Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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miércoles, 8 de septiembre de 2021

TENGO QUE EMPEZAR DE NUEVO



Por Rafael Ielpi

Habíamos quedado en el otro intermedio cuando, a bordo del Granadero volvía a la Argentina, después de mi aventura en Méjico. La vida en el barco se desarrollaba plácidamente para mí, sin obligaciones de ninguna clase. La aparición de una protuberancia debajo de cada brazo, en las axilas fue motivo de inquietud. El enfermero de a bordo me explicó que aquello que yo empezaba a tener se lo conocía con el nombre de golondrinas y que estaba motivado por el cambio de aire y de comida. "En uno de los viajes subió repatriado un matrimonio judío muerto de hambre. Aquí comíeron tanto que les salieron unas golondrinas debajo de los brazos que parecían huevos de Pascua, pero de esos grandecitos".

Con tal augurio me encomendé a Dios y ya en la Enfermería, me dijo el velador sanitario: "Vamos a ver si podemos circunscribir esto, yo le voy a poner tintura de Men'hiolate tres veces por día. A lo mejor tenemos suerte, si esto no se reabsorbe, habrá que operar como hice con aquel matrimonio" Mi angustia no duró mucho, al tercer día de aplicaciones las golondrinas pararon de crecer y luego entraron en disminución. Estaba salvado una vez más.

Tanto los oficiales como los marineros me colmaban de atenciones consistentes en pródigas bolsas llenas de muestras de cigarrillos LM, Player, Chesterfield y otras marcas que a modo de propaganda traían representantes enviados por las empresas tabacaleras a bordo, donde las repartían a tradimento. El oficial electricista de quien ya he hablado, me dice un día: "Qué le parece si hacemos una bolsa marinera?". Yo lo escuché como si hablara en chino, y le respondí: "Ah, sí? ¿Y cómo la hacemos?". "Vamos a pedirle al pañolero que nos dé un pedazo de lona, aguja, hilo y sabicores ".

Ya con los elementos en nuestro poder pusimos manos a la obra, Satriano cosió la lona mientras yo la tenía tirante e hizo un tubo. Luego cosió el fondo redondo, previamente cortado, ribeteó la parte de arriba de la bolsa y le colocamos los sabicores a yunque y martillo. Luego acogotó la bolsa con las manos, quedando un penacho de sabicores por donde pasó un gran candado. La bolsa quedó a medio llenar. El otro medio entraría en Montevideo.

Por fin llegamos a la República Oriental del Uruguay. En el puerto montevideano y antes de bajar del barco me sucedieron cosas. En algún momento apareció Miongo quien me solicitó en préstamo el camarote para mercar con algunos uruguayos que sabía que vendrían. Le dije que sí y el camarote se transformó en una boutique. Trajo piezas de tela, donde abundaba la seda lisa y estampada. El nylon y el terciopelo completaban la línea que reforzó con numerosas cajas conteniendo medias de mujer, Zapatillas (ojotas), frascos de perfume y otras chucherías.

Por indicación de Satriano le solicité a Milongo, en pago de la gauchada una partida de mercadería, y así fue que llené la otra media bolsa Pero' sorpresa mía fue que los compradores eran funcionarios de la aduana venían a inspeccionar el buque. Había entre ellos una mujer, muy bien vestida, arropada con un tapadito de mangas ranglan y que fue la que más compró. La escena parecía sacada de una película de piratas: Mi/en., que había cambiado su uniforme de lavandín por una camiseta a raya con un pantalón de anchas botamangas, desplegaba ante los ojos de los compradores las piezas de tela que iba dejando, descuidadamente, en cualquier parte.

Ni bien dejaba una pieza, tomaba los frascos de perfume y los exhibía murmurando un precio increíble por lo bajo. Hacía lo mismo con las medias para mujer, las ojotas -de todos los tamaños y colores-, bombachas y pollerines de nylon, corpiños, camisones y toda una gama completa de lencería. En realidad, Milongo era intérprete de la marinería quien le había porporcionado todo aquello para la venta, ya que tenía facilidad de palabra y era un tipo entrador. La mujer, conocedora de estos lances, miró el arbolito de Navidad que yo tenía plegado y envuelto en papel madera. Se dio cuenta por la maceta de lo que aquello era. Me lo quiso comprar y yo me negué diciéndole que llevaba un presente para mis hijos pequeños. No quería saber nada, empezó a ofertarme mientras yo negaba; subió la oferta y yo me seguí negando. Al final desistió.

Mientras continuaba la charla comercial entre Milongo y los funcionarios aduaneros, salí a la cubierta a tomar fresco y ví un bote de remos que se acercaba al casco del Granadero. Al llegar al barco, manos presurosas le pasaron al botero algunas bolsas con ojotas. El bote se alejó tranquilamente.

Terminada la transacción, Milongo se llevó todo lo que le había sobrado y yo me quédé solo en medio del camarote. Bueno, es un decir, porque ni bien pasó esto y yo me senté en una silla, se abrió la puerta con violencia y apareció un hombre gordito con una valijita quién me dijo con voz tonante: "¿ Vocé ten callo?". Antes de que yo le contestara, había puesto un banquito donde se sentó y abriendo la valijita sacó un instrumento, me extirpó un callo que tenía en el dedo meñique del pie y desapareció sin pretender cobrar.

Cuando me llegó el momento de bajar, ya en el puerto de Buenos Aires, y luego de despedirme del capitán, del segundo, del sobrestante y algún otro, bajé por la escalerilla. Abajo me esperaban Milongo y media docena de marineros. Habían cargado mi equipaje en una zorra. Pero había algo más: valijas con botellas de whisky y menudencias varias como bolsas con cartones de cigarrillos, con ojotas, con medias y hasta una radio.

"-,A dónde vamos con todo esto?. ¡Ustedes quieren hacerme meter en canal". "No se preocupe, Don, que tenemos todo arreglado y va a salir bien". ".Bien? ¡Un cuerno!. Esto no es mío, no tengo nada que ver..."la vista del guarda de Aduana. Entonces, Milongo se desprendió del grupo y se lo empezó a afilar: " Ve a este muchacho?. ¡Pobrecito!. Viene repatriado, sin un mango pero con voluntad. Entre todos lo estamos ayudando ... Délen una mano ustedes también, porque es argentino, laburante y buen tipo. Como tiene familia le hemos regalado algunas cosas era que se rebusque hasta que agarre algún laburo..". La cuestión es que Milongo, un poco más y hace llorar hasta las piedras que estaban en el So de aquel galpón. "Bue..- dijo el vista de Aduana- a ver que trae"...

El hombre abría las valijas, metía las manos adentro y nos miraba a nosotros que poníamos cara de estúpidos. Por ahí abrió una que estaba repleta de botellas de Whisky Johnnie Waiker, la dio vuelta y al abrir un doble fondo saltaron por el aire prendas íntimas de mujer de nylon que estaban comprimidas allí. Entonces yo, ya canchero, tomé una de las botellas y se la di en la mano. "Tome..para los muchachos". La botella desapareció bajo el guardapolvo gris del funcionario, quien se fue para adentro.

Al volver me dijo: "Vea, esta radio que usted/leva tiene que pagar una tasa, pero si usted le da una botellita al Jefe, le vamos a dar una constancia sellada con la que va a quedara salvo de cualquier problema". Sin consultar con nadie, le dí la botella y recibí la constancia. Una vez fuera de la Aduana, cada cual cargó con el bulto que le pertenecía, y como yo andaba con valijas, sombreros mejicanos, el arbolito de Navidad y la bolsa marinera, además de un bulto de ropa que en la Embajada me habían dado para llevar a un domicilio del barrio Norte, los muchachos me acompañaron a Retiro, donde dejé todo en depósito y allí nos despedimos a los abrazos y apretones de manos.

Después de haber entregado el bulto en la casa que me habían indicado, despaché la carta que Moreyra me había dado para su hermano y volví a Retiro para tomar el tren con destino a Rosario. Retiré todo lo mío del depósito y un changarín me los llevó al medio del andén. Yo todavía no sabía como iba a hacer para subir al tren con todo aquello si alguien no me ayudaba, porque corría el riesgo de que desaparecieran mis cosas. Y otra vez me salvé, porque cuando llegó el tren, entre los pasajeros que corrían a subir, venían tres soldados conscriptos a quienes, con mi mejor voz de mando aprendida en el Servicio Militar, les pedí que me subieran los bultos mientras yo buscaba el asiento. Fueron tan buenos los muchachos que me pusieron casi todos en el portaequipajes. La patria me volvía a dar una mano.

Partió el tren con rumbo a Rosario. Yo, sentado en mi lugar, evocaba lo que había pasado, mi ingenuidad al haber abandonado el trabajo por un canto de sirena y por lo que aún tendría que transitar. Volvía con unos pocos dólares en el bolsillo, pero con la voluntad inquebrantable de empezar de nuevo y salir adelante.

Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanás” Tomo III. Editorial Fundación Ross. Año 2000

martes, 7 de septiembre de 2021

EL BOMBONERO, CALIOTTI Y SUNCHALES

 


Por Rafael Ielpi

El final de la década llega con penurias, pero también con fascinación perplejidad, misterio. Porque el domingo 20 de julio de 1969 Neil Armstrong ha caminado por la Luna y los nativos -peatones del hambre de los 30 testigos de los ríos humanos del 45 y de los odios del '55, ciudadano ignorados de los golpes militares- ven la huella del Hombre en la Eternidad y acaso sienten que su mínimo destino no lo es tanto ya que hombres como ellos han llegado a las estrellas.

En nuestra ciudad, todavía los bomboneros de los cines circulan por las salas, volviéndonos a la realidad luego de terminada la película y habiéndose encendido las luces. Con su pregón "¡Bombonero! ¡Aero, pastillas, chocolate!"o "jBomboner000! ¡Bombón helado, maní con chocolate¡..”rápidos, atildados y serviciales, jóvenes o maduros, los bomboneros resultan ser personajes característicos e infaltables de los cines del centro y los de barrio, con más brillo quizá, que los acomodadores y los boleteros.

Es una curiosidad -que forma parte del paisaje- la vestimenta de éstos, llamémosle, vendedores ambulantes de golosinas, cuyas chaquetillas galoneadas en los hombros se asemejan a las de los integrantes de las bandas de música, no descartándose que ese fuera su origen. En los barrios mmás lejanos los bomboneros lucen modestas chaquetillas, apenas un saquito blanco a veces y, en lugares como el cine teatro Casino -que ha cerrado sus puertas el 14 de abril de 1962-con público barato y confianzudo, al humilde bombonero se lo ha visto luciendo un saco prestado de mozo de café en invierno y una camisa color lacre, fuera del pantalón en verano, ofreciendo siempre una única mercadería: maní con chocolate.

A veces, algún integrante de barritas cinéfilas y escorchonas, que se envalentona porque anda en grupo, le suele hacer una zanjadilla al bombonero, que va a parar con su humanidad quien sabe dónde junto con sus golosinas -que se desparraman por el piso, al igual que las monedas para el cambio- y al que nadie atiende porque la platea está suspendida en la trama de la película que se está proyectando. El trabajo de bombonero es un codiciado recurso para el desocupado, ya que se hace dinero en el acto con cada función. Un famoso dirigente de la CGT que aparecerá más tarde en esta obra, Ignacio Rucci, ha sido bombonero en el cine Heraldo, de Rosario, y el turquito Wáshington Alé también lo ha sido en los cines de su San Juan natal, antes de transformarse en el archifamoso cantor de tangos Mario Podestá. Muchos ciudadanos que luego se convertirán en
políticos y empresarios, en profesionales y comerciantes, en borrachos consuetudinarios y en honestos padres de familia, han hecho sus primeras armas como bomboneros, peinándose cuidadosamente el jopo y vistiendo el impecable uniforme.


Conocido en Rosario por ser el único sastre que reforma trajes de cruzado a recto, o agranda el ambo para varones que han perdido su soltería ganaron un par de kilos, Salvador Caliotti, tiene su sastrería en la esquina NE de avenida Pellegrini y Maipú. La Sastrería Caliotti es un rincón muy conocido de la ciudad que no acusa recibo del paso del tiempo. Sus carteles recuerdan la estética publicitaria de la década del cuarenta y en sus vidrieras todavía lucen máquinas de coser que son piezas de antología.

Don Salvador ha empezado en 1929, cuando se le ocurriera abrir un bolichito a metros de la tradicional ochava- luego de que se recibiera de oficial y cortador sastre. Su padre había sido albañil yél quería algo menos sacrificado y más redituable. La prueba de que no equivocó el camino fue aquel 5 de abril de 1942, fecha en que su papá cumplía años. Ese día puso orgulloso sobre su mesa 162 pesos tras finalizar su jornada de trabajo. "Mí padre ganaba 4 pesos por día como albañil y se levantaba todas las mañanas mirando al cielo, porque si llovía no podía trabajar", recordará don Salvador en una entrevista que se le realizara para el diario La Capital.1

Su sistema de reformar los trajes le hizo abrir una sucursal en 1944 en Santa Fe, otra en Buenos Aires en 1945 y otra más en esa ciudad. "Los tres locales estarán abiertos hasta la década de los '80." Recuerda aquel día de 1964 en que lo desafiaron a hacer un traje en una hora para un programa que transmitía Canal 5 y se veía en todo el país: La campana de cristal. Caliotti llevó un grupo de ocho personas del negocio, distribuyó las tareas, eligió un modelo delgado para trabajar menos -el jockey Angel Baratucci- y logró su objetivo. La plata que recibió como premio la donó al Hospital de Niños. Por ello recibió felicitaciones hasta de sus colegas como la del Sastre de los Artistas, Anunziatta, alias Mendieta con local en 27 de febrero y Roca primero, y después en Italia y Gálvez.

Don Salvador ha hecho trajes para famosos como Alberto Castillo, Edmundo Rivero y Juan Carlos Mareco -Pinocho-, o para personas con 230 kilos y dos metros y medio de altura. Extraña la moda que le sugirió el dibujante Divito: entallado, cruzado y con cuatro botones, prenda que se cansó de hacer para clientes rosarinos y porteños cuando el furor de aquella moda. Sus avisos en la revista Rico Tipo y otras fueron, precisamente, ilustrados por Divito y Pedro Seguí.

Sus anécdotas podrían llenar un libro, pero hay una que la recuerda especialmente por ser "la más picaresca". En 1930, con sólo 19 años, le tocó hacer un trajecito de marinero a una vedette cubana famosa por entonces, Miss Doily, que venía a actuar en una compañía de revistas en el cine teatro San Martín, de San Martín y San Luis. La mujer llega con un tapado de piel al camarín, mientras que él con el centrímetro, lápiz y papel se presta tomar las medidas de rigor.

La sorpresa viene cuando la mujer se saca el tapado y abajo tiene una bombacha y corpiño "deslumbrante", para lo que se puede ver en la época.

"Temblaba tanto cada vez que le apoyaba el centímetro que no pude una sola medida. Al final la medí a ojo y el traje le quedó una pinturita”.

Comenzamos 1970. Es el año en que se da a conocer un que personaje fabricado con goma y telgopor, tallado con una fina cortaplumas y que para cubrir un ciclo en TV hay que hacer varios modelos. Se trata Topo Gigio, pensado, fabricado, vestido, bautizado y dado vida Por una italiana María Perego. Será también el año en que aparecerán para gran público, los nombres del cantante catalán Joan Manuel Serrat y el de un arquero de Atlanta que usa los pantalones largos como Américo Tesorieri y la gorra caída sobre la frente como aquel personaje del dibujante Mazzone. Afanando antihéroe de las historietas del '40. Se llama Hugo Orlando Gatti y lo apodan El Loco. Internada a raíz de un ataque de hemiplejía y asistida hasta último momento por el eminente neurocirujano Raúl Matera fallece el 16 de enero una gloria del tango: Azucena Maizani, apodada La Nata Gaucha, a quien en el descenso de su vida artística, algún empresario inescrupuloso ha querido presentar en un bodegón de Rosario Norte, en el barrio de Sunchales, del que nos ocuparemos a continuación.

Desde que el Congreso Nacional aprobara, en octubre de 1884, la construcción de una línea férrea desde la estación Rosario Norte hasta la localidad santafesina de Sunchales, la franja no delimitada con exactitud pero que comprende la zona de influencia de la popular estación adoptó el nombre de la población aludida: como la costumbre hace la ley, la tradición oral mantiene vigente la nomenclatura no escrita.

En realidad, primeramente se conoció por Sunchales a Rosario Norte y luego, por extensión, se aplicó al sector donde, abigarradamente, se apiñan negocios de todo tipo, gentes de distintas condiciones y un frondoso anecdotario que mantiene viva la tradición de barrio bravo con que se lo menta, tal vez por la cercanía de la famosa calle Pichincha -hoy Riccheri- donde florecieron otrora los lupanares más famosos de Sudamérica.

Aún están allí -clásicos, vigentes y no todos remozados- hospedajes, fondas y bolichones del pescado frito, la milanesa, el guiso con papas y la buseca. Precisamente, uno de los reductos más renombrados sigue atrayendo por su especialidad gastronómica que fue su distintivo durante años: La Buseca, en la esquina NE de Ovidio Lagos y Whelwright. Otros, empero han caído bajo la piqueta, como La Fonda de Sedda, preferida de contertulios musicantes, polacos o yugoslavos, que entretenían sus ocios entre copiosas libaciones y extensas sesiones de violín y concertina.

Mientras las exigencias municipales abatían, además, La Fonda de Perrone (gran salón, 29 habitaciones de todo tamaño, cocina a plancha y leña), otros establecimientos calafateaban sus frentes y los más se preparaban -tan sólo 15 020 años atrás- para resistir el embate del tiempo: el restaurant El Gallo, de Rufino Cristalino, con su ave de piedra en la cornisa; El Paraíso, Los Vascos, E/ Ferrocarril, Nueva Roma. Bajo el asfalto ante de hoy, la piedra bola -mudo testigo de un ayer nostálgico- ya no percibe la vibración de los mateos o coches de plaza, que en número de veintitantos, y en fila india, se desplazaban a la llegada de los pasajeros brotados de los trenes por toda la ciudad.

Casi por nada podía vérselo al Zurdo Rico, alto, delgado, luciendo su irnponente calva, enhebrar la musa espontánea al compás del instrumento; Ramón Córdoba, peluquero de día y temible verseador nocturno. Don Pedro Garay -el autor de "Pobre mi caballo bayo"., Ignacio López, Colovini / otros, también aprisionaron en sus cuerdas el alma de los viajeros, brindándoles el primer saludo de la ciudad.

Cuando se apagó el canto payadoril se entronizó el varieté. Así surgió el Pan American, luego Panamericano, al que ahora se le ha agregado el exótico rótulo de dancing, estoico rincón tanguero. La prosperidad del local alentó la apertura de alguno similar, como el Bar Mitre -hoy desaparecido-que cobijara, en Avenida del Valle entre Callao y Rodríguez, los sueños de un jovencito llamado Raúl Peralta, actual Raúl Lavié, así como los de Raúl Encina, cantor de Los Poetas del Tango que integraban Antonio Ríos en bandoneón, Antonio Agri como violinista y Osvaldo Murtagh, contrabajista junto a otros muchos que ascendieron después a las carteleras porteñas.

La confitería y bar Los Colonos, de don Pio, frente a la Estación alcanzaba su apogeo con los hermanos Peralta, hábiles guitarristas, el. cantor Jorge Denis y el poeta Nicolás Zinni. De todos ellos, el Panamericano continúa erguido en el corazón de Sunchales, sobre Ovidio Lagos entre Brown y Güemes. Allí hizo sus primeras armas Arsenio Aguirre y sus últimas Amaur Naya, aquel cantor argentino- francés que hiciera estremecer a la concurrencia del viejo parque GoId de Buenos Aires, luego de enloquecer a las mimís de los bulevares parisinos.

Hoy quedan pocos varietés en la zona. En Balcarce y Wheelwright - cerca de La Reina y El Tropezón- La Paloma (ex Los Chivos) anuncia strep-tease permanentemente, y en Ovidio Lagos y Güemes el Premier Dancing en donde estuviera El Pescado Frito atrae a las nuevas generaciones -y a las viejas- con la atractiva figura de la cancionista Elsita Dix, cuyas dos poderosas razones saltan a la vista. En Sunchales al Norte —digamos Pichincha— ya en Jujuy y Riccheri, todavía se alza el edificio del que fuera Cine Teatro Casino, cuyos espectáculos deleitaron a interminables generaciones de ciudadanos de toda condición social.

Enclavado en el epicentro de un corredor de ex casas de "bailes y algo más", el cierre definitivo de dichos establecimientos, producido en 1933, no alcanzó a afectar mayormente a la empresa cinematográfica-teatral, que siguió funcionando casi treinta años más, si bien con algunas interrupciones al final. Todavía parecieran vibrar, en el ámbito de su recinto callado hoy destinado a guardar automóviles, las estruendosas ovaciones que arrancaban los más auténticos personajes del arte popular: músicos insólitos, contorsionistas, equilibristas, lanzacuchillos, malabaristas,bailarines y el consabido cuerpo de muchachas a medio vestir a veces sin el medio otras.

Desde 1890 siguen registrando su paso por este barrio tan Pintoresco personalidades artísticas, políticas, científicas nacionales e importada Entre los que pusieron el pie en los andenes de la Estación y aún recorrieron Sunchales —llegando a comer en La Carmelita— parrilla ubicada en Ovidio Lagos y Jujuy, desaparecida a raíz de un incendio— la memoria rescata a Enrique de Rosas, Hipólito Yrigoyen, Ignacio Corsini, Carlos Gardel, Libertad Lamarque, Agustín Irusta, Elías Alippi, Francisco Canaro, Benito Bianque —"El Cachafaz"—, Enrique Muiño, Luis Arata, Eva Franco, Tomás Simari Agustín Magaldi, Irineo Leguisamo, el doctor Enrique Finochietto y mucho más.

Muchas cosas han cambiado en Sunchales, donde, cada vez más, la arquitectura moderna se va imponiendo. La transformación operada en la propia Estación y en sus calles adyacentes, pareciera haber dado fin a una época. Sunchales ya no es más refugio de guapos ni punta referencial para la trata de blancas, ni campo propicio para el mateo enarbolando en el pescante un elástico de cama. Sin embargo, hay algo más, que sigue perdurando como su nombre: el papel de ex barrio bravo, la baratura de sus hoteles, los incansables vendedores de baratijas, el aguerrido aunque diezmado escuadrón de lustrabotas, los trenes que van y vienen, la caravana de hombres, mujeres y niños norteños rumbo a las cosechas santafesinas del sur, y las mesas de los boliches, propicias para la confidencia, el café y el trago largo.2

NOTAS:

1. Pedro Squfflaci. Con la idea fija del buen vestir. La Capital. 2.11.1998

2. Héctor Nicolás ZInnl. Sunchales. Lo que va de ayer a hoy. Boom. Año 2 N° 20. Rosario, abril 1970.

Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanás” Tomo III. Editorial Fundación Ross. Año 2000

lunes, 6 de septiembre de 2021

NOCHES NEGRAS DEL FUTBOL ROSARINO

 



Por Rafael Ielpi

El estribillo, como una interminable letanía, retumba en todo Rosario a altas horas de la madrugada del jueves 3 de julio: "¿Adónde puso el Roque ,la Pelota?. Yo no sé. Yo no sé.." El misterio a que aluden las más fanáticas gargantas de los hinchas de Newell´s -después del ya enronquecidas festejado triunfo frente a su eterno rival rosarino por 1 a 0 con gol de Avallay- tiene mucho de la habitual ironía y mofa en la que suelen trenzarse desde hace años los simpatizantes de las dos instituciones.

La en aparente desmedida euforia ñulista, es sin embargo justificada por los diversos factores que se han conjugado para otorgar a la victoria reciente ribetes muy distintos de los habituales: se ha dado un gran paso rara lograr que Newell´s OId Boys ingrese en el certámen nacional. Rosario Central, con su derrota, debe jugar su reclasificación -una especie de ominoso semidescenso- y, lo que es más ruidosamente festejado, se quebrado la paternidad ejercida por los auriazules desde hace casi cuatro años atrás. Tres pájaros de un tiro.

En la clasificación final del Campeonato Metropolitano de la AFA, en las dos zonas en que se dividiera el mismo, no habían aparecido entre los seis primeros equipos de cada una, ni NewelI´s OId Boys ni Rosario Central. Sin embargo, al ocupar Bandfield una de las tres últimas colocaciones en su zona respectiva, permitió la aplicación de una rara suerte de estructuración inexplicable: un petit torneo entre los cuatro equipos ubicados en los puestos séptimo y octavo de ambas zonas, que jugarían entre sí para clasificar finalmente al decimotercer equipo para el certámen Nacional. De tal modo, debieron enfrentarse el séptimo de la zona B (Newell´s) con el octavo de la zona A (Rosario Central), en tanto que el otro encuentro estuvo a cargo del santafesino Unión contra Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Desde el domingo 29 de junio hasta el miércoles siguiente, fecha fijada por la intervención en la AFA para el partido entre los rivales rosarinos, el encontronazo comenzó a apasionara la ciudad. Prácticamente nadie quedó marginado en la disputa, y la espectativa creada en torno a la misma se tradujo en una recaudación extraordinaria: 7.762.940 pesos, que superaron holgadamante los 4.884.839 fijados como récord hasta ese momento.

A las 20.30, hora de la iniciación del partido, la cancha del parque Independencia, neutral esta vez, presentaba un aspecto imponente. Cuando Luis Pestarino, el árbitro designado para dirigir las acciones, dió comienzo a la brega, se iniciaba simultáneamente otra disputa no menos ardorosa en las tribunas, en las que -alambrado protector por medio- las dos barras fuertes de cada hinchada intercambiaban constantemente insultos y botellazos, dirimiendo una supremacía tan violenta como inútil.

Al cabo de los noventa minutos, Newell's se encontraba triunfador en los duelos: en el futbolístico, mediante una oportuna entrada del infalible mendocino Roque Avallay, y en el 'de las hinchadas -por lógica derivación de lo anterior-, ante la silenciosa retirada de los centralistas, despedidos con un clamoroso' ¡Al descenso, al descenso!" coreado por toda la parcialidad triunfadora.

Los festejos prosiguen sin pausa hasta altas horas de la madrugada. Largas caravanas de automóviles, algunos de ellos totalmente cubiertos por banderas rojinegras, recorren la ciudad, haciendo sonar las bocinas y cantando y bailando en cada detención. Las alegres y ruidosas manifestaciones tienen una culminación violenta cerca de las dos de la mañana, hora en que a un grupo de adictos a la casa rojinegra se le ocurre exteriorizar su euforia frente al restaurante La Herradura, donde los futbolistas centralistas se estaban consolando -parrillada por medio- del duelo de horas antes.

Hombres de pocas palabras, ya¡ parecer de acción contundente, varios cracks auriazules con Biassuto, Bustos y Messiano entre otros, la emprenden a trompadas, puntapiés y pedradas contra los que entonan peyorativas coplas en la vereda del local. Estos últimos optan por una urgente, inteligente y oportuna retirada. Cansados roncos, y en algunos casos golpeados pero contentos en el fondo, los adictos del equipo del parque siguen sus recorridas hasta el alba. La misma dimensión de la euforia no les permite, seguramente, intuir el tristísimo final que tendrá el año futbolístico para su equipo predilecto.

Es bueno hacer un poco de memoria: El 19 de junio de 1966, los dos rivales han salido 0 a 0. El seis de noviembre del mismo año, con goles de Pignani y Poy, ha ganado Central por 2 a 0. El 19 de marzo de 1967, ha vuelto a ganar Rosario Central a Newell's por 1 a 0 anotando Bielli la victoria auriazul. El 4 de junio de 1957, es otra vez Rosario Central quien derrota al conjunto rojinegro por 2 a 1, con goles de Availlay por NOB y por RC Gennoni y Poy.

Y llegan los años de los empates. 1968, el 10 de abril, salen 1 a 1 cuyos goles pertenecen a Miranda, por RC y a Fernández por NOB. El 30 de junio, otro 1 a 1 con goles de Fernández por NOB y Miranda de RC. El 12 de febrero de 1969 salen 0 a 0 ambos equipos. Pero la racha se corta ahí nomás, el 14 de este mismo mes: Grigol, Gennoni y Castronovo hacen tres goles para Rosario Central, en tanto que Newell's consigue dos realizados por Becerra y Martinoli. Vuelven a jugar en marzo y empatan en dos goles, que hacen por el lado de RC Gennoni y Silva Pacheco y por el de NOB Montes y Avallay. El 1ro. de junio se da otra vez el empate: O a O y el 2 de julio, el comentado partido donde Newell's supera a Central por 1 a 0 con gol de Avallay.

Tres días más tarde, Newell´s Old Boys debe dirimir supremacías con Unión de Santa Fe, vencedor a su vez de Gimnasia y Esgrima de La Plata en la otra semifinal. Por extraña coincidencia, ambos equipos se han enfrentado una semana atrás, por la última fecha del campeonato Metropolitano, oportunidad en que los rosarinos vencieran por dos goles a uno. El resultado permanece fresco todavía, y la victoria sobre Rosario Central contribuye a pintar de rosa el futuro de los todavía alegres ñulistas. El insólito 4 a 0 con que Unión ha apabullado a Gimnasia, eliminándolo de la disputa, es simplemente eso: una insólita casualidad.

Son casi cinco mil aficionados rosarinos los que se han trasladado a la cancha de San Lorenzo de Almagro, en el mitológico barrio de Boedo, para presenciar el match. Todas las conjeturas hechas antes del mismo se transforman en dulce realidad a poco que la pelota comienza su caprichoso rodar por el césped. Dos goles en el primer tiempo y otro al promediar el complemento reflejan claramente la superioridad rojinegra: todo parece felizmente concluido.

Sin embargo, en los veinticinco minutos finales, Unión logra lo que no ha conseguido en más de una hora de juego: tres goles casi sin solución de continuidad. Entonces, de acuerdo a la reglamentación aprobada previamente por la AFA, se debe jugar otra media hora de alargue en la que los santafesinos -ya decididamente dominadores psicológicos del asunto- logran todavía una cuarta conquista.

Cuando el árbitro da por terminado el encuentro, lo que poco antes parecía una imposibilidad, una utopía, un mal sueño, era triste realidad: Newell´s Old Boys ganaba tres a cero y perdió cuatro a tres.. Las derivaciones ulteriores están a la altura y fervor del resultado: sanciones a jugadores, amenaza de rescisión de contratos, insistentes y poco edificantes rumores sobre el comportamiento de alguno de los hombres de la casaca rojinegra en el partido famoso. Todo ello servirá para tipificar aún más esta página como la más negra de toda la prestigiosa historia ñulista, sin contar con que este equipo empatará con Central durante este año en dos oportunidades más.1

Notas:

1. Boom. Año 1 NQ 11. Rosario, julio 1969.

Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanás” Tomo III. Editorial Fundación Ross. Año 2000

sábado, 4 de septiembre de 2021

Monumento al Inmigrante




Ubicación: Av. Belgrano y Rioja


Un 10 de octubre de 1965: se inaugura el monumento al inmigrante.

Con motivo de celebrarse el Día del Residente Extranjero, el Club de Leones Rosario "Juan Bautista Alberdi" entregó oficialmente a las autoridades municipales el "Monumento al inmigrante", erijido en la intersección de Rioja y avenida Belgrano. La obra es del escultor rosarino Eduardo Barnes, tiene 3.30 metros de altura y muestra a un joven con la mirada puesta en el horizonte y con un saco echado sobre su hombro, representando la fuerza y la esperanza que animó a los inmigrantes que deseosos de trabajar llegaron a nuestras tierras. El acto fue presidido por el intendente Rodolfo Bercovich, y participaron representantes de colectividades extranjeras y delegaciones escolares.

Fuente: La Capital

Fotos: 09/11/2016

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viernes, 3 de septiembre de 2021

ANDRADA: INFORME Y DESPEDIDA ANECDOTARIO

 



Por Andrés Bossio

Las cosas andaban tan mal en el Metro 69 que los propios jugadores debieron salir al cruce de algunas versiones que daban cuenta de supuestas diferencias entre el plante! Dio eso motivo a que los propios jugadores convocaran a conferencia de prensa y nada mejor que hacerlo en el Círculo de Periodistas Deportivos, que le cedió el local. Informó Andrada, capitán del equipo, acompañado de Pascutini, subcapitán, y Griguol, capitán segundo. Los tres de impecable traje y corbata. Andrada explicó que nada pasaba entre ellos y que algunos periodistas deportivos estaban conspirando contra el rendimiento y la armonía del plantel. Lo cierto es que el equipo anduvo muy mal y la fenomenal estructura que había montado Ignomiriello (que regenteaba hasta la compra de medicamentos en la farmacia de la esquina) se derrumbó estrepitosamente.

Antes que eso ocurriera en pleno Metro 69, se fue el excepcional “Gato” Andrada. Tras 283 partidos oficiales (que jugó en dos tramos ininterrumpidos de 173 —del 60 a 66— y de 110 —del 66 al 69— partidos), el muchacho de Tiro Suizo se fue a sentar su cátedra de fenomenal arquero al Vasco da Gama, de Brasil. El último partido de Andrada fue en Arroyito, el 4 de mayo de 1969. Central le ganó ese día a Independiente por uno a cero, con gol de penal de Enzo Gennoni. El enorme hueco de- por un porteño que bien pronto : Carlos Angel Biasutto, de quien próxima oportunidad.

Fuente: Extraído del colección de Rosario Central de Andrés Bossio

jueves, 2 de septiembre de 2021

Parroquia Cristo Rey

Ubicada en Brassey y Wilde en el barrio de Fisherton .

La parroquia comenzó a construirse en 1888 en el extremo noroeste de la ciudad de Rosario a partir de directivas del Ferrocarril Central Argentino ya que ese barrio iba ser habitado por el personal jerárquico británico de esa empresa.

La Iglesia católica Cristo Rey, ubicada en Brassey y Wilde, es pequeña, muy típica en su estilo inglés: ladrillo visto y techos de zinc. Fue construida en 1925 y tuvo durante muchos años la impronta de un cura notable, el padre Rolando Batallés que hasta su muerte en un accidente aéreo en la década de 1960 intentó mejorar la condición de los sectores más humildes del barrio, bregando para que a ellos llegaran también las condiciones que eran excluyentes de los más privilegiados. Fruto de esa prédica es la creación por Batallés de la escuela Stella Maris.

ALTAR Y RETABLO PARROQUIA CRISTO REY


En la parroquia Cristo Rey, dentro de su hermoso edificio se destaca un retablo como fondo, que es un ícono a la Palabra de Dios con frases de la Sagrada Escritura, realizado en bronce patinado y dorado a la hoja.

El altar y el ambón están sostenidos por ángeles realizados también en bronce, igualmente la cruz a la derecha del altar.

Av Brassey 8198, barrio Fisherton.

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Foto: 27/03/2019







Después de años de búsqueda se decidió por la mímesis: conservar no sólo el estilo sino los mismos módulos de la construcción existente, con la misma pendiente de sus techos y las mismas aberturas.


Fue el mismo Padre Libio Gorza el autor artístico del proyecto, junto al arquitecto Rafael Araya. Asimismo, el sacerdote también esculpió las nuevas obras exhibidas en el templo.

Fuente Anónima 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Ex Hotel Britannia

 

Ubicación: San Martín 300


El Hotel Britannia se inauguró en los primeros años del siglo XX. Fue construido por la empresa formada por los hermanos Alejandro y Pedro Máspoli, la misma que levantó entre muchos otros edificios el Hotel Savoy (San Lorenzo 1022), el Banco Francés del Río de la Plata (San Lorenzo 1098) y la Sociedad de Ahorro La Bola de Nieve (Laprida 813).




El emprendimiento, idéntico a las construcciones ubicadas en el barrio de la estación Victoria, en Londres, supo albergar a representantes de la corona inglesa y hombres de negocio atraídos por las oportunidades de inversión que abría la llegada del ferrocarril.


Entre sus huéspedes se contaron los ejecutivos de la Compañía Británica del Central Argentino. Isaac Newell vivió en el hotel por más de dos décadas y allí se firmaron los estatutos fundantes del Colegio San Bartolomé y del Club Atlético Newell's Old Boys.


En las paredes del hall del hotel todavía se conserva una fotografía de aquellos días. El edificio de tres plantas, rematado por un pequeño mirador con cúpula, sobresale en medio de una calle empedrada, surcada por tranvías y carruajes.

Fuente: La Capital

Foto: 21/08/2016

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