Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 24 de septiembre de 2019

LAS "VILLAS": OTRA HISTORIA



Apartlr de la postguerra se derrumbaron las formas de desarrollo económico sobre las que se había levantado la ciudad. Una real masa de migrantes internos fue asentándose, en forma, paulatina, en la periferia de las grandes ciudades, en busca de trabajo. Hugo E. Ratier lo consigna certeramente en "Villeros y Villas Miseria": Desde 1930, el migrante rural llega a las ciudades. La Segunda Guerra Mundial y la necesaria sustitución de Importaciones con el consiguiente impulso industrialista, le ofrece mayores posibilidades.

La Argentina asiste, entre 1937 y 1954, a tres períodos consecutivos. El primero, de 1937 a 1946, de gran expansión industrial; un segundo, de estancamiento relativo entre 1946 y 1954 yun tercero, de declinación, desde 1954 en adelante. Rosario no fue ajena, como era natural, a ninguna de esas etapas y el colapso de 1930 no pudo detener su asombroso crecimiento. Ciudad eje portuario, detenta-dora de elevadores de granos, de máquinas industriales modernas, de fábricas de azúcar, etc, disponía además, en torno a sus barrios industriales y a los talleres del ferrocarril, la miseria de las casas de inquilinatos.

Pero fue a partir del proceso de industrialización que se irían conformando cordones industriales en las distintas ciudades Importantes (especialmente Buenos Aires y Rosario), donde cientos y luego miles de personas se asentaban en busca de una vida mejor, llegando desde el Interior de la Argentina. El resultado sería la formación de las llamadas Villas Miseria, acumulación de viviendas harto precarias, que en un principio se Imaginaron transitorias y terminaron en permanentes. Allí, grandes grupos de familias desplazadas de sus lugares de origen, convivían en promiscuidad, protegidos malamente de las inclemencias del tiempo, con una alimentación deficiente y condiciones sanitarias que distaban de lo Imprescindible siquiera.

El abandono del campo por Importantes sectores de la población y su concentración en las ciudades principales va unido, de ese modo, a la formación de estas villas de emergencia. Quienes se trasladaban de las zonas rurales a la ciudad —formando o ingresando luego a las villas— eran en su mayoría trabajadores rurales sin tierra propia, con bajo nivel de vida y de salarlos.

Conviene destacar, sin embargo, un hecho que no siempre es consignado debidamente. Las villas miseria, consecuencia de una migración interna no dirigida, espontánea, que incluye a gentes de países limítrofes (paraguayos, bolivianos) se diferencia del barrio obrero, cuyos asentamientos se producen alrededor o en tomo a una fábrica o industria, con habitantes con trabajo estable o permanente, provenientes en su mayoría de migraciones externas y de alguna manera promovidas por el Estado, con el fin de poblar" el país.



Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta”. Fascículo N.º 15. Autoras: Sandra A. Bembo- Nelly I Sander de Foster- Marisa Rocha. Junio 1991

lunes, 23 de septiembre de 2019

La Reconquista del 51



Por Jorge Brisaboa.



Cada vez falta menos. El retorno está a la vuelta de estos 31 minutos que restan jugar con Dock Sur en Arroyito, y de los noventa con Excursionistas.

Ya quedó en la memoria de los miles de hinchas que viajaron a Buenos Aires aquel partido de tres fechas atrás casi definitorio con el puntero Almagro. Una obra de suspenso. Faltaban cuatro minutos, Central perdía dos a cero, los locales acariciaban el título, y Di Loreto descontó. Sobre los 45, la salvadora zurda del pibe Intini ponía el empate. Era un punto para seguir soñando. Y Central soñaba.

El diluvio del domingo había hecho que se suspendiera el partido con el "Doque" a los 14 del segundo tiempo. Venía peleado, los goles de Humberto "Coco" Rosa por ahora servían para empatar dos a dos. Han pasado cuatro días, y, como este jueves 1º de noviembre es feriado —día de todos los santos—laAFAha dispuesto que se jueguen los 31 minutos.

Central debe ganar porque Almagro y Colón aún cuentan con posibilidades. Y además, el sábado tiene que disputar la última fecha. "Pese a que lalógica indica cuidar el físico de los jugadores, por los tres encuentros seguidos en una semana, en instancias decisivas, los dirigentes priorizan la cuestión económica. Increíblemente resuelven —para justificar el cobro de la entrada— que al finalizar los 31 minutos Central y Dock Sur completarán amistosamente los 90 minutos. Las finanzas interesan más que las especulaciones deportivas.

Arroyito está que arde. Euforia y nerviosismo. Alegría y preocupación. Todo se conjuga.

Di Loreto produce la primera explosión, llega la calma. Juan Vairo termina de instalar la tranquilidad. Cuatro a dos. Basta de nerviosismo y preocupación. Para los "canallas" sólo se trata de euforia y alegría. Central está a una fecha del retomo.

De repente, la cancha se paraliza. Afuera y adentro. Un bincha, Juan Marotta, no ha podido resistir tanta emoción y elige morir como muchos hinchas de fútbol lo desearían: gozando el gol de la victoria. El dolor reemplaza al júbilo, y el alargue amistoso queda en suspenso. Juan Marotta ha dado la vida por Central.

Cada vez falta menos. El retorno, ahora, está a la vuelta de los 90 minutos con Excursionistas en Buenos Aires.

Del jueves al sábado, en Rosario, no se habla más que de Central. Y como siempre, todos confluyen hacia Rosario Norte para asegurarse un asiento en el tren a Reti-

ro. Y como siempre, el ferrocarril —que ya es estatal porque el gobierno de Perón lo ha nacionalizado, se lo ha comprado a los ingleses— tendrá que agregar servicios y vagones.

El destino es la cancha de San Lorenzo. Habrá que ganarle a Excursionistas y estar atento alo que ocurra en Santa Fe donde Colón —que está a dos puntos—juega el

clásico con Unión. Y allá van los "canallas". En las tribunas se mezclan banderas azul y amarilla con las de San Lorenzo, River, Central Córdoba, y hasta con una de Newell's.

Un fuerte viento cruza la cancha, pero favorece más a los porteños que —como no tienen nada que perder— se mueven con tranquilidad. Central es demasiado nervio. A los 16 minutos salva Botazzi. Y a los 24, Di Loreto con un tiro fuerte y cruzado convierte: uno a cero. El regocijo dura poco, falta un minuto para finalizar la primera etapa, mano de Blanco, penal, tira Iglesias: uno a uno.

Segundo tiempo. Central avisa. Centro de Di Loreto, cabezazo de Juancito Vairo. La pelota pega en el poste derecho. Hasta que a los 21 Di Loreto recibe un pase atrás de Intini. El gol de la Reconquista.

Pitada final. Los hinchas, chicos, grandes, saltan el alambrado y entran a la cancha, buscan las camisetas de sus jugadores, saltan, se revuelcan por el césped, cantan, lloran.. .y dan la vuelta olímpica junto a los once campeones. Del 1 al 11 ahí están: Bottazzi, Virginio, Blanco, Inveninato, Federico Vairo, Fogel, Tisera, Rosa, Di Loreto, Juan Vairo e Intini. Una gran bandera auriazul flamea entre los campeones. Alfredo Fógel, el gran capitán, es llevado en andas con una bandera de los hermanos de San Lorenzo en sus manos...

Después el regreso por avenida La Plata hacia Retiro.

Ahí vuelven. Son miles. Están contentos, eufóricos.

Al verlos pasar, en una esquina de Boedo, un porteño desprevenido pregunta sobre lo que está ocurriendo:

—Somos de Rosario.., de Central—contesta un jovencito de bigotes, y sigue deslizando sus alpargatas al grito de ¡Central... Central!

A las dos de la madrugada del domingo llega a Rosario Norte uno de los trenes. Es el del plantel, y por supuesto vienen cientos de hinchas. Unas diez mil personas esperan para iniciar otra marcha victoriosa. Fogel, Bottazi, los hermanos Vairo, Di Loreto, la encabezan. Y hasta participa Federico Flynn, que este alío ha retornado a la presidencia del club.

El recorrido es el tradicional. Comienza en calle Wheelwright y finaliza en la sede de calle Mitre. Aquí no basta explicar nada: ni que son de Rosario y de Central.

Rosario es una fiesta. De nuevo. Hasta que despunte el sol del domingo 4. Los canillitas vocean el diario "La Capital" con el anzuelo del triunfo "canalla". El título dice: "Rosario Central batió a Excursionistas, y se clasificó campeón de la Primera B".

Y la crónica cuenta: "... Se ha constituido así en el único caso de un club que retorna por segunda vez a primera división a la temporada siguiente de haber descendido...".

Es noviembre de 1951.

Es el año de la Reconquista.

Fuente: Extraído del Libro “ de Rosario y de Central”. Autor Jorge Brisaboa. HomoSapiens.Ediciones. Año1996-

viernes, 20 de septiembre de 2019

BOTINES EN CUOTAS - ANECDOTARIO



Por Andrés Bossio


Aquel gol de Vairo aseguró buena parte del título, mas quiso el destino que también fuera el último aliento de una vida centralista.

Han quedado reflejadas las enormes dificultades que tenían los muchachos que cimentaron la gloria futbolística de Rosario Central. Los primeros tiempos fueron muy duros y era poco o nada lo que el club podía hacer por sus propios jugadores. No obstante, a nadie se le ocurría exigir nada. al contrario, daban todo lo que tenían. A veces había situaciones extremas; necesidades que no podían postergarse y recursos que era imposible conseguir.

Tal lo que ocurrió con dos baluartes del equipo de 1917, los hermanos Eduardo y Antonio Blanco; necesitaban comprar botines pero no tenían plata. El acta de comisión directiva del 3 de abril de ese año es más elocuente que cualquier narración.

Dice así “. . .los señores Eduardo y Antonio Blanco envían una nota a la C.D. del club solicitando un préstamo de doce pesos cada uno a fin de comprar botines de fútbol por cuanto los que tienen se encuentran rotos (sic). 'La C.D. les acuerda dicho empréstito, debiendo reembolsar dichas sumas en el lapso de seis meses, a razón de dos pesos por mes ...”



Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. De Andrés Bossio

jueves, 19 de septiembre de 2019

EL CAMPEON EN NUMEROS



Por Andrés Bossio




Dieciséis fueron los equipos que participaron en aquel certamen de Primera "B" de 1951. Completando la narración cronológica que hacemos en esta entrega, recopilamos para el archivo ce la historia centralista cada una de esas jornadas y sus principales protagonistas —que en todos los tiempos y en cualquier lugar fueron siempre los autores de los goles).

La tabla final de posiciones quedó así conformada:

Ptos.

Rosario Central ............. 45

Alniagro......................…..42

Cclón .........................…..42

AlI Boys.....................…. 39

Dock Sur.....................….39

Unión .........................…..33

Témperley...................….31

Los Andes...................… 30

Argentinos Juniors……..29

Argentino de Quilmes….27

Tigre...........................…..27

Excursionistas................22

Nueva Chicago...........….22

Def.de Belgrano.........….20

Talleres.......................….19

El Porvenir.................…..17




Otra vez, como en 1942, los extremos de la tabla tuvieron los mismos nombres; Rosario Central en la cúspide; El Porvenir en el descenso. Por lo que surge de la crónica es fácil advertir que Eduardo Di Loreto fue el máximo artillero, logrando 30 goles en sólo 24 partidos; le siguieron Juan Vairo con 13; Humberto Rosa con 9; L'Epíscopo 4; Portaluppi 4; Fogel y Tissera 3; Angirama y Marchetti 2; y anotaron uno: Gauna, Intini, Federico Vairo, Waldino Aguirre; y Zorzenón y Velloso en contra de sus respectivas vallas: Junto a los jugadores citados estuvieron también Botazzi (único que jugó los 30 partidos), Virginio (que faltó uno solo), Caruso, Inveninato, Blanco, Brito, Aressi, Minni y Carabal.

Una de las metas que se habían propuesto alcanzar los directivos al asumir sus cargos estaba cumplida. La otra también.




Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. De Andrés Bossio

miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL RETORNO VICTORIOSO Y UNA HISTORIA REPETIDA



Por Andrés Bossio




Ante la crónica circunstancia de otros medios y la imposibilidad de rescatar testimonios de los entonces esforzados periodistas radiales de la ciudad, recurrimos nuevamente a las sabrosas páginas de "La Tribuna" (con toda seguridad, producto de la prolífica pluma del Pollo Palacios o del recordado Juan Pascual), que en la página 7 de su edición del 5 de noviembre de 1951, afirma lo siguiente: "Aproximadamente 10.000 personas esperaron en la madrugada de ayer —el tren llegó a las 2- a los integrantes del equipo campeón de Rosario Central. Arrebatados entusiastamente por el público Fogel, Di Loreto, los hermanos Vairo y Botazzi, junto al resto de sus compañeros, debieron formar luego en una manifestación en la que iban también los dirigen-tez con Federico J. Flynn a la cabeza, y recorriendo distintas calles de la ciudad se dirigió hacia el local de la calle Mitre 857. La fiesta se prolongó durante varias horas más".

Este testimonio data de 1951 Cambiando los nombres de Ios protagonistas, modificando las circunstancias de tiempo y, lugar, podemos decir que estamos contando una historia repetida. Estamos viendo una película ya vista, en la que sólo se cambiaron los actores y algunos decorados. También en lcs primeros días de noviembre de 1985 la caravana auriazul festejó en el centro de Rosario; y junto a los miles de simpatizantes estaban Wolhein, Argota, Scarabino, Vezco, el uruguayo Fosati y Gastaldi. Igual que en el 71, 73 y 80. Igual que aquella primera vez —que ya narramos capítulos antes— de 1942. Los colores, la pasión, el grito enronquecido de Central campeón, surgidos de miles de gargantas, parecían uno solo. Porque uno sólo es el amor que los convoca y los "enferma" de esa hermosa enfermedad llamada Rosario Central.



Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. De Andrés Bossio

martes, 17 de septiembre de 2019

EL GOL DEL INFARTO- ANECDOTARIO



Por Andrés Bossio



Estaba para ser una gran fiesta. Central se jugaba el último resto al recibir a Dock Sur en la penúltima y cuando el marcador estaba dos a dos, la lluvia obligó a interrumpir el partido. Se reanudó 24 horas antes de la fecha final del torneo, en la que Central y Colón se jugaban el ascenso. Primero fue Eduardo Di Loreto y luego Juan Vairo que sumaron dos goles a otros tantos que en el tramo interrumpido había logrado Humberto Rosa. Ganó Central 4 a 2 y la euforia en Arroyito era total.

Inclusive llegó a comenzar otro partido aparte porque los dirigentes de ambas entidades resolvieron cobrar entrada para ver los 29 minutos oficiales, comprometiéndose a presentar dos equipos que seguirían jugando hasta los 90 habituales. Pero alguien advirtieró, en medio de la fiesta, una tragedia. Juan Marotta, socio de Rosario Central, no resistió la emoción; cuando Juancito Vairo aseguraba la victoria descorriendo el velo del esquivo título de campeón, su corazón centralista sucumbió. La noticia cundió. Cuando fue corroborada, esa gran hinchada centralista, exultante en ese momento de triunfo fundamental, recogió hasta lo más íntimo el regocijo que lo embargaba dejando paso a otro sentimiento; a un sentimiento de dolor, pesar, de profunda y sincera congoja. La gran mayoría de los espectadores allí presentes no conocía a Juan Marotta. Pero bastó que fuera identificado como socio de Rosario Central; el dolor pasó a ser de todos, porque Marotta —como todos ellos— eran de la misma familia: era centralista.




Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. De Andrés Bossio

lunes, 16 de septiembre de 2019

UN PARTIDO INOLVIDABLE, CON MUCHO SUSPENSO



Por Andrés Bossio



La 14º fecha de las revanchas, penúltima del torneo, marcaba para Central su compromiso ante Dock Sur, en Arroyito. Los auriazules estaban punteros pero con apenas dos unidades sobre Colón, que ese día jugaba en Santa Fe. Los sabaleros ganaron y en Rosario, una tormenta impresionante signó aquella jornada M 28 de octubre. El partido empezó a jugarse como se pudo. Dock Sur parecía jugarse la vida en aquel encuentro, que comenzó ganando Central, pero que los visitantes lograron empatar en el segundo tiempo. Cuando se llevaban jugados apenas 14 minutos de la etapa final, la vieja cancha de Arroyito ya no se diferenciaba en nada de su vecino, el río Paraná. El árbitro dijo basta y quedaron 31 minutos por disputar, con el marcador igualado en dos. El día de la lluvia el héroe había sido "Coco" Rosa, con soberbios goles, que no alcanzaron, sin embargo, a desnivelar el marcador al momento de la suspensión.

Colón presionó a la AFA, que deció hacer jugar los 31 minutos restantes el jueves 1 de noviembre (por entonces ese día era feriado) justamente 24 horas antes de disputarse la última fecha del torneo que, cualquiera fuera el resultado del encuentro interrumpido, iba a ser de fundamental importancia para dilucidar el campeonato. Ante la obligación de jugar, Central convino coi su oponente cobrar nuevamente la entrada con el compromiso por parte de ambos clubes de que el período restante, una vez cubierto los 31 minutos reglamentarios y hasta los 90 minutos habituales, se iba a jugar para el público presente, aunque ya en forma amistoso. Explicamos en esta misma entrega, en recuadro, la suspensión de este compromiso.

Lo cierto es que ante una expectativa francamente inusual, volvieron a enfrentarse —ya en cancha seca— Central y Dock Sur. A poco de iniciado el primer perioco de 14 minutos, el instinto goleador de Eduardo Di Loreto desató la euforia de miles de simpatizantes auriazules, que ya comenzaban a soñar con el título de campeón. No pasó mucho y fue Juancito Vairo el encargado de aventar cualquier duda sobre el resultado, final del encuentro. Justamente este gol provocó la nota más lamentable de la jornada, de la que damos cuenta en estas páginas cuando hablamos de "El gol del infarto".

Lo cierto es que esta victoria en día de semana, horas antes de la decisiva jornada final, despertó las ansias contenidas durante todo el año. Los vagones que se iban agregando al tren normal que hacía el servicio Rosario-Retiro, resultaron insuficientes ante la gran demanda de pasajes; la empresa resolvió entonces fletar un convoy especial que' también fue cubierto en toda su capacidad para ese partido ante Excursionistas, de dificilísimo pronóstico, en cancha de San Lorenzo ce Almagro. Una masa impresionante de hinchas canallas invadió e) mediodía del 2 de noviembre la estación Retiro. Los burreros —que enfilaban a esa hora a San Isidro— observaron azorados esa invasión azul y amarilla, de la que dejó un pintoresco testimonio Justo Palacios —el inefable "Pollo" Palacios— en las páginas del desaparecido diario 'La Tribuna".

Mientras tanto, Colón no tenía que moverse de Santa Fe. Ese día se jubaga el clásico santafesino. En tren de suspicacias, muchos pretendieron vislumbrar una "ayuda" tatengue a sus rivales de toda la vida; otros descontaban que la rivalidad entre ambos "jugaría" en favor de Central. Pero los verdaderos centralistas, los centralistas de ley, dejaron toda especulación a un lado y concentraron todas las fuerzas de su espíritu de hinchas insuperados en el aliento a sus jugadores. No les importaba el resultado de Unión-Colón, sino el de Excursionistas-Central. El partido fue durísimo, Excursionistas jugó con todo, poniendo todo lo que se debe poner, logrando inclusive un gol. Pero en Central afloró una vez más la capacidad goleadora del modesto muchacho de Chovet, hoy respetado vecino de la ciudad de Firmat. Dos golazos de Eduardo Di Loreto le dieron a Central el triunfo, el campeonato y el ascenso.

Además de alegría. De una alegría sin par, inolvidable, que se arrimaron a compartir muchos que aparentemente no tenían nada que ver con Central. El "Pollo" Palacios anota puntualmente las presencias en el vestuario de San Lorenzo de Enzo Ardigó —un lujo de periodista—, tanto como la del senador nacional Alejandro Giavarini y la llegada inmediata de un telegrama de felicitación del campeó mundial de billar, Pedro Leopoldo Carrera.

En la cancha, la fiesta siguió tras la pitada final. Como ocurrió también en los primeros días de noviembre de 1985, los apasionados hinchas canallas se arrojaron al césped del ya desaparecido estadio de San Lorenzo, en la avenida La Plata, para hacerse de una camiseta auriazul, invalorable trofeo de aquella jornada inolvidable. El "colorado" Alfredo Fogel y Eduardo Di Loreto, muchos minutos después de que sus compañeros llegaran al vestuario, seguían siendo paseados en andas de la enfervorizada masa centralista. Todos querían poner su hombro para que el cuerpo cansado de sus héroes reposara ya tranquilamente; querían exhibir a aquellos dos muchachos, tan entrañablemente unido uno de ellos, tan identificado el otro, al club de Arroyito. Los porteños vieron nuevamente en el largo camino a Retiro —que se hizo religiosamente a pie—una caravana imponente de gente de tocas las edades riendo, saltando, bailando, unidas por un color —el azul-amarillo— y un solo grito: iCENTRAL CAMPEON!


Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. De Andrés Bossio