Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

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martes, 11 de abril de 2017

CORTANDO AMARRAS

Por Héctor N. Zinni
"Estaba aclarando rápido. Al otro lado de las vías el cielo se desperezaba entre largos vahos de color naranja. Al doblar la esquina, divisaron el hotel. Magaldi se detuvo. Dijo que había vacilado toda la noche pero que la conversación le había, despejado el juicio. Sabía por fin qué hacer. Viajaría con Evita a Buenos Aires. Le pagaría una pensión, la presentaría en la radio. Era ya demasiado tarde o demasiado temprano, y a Cariño no le quedaban fuerzas para disuadirlo.
Ya tiene quince años - fue lo único que dijo -. Sólo tiene quince años.
Ya es una mujer - respondió Magaldi -. La madre me lo dijo: se hizo mujer de un día para el otro.
"Siguió un domingo insulso, interminable, de ésos que uno prefiere olvidar: Evita recitó por los altoparlantes de la casa de música un poema de Amado Nervo con exceso de gorgoritos y una dicción calamitosa. Dijo "muertos" y 'penumbra", recordó Cariño, con un silabeo canyengue que imitaba al de Gardel: ",Adónde van los muéretos, senior, adónde van? Tal vez en un palaneta baniado de penúnebara"...
"La aplaudieron. Cruzó la plaza con las hermanas, mientras una soprano de aldea desmigajaba el "Ave María" de Schubert. Magaldi se quitó el clavel blanco que llevaba en el ojal y se lo ofrendó. Según Cariño, estaba seducido por la lejanía de Evita, por el desdén con que Ella expresaba algo que quizá fuera admiración.
"Esa noche, después del recital, tomaron el tren que venía del Pacífico. Doña Juana y las hijas despidieron a Evita en el andén, llorosas. Bajo las luces amarillas de la estación, Ella parecía infantil y medio dormida. Llevaba medias zoquetes, una pollera de algodón y una blusa de lino, un casquito de paja y una valija raída. La madre le deslizó diez pesos en el escote y se quedó todo el tiempo a su lado, acariciándole el pelo hasta que el tren apareció.
"Fue una escena de radioteatro, me contó Cariño: el príncipe azul rescataba de su infortunio a la provincianita pobre y poco agraciada. Todo sucedía más o menos como en la ópera de Tim Rice y Lloyd Webber, aunque sin castañuelas...
"El vagón estaba casi vacío. Evita prefirió sentarse sola y apoyó la frente sobre la ventanilla, contemplando las rápidas sombras del paisaje. Cuando el tren se detuvo en Chivilcoy o en Suipacha, una hora más tarde, Magaldi se le acercó y le preguntó si era feliz. Evita no lo miró. Le dijo "Quiero dormir", y volvió la cabeza hacia la oscuridad de la llanura.
"Desde esa noche, Magaldi fue un hombre dividido. Pasaba la mañana y parte de la tarde en la pensión de la avenida Callao donde vivía Evita. Allí compuso sus más hermosas canciones de amor, Quién eres tú y Cuando tú me quieras, sentado en una silla de cuero de potro. Cariño, que lo visitó un par de veces, recuerda la cama monacal, de hierro; la palangana descascarada; las fotos de Ramón Novarro y Clark Gable pegadas con chinches a la pared.
"El estrecho cuarto estaba invadido por un invencible tufo a mingitorio y a lejía, pero Magaldi, entregado a la felicidad de su guitarra, cantaba en voz baja, sin incomodarse por nada. También Evita parecía más allá de toda miseria. Se paseaba en viso, con una toalla en la cabeza, retocándose el esmalte de las uñas o depilándose las cejas ante un espejo cariado.
"Al caer la tarde, Magaldi se entretenía en la radio repasando con Noda las cinco o seis melodías que cantaban en la audición de las nueve de la noche. Después se reunía con músicos y letristas de otras orquestas en el 36 Billares o La Emiliana, de donde se retiraba todos los días a la una de la madrugada. Nunca dejaba de pasar la noche en la enorme casa familiar de la calle Alsina, donde su cuarto sin ventanas estaba sombreado por santarritas y jazmineros. La madre lo esperaba levantada, le cebaba unos mates y le refería las venturas del día. El nombre de Evita no asomaba en esas conversaciones. Según Cariño, Evita pesó siempre en la vida del cantor como una culpa o como una vergüenza inconfesable. Le llevaba dieciocho años: eran siete menos de los que le llevaría Perón. A Magaldi, sin embargo, le parecían un abuso.
'Fue en esos meses cuando la suerte comenzó a desairarlo. Afines de noviembre tuvo un altercado con Don Jaime Yankelevich, el zar de las radios: en un solo día perdió su contrato para 1935 y la ocasión de que Evita tuviera la prueba de declamación que le habían prometido. A regañadientes, Magaldi aceptó actuar en Radio París, pero un feroz ataque al hígado le retrasó el debut. Esos percances dañaron su amistad con Noda y enfurecieron a Evita, que pasó días sin dirigirle la palabra.
"En el relato de Cariño, me desconcertaron, desde el principio, las fechas. Los biógrafos de Evita coinciden en que Ella se fue de Junín el 3 de enero de 1935. No saben si viajó con Magaldi o sin él, pero se aferran con tenacidad al 3 de enero. Se lo dije a Cariño. ",Qué muestran ellos para estar tan seguros?", me preguntó, "Un boleto de tren, una fotografía". Admití que no había visto ninguna prueba. "No puede haber pruebas", me dijo. "Yo lo sé porque lo viví. A mí los historiadores no tiene por qué corregirme la memoria de mi vida".
"Según Cariño, Evita pasó con él la Navidad de 1934. Su hermano Juan estaba esa noche de guardia en Campo de Mayo, las pruebas de actuación habían fracasado en Radio Sténtor y en Radio Fénix, no le quedaba nada del dinero que le había dado su madre. Se quejó de que Magaldi la desamparada. Era, le dijo, un hombre dominado por la familia, al que no le gustaba divertirse ni bailar. Cariño le sugirió entonces que regresara a Junín y que le diera el susto de su ausencia. "Vos estás loco", respondió Ella. "A mí de Buenos Aires sólo me sacan muerta".
"Desde que Magaldi se repuso de los ataques de hígado, Evita se convirtió en su sombra. Lo esperaba en la sala de control de las grabadoras o en un café de Cangallo y Suipacha, frente a la radio El comenzó a eludirla y rara vez la visitaba en la pensión, aunque seguía pagando los gastos. Llevaba más de una semana sin verla cuando se estrenó El alma del bandoneón en el cine Monumental.
"Ella estaba en el tumulto del vestíbulo, pidiéndole autógrafos a Santiago Arrieta y a Dorita Davis. Se había pintado las piernas para fingir que lucía medias de seda. Magaldi sintió de nuevo una invencible vergüenza y se deslizó cabizbajo entre la muchedumbre, pero le abrieron paso los aplausos, los relámpagos de magnesio y los gritos de las admiradoras. Lo precedían Noda y el narigón Discépolo, que habían compuesto la música de la película. -
"Detrás, con esfuerzo, desfilaban Cariño y Libertad Lamarque. Evita lo divisó de lejos y se le colgó del brazo. Magaldi atinó a preguntarle: "Qué hacés acá?" Ella no le contestó. Avanzó con él, resuelta, triunfal, encarando los fogonazos de los fotógrafos. Fue el acabóse. Magaldi se levantó de la platea no bien apagaron las luces. Ella lo siguió, trastabillando sobre unos zapatos de tacos demasiado altos. Discutieron con ferocidad. Mejor dicho: Ella le habló ferozmente, él escuchó con resignación, como siempre, y la dejó rumiando su ira en la hostilidad de la noche. No volvieron a verse" 1.
Durante todo 1935 el dúo Magaldi - Noda actúa en Radio París. Este mismo año, contratado por Argentina Sono Film, la empresa de Don Angel Mentasti que estaba inventando la industria cinematográfica argentina, interviene en el filme Monte Criollo cantando la cueca Sanjuanina de mi amor y hacen también un corto en el que aparecen vestidos de gaucho. Hacia el mes de julio, participan del gran festival que a beneficio de las víctimas de la tragedia de Medellín, se celebra en el Luna Park.
Ese año de 1935 hace crisis una situación profesional que había sido justa en sus comienzos, pero que con el paso del tiempo se ha vuelto injusta e irreal. Magaldi toma conciencia de que debe hacer un alto en el camino para proyectarse con la jerarquía que el público le ha dado como solista. Sin publicidad, con problemas en su vida privada que lo afectaran sensiblemente y ligado a Pedro Noda, ha logrado éxitos superiores a la modestia con que siempre se ha presentado en todas partes.
Bien aconsejado y por fin, dispuesto a tomar decisiones por dolorosas que fueran, 1935 marca el fin de otra etapa y 1936 será el comienzo de otra que irá a colocarlo en el primer puesto de la canción nacional y que sólo truncará la tragedia de su muerte.
Después de la última actuación del dúo, registrada el 30 de diciembre de 1935 en Radio París y en el cine Astro, de la ciudad de La Plata, Pedro Noda se unirá de inmediato a Carlos Dante, quien se ha estado desempeñando como solista y luego como cantor de la orquesta de Miguel Caló. Grabarán en discos Víctor y por unos años más, Noda continuará una carrera de desarrollo parejo y meritorio. Pero Mag.aldi siente que debe empezar de nuevo. Ha cortado todas las amarras, apunta Estela Do Santos en su trabajo mencionado.
En otro orden de cosas, América se tranquiliza: Bolivia y Paraguay convienen el armisticio y concluyen la encarnizada lucha del Chaco Boreal. El saldo es la fractura de una generación: miles de jóvenes del Atliplano y de Asunción quedan para siempre en el infierno verde, comidos por la guerra. Es el año en que es sacado a patadas de la Casa de Gobierno de La Plata su titular, Federico Martínez de Hoz y es asesinado en el Senado de la Nación el doctor Enzo Bordabehere, durante el debate que, capitaneado por el doctor Lisandro de la Torre, da cuenta del sórdido manejo de nuestro comercio de carnes. El país es también conmovido por la muerte insólita de Carlos Gardel entre las llamas de un avión que cae en Medellín.
NOTAS:
1 Tomás,. Eloy Martinez. Santa Evita. op. cit.
24 de Junio de 1935. Fotografías de la tragedia.
Fuente: Fragmento extraído de Libro “Rosario era un espectáculo” “¡ arriba el Telón ¡” de Héctor Nicolás Zinni . Ediciones Del Viejo Almacén . Año 1997