Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
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miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA PRENSA ROSARINA DE CENTENARIO DE MAYO

Por Valeria A: Principe(*)


Los orígenes de la prensa en Rosario

En el período comprendido entre la batalla de Caseros y la de Pavón, el país vivió una particular situación política bajo la cual las provincias se agruparon en una Confederación de la que la poderosa Buenos Aires no formó parte: en ese clima se firmó la Constitución de 1853. La ciudad de Rosario, declarada como tal en 1852. adquiere bajo esta situación un papel destacado dada la estratégica situación de su puerto fluvial que posibilita el imprescindible intercambio comercial con el exterior. De esta manera, la ciudad se ve llamada a encarnar los intereses nacionales y federales aunque aún no cuenta con la institución municipal, para la que deberá esperar hasta 1860.
El período comprendido entre las batallas de Caseros y Pavón constituye el marco para la aparición de numerosos periódicos en la ciudad de Rosario, en un clima político efervescente donde quedaba claro el propósito común de establecer un corte con el pasado e iniciar una nueva etapa. En Mayo de 1854 aparece La Confederación "periódico político, literario y comercial" bajo la dirección de Federico de la Barra, periodista, que inicia el movimiento editorial en un mercado con alto índice de analfabetismo. Como una presencia imborrable, el recuerdo de los violentos años del pasado inmediato condicionaba toda mirada sobre las instituciones recientemente acordadas: el estado de la Confederación debía ser respaldado por firmes reglamentaciones que alcanzaban también a la prensa, si bien se hacían en nombre de la libertad de opinión. Las manifestaciones políticas nunca más serían tratadas bajo la ley arbitraria de un tirano sino que ahora existía un estado que garantizaba la posibilidad de ''publicar las ideas sin censura previa". De todas maneras, se consideraba la existencia de "abusos de imprenta", los cuales deberían ser materia de la justicia. Las injurias no eran convenientes en una época de reconciliación. Otros ejemplares defensores del federalismo y surgidos en esta época pueden mencionarse: El Comercio, con el auspicio del gobernador J. M. Cullen; El Comercio de Rosario, El Progreso, El Embustero. El Eco Comercial, todos ellos vinculados en mayor o menor medida con las internas políticas locales y provinciales, desaparecen con el cambio de situación que supone el triunfo de Bartolomé Mitre en Pavón. Esta modificación va a afectar en más de un aspecto el rol de la ciudad, insertándola en un nuevo equilibrio de fuerzas que se ve reflejado en la prensa, a partir de este momento firme defensora de la causa liberal y nacional. Si bien el cambio no genera un nuevo tipo de prensa, es notable la proliferación de publicaciones y la diversidad de temas que se incluyen: el ferrocarril, la inmigración, la colonización, notas que cubren sucesos del exterior, frecuentemente copiadas de diarios extranjeros y corresponsales en las ciudades más importantes del país. La Nueva Era, La Patria, El Ferrocarril, El Diario, El Cosmopolita son algunas de las páginas que aparecen en el período y que desaparecen a los pocos años. En sus editoriales de despedida se puede observar una coincidencia significativa: todas hacen referencia a la imposibilidad de seguir publicando debido a las numerosas dificultades económicas que deben afrontar y que hacen imposible seguir adelante con la empresa. El método de distribución se llevaba a cabo mediante suscripciones a realizarse en la misma imprenta o en librerías reconocidas. Este método prevaleció por muchos años y constituye un índice de lo reducido de la tirada y del mercado lector, además de lo ya expuesto en cuanto a la dependencia de la prensa de la política o de la fortuna particular de su dueño.
Rosario en la época del Centenario
La ciudad de Rosario a principios de siglo se nos presenta como un paradigma de lo acontecido en el ámbito nacional con la Argentina y su inserción en el mercado internacional. Vinculada su estructura económica con el desarrollo del mercado agroexportador, la ciudad vivía desde las últimas décadas del siglo XIX un acelerado incremento del volumen comercial de sus transacciones y un desproporcio­nado crecimiento demográfico, producto de las oleadas inmigratorias que se asientan en la región. De este modo, la ciudad crecía al ritmo vertiginoso del comercio internacional. Su estructura comercial y demográfica se encontraba espacialmente orientada a las demandas de las transacciones: el puerto, la red ferroviaria que conectaba con la zona rural, contaba con una gran concentración de habitantes en las zonas aledañas representada por los conventillos y casas de alquiler para los inmigrantes.
E1 camino hacia la prensa moderna

En consonancia con este acelerado desarrollo económico y demográfico, la ciudad de Rosario en esta época vivió un significativo crecimiento de sus publicaciones periódicas. Gran parte de ellas eran órganos de difusión de asociaciones de inmigrantes o profesionales, así como de emprendimientos culturales y artísticos. Sin embargo, la mayoría no sobrevivía a los primeros números. Hemos elegido, por lo tanto, analizar y comparar los dos diarios más importantes del período, que se destacan por su continuidad y permanencia en este escenario tan cambiante. Uno de ellos es El Municipio, con una duración de 24 años, y el otro La Capital, fundado en 1867 y que llega hasta nuestros días. Para realizar esta comparación, tomaremos el año del Cente­nario como muestra, ya que constituye un punto de condensación de múltiples cuestiones, que serán tratadas más adelante. Si nos detenemos a revisar los diarios La Capital y El Municipio de los años del Centenario y los comparamos con los del período anterior, las diferencias son evidentes desde la forma. La primera impresión está dada por el tamaño y el tipo de papel: en el caso de la prensa de la época de la Confederación y la de los años 70 las dimensiones son menores, y el mejor estado de conservación indica el uso de un papel de calidad superior. También la tipografía se modifica con los años: en los diarios más tardíos se torna más apretada, cubriendo casi la totalidad de la hoja, con escasos márgenes. El número de páginas es casi una constante: nunca más de seis, y en la mayoría cuatro, rasgo que perma­nece en el caso de El Municipio hasta su desaparición en 1911. Ante todo es necesario señalar que tanto La Capital como El Municipio mencionan como objetivo principal la defensa de los intereses públicos, más allá de las simpatías políticas que ambos reconocen. Hacemos referencia a los contactos entre La Capital y la Liga del Sur y la más explícita relación que vincula a El Municipio con el radicalismo. Esta misión pública indispensable se materializa en la defensa del ciudadano ante los atropellos del poder, función eminentemente democrática y justa que ocupa un lugar que se percibe como dejado vacante por los partidos políticos. En términos estrictamente técnicos, ya desde el formato pode­mos advertir que las propuestas de ambas publicaciones diferían: en el caso de El Municipio vemos un diario de cuatro páginas de apretada tipografía, sin titulares. El tamaño de la hoja es el comúnmen­te conocido como "tipo sábana" (90x60 cm) que La Nación conservó por largo tiempo. En la portada se agrupan las noticias internacionales en largas y angos­tas columnas (ocho en total), así como las nacionales y locales, junto con los editoriales. Al pie de página, los folletines de autores extranjeros en entregas que se prolongaban durante meses. En la segunda página, la información está centrada en noticias locales (sociales, policiales) así como las referidas a remates, anuncios de profesionales y movimiento de vapores. Las dos últimas páginas agrupan los edictos judiciales, avisos clasificados y publicidades de diversos rubros: máquinas agrícolas, droguerías, aceites, firmas importadoras. Las fotografías o ilustraciones son escasísimas, sólo con ocasión del arribo de la Infanta Isabel de Borbón se publicó una amplia fotografía de la invitada a las fiestas del Centenario. En general los artículos referidos a temas sociales (fiestas, banquetes, recepciones) ocupan poco espacio en proporción con el total, son bastante esporádicos y no se diferencian del resto de las noticias por no contar con un espacio específico. Un alto porcentaje de las ventas se realizaba por suscripción, si atendemos a los avisos donde se exponen las tarifas así como las intimaciones a los clientes morosos.

La Capital presenta un aspecto diferente. Su tamaño es más pequeño y manejable que El Municipio', la cantidad de páginas es significativamente mayor (24 para 1910) y, por ende, las secciones son más numerosas. Las primeras páginas están dedicadas a los avisos clasificados, muy profusos. Luego nos encontramos con la primera página de información propiamente dicha donde se analizan los sucesos internacionales, entremezclados con notas de color, curiosidades, últimos adelantos de la ciencia y los consabidos folletines. Recién en la pagina 6 ó 7 las informaciones se centran en lo local y nacional. Bajo el título de "Asuntos del día" el diario expresa su opinión en formato de noticia comentada. Los avisos publicitarios se hallan entremez­clados con las noticias, utilizando tipografía de gran tamaño que todavía no se destinaba a los titulares.
La modernización y adquisición de nuevos equipos pareció ser una constante en el diario desde principios de siglo. En enero de 1905 se anuncia un cambio de formato, reducción del tamaño y ediciones de 16 páginas, en 1906 sale el primer suplemento ilustrado y en 1907 se renueva la rotativa: el nuevo equipo tiene capacidad para imprimir 24.000 ejemplares por hora. Ya en 1889 se publicaban quejas ante las dificultades que acarreaba el hecho de manejar "demasiada publicidad". En esa ocasión también se dio a conocer la implantación de un servicio noticioso nuevo, orientado a un público amplio y variado, así como la renovación del servicio telegráfico. Los elencos del período 1891-1916 dan una idea del perfil de los colaboradores del diario, no son pocos los que dirigieron otras publicaciones o participaron en ellas, con este motivo el redactor de sus biografías no duda en denominarlos periodistas, muchos son profesionales de renombre que redactaban artículos especializados. Por último, cabe señalar que aniversario. Nuestro estimable colega La Capital ha cumplido 42 años de vida periodística, que significa toda una época de labor y esfuerzos incansables, a la vez que de prosperidad continua. Largo es el camino recorrido desde su fundación, por el nunca olvidado y querido don Ovidio lagos, hasta la fecha en que ha llegado a ser el decano de la prensa nacional, para sintetizarlo en estas líneas de congratulación al pisar los dinteles de un año más de lucha. No hemos de citar aquí los progresos asombrosos realizados por el colega cada vez más difíciles de alcanzar, si se consideran las exigencias que el periodismo moderno impone. Nosotros nos felicitamos, sincera y lealmente, del éxito de La Capital porque él nos alcanza a todos los que bregamos por el bienestar general Los adelantos técnicos y editoriales aplicados significaron para La Capital el tránsito hacia una posición con la que ningún otro medio de la ciudad estaba en condiciones de competir. Las ventajas técnicas se tradujeron en una diferenciación absoluta con el resto. Así, el proyecto llevado adelante por el diario La Capital había puesto el acento en dos elementos básicos que le posibilitan dar el paso necesario para ganar en permanencia y escapar de la casi inevitable existencia efímera del modelo anterior de prensa: su apuesta se centraba en la innovación técnica y en la captación de un mercado lector cada vez más amplio y variado. De este modo, diarios como El Municipio, que mantenían un formato anticuado y una identificación demasiado fuerte con el radicalismo, quedaron estancados en un sector del público y atrapados en una lógica que brindaba reconocimiento más a la tradición y coherencia que a la innovación. Vemos en las palabras que siguen las justificaciones que ante esta imposibilidad hace el director Muñoz, en el número de despedida: "El Municipio, diario de filiación radical y entusiasta admirador de la talla moral y política del Dr. Leandro N. Alem muere como mueren los leales, sin transigir ni claudicar. No habiendo podido realizar, a pesar de grandes esfuerzos, las reformas proyectadas para instalar nuevas máquinas y cambiar el formato del diario, he resuelto clausurar El Municipio, con la penosa impresión que produce en mi espíritu la desaparición de esta hoja a la cual he consagrado, durante un cuarto de siglo, mi actividad y mis patrióticos anhelos. Al retirarme de la vida periodística, dejando huellas bien marcadas de independencia y honradez, cábeme la satisfacción de haber sido lo que debe ser un director de un diario: dueño de mi manera de pensar y de sentir en las cuestiones de orden social y político que se han debatido en estas columnas. Sin odios partidistas ni rencores personales, que  jamás llegaron al fondo de mi alma, he cumplido austeramente la noble misión que me impuse al fundar El Municipio. Haciendo votos por la prosperidad de la prensa nacional y extranjera, me despido de mis colegas con las más vivas simpatías. Deolindo Muñoz."
El tono en el que ha sido redactada la despedida y el fuerte impacto de la voz en primera persona dan la pauta de que la empresa de Muñoz constituía algo muy personal, donde las opiniones vertidas por el diario eran verificadas por él mismo y las voces de los redactores se fundían en una sola. No hemos podido recuperar casi ningún nombre de los redactores, ni de aquellos que colaboraron con el diario, y ello refuerza el vínculo entre el director y su hoja que se despide dejando la impresión de ser el producto del trabajo de una sola persona. Sin duda que la modernización constituyó un obstáculo, pero más insalvable era la reconstrucción de un escenario perdido, el cambio de las reglas del juego a las que un diario político no podía adaptarse. Si bien es cierto que al año siguiente con la sanción de la Ley Sáenz Peña el radicalismo tuvo la oportunidad de probar su fuerza electoral, no es seguro que para un diario como El Municipio esta situación le hubiera permitido acomodarse al nuevo mercado: las variables con las que había jugado durante un cuarto de siglo habían sido modificadas para siempre. A poco de cumplirse un año de la publicación de estas palabras, Muñoz se suicidó.
Una prensa diferente

Todos estos elementos, sumados a variables más significativas tales como el uso de la publicidad y los modos de circulación son indicativos de que estamos frente a un modelo de prensa diferente al del período anterior. De acuerdo con el análisis de Tim Duncan, existió en la segunda mitad del siglo XIX -si bien de modo más marcado a partir de la primera presidencia de Roca -lo que puede llamarse prensa política, a mitad de camino entre el panfleto de la época anterior y los diarios masivos del siglo XX. La característica fundamental de este tipo de publicaciones radica en su vinculación de carácter vital con el sistema político, con un peso muy grande en el debate y un financia-miento proveniente casi de modo exclusivo de parte de la facción a la que se brindaba apoyo. La figura del periodista, así como la del escritor, aun se hallan entremezcladas, como con la de abogado y funcionario público, y será recién para la época del Centenario cuando comiencen a adquirir rasgos propios. Esta falta de diferenciación está indicando de alguna manera que el oficio de escribir en un diario no era algo independiente que pudiera desvincularse de la actividad política. Las modificaciones que se advierten en las publicacio­nes periódicas en torno al cambio de siglo son elocuen­tes síntomas del paulatino abandono de un modelo que había primado por más de cincuenta años. Los diarios de Buenos Aires estaban cambiando de formato, incorporando nuevas secciones con el consecuente aumento de páginas, y brindaban un espacio mayor a la publicidad, datos que pueden leerse como componen­tes de una transición desde el modelo europeo al americano. El esfuerzo de incorporar las innovaciones no es sencillo de afrontar, las tiradas mayores con otro formato y diseño supone contar con la infraestructura necesaria -o al menos con la perspectiva de poder conseguirla- que hacen de la publicación una actividad de una dimensión poco menos que industrial; esto a su vez provoca que las pequeñas empresas orientadas a servir de plataforma política vayan desapareciendo. Intentar enmarcar estos dos medios en los modelos que la teoría ofrece, separándolos en "prensa política" y "prensa moderna" no es sencillo, ya que los ejemplos tomados de la realidad difícilmente se prestan a ser rotulados sin que queden elementos sueltos, no previstos. Los ejemplos aquí tomados no escapan a tal situación, por lo que caracterizar a El Municipio como "prensa política", contraponiéndolo a La Capital, que ofrecería el ejemplo moderno, es una reducción que deja escapar los matices que hacen interesante este período en el que conviven ambos.

Para el año 1910, las publicaciones existentes en la ciudad eran las siguientes: La Idea, La Plaza, La República, Camera de Comercio, El Deber, Mariano Moreno, Revista del Centro de Almaceneros, La Provincia, Gianduja, El Comercio, Luz y Verdad, El mercantil, Defensa Popular, El Derby, Artes Edilicias, El Pueblo, L'Italiano, Materinska Riec, Italia, Rosario Industrial, Gil Blas. SCHÓLE, Jorge "El periodismo en el Rosario", Tercer Censo Municipal, Rosario, 1910.
El diario La Capital había sido fundado el 15 de noviembre de 1867 por Ovidio Lagos, en sociedad con Eudoro Carrasco. En el momento de su aparición, sale por la tarde con una tirada de 200 ejemplares. Ovidio Lagos nace en 1825 en Buenos Aires, y desde muy joven trabaja en una imprenta y tipografía. Luego de Caseros, participa como teniente de la Compañía de Tipógrafos durante el sitio de la ciudad de Buenos Aires. Cabe señalar que la actuación política de Lagos es tan activa como sinuosa: las causas ante las que se opone, poniendo enjuego la vida, más tarde merecen su apoyo con idéntico tesón. Se intentará aquí un breve recorrido. En 1856 se enrola en el Partido Federal Reformista, apoyando la incorporación de Buenos Aires a la Confederación. Luego de la derrota electoral, y víctima de las persecuciones del alsinismo, se traslada a Paraná. En 1861 se incorpora al Club del Pueblo (enfrentados con el secesionista Club Libertad, de Tejedor) que se manifiesta en contra de la federalización. En 1867 se traslada a Rosario, vinculándose con los miembros del Club del Pueblo local, fervientes opositores a Oroño. Se entrevista con Urquiza. de quien logra apoyo y recursos para fundar un diario, nace así La Capital opositora a Oroño. En 1873 se lanza a apoyar la candidatura de Alsina (de quien había sido víctima de persecuciones), a raíz de lo cual se reconcilia con su antiguo enemigo Oroño. En 1877 es acusado de participar en un motín contra Serbando Bayo, por lo que es encarcelado. En 1880, Lagos apoya la candidatura de Tejedor (a quien también se había opuesto en su momento) por lo que sufre persecuciones de los círculos oficialistas provinciales, y se le clausura el diario por unos días. En 1886, presta decidido apoyo a la candidatura de Juárez Celman, luego de haber sido encarnizado opositor del roquismo. En el orden provincial, defiende la candidatura de Gálvez. En 1887 es designado diputado nacional por Santa Fe, si bien mantuvo una actitud crítica frente a la política económica del ejecutivo. Muere en Rosario en 1891. Ver LAGOS, Carlos M. Ovidio Lagos, Talleres de La Capital, Rosario, 1964.
En cuanto al director de El Municipio, Deolindo Muñoz, nacido en Rosario en 1845, podemos mencionar su desempeño en diversos cargos oficiales. Desde enero a junio de 1879 fue presidente del Honorable Concejo Municipal de Rosario, en Julio de 1882 fue designado Jefe Político y en 1884, Ministro de Gobierno, Justicia y Culto de la provincia. También fue Consejero del Banco Nacional. En mayo de 1887 funda El Municipio, "hoja que tuvo enorme difusión en el país por su prédica revolucionaria y fue el primer órgano periodístico del interior que se vendió en las calles de Buenos Aires; en los años 1889 y 1890, Muñoz fue considerado el paladín que con mayor denuedo combatía el régimen causante de la revolución de 1890. En el transcurso de esa prédica, embargadas y secuestradas las maquinarias impresoras, el pueblo de Rosario arrolló a la policía y arrebató de las manos de los secuestradores las piezas extraídas, devolviéndoselas a Muñoz para que pudiera continuar imprimiendo el diario". ABAD de SANTILLAN, Diego, Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe, 2 tomos, EDIAR Sociedad Anónima editora, Comercial, Industrial y Financiera, Buenos Aires, 1967, s/p.
La Capital, 15/11/1967 Edición Especial con motivo de su centenario, pp. 27-33. El Municipio, 18/11/1909 El Municipio, 30/4/1911
En abril de 1910 El Municipio cuenta con cinco personas en la redacción y veinte operarios. SCHÓLE, Jorge "El periodismo en el Rosario", Tercer Censo , Op. Cit.
DUNCAN, Tim, "La prensa política. Sud-América, 1884-1892" en Gallo, Ezequiel; Ferrari, Gustavo La Argentina del Ochenta al Centenario, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1980, pp. 761 -783.
"...En otro orden, más material pero no menos útil al público tanto como a su propia administración, "La Prensa "introdujo la costumbre del aviso chico,  económico, con un éxito desconocido en la prensa mundial, y de cuyos beneficios al obrero nos ocuparemos más adelante" Idem. p.30.

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia   Fascículo Nº 63 de Mayo de 2008