Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

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jueves, 29 de mayo de 2014

CAMARERAS Y ALGO MÁS



Por Rafel Ielpi
Una ayudita adicional haría aún más visible el propósito de favo­recer a los dueños de los burdeles: el 7 de septiembre de 1906, se decreta el cierre de los "cafés con camareras", que en realidad eran una com­petencia peligrosa para los intereses de los "quilombos", a los que se quería favorecer ya sin ningún disimulo. una paradoja, si se piensa que las normas se originaban y sancionaban en el concejo deliberante donde predominaban los representantes de la rica burguesía rosarina que, por lo menos en público, se rasgaban las vestiduras al hablar de la "plaga prostibularia".
Los llamados "cafés con camareras" eran una de las formas de en­cubrimiento del comercio sexual, ya que se trataba en esencia de pros­tíbulos disimulados tras la poca convincente escenografía de mesas y de mujeres que las atendían, ya que dicha atención terminaba siem­pre, o casi siempre, en alguna de las habitaciones existentes en el mismo local. sin embargo, de vez en cuando, se producían en ellos episodios que desnudaban la verdad de su relación con la "mala vida".
En octubre de 1904, por ejemplo, el municipio informa de un altercado en el "café Viena", de Italia entre Salta y Catamarca, donde Paula Sener, una de las mujeres que trabajaban en el local, es brutal­mente golpeada por dos parroquianos; en abril de 1906, la capital consigna el ataque a puñaladas de Domingo Almada a rosita de la plata en el patio del "café Internacional", de Güemes 2015. en sep­tiembre de 1901, el municipio reseña la pelea protagonizada entre Carlos Tello, que la requería de amores, y julio arana, que era su amante, por Rosa Fernández, camarera del café de Balcarce 46, que termina con la mujer y el pretendiente apuñalados. todavía en abril de 1919, es noticia el "café Montenegro", ubicado en Güemes 2127, donde Román Machuca mata a balazos a Mercedes Pereyra, que ejercía la prostitución en dicho local, por haberlo abandonado para retornar a su anterior amante, Fortunato Quinteros, conocido por su alias poli­cial de "Firulete".
En los mismos años iniciales del siglo XX, son mencionados como escenarios de peleas, balaceras, puñaladas, muertes, trifulcas y desórdenes mayúsculos otros cafés con camareras en los que se ejerce la prostitución, como el "café Cambris", instalado en la zona céntrica sobre calle Santa Fe, propiedad de "Madame Pepa" y clausurado en los años iniciales del siglo; el "café La Mascota", de Balcarce entre Jujuy y Salta, mencionado por episodios escandalosos en octubre de 1906, y el "café Italia", de Güemes entre Balcarce y Bvard. Oroño, donde un año después se produce un enfrentamiento entre parro­quianos y policías. en 1917, cuando estos locales seguían funcionando pese a la lejana prohibición consignada, una noticia periodística, en la sección policial de la capital, informaba que, en el café de camareras de­nominado "torino", que se ubica en la calle Suipacha 128, a eso de las 4.30 se tomaron en pelea las pupilas Hortensia Lucero y Carmen González. el local bien puede ser el que otras noticias periodísticas designan como "café Torinese", al que se pueden agregar otros de la zona como el "Venecia",de Güemes entre Balcarce y Moreno, y el "internacional", de Güemes 2015.
Los cafés con camareras habían comenzado a funcionar en los finales del siglo XIX (atendidos en general por mujeres que en muchos casos habían hecho ya su experiencia prostibularia en casas de tole­rancia), con la permisividad policial cuando no, como en algunos casos, con la complicidad de algunos "notables" de la ciudad. según algunos estudiosos rosarinos, estos "cafés con camareras" no eran otra cosa que una versión local de las porteñas "academias", en las que los parro­quianos podían escuchar música (muchos pioneros del tango como Rosendo Mendizábal o Alfredo Bevilacqua, entre otros, tocaban en aquellos locales), bailar con las camareras, tomarse un trago pero tam­bién, en su caso, refocilarse con alguna de ellas en la trastienda del local.
Sin embargo, existe una diferencia notoria entre ambos tipos de establecimientos; las academias comenzaron a funcionar en buenos aires hacia 1870 y se extendieron prontamente a los distintos barrios porteños, aun los periféricos, consignándose su existencia en barracas y constitución, con algunas famosas por su clientela o los episodios de tinte policial que las tenían por escenario, como la de la esquina de pozos e independencia, la de Estados Unidos y Solís; o las que fun­cionaban en las proximidades de la plaza Lorea o en el barrio de los Corrales.
Todas ellas tenían el baile tanguero como atracción principal, lo que no ocurría empero en rosario, donde el atractivo estaba sobre todo en lo sexual, y donde las "camareras" tenían por lo general más experiencia previa en lo decididamente prostibulario que en las habi­lidades coreográficas del 2x4 ritual.
Pese a que Francisco Vega señala en los auxiliares de la delincuen­cia, en 1910, siempre refiriéndose a las academias porteñas, que la pre­sencia de mujeres en estos establecimientos no tiene otro propósito que el de atraer por estímulo carnal al mayor número de clientes, retenerlos más tiempo en la casa y hacerlos consumir más. las mujeres que toman a su cargo esta tarea no son siempre mujeres de vivir libertino, pero son siempre gente fácil y que ofrecen atractivos más o menos gratos al ojo. poseerlas es cuestión de tiempo y de dinero en el más difícil de los casos, lo cierto es que los testimonios mayoritarios refieren que el interés masculino por esos lugares se cen­traba más en el deseo de encontrar allí buenas parejas para el baile que eventuales compañeras de una noche de placer o "de garufa".
Igual diferencia se registra en el caso de Montevideo, donde según Vicente Rossi se instalaron las primeras academias, en ambas orillas del río de la plata en las décadas finales del siglo XIX, en la zona prosti­bularia del bajo montevideano pero también en barrios como La  Aguada, Palermo o el cordón. entre las más famosas se contaron 1as de Solís y Gloria, la de "El Picaflor", en Mercedes y Rondeau y las San Felipe y El Triunfo.
El autor de cosas de negros las define como salones de baile público con el consabido anexo de bebidas, señalando acerca de las mujeres que trabajaban en ellos: no se les exigía ningún rasgo de belleza, sino que fue­ran buenas bailarinas, y lo eran a toda prueba. no se bailaba por el momen­táneo contacto con la mujer sino por el baile mismo. la compañera comple­taba la pareja, por eso no se le exigía más atractivo que su habilidad danzante.
En Rosario mientras tanto la celosa Inspección General de la Municipalidad informaba, en abril de 1902, que funcionaban en la ciu­dad 7 cafés con camareras, en los que trabajaban 58 mujeres que no estaban registradas como prostitutas y en consecuencia no cumplían con los controles que imponía la ordenanza vigente, lo que sí ocurría en cambio en las 14 casas de tolerancia autorizadas con sus 79 pupilas registradas. un mes después, sobre fines de mayo, los cafés habían aumentado a 32.
Para la Municipalidad, sin embargo, las "camareras" tenían las mismas obligaciones que las pupilas de prostíbulos desde la disposi­ción del 27 de diciembre de 1900 cuando se les impuso también a ellas la revisación sanitaria. ya con poca anterioridad, en 1889, el inten­dente lamas había alertado sobre la conveniencia de ese control: las que tienen actualmente el oficio de camareras en los cafés son todas mujeres que han ejercido la prostitución tolerada y que ejerciendo ahora la clandestina eluden por este medio el examen médico obligatorio.
Un año antes, el tema de estos locales ocupaba la atención de la piensa rosarina. La Censura, por ejemplo, denuncia el 31 de octubre de 1898 refiriéndose a los "cafés con camareras": a diario se ven entrar y salir ciertas damas sospechosas que más pudiéramos llamar desgraciadas. estos espectáculos dan margen a prohibir el tránsito por esos lugares de la mujer hon­rada, en evitación (sic) de otras interpretaciones desfavorables que siempre dan lugar a comentarios.
El dueño del ya mencionado "café Viena" (que aseguraba no funcionaba como "café con camareras"), se quejaba con amargura a la Municipalidad, a comienzos de siglo, sobre la desleal competencia de alguno esos locales, deslizando de paso una denuncia nada desdéña­la el de la conexión de ciertos notorios apellidos del rosario con el inundo, o submundo, de la mala vida: el café de la calle San Luis entre Corrientes y Paraguay es una casa con tres entradas; una entrada y salida (en de inspección) por calle corrientes, frente a la plaza; una entrada por el café  y otra por el zaguán, de manera que en este café al cual muchos han dado en llamar  del Jefe Político Grandoli, hay noche a noche varias mujeres que burlan la acción municipal. el presunto propietario, de ser verídica aque­lla añeja denuncia, era nada menos que el mismísimo jefe político de rosario, encargado de velar por el cumplimiento de la ley.
El "Viena", por su parte, haría de tripas corazón y terminaría siendo también, poco más adelante, un café con camareras...
María Luisa Mugica apunta que la imagen que de estos locales reflejaba el periodismo rosarino de comienzos de siglo era poco menos que la de ámbitos demoníacos donde se pervertía a la juventud mas­culina. el término "juventud" incluía desde los menores de edad a los hombres (casados o solteros) que superados los 22 años entraban aún en la categoría de "jóvenes". aquella imagen era, por lo demás, la que mejor se adecuaba a los parámetros sociales de la sociedad finisecular.
Señala Mugica: la prensa tendía a mostrar a los cafés con camareras como centros de inmoralidad y corrupción de la peor índole para los jóvenes, que eran los que llenaban los locales. eran también caracterizados como espacios en los que ocurrían casi a diario escenas poco edificantes. era allí donde se les deformaba el espíritu y se envenenaba su porvenir. por otra parte la tole­rancia de la inspección municipal traía consecuencias nefastas sobre la genera­ción joven. los jóvenes eran presentados como espíritus maleables, lábiles, fáci­les de ser manejados. no extraña entonces que el diario de Ovidio Lagos definiera a estos establecimientos como antesala de prostíbulo, horno de corrupciones, red de vicio tendida a ¡os menores de edad para que tengan a los 13 años toda la ciencia del bien y del mal, en una nota de fines de noviem­bre de 1906.
Los cafés con camareras combinaban un conjunto de elementos que estaban prohibidos en la reglamentación de los prostíbulos legales: música, expendio de bebidas, los juegos de naipes, la presencia de menores de edad en calidad tanto de camareras como de clientes. todo eso se conjugaba con otro elemento detonante: números para mirar, juegos voyeristas que mos­traban mujeres desnudas y escenas que rayaban en el lesbianismo. cuadro que mostraban mujeres bailando tangos, danza que apelaba a movilizar las fantasías de los espectadores, cuerpos aferrados, sensuales, provocadores. El tango enfatizaba el contacto corporal, el erotismo, la copulación parafraseando a Sergio Pujol, se puede señalar que tango y sexo consti­tuían un binomio conjugable.
(María Luisa Mugica: "Las fantasías y los espacios del placer en ll ciudad de ayer", en diario La Capital, 21 de septiembre de 2003)

Lo que vendría después demostraría la certeza de esa connivencia entre el mundo de la prostitución y determinados sectores oficia­les, de los que provenían las normas que regían la próspera actividad: si 31 de mayo de 1907 se sanciona otra ordenanza que ratifica la posi­bilidad de que los prostíbulos se asienten en zonas céntricas y se autoriza a elevar a quince el número de prostitutas que podían trabajar en los "quilombos" de segunda categoría.
Los sectores prostibularios van conformando de ese modo un área que se extiende poco a poco en la ciudad y que preanuncia a la vez la pronta aparición de toda una zona (un barrio, en rigor) dedicado a la "mala vida" con absoluta impunidad; el mismo que engendraría una verdadera saga popular, pintoresca, salaz y con mucho de verdadera, y cuya perduración llegaría casi incólume hasta la actuali­dad en la mención de quienes lo conocieron o de quienes alcanzaron vislumbrar siquiera los relumbrones finales de su apogeo: el barrio Pichincha.
Esa concentración estaría, en realidad, en las antípodas del criterio sustentado por lamas a comienzos de siglo, cuando afirmaba: las frondes poblaciones europeas y aún las americanas han dado cierta libertad al ejercicio
 de la prostitución, evitando el confinamiento a determinados parajes, librando a las ciudades del vergonzoso espectáculo de un barrio entero desti­tuido al comercio del cuerpo. el intendente encontraría aliados como la capital, que en noviembre de 1900 coincidía con él al catalogar como injusto que un local dado, sección o parte de un barrio sea llamado a soportar lo que a todos los demás correspondería en proporción, siendo todos iguales, y ni muy graves consideraciones, tampoco es regular que los que allí tienen sus casas se vean hasta cierto punto obligados a darles un destino que no quisie­ran, y los que tienen necesidad de esas casas dentro de un radio estrecho sean también comprometidos a pagar por ellas usurarios alquileres.
En la vereda opuesta, Deolindo Muñoz batallaba en forma simultánea desde el municipio contra el proyecto de lamas, hecho suyo por el concejo deliberante, sin escatimar adjetivos: se han acordado al intendente lamas toda clase de franquicias y libertades para ubicar donde crea conveniente  esos antros inmundos que se diseminarán por la ciudad como un turbión de leprosos llamados a corromperlas buenas costumbres y la moralidad de este desgraciado agraciado pueblo rosarino. alertaba el diario: esta ubicación puede facilitar  proteccionismo, la infamia, satisfacer las exigencias de los influyentes, ejercitarse como arma de innobles venganzas y hasta proveer de coimas a los que gozan de influencia con los que tienen la facultad omnímoda de conceder o negar...
Lo cierto es que más allá de ordenanzas y reglamentaciones, el radio de instalación de los prostíbulos rosarinos iba a ser finalmente el que querían los propietarios y madamas de los mismos, la mayo­ría de ellos miembros de las organizaciones de tratantes de blancas que ya para los años del centenario de mayo estaban sólidamente constituidas.
Casi contemporáneamente, también en buenos aires el tema de la prostitución y de la explotación de la mujer, tanto como el de la trata de blancas, desataba una larga serie de polémicas y de normati­vas vinculadas al tema, como la ley promovida por la "asociación nacional argentina contra la trata de blancas" o la conocida tesis pre­sentada por Manuel Gálvez en 1905 para su doctorado en jurispru­dencia, que contenía un proyecto de ley con graves penas para quien sonsacase, sedujese o substrajere a una mujer para satisfacer los deseos desho­nestos de otros.
El rufián era definido por el novelista de nacha regules en pocos pero lapidarios trazos: tiene el afán de una charra ostentación. Viste con cierto lujo, un lujo de prostíbulo, donde todo es relumbrón y cursi. los enormes anillos en su mano izquierda, el bastón de puño de oro, la corbata de un rojo aborrachado, que tiene el color de sus medias, el pañuelo de seda excesivo y ridículo, son sus indispensables atavíos. diestro en simulaciones, no se le concibe sin mentir; parece que la vergüenza hubiérasele trocado en una maravillosa aptitud para el fraude y lo mismo que engaña a una ramera, se burla de la policía y de los jueces.
En buenos aires, entre 1870 y 1916, ya la prostitución constituía una preocupación permanente para las autoridades, los vecinos y el periodismo. andrés Carretero indica: a pesar de la preocupación y el trabajo de las autoridades municipales y policiales, es imposible determina! con absoluta certeza la cantidad de prostíbulos que funcionaron entre 1890 y 1914, pero puede afirmarse que llegaban a más de cuatrocientos en toda la  ciudad. ya en 1880 se estimaba en los círculos municipales y médicos que ejercían  la prostitución más de tres mil mujeres recluidas y otras tantas que recorrían las calles en búsqueda de clientela... en realidad la prostitución estaba desparramada por toda la ciudad. no tenía un barrio o zona preferida, aun cuando era posible encontrar cierta concentración en las calles 25 de mayo y paseo de julio.
Para los años inmediatamente anteriores al centenario, por su parte, las normas municipales habían avanzado en rosario con otras dos prohibiciones: la del expendio de bebidas alcohólicas en los pros­tíbulos y la del baile y la música "en vivo", por la influencia que ejer­cían en el ánimo y humor de los concurrentes, y como preámbulo muchas veces de episodios escandalosos cuando no sangrientos. la (capital del 23 de mayo de 1907 habla del consumo de alcohol en los "quilombos" con tono moralizador: la degeneración iniciada en las casas de tolerancia es precipitada por el abuso del alcohol de la peor especie.
El cuestionable criterio de que el quilombo debía ser conside­rado como "un mal necesario", como la válvula de escape de la libido masculina oprimida por las convenciones sociales y las costumbres de la época, hacían superfluos en esos ámbitos (para los funcionarios muni­cipales) ingredientes como el alcohol y el baile. un informe elevado al intendente Goulú, en 1911, dejó precisado taxativamente ese pensamiento: las casas de tolerancia deben ser sitios de desahogo y no de atrae­rán y diversión...



Fuente: extraído de libro Rosario del 900 a la “década infame”  tomo IV editado 2005 por la editorial homo sapiens ediciones

A CUATRO AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

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