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martes, 7 de junio de 2016

Agata: el último resplandor

Por Rafael Ielpi


El abogado Lucchini protagonizaría otra historia vinculada aún más estrechamente con la moribunda organización al casarse -casi simultánea-menge con su defensa de Chicho Grande- con Agata Cruz Galiffi, "la flor de la mafia", que es quien cerraría ese ciclo violento y vengativo que entre 1930 y 1938, con sus coletazos de delaciones y resolución de viejos casos pen­dientes tendría en vilo a los argentinos en general y a los rosarinos en parti­cular. Es este último año cuando el apellido Galiffi vuelve a resurgir de la ma­no de su hija, ya separada de Lucchini y relacionada sentimentalmente con un pistolero de fuste, Antonio Placeres, alias "El Gallego". A ellos se suma un tercer hombre, Cayetano Morano, "El Pibe Morano", ex integrante de la famosa banda de El Pibe Cabeza, y sindicado como uno de los custodios de Chicho Grande.

El trío protagoniza el 30 de diciembre de 1938 un confuso pero san­griento episodio en Rosario, donde se habían reunido con un propósito que algunos suponen relacionado con la reorganización de la mafia. Reconocidos por dos pesquisas que los descubren en el bar de Aguiló, en Santa Fe y Maipú, son invitados a acompañarlos para averiguación de antecedentes. Los de­lincuentes les piden pasar primero por la pensión donde se alojan, en San Lo­renzo al 700, para buscar sus documentos, y allí atacan a balazos a sus capto­res, hiriendo a Domingo Ferreyra y matando a Juan Espinoza. Una huida espectacular permite a Morano esquivar a sus persegui­dores, pero es finalmente acorralado y herido de gravedad, no sin antes ulti­mar a otro agente policial, Marcos Cordero. En la Asistencia Pública, el Pi­be Morano pide hablar con el juez del crimen doctor Cantadore van Straat, a quien dice que puede confesarle ramificaciones y contactos de gente de al­to rango socioeconómico de Rosario con el mundo del delito. El juez orde­na se lo remita a la Jefatura de Policía en lugar de la Asistencia Pública, pero es finalmente llevado a la misma al agravarse su estado.

Al presentir su muerte, Morano pide otra vez la presencia del juez, pero ante la inexplicable demora de éste, fallece sin haber podido hacer pú­blicos sus secretos, en la medianoche del 4 de enero de 1938. Agata, su pri­mer marido Lucchini y el "Gallego" Placeres son detenidos y remitidos a Tu­cumán acusados de distribución de dinero falso en esa provincia y de haber planeado el robo a un banco tras la excavación de un túnel.

Comienza allí lo que Zinni llamara con metafórico acierto la cruz de Agata, una odisea que la lleva a un encierro en una jaula de 1.20x1.80 me­tros en un hospital para alienados en la capital tucumana, donde permanece encerrada siete años; a la traición de Lucchini, que después de haber purga­do una condena de ocho años le entabla un juicio de divorcio por "abando­no malicioso del hogar", aduciendo ignorar su paradero; a su libertad, en 1948, luego de 9 años y 3 meses de prisión, y a sus posteriores penurias físi­cas y morales, hasta la recuperación de una de las fincas de Galiffi, en Caucete, donde se radica definitivamente y donde vive.

En 1972, la revista Gente logra entrevistar a Agata en su propiedad cuyana. La magnética personalidad de "la flor de la mafia" estaba entonces enhiesta, tanto como sus códigos: "¿Chicho Chico?No lo conocí. Nunca su­pe quién era: ni siquiera sé si existió ". Su balance de vida era entonces tan escueto como firme: "Toda mi vida es lucha y reveses y ahora, a los 56 años, sé que puedo volver a perderlo todo. Sin embargo, estoy dispuesta a empezar de nuevo. Pero esta fuerza no es mía sino de mis amigos. Porque lo único que cuenta en la vida son los amigos... "Una aseveración que -tal vez sin pensarlo- remitía a aquellos sólidos vínculos de amistad que la mafia tenía como los únicos valederos.
Fuente: Extraído de la colección “Vida Cotidiana – Rosario ( 1930-1960) Editada por diario la “La Capital

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