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martes, 10 de mayo de 2016

Don Juan (a) Chicho Grande

por Osvaldo Agüirre


Juan Galiffi iba a protagonizar parte esencial de la historia de la ma­fia en el país. Radicado primero en la ciudad de Gálvez, por entonces impor­tante nudo ferroviario, instala allí dos negocios habituales para muchos de sus paisanos: una fonda y (se afirma) una peluquería, que le permiten una cómo­da y rápida inserción en la comunidad, en la que se convierte en poco tiem­po en un comerciante próspero, al que se reconoce como buen conversador y amigo generoso.

Aquella apariencia escondía sin embargo otras actividades, que Ga­liffi llevaba adelante en lugares distantes. De ese modo, en octubre de 1912 y noviembre de 1913 es detenido en Salta por asaltos; en 1914 se lo condena por su participación en el ataque al Ingenio La Mendieta jujeño y en 1928 se lo encuentra implicado en un proceso por estafa. El periodista Justo Palacios evocaría en La Tribuna, en 1974, parte de ese periplo de Galiffi, aun con al­gunas disidencias respecto de las ocupaciones del que después se conocería co­mo Chicho Grande.

"Acá se dedicaba a manejar la quiniela y todo eso. Era fondero de Gálvez -escribió Palacios-, famoso y conocido por todos los ferroviarios. Viene un dia a Rosario y se hace dueño de la Mofa. Los lugartenientes de don Juan fueron Curaba, que era el hombre fuerte, de familia tradi­cional; los Dainotto, que actuaban en la zona de Echesortmy los Pendino, que estaban en la zona de Avda. Pellegrini En el barrio Refinería, donde había conventillos como de cien piezas llenos de turcos y criollos, vivían también italianos mafiosos. Ellos empie­zan a bancar el juego, están en la vida del Mercado de Abasto y del Mercado Central"

A mediados de la década del 20, Galiffi se radica en Rosario, donde vuelve a insistir, según testimonios coincidentes, con la "pantalla" de una peluquería, instalada en calle Mitre al 1300. Entre sus clientes re­gulares se contaría un paisano, Cayetano Pendino, al que se sindicaba desde los años del Centenario co­mo uno de los capos mafiosos de la ciudad.

Aquellos años de don Juan en Rosario, donde se lo conoce y llama casi devotamente Don Chicho y más tar­de -para dimensionar su poderío- Chicho Grande, fueron los de la consolidación de sus "negocios" en la ciudad: decidido monopolio del co­mercio de las verduras, frutas y; hortalizas en los mercados locales, y el tradi­cional sistema de extorsiones y amenazas que en ocasiones lograban su efec­to con amenazas postales y en otras, con los secuestros. Todo sin salir de un bajo perfil que impidiera que la Mafia se convirtiera en noticia resonante, es­trategia grata a Galiffi pero errónea a juicio de quien pretendía sucederlo.

Para 1930, al producirse el golpe militar de Uriburu -visto con sim­patía por algunos rosarinos.como Lisandro de la Torre, quien se reuniera más de una vez con el dictador-, Galiffi está instalado ya en Buenos Aires. Allí, desde su vivienda de Pringles 1255, maneja dos actividades disímiles: la de propietario de una fábrica de muebles de estilo, y la de reconocido turíman, cuyos caballos -algunos ganadores de muchas carreras como Fausto- corrían regularmente en el Hipódromo de La Plata pero no en el de Palermo, donde lo impedía la negativa de los miembros de la comisión directiva del exclusivo Jockey Club.

Ya por entonces Galiffi había establecido sólidas vincu­laciones con políticos, jueces, policías y personajes cercanos al po­der, había adquirido tierras en la provincia de San Juan por un total cercano a los 280 mil pesos, y se confesaba perseguido in­justamente por la ley.

El poder de Chicho Grande le costaría sin embargo sus sinsabores. Primero, un complot organizado por otros capos ma­fiosos para asesinarlo, durante una jornada hípica, que termina­ría exactamente al revés de lo planeado, con la muerte de los frus­trados "ejecutores" a manos de los hombres de Galiffi. Después, la aparición de un temible competidor, empeñado en quedarse con la conducción absoluta de la mafia y cuya estrella sería tanto o más fugaz que el propio esplendor de la organización: Chicho Chico. Con él comenzaría un ciclo de acciones mucho más no­torias, que tendrían a Rosario como centro, serían titulares de los diarios na­cionales y culminarían con su oscura muerte, decretada por aquel a quien ha­bía soñado suplantar.
Fuente: Extraído el artículo de diario “La Capital” del domingo 21 de junio de 2013

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