Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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A 34 AÑOS DE LAS MALVINAS

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lunes, 12 de octubre de 2015

TRES CAMPEONATOS MAS ANTES DEL PROFESIONALISMO. LA INAUGURACION OFICIAL DEL ESTADIO CENTRALISTA



El ofrecimiento en el orden institucional va parejo con los logros en materia deportiva. Los equipos de primera divi­sión consiguen obtener la Co­pa Vila en los torneos de 1927, 1928 y 193C. Antonio Miguel sigue siendo puntal de un equi­po que ya está renovando sus jugadores. Octavie J Díaz. Francisco De Cicco. Juan Gon­zález y Luis Indaco son figu­ras del combinado rosarino que conquista el campeonato argentino de 1929, por |o que la comisión directiva resuelve colocai una placa en el estadio que testimonia esa contribu­ción auriazul a tan importante conquista.
En el plano institucional de­be acotarse que, desde el mo­mento en que se logró la pró­rroga de la concesión de los terrenos en Arroyito por vein­te años más, comenzó febril­mente a trabajarse para levan­tar allí un gran estadio. Un plan financiero cuidadosamen­te elaborado en 1926 y la co­locación de un empréstito in­terno permitió que en 1927 se encarara en firme la construc­ción de edificios tales como el obra es encargada a la empre­sa "de los señores Ferrarese Hnos. y Cía., de esta plaza co­mercial", cuya seriedad y profesionalidad avalaban la ereccin de edificios tales como el Palacio Fuentes, el Banco de la Nación Argentina, sucursal Arroyito, compañías de segu­ros y demás. El contrato fue firmado por un monto total de $ 46.955 y el 27 de octubre de 1929, con su flamante tri­buna de socios, fue inaugura do oficialmente el nuevo esta­dio de Rosario Central. La in­vitación fue aceptada por el club hermano de toda' la vida Peñarol de Montevideo, que aquella tarde, con entradas de 1 y 2 pesos, y hasta de 50 centavos, empató cero a cero con el cuadro auriazul en lo que fue una jornada realmen­te memorable. Pasarían otros 17 años antes de dar el paso definitivo, el de la adquisición del predio donde se erigía el estadio centralista.
Pero no paró allí la pujan­za centralista. En 1928, Flynn y el secretario Joaquín Ripoll, en representación de la corni­són firman otro contrato, es­ta vez con un constructor y socio centralista, Román Rodrí­guez, quien se encargará de la construcción de las tribunas populares. Rodríguez era un centralista acérrimo y como el interés bancario que el club debía abonar por el préstamo para la obra era elevado, él mismo se ofreció a financiarla resignando algunos puntos pa­ra beneficiar al club. Queda aún el testimonio de gratitud de la entidad, que se ahorró mediante esa actitud generosa de uno de sus simpatizantes, la suma de $ 1.975. La obra total insumió un costo extra­ordinario para la época: pesos 164.788,50.
En el plano deportivo ya se ha dicho que se obtuvo el cam­peonato de 1930. Ya por en­tonces había vuelto Luis Indaco, superadas algunas dificulto, superadas algunas diferen­cias que lo llevaron a jugar en Platense, en 1926, y a intentar una aventura por Génova, abandonada por el propio Indaco casi en su comienzo, tan­to era el deseo de volver a su querido Rosario Central.
Pero en este plano estricta­mente futbolístico había algo que estaba cambiando, que había cambiado. En Buenos Ai­res era un secreto a gritos que los mejores jugadores reci­bían buena paga por sus ser­vicios. Numerosos pedidos lle­gaban a nuestra ciudad para interesar a los cracks rosarinos de entonces. Ante esa rea­lidad, que no podía soslayar­se, también los clubes locales comenzaron a agregar en sus balances cuentas abultadas para justificar salidas de dine­ro cuyo destino no era otro que el de pagarle a los juga­dores. El amauterismo, celosa­mente defendido por muchos, agonizaba a ojos vista. Poco a poco los más recalcitrantes enemigos del profesionalismo comenzaron por admitir que era mejor acogerlo claramente que continuar manteniendo una situación signada por la trampa y la hipocresía.
Corrían vientos de renova­ción en el fútbol criollo y Rosario no pudo ni quiso esta-ausente. La luz comenzó a alumbrar en 1931 cuando el profesionalismo decide "institucionalizarse", dando naci­miento a la Asociación Rosarina de Fútbol, cuyo primer presidente fue, como ya se ha señalado, donde Federico J. Flynn

Fuente: Bibliografía de Historia de Rosario Central de autor Andrés Bossio

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