Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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jueves, 2 de junio de 2016

Misterio escrito con sangre

Por Osvaldo Agüirre


La investigación comenzó a resentirse por fricciones entre las policías de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe El enfrentamiento co­menzó cuando Vinti y Frenda escaparon de un aguantadero en Rosario, poco antes de que llegaran Fernández Bazán y Leónidas Homo, jefe político de Marcos Juárez Los mañosos, se sospecha, habían sido puestos sobre aviso des .le la División de Investigaciones do la policía local. Félix de la Fuente mantenía relaciones cordiales con miembros conocidos de la ma­fia, entre ellos el propio Vinti y en especial su hermano mayor, Carmelo Vinti, antiguo matón de comité y luego custodio del ex juez Claudio Newell, quien más tarde asumiría la defensa de Juan Vinti y de Romeo Capuani.




Cuando el misterio parecía cerrarse, el 1o de febrero de 1933, en Rosario, un grupo ma­ñoso liderado por Diego Radduzzo liberó sano y salvo a otro secuestrado, Marcelo Martin, hijo del empresario Julio U. Martin, dueño de la Yerbatera. La causa de Ayerza se reactivó, y trascendió otro sospechoso error de la po­licía rosarina: dos meses antes la policía de Neuquén le había informado la detención de Santos Gerardi, pero Investigaciones reportó que no tema antecedentes delictivos y en con­secuencia el mañoso había sido liberado.




Por orden del Ministerio del Interior, un grupo de investigadores viajó entonces de incógnito a Rosario. Lo integraban Fernán­dez Bazán, uno de sus auxiliares, Cayetano Bruno, y Miguel Angel Tenlorio. un civil que conocía bajos fondos do la ciudad, donde había reclutado gente para integrar piquetes (le crumiros. como se llamada en la época a los rompehuelgas. Después de hacer algunos contactos en Pichincha, se entrevistaron con Carmelo Vinti y José La Torre.




La entrevista con La Torre tuvo como me­diador a Ricardo Carreras, hermano del comi­sario Ernesto Carreras, de la policía rosarina, y se realizó con la presencia de Horacio Ayer­za, hermano de Abel. Horacio Ayerza le pidió a La Torre que intercediera ante los secuestra­dores y que, si su hermano estaba muerto, le revelaran dónde estaba el cadáver.




La Torre prometió ocuparse del asunto, como si él fuera ajeno a los hechos, y unos días después le dijo a Ayerza que no había podido averiguar nada. Poco después, el 11 de febrero de 1933, el equipo de Fernández Bazán secuestró a La Torre y Vinti y los condujo al Departamento Central de Policía, en Buenos Aires, donde los sometió a lo que si llamaba "hábiles interrogatorios", eufemismo de la tortura. A partir de sus declaraciones, detuvieron —también de manera ilegal control judicial— a Salvador Rinaldi —que se había gastado su parte del botín en el hipódro­mo— y su ex esposa, Concepción Marino. Vinti murió a causa de los apremios y la Torre, meses después, todavía no podía caminar cuando lo llevaron a la cárcel de Villa María.




Antes de morir, Cinti reveló que Ayerza había sido asesinado y estaba enterrado cerca de Corral de Bustos La policía detuvo a los hermanos Di Grado y el 22 de febrero de 1933.




Ayerza había sido asesinado el 1 de noviembre de 1932, después del pago del res­cate. Cuando llegó el telegrama pidiendo su liberación, Bordone estaba aún preso. Lo re­cibió su mujer, Alcira Medina, que no entendió el significado del mensaje y se lo llevó a los Di Grado, quienes no le dieron importancia.




Según la sentencia del juez Luis Agüero Pinero (1937), Ayerza fue asesinado en el só­tano donde pasó su cautiverio y conducido a un campo cercano, desde donde después: trasladado al lugar de su hallazgo. El grupo mafioso que estaba en Corral de Bustos era inminente su descubrimiento después de la captura de Bordone (quien, sin embargo, no habló, y se perdió de vista tras ser liberan manteniéndose prófugo para siempre). Del expediente surge que "el crimen fue largamente meditado por Vicente Di Grado, como una forma de evitar el reconocimiento de s casa, ya que el colchón donde dormía Ayerza estaba apoyado en unos cajones de fruta que identificaban a la verdulería.




La unidad de los secuestradores comenzó resquebrajarse durante el cautiverio de Ayerza. Vicente Di Grado se enojó porque Vinti alcanzó a Ayerza ejemplares de Crítica y de La Capital que hablaban del secuestro y prohibió bajar al sótano, donde tenían al secuestrado a oscuras.

—Menos se sabe, menos se responde —dijo Di Grado cuando Vinti le preguntó cuál era recorrido para el pago del rescate.

Toda una lección mafiosa. Apenas do dos, los Di Grado le atribuyeron la muerte de Ayerza a Vinti y trataron de reducir -de simples custodios. La ruptura del grupo profundizó durante los careos que ordenó la Justicia. "Miente ese desgraciado de mierda. Jesuíta, patriada (sic), si a mí me lo dejaron suelto a éste le haría decir la verdad", dijo Juan Vinti ante Pablo Di Grado. Y éste a su , vez, le espetó: "Si a mí me lo dejaran solo le chuparía la sangre y le comería el alma. Ten­go ardor en el corazón, porque (Vinti) es un traicionero que con engaños ha desgraciado a toda una familia". Los tuvo que separar la policía, y lo mismo pasó después cuando Vi­ente Di Grado le recordó a Vinti que "se le uncía el culo por temor a caer preso". En otro incidente derivado de la división del grupo, Vinti asesinó a cuchilladas a José Frenda n la cárcel de Córdoba, en 1936.

Gianni, La Torre, los Di Grado, Vinti y Capuani fueron condenados por el juez Águero Piñero a perpetua en un paraje de los territorios del sur, por secuestro extorsivo y homicidio; María Sabella y Salvador Rinaldi (expulsado del país en 1939), a 20 años, por cómplices; Carlos Rampello, a 16 (fue absuelto por la Cámara de Apelaciones, en 1939); Graciela Marino, a 12; Pabla Dasso, esposa de ente Di Grado, a 10 (absuelta por la Cámara de Apelaciones). Quedó abierto el pro-contra Bordone (nunca fue localizado) y detenido en 1934 por otros delitos, por los que terminaría condenado en 1945.-reclusión perpetua por la Cámara de Apelacio­nes de Rosario. Todos los procesados, además, fueron condenados a pagar solidariamente, en concepto de daño material y moral, 300 mil pesos moneda nacional a la madre de Ayerza. las últimas actuaciones del expediente son los informes semestrales de la cárcel de Ushuaia, donde fueron a parar los condenados, dando cuenta del embargo de sus peculios, sumas irrisorias pero significativas de la implacable persecución judicial, que embargó también to­dos los bienes de los condenados, empezando por la chacra de los Di Grado.

El velatorio de Ayerza, en el cementerio de La Recoleta, congregó a una multitud, y a los dirigentes más conspicuos del fascismo criollo. Los oradores se pronunciaron por la expulsión de extranjeros indeseables—un rótulo que in­cluía tanto a delincuentes como a militantes anarquistas y socialistas— y el endurecimiento de las penas, y sus palabras no tardarían -verse traducidas en muertes y deportar nuevas extensiones de la violencia que signaba a una época. La tolerancia policial que favoreció durante muchos años la existencia de lo grupos mañosos en Rosario, en cambio, nunca fue investigada.
Fuente: Extraído del diario “La Capital” del 21 julio de 2013.-

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