Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

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miércoles, 31 de agosto de 2011

Vineron a "hacer la América"


Por  Pablo  Procopio


Son los italianos, españoles, alemanes, suizos, polacos y ucranianos que pasaron a formar parte del paisaje rosarino y se instalaron para siempre.

¿ Hay alguna duda de que tos inmigrantes extranjeros fueron un factor clave O para et crecimiento de esta ciudad?. Con ellos, motivados por el hambre, las guerras, la desolación o la discriminación, comenzó a erigirse el Pago de los Arroyos y Rosario abrió los ojos.
Al llegar a la villa custodiada por la Virgen agitaban sus pañuelos blancos como un símbolo de la esperanza, como un saludo a la posibilidad cierta de encontrar trabajo. Rosario fue uno de los tugares que ofreció la oportunidad de ascender y de progresar a quienes pisaron este suelo por vía fluvial (así lo hicieron los primeros inmigrantes). Italianos, españoles, alemanes, suizos, polacos y ucranianos pasaron rápidamente a formar parte del paisaje. Comenzaron a recorrer las calles y a ocupar pensiones y deteriorados dormitorios de alquiler.
En 1884 existían 246 conventillos y diez años después ya eran 1.026, para llegar a cerca de 1.200 al poco tiempo. Tanto que casi et 30 por ciento de la población de la ciudad vivía en un ámbito como ese

Empezar a subsistir

Apenas llegados, los forasteros encontra­ban albergue en el asilo de inmigrantes de Urquiza 22, pero a los pocos días su "casa" seria el conventillo, donde el paisaje estaba dominado por los patios centrales col­mados de bullicio en diferentes idiomas.
Algunos nombres de conventillos famosos y populosos fueron "Los 400 cuartos" en el barrio Refinería (actualmente Malvinas), que tenia 95 habitaciones pata 370 perso­nas. También, en el mismo barrio, estaban "El Atrevido", "El rápido" y "El Conventillo de Bachicha". En el centro fue muy conocido "El conventillo de La Paloma", de Córdoba al 1600. los números son contundentes y reflejan

"* Los inmigrantes habitan dentro de cada habitante de la dudad. Son la herencia de tos rosarinos


el acelerado crecimiento urbano que se pro­dujo con el auge inmigratorio. En 1869 había 26.169 habitantes y en 1895 ascen­dían a 90.000. Ya para el año de inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914, censo señalaba 225.000 habitantes.
Rosario es hija del trabajo y del es de aquellas personas que arribaron en de otra vida. Uno de los principales factores de cambio que dio lugar a la transición desde la Argentina tradicional a La moderna fue justamente la inmigración. Y sin ella es posible comprender al país contemporáneo.  No hubo otro periodo en el que la porción de extranjeros de edad adulta sido tan significativo por más de setenta años, el 60 por denlo de la población Capital Federal y casi el 30 por ciento en las provincias de Buenos Aires. Córdoba y Santa Fe, era inmigrante. La europeización del país y la modificación del carácter nacional tan anhelados por la generación del ochenta (la élite política del momento), se tradujo en una política inmigratoria abierta.
Comenzaba La segunda mitad del siglo XIX cuando Rosario se convertida en el puerto de la Confederación Argentina. La agraria en et sur de Santa fe y Córdoba, cuyos productos salían por el puerto fue transformando a la ciudad hasta convertirla en el centro de atracción de inmigrantes que iban encontrando su lugar.
A nivel nacional entre 1880 y 1920, entraron a la Argentina 4,5 millones inmigrantes y Rosario, después de Buenos Aires, tuvo un lugar destacado. La búsqueda  del bienestar se convirtió en una bandera que los "gringos" no abandonarían, do atrás miseria, guerra y discriminación.
El tipo argentino fue cambiando

El Tipo argentino fue cambiando

La clase dominante estaba compuesta por ganaderos, estancieros, comerciantes, abogados y políticos. Las clases medias iban creciendo a la par de la inmigración a través de su participación en la economía y clases bajas, distribuidas a lo largo y a lo  ancho de toda la geografía, recordaban  la dualidad del país.
América. Los extranjeros vinieron a “hacer la América" enfrentándose a mucho: la horrible sensación del destierro, el comple­jo de inferioridad y el desconocimiento del idioma. Pero persistieron y no se desanima­ron. Tener una casa propia o un comercio se lograba con mucho sacrificio.

* El suelo argentino dio cobijo a personas que pretendían escapar de guerras y miserias. Lo logra­ron y empezaron otra historia.
Además, los conflictos sociales no dejaban de estar presentes. En efecto, las huelgas obreras a principios del siglo XX fueron obs­táculos. Aunque primó la solidaridad poten­ciada por los lazos de afecto... de hermandad.
Aquellos hombres y mujeres mantuvieron en Rosario sus formas y los valores que lle­garon consigo desde muy lejos. Lograron formar organizaciones de ayuda mutua. Lo hicieron los italianos y los españoles: a tra­vés de sus organizaciones (incluso a nivel nacional desarrollaron actividades sociales y culturales. Y esa senda fue seguida por los israelitas, los suizos, los franceses y los ale­manes. Pasaron los años y, aun con los cambios estructurales del país, no modificaron sus raíces, en definitiva su identidad que también es la de los actuales rosarinos.
Esta ciudad y sus alrededores son verdaderos ejemplos (quizás los más claros) de lo que significó la presencia de esos hombres y mujeres que llegaron cargados de ilusiones, en busca de nuevos horizontes (de prosperidad).
Hasta no hace tanto tiempo, eran muy pocos  pocos los habitantes de mediana edad que podían decir que sus cuatro abuelos habitan nacido en la Argentina. Eso sí ocurre ahora, aunque en muchas familias hay uno o más inmigrantes entre sus mayores; entre quines todavía son la historia viva de todas y cada una de las personas que hoy siguen construyendo esta ciudad (y el futuro).
EL FENOMENO
El 4 de septiembre se celebra el Día del Inmigrante. El motivo: en esa fecha, en 1812, el gobierno criollo promulgaba un decreto con la firma de Bernardino Rivadavia, que fue la primera medida desti­nada a fomentar la inmigración. Muchos años después, en 1876. cuando ya la inmigración y las colonias eran una realidad social y económica de Santa Fe, el gobier­no de Nicolás Avellaneda dictó la ley 817. que dio el marco norma­tivo al fenómeno inmigratorio. La Constitución de 1853 expresó la voluntad nacional de abrir los brazos a "todos los hombres del mundo" que quisieran "habitar el suelo argentino" y brindarle su trabajo. A partir de esa puesta en vigencia comenzaron a desarro­llarse esfuerzos en pos de la ubi­cación de aquellos esperanzados extranjeros en distintos sitios. A la primera colonia propiamente dicha. Esperanza, surgida en 1854 en territorio santafesino, surgie­ron otras en las que el espíritu laborioso y la capacidad de los pioneros lograron superar todo tipo de dificultades. Así, en menos de 50 años, fueron modifi­cadas la vida, las costumbres y la economía del país al punto de convertirlo a fines del siglo XIX y principios del XX en uno de los primeros del planeta


Fuente Artículo publicado en Revista de Cablehogar de Octubre 2009