Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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martes, 8 de mayo de 2012

CENTRAL CÓRDOBA: UN CLUB QUE NO TIENE “CONTRA”

Retrocedamos un poco en el tiempo para ubicarnos en la zona sur de la ciudad, más precisamente en el barrio de Tablada, allá por 1904. La vieja estación ferroviaria de la línea Córdoba y Rosario estaba rodeada por viviendas humildes de gente muy modesta, que a fuerza de trabajo y sacrificio iba dando lentamente su propia fisonomía a ese suburbio rosarino. Las precarias casitas se iban levantando dificultosamente y grandes espacios vacíos circundaban la imponente estación, que aún hoy conserva su encanto si se la mira con ojos atentos.
En uno de esos terrenos aparecieron un día plantados cuatro palos en forma de sendos arcos sin travesaño, y eso fue suficiente para que la pasión futbolera de los muchachos de Tablada se concentrara en el lugar. El "viejo" Carman -afirma Roldan- fue el propulsor incansable que núcleo voluntades en gente allegada a la empresa ferroviaria, decidiéndose finalmente la creación de un club con "todas las de la ley". El acta 1 data del 6 de setiembre de 1906, recibiendo la institución el británico nombre de "The Córdoba and Rosario Railway Athlelic Club castellanizado en el habla popular por el "Córdoba y Rosario" con que se lo conoció hasta/l914; para esta última fecha cambio su denominación para adquirir la definitiva de Central Córdoba.
Central Córdoba, además de sus propios hinchas, es el "cuadro de la ciudad". Todo simpatizante de fútbol -cualquiera sea su divisa- se interesa por la suerte charrúa y "hace fuerza" para verlo ganador. Sus mejores campañas en los torneos del ascenso de la AFA se vieron siempre enmarcadas por su numerosa y seguidora hinchada "propia", engrosada notablemente por el resto de la ciudad, sin distinción de banderías.
Es probable que ese consenso generalizado que reciben los charrúas haya operado con el tiempo como mecanismo inconsciente del hincha de fútbol de la ciudad, acostumbrado al deleite de los grandes jugadores nacidos en esta urbe. Central Córdoba fue una usina proveedora de cracks que terminaron de plasmar sus notables condiciones en los dos clubes más importantes de la ciudad. Con la lujosa excepción de Gabino Sosa, los nombres de Vicente de la Mata, Waldino Dante Álvarez, Indalecio López, Ricardo Ráccaro y tantos más pasearon su fútbol de excelsa calidad -tras sus comienzos charrúas- en las otras instituciones rosarinas antes de trascender en el concierto futbolístico nacional.

Esa tradición de favorable consenso se ha continuado con el correr de los tiempos y llegar a nuestros días, en que la ciudad entera hace fuerza para verlo a central Córdoba en una posición mucho más airosa que la que ostenta en la actualidad, luchando en la: mediocridad de torneos sabatinos sin alicientes y de escaso nivel futbolístico. Pero el publico rosarino sigue siendo fiel al sentimiento de simpatía que despierta la casaca charrúa, igual que en 1973, cuando al influjo del talento de Cariovich, la potencia goleadora de Oscar Fachetti y el despliegue inteligente de Mainonis, logró el ascenso a Primera B, en una campaña excepcional. O como cuando, más atrás en el tiempo, la ciudad vibró de emoción tras el histórico triunfo de Central Córdoba en cancha de Quilmes que posibilitó su más grande halago: el ascenso a primera división.

Aquella tarde de fines de octubre de 1956, Rosario se vistió de azul para recibir a Palmintieri, Alvarez, Riboiro, Valenti, Villagra, Chan, Schubert, Fruttero, Leonetti, Ráccaro, Indale­cio López, Cechini. Federico, Delogú Bertral y otros que se escapan a la memoria, coronados en una , Jornada inolvidable. Recuerda el cronista (todavía hincha sin pretensiones de periodista), la impresionante recepción brindada a los campeones en Rosario Norte. Banderas de Central, Argentino, Tiro etc., flameaban junto a la de Tablada; un desfile monumental se armó espontáneamente desde la vieja estación ferroviaria hasta la sede de la avenida San Martín; en medio de tanto jolgorio, de semejante alegría, un morocho sesentón brillantes ojos negros y penetrante mirada, lloraba dignamente ante tamaña demostración.



Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 9 de Enero de 1991 . Autor Andrés Bossio

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