Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

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lunes, 23 de abril de 2012

UN INTENTO DE / SOBORNO QUE NO LLEGO A DEMOSTRARSE


Según las versiones circulantes por aquel entonces, dirigentes de Newell's habrían querido sobornar al jugador de Rosario Central, Lorenzo Hulme. El jugador y un representante del club son citados a la reunión del Consejo Di­rectivo. Se investiga la versión. Días después, la Liga —cuyo presidente es el Dr. Claudio L. Newell— declara públicamente que "ningún miembro, ni jugador ni socio de Newell's Oíd Boys" ha intervenido en el caso Lorenzo Hulme. La explicación no deja conformes a los centralistas que vuelven a provocar incidente en el encuentro clásico. Los escuadrones de la policía montada deben intervenir para poner coto a los desórdenes que dejan un saldo de unos cuantos heridos. Días después se reitera el escándalo en ocasión de enfrentarse Central con Tiro Federal. Ganando los auriazules uno a cero, ejecuta un córner el puntero izquierdo Woodward. Cuando la pelota estaba a punto de entrar en el arco del arquero tirolense, el arbitro Rivera dio por terminado el primer tiempo. La atmósfera empezó a cargarse con la impaciencia de los hinchas auriazules, que creían demasiada casualidad todo ese cúmulo de desventuras que venían soportando desde tiempo atrás.
          Para colmo, en la segunda etapa empató Tiro y entonces, Rivera casi es golpeado por parciales auriazules. La serie de infortunios termina ese año con otra derrota ante Newell’s por dos a uno, con un penal desviado y un gol anuladoa Harry Hayes, sin que los espectadores superan por qué
1911 será otra temporada sacudida por los incidentes. Ese año se fue Lorenzo Hulme a Buenos Aires para jugar por San Isidro. E1 hecho alimentó la sospecha de soborno que había ensombrecido el panorama futbolístico el año anterior. Los desórdenes comienzan a generalizarse. Tiro Federal se va de la cancha en un partido ante Provincial. Días después, los mismos tiroleses protestan groseramente por un gol concedido por el arbitro a Rosario Central, tras furibundo disparo de Daniel Green. La Liga Rosarina adopta una insólita decisión: manda una nota a la Asociación Argentina por el desempeño del arbitro, que considera incorrecto, y otra a Rosario Central. Le dice en la misma que aun cuando el resultado no puede modificarse y siendo notorio que el arbitro había otorgado el único gol del partido en una jugada donde la pelota no había llegado a entrar en el arco, le sugería que accediera a jugar nuevamente el encuentro. En Central no compartían el punto de vista sobre la supuesta invalidez del gol y el partido quedó como estaba. Las diferencias siguen ahondándose cada vez más. Central quiere jugar en su cancha y la Liga mantiene la clausura, de allí que cuando debe enfrentarse con Newell's le cede los puntos en disputa como protesta. La revancha se juega en Plaza Jewetl. Newell's gana por dos a uno, a Central le otorgaron un penal, pero sus hinchas ya no entienden razones. La gresca es fenomenal, el arbitro resulta golpea­do, los ánimos están exaltados en grado extremo y la policía debe recurrir a desenfundar sus armas. No logran asustar a los belicosos simpatizantes, que comienzan a serenarse cuando escuchan los primeros disparos al aire realizados por un sargento.
El año finaliza con un hecho insólito: por la Copa Vila vuelven a enfrentarse los clásicos rivales. Todos esperaban se desatara la guerra total. Mas no pasó nada. Mejor dicho, sí pasó y algo insólito. Los dos capitanes al término del encuentro que volvió a ganar Newell's por dos a uno, felicitaron al arbitro Juan Barbara. Mientras, el fabuloso Harry Hayes era ya figura insustituible en los combinados argentinos, a punto tal que ese año fue llamado para integrar los equipos que disputaron la
Copa de Honor (dos partidos), y las Copas Lipton y Newton.

Fuente: Bibliografía de Historia de Rosario Central de autor Andrés Bossio