorenzo esquina Entre Ríos, suntuosa residencia de Antonio Chiesa y el ocupado por el "Savoy Hotel", en la esquina noroeste de San Lorenzo y San Martín.
No era casual aquel dato si se tiene en cuenta la relevancia que los hombres de nacionalidad italiana tuvieron en la actividad comercial rosarina, como la tendrían de hecho en tareas mucho más duras: hacia 1900, el 50 por ciento de los 10 mil jornaleros que pululaban en el Rosario provenía de distintas regiones de Italia, aunque eran asimismo mayoría los italianos en profesiones que demandaban aptitudes especiales como sastres y zapateros, por ejemplo, y también era proverbial la calidad de los albañiles y constructores de ese origen.
Es cierto que sería un porcentaje minoritario de ese gran contingente de inmigrantes el que amasaría, como los Chiesa, importantes fortunas, y en ese sentido fueron también los italianos los que dominarían con cierta holgura el rubro que, en general, iba a origi­nar ese poderío económico: el de la importación, en especial de pro­ductos alimenticios, así como la representación de muchas de las grandes firmas europeas. Es explicable, como señala Alicia Megías en La colectividad italiana, que algunas de las más importantes empresas de la ciudad (tiendas como "La Favorita","A la Ciudad de Roma", "Casa Zamboni", grandes importadores como Recagno, Castagnino, Pinasco y otros) hayan contado con filiales en el Viejo Mundo para una mejor negociación con sus proveedores o futuros representados, o con "casas de compras", como se las llamaba, que evitasen intermediarios.
Jauretche señala: Rosario es la cabecera de la "pampa gringa", su capital bruscamente nacida de un villorrio primitivo del que no se recuerda ni el nombre del fundador. Si Buenos Aires es la capital de los ganaderos, Rosario lo es de los chacareros. La alta clase terrateniente no tiene domicilio ni transitorio en Rosario. La burguesía rosarina pisa firme: hija del desarrollo agrario, se identifica totalmente con el progresismo liberal y no sólo carece de complejos frente a las viejas clases sino que las mira por arriba del hombro, porque se siente Con mejor derecho a conducir. No postula reconocimiento: será ella la que lo dará.
El polémico autor de El medio pelo en la sociedad argentina es todavía más contundente cuando infiere que en Rosario el surgimiento de la mura sociedad es más directo que en Buenos Aires, pues no hay la clase alta preexistente que influye con sus pautas a estos nuevos y limita el ascenso al prime  plano. Aquí, los "gringos" triunfadores irían directamente arriba, constituyendo una sociedad burguesa por excelencia. Apenas alguna protesta de algún viejo vecino, como el soneto leído en unos juegos florales: "Ciudad de Astengo, de Echesortu y Casas, / sede del honorable Benvenuto, / ciudad donde se funden dos mil razas / y no se funde ningún gringo bruto". Por esta razón, la burguesía rosarina accede directamente a la clase alta local y su conflicto de status es con la clase alta tradicional de Santa Fe.
Una interesante visión de la ciudad de los dos Centenarios la da el diario La Nación en dos números extraordinarios, el de 1910 y el .de I 916, destinados a exaltar los patrióticos aniversarios. En aquellos lejanos artículos, el diario de Mitre analiza sin duda con sagacidad la formación y conformación de la sociedad rosarina: Todavía no se han formado clases desocupadas, se lee en el anuario de 1910; hasta hace 30 años constituían la alta burguesía las familias fundadoras y propietarias del Suelo, No puede hablarse de patriciado donde la modestia de las magistraturas no ha permitido ilustrar apellidos y, desde luego, mucho menos de aristocracia. Después, las fortunas han cambiado de mano al mismo tiempo que se han acrecentado. Con la incorporación de nombres nuevos se va transformando la sociedad, que se encuentra ahora en un momento de transición. Las familias primitivas han perdido su sitio, y las que llegan necesitan adaptarse más completamente. El proceso será rápido y bastará una generación.
Afirma el cronista a la hora de concretar sus impresiones: De ahí peculiaridades fácilmente observables: es en lo externo una sociedad brillante. Una  noche de ópera o un gran baile pueden compararse sin desventaja con las fiestas más esplendorosas que hagan ciudades de población igual, aunque los lujos saín quizá demasiado a la moda y les falta la noble vetustez de los oros apagados y los encajes amarillos. Con más lentitud marchan en cambio los progresos espirituales. Hay en el self made man mayor energía que cultura y dota mejor a sus hijos para la lucha que para el pensamiento. Los jóvenes tienen, en general, estudios secundarios pero escasa lectura, como no sea de diarios y revistas de actualidad. La intelectualidad sigue representada por médicos y abogados y el prestigio alcanza a muchos que, si saben su oficio, ignoran la ciencia. Al mismo tiempo, y por un discreto conocimiento de sí mismo, no incurre este pueblo en las cursilerías de juegos florales y ateneos de provincia. Comprende que no posee sabios ni artistas y se conforma con esperar. Como impresión, realmente terminante.
Una descripción de la ciudad, del mismo periodista, pinta en rápida aguafuerte el perfil del Rosario del Centenario y el ritmo de una vida cotidiana que pese a los fuertes cambios que, aunque lentamente, imponía el progreso, seguía siendo tranquila y remansada: Voces de pregoneros, silbatos y jadeos de las máquinas a vapor, martillos de las industrias, el ruido complejo, en fin, de una sociedad sin ociosos, aplicada a producir riqueza. Cesa el movimiento con el día. A las 10 de la noche, la ciudad duerme. Quedan sólo los parroquianos, no muy numerosos, de los cafés y los tertulianos de los clubes. A las 12 pasan apresurados los concurrentes de los teatros: hay que trabajar mañana...
Jorge Guaico señala que para el Centenario, los italianos constituían un importante grupo de poder que se manifestaba en la creación de poderosos grupos económicos y en las finanzas, integrando los directorios del Banco de Italia y Río de la Plata, el Constructor Santafesino y el Banco Provincial de Santa Fe: Se dedicaron a la producción industrial pero también a la especulación en tierras. Surgían por todos lados molinos harineros, laboratorios, talleres metalúrgicos, compañías de seguro, etc. Otros diri­gentes ocupaban cargos en las sociedades de socorros mutuos, en Unione e Benevolenza, en el Hospital Italiano, o en las entidades que daban mayor prestigio a la colectividad italiana como el Club Campidoglio o el Centro Comercial Italiano, apunta.
El poder económico y social que tenían los italianos en Rosario contrastaba significativamente con la situación de pobreza en ¡a cual estaban sumergidos los colonos que poblaban el resto de la provincia de Santa Fe. Mientras unos llevaban una vida totalmente sacrificada y eran solamente arrendatarios o medieros, el 42 por ciento de la élite que residía en Rosario eran propietarios rurales. Santiago Pinasco, Luis Pinasco, Natalio Ricardone. Aquiles Chiesa, Pedro Tiscornia, pertenecían a la Sociedad Rural de Rosario, que estaba presidida por el italiano José Castagnino. Mientras los italianos que habían hecho fortuna eran los aliados naturales de la llamada oligarquía argentina, los colonos se unían en defensa de su dignidad con nuestros criollos que sufrían los mismos problemas. En política, los italianos enriquecidos se aliaban con los conservadores mientras que los que se veían despojados del fruto de su trabajo, y que más adelante iban a constituir nuestra clase media, se sentían más identificados con los radicales y los socialistas.
(Jorge N. Guaico: La epopeya de los italianos en la Argentina, Plus Ultra, 1997)

Algunos de los barrios rosarinos existentes a comienzos del siglo .XXestaban asimismo poblados en una notoria mayoría por italianos emigrados, como el que se conocía como la "Italia chica", que se 1 tendía en el sector abarcado por las calles Dorrego a Corrientes y I' Riobamba a Avenida Pellegrini.

Fuente:  Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame” Tomo I   Autor: Rafael Ielpi. Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

miércoles, 10 de octubre de 2012

LA CIUDAD DEL NUEVO SIGLO


El 1ºde enero de 1900 encontró a Rosario convertida en una ciudad que se preocupaba por desarrollarse al impulso sobre todo de esa burguesía mercantil pujante, pragmática y ambiciosa, que iría ocupando después, poco a poco, todo intersticio del tejido político-social de la ciudad, desde las bancas en el Concejo Deliberante (hoy Concejo Municipal) o el sillón de la Intendencia a los matrimonios de conve­niencia o de intereses.
La nueva Constitución santafesina, aprobada por la respectiva convención el 11 del mismo mes, estableció que las municipalidades deberían integrarse con un cogobierno de un departamento ejecutivo, representado por un intendente designado por el gobierno provincial, y un cuerpo deliberante, cuyos concejales deberían ser elegidos por la ciudadanía.
El país había superado ya la crisis del 90 y sus efectos, y exhibía al mundo una llamativa prosperidad que enorgullecía a sus gestores, los hombres del 80, que veían consolidarse (ante sus ojos, en muchos casos) un país institucionalmente organizado y culturalmente remitido a los modelos europeos, y al que ese año inicial del siglo ingresarían 125.951 inmigrantes; con Buenos Aires como metrópoli absorbente (la segunda capital del "art noveau", como la define Alberto Figueroa) y una región pampeana pródiga para la producción agropecuaria, de la que Rosario era a su vez capital y puerto de salida hacia el exterior. A ella confluían, por lo demás, los tendidos ferroviarios ingleses y franceses que cruzaban el territorio nacional en todas direcciones, con un solo interés primordial, el de favorecer los intereses de los poderosos capitales extranjeros que tenían el control de ésa y otras empresas de similar magnitud.
En 1900, señalan De Marco y Ensinck florecían  las pequeñas indus­trias: billares, baldosas, artículos de pirotecnia, carros, carruajes, refrescos, jabón, soda. Se contabilizaban 4 fábricas con más de 300 obreros, una de 1.300, 4.032 locales de industrias y comercios, 32 librerías y 96 farmacias. Para entonces, la ciudad contaba ya con logros que no por insuficientemente extendidos a todos los pobladores dejaban de ser importantes, como el servicio de aguas corrientes, en vigencia desde 1888 cuando es inaugurado merced a una concesión que inicialmente era por veinte años y terminó fijándose en setenta, otorgada a Andrés Mac Innes, quien la usufructuaría a través de la llamada Compañía de Aguas Corrientes.
El primero en realizar este servicio, siquiera por un tiempo, sería el luego famoso Mister Ross de los tramways rosarinos. Al comienzo del siglo, el Rosario tenía ya 8.450 casas que contaban con agua corriente; en 1906, el total había ascendido a 14.017 sobre un total existente de 16.400 viviendas, mientras que el censo de 1910 detectaba 19.647 sobre 22.915. Ese mismo año, en la ciudad coexistían 136 aljibes (presencias inevitables en los patios interiores de las viviendas de cierta importancia), 1.946 pozos comunes y 158 semisurgentes.
Otra realidad del 900 la constituía el alumbrado público. La ciudad, que ya en 1855 había visto el reemplazo de las antiguas lámparas de aceite por los llamados "faroles de reverbero", asistiría en 1867 a la aparición de la iluminación a gas, merced al contrato que el municipio suscribiera con Federico Arteaga, otorgándole la concesión para que proveyese a los rosarinos de "alumbrado a gas hidrógeno". El empresario hizo realidad el tendido de las cañerías de conducción del fluido proveniente de la Usina de Gas, construida en las cercanías de la zona portuaria, y hacia 1870 podía decirse que la ciudad contaba con una iluminación aceptable.

Claro está: semejante lujo sólo era para las calles del centro y las res­tantes quedaron a kerosene o a oscuras; mas como ninguna otra urbe del interior dispuso de tan novedoso alumbrado, Rosario adquirió cierto aire de gran ciudad y pudo tener por genuinos representantes del progreso a los mal entrazados faroleros que al caer la tarde pasaban corriendo con la caña en alto para encender los picos, y ala madrugada para apagarlos, sin acarrear ya sobre sus hombros la vieja escalera, rezago de las épocas de atraso. ¿No era sorprendente para la generación que vegetó bajo Rosas, recibir a domicilio, por tubos, desde una usina central, el limpísimo y barato fluido utilizado como luz y combustible de estufas y cocinas? ¿Qué no podría esperarse ya del porvenir?
(Juan Alvarez: Historia de Rosario, Imprenta López,
Buenos Aires, 1942)

A partir de 1888 y hasta 1915 (fecha del cierre de la usina ante las dificultades para la provisión de carbón a raíz de la guerra, que determinó que dicho combustible estuviera al servicio exclusivo de las necesidades de los países involucrados en el conflicto bélico) coexistiría el alumbrado a gas con las lamparillas eléctricas; así, en 1906 se contabilizaban 261 lámparas y 716 faroles de gas, mientras que el censo del Centenario de Mayo indicaba que en el Rosario había 4.938 casas que tenían luz eléctrica, 2.129 a gas y una mayoría, que sumaba 12.357 viviendas, alumbrada a kerosene, mediante los viejos y tradicionales faroles de mecha y tubo vidriado.
En 1910,"Schoop y Cía.", cuyo local comercial estaba instalado en Corrientes 312, ofrecía desde su condición de comercializadora y exportadora lámparas a kerosene de 180 bujías, en forma de lira, brazos de pared y con pie, que cuestan casi lo mismo que las comunes, lo que probaba que la utilización de ese sistema de alumbrado seguía teniendo plena vigencia en muchas viviendas rosarinas.
Por la misma época, Emilio Garimond, con negocio en Santa Fe 1165, se siente en la necesidad de publicar en La Capital una aclaración que, entre otras cosas, avisa a los compradores de kerosene: Habiendo llegado a nuestro conocimiento que comerciantes poco escrupulosos, confines interesados y que creen que el negocio del kerosene es un patrimonio exclusivo, están propagando la voz de que el kerosene de la Columbia OH Company de Nueva York no es de tan buena calidad como el que ellos venden, en lo que se refiere a graduación, olor, densidad, pasando a hacer luego el encomio del pro­ducto del que era distribuidor en el Rosario.
No era menos cierto que había aún en los primeros años del siglo XX cientos de hogares donde la luz temblona de las velas o de las lámparas de kerosene a mecha, o de aceite, seguía siendo la única opción accesible para una iluminación que, aunque deficiente, era bienvenida en el Barrio del Matadero o en La Basurita, por ejemplo. El servicio de electricidad, un privilegio para esos tiempos, había sido otorgado a la "The Rosario Electric Light Company", una de las primeras empresas fundadas en Sudamérica para la provisión de fluido eléctrico para el alumbrado; la empresa, que en 1888 se convertiría en "The River Píate Electric Co.", incrementaría en forma considerable su capacidad de servicio al construir en 1903 la para entonces modernísima usina en calle Catamarca.
Los servicios cloacales, por su parte, no iban tan de la mano del progreso y del crecimiento urbano, ya que el aludido censo de 1910 indica que sólo 5.198 casas sobre un total de 22.915 contaban con los mismos. Álvarez señala que en 1906 disponen ya de agua corriente el 85 por ciento de las viviendas, pero las cloacas sólo sirven a un tercio, limitadas como están al perímetro Dorrego-Avda. Pellegrini; además, los desagües de las calles continúan siendo defectuosos.
No debe extrañar cierta reticencia al progreso que significaba el saneamiento urbano si se piensa en las dudas y objeciones que mereciera la instalación de un sistema cloacal en Buenos Aires hacia 1870, cuando un diputado que era además un prestigioso profesional, como el doctor José María Moreno, se preguntaba en la Cámara, refiriéndose a las cloacas, si son o no el mejor medio de higiene, señalando que se cons­truirán si resultasen ser convenientes; opinión ante la que diputados que eran además médicos y sanitaristas ilustres como Guillermo Rawson o Luis Agote creían estar en la Edad Media. Las obras de desagües cloacales en Buenos Aires adquirirían un ritmo sostenido recién entre 1890 y 1896, más o menos contemporáneamente con Rosario.
Una ciudad cuyos lindes se unían con campos, yuyales y quintas; con calles de tierra, cuyo polvo se levantaba frecuentemente con los menores vientos, demandaba de una serie de proveedores que hoy o han desaparecido o han sido reemplazados por los adelantos del progreso. Por eso, sobre finales del siglo XIX y comienzos del XX, el Rosario de entonces podía contabilizar fábricas de elementos tan dis­pares como escobas, canastas, sillas y flores, todas ellas fruto de una artesanía que tenía poco apoyo de la tecnología, que por entonces no era ciertamente muy sofisticada Fabricaban escobas y plumeros, en esos años iniciales, José Bluñold, en 9 de Julio 676, Natalio Buday, en 25 de Diciembre 777, Constantino Fernández, en Tucumán 997, Juan Molfredi, en San Luis 3099 y Rechsteiner Hnos., en Progreso 887. A la confección de canastas y canastos, usuales para el traslado de frutas y verduras o las compras en el mercado, se dedicaban en cambio una serie de firmas como José Ansillo, en Buenos Aires 1648, Baldassi Hnos., en San Juan 835, Vicente Bueno, en Independencia 1380, Agustín Guido, en San Martín 809, José Parody, en San Juan 1316,Restani Hnos., en San Martín 1710, C. Salvetti, en Paraguay 1467 y Antonio Sánchez, en Entre Ríos 2162.
 Las sillas, que demandaban una habilidosa artesanía cuando se trataba de las que llevaban esterillado, por ejemplo, o utilizaban el empajado, también contaban con algunos establecimientos dedicados con exclusividad a su fabricación: Fulgencio Arias, en Córdoba 1412, Andrés Bernardini, en Aduana 1340, José Colombo, en 9 de Julio 735, Vicente Dipierro, en Bvard. Argentino 969, J. Pussoli, en Progreso 716 o LuisVigano, en Córdoba 1882. Otra artesanía particularísima que pese al progreso sigue teniendo sus exponentes en la actualidad, era la de las flores de papel y tela, que contaba con varios establecimien­tos, como los de Luis Allioti, en Entre Ríos 629 y el de Madame Hanel, en Rioja 561

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame”Tomo I    Autor: Rafael Ielpi. Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

martes, 9 de octubre de 2012

CLUB REGATA ( de Rosario)


Por Oscar Delgado

Existen casos y leyendas particulares respecto de la fundación de instituciones. El Club Regatas Rosario tiene un nacimiento muy especial. Un grupo de muchachos son separados de otra entidad remera y deciden dar forma a la institución en pleno río, es decir, a bordo de una embarcación velero llamado "Amalia". Esto ocurrió el 16 de abril de 1917. De ese comienzo oscilante en las aguas y antes que escorara la embarcación por los vítores de alegría, decidieron pisar isla firme para redactar el Acta. Fue entonces que el club cobraba vida en la punta de la Isla de los Bañistas, para luego trasladarse a su actual emplazamiento, calle Cordiviola 1268 del barrio Dr. Lisandro de la Torre (Arroyito). Aquellos mismos muchachos con la ayuda del señor Juan Cordiviola, juntan unos pesos y compran en un remate el chalet Casablanca que se encontraba en este predio -relata el presidente de la institución, Alberto Campagna-. Se construyó el galpón de botes y se inició  como  club  de remo fundamentalmente. Al poco tiempo se añadió la natación. Ya en nuestros días -explica Campagna- la entidad cuenta con: remo de competición, recreativo, natación, tenis, voley, básquet, fútbol de salón, gimnasia artística, aeróbica y yoga. Todo en nuestra sede, pero además es propiedad del club un islote de 19 hectáreas en la costa entrerriana, un lugar muy bello con arenal, baños, quincho y parrilleros.  En el "embudo" se encuentra la pista internacional de remo, acota el capitán del club Gustavo Pracht. En otro predio del Parque Alem, el club posee una caleta con capacidad para 120 embarcaciones en tierra y en agua. Allí se practica vela, hay una escuela de . práctica de fútbol y hockey femenino.
"Volviendo a nuestra sede poseemos un salón de musculación con aparatos muy modernos, donde se hace gimnasia de alto rendimiento. El socio también disfruta del salón social, del bar-restaurant y pueden cruzar a la isla con el servicio de transporte (lancha) que es propio del club. La masa societaria es de 3.000 afiliados, incluyendo vitalicios. Se continúa con el tramo de socio deportivo y también se otorgan becas a deportistas destacados para mantener su actividad full-time", resume Campagna.
El club presta sus instalaciones para prácticas deportivas al colegio San José, al Politécnico, a la Escuela Santiago del Estero y a otras instituciones primarias.
Las autoridades del club aprovecharon esta publicación para hacer un llamamiento a los ciudadanos de Rosario; "los invitarnos a que recorran nuestras instalaciones y los lugares mencionados para poder contemplar las obras que se están ejecutando como por ejemplo una nueva pileta de natación". La entidad de colores celeste y oro celebra su fiesta anual del deporte este 9 de diciembre.
Donde se entregarán galardones a los más destacados de cada disciplina temada. Precisamente agrega Pracht, esta fiesta va a estar muy complicada en cuanto a la designación, ya que poseemos varios atletas descollantes y que aún continúan trayendo preseas al club. Tal es el caso de 3 chicos que conforman la selección nacional de fútbol y van al sudamericano en San Pablo, Brasil, en diciembre, ellos son: Gonzalo Paglia, Daniel Puntorillo y Franco Campagna. Recientemente la nadadora Mirna Vago, trajo la medalla del Sudamericano de Chile. "Como te das cuenta la elección va a resultar muy difícil y a ellas se les agregan las distinciones a deportistas destacados de antaño", se concluyó.

DOS MAESTROS
El remo, es un noble deporte que destaca en esta institución y el cual tuve la suerte de practicar. Vienen a mi mente numerosos colegas de entrenamientos, de haber compartido botes y atletas excepcionales. Sería injusto nombrar a uno u otro sin omisión a la vez. Pero seguro es, que cualquier colega de esta práctica saludable, no dejaría de nombrar a dos hombres que también tuve el orgullo de conocer, entrenar y obedecer órdenes como fueron a mi humilde opinión, los mejores exponentes de este deporte. Me refiero a nuestro Campeón
Mundial Alberto Demiddi (el mejor singlista) y a Mario Robert (el mejor entrenador)
 A Alberto Demiddi, lo recuerdo como en una foto, calafateando su bote para las competencias en Europa, cuando ya aquellos remeros corrían con bote de fibra.
A Mario Robert, lo recuerdo con su energía para dirigir y al mismo tiempo la sutileza que tuvo para decirme que dejara el cigarrillo, cuando apenas me conoció.
Bajo aquella dirección pude lograr la clasificación para representar a la Patria en los juegos Panamericanos de Puerto Rico. Representación frustrada por acudir a otro llamado de la Patria como lo fue el Servicio Militar Obligatorio. Pero esa, es otra historia.

DOS JÓVENES EJEMPLARES

En ésta recorrida, uno suele encontrarse con amigos que han compartido momentos gratos en lo personal, en lo deportivo y en lo laboral. Así fue cuando visité Regatas, no podía dejar pasar el saludo para Eduardo Díaz y Mario Cejas. Con el primero, compartimos una divisa deportiva, nos vemos a diario en el trabajo y además fue profesor de natación de mi hija. Con el segundo, salvando las edades, cultivamos el mismo deporte, seguí su carrera deportiva más allá de la designación como ciudadano distinguido de Rosario y junto a su hermana Marina terminamos la carrera de Periodismo. Ambos son ejemplos a emular por nuestra juventud y como: "de vez en cuando la vida toma conmigo café", yo tomaba café y a ellos escuché.
Eduardo - ¿Desde qué época estás en el club como entrenador de natación?
-    Desde el 01/07/88, estoy como instructor-entrenador, pero desde los 16 años ya colaboraba con los chicos.
¿Cuántos chicos están a tu cargo?
-    Entre chicos y adultos, alrededor de 35. La parte de adultos está en crecimiento, ya que estoy trabajando con 20 adultos en forma constante.
¿En qué segmento de edades obtuviste los mayores logros?
-    Entre los 9 y 13 años, hubo dos carnadas de chicos que lograron títulos nacionales e internacionales y fueron destacados en la Selección Rosarina y Nacional.
¿Qué mensaje les dejas para los "pequeños nadadores"?
-    Que es una disciplina que ayuda a desarrollarse física y mentalmente, ya que los organiza porque deben cumplir una rutina de entrenamiento, sin descuidar sus estudios. Además, les forma el carácter para aprender a afrontar sus problemas y solucionarlos por sí mismos, ya que es un deporte individual. Esto los va a hacer fuertes para enfrentar los inconvenientes í¡ltó tSflgan en el futuro. Y a nivel físico desarrolla todos los músculos de su cuerpo haciendo un crecimiento armónico del mismo.
Mario - Edad y logros deportivos destacados hasta hoy.
-    - Tengo 28 años, fui tres veces finalista del mundo, Campeón Panamericano, Campeón Sudamericano, Campeón Argentino y oro en Winnipeg '99, con el cuádruple par; también he ganado varias regatas internacionales
-    ¿Cómo es un día de entrenamiento para un remero de primera línea como vos?
-    Bueno, ahora estoy tomando un descanso, pero son más de tres horas de remo, acompañado por una hora más de gimnasia y otra de trote. Depende a que se esté apuntando, si estás en pretemporada, en competición, es según para lo que uno se prepara.
-    Y respecto a la preparación psíquica o anímica y la alimenticia ¿Cómo se controla?
-    La parte psíquica, es dura, si uno está por algún motivo mal o bajoneado, se refleja rápidamente. Lo que hay que lograr, es dejar los problemas en la planchada, sentarte en el bote y remar. En mi caso influye mucho la alimentación, pues he llegado a 92 kg, pero en época de competencia hay que reducir al máximo la ingesta de calorías, para lograr un peso de 70 a 72,500 k. Ahora estoy en 78.
-    ¿Cuáles son las penurias o nervios que atraviesa un atleta hasta su clasificación para una competencia internacional, que a veces dura solo segundos?
-    Nervios tienen todos, hasta el más avezado. Penurias, ahora tengo más, hace tiempo que no vivo con mis padres y uno debe dedicarle otro tiempo al trabajo para el sustento diario; entonces a veces, no llegas para entrenar, ni tampoco te queda tiempo para la familia.
-    Una vez lograda la clasificación ¿Con qué se debe lidiar?

-       Con problemas económicos y políticos. Hubo algunos altercados con directivos del club. Pero también hubo una persona que sacó la cara por mí, es el Sr. Oscar Martínez.
-       ¿Recibe algún subsidio el remero? O sigue como hace tiempo que llegada la fecha de la competencia no había plata ni para el flete de las embarcaciones?
-                 No, las cosas van cambiando, en cuanto a subsidios, seguimos igual; no hay subvención, ni municipal, provincial o nacional. En cuanto al club, responde con viáticos y la Asociación Argentina de Remos, también responde.
Por último, déjame agradecer muy especialmente a la gente del Club de Velas que me permite trabajar en su institución como bañero

HITOS EN LA HISTORIA DEL CLUB REGATAS

De las "Efemérides Rosarinas" de Miguel Angel De Marco (h

1917: Nace el Club Regatas
El origen de Regatas Rosario nació del anhelo de un grupo de asociados del Rosario Rowing Club de practicar en forma permanente el remo y otras actividades náuticas. La asamblea constitutiva tuvo lugar el 16 de abril de 1917, siendo su primer presidente Juan B. Cordiviola, quien promovió la adquisición de un edificio social propio. Su actividad principal, el remo de carrera, cobró un impulso extraordinario, al punto de convertirse en una de las instituciones más poderosas en esta disciplina en la Argentina, ganándose, además, valiosos reconocimientos internacionales. Fue cuna de campeones, entre ellos Alberto Demiddi. Otros deportes complementaron la vida de la entidad: natación, tenis, voley, básquet y yachting. Gracias a la siempre creciente cantidad de afiliados, construyó una imponente sede social con ingreso por calle Cordiviola 1268, con comodidades para sus asociados, con pileta de natación, playa y camping.
1942: reconstrucción de la sede
El 17 de octubre de 1942 culminó la reconstrucción de las instalaciones sociales del Club Regatas Rosario, destruidas por un siniestro el 6 de julio de ese año. Asimismo se inauguró un comedor con vista al río Paraná. De esta manera, el viejo edificio de 1917 fue sustituido por uno de corte moderno.

1946: se crea el Círculo de Periodistas Deportivos
El 11 de noviembre de 1946, durante una fiesta que se realizó en el Club Regatas de rosario, a la que habían sido invitados un grupo de periodistas, surgió la idea de constituir una entidad que agrupara a todos aquellos que prestaban servicios a la sección deportiva de diarios, audiciones radiofónicas, a fin de lograr mayor acerca­miento y comprensión. La primera comisión directiva estuvo integrada por Manuel Ayerra, presidente; Carlos Del Frade, vice; Juan Pascual, secretario; San Wachs, tesorero; vocales titulares: Ricardo Noriega y Miguel D. Aguiló; vocales suplentes: Pablo Cibioli y Justo Palacios; síndico titular Federico Hasembalg; y síndico suplente: José Finelli

1970: Demiddi campeón del mundo
Alberto Demiddi, destacado remero del Club Regatas Alberdi Rosario se consagró, el 6 de septiembre de 1970, campeón del mundo de su especialidad, al triunfar en la final del campeonato mundial celebrado en Canadá.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia   Fascículo N• 37 de diciembre de 2005.-

jueves, 4 de octubre de 2012

ENRICO CARUSO en Rosario


Nacido en Nápoles el 25 de febrero de 1873, Caruso fue, sin duda, el más grande tenor de la historia del bel canto, y su nombre fue idolatrado y admirado por públicos de todo el mundo, pero especialmente por las distintas colectividades italianas del llamado Nuevo Continente, para las que la llegada del cantantae constituía un hecho inolvidable. Eran épocas -finales del siglo XIX y primeras décadas del presente- en las que la lírica gozaba de una enorme popularidad al punto que, a su conjuro, se erigían teatros dedicados especialmente a ese género, como el de Manaos, en Brasil y La Opera, en Rosario.
Caruso cantó dos veces en dicho coliseo rosarino, en el mes de julio de 1915. La primera de ellas en la función de gala del día 9, aniversario de la Independencia, interpretando Manon Lescaut, de Giacomo Puccini; la segunda, el 22 del mismo mes, luego de una breve gira por Córdoba y Tucumán, asumiendo uno de los papeles que le valieran mayores elogios: el del desdichado Canío en I pagliacci, de Leoncavallo. Su posterior retorno al país, en 1917 no incluyó actuaciones en Rosario y antecedió en tres años en su ocaso definitivo.
El gran Caruso-  de cuya voz guardan felizmente testimonio irrevocable innumerables grabaciones- tuvo sus primeros incovenientes de salud en diciembre de salud en diciembre de 1920, al sufrir, en plena actuación en Nueva Cork, la rotura de un vaso de la garganta, a la que siguieron carias operaciones de pulmón que le quitaron toda posibilidades de regresar al canto. Vuelto a Italia, murió el 2 de agosto de 1921 en su Nápoles natal.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 22 de agosto de 1992, Autor: Alicia Megías.

miércoles, 3 de octubre de 2012

ROSARIO EN 1917 ( anécdota de Héctor Nicolás Zinni)


          "Algunos meses antes de finalizar la primera guerra mundial, mis padres, que vivían con sus ocho hijos en Justiniano Posse (Córdoba), decidieron venirse a Rosario, movidos por el declarado propósito de proporcionar una regular educación a su numerosa descendencia.
"Mi primera profunda impresión la tuve al contemplar embelesado los numerosos focos eléctricos aledaños a la estación del ferrocarril - llegamos a Rosario de noche - pues veía alumbrado eléctrico por primera vez en mi vida. Mi segunda emoción de la jornada la constituyó el mateo que nos condujo a nuestro nuevo hogar y el seco batir de los cascos del caballo sobre el empedrado.
"Fuimos a parar a la cortada Espora, flanqueada de este a oeste por las calles Presidente Roca y España y de norte a sur por las de 3 de Febrero y 9 de Julio. He visitado el pasaje hará cosa de un año y me sorprendió encontrar aún algunas viviendas en el mismo estado de entonces, obviamente más viejas, linderas con construcciones nuevas de aspecto modesto. De todas maneras, el impacto emocional fue intenso.
"Recuerdo que allá por los años que evocamos, cada familia acostumbraba salir por las noches a sentarse en la vereda, como en una gigantesca tertulia, intercambiando frases con los vecinos más próximos. Allá en la cortada se respiraba en el verano un airecillo perfumado a glicinas, de las que había muchas que bajaban en racimos hacia el exterior desde las altas cercas de los jardincillos delanteros, pues todas las casas de la cuadra tenían la misma sencilla arquitectura: jardín al frente, cerca y puerta-cancel. Cada noche, a eso de las nueve, pasaba a caballo el vendedor de lupines, esperado con impaciencia por los chiquilines. Una medida de los sabrosos lupines, alrededor de cien gramos, diez centavos. Eso, algún que otro helado - también de diez centavos - y el cuaderno semanal de la novela por entregas, precursora de su hermana radial y de las actuales series televisivas, constituían, poco más o menos, el rubro "extras" de cada presupuesto familiar.
"Los chicos jugábamos a la mancha o a la rayuela bajo la luz del alto foco encendido a mitad de cuadra y las niñas formaban rondas y cantaban las letras infantiles de la época. Por la calle 9 de Julio, cada pocos minutos, la campanilla del tranvía de la línea 15 anunciaba la proximidad del chirriante vehículo. Espaciadamente, los cascos del caballejo uncido a algún mateo trashumante agregaban su repiqueteo característico a los escasos rumores de "afuera".
"Yo tenía entonces nueve años y me inscribieron en el segundo grado de la escuela "Bartolomé Mitre", situada en la vereda par de la calle homónima, entre las de San Juan y San Luis. Mi aula estaba situada en altos, con vista al ancho patio central de la escuela. En cierta ocasión, formando en el patio un cuarto grado, pude observar al niño colocado a la cabeza de la fila. Era menudo y bajito, más bajo que yo entonces. ¡Y estaba en cuarto! Sentí admiración y celos, unos celos casi angustiosos. Yo venía de una escuelita mixta de provincias, atendida por su directora y única docente. Debí decir: desatendida, pues allí, remedando al personaje de Blasco Ibáñez "el pasto intelectual era escaso y valia poco." Apenas si aprendíamos a leer, sumar y restar, con ayuda de familiares de los educandos. (Más tarde vine a saber que mi señorita, venida de Córdoba, sólo tenia una preocupación, escasamente didáctica: pescar para marido a algún estanciero de la zona). De ahí mi atraso.
"Un vecinito de la cortada, llamado, como el historiador homónimo, César Cantú, asistía, también, al segundo grado de mi escuela. Era mi rival en el estudio y los demás muchachos se encargaban de que lo fuésemos en otra esfera, azuzándonos para hacernos pelear no bien salíamos de clases. Era como una fatalidad, aceptada por ambos, porque otra cosa nos hubiera concitado el desprecio y las pullas de nuestros condiscípulos. Entregábamos los útiles a los más próximos, nos colocábamos en guardia y dale a amagar sin pegar, retrocediendo paso a paso mientras nos íbamos en inofensivas fintas, hasta llegar a la cortada Espora. Allí se disolvía el grupo de espectadores y los heroicos gladiadores nos marchábamos, aliviados, a casita, para recomenzar la justa al día siguiente. Debo confesar que mi carácter era pacífico, soñador y contemplativo, nada inclinado a la violencia. Por eso, yo retrocedía y César avanzaba, aunque, digámoslo también, cauteloso. Parece que aún a mí podía escapárseme un coscorrón...
"Después de almorzar me iba a "recorrer la ciudad". Por el momento, dichas expediciones raramente me alejaban más de siete u ocho cuadras de mi domicilio. Más tarde, ya canchero, incursioné por General López (Estanislao Zeballos) - calle poco transitada entre cuyas piedras crecía sin amenazas la gramilla - hasta San Martín. Solía hacer cuadras y cuadras sin cruzarme con alma viviente. Nada hacía adivinar entonces en ese sector a la pujante, rumorosa y moderna ciudad de hoy, con sus rascacielos, sus monumento, su tránsito activo.
"No puedo soslayar en esta corta evocación a la Plaza Sarmiento. Allí se levanta en nuestro días la misma estatua del formidable sanjuanino que le presta su ilustre nombre. La he vuelto a ver hace cosa de un año, con un poco de tristeza. La vieja plaza, ahora remozada, con su sector que da a San Luis convertido en plaza de estacionamiento de automotores, ha perdido su clima familiar, su personalidad, su encanto provinciano. Es el precio del progreso...
"¿Qué decir de los cines? Aún sigue en la brecha el antiguo "Sol de Mayo", en la esquina de la avenida Pellegrini y calle Corrientes, sin que su exterior haya sufrido cambio alguno. Y el "Esmeralda", su vecino, y el recreo Edén Park, en el que Libertad Lamarque, relevante rosarina, hizo sus primeras armas. Las secciones diurnas de los cines de entonces eran tres: sección café, matinée y familiar. Con derecho a un café express, diez y veinte centavos la entrada. (Algo ha encarecido, desde entonces, el costo de la vida...)
"Acude a mis recuerdos el viejo Mercado Central, en cuyo primer piso funcionaba la redacción y administración de la revista "Plumazos". Todo el personal consistía en el redactor y a la vez jefe de oficina - un irlandés jugador y amigo del trago - y un cadete, que lo era yo, por las tardes, mediante un estipendio de veinte pesos mensuales. En esa revista publiqué, a los trece años, mi primer cuento.
"Volvamos a mi calle cortada.
"A derecha e izquierda de nuestra casa vivían dos familias de origen dispar - una italiana, la otra israelita - que tenían en común el cabello rojo, más pronunciado en las mujeres, tres de las cuales integraban el grupo israelita, polacos por más señas, y cinco en la familia italiana. Un verdadero ramillete de cabelleras ígneas. Se las conocía por Juanita la pelirroja, Tota la pelirroja, Hinde la pelirroja, Sprintze la pelirroja, y así las demás. Enfrente vivía otra familia israelita cuyo jefe traficaba con la compra-venta de bolsas vacías usadas de maíz y trigo. Ocupaban otras dos viviendas sendas familias cuyo signo común en los muchachos de una y otra era el apelativo: Pepe. Llamaban a uno Pepe el grande y al otro Pepe el chico. Ambos salían todas las mañanas con sus padres portadores - rara coincidencia -de canastas con piezas de queso que luego ofrecían de puerta en puerta. En la esquina del pasaje y la calle 9 de julio campeaba por sus fueros el almacén de los Picabea, gallegos ellos, cuya hija primogénita era la orgullosa poseedora del único piano de la vecindad.
"Los domingos, una nutrida barra de pibes del pasaje salían provistos de palos a luchar con otro grupo de la calle Italia o España, previo desafío, regresando contusos y con la sangre bullente. Luego las madres, empuñando correas y látigos, ponían el broche de oro a la jornada heroica, desbandando a los esforzados guerreros. Estos se reagrupaban en un baldío donde hoy se levanta un gran edificio de concesionarios de la Ford, sobre 3 de Febrero, y allí se entretenían peloteando hasta que el grito: ¡araca la cana! tornaba a producir el desbande... Esta vez, definitivo para la jornada.
"Cruzando la calle, en el número 57, habitaba una familia de apellido Torres. Había allí una chiquilla de mi edad, la que me causó - ¡a los nueve años! - viva impresión. Ni corto ni perezoso, le envié una esquela con nuestra fámula, invitándola a ir conmigo... ¡a la calesita! "No hubo respuesta. Al menos, de la chica. Pero si la hubo de parte de un hermano al que yo respetaba y admiraba porque se decía de él que practicaba esgrima, quien me atajó un día en la calle y me propinó un par de soplamocos bien dados.
"Así tuvo fin, poco airosamente, el primer romance de mi vida."

Fuente: Extraído del libro “ Barrios de Tango y otras yerbas”(es la Introducción  del mencionado libro del Autor: Héctor Nicolás Zinni. Ediciones del Viejo Almacén  Año 1997.-

martes, 2 de octubre de 2012

EL PRIMER REGLAMENTO de Rosario Central / ANECDOTARIO


A pesar de contar casi con treinta años de vida, no fue sino en 1917 cuando Rosario Central plasma su organización a través de su primer reglamento. Fue bajo la presidencia de don Tomás Flynn, hermano de Federico, que era a la sazón secretario, cuantíe se convoca a una asamblea general extraordinaria. Se reúne ésta el 18 de abril de ese ano y aprueba el Reglamento propuesto. El mismo contiene algunas disposiciones dignas de ser conocidas.
El reglamento establece claramente que sólo pueden ser socios de la "Asociación" denominada Club Atlético Rosario Central, los empleados v ex empleados del Ferrocarril Central Argentino. Por vía de excepción, autoriza a la comisión directiva a aceptar asociados que no reúnan esa condición si lo considera beneficioso para los intereses del club. La finalidad de la Asociación es la "de mantener la amistad entre ellos y proveer por todos los medios a su desarrollo físico y moral".
Para ingresar había que abonar una cuota de  “$ 2.00 m/n como mínimum", suma ésta que podía ser aumentada por la Comisión Directiva. La cuota mensual fue fijada en S 1,00 m n (un peso monada nacional).
Una particularidad importante está contemplada en e! Regla­mento. La elección y función del capitán del equipo de fútbol, come así también la manera de elegir el "team" representativo del club. Veamos.
Los capitanes y subcapitanes de los respectivos "teams" eran elegidos por los propios jugadores antes del primer partido de cada año. Ese honor tenía su carga de responsabilidades y obligaciones. El capitán —en su ausencia, el subcapitán— debía concurrir una vez por mes a las reuniones de la directiva e informar a sus miembros sobre las necesidades de los equipos; tenía la absoluta dirección de los partidos que jugaban sus muchachos, como también la obligación de vigir que todos los jugadores usaran les colores v el uniforme del club; también debían informar a la comisión directiva de cualquier infracción cometida por aquellos y estaba autorizada —en ese caso— a tomar "las medidas que crea necesario" (el caoitán).
Finalmente, formaba parte de la Comisión de Selección del "team", junto "a cuatro socios designados por la C.D.". Esta comisión seleccionadora funcionaba con mucha originalidad: elegía los Jugadores, es decir, formaba el equipo, y elevaba sus conclusión a la comisión directiva. Esta sólo podía objetar hasta tres jugadores. Pero así y todo, si esos jugadores objetados por la comisión directiva eran ratificados por mayoría de votos de los seleccionadores —cuatro socios v el capitán— la nominación origina! quedaba firme y consumada.
Come podrá apreciarse, mucho es lo que ha cambiado desde aquellos tiempos a éstos que nos tocan vivir. Quizás valga la pena apuntar que por ese entonces ser capitán del equipo —como hemos visto— era no sólo una distinción; representaba una misión que había que cumplir, con honor y con vergüenza; era, en suma, una obligación que a no todos les quedaba bien. Quizás también, por eso, el primer capitán centralista fue un lord inglés. Y muy cerca en el tiempo, le siguió Zenón Díaz, síntesis total de personalidad y honorabilidad para merecer largamente la distinción de capitanear los primeros equipos auriazules.

Fuente: Bibliografía de Historia de Rosario Central de autor Andrés Bossio

lunes, 1 de octubre de 2012

DEFILIPPIS NOVOA, Francisco (1892-1930)


Por Luis Etcheverry


El Poeta del teatro  Junto a talentos como Armando Discépolo y Samuel  Eichelbaum, fue el gran de autor de su época. En  Rosario el periodismo y estrenó primeras piezas.

Como dice Luis Ordaz en su indispensable "El teatro en el Río de la Plata", Francisco Defílippis Novoa fue "un poeta auténtico que cantaba en teatro. Unas veces con acento trágico, otras más o menos risueño o sentimental, pero siempre humano". Exponente de la corriente simbolista vanguardista y reconocido, junto con Armando Discépolo y Samuel Eichelbaum, como uno de los grandes dramaturgos que rescataron a la escena nacional de la chabacanería, su teatro fue, en esencia, "profundamente cristiano", pero de un cristianismo no religioso, carente de santos y vírgenes. Reconocido además como representante del grotesco criollo, en su corta vida -murió en Buenos Aires a los 38 años, en la plenitud de su talento dio forma a unas treinta piezas, la más famosa de las cuales es la inolvidable "He visto a Dios", de 1930, poco menos que en cartel permanente a lo largo y ancho de la Argentina. Otros títulos: "La casa de los viejos", 1914; "El conquistador de lo imprevisto", 1919; "El cacique blanco", "La madrecita", "La loba" y "Un cable de Londres", 1920; "Una vida", 1921, "Los desventurados" y "El turbión", 1922; "Hermanos nuestros", 1923; "Tu honra y la mía", 1925; "El alma del hombre honrado", 1926; "María la tonta", 1927; "Tú, yo y el mundo después", 1929, y "Noso­tros dos" y "Sombra en la pared", 1930.
Defílippis Novoa también incursionó en la dirección cinematográfica, donde plantó hitos llamativos. Hizo debutar a Carlos Gardel en "Flor de durazno", en 1917 y junto a Ilde Pirovano; a Victoria Ocampo (tenía 29 años y no era famosa aún con las letras), "Blanco y negro", 1919, y a Berta Singerman, "La vendedora de Harrod's", 1920. También dirigió a María Esther Podestá dos veces: "La loba", con Gardel, y "Los muertos", sobre libro de Florencio Sánchez, de 1919.
Nacido en Entre Ríos el 21 de febrero de 1892, egresó de la Escuela Normal de Paraná, donde ejerció el periodismo, y a los 19 años logró su primer estreno, "La pequeña felicidad". También fue maestro en el interior. En busca de horizontes llegó a Rosario, donde escribió para publicaciones libertarias, en boga en la época, pasando a ser figura de la cultura por el hecho decisivo de vivir aquí los primeros estrenos de sus obras por elencos porteños. La compañía de Enrique Orellano le montó, en el Politeama, "Crónica de policía"; Orfilia Rico, "El día sábado", y Pablo Podestá, "La casa de los viejos". Con esta pieza ocurrió algo curioso: estuvo en cartel sólo dos días. Por haber sido ello causa o efecto del encontronazo, ambos tendrán su Guayaquil: se disgustarán y no revelarán el motivo. Sin reconciliarse, el secreto los acompañará a la tumba. Nacido en Montevideo, el 22 de noviembre de 1875, el gran actor Podestá morirá demente el 27 de abril de 1923, siete años antes que Defílippis Novoa, quien se irá el 27 de diciembre de 1930.

Fuente.: Extraído de la Revista del diario “La Capital” 140 años – (1867-2007)