Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 17 de mayo de 2016

Un hombre de ignoto pasado

Por Rafael Ielpi



Es durante el período de mayor firmeza de Galiffi como jefe máximo cuando aparece en Rosario el que pretendería sucederlo, reformulando métodos y estrategias de la sociedad delictiva para pasar de la mera extorsión y el monopolio en los mercados al crimen, el secuestro y hasta el implacable ajuste de cuentas con los viejos capos.




Aquel personaje ostentoso irrumpiría bajo el exótico nombre de Alí Ben Amar de Sharpe, aunque el verdadero, al parecer, fuera realmente Francisco Marrone (algunos lo mencionan como Morrone), se trataba de otro italiano más, aunque se declaraba francés, ganado por la subyugante seducción de ingresar a la "honorable sociedad". Su ambición era desmedida: convertirse en "capo di capi" de una organización que, para él, estaba ya a contrapelo de su similar norteamericana, cuyos métodos le parecían más contundentes, con mayores y más rápidos réditos económicos.

Una personalidad extravagante, desde la indumentaria elegante y a la moda a los anillos con exagerados brillantes en sus manos, la apropiación de un título de ingeniero argelino, con chapa de tal en el frente de su residencia de Avenida Arijón al 1000, en el Barrio Saladillo, su presencia habitual en los restaurantes de moda y la ostentación, en suma, de una riqueza que nadie podía constatar como real entonces, iban a posibilitarle algo más: su ingreso a algunos sectores de la clase alta y su casamiento .en febrero de 1932 con María Esther Amato, una joven de la sociedad rosarina cuyo apellido no tenía vinculación alguna con su homónimo mafioso. Sí la tendrían con Galiffi su padre y hermanos, al punto de ser custodios de una parte de los bienes de aquél, al producirse su obligado alejamiento del país, y terminar acusados de haberse quedado con los mismos. En la ceremonia civil, el aprendiz de "capo" aportaría otros datos igualmente improbables: su condición de soltero y dos padres de origen árabe: Niyima Bazis, siria, y Elías de Sharpe, egipcio, a los que declara como fallecidos.

En El hampa porteña, González adiciona un dato poco difundido y tal vez asimismo incomprobable sobre Sharpe: Un buen día llegó un bandido argelino; afirmaba haber sido famoso jockey en Francia y eso le permitió vincularse a Galiffi. Héctor Nicolás Zinni, por su parte, retrata con perdurable colorido su figura: Desde su cuartel general partía a distintos lugares propicios para hacer conocer su personalidad; estacionando un automóvil de precio por la mañana y otro distinto por la tarde en la puerta de las confiterías de lujo, donde bebía su aperitivo, o del restaurante de categoría, donde almorzaba y cenaba. Al hacerse el servicio de peluquería en los mejores clubes y establecimientos rosarinos, abonaba con un billete de 10 pesos, suma elevada entonces, dejando el resto al oficial, como propina, consigna el historiador rosarino.
Me acuerdo perfectamente de Chicho Chico, porque vivía en nuestro barrio, en Saladillo, y a nosotros los chicos nos mandaba a comprarle cigarrillos. íbamos a las corridas porque después nos regalaba unas monedas cuando se los traíamos. No me acuerdo bien pero me parece recordar que a veces fumaba con una boquilla y que era un tipo que siempre estaba de lo más elegante...
(Oksanich: Testimonio citado)



Crítica iba a incluir un aspecto desconocido de quien es mencionado en sus ediciones de 1933 como Abahamar D' Sharpe: sus públicas vinculaciones políticas con el gobierno rosarino: Un viejo policía nos explicó como tendía los hilos para hacer de la mafia en la provincia y especialmente en Rosario, una asociación temible y complicada. Lo pone de manifiesto en forma terminante su dinamismo. Para la alta sociedad, era el hombre mundano, el caballero expectable, ingeniero, constructor, accionista de grandes empresas comerciales extranjeras, sportsman reputado. Para sus secuaces, Don Chicho; para los que había que proteger confines aviesos, Francisco Morrone. Y es así que bajo este último nombre aparecía frente al siciliano angustiado por la situación económica desesperante, al que salvó pero ya teniéndolo bajo sus redes. A más de uno le dio dinero para que con la cantina, con la venta de verdura u otros negocios, se fueran defendiendo.

En el año 29, D' Sharpe, bajo el nombre de Francisco Morrone, consiguió de la Municipalidad de Rosario que le concediera permisos precarios para hacer circular ómnibus en determinadas líneas. Generoso, espléndido, transfería dichos permisos en condiciones favorables, afin de que se le debieran atenciones. Fue empresario de ómnibus con la única finalidad de ayudar a quien llegara a precisar su ayuda, porque hábil y perspicaz pensaba que más de un agradecido le respondería y que más tarde podría ser un elemento incondicional, decía la nota de Crítica.

Aquellos contactos, aquella rumbosidad, aquella ostentación, ocultaban el lado oscuro de Marrone: sus vinculaciones directas con la mafia, a la que soñaba comandar. Antes de eso, entre 1930 y 1932, el presunto ingeniero estaría detrás de algunos de los golpes más resonantes de la organización, que serían a la vez el umbral de su derrumbe.

Esa seguidilla tendría uno de sus picos máximos en agosto de 1931 con el secuestro de un poderoso empresario de Venado Tuerto, Florencio Andueza, al que los mafiosos trasladan al Barrio 5 Esquinas rosarino y por quien la familia paga un fabuloso rescate de 100.000 pesos.

La negativa del propio secuestrado a brindar información a la policía (pese a la certeza de ésta de que la mafia había sido la organizadora del secuestro y al conocimiento que el Jefe de Investigaciones del departamento General López, Mario Escobar Larguía, había ido acumulando acerca de los jéfes mafiosos y sus encontrados intereses y rencillas) hizo que el caso no pudiera ser resuelto oportunamente.

Andueza, cuya familia pagó religiosamente el monto exigido por los secuestradores, se atuvo también él a los clásicos códigos de silencio de la mafia, seguramente atemorizado por las represalias de ésta, y llegó incluso a radicarse un largo tiempo en Chile, a fin de evitar todo interrogatorio policial que lo obligara a aceptar el secuestro y dar indicios sobre sus captores.

Es en ese momento cuando aparece en la ciudad la mención de un invisible "Don Pepe", que es quien ha planeado el secuestro y que no es otro que el mundano Ben Sharpe o Chicho Chico, como comenzaba a conocérsele, empeñado en su batalla por el control de la "societá". Fue él quien convocó para la operación a algunos mafiosos de probada experiencia como Gerardi y Capuani y a Antonio y Víctor Micheli, Celestino Fernández, Miguel Cruzetti, Segundo Brusiilatto, todos ellos detenidos en una primera redada realizada por Escobar Larguía y en la que no faltaron algunas "flores de la mafia" como Celestina y Pierina Brusillatto, amante de uno de los Micheli, y María Paggi. L falta de colaboración de Andueza y la imposibilidad por ello de probar el secuestro, hicieron que los detenidos terminaran recuperando la libertad en poco tiempo.

Sin embargo, el descubrimiento un año más tarde, el 12 de enero de 1932, del cadáver dejos¿ Amado, abandonado en un caiíino rural entre Estación Gould yVenado Tuerto, conduciría a la policía hacía la punta del ovillo. El muerto, de origen árabe, que se contara entre los partícipes del secuestro de Andueza, había sido acribillado a balazos en el interior de su Dodge 1930 por el propio Sharpe, por reclamar su parte del botín. Santos Gerardi, que caería a su vez en prisión en 1938, daría los detalles faltantes del caso, involucrando no sólo a Chicho Chico sino develando también la intrincada trama de otro crimen mafioso, el del procurador Domingo Romano, en 1930.

Este hecho, ocurrido el 28 de junio de ese año en Corrientes y Montevideo, constituyó una sórdida historia de codicia y parentescos familiares que incluía a Luis Vivet, hijo del multimillonario José Luis Vivet, que había muerto tres años antes en Francia. La cuantiosa herencia era discutida por Luis con sus hermanos Pedro Marcelo (que había sido declarado heredero pero que moriría al poco tiempo de locura senil), María Luisa y Alicia, quienes decidieron convocar al procurador Romano para que viajara a Francia en busca de una solución al entredicho familiar, teniendo en cuenta que el profesional había manejado los intereses del millonario en vida de éste.

Romano regresa de Europa con la anulación del testamento a favor de Pedro Marcelo, lo que constituía un principio de solución. Sin embargo, los Vivet lo desautorizan, empeñados en la pugna familiar, dando comienzo de ese modo a una disputa que se generaliza ya que Romano pleitea a su vez contra ellos por lo que considera una herencia vacante, opinión que comparte el Consejo de Educación, interesado también en quedarse con parte de la misma. En diciembre de 1929, el procurador inicia el juicio y dos meses después recibe un primer anónimo, seguido de amenazas telefónicas: todo indicaba que se había puesto en marcha contra él un típico operativo mafioso.

En el mismo tendrían aparente participación tanto Luis Vivet como su apoderado Salvador Lara (casado por su parte con Georgina SolariVivet, nieta del millonario), a quien se sindicó inicialmente, aunque con endebles pruebas, como el matador de Romano. La absolución de ambos pareció condenar el asunto al cajón de los casos insolubles, pero faltaba un inesperado ingrediente: el asesinato de Luis Vivet, en 1931, apuñalado mientras caminaba por calle Córdoba rumbo a su vivienda de la esquina de Laprida y Santa Fe, a cien metros del hecho. La detención de Santos Gerardi, en 1938, permitiría armar el rompecabezas del mismo modo que lo haría con el secuestro de Andueza.

El asesinato de Romano, en definitiva, había sido instigado por Vivet, quien encargó a su amigo Ernesto Davit la contratación de los "ejecutores". Estos eran notorios miembros de la mafia rosarina: el conocido Luis Dainotto (dilecto amigo de Juan Galiffi), Capuani, Gerardi, Nuncio Cannarozzo (que eligió marginarse del asunto a tiempo) y Juan Avena, el conocido "Senza Pavura", cerebro de la operación, quien sería además el encargado de repartir los cerca de 20 mil pesos pagados por Davit por el "trabajo", y de quedarse con una parte jugosa de ese monto, convirtiéndose de peón del Mercado en próspero mayorista.

Osvaldo Aguirre, en una exhaustiva investigación periodística de casos policiales en La Capital incluye un testimonio revelador: Gabriel de Toma comprobó que en agosto de 1930, un mes después de cometido el asesinato de Romano, su peón se convirtió en dueño de dos puestos de verduras. Y en diciembre del mismo año, Senza Pavura vendió esos puestos y se transformó en mayorista de pescadería. En forma repentina se lo empezó a ver bien vestido, cambiándose de traje dos veces por día y llevando encima muchas alhajas.

Una crónica de época de La Capital, refiere que se trataba de un hombre guapo que no se dejaba llevar por delante por nadie y a raíz de esas circunstancias intervino en algunos hechos de sangre. Obtuvo después su carta de ciudadanía argentina y se entreveró con la política, llegando a contar con un buen caudal electoral en la zona de la sección 9a.

Al poco tiempo, casi todos ellos (instigadores, cómplices y el autor material de los disparos contra Romano, que unos suponían había sido Gerardi y otros Capuani) habían caído bajo la propia violencia mafiosa o muerto en la cárcel en una seguidilla macabra que castigaba drásticamente tanto el incumplimiento del código de silencio como la delación o la cooperación con la policía o la justicia. La "honorable sociedad" consumía para entonces su reinado y sus hombres, empeñada en una frenética escala delictiva.

Detrás de todo ello estaba la mano de Chicho Chico, AH Ben Amar de Sharpe o Francisco Marrone o Morrone, que desde su residencia de Saladillo se creía cada vez más instalado en lo alto de la pirámide de un poder mafioso cuyo liderazgo avizoraba' como suyo en poco tiempo, aunque para lograrlo fuera menester la eliminación de algunos de los hombres encumbrados, incluido el propio Galiffi. Sería su más funesto error.
Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo II  editado 2005 por la Editorial homo Sapiens Ediciones

lunes, 16 de mayo de 2016

La presencia de Chicho Chico

Por Osvaldo Aguirre


Si bien Francisco Marrone, Chicho Chico, no intervino en el secuestro de Ayerza (había sido asesinado meses antes por orden de Juan Galiffi), su nombre aparece en varios testimonios del expediente judicial.

Salustiano López dijo que había visto a Salvador Rinaldi en compañía de Marrone, en Buenos Aires. Marrone se hacía llamar Don Chicho y estaba acompañado por una mujer morocha (María Esther Amato). "Se mostraba desprendido con el dinero, gastándolo en su negocio (López tenía un almacén) con prodigalidad, siendo generoso para invitar a tomar el vermut, lo que hicieron juntos en varias oportunidades", dijo. Salvador Camalleri, un chacarero de Marcos Juárez, dijo que lo conoció a través de José Consiglio, también como Don Chicho, quien lo llevó a cazar. Consiglio y Marrone habían sido amigos en Italia, de donde escaparon de per­secuciones judiciales. Juan Vinti y José Frenda, agregó Camalleri, le dijeron que Marrone "era hijo del barón de Agnelo, del pueblo de Cicolien (sic), pro­vincia de Agrigento". Don Chicho volvió varias veces por la zona, con Frenda y Vinti, "vistiendo siempre correctamen­te, y con muchas alhajas y en autos lujosos".
 
Fuente: Extraído el artículo de el diario “La Capital” del domingo 21 de Junio de 2013

viernes, 13 de mayo de 2016

ALT BEN AMAR de SHARPE (Chicho Chico)

Por Nicolás F. de Vita
 


Este también oscuro, personaje del que hasta su propia identidad ha sido un misterio pués en realidad nunca pudieron ser conocidos sus verdaderos nombres, ya que si bien se le individualizó más como Alí Ben Amar de Sharpe, otros lo han dado como Francisco Morrone o Marrone, Héctor Béhét, don Pepe y Don Felippo, pero más comúnmente como "Don Chicho Chico". Tampoco se le conoció su verdadero lugar de nacimiento ni cómo y cuando arribó a nuestro país.

Si tomamos como ciertas las declaraciones del Judas de la mafia, José L. Ruggenini, de quien nos ocuparemos preferentemente más adelante, el verdadero nombre lo era Francisco Marrone o Morrone, nacido en Sicilia y que el de "Alí Ben Amar de Sharpe" lo había tomado de un exitoso jóckey argelino residente en París, Francia, a quien Morrone, por el trato habitual que por las actividades hípicas tenía con el mismo, le dió oportunidad de sustraerle a éste sus documentos personales, los que luego de sustituir las fotografías originales por la suya, los empleó no sólo para eludir la acción de la policía italiana que lo buscaba por diversos delitos cometidos en ése país, sino para poder entrar libremente al nuestro. Siempre, dando por ciertas las recordadas informaciones de Ruggenini, quien se jactaba de haberlo conocido y gozar de la amistad de Chicho Chico, éste después de intentar vanamente ejercer la profesión de jockey en Montevideo y Buenos Aires, recaló en nuestra ciudad y en sus habituales presencias en las reuniones hípicas que se realizaban en el hipódromo local conoce a Galiffi, entonces propietario de cotizados caballos de carrera, con el cual llega a establecer una estrecha relación, la que los llevaría a aunar sus actividades delictivas; amistad que, como es de suponer, debía tener muy poco tiempo de duración, pués ambiciosos como lo eran no aceptaban ser lugartenientes uno del otro y, además, por no concordar en la forma de encarar los negocios en trámite.

Concretada la separación, Chicho Chico pasa a formar una nueva organización la que procura dotarla de una "técnica" más perfecta, moderna y menos peligrosa tanto para él como para sus seguidores, cosa que consideraba posible dado que no sólo era un hombre muy audaz sino también poseedor de una inteligencia singular, como así también un amplio conocimiento de como se manejaban las exitosas organizaciones similares tanto en Italia como en los Estados Unidos. Además reunía otros antecedentes más atrayentes que su ex-socio: Su elegante manera de vestir, sus modales delicados, la ostentación de lujos propios de personas de alta posición social, tales como finísimas alhajas, varios automóviles, la invocación de un falso título de Ingeniero, su estrecha vinculación con las más altas esferas sociales, políticas y culturales, pero más que nada un engañoso altruismo, aparentemente desinteresado, para con sus paisanos; etc., todos los cuales le sirvieron prontamente como valiosos antecedentes para que el mismo pudiere adentrarse profundamente en el alma de ésos pobres analfabetos peninsulares y con ello conseguir para sí los mayores réditos posibles.

Como era de esperar, en poco tiempo las bandas de los dos Chichos quedaron divididas y distanciadas, situación que se agravarí,a al máximo cuando el clan de Sharpe o Morrone, en abierto desafío a Galiffi, decreta la eliminación de los mafiosos Pendino, Dainotto y Curaba, tres compíscuos miembros de la secta de aquél; sentencia que se lleva a cabo en una chacra sita en el Distrito San Lorenzo, por Alfonso Vinti, quien decía ser hermano de Carmelo y Juan Vinti, pero que en realidad se llamaba José Consiglio y ser cuñado de los nombrados.

Como los lectores podrán apreciar, las declaraciones que en su momento Ruggenini efectuara a la prensa difieren en gran parte con las volcadas por otros estudiosos del tema en exitosas obras de su autoría. Pero, siempre queda flotando la duda, en realidad, ¿cuál de ellas se acerca a la verdad?. Evidentemente ¡ninguna! ya que el riguroso hermetismo que siempre ha rodeado las tenebrosas actividades de la mafia; la desaparición de los actores principales; la falsedad de sus oportunas declaraciones; el "non sacho niente"; etc.; hacen y harán materialmente imposible el poder llegar a develar los más íntimos secretos de la misma; y, por consiguiente, privados de poder acercarnos a la verdad de lo que realmente aconteció en esos momentos. No obstante, cada una de las nuevas investigaciones que se hacen, sirven de mucho para quienes quieran bucear más y más en esas aguas tan profundas y turbias.

'Esa fingida identidad personal de Sharpe hizo posible su pronta inserción en las más altas esferas de la sociedad Rosarina, dónde el "Ingeniero Argelino" pronto habría de acaparar la atención de todos, especialmente de las damas. Así fue cómo llegó a conocer a la señorita María Esther Amato con quien, luego de un corto noviazgo, habría de contraer enlace el día 22/2/1932. En realidad nunca ha podido ser puesto en claro cómo la señorita Amato pudo llegar a figurar entre las integrantes de tan elevada capa social, pues la misma era hija de un sastre llamado Nicolás Amato el qué, gracias a su honesta capacidad profesional, lograda a través de muchos años por la alta calidad artesanal de sus trabajos, le procuraron una excelente clientela, en su mayor parte de elevada posición económica. Así fue como pudo llegar a tener un buen pasar, pero en verdad y en un todo de acuerdo a referencias obtenidas de muy buena fuente, el señor Amato nunca llegó a ser un hombre de fortuna y menos aún de formar parte de la élite Rosarina como tan erróneamente muchos le atribuyeran. Su buen pasar le sirvió para hacer estudiar a sus hijos, uno de los cuales llegó a ser oficial del ejército Argentino, carrera que vió frustrada por su desgraciada vinculación política con quien fuera su cuñado; mientras que otros dos fueron, durante muchos años, caracterizados y honestos abogados del Foro de Rosario; pero de ello a una posición económica brillante, no hubo nada de cierto, sólo suposiciones malintencionadas. Prueba de todo lo antedicho lo es que don Nicolás Amato ni siquiera pudo llegar a tener casa propia, pues, durante muchos años y hasta casi el final de sus días, con su familia y en calidad de inquilino, ocupó la planta alta de la casa de calle Mendoza 2061. Lo único real y positivo de lo ocurrido a la familia Amato, a la que hasta se la pretendió hacer pasar como parte integrante de la mafia Rosarina, sólo puede serle atribuído a una gran pasión amorosa que en este caso jugó tan mala pasada a una jóven e inocente señorita qué, con la gran ilusión que toda mujer lleva al matrimonio, vió frustrado su dorado sueño y su porvenir por culpa única y exclusiva de un desalmado sin escrúpulo alguno, con el agregado de una injusta y dolorosa sentencia que, de por vida, la opinión pública decretó tanto para élla como para su familia y que todos, por igual, debieron soportar con honda y cristiana resignación hasta el fin de sus días.

Retornando al delincuente Sharpe, su carrera delictiva fue en realidad muy breve. Su accionar, lo mismo que la de Galiffi, siempre se mantuvo en el mayor de los secretos, tanto que hasta la que fuera su esposa no supo nada más de él a partir de los primeros seis meses de su matrimonio. A Chicho Chico, lo mismo que a su adversario, le endilgaron muchos ilícitos, pero tan sólo y a medias se le han podido contabilizar: Los secuestros de Florencio Andueza, el de Nannini y Gironacci, del Dr. Jaime Favelukes, Abel Ayerza y Santiago Hueyo; los asesinatos de los pseudos mafiosos Cayetano Pendino, Luis Dainotto y Cayetano Curaba; como así también otros menores que pudieron o no haber sido perpetrados por su órden; pero qué, con certeza o nó, en su inventario criminal, sólo figuran como cierto la muerte de los tres mafiosos indicados anteriormente.

En lo que a su faz personal se refiere, don Chicho Chico debió ser un hombre, además de ambicioso, de una inteligencia elevada; motivos por los cuales y como siempre ocurre en el hampa, debieron ser los factores desencadenantes que lo llevarían al triste final que su ex-socio, paisano o compinche, luego enemigo juramentado, apelando a los tristemente métodos empleados por la mafia siciliana, ante el peligro de poder pasar a perder su posición de capo único e indiscutido y, además, como vendetta por la muerte de tres de sus más fieles acólitos, habría de decretar la eliminación física de tan peligroso rival.

Su cadáver, mejor dicho de lo poco que de él quedaba, fue encontrado 6 años después de la ejecución en una quinta sita en Ituzaingó, Partido de Morón, en la Provincia de Buenos Aires, hallazgo que fue posible gracias a los informes suministrados a la policía por un ex-mafioso, Luis Corrado, que había sido choffer de Galiffi y que, en su momento, había participado del entierro poco ortodoxo de quien pretendió eclipsar vanamente la fama del capo máximo, el legendario Chicho Grande.

En definitiva, éstos dos tristemente célebres sujetos, que durante largo tiempo dieran tanto que hablar, fueron tan sólo simples aventureros, aprovechados oportunistas, que invocando una supuesta vinculación con la mafia siciliana, pero lejos de ser así, pretendieron crear dentro de nuestro país, principalmente en esta Provincia, organizaciones criminales similares a las que, impunemente y desde épocas muy lejanas, apañadas por corruptos políticos, magistrados y policías, desenvolvían sus actividades en el Sud de Italia, principalmente dentro de Sicilia y en menor escala en las regiones de Nápoles y Calabria; y en donde, la ciudad de Palermo, ha sido considerada en todos los tiempos como la capital internacional de la secta.

Pero los dos Chichos en ningún momento pudieron llegar a gozar de una preponderancia tal como para ser tenidos en cuenta por la "casa central" y por ende a ser realmente considerados como capos, padrinos o Don, en el verdadero sentido que cada una de dichas palabras tienen dentro del argot mafioso, como lo fueran, entre otros, en los EE.UU. los famosos Bos: Anastasía, Luciano, Capone, Luchesse, Costello, Genovese, Nitti, Gentile, Colósimo, etc.; todos ellos indiscutidos y reconocidos jefes dentro del sindicato del crimen organizado.

Si bien ello debe ser tomado con las mayores reservas, aquí conviene ser recordado lo que con respecto a la real existencia de la mafia en nuestro país, fuera expresado por el mismo Galiffi en una entrevista que un periodista del Diario Crítica de Buenos Aires, le efectuara en el mes de mayo de 1933 en la Jefatura de nuestra ciudad: "...La mafia es una institución que no es esta que se ha descubierto aquí...".

A su vez, la hija del mismo, Agata Galiffi (la nena), en un reportaje inserto en el diario Crítica el 23/6/1939, contestaba las preguntas del periodista, de la siguiente manera:
"P: —En la primera entrevista Vd. nos dijo
que la mafia no existía.
A.G.: Y lo repetiré siempre. Ella ha sido
creada por una serie de intereses vergonzosos.
P: —Sin embargo hay muchos capos detenidos.
A.G.: ¡Capos! Pobres italianos, sin cultura, que no
tienen encima ningún delito.
……………………………………………………...”
A partir del secuestro y asesinato de Ayerza, la suerte de las pseudas organizaciones mafiosas dentro de nuestro país, quedó definitivamente sellada. Desde entonces los argentinos, salvo algunos insignificantes hechos ocurridos en años posteriores, sin mayor trascendencia, nunca más hemos vuelto a tener referencias sobre el accionar de alguna supuesta mafia; mientras que tanto en Italia, como en los EE.UU., con hechos delictivos que escapan a toda consideración, la mafia no sólo no ha podido ser erradicada sino que se encuentra vigente con toda su fuerza y vigor, como lo demuestran recientes hechos perpetrados por la misma, tales como los asesinatos del Gral. Della Chiesa y de los juéces Dres. Giovanne Falcone yPaolo Borsellino, ejecutados por encontrarse los mismos activamente dedicados a combatirla con todos los medios a su alcance.
Es de esperar que la actual y futuras generaciones de argentinos nunca más tengan que vivir sugestionados por actividades de tal naturaleza. Estamos seguros que así será, no sólo por que la idiosincracia de nuestro pueblo no lo tolera, sino además por la falta de una inmigración indiscriminada, por otra educación, por nuevas leyes represivas y conceptos generales, pero más que nada por las alentadoras noticias que nos llegan de Italia, donde por primera vez en la historia de dicha nación, su pueblo ya hastiado de tantas tropelías, ha salido a la calle sin temor alguno a posibles represalias, a bregar en firme contra la tan temible secta siciliana, como lo demuestra la gran concentración, estimada en más de 100.000 personas provenientes de todas las regiones de la península, que se dieran cita en el mes de mayo de 1992 en la ciudad de Palermo, Sicilia, es decir en el mismo lugar donde la mafia nació, creció y se expandió; en donde, bajo los lemas "La esperanza nunca muere" y "Soñemos con una Italia libre de mafia", esos cientos de miles de honestos italianos han reclamado con firmeza y decisión a los partidos políticos y al mismo gobierno nacional, una efectiva e inmediata represión con el objeto de erradicar definitivamente esa antiquísima lacra que por medios criminales trata en lo posible de subrogarse todos los derechos legales y con ello, torciendo voluntades, instalar dentro de cada uno de los lugares en que desenvuelve sus actividades, mediante los métodos de secuestros, extorsiones, drogas, lupara y metralleta, centros de vicios y degradación moral.
Es de esperar que los reclamos del noble pueblo italiano no caiga en un vacío total; que la sangre vertida por sus recientes mártires Della Chiessa, Falcone, Borsellino y otros tantos no haya sido derramada en vano; y que, en forma definitiva, de una vez por todas, es decir para siempre, pueda acabarse con la existencia de tan nefasta como cruel asociación, aunque para ello tuvieran que apelarse a los métodos nada, convencionales que en su oportunidad y con tanta eficacia fueron usados por las "squadras" del dictador Benito Mussolini.
Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.

miércoles, 11 de mayo de 2016

JUAN GALIFFI, alias CHICHO GRANDE

Por Nicolás F. de Vita





Este notorio delincuente que durante mucho tiempo acaparó la atención de las autoridades policiales de todo el país, según referencias obtenidas, nació en Sicilia (Italia), en el año 1893; y arribó a nuestro país cuando contaba con 17 años de edad. Luego de estar radicado durante cierto espacio de tiempo en la ciudad de Buenos Aires, se trasladó a la

Juan Galiffi (Chicho Grande) ciudad de Gálvez, en nuestra provincia, donde según algunos abrió una pequeña fonda y otros un negocio de peluquería. Lo cierto es que uno u otro negocio, le habría de servir para ocultar sus verdaderas intenciones. Asimismo y desde el primer momento en que se acomodó en Gálvez comenzó a interesarse por la política, a cuyo efecto comenzó a frecuentar uno de los comités de un importante partido político de la provincia, a no dudar con el fin de ganar amigos influyentes para usarlos en el futuro. En el aspecto político siempre se jactaba de que, gracias a "su trabajo", el Dr. Enzo Bordabehere nunca había podido triunfar en aquella ciudad.

No obstante esa engañosa posición Galiffi, durante su estada en la ciudad de Buenos Aires, ya había estado sospechado en hechos policiales que le valieron algunas detenciones pero que siempre, con inteligencia y sagacidad, pudo eludirlos y por consiguiente salir indemne y libre de culpa y cargos.

Esos primeros pasos delictivos debieron haberle procurado a Galiffi pingües ganancias, sino ¿como se justifica que yá, en esa época, suposición económica era tan desahogada?. Evidentemente ella, de ninguna manera pudo haberla procurado con las utilidades que la fonda o la peluquería podían haberle proporcionado; pero lo real, cierto y positivo es que aquel pobre inmigrante siciliano, llegado con sus pobres pertenencias unos pocos años antes a nuestro país, ya era noticia en la aún modesta ciudad de Gálvez, donde además, sin contar siquiera con carta de ciudadanía, estaba dedicado de lleno a comprar votos o a torcer voluntades.

Más adelante, quizás con el fin de ampliar sus "exitosos negocios", Galiffi pasa a fijar su residencia en esta ciudad de Rosario, donde contando con la adhesión de un grupo de connacionales entra a controlar en poco tiempo el mercado de frutas y huevos; y con ello no sólo consigue acrecentar su capital sino que también, como hombre de acción que era, como un padrino querido, respetado y obedecido por sus seguidores, su figura va adquiriendo la dimensión que él a no dudar buscaba, es decir el de constituirse en capo indiscutido.

Poco tiempo después su nombre vuelve a aparecer en las crónicas policiales, acusado de encontrarse involucrado en una seria estafa cometida en la ciudad de Buenos Aires por la compra de maderas finas; delito que tampoco pudo serle comprobado. Vuelve a nuestra ciudad y, al poco tiempo, entra a organizar una asociación mafiosa al estilo de la que entonces asolaban las Ciudades de Chicago y Nueva York. En primer lugar comienza por extorsionar a comerciantes e industriales mediante el ya comentado recurso de imponerles el pago obligatorio mensual de una determinada suma de dinero como protección personal y para ayuda de los connacionales necesitados. Esta actividad le posibilitaría a Galiffi y a su gente lograr un fácil y lucrativo negocio, como así también la posibilidad de encarar otros de mayor envergadura.

Al llegar al año 1930 a Galiffi se lo conoce como un importante industrial, con negocios en esta ciudad y en la de Buenos Aires, en donde se dedicaba con preferencia a la fabricación de muebles de estilo, por encargue y de primera calidad. Pareciere ser que a Don Juan o a don Chicho como lo llamaban sus allegados, le atraían los negocios de la madera, como así lo hemos podido observar. Gracias a sus ostentaciones se lo consideraba un hombre de fortuna, posición que lo ratificaban las contínuas compras de valiosas propiedades en muchas partes del país; dueño único de una bodega en Mendoza; y amante como lo era del turf, a mérito de los studs de su pertenencia, entra a formar parte de la élite de propietarios de pour-sangs y sus caballos Fausto y Guaira le darían la oportunidad de recibir los aplausos de los aficionados durante el paseo triunfal. No obstante todo lo antedicho, sería ingenuo pensar que esa imagen de hombre de bien le habría de hacer desistir de sus primitivas actividades, esas que le habían procurado enormes ganancias. Por el contrario, ellas no sólo se mantenían vigentes sino con deseos de ser ampliadas.

De la actividad ilícita que directa o indirectamente le fueran contabilizadas, sobresalen netamente la estafa cometida a Lorenzo Bordoy por la compra de maderas finas; la muerte del periodista Silvio Alzogaray y la del capo rival Chicho Chico; el secuestro del comerciante Marcelo Martín; etc.; hechos que no sólo él siempre los negó sino que tampoco pudieron o no quisieron serles probados fehacientemente; pero que a no dudar, si ellos no fueron ejecutados por su propia mano, lo fueron por órden directa del mismo; no obstante, esos delitos y otros anexos habrían de servir para que, en el mes de abril de 1935, le fuera aplicada la Ley N° 4144/02, llamada de "Residencia" y con ello ser de inmediato deportado a su país de origen, en donde vivió cómodamente hasta el 30/6/1943 cuando en plena guerra mundial, en una incursión aérea que la aviación aliada efectuara sobre la ciudad de Milán, el mismo muere presumiblemente por efectos de un paro cardíaco, producido quizás por miedo, llevándose consigo a la tumba todos los grandes secretos que, como presunto capo de la mafia en nuestro país, debía albergar su mente.
Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.

martes, 10 de mayo de 2016

Don Juan (a) Chicho Grande

por Osvaldo Agüirre


Juan Galiffi iba a protagonizar parte esencial de la historia de la ma­fia en el país. Radicado primero en la ciudad de Gálvez, por entonces impor­tante nudo ferroviario, instala allí dos negocios habituales para muchos de sus paisanos: una fonda y (se afirma) una peluquería, que le permiten una cómo­da y rápida inserción en la comunidad, en la que se convierte en poco tiem­po en un comerciante próspero, al que se reconoce como buen conversador y amigo generoso.

Aquella apariencia escondía sin embargo otras actividades, que Ga­liffi llevaba adelante en lugares distantes. De ese modo, en octubre de 1912 y noviembre de 1913 es detenido en Salta por asaltos; en 1914 se lo condena por su participación en el ataque al Ingenio La Mendieta jujeño y en 1928 se lo encuentra implicado en un proceso por estafa. El periodista Justo Palacios evocaría en La Tribuna, en 1974, parte de ese periplo de Galiffi, aun con al­gunas disidencias respecto de las ocupaciones del que después se conocería co­mo Chicho Grande.

"Acá se dedicaba a manejar la quiniela y todo eso. Era fondero de Gálvez -escribió Palacios-, famoso y conocido por todos los ferroviarios. Viene un dia a Rosario y se hace dueño de la Mofa. Los lugartenientes de don Juan fueron Curaba, que era el hombre fuerte, de familia tradi­cional; los Dainotto, que actuaban en la zona de Echesortmy los Pendino, que estaban en la zona de Avda. Pellegrini En el barrio Refinería, donde había conventillos como de cien piezas llenos de turcos y criollos, vivían también italianos mafiosos. Ellos empie­zan a bancar el juego, están en la vida del Mercado de Abasto y del Mercado Central"

A mediados de la década del 20, Galiffi se radica en Rosario, donde vuelve a insistir, según testimonios coincidentes, con la "pantalla" de una peluquería, instalada en calle Mitre al 1300. Entre sus clientes re­gulares se contaría un paisano, Cayetano Pendino, al que se sindicaba desde los años del Centenario co­mo uno de los capos mafiosos de la ciudad.

Aquellos años de don Juan en Rosario, donde se lo conoce y llama casi devotamente Don Chicho y más tar­de -para dimensionar su poderío- Chicho Grande, fueron los de la consolidación de sus "negocios" en la ciudad: decidido monopolio del co­mercio de las verduras, frutas y; hortalizas en los mercados locales, y el tradi­cional sistema de extorsiones y amenazas que en ocasiones lograban su efec­to con amenazas postales y en otras, con los secuestros. Todo sin salir de un bajo perfil que impidiera que la Mafia se convirtiera en noticia resonante, es­trategia grata a Galiffi pero errónea a juicio de quien pretendía sucederlo.

Para 1930, al producirse el golpe militar de Uriburu -visto con sim­patía por algunos rosarinos.como Lisandro de la Torre, quien se reuniera más de una vez con el dictador-, Galiffi está instalado ya en Buenos Aires. Allí, desde su vivienda de Pringles 1255, maneja dos actividades disímiles: la de propietario de una fábrica de muebles de estilo, y la de reconocido turíman, cuyos caballos -algunos ganadores de muchas carreras como Fausto- corrían regularmente en el Hipódromo de La Plata pero no en el de Palermo, donde lo impedía la negativa de los miembros de la comisión directiva del exclusivo Jockey Club.

Ya por entonces Galiffi había establecido sólidas vincu­laciones con políticos, jueces, policías y personajes cercanos al po­der, había adquirido tierras en la provincia de San Juan por un total cercano a los 280 mil pesos, y se confesaba perseguido in­justamente por la ley.

El poder de Chicho Grande le costaría sin embargo sus sinsabores. Primero, un complot organizado por otros capos ma­fiosos para asesinarlo, durante una jornada hípica, que termina­ría exactamente al revés de lo planeado, con la muerte de los frus­trados "ejecutores" a manos de los hombres de Galiffi. Después, la aparición de un temible competidor, empeñado en quedarse con la conducción absoluta de la mafia y cuya estrella sería tanto o más fugaz que el propio esplendor de la organización: Chicho Chico. Con él comenzaría un ciclo de acciones mucho más no­torias, que tendrían a Rosario como centro, serían titulares de los diarios na­cionales y culminarían con su oscura muerte, decretada por aquel a quien ha­bía soñado suplantar.
Fuente: Extraído el artículo de diario “La Capital” del domingo 21 de junio de 2013

lunes, 9 de mayo de 2016

"Don Chicho" hay uno solo

Por Rafael Ielpi


A la cadena de hechos mafiosos se agregarían otros eslabones tenebrosos, siempre en 1932: el secuestro (el 31 de marzo),en las cer­canías de Arroyo Seco, de dos jóvenes: Julio Nannini, de 19 años, hijo de un comerciante que había amasado unaconsiderable fortuna v que ya había sido amenazado dos décadas atrás por La Mano Negra, v Carlos Gironacci, de 15 años.

Los secuestradores tenían una larga militancia mañosa y se contaban entre los hombres de Chicho Chico, aunque algunos de ellos ya habían iniciado sus actividades delictivas antes de la llegada de este: Santos Gerardi, Romeo Capuani, Francisco Campeone, Juan Vinii, José Frendajosé Consigno y José La Torre. La casa de otro italiano, Carlos Buttice, en una zona suburbana de Rosario, sería utilizada tomo primer alojamiento de los dos secuestrados, a los que trasladaron luego a Marcos Juárez mientras esperaban la respuesta de la familia Nannini al pedido de rescate de los jóvenes, que los mafiosos habían fijado en 200 mil pesos.

Esta vez fue la vivienda de José Piazza, otro de los cientos de "colaboradores", la que sirvió de forzado albergue en la ciudad cordobesa, en la que la mafia tenía también sus fieles adeptos. La precariedad de la seguridad del lugar y la ineptitud de Buttice y Piazza, en quienes se habían delegado la custodia y vigilancia, posibilitaron la fuga de Nannini y Gironacci, quienes con ayuda de un vecino pudie ron dar con la comisaría y denunciar a sus raptores.

La policía rosarina iba a contar con un valioso aliado para avan zar en la investigación inicial del secuestro: el mañoso La Torre, 1 quien se conocía como confidente y amigo de dos de los jefes relevantes: el sospechado De la Fuente, especialmente, y Ernesto Carreras. Sería La Torre quien actuaría como oficioso intermediario entre los secuestradores y la policía hasta que se produjo la huida de los dos jóvenes y se tomó conocimiento de los implicados. De éstos, sólo Buttice, Piazza,Vinti y Frenda serían detenidos. Poco después los dos últimos, más algunos de los que consiguieron eludir larazzia policial, serían notorios protagonistas de hechos mucho mas resonantes.

Al secuestro de los dos jóvenes se suma el 4 de octubre de 1932 el del doctor Jaime Favalukes, en la Capital Federal, un prestigioso médico, vinculado asimismo a las organizaciones judías que luchaban contra la trata de blancas, que paga el rescate y es liberado en medio de una profusa cobertura periodística del caso, que iba desde la vieja Caras y Caretas al sensacionalismo de Crítica. La operación fue diri y planificada por el propio Chicho Chico con la participación del "clan siciliano" de rigor, integrado esta vez por Miguel Ángel Amorelli, Nicolás Traiana, Francisco Ferlisi, que aportaron el dinero para alqui­lar la vivienda donde estuvo secuestrado el médico; Felipe Tomaselli, Simón Samburgo, José Canicatti, Juan Giardina y Salvador Chiarenza, a quienes se agregaría un ruso, Nathan Goldberg, quien actuaría como entregador de su connacional. La mafia había incursionado por pri­mera vez, de modo notorio, en la propia capital argentina.

A estas acciones típicas de la organización se sumaría el 8 de octu­bre, coincidentemente con la liberación de Favalukes, el asesinato del periodista Silvio Alzogaray, un cronista del diario Crítica asignado a Rosario para cubrir los hechos de la mafia y de paso alejarlo de las represalias de la Zwi Migdal, la sociedad de rufianes judíos denunciada por él en una serie de notas publicadas en ese medio.

El diario de Bottana encabezaba una fuerte campaña en pro de la eliminación de la mafia, operativo que Galiffi atribuía a su negativa a venderle al magnate periodístico su caballo Fausto. El "Negro" Alzogaray, que se alojaba en una vivienda familiar de Montevideo 2302, fue avisado por la encargada, cerca de las nueve de la noche, que un hombre lo reclamaba en la puerta de calle. En realidad, se trataba de un grupo que había arribado en un automóvil, a la usanza habitual de los mafiosos, del que se desprendería uno para hacer el llamado. Al salir a la puerta, desprevenido, el periodista fue literalmente fusilado de cinco balazos.

Los responsables eran, una vez más, los mismos: Carlos Cacciatore, como chofer, y Micheli, Campeone y Cacciato, que serían los encargados de los disparos. Poco antes, en septiembre, el periodista de 38 años había publicado en Crítica algo que sin duda era preocupante para la "hono­rable sociedad" con sede en Rosario: La organización está formada por asesinos que matan porque se sienten amparados; cuando desaparezca la complacencia, se terminará su actuación. Detengan a uno solo de los grandes y se verá como "cantan"los nombres...

La repercusión del hecho a través del diario y la sanguinaria eje­cución desataron, como nunca antes, la indignación en Rosario mien­tras arreciaba la presión de la prensa. La policía rosarina, con sus jefes Carreras, Félix de la Fuente y Martínez Bayo al frente, activa una serie de procedimientos que hacia el 17 de octubre permiten la detención de casi un centenar de mafiosos que van quedando libres durante la semana. El dato no debe extrañar si se tienen en cuenta los testimo­nios que denunciaban entonces, por ejemplo, la intervención ante jue­ces y policías del propio ministro del Interior Leopoldo Meló en favor de más de un prominente miembro de la organización, o el trato defe­rente y preferencial que algunos altos jefes policiales, como el men­cionado Martínez Bayo, se dice tenían con Juan Galiffi.

Decía Stéfano Bardelli que decía la leyenda que el comisario Martínez Bayo era el inventor, o más exactamente, el descubridor de uno de los ingenios más difundidos y temidos de la historia argentina: la picana eléctrica. Decía igualmente que había encontrado su fuente de inspiración en el campo, donde se empleaba un instrumento de parecidas caracterís­ticas, aunque de mucho mayores dimensiones, para imponer disciplina en el ganado y facilitar los arreos. La idea era sencilla: se trataba de gober­nar a los animales mediante descargas eléctricas de baja intensidad. Quienquiera que haya sido el que inició su empleo sobre seres humanos, perfeccionó el aparato, reduciendo el tamaño del electrodo para que pudiera aplicarse en zonas pequeñas (el glande o el interior de la vagina, las encías) y haciendo regulable la intensidad de las descargas, en cualquier caso mucho más fuertes que las de la picana de las bestias. Quizás Martínez Bayo no haya sido el gran ingeniero del mal, pero sifué el gran precur­sor de su uso...
(Vázquez-Rial: Op. cit.)



Otra vez González, colega de Alzogaray en Crítica, aporta datos diferentes, y sorprendentes: Chicho Grande todavía estaba en Rosario cuando un periodista llamado Alzogaray, corresponsal de Crítica, que había reunido muchos antecedentes sobre la mafia, trató de extorsionarlo pidiendo determinada suma para entregar los papeles que destinaba al diario. Simularon aceptar. Convinieron una entrevista y cuando se disponía a entregar los pape­les lo acribillaron a balazos. En cambio, otro corresponsal que mantuvo relacio­nes con los mafiosos salió electo concejal...

La versión consignada, que encontraría también propaladores rosarinos como La Tribuna, habría tenido un objetivo preciso. Osvaldo Aguirre, en su investigación sobre la mafia en Rosario, consigna datos sugerentes: El propósito de la calumnia resultaba obvio: desviar la investi­gación. Menos claro resultaba su origen. Las denuncias de Alzogaray también habían alcanzado a la policía santafesina, de la que La Tribuna era entonces vocero y ardiente defensor. Había informado sobre apremios ilegales a obreros en el barrio de Arroyito, y un mes antes de morir, a propósito de la mafia, escribió como se mencionara: la organización está formada por asesinos que matan porque se sienten amarados; cuando desaparezca la complacencia, se terminará su audacia... De donde no es difícil deducir que su muerte tranquilizaba a más de uno.

Algunos testimonios suponen incluso que la propia familia de los Amato (vinculados a Chicho Chico por el matrimonio de esté ) pudo haber tenido alguna relación con la muerte de Alzogaray, pero el supuesto no pudo fundarse, hasta ahora en datos fehacientes.-

Todos estos hechos, cuyo mentor había sido aquel presunto francés, árabe o siciliano al que la "vieja guardia” mañosa conside­raba un advenedizo, habían tenido un antecedente que demostraba la personalidad de Chicho Chico y sus ansias de poder, aunque su conexión con el caso recién saldría a la luz en 1938 al ser detenidos los mafiosos que intervinieron en el asesinato de Alzogaray. Ese ante­cedente sería el asesinato de Curaba, Dainotto Y Pendino (flor y nata de esa vieja guardia comandada por Juan Galiffi) ordenado por él en 1931.

En ambos episodios actuarían hombres conocidos por su relación anterior con el delito mafioso como Carlos Cacciatore, Juan Michelh y otros como Felipe Campeona Benito Tuttolomondo, Blas Bonsignore y José La Torre, mientras que la ejecución del trío también lo haría el propio Chicho Chico. El escalofriante relato de Michelli permitió reconstruir en 1938 el simulacro de juicio a que el viejo fueron sometidos Curaba y Dainotto antes de su asesinato, y el modo en que el viejo capo Pendino fue llevado con engaños. Desde su casa de Montevideo al 1300 hasta la ciudad de San Lorenzo, bajo la promesa de una reunión que rubricaría un acuerdo de no agresión entre los antiguos jefes y el ascen­dente Ben Amar de Sharpe.

Aquel "tribunal" mafioso se reunió el 27 de abril de 1931 en una quinta de propiedad de Juan Logiá como y lo integraban además más de los nombrados, otros como Santiago Bué, Felipe Scilabra, Carlos Radussojosé Consiglio, Diego Ulino, Luis Montagna, Gaspar y Esteban Bracalera, Vicente y los conocidos Capuani y Gerardi, presididos por Chichi Chico. La reunión, que se había con­cretado con la excusa de buscar un entendimiento entre la vieja y la terminaría abruptamente ton la condena de Dainotto y Curaba, presentes en el cónclave, y su posterior ejecución a manos de Micheli, Cacciatore, Campeone, Bonsignore y La Torre.

Gerardi sería el encargado de trasladar los cadáveres en su auto v Radusso. de enterrarlos cerca de las orillas de Carcarañá, en la locali­dad de Serodino, donde los hallaría Bernardo Stábile, un vecino tam­bién de origen italiano. El cadáver de Pendino, a su vez, sería desenterrado siete años más tarde en un paraje conocido como Barrai a Rodríguez, cuando ya los esplendores de la mafia eran sólo un cer­cano recuerdo.

El diario de Bottana recogería un extenso testimonio de Micheli que incluía confesiones como éstas: Cuando dieron orden de matarlos, no hice otra cosa que cumplir con mi deber. Curaba estaba muy asustado: atando lo hicimos salir temblaba y no opuso resistencia. En cambio Dainotto, que era un hombre fuerte, se dio cuenta enseguida que estaba condenado a muerte y quiso resistirse. Alcanzó a darme unos golpes pero pronto lo dominamos. Un alambre colocado en el cuello hizo que pasara al otro mundo. Los crímenes culminarían con la ejecución de Pendino, mediante el mismo sistema del alambre; la confesión de Michelli consignaba con absoluta frialdad la vigencia de un código implacable de respeto a las órdenes de la mafia y el repudio a los flojos o delatores: Después se hicieron desaparecer los cadá­veres y nada hubiera pasado si todos fueran hombres como es debido...
 
Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo II  editado 2005 por la Editorial homo Sapiens Ediciones

viernes, 6 de mayo de 2016

LA MAFIA EN EL SALADILLO



La mafia en la Argentina, cuyo esplendor y actividades se extendieron desde la déca­da del 10 hasta 1939, tam­bién estuvo relacionada con el barrio rosarino de Saladillo, como que en una vivienda del mismo se radicaría hacia 1930 Francisco Morrone o Alí Ben Amar de Sharpe, más cono­cido como Chicho Chico, últi­mo de los nombres célebres de la tenebrosa organización cu­ya jefatura ostentaría, con mano de hierro, Juan Galiffi o Chicho Grande, guíen evitaría la cárcel y la condena al huir a Italia y radicarse nueva­mente en su tierra siciliana, al amparo del régimen mussoliniano.

Las andanzas de ambos mafiosos por Rosario fueron mo­tivo de una profusa literatura policial en los diarios de la época, Héctor Nicolás Zinni, en La mafia en la Argentina se nota a propósito de Chicho Chico: "El recién llegado "in­geniero" argelino alquiló en el barrio Saladillo, de Rosa­rio, una suntuosa vivienda, en cuya puerta de Arijón 1010 colocó una chapa de profesional, Chicho Chico, con su ac­tuación posterior al secuestro de Andueza, con el que inau­gura su vertiginosa carrera, no sólo va a disputar la jefa­tura de la Mafia a los peque­ños capos y aun al más grande de todos, que es Galiffi, sino que destruirá, inconsciente­mente, el imperio mafioso en la Argentina, al protagonizar hechos de gran violencia con­tra profesionales notorios o acaudalados e influyentes personajes".

Fuente: Extraído de la revista “Rosario, Historias de aquí a la vuelta”. Fascículo Nº 15 de Julio 1991. Autores: Sandra A. Bembo-Nelly I. Sander de Foster – Marisa Richa.