Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 18 de marzo de 2014

Recreos, biógrafos y pabellones



 A todos ellos se agregarían los recreos, otros ámbitos de emetenimiento para los rosarinos de comienzos de siglo y años postenores. en los que "dar cine" se convertía en una buena inversión para la temporada veraniega. Se iba a ver cine entonces al Recreo de los Baños del Saladillo, donde también se combatía la canícula con un chapuzón: el Recreo Echesortu, cuyo emplazamiento coincidiría, en el tiempo, con el del Cine Echesortu, una gran sala destinada hoy a otros usos; el Recreo Arroyito, lindante con el puente que salvaba el arroyo Ludueña, en lo que muchos calificaban como los extramuros del Rosario; el Recreo La Floresta, en Maipú al 1800, cuyo nom­bre hacía poética alusión a su enclave, en medio de una nutrida arbo­leda; el Recreo Edén Ar­gentino, en San Martín entre Montevideo y Avda. Pellegrini, o el Pa­bellón Argentino de Córdoba y Paraguay.
Podría añadirse a la lista el Recreo de la Montañita del Parque Independencia, al que en 1910 se conocía también como Confitería del Parque . Su existencia fue larga y en 1921 La Capital lo publicitaba aún como "biógrafo al aire libre, el mejor y más antiguo de la ciu­dad..." Es en esa primera década del siglo y mu­cho más a partir de 1910 cuando comienzan a ser instaladas las llamadas ya salas cinematográficas a secas, algunas de las cuales perdurarían hasta no hace muchos años mientras otras pasaban a convertirse en gim­nasios, supermercados, confiterías bailables o templos evangelistas, todo por el mismo precio...
Contemporáneos de ellas eran aquellos locales que proyectaban también cine como un agregado a su quehacer cotidiano.
Era el caso del Cinema Colón, en San Martín Cuello. Al Belgrano se agrega­ban el Biógrafo El Águila, en Avda. Pellegrini 1480; el 1845, y el Café Belgrano. en San Martín 1095. al que sucederá el cine del mismo nombre.
San Martín era por entonces, además de la calle del Mercado -primero Sud y después Central- y de los bancos y casas de cambio, una especie de calle Lavalle porteña, donde abundaban los cines y en el Café Belgrano. poco antes de su cierre, se estrenaría en 1912 una de las primeras pelícu­las argentinas: la epopeya del gaucho Juan Cinematógrafo La Plata, cuyo nombre respondía a la calle donde estaba ubicado -luego no­minada Ovidio Lagos- y que se llamaría Edison primero y Cine Gardel después...
Se mezclaban todavía entre 1910 y 1920, como lugares donde se pro­yectaban filmes, el Edén Park, de Avda. Pellegrini al 1200; el Cine Mitre en Jujuy y Pichincha donde se percibían aromas prostibularios, o el Pabe­llón de las Rosas, en las proximidades del Parque Independencia. A e se sumarían año a año, cuando no mes a mes, algunos con nombres que aún despiertan cierta resonancia memoriosa. Son los casos del Edén, en Salta 1740; La Estrella, en Jujuy y Bvard. Oroñó, también llamado después Modelo; el Ideal, de San Martín entre Zeballos y Montevideo; el Pampero, en Güemes 2344, que también sufriría mudanzas en su nomen­clatura, ya que se llamó sucesivamente El Favorito, hacia 1918, y luego Libertad, en homenaje a Libertad Lamarque. en los años de sus primeros triunfos, an­teriores a 1930.
Hacia 1920 los rosarinos ya podían decirse unos a otros Voy al cine o ¿Vamos al cine?, sabiendo que esta­ban hablando de ir a un lugar específicamente preparado pa­ra recibir espectadores en con­diciones de comodidad e higiene más o menos gratifican­tes según los locales. Esos cines de finales de la primera década y sobre todo de finales de la segunda, albergaban asimismo a las primeras generaciones de cinéfilos rosarinos, quienes generarían después instituciones como los cine-clubes o cine-arte.

El Palace Theatre. uno de esos recintos, en Córdoba al 1300, publicitaba en los años de la II Guerra Mundial, junto a las películas sobre el con­flicto bélico, atractivos como "Los misterios del Circo Real", en 10 episodios, o "La mujer joya", en 25 entregas, interminables sagas fílmicas que mantenían en vilo a la audiencia durante días y días. Otro tanto hacía el Smart. en Rioja 960. conocido luego como Social Theatre. en el mismo predio que ocuparía años después el Cine Astral.
En esos años, la ciudad tenía sus estre­llas predilectas, desde las norteamericanas Pearl White, perseguida por la famosa "mano que aprieta", a Mary Pickford, Theda Bara, Clara Bow, Lilian Harvey, Constance Talmadge. Dororthy Green Gloria Swanson; la dane­sa Asta Nielsen y muchas otras.
Los fervores de la platea femenina, en cambio, se dirigían a dos galanes paradigmáticos de los primeros treinta años del cine: Douglas Fairbanks, por un lado, y el italiano Rodolfo Valentino. No menos célebres serían otros "amantes latinos" como Ramón Novarro o Ricardo Cortez, aunque na­die destronaría del corazón de chicos y adoles­centes a los héroes del entonces incipiente "werstern": William Farnun, William Hart, Tom Mix.


Fuente: Extraído  de la Colección “Vida Cotidiana de 1900-1930 del Autor Rafael Ielpi del fascículo N• 11



jueves, 13 de marzo de 2014

Ómnibus y Colectivos de Rosario



Por Adrián Yodice
En nuestra ciudad
En Rosario, el primer servicio de ómnibus automotor se remonta a 1911 realizando ocho viajes diarios entre el centro de la ciudad y el recientemente creado Barrio Godoy, servicio cuya existencia fue efímera. Partía de la plaza 25 de Mayo continuando por calle Córdoba, bulevar Oroño, 9 de Julio, calle Plata (hoy Ovidio Lagos) y las avenidas Godoy (hoy Presidente Perón), Provincias Unidas y Central (actual Rivarola), pasando por el Cementerio La Piedad. (2) Con el avance de la mecánica, los automotores se vuelven más confiables y el ómnibus retorna a nuestras calles. Rosario por aquellos años tenía una de las mayores tasas de crecimiento poblacional, superando todas las proyecciones, se creaban nuevos barrios y la ciudad se iba extendien­do más allá de los límites previstos. El transporte público de pasajeros constituyó un gran problema ya que el sistema tranviario no alcanzaba a cubrir las necesidades de la ciudadanía y existían muchos cuestionamientos desde el gobierno de la ciudad hacia la concesionaria del servicio -perteneciente al Grupo Belga SOFINA- por los constantes incumplimientos.
Es así como surgió la Ordenanza N° 23, de noviembre de 1923, que habilitaba a particulares que poseyeran vehículos automotores a fijar recorridos, horarios y tarifas para establecer servicios de ómnibus que mejoraran la situa­ción. Esto dio lugar a la utilización de automóviles que se llamaron Auto-Omnibus y fueron motivo de caos y dolores de cabeza para gobernantes y empresarios de aquel entonces por la falta de controles y competencia desleal con los tranvías.
Afines de 1925 existían patentados 35 ómnibus y en la Memoria de la Intendencia Municipal correspon­diente a 1926 (página 27) se califica de "explosivo" el aumento de este servicio, favorecido por la intro­ducción de chasis de conocidas marcas norteamericanas y su venta a largo plazo, los que eran carroza-dos en importantes talleres locales. Según información del Archivo Mikielievich, en julio de 1932 circulaban 209 ómnibus distribui­dos en 17 líneas. (2).
Bibliografía
(1)"100 años viajando en Ómnibus". Autor: Anibal F Trasmonte, publicado en www.busarg.com.ar
(2)"La aparición del ómnibus en Rosario" de Alberto Montes. Revistado Histonade Rosario Año XVII N°3!.

Fuente: Extraído de la Revista Rosario y su Historia. Fascículo N• 35 de Octubre de 2005

martes, 11 de marzo de 2014

EL GRAN ENRICO



Por Rafael Ielpi

Este no era ciertamente un desconocido en la Argentina, ya que había cantado en Buenos Aires en 1889, 1900, 1901 y 1903, en la Ópera porteña. En 1901, por ejemplo, dirigido por Arturo Toscarini, cantó Rigoletto coincidentemente con la celebración de los 80 años del general Mitre, en un función que tuvo a “don Bartolo”, ya convertido en u prócer en vida, más allá de los muchos enconos que se ganara, sobre todo por sus manejos políticos, entre los espectadores que aplaudieron con entusiasmo al tenor napolitano.
Cuando llegó a Rosario estaba en su plenitud y era conocido y admirado por sus grabaciones que se sucedían a un ritmo inusual. Caruso fue consecuente con el disco y el primer gran artista en aceptarlo y poner su arte al servicio de esa nueva y maravillosa técnica, de llegaría demasiado tarde, como en el caso de Julián Gayarre.
El debut se produjo el 9 de julio de 1915 con la obra Manón Lescaut, en la Gilda Dalla Rizza era coprotagonista. Con ella Hipólito Lázaro y  Mario Sanmarco, a los que sumaron en una escala Fleta y la Galli-Curci, hacia viajado Caruso hacia la Argentina en el “ Príncipe de Udine”, con una compañía que traía consigo hasta un experto en “claque”, que seguramente no necesitó aquí incentivar el aplauso.
Después de una rápida gira a Córdoba y Tucumán, con triunfos similares, Caruso volvió a La Ópera a cantar uno de sus grandes papeles: el de Ipagliacci. El suceso fue esta vez impresionante y es difundida anécdota del grupo de una cincuentena de mandolinas pulsadas en entusiastas músicos italianos que lo siguieron hasta el hotel, como homenaje a su arte, al son de canzonetas y temas de la patria común y lejana.
El comentario crítico no mezquinaba ditirambos, aunque bien ganados: Su voz es sonora, vigorosa, a la vez que delicada, de una asombrosa homogeneidad. Su canto es siempre de un sentimiento profundo y viril y lo que justamente ha colocado a Casuro en el más alto pedestal del arte lírico es el exquisito buen gusto con que canta, muy personal y característico, esa dicción perfecta y la verdad con que encarna al personaje, escribió La Capital.
El auditorio tampoco se anduvo con medias tintas y el tenor debió responder once llamadas a escena para el saludo de rigor. El calor de imborrable impresión sobre el lugar. Antes de abandonar esta ciudad, le escribiría antes de partir a José Mecca, administrador de La Ópera, me es grato manifestar que las condiciones acústicas de este gran teatro son tan completas que nada tienen que envidiarle a los más importantes coliseos del mundo que he visitado durante mi carrera artística, y  en tal sentido es parecido al Metropolitan de Nueva York. Lo saluda muy afectuosamente, su atento, Enrico Caruso. Un agregado, entre paréntesis, revela su gentuza: Ya que ello ha de enorgullecer al propietario de La Ópera, don Emilio Schiffner. Éste debe haber recibido el elogio con mejor talante que el que tuviera al enterarse del estreno de La gente honesta, que le “dedicara” Florencio Sánchez trece años antes…
Lo cierto es que Caruso, que había dejado un recuerdo imborrable en todos los que lo escuchaban, desde los inmigrantes ( los “paesanos” arracimados en el gallinero de La Ópera) a la próspera burguesía, en gran parte del mismo origen itálico, que ocupaba los costosos palcos y las plateas, no volvería a Rosario. Aquel a quien su amigo Walter Mocchi definiera como el más caro de los artistas, cantaría de nuevo en Buenos Aires dos años después, en 1917, y a pesar de ser anunciado tanto en Rosario como en el Teatro Argentino de la Plata, sólo se trató, en ambos casos de buenas pero frustradas intenciones.
Aquellos de dos viajes finales a la Argentina, en de 1915 y el de 1917, lo vincularon ( de modo directo en un caso y de manera poco demostrable pero creíble, en el otro) con dos nombres importantes de la música popular argentina. En 1915, uno de los integrantes de la nutrida comparsa de demanda toda ópera que se precie de tal, era un joven aspirante a tenor, que abandonaría luego la lírica para  triunfar en otro género en el que también había dramas, perfidia, traiciones y muertes violentas como en la ópera. Se llamaba Agustín Magaldi.
En 1917, terminada su temporada en Buenos Aires, Caruso viajó a Montevideo. Allí según diversos testimonios que quizá no sean otra cosa que leyenda, o no, lo visitó un joven admirador que ya andaba por escenarios de poca monta cantando estilos y milongas. El tenor había encontrado grata la voz de aquel desconocido y condescendió a dejarle algunas recomendaciones, fruto de su propia y consagrada experiencia, como no forzar la extensión y volumen de la voz. El Joven cantor debió tenerlas en cuenta seguramente porque incluso tomó lecciones luego de un tiempo con un maestro de canto lírico, aunque triunfaría, y mucho, como Magaldi, en el tango. Este otro de historia montevideana se llamaba Carlos Gardel.
Los días rosarinos de Caruso le sirvieron para acumular aún más fama que adicionar a la que había logrado en Europa y, especialmente, en los Estados Unidos, sobre todo en el “Mer”, y a la vez para permitir, como ocurría siempre, que los empresarios salvaran con él cualquier temporada adversa.

Actuó en Julio 1915 en una función extraordinaria de 35 pesos
la platea, que marcó el record de recaudación por la entradas teatrales: 33
mil pesos. Como paraba en el Hotel Savoy y ocupaba todo el segundo
piso. Hubo que desconectar toda la instalación eléctrica de las campani-
llas para que no lo molestara el ruido mientras dormía. Durante su breve
estadía en Rosario, una tarde salimos a dar un paseo. Como era un gran
coleccionista de monedas y medallas ( su colección valía una fortuna) quiso
recorrer las agencias de cambio de la calle San Martín, donde compró
varias monedas antiguas… Caruso ganaba en esa gira 5 mil pesos oro
por función que cantaba, que al cambio de $2.20 cada peso oro que regía
entonces, eran 11 mil pesos papel. Y como por contrato debía cantar en
Buenos Aires, Rosario, Montevideo, Río Janeiro y San Pablo un
Mínimo de 45 funciones, cobraba casi medio millón de pesos por los cua
Tros meses y medio de temporada, aparte de los pasajes de ida y vuelta
Desde Italia en clase de lujo para él, en primera para el maestro de canto
y los dos secretarios que lo acompañaban y de segunda clase para sus dos
personas de servicios. Pero aunque era el cantante más cotizado de la época,
para las empresas resultaba el más conveniente por el margen de utilidad
que dejaban las temporadas líricas encabezadas por su nombre, ya que en
las funciones en que cantaba Caruso – a pesar de los precios altos que se
cobraran- era infaltable en la boletería el clásico cartelito No ya más
localidades.
                                                                                    ( Carpentiero: op.cit)

Walter Mocchi, el empresario que lo trajera a la Argentina, seguiría por su parte ligado a Rosario, afortunadamente para los incontables amantes del “bel canto”. En 1919 dejó de traer espectáculos a la Ópera y se dedicó a programar el Colón con su amigo Carpentiero, y entre ese año y 1922 sacudió a la ciudad. Primero, con la trilogía pucciniana de Mefistófeles, Moisés y Tabarre, con la soprano Dalla Rizza. Después con la gran María Barrientos en Lucía…, y en 1922 con el duelo proverbial de Fleta-Lázaro, dirigidos por Mascagni e integrando una compañía que incluía a otro tercero de grandes : Giácomo Lauri-Volpi ( al que Lázaro también dedicó sus dardos cada vez que pudo), Gabriela Besanzoni y Elvira de Hidalgo.
Es por aquellos años arribo permanente de grandes nombres de la lírica cuando un rosarino hoy injustamente olvidado comienza a perfilarse como uno de ellos, por lo menos en su época: el barítono Felipe Romito, que en 1919 es contratado por el Teatro Coliseo porteño para actuar con una de las compañías europeas, iniciando de ese modo una carrera tan brillante como intensa, que lo llevaría a cantar en los grandes escenarios del mundo, sin excluir no el Colón argentino ni la Scala de Milán, verdadero templo del “bel canto”.
Todavía al año siguiente, el dinámico Mocchi juega carta ganadoras al desembarcar en el teatro de la calle Corrientes a un elenco en el que brillaban Richard Strauss y Gino Marinuzzi como directores de orquestas, nada menos; el barítono Mario Sanmarco, pero como “regisseur”, que lo era y muy bueno y cantantes que pertenecen a la historia de la lírica como Aureliano Pertile, Ninón Vallin, Toti dal Monte, Fleta nuevamente y otros.
En 1924, el ex político izquierdista devenido en empresario, que se casaría también con la gran soprano brasileña Bidú Sayao, muerta a avanzada edad en el año 2000, retorna a la Ópera y reincide con nombres conocidos pero no por eso menos importantes: Dalla- Rizza, Damiani, Claudia Muzzio, la Besanzoni, Fleta, Vitulli, todos al servicio de la Traviata, La forza del destino, y Loreley. Ya crea del fin de la década, la Ópera tendría sus cuasi postreros esplendores operísticos con Norma de Bellini, con la exquisita Muzzio y Pedro Mirassou.
Después, llegaría no sólo el final de las grandes temporadas, las grandes óperas y las grandes divas y divos. Llegaría también el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 y el comienzo de la “década infame”y de los períodos autoritarios y de las dictaduras sangrientas en la Argentina…
Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame”  Tomo I Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

martes, 4 de marzo de 2014

UNA UNIVERSIDAD PARA EL LITORAL



Los representantes  entrerrianos y correntinos manifestaron que acompañaría el proyecto de la Universidad Nacional del Santa Fe con la reserva de que lo hacían con el compromiso de que se aprobara  las creación de facultades  en sus provincias. El diputado por Corrientes , José Antonio González, solicitó el 11 de de Junio de 1919, que se cambiará  la denominación por Universidad Nacional de Santa Fe  por UNL.
El exgobernador  de Santa Fe  y ahora diputado Mosca votó favorablemente  no sin antes dejar de advertir que la creación de esa universidad formara parte de un pensamiento que concebía a las ciudades Santa Fe, Rosario, Paraná y Corrientes como parte de una misma casa de altos estudios.
Mosca coincidió con Agote en que Rosario ya “ tenía un ambiente universitario”…
Rosario, a la que veo, señores diputados, dibujarse sobre las orillas del Paraná, como un inmenso mercado al cual ha de sufrir y del cual ha recibir todas sus riquezas, cubierta casi como Londres su atmósfera por el humo de sus fábricas y palpitante hasta estremecerse su seno por la actividad de sus hijos, Rosario que ha sido calificada con razón la Chicago de la República Argentina, ha recibido la más alta calificación que un progreso material puede recibir una ciudad, debe tener una facultad…. Según decía Ayala.
Rosario disponía  de médicos de reconocida idoneidad  que podrían cubrir cargos docentes de la futura Facultad de Medicina y también dar clase en las ya existentes en Buenos Aires y La Plata.
Rosario tiene un  inmenso comercio, Rosario tiene una gran industria pero carece de los hombres técnicos y prácticos necesarios. Allí hay una escuela industrial de la nación en donde se preparan alumnos con conocimientos prácticos  pero no los suficientes para ser los directivos del comercio y en la industria de esa gran ciudad.
Desgatado Rodríguez por esta situación terminó por aceptar lo resuelto por el frente político conformado por los gobernadores y legisladores de Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos  de crear una Universidad con sede en la ciudad de Santa Fe.
Para los rosarinos el diputados Jorge Rodríguez pasó a la historia como “autor” y “ padre” de la Universidad local.
 Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013
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viernes, 28 de febrero de 2014

ROSARIO Y SANTA FE, DOS PERFILES UNIVERSITARIOS DISTINTOS, EN LA ÓPTICA DE LOS PROMOTORES DE LA LEY DE UNIVERSIDAD (1917-1919)



Rosario, la ciudad de célebres médicos y Santa Fe la de los abogados de alcurnia. La afirmación de Dickmann de que la disputa de fondo existente entre los sostenedores de la Universidad Nacional de Santa Fe ( proyecto Rodríguez, sede abierta, con preferencia en Rosario) y UNL ( dictamen de comisión, con sede en Santa Fe), pasaba por la pugna entre sectores progresistas laicistas y sectores tradicionales y confesionales por quedarse con el control de la futura Universidad.
Rodríguez proyectó a la Universidad de Santa Fe como  punta de lanza del reformismo argentino.
El diputado Agote viajó comisionado por su Cámara a Santa Fe para evaluar la creación de una universidad. En Rosario la visita fue amplia: “ He recorrido sus hospitales, sus bibliotecas, sus centros científicos, los edificios donde se levantarían la futura facultad de medicina.
Los considerandos de Agote a favor de constituir universidades en el interior.
El 21 de mayo de 1919, con los sucesos de Córdoba ya consumados y creación de la Federación Universitaria de Santa Fe  mediante Rodríguez presentó nuevamente su proyecto original, no el que tuvo despacho favorable en 1917.
La antigua universidad provincial estaba herida de muerte. Sus estudiantes reformistas se habían movilización, se clausuraron los cursos y renunciaron la mayoría de los profesores, lo que motivó su intervención por parte del gobernador de la provincia. La prioridades de Rodríguez en el sentido de que propuso conseguir la nacionalización de dicha universidades y la apertura de la Facultad de Medicina en Rosario solicitar la creación de una universidad mayor.
El diputado Agote expuso que la república tenía una deuda para con Santa Fe por haber creado y cosiendo su Universidad , y con Rosario.
Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.

viernes, 21 de febrero de 2014

ELITE REGIONAL Y MODELO UNIVERSITARIO



El pensamiento de Rodríguez es claro: la Universidad estaba destinada ala construcción de una nueva sociedad del conocimiento para el desarrollo nacional.
Una Universidad que según Rodríguez, partiera de dos puntos principales: autonomía completa de la universidad, docente y económicas; y universidad democrática en la elección de sus autoridades y su gobierno. La Facultad de Derecho de Santa Fe  y las escuelas y colegios de Rosario que pertenecerían sin esfuerzo crear las Facultades de ciencias médicas, económicas comerciales y políticas y ciencias matemáticas.
De Rosario enviaron peticiones al Congreso para que se diera prioridad tratamiento del proyecto de Rodríguez: el centro de estudiantes de la Escuela Industrial, la Asociación Cultural “El Circulo”, el Colegio de Abogados, El Círculo Médico de Rosario, la Biblioteca Argentina, ( entidades creadas por influencias empuje de Juan Álvarez), y la Cámara Sindical de la Bolsa de Rosario.
Semanas más tarde  el Consejo Superior  de la Universidad provincial solicitó que la Facultad de Ciencia Matemáticas, Física y Naturales que se proyectaba en el marco de la futura Universidad Nacional se estableciera en la ciudad de Santa Fe y no en Rosario como lo proponía Rodríguez.
Busaniche ( un dirigente  de la altísima representatividad de esa ciudad donde nació  )aseveraba que la Universidad provincial” prestigiaba la creación de la Facultad de medicina de Rosario

Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.

lunes, 17 de febrero de 2014

IDENTIDAD REGIONAL Y VALIDACIÓN UNIVERSITARIA



El Ministerio de Instrucción Pública de la Nación , Tomás Cullen ( oriundo de Santa Fe ) se reunió en 1914 con el entonces gobernador santafesino Manuel Menchaca, Joaquín V. González y Rodolfo Rivarola, acordándose interesar al gobernador de Entre Ríos, Miguel Laurencena en pro de la iniciativa, y éste accedió. El proyecto de dar formar a una universidad regional fue uno de los primeros grandes consensos interprovinciales acordados entre los gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos a lo largo del siglo XX.

En 1916 se fundó en Santa Fe el “Comité pro Universidad Nacional del Litoral”; fue entonces que la Unión Cívica Radical decidió incluirla en su plataforma partidaria.

Otra elite provincial que no ocultó sus aspiraciones de contar con universidad apelado a un discurso de descentralización económica, social y cultural fue la de Tucumán, que compartía con la de Rosario similar sentido de pertenencia a la obra de Colegios Nacionales y asociaciones culturales laicas. Tucumán y Rosario, unidas por el ferrocarril Central Norte Argentino (1876) y por la cadena de producción de la empresa Refinería Argentina (1892), con sus instalaciones a la vera del río Paraná.

El diputado nacional Jorge Raúl Rodríguez, conociendo con exactitud de la despareja representatividad rosarina en el Congreso frente a la ciudad de Santa Fe  integrada por “doctores” de la antigua universidad capitalina, debió calibrar y negociar su proyecto de 1917, aunque intentó que no primara la denominación del Litoral porque que sumadas a Santa Fe pudieran establecer la sede en esta última y no en Rosario.
Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.