Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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jueves, 22 de septiembre de 2011

CLEMENTE ALVAREZ


Clemente Álvarez nació en  España el 29 de enero de 1872. Era hijo de Serafín Álvarez, un andaluz de 30 años de edad que había emigrado de España por sus ideales antimonárquicos. Revolucionario  y publiscita republicano, autor del polémico libro "El credo de una religión nueva, bases de un proyecto de Reforma Social" abandonó la península con el advenimiento de Alfonso XII, en 1873. Lo acompañaba su esposa Felipa y su hijo Clemente. Una vez en la Argentina actuó como periodista, maestro, escritor, legislador y magistrado. También fue padre de Juan, a quien tanto le debe Rosario en el rescate de su historia y en su evolución cultural. Mientras Serafín actuaba decidida mente en política santafesina, militando entre los seguidores del ex gobernador José Gálvez, y sufría embates por su actuación como magistrado que no ocultaba principios innovadores y progresistas, Clemente estudió medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, graduándose con diploma de honor, en 1894, cuando apenas contaba con 22 años de edad. En la casa de Serafín se respiraba libertad y era un ámbito de debates, discusiones, proyectos y anhelos superadores que vinculaban a integrantes con la ciudad cosmopolita que los acogía e impulsaba a actuar. Serafín también dirigía el periódico "El Rosario", con una prédica a favor de los intereses locales. En 1895 publicó un libro titulado: "Programa del Socialismo en la
propuestas que no fueron tomadas en serio por la dirigencia de la época pero que implicaba un cambio radical del sistema político argentino. Clemente viajó para perfeccionarse en el Viejo Mundo, donde estuvo en íntimo contacto con destacadas personalidades de la época y visitó sus clínicas. Con ese caudal de conocimiento volvió a Rosario en 1895, desempeñando en adelante una prolífica carrera. Ocupo cargos de médico en la policía y en la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos. Posteriormente asumió la dirección de la sala de niños del Hospital Rosario, estando al frente de la misma por varios años. Fue jefe de la Sala II del Hospital Rosario, que dirigió durante décadas, y del Hospicio de Huérfanos. Fue maestro por antonomasia, en la Facultad de Ciencias Médicas, vivió rodeado de jóvenes discípulos. Integró su consejo directivo, al igual que el de la Universidad Nacional del Litoral. Alternó las preocupaciones profesionales con sus inquietudes científicas y fundó la "Revista Médica", a la vez que inició investigaciones y esquicios que después le permitieron publicar varios trabajos, entre ellos "Hematología Clínica", "Profilaxis de la tuberculosis en La República", e "Hipertensión arterial permanente y su tratamiento”.
En 1901. juntamente con otras personalidades, fundó la Liga Argentina contra la Tuberculosis, cuya presidencia desempeñó varios años. También intervino en la creación del Círculo Médico y el Hospital del Centenario, y por su intensa labor realizada y la extensión de sus conocimientos fue designado como miembro de la Asociación Médica Argentina y la Academia Nacional de Medicina.
Sus inicios en la salud pública: El Hospital Rosario

Clemente Álvarez ejerció su profesión en el ámbito público, en el Hospital Rosario, al que vio crecer desde sus cimientos. El intendente municipal Alberto J. Paz había colocado su piedra fundamental el 24 de octubre de 1897, siendo inaugurado durante la gestión de su sucesor, Luis Lamas, el 24 de junio de 1898, es decir, hace exactamente 110 años. Su primer director fue Ignacio Firmat.
Era junto al Hospital de Caridad, hoy Hospital Provincial, (de 1854), la única institución gratuita de la segunda ciudad del país, teniendo que satisfacer las demandas no sólo de una ciudad que ya alcanzaba los 100 mil habitantes, sino de una amplísima región vinculada a ella por un complejo entramado ferroviario. Todo convergía en el gran puerto exportador que se modernizaba rápidamente para satisfacer las necesidades del comercio de ultramar. Por otra parte, la Asistencia Pública Municipal recién se crearía en 1908. La gestión de la salud pública distaba de ser entendida en aquel entonces como un servicio primordial inherente al Estado tal cual como se lo concibe en la actualidad, y aquellos gobiernos delegaban su accionar en la materia en asociaciones particulares. La luz eléctrica llegó al Hospital Rosario pasado 1912, al igual que la caldera para la sección Lactarium, dos necesidades ampliamente sentidas. En ese mismo año se reglamentó el funcionamiento de la Escuela de Enfermeros y Enfermeras que allí funcionaba, siendo nombrado como encargado de la misma al doctor Eduardo Cattáneo. La situación económica de los médicos que se desempeñaban con exclusividad en los hospitales públicos era muy precaria. Salvo unos contados cargos rentados la gran parte de ellos figuraban como personal ad honorem. Aún así, para los recién recibidos implicaba la posibilidad de aprender junto a destacados profesionales. Por ejem­plo: con Clemente Álvarez (quien había sido encargado de la sección de Medicina y Cirugía de Niños en 1898, y luego asumiría la dirección de la Clínica Médica de Hombres), José B. Hablaos, y Ramón S. Bor-ghi, en el Hospital Rosario; con Bartolomé Vasallo, y Saturnino Albarracín, en el de Caridad, y con Alberto Baraldi, en la Asistencia Pública.
En 1909 Clemente Álvarez publica el primer libro cardiológico editado en la Argentina, titulado: "La asistolia y su tratamiento ". En 1911 se lo designó miembro de la comisión encargada de dictaminar respecto a las condiciones que había de tener el Hospital Nacional del Centenario, y luego tuvo a su cargo la organización de la segunda Conferencia Nacional de Profilaxis Antituberculosa.
El plantel de médicos del Hospital Rosario en tiempos de la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen rebela que el mismo fue también un ámbito de legitimación social y acción social de aquella dirigencia notable. Eran directores de Áreas, además de Clemente Álvarez, Tomás Varsi, Rubén Vila Ortiz, Manuel Pignetto, Ramón Borghi, José Ábalos, Enrique Ferreira, Juan Pesenti, Artemio Zeno, Tomás Cerruti, y Eduardo Carrasco, entre otros.
El Hospital funcionó en el predio adquirido por el Concejo Deliberante en 1897, el que estaba comprendido por las calles Libertad (Sarmiento), América (Rueda), Progreso (Mitre), y Virasoro. Se trataba entonces de un barrio de incipiente urbanización y por décadas predominaron en él quintas y basurales. Una crónica de La Capital, en 1937, reflejaba la inundación padecida en las calles aledañas a los hospitales Rosario e Italiano, a causa de la gran lluvia y la acumulación de desperdi­cios arrojados a los basurales de la zona: "Se nos significa a este respecto que las aceras que rodean a las manzanas comprendidas entre las calles Rueda y Virasoro, desde Entre Ríos a San Martín, se encuentran cubiertas por crecidos yuyales y abrojales que en algunos lugares alcanzan a una altura de medio metro. Estos yuyales favorecen, lógicamente el ocultamiento de los verdaderos depósitos de basuras que son arrastrados cuando se producen alguna lluvia de importancia". En 1921 el gobierno decidió confiar la administración y la dirección del nosocomio a las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, estando por lo tanto al frente del mismo una hermana superiora. Las religiosas se ocuparon de los más variados temas pero fundamentalmente del apoyo a los enfermos. El hospital siguió creciendo en servicios. El de Hemoterapia, el 17 de enero de 1944, pudo enviar a la ciudad de San Juan, arrasada dos días antes por un terremoto, un avión con quince litros de sangre. Al día siguiente hizo lo mismo otro aparato con 30 litros más.
En la fundación de la Asociación El Círculo

Clemente Álvarez participó en la fundación, el 25 de septiembre de 1912, de la Asociación El Círculo, institución cultural basal de la cultura rosarina del siglo XX, que comenzó su labor en la Biblioteca Argentina. Su hermano, el historiador Juan Álvarez, la presidió, acompañándolo en esa primera comisión otros hombres que ocuparon un primer lugar en la dirigencia rosarina de las décadas siguientes: Camilo Muniagurria, Rubén Vila Ortiz, Julio Bello. Cornelio Casablanca, Francisco Correa, Enrique Fidanza, Ricardo Foster, Emilio Ortiz, Fermín Lejarza, Grognet, y Artemio Zeno, entre otros, muchos de ellos vinculados al surgimiento de la Liga del Sur y luego el Partido Demócrata Progresista. El móvil inicial del grupo fue el de bregar por el desenvolvimiento artístico en la ciudad, trayendo a los artistas más famosos que arribaran al país pero bien pronto se extendió la faz musical a todos las otras ramas del arte y editó una revista prestigiosa.
Clemente Álvarez también fue un anfitrión de visitantes académicos ilustres. Bernardo Houssay, el primer premio Nobel en medicina de Latinoamérica y pilar de la ciencia Argentina, y creador del Conicet, una vez señaló que la primer conferencia que dictó fuera de Buenos Aires tuvo lugar en Rosario, a invitación de Clemente Álvarez, y Artemio Zeno, cuando aún su nombre no había alcanzado el renombre académico que lo distinguió internacionalmente.

En los orígenes de la Facultad de Ciencias Médicas

En la segunda década del siglo XX eran 250 los médicos que ejercían su profesión en Rosario. La ciudad continuaba dando saltos demográficos, y cada vez era mayor la población que no podía acceder a servicios esenciales. Se imponía formar nuevos médicos. Clemente Álvarez, a sus 40 años de edad, "era un hombre de comportamiento infatigable, de maestro nato, con experiencia enriquecida por largas jornadas de asiduo trabajar".
Como antes se mencionó, su vocación por el estudio científico permitió publicar el que fuera considerado el primer libro cardiológico editado en la Argentina. Su labor en este sentido es rescatada por el doctor Garófalo en su valioso libro sobre la historia de la Cardiología en Rosario. Álvarez no podía entonces menos que sumarse a la obra de compartir el saber científico.
En 1920 inauguró sus cursos la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario, dependiente de la flamante Universidad Nacional del Litoral. Álvarez se inscribió para concursar por la cátedra de Patología Médica dando por domicilio el de la calle Laprida 1350, y lo ganó. Fueron miembros del tribunal Roberto Solé y Alejandro Ceballos, consejeros de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, y Frank L. Soler de la Facultad de Medicina. Integró por lo tanto el plantel de docentes fundado­res, integrado por Tomás Cerruti, Alberto Baraldi, Artemio Zeno, Enrique Fidanza, Enrique Ferreya, David Staffíeri, Teodoro Fracasi, Rafael Araya, Tomás Varsi, y Camilo Muniagurria, entre otros. A mediados del año 1922 se inauguraron los servicios correspondientes a las clínicas del Hospital del Centenario, el más grande tributo que una ciudad argentina rindiera a la Revolución de Mayo, y allí estuvo Clemente Álvarez, ocupándose de la Clínica Médica. La mayoría de los médicos formados en Rosario en las décadas siguientes lo tuvieron como profesor en una de las materias clave para el ejercicio de la medicina. Por otra parte, sus colegas en el plantel docente lo conocían con anterioridad por su actuación en el Hospital Rosario. Quince años antes que se creara la Facultad de Ciencias Médicas, Álvarez, junto al doctor Corbellini, dictaba clases de clínica médica, y por eso el Hospital Rosario era considerado "La Meca" de aquellos que se querían formar en esa especialidad. Partió de
esas reunio­nes la necesidad de crear un Hospital Escuela. En 1910 se sumó a su equipo del Hospital y la Asistencia Pública, actuando, por traer a colación un ejemplo, bajo su jefatura, Teodoro Fracasi, un italiano de 22 años recién graduado en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, y que en 1924 fuera designado Director del Hospital de Alienados o Instituto Psiquiátrico, que funcionaba anexo de la Facultad de Medicina y al Hospital del Centenario. De la misma edad que Fracasi eran Roque Coulin, (quien llegó a ocupar luego la jefatura de Sala del Hospital Rosario y la dirección de la Asistencia Pública, teniendo además una decidida actuación política como dirigente de la Unión Cívica Radical y legislador nacional) y Santiago Giorgi (futuro director del Hospital Rosario y la Asistencia Pública, director del periódico Tribuna, y dirigente del Partido Demócrata Progresista). También fueron directores del Hospital Rosario dirigentes de la talla de José Benjamín Abalos, el primer decano de la Facultad de Medicina de Rosario y rector de la Universidad Nacional del Litoral. Eminente cirujano, que puso especial empeño en el desarrollo de la salud pública rosarina: dirigió el Hospital Rosario, y la Asistencia Pública en tres oportunidades. Ocupó el ministerio de Obras Públicas de la Nación, entre 1928 y 1930. Clemente Álvarez fue consejero superior de la Universidad Nacional del Litoral, interviniendo en la acefalía de 1930, y mostrándose crítico en la situación universitaria argentina. Su carrera universitaria, siempre ascendente, se inició en 1920 (enseñando patología y clínica médica, y actuando en distintos períodos como consejero directivo de la Facultad, y consejero superior de la Universidad Nacional del Litoral) y concluyó en 1946, cuando al igual que otros tantos docentes se alejó de la vida universitaria argentina en disidencia con el gobierno nacional. En aquellos 25 años de magisterio también fue organizador de los principales congresos médicos del período. En 1944, en ocasión de celebrarse sus bodas de oro profesionales, se dijo de él en un acto realizado en el colegio de médicos: "Álvarez no se pregunta: ¿vale la pena? ¿para qué? ¿tendré tiempo? Álvarez trabaja y trabaja, con igual tesón y con creciente amor, porque definidas sus creencias no necesitó más analizar su fe primera, que se conserva prístina, pura e intocada, su fe primera en el trabajo realizador y fecundo que puso, desde el primer día, al servicio de ideales que estaba bien seguro de no alcanzar nunca del todo. por eso, obrero admirable, cada aurora lo sorprende con su afán más fresco".

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 90 de octubre 2010

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