Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 21 de agosto de 2012

RESTAURANTES, FONDAS Y OTRAS OPCIONES


Por Rafael Oscar Ielpi

La ciudad de las primera décadas de este siglo iba a dar lugar asimismo a la obligada aparición de una serie de comercios dedicados con mayor o menor refinamiento según los casos- a la gastronomía. En algunos casos, los mismos respondían a las exigencias de una clase social atenta a las primicias de la cocina europea, en especial la francesa, y en otros, a la demanda de una población mayoritariamente de origen inmigratorio, que era la que abundaba en los comedores populares, las fondas, las pensiones y los innumerables comederos y parrillas que se diseminaban por el Rosario del 900 a 1930.
En muchos casos, la mayoritaria proporción de italianos y españoles signaría también la característica del menú de estos locales, en los que también tenía su lugar, sin embargo, la tradicional cocina criolla, a la que eran afectos aquellos estratos de la sociedad integrados por criollos, buena parte de los cuales trabajaban en tareas que demandaban fortaleza física, como la estiba portuaria o el matadero.
A pesar de la modestia de su construcción -que contrastaría, en el tiempo, con la imponencia de los edificios hoy emplazados en la misma esquina- el Bar y Comedor Germania de Juan Paralieu, convocaba en Santa Fe y Progreso (Mitre) a una clientela cotidiana heterogénea y bulliciosa, en la que se mezclaban por igual bolsistas, gente de teatro, empleados, artistas, comerciantes de la burguesía y alguno que otro anarquista en tren de sociabilidad gastronómica, atraídos todos por la fama de algunas de las especialidades de la casa como las ranas, "las mejor condimentadas de la ciudad y el plato preferido de la aristocracia rosarina", según comentaba su publicidad en la primera década del siglo.
La casa trabajaba con igual clientela en invierno -cuando el bar invitaba "si queréis tomar chocolate de primer orden y ponche riquísimo"- que en verano, "si queréis beber chopp fresco y sandwiches bien preparados". En Monos y Monadas, en 1910, se publican una serie de avisos, algunos en verso, de este recinto gastronómico, uno de los más populares, que con ingenuo humor promocionaban los platos del día. Una muestra: "Señores, para comer/ no hay nada como este bar:/ pueden ustedes entrar/ y se podrán convencer./ En el arte culinario/ no es posible hallar mejor/ cocinero en el Rosario,/ pues guisa que es un primor".
La revista lo define como un "café a la europea" y menciona en él la existencia de una peculiar sociedad. El Zoquete, con un número invariable de doce miembros. Los mismos se juntaban allí para jugar a las cartas, pero nunca más de cuatro por partida, seleccionados cada reunión, y los perdedores debían pagar todo lo consumido por el resto de la cofradía. También en el Centenario la afluencia de comensales era incesante, aprovechando la condición de Abierto toda la noche del local de Paralieu, al punto de no ser fácil conseguir mesa: "Hay tanta gente que entrar/ no es posible y desespero./ Más ¿quién se va sin probar/ los platos del cocinero/ contratado en este bar?", decía otro reclame de esos mismos años.
Contemporáneo e incluso un poco más antiguo que el Germania era otro restaurante de claro origen germánico: el Kaiserhaller, en la esquina de Libertad (Sarmiento) y Santa Fe, un local donde convivían una cervecería, un restaurante y un salón de bailes y fiestas con notorias reminiscencias de los salones del imperio austrohúngaro, y donde solían congregarse, como era previsIble, los ciudadanos alemanes y centroeuropeos radicados en la ciudad. Se comía asimismo en esos años finiseculares en el Bordeaux, de Santa Fe 73 ; el Provence. de Corrientes 26, o el Colón, de Rioja 89, todas ellas numeraciones antiguas.
Las necesidades de una mesa exigente y exquisita no estaban lo suficientemente cubiertas en el Rosario del 900 a 1920 por ningún restaurante en especial, si se exceptúan los banquetes organizados por algunas confiterías y hoteles, donde las primicias gastronómicas podían ser mayores y contar, incluso, con algunos exotismos europeos, pasando por el caviar y el champagne. Muchos más eran, sin embargo, los lugares en los que los rosarinos comunes (empleados y dependientes, pequeños profesionales, obreros, artistas, estibadores, changarines) podían encontrar mesa tendida y algunos de los platos de esa comida condimentada y abundante que había llegado con la inmigración.
En la zona céntrica o más o menos céntrica de la ciudad -lo que muchos llamaban el suburbio estaba a diez cuadras o menos, mientras que los ex­tramuros de verdad, fueran Alberdi, Saladillo, Echesortu o Refinería, aunque más lejanos, tenían también sus bares, restaurantes y fondas- la oferta era bastante variada. Lo eran, por ejemplo, El Obrero, de Pedro Castany, en Córdoba y España, donde también se recibían pensionistas, y se podía comer a toda hora "sin pretensión", a 10 centavos el plato. Castany era propietario asimismo de la Nueva Fonda Española, en Rioja al 1400, donde también se yantaba por 10 centavos y se recibía posada por 50.
Vecino de El Obrero era el Restaurante y Fonda Galileo. de Pedro Fiorito, que en los años del Centenario se emplazaba en la esquina de Córdoba y Paraguay. En él, se ofertaba "comida sana y abundante a 50 centavos, sin vino", y a la vez habitaciones amuebladas, cuyo precio oscilaba entre 50 centavos a $ 1.20 para hombres solos, y 2 y 3 pesos para familias. Cierto módico prestigio parece haber tenido también el Restaurante La Campana, de San Juan 1155, y el Restaurante Toscano, de Tulio Menoni, de muy céntrica ubicación, en Córdoba y Corrientes, que en 1917 exaltaba en su publicidad en Caras y Caretas su condición de "comedor reservado para familias", con vinos de toda clase y procedencia, en especial Chianti y Santi Aleático, y "su cocinero de primer orden".
Ofertas céntricas de calidad variable eran el Giardini d'Italia, de Pedro Donato, instalado en 1900 en Corrientes 1048 "frente a la gran Plaza Santa Rosa y del Consulado de Italia", donde se degustaban itálicas comidas regadas con vinos del mismo origen; la Rotisería Volta. de Domingo Giacchello. en Sarmiento 950; la fonda Las 3 Banderas, en Iriondo 251, de barrio Refinería; la Pensión Moderna, en Rioja al 1200, y otro local del mismo nombre en Cortada Ricardone 54 y la Pensión El Comercio, en Santa Fe 1251, donde los que comían salteado tenían la chance, día por medio, de cuatro platos y postre por 1 peso. Por la zona de las estaciones ferroviarias eran también propuestas la fonda y posada La Vascongada, en Rivadavia al 2600, y el Bar Colón, en Güemes al 1900, donde también se comía. Vecino al Mercado Central, en cambio, era frecuentado por la gente del mismo el Restaurante Nuevo Baratier, en San Juan al 1000.
El restaurante Romeo, que en la década del 10 era propiedad de Italo Carossio, aprovechaba su condición de finca lindera con el edificio de la Bolsa de Comercio, en San Lorenzo 1263, para mantener una clientela permanente, aun cuando debiera competir con los bares y cafés que abundaban en las inmediaciones. Se quedaban con su ganancia también el Jardín de Italia, en Rivadavia 2789, entre 1915 y 1920: la Fonda El Porvenir, en San Martín al 2800 ; La Viña Piamontesa, en Ju-juy al 1300, de Santiago Isoardi: el Restaurante de Vigo, entre 1915 y 1920, en Mitre 435 y otros. Algunos de estos comercios no eran estrictamente restaurantes pero tenían al arte culinario como uno de sus agregados principalísimos. Es el caso del Bar Los Bancos, que se levantaba en la esquina S.O. de Sarmiento y Santa Fe, donde se erguiría poco antes de 1930 el imponente -y todavía vigente- Palacio Fuentes. El es­tablecimiento, de Llabrés y Cía. ya funcio­naba en el Centenario, cuando Monos y Monadas promocionaba sus minutas "a cualquier hora de la noche" y se enunciaban las bondades del negocio con proclamas como ésta: "Si quiere comer bien y tomar buen vermut, venga al Bar y Rotisserie Los Bancos".
El bar tuvo inicialmente como propietario a Enrique Filippini y allí aprovisionaban los infaltables canastos de mimbre muchos de los rosarinos que iban de excursión a las islas o se anotaban en los paseos por el Paraná entre 1900 y 1920. En los años iniciales de esta última década -recuerdan algunos rosarinos añosos- "Los Bancos" contaba para el reparto de sus viandas y pedidos con unos carritos de mano, empujados por jóvenes dependientes, cuando la esquina de su emplazamiento asistía ya a un intenso movimiento de vehículos de todo tipo, desde carros y coches de plaza a automóviles y tranvías.
Por los años 20 atraían la atención avisos que aconsejaban por ejemplo: "A los enfermos del estómago les recomendamos la pensión de calle Sarmiento 550", la que a falta de nombre parecía prometer, en cambio, digestiones placenteras. Cinco años antes, la Pensión de Fuenzalida convocaba con su puchero a la española a $ 1.50 el abundoso plato, en los altos de San Martín 577, a una cotidiana clientela de gentes del puerto, de la estiba, modestos empleados y operarios, a quienes la camaradería del pan, la sopa y el vaso de vino de esas fondas y pensiones les hacía llevadera la ausencia de la familia lejana o la soledad de los sin familia.

Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital

viernes, 17 de agosto de 2012

ESTRENOS PELICULAS EN ROSARIO DE 1910 A 1920


1910
“El fusilamiento del Coronel Dorrego", con Salvador Rosich - Dir.: Mario Gallo - Salón Nacional -16 de marzo.

1913
“¿Quo Vadis?", con Amieto Novelii - Dir.: Enrico Guazzoni - Teatro La Opera - 26 de junio.
1914
“Max a bordo", con Max Linder - Dir.: Max Linder - Palace Theatre -13 de octubre.

1915
“Amalia", con Susana Larreta Quintana - Dir.: Enrique García Velloso - Palace Theatre - 24 de marzo.
“Mariano Moreno y la Revolución de Mayo", con Pablo Podestá - Dir.: Enrique García Velloso - Palace Theatre - 30 de abril.
“El prisionero de Zenda", con Henry Ainley - Dir.: George Loane Tucker - Smart Palace -15 de agosto.
“Nobleza gaucha", con Orfilia Rico - Dir.: Eduardo Martínez de la Pera, Ernesto Gunche y Humberto Cairo -Teatro La Opera -1 de octubre.
1916
“La aventuras de Paulina", (Film en episodios), con Perla White - Dir.: Louis Gasnier - Palace Theatre -11 de abril.
“El nacimiento de una Nación", con Henry B. Walthall - Dir.: David W. Griffith - Teatro Colón - 20 de mayo.
1917
“Funchón", con Mary Pickford - Dir.: James Kirkwood - Smart Palace - 6 de septiembre - (Primera y breve parición en cine de Fred Astaire).
“Carmen", con Geraldine Farrar - Dir.: Cecil B. de Mille - Smart Palace - 20 de septiembre.
“Carlitos,, a la una de la mañana", con Charles Chaplin - Dir.: Charles Chaplin - Palace Theatre - 28 de octubre.
La  narca de fuego", con Sessue Hayakawa - Dir.: Cecil B. de Mille - Smart Palace - 29 de noviembre.
“Federación o muerte", con Ignacio Corsini - Dir.: Atilio Lipizzi - Moderno - 3 de noviembre.
1918
“El último malón", film semidocumental realizado por el Dr. Alcides Greca - Palace Theatre - 4 de abril. :", (Film en episodios), con Rene Cresté - Dir.: Louis Feuillade - Moderno -14 de octubre.
“Democracia americana", con Douglas Fairbanks - Dir.: Ll. Ingraham - Social Theatre - 5 de septiembre.
“Vida  de perro", con Charles Chaplin - Dir.: Charles Chaplin - Moderno - 24 de octubre.
1919
"Corazones del inundo", con Dorothy y Lillian Gish - Dir.: David W. Griffith - Social Theatre - 4 de julio.
"Juan Sin Ropa", con Camila Quiroga - Dir.: Héctor Benoit - Palace Theatre -12 de julio.
"Intolerancia", con Constance Talmadge - Dir.: David W. Griffith - Moderno - 6 de septiembre.
"Cleopatra", con Theda Bara - Dir.: James Gordon Edwards - Palace Theatre y Moderno -17 de octubre.
"Armas al hombro", con Charles Chaplin - Dir.: Charles Chaplin - Palace Theatre y Moderno - 24 de octubre.
1920
"La divorciada", con Ethel Barrymore - Dir.: H. Blacke y M. Karger - Palace Theatre -17 de marzo.
"Carmen", con Pola Negri - Dir.: Ernst Lubitsch - Palace Theatre -16 de mayo.
"Macho y hembra", con Gloria Swanson - Dir.: Cecil B. de Mille - Moderno - 29 de septiembre.
Fuente: Extraido del Libro “Los cines de Rosario Ayer y Hoy” Autor Sydney Paralieu. Editado e impreso en Octubre 2000 Editorial Fundación Ross.

jueves, 16 de agosto de 2012

EL REFUGIO DEL CAFÉ


Por Rafael Oscar Ielpi


Otro tipo de comercios, los cafés y bares, se iban a desparramar por el centro de la ciudad de los primeros treinta años del siglo -del mismo modo que en los barrios- como ámbitos propicios para el ocio de muchos rosarinos, para posibilitar la sociabilidad cotidiana, sobre todo entre hombres, o el necesario contacto social para las damas, con la inclusión en algunos casos de la atracción del billar o de algún salón para juegos. De esa más que numerosa lista se pueden mencionar unos cuantos, que alcanzaron popularidad y clientela destacables.
De los finales del siglo XIX era el Café La Bastilla, en calle Rioja, citado como punto de encuentro de los comités de huelga, mayoritariamente integrados por anarquistas que sembraban la semilla revolucionaria en la ciudad. De esos años iniciales de la centuria son, por ejemplo, algunos cafés de distinto grado de calidad en instalaciones y servicios pero igualmente recordables: el Café Central, en Libertad al 1200 ; el Café Colón, en Córdoba y Entre Ríos; La Estrella Polar, que en 1902 se emplazaba en Libertad 966, con especialidad en empanadas criollas y "canchas de taba y sapo" (sic).
Una serie de ellos venía de las últimas dos déca­das del siglo pasado como el Café de la Paz, de Santa Fe y Libertad; el Café del Olimpo, en Progreso entre San Lorenzo y Urquiza, vecino al teatro ho­mónimo; el Apolo, en Libertad 341; el Petit París, en Urquiza 54: el Café del Centro, de calle Puerto 139 ; el Café de las Naciones, en San Luis 175; El Rosarino, en Libertad 205, el Rivadavia, de la hoy Cortada Barón de Mauá entre San Luis y San Juan, o el Café Lírico, aledaño al Teatro Olimpo.
Algunos de estos cafés cobijaron -como se verá más adelante- las iniciales proyecciones cinematográficas y se mencionan al hablarse de los pininos de la exhibición de "vistas" en el Rosario. Vecinos a algunos ele ellos aparecen el Gran Café del Puerto, en Sarmiento y San Lorenzo; el Café y Bar London, en Sargento Cabral 168; el Bar Criterión, que por el Centenario funcionaba en Corrientes y Tucumán, o el Bar Roma, en San Lorenzo 982, "con salón particular para sociedad". De los años de los fastos del Centenario eran lugares tan peculiares como el Café Andalucía, de Mendoza 1329. "casa especial en el Rosario donde el públi­co afecto a los toques y cantes españoles puede pasar ratos agradables"; el Café El Dorado, en Mitre al 900, o la  Confitería El Aguila, en Avda. Pe- llegrini y Corrientes, y el Recreo El Guaraní, de Córdoba 2252.
Dimensiones mucho mayores tendría el local de La Cosechera, un vasto recinto ubicado en Rioja entre San Martín y Sarmiento, y antes en Córdoba y Mitre. Su propietario inicial, Kamachi, sería sucedido, en el segundo local, por un comerciante de origen griego. Fue uno de los más tradicionales del Rosario del 20 al 50 y su recinto poblado de mesas, de humo y de conversaciones casi exclusivamente masculinas formó parte de un folklore ciudadano que llegaría incluso a entrar brillantemente en la literatura de la mano de Jorge Riestra, el rosarino que con "El Opus" ganara el Premio Nacional de Novela en 1986 y que tanto en "El taco de ébano" como en "Salón de billares" y en algunos de sus cuentos, instala sus ficciones en ese ámbito acogedor, poblado de códigos intransferibles y en muchos casos impenetrables, que eran los cafés o los cafés con billares.
A esta última categoría pertenecían, por ejemplo, el Café Madrid, de Suárez Hnos., en la esquina de Mitre y Rioja, y Los 20 billares u Olimpia, de Aguiló Hnos.. en calle Rioja al 1000, donde se instalan justamente los personajes de las novelas de Riestra y que perducaban los pajaritos tostados, que se servían como acompañamiento del aperitivo. Más de un viejo rosarino puede dar testimonio de la pizarra que colocada en la puerta del bar, anunciaba los susodichos pajaritos, cuando había stock de ellos. En El Palomar, por su parte, tenía su estu­dio el pintor Fernando Gaspary, uno de los pioneros de la enseñanza de la pintura en la ciudad.
Un poco anteriores, de alrededor de 1915, eran el Bar Joffré, en la esquina de Alem y Rioja, sitio de encuentro de artistas plásticos, y el Café Galíleo. en Mitre y Pasco, vecino del Mercado de Abasto, poblado por la variopinta gente que trabajaba en él o en los co­mercios cercanos. Contemporáneos al Central, en cambio, aparecen el Bar Select, en Mitre y San Luis; El Platense, en Salta y Balcarce; el París Bar, en Córdoba y Entre Ríos; el Bar Eslava, en Sarmiento 1012; el Café Columbia, en Córdoba 536, y el Café de La Comedia, aledaño al teatro homónimo, que hacia 1920 era tenido como punto de reunión por los noctámbulos rosarinos. De los años 20 sería asimismo la Chopería SantaFe. en Santa Fe al 1100, lugar tradicional, sobre todo en verano, de una clientela distinguida y cuya actividad se extendería hasta alcanzar los primeros años de la década del 70, cuando la ciudad había alcanzado un crecimiento impensable medio siglo atrás.

Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital


miércoles, 15 de agosto de 2012

LA AGRUPACIÓN ANDALUZA DE ROSARIO


porBill Ruesch

     Esta sociedad nació el 30 de septiembre de 1915 con fines recreativos, instructivos y solidarios.
     Su sede estaba ubicada en Laprida 1483, donde contaba con un gran salón para funciones de teatro y veladas familiares. Dicho salón incluía un amplio escenario con decoraciones adecuadas para las representaciones.
     Disponía además esta agrupación de una biblioteca, una sala de armas para la enseñanza de esgrima, salones para clases de dibujo y cursos primarios de carácter gratuito para los socios e hijos. Entre los profesores que se desempeñaban en la institución figuraban Juan José Torres, José Salmerón, José Anaya, Oscar Vila y Francisco Sosa.
     También se contaba con un cuadro de declamaciones que participaba de las veladas y festivales organizados por la sociedad.
     En febrero de 1916 la agrupación organizó una fiesta en el Teatro Opera de Rosario a beneficio de las escuelas gratuitas que funcionaban en su seno. En esa oportunidad actuó la artista Pastora Imperio, obteniéndose un satisfactorio resultado económico, que permitió a la agrupación adquirir cierta cantidad de material escolar necesario.
     Hacia principios de 1916 la Comisión Directiva de la Agrupación Andaluza estaba integrada por las siguientes personas:
·                     Francisco Sosa (Presidente)
·                     Casimiro Franquelo (Vicepresidente)
·                     Luis Herrero (Secretario)
·                     Salvador Del Sastre (Tesorero)
·                     José Pinazo (Prosecretario)
·                     Francisco Fantoni (Vocal)
·                     Enrique Baca
·                     José Rubio
·                     José Anaya
·                     José García
·                     Blas López
·                     José Muñoz Salina
·                     Manuel Pizarro
·                     Baldomero Rivera (Vocales todos)
     Aparentemente, Francisco Sosa y José Anaya participaban tanto en la dirección de la Agrupación Andaluza como del Centre Catalá, lo cual mostraría cierta fluida relación entre ambas instituciones.
http://www.abarcusrosario.com.ar/hist_ros.htm

martes, 14 de agosto de 2012

PRIMER ENCUENTRO INTERNACIONAL


Aunque Atlético del Rosario ya había tenido oportunidad de disputar un par de encuentros internacionales -ante Peñarol de Montevideo, por la Copa Competencia-. Rosario no había vivido aún la experiencia de recibir la visita de un conjunto extranjero. Los citados encuentros de los muchachos de Plaza se hacían siempre en escenarios porteños, de allí que la posibilidad de traer a nuestra ciudad al primer equipo del Southamp-ton encendió en 1904 la pasión de los rosarinos- La visita de los ingleses se frustró, aun cuando dos jugadores de clubes locales fueron llamados para integrar un combinado argentino para oponerse a los británicos. Boardman. arquero de Plaza y Eduardo Jewell. tuvieron buena actuación en un elenco de 'aprendices* que el 9 de julio de ese año cayó ante los "maestros ingleses por la nada decorosa cifra de 8 a 0.

Pero un año después el sueño se hace realidad. Costó mucho, es cierto, y para que el lector contemporáneo vislumbre la entidad de las dificultades de esos primeros años del siglo, reproducimos un párrafo de la Memoria Anual del Club Atlético del Rosario, que copiamos del brillante trabajo de Francisco M.
Cavallo. Dice así: "...es de sentir que no fue  posible obtener la visita de clubes de Buenos Aires para partidos amigables de primera división; la dificultad consiste en que los jugadores que nos visitan deben sufragar personalmente los gastos del viaje". Como se aprecia, la imposibilidad era de origen estrictamente económica, y ello motivó que los muchachos de Plaza -en su mayoría de buen vivir- debieran disputar todos los encuentros correspondientes a la Copa Competencia de esos años, en la ciudad de Buenos Aires.
Y fue justamente en dos finales consecutivas -1904 y 1905- donde Plaza le ganó a Peñarol de Montevideo, en ambas ocasiones en el campo de juego de la Sociedad Hípica Argentina, la copa en disputa. Fue el detonante que hizo estallar la pasión creciente de los rosarinos. Ya nadie dudó que había que hacer cualquier esfuerzo para que no se frustrara, como el año anterior, la visita a Rosario de un equipo ex­tranjero. Concuerda ese entusiasmo con la presencia en el país del Nottingham Forest, que finalmente se presenta en Plaza Jewell el 16 de junio de 1905. Plaza es reforzado por varios jugadores de Rosario Central, siendo uno de ellos -Zenón Díaz- la figura del encuentro. Los Ingleses ganan por 5 a 0, en el marcador más "estrecho" que obtuvieron en el curso de la gira. La actuación de Zenón Díaz, del arquero Norris y del zaguero Ricardo Le Bas provoca la admiración del público y determina que los tres fueran invitados a integrar combinados argentinos que siguieron perdiendo por "escándalo" ante los maestros del Nottingham. Ya la semilla estaba echada: en años sucesivos, fue frecuente la presencia de equipos extranjeros -fundamentalmente ingleses- en el país. Aunque por lo general la diferencia era abismal, no estaba lejos el venturoso 24 de junio de 1906, cuando el legendario Alumni de los hermanos Brown le gana a un seleccionado de Sudáfrica (entonces colonia inglesa) formado por Jugadores británicos, por uno a cero. Al conjuro de esas presencias extranjeras el fútbol se afianzó definitivamente en Rosario. El arraigo de los clubes en el alma popular y la organización de torneos locales de gran competitividad, provocó entusiastas y, muchas veces, ardorosos en-frentamientos. Las inclinaciones de los aficionados fueron repartiendo la pasión, fundamentalmente entre Rosario Central y Newell's Oíd Boys, Atlético del Rosario -el precursor indiscutible- distribuía sus afanes entre el fútbol y las demás activida­des, donde ocupaban especial interés el rugby, la natación y el atletismo. Hacia 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, muchos de sus más apreciados dirigentes y sus descendientes, retornan a Europa para tomar parte de la contienda. Ese espacio ocupado entonces por Plaza, queda abierto a la disputa perenne de "canallas" y "leprosos", que hasta hoy persiste. Clubes de larga tradición -Provincial, Central Córdoba, Tiro Federal, Sparta, Gimnasia y Esgrima- hicieron también lo suyo. Pero las preferencias de la gran mayoría se volcaban por Newell's y Central. Tanto fue así, desde el mismo nacimiento del fútbol organizado, que en 1905 un centralista por la de la selección nacional, en la que jugó 24 partidos y convirtió 14 goles. Se llamó Harry Hayesy fue el fundador de una dinastía que perduró a lo largo de buena parte de la rica historia auriazul, prolongada en nuestros días por otro Harry Hayes, hijo de aquél, a través jeras el fútbol se afianzó definitivamente en Rosario. El arraigo de los clubes en el alma popular y la orga­nización de torneos locales de gran competitividad, provocó entusiastas y, muchas veces, ardorosos enfrentamientos. Las inclinaciones de los aficionados fueron repartiendo la pasión, fundamentalmente entre Rosario Central y Newell's Oíd Boys, Atlético del Rosario -el precursor indiscutible- distribuía sus afanes entre el fútbol y las demás actividades, donde ocupaban especial inte­rés el rugby, la natación y el atletismo. Hacia 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, muchos de sus más apreciados dirigentes y sus descendientes, retornan a Eu­ropa para tomar parte de la contienda. Ese espacio ocupado entonces por Plaza, queda abierto a la disputa perenne de "canallas" y "lepro­sos", que hasta hoy persiste. Clubes de larga tradición -Provincial, Central Córdoba, Tiro Federal, Sparta, Gimnasia y Esgrima- hicieron también lo suyo. Pero las preferencias de la gran mayoría se volcaban por Newell's y Central. Tanto fue así, desde el mismo nacimiento del fútbol organizado, que en 1905 un chiquilín de 14 años que jugaba en Gimnasia (entonces se llamaba Argentino) pidió a la flamante Liga Rosarina su primer pase, a fin de poder jugar en cualquier otro club. La Liga le concedió la petición, planteando una exigencia entonces considerada ilógica: el pago de un derecho de cinco pesos ($5,00). Dirigentes de Rosario Central, atentos a la cuestión y entusiasmados con el prometedor jugador, abonaron los cinco pesos y se quedaron con el joven futbolista. Hicieron el mejor negocio de su historia: el chico no era una simple promesa, sino toda una realidad a pesar de sus pocos años. Semanas después debutó en primera y se quedó para siempre; sólo cambió la camiseta centralista por la de la selección nacional, en la que jugó 24 partidos y convirtió 14 goles. Se llamó Harry Hayes y fue el fundador de una dinastía que perduró a lo largo de buena parte de la rica historia auriazul, prolongada en nuestros días por otro Harry Hayes, hijo de aquél, a través de su fecunda labor en la Mutual de Ex Jugadores de nuestra ciudad.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 2 de abril de 1991  Autor  Andrés Bossio

lunes, 13 de agosto de 2012

PLAZA JEWELL: ALUMBRAMIENTO FUNDACIONAL


 A partir de marzo de 1867, el panorama se transforma con un hecho trascendental: el 27 de ese mes y año -fecha que debiera ser declarada fundacional para el de­porte rosarino- un grupo de ciudadanos británicos da vida a "Rosario Cricket Cíub" que con el correr de los años se transformaría en el Club Atlético del Rosario. Aunque la intención original era la de practicar principalmente el cricket, el auge del fútbol que arrasaba en las islas británicas también llegó a estas tierras y en el campo de deportes del nuevo club, ubicado en la intersección de las actuales calles España y Salta (lo que hoy es el Colegio San José), comenzaron a realizarse los primeros encuentros de fútbol.
Al principio eran sólo disputas esporádicas, entre socios de la flamante entidad. Sus miembros más notorios, por otra parte, pertenecían a la empresa ferroviaria en auge, así como de las instituciones bancarias que, al amparo del progreso que traía el ferrocarril avizoraban un futuro de prosperidad para esta plaza. La todavía vigente e inicua guerra contra el Paraguay -una vergüenza Imborrable de nuestro pasado- permitía repartir tierras mostrencas entre los criollos que se ofrecieran voluntariamente para aquella locura mitrista. Esos terrenos carentes de dueños y, por ende, en poder del fisco, eran ofrecidos al gauchaje pobre como señuelo; la histografia liberal se place en repetir lo afirmado por Juan Álvarez en su "Historia de Rosario 1689-1939" cuando achaca a la vagancia de la peonada rosarina el fracaso de esa ley que disponía el reparto de tierras. Dice Álvarez que "...los ex guerreros (luego de la contienda) mostraban muy pocas ganas de empuñar el arado y bien pronto obtuvieron del gobierno les eximiese de poblar sus lotes". Otros investigadores desmienten esta versión y acreditan hechos muy precisos que no tardan en advertir; ello es que... "son tantos los fraudes e injusticias que para silenciarlas se deben adoptar normas adicionales (a la ley que dispone el reparto de tierras). De todas maneras, el 10 de enero de 1867 se decide la venta de todos aquellos lotes a un pequeño circulo de especuladores enriquecidos en esos años" (Rodríguez Molas, Ricardo E., "Historia social del gaucho" Ed. Capítulo, t. 159 Pág. 191).
El mismo Juan Álvarez no puede menos que reconocer en la obra citada que."..la verdad es que los lotes donados al criollaje, aunque fertilísimos, hallábanse sobre la insegura y peligrosa frontera sudoeste del departamento", dando cuenta somera de las tropelías que los indios cometían por entonces en sus habituales excursiones en sitios muy cercanos a la zona asignada a los eventuales combatientes. La realidad es que "fuera de Buenos Aires, donde muchos voluntarios se inscribieron, no se encontraban paisanos dispuestos para llenar las cuotas provinciales', dice José María Rosa en su "Historia argentina", T. 7 pág. 140, recapitulando algunos antecedentes al respecto que le llevan a acreditar a Emilio Mitre, desde Córdoba, mandaba su "cuota" de gauchos pobres como carne de cañón para la guerra 'atados codo con codo": que Julio Campos, desde La Rioja. informa que al solo intento de reclutamiento los lugareños se van a las sierras; que los "voluntarios" de Salta y Tucumán se rebelan en Rosario "apenas les quitan las maneas y que, finalmente, el gobernador Maubecin de Catamarca, al elevar al gobierno nacional la cuenta de gastos que demandó el envío de su contingente incluye el importe de "doscientos pares de grillos" que sirvieron para evitar la deserción de sus criollos catamarqueños. No es menos gráfico Gastón Gori en su libro "Vagos y mal entretenidos" tanto como Nicasio Oroño en un par de vibrantes alegatos en el Senado de la Nación al denunciar "las monstruosas Injusticias" que sufre la peonada de nuestros pagos.
En definitiva esas tierras ofrecidas tan "graciosamente" a los pobres criollos, inexorablemente fueron a parar a manos de los grandes poseedores de estancias y a los capitalistas extranjeros, siempre prestos nacionales por cualquier resorte que fuere.

De todos modos, la nobleza y generosidad del criollo hizo que aceptara sin reparos la afluencia de inmigrantes llegados desde cualquier punto del orbe, y que se integrara con ellos en la nueva sociedad. No importó que las desigualdades y privilegios se acentuaran con los años, como lo registra la minuciosa y documentada crónica de Juan Bialet Massé, en su colosal informe de 1904 sobre "El estado de las clases obreras argentinas a comienzos del siglo", al referirse a lo observa­do durante su visita a Rosario. A despecho de esa verdadera discriminación sufrida por el nativo, esa integración con el extranjero se produjo en Rosario -como en el resto de las urbes pobladas- casi sin dificultades. Quizás una excepción en la materia de nuestro análisis haya que buscarla en el club Rosario Central, que en 1903 y tras una tumultuosa asamblea decidió romper los moldes impuestos por los fundadores -no se podía ser socio de la institución si no estaba el interesado vinculado con la empresa ferroviaria, con mayoría absoluta de gerentes y personal jerárquico de nacionalidad inglesa- dando nacimiento a una nueva etapa en dicho club y "acriollando" no sólo su nombre, sino el plantel de sus jugadores, asociados y dirigentes. Pero más allá de eso, el contacto cotidiano en­tre argentinos y foráneos fue produciendo un entremezclamiento de tendencias, actitudes, gustos y costumbres que con el tiempo fueron ensamblando armónicamente. Eso trajo como consecuencia, entre otras tantas cosas, por supuesto, que muchos británicos que se extrañaban de tan insólito hábito, se ape­garan al criollo mate amargo de nuestra tierra hasta abandonar inclusive su casi adicción hacia el té tradicional que traían desde las Islas; los nuestros, por su parte, poco a poco dejaron de ser espectadores Indiferentes de esa alocada propensión por correr detrás de una pelota. En la mayor parte del país, pero fundamentalmente en Rosario, ese invento de "los ingleses locos" pronto pasó a formar parte de nuestra mejor tradición. Aprendido rápidamente por las masas criollas, le impusimos nuestro propio sello abandonando inclusive las tendencias traídas por los maestros. Ese fútbol simple, veloz, en armonía de conjunto característica de los británicos, cedió a la idiosincrasia argentina. Lo convertimos y adaptamos a nuestra manera, más lento, más bello, privilegiando lo individual a lo colectivo.
Esa coexistencia entre ingleses que pretendían enseñar y rosarinos que aspiraban aprender, duró muchos años, aún desordenadamente. Recién aparece en 1880 el segundo intento de un grupo de ciudadanos que quería conformar una entidad. El testimonio de un desaparecido periodista –Juan Dellacasa (h)- ubica el fallido propósito en las inmediaciones de la actual plaza Santa Rosa. Las dificultades fueron tantas que los escasos entusiastas del nuevo club, llamado Villa del Rosario, tras unos pocos meses plagados de contratiempos, abandonaron el intento y se incorporaron al Rosario Cricket Club. Debieron transcurrir entonces nueve años más para que aconteciera algo realmente importante en materia futbolística.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 2 de abril de 1991  Autor  Andrés Bossio

viernes, 10 de agosto de 2012

EL CENTRO BALEAR DE ROSARIO


Por Bill Ruesch
Este centro surgió el 30 de junio de 1912, predominando entre sus motivaciones las de índole recreativo y cultural

     Hacia 1916 su Comisión Directiva estaba integrada de la siguiente manera:
·                    José Valenzuela ( Presidente )
·                    Jaime Colomar ( Vicepresidente )
·                    Jorge Campdesuñé ( Secretario )
·                    Juan Alarda ( Tesorero )
·                    Bernardino Alberti ( Vocal )
·                    Agustín Aguiló ( Vocal )
·                    Salvador Janer ( Vocal )
·                    Martín Palmer ( Vocal )
·                    Mateo Roselló ( Vocal )
     Recordemos también que José Valenzuela fue Presidente del Centre Catalá. No es extraño que sucediera esto dada la pertenencia de las Islas Baleares y Cataluña a una misma área cultural de habla catalana.
http://www.abarcusrosario.com.ar/hist_ros.htm