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lunes, 12 de mayo de 2014

ART DECO ENTRE GUERRAS Y PASIONES



 El movimiento respaldó estéti­camente la nueva orientación so­cial y ocupó la escena al comenzar la década del 20, llegando a su máxima expresión en 1925 con la Exposición de las Artes Decorati­vas y Modernas en París. Comienza a declinar cuando la década del 30 tocaba a su fin. De todas maneras los limites no son tan exactos, tan­to en acontecimientos socio-políti­cos como en el desarrollo de las expresiones del arte. Paralelamente estaban los logros de Walter Gropius que desde la Bauhaus dictaba cer­teros lineamientos en todo el es­pectro estético, secundado por un equipo de tal jerarquía, que incluía entre sus integrantes nada menos que a Kandinsky, Moholy Nagy, Klee, Breuer, por citar sólo algunos del numeroso grupo.
Mies van der Rohe era ya una figura de peso en el panorama ale­mán y en Francia, Le Corbusier se constituía en el más visceral defen­sor del Movimiento Moderno a tra­vés del Purismo Arquitectónico que caracterizó su labor en la década en cuanto a estética y concepción de un espacio cubista patentizado quizás como en ninguna otra obra,
que acompañarían el Concurso para el Palacio de los Soviets en Moscú, el Pabellón Suizo en la Ciudad Uni­versitaria, las mansiones Cooky La Roche -las tres en París- más la casa que hizo decir a Matisse: "... estoy completamente perdido..." -por admiración- y que no fue otra que la Maison Stein, en Carches (Francia).
Corbusier fue el único que se opuso frontalmente a la "epidemia" art decó, a la que Uldó simplemente de una moda decorativa y para ello plantó en la mencionada Exposi­ción, su mítico Pavillon del Esprit Nouveau.
Pero también es verdad que el art decó, a pesar de ello, lo inundó todo y la expresión de la época lo invo­lucra en su mismo centro. En el campo arquitectónico, todo edificio público dedicado al esparcimiento, al gran espectáculo, fue terreno propicio, como los famosos neo­yorquinos: "Crysler Building" de la calle 42 y el "Empire State Building" sobre la 5a. Avenida. Este último, además, fue el rascacielos más alto del mundo hasta la década del 70, lo que demuestra también la ad­hesión a todo lo que la técnica más depurada podía brindar.
Los grandes teatros, lugares de espectáculos masivos, templos de la cultura, tienen mucho que mos­trar a través de "Radio City" y del conjunto del "Rockefeller Center", ambos en Nueva York, el no menos renombrado "Follies Bergere" o el "Museo de Arte Moderno" ambos de París, o la "Central Public Library" de los Angeles.

Los actos estéticos que involucran al cuerpo humano en movimiento, contabilizan experiencias art decó en las expresiones de Serge Diaghilev al frente de sus "Ballets Rusos" -estuvieron en Buenos Aires en 1907 y 1917- contemporáneos de audacias proyectuales de los ar­quitectos constructivistas que acompañaron los primeros años de la Revolución.
El cuerpo sensual, sin artificios, bañado por fuertes luces de la des­calza Isadora Duncan está dentro de lo considerado y como ironía del destino, también su muerte a bor­do de una Bugatti, alto exponente de la técnica automovilística del momento. Los pechos turgentes y desnudos de la negra Josephine Baker, o el delgado Fred Astaire marcando sus pasos inimitables vestido de frac y sombrero de copa, junto a la imagen lasciva, sensual, enigmática e inalcanzable envuelta en telas brillantes, con larga boqui­lla y extasiada en las volutas de un cigarrillo que regaló Marlene Dietrich, ilustran claramente lo expre­sado.
En el clima de "los años locos", el art decó fue el estilo a medida del mundo de Hollywood, con todo lo que él involucra. A pesar de lo descripto, que suena como lejano y perteneciente al estrato más alto de la sociedad, el art decó sin embargo logró penetrar todas las capas so­ciales. Muebles, objetos baratos de decoración y fachadas de humildes casitas suburbanas, quedaron para siempre marcadas por él. Tiñó tam­bién a todo el diseño gráfico y entre los malos recuerdos, se incluye a la "svástica", signo originado en la cultura griega (con otros significa­dos) y adoptado por el nazismo con rediseño de su posición visual so­bre el plano de fondo, así como proporciones de las líneas definitorias. También la "Galerie de Luxemburgue" en París, atesora las pinturas de Támara de Lempicka, como una de las más fieles expo­nentes del estilo, mientras que Fritz Lang dejó en 1927 el más fuerte testimonio cinematográfico-decó al concebir "Metrópolis", símbolo de toda una época por su concepción plástica y por su mensaje político.



Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 23  De Abril 1993. Autor: José Mario Bonacci.

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