Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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miércoles, 17 de octubre de 2012

GRANDES NOMBRES, GRANDES OBRAS


La inmigración iba a traer también a la ciudad a decenas de arquitectos, ingenieros, agrimensores, constructores y artesanos italianos, muchos de ellos provenientes del Piemonte, que tendrían que ver, como se dijo, con la construcción de los grandes edificios oficiales y privados y con las mansiones burguesas.
Matamoro, al recordar que recién en 1904 egresarían los primeros profesionales de la flamante Escuela de Arquitectura porteña, consigna que en 1900, como en toda la Argentina, la profesión de arquitecto es potenciada ante las exigencias de mayor calidad técnica de las obras. No obstante, la inmensa mayoría de los profesionales es todavía europea. Entre los pocos nacionales menudean los apellidos de la oligarquía, dado que la carrera tolo puede cursarse en Europa y resulta, por lo tanto, costosa.
Entre esa pléyade de profesionales italianos pueden citarse casos como el de Gaetano Rezzara, un ingeniero de Vicenza, nacido en 1857, de firme adhesión al garibaldismo, que trabajaría profesionalmente en la ciudad desde finales del siglo XIX, a quien se reconoce como autor del proyecto de ampliación del Palacio Municipal de Rosario 1890/96), mérito que también reclamara para sí, por lo menos en parte, Cario Giuliani, quien en sociedad con Rezzara tuviera participación en la construcción del inicialmente denominado teatro "Gran Politeama", luego "Teatro Colón". Rezzara, que falleció en Rosario en 1915 y a quien se le otorgara el contrato de construcción de la sede municipal, delegaría dichos trabajos en los constructores Cremoni y Conti. Algunas de sus obras importantes fueron, entre otras, las residencias de la esquina sureste de Córdoba y Balcarce, Bvard. Oroño 1341 y  Urquiza 1285.
Igual prestigio tendría Italo Meliga, un piamontés nacido en 1859, graduado en la Universidad deTurín como arquitecto e ingeniero, autor de algunas obras perdurables como las residencias de Enrique Astengo, en Córdoba 1864 y la de la familia Castagnino, en la esquina suroeste de Maipú y San Juan, y a quien se da asimismo como autor del proyecto definitivo del "Hotel Italia", en 1890. Junto a otro compatriota, el ingeniero Juan Bosco, con quien se asociaría en una compañía constructora, Meliga había proyectado el llamado Palacio Pinasco, de (Córdoba y Oroño.  A Bosco, de origen genovés y nacido en 1852, se debió a su vez el proyecto de una construcción arquetípica de la segunda mitad del siglo XIX: la llamada "Casa de Comas", y el de Otra ligada de igual modo a la historia de la ciudad, el edificio de la "Logia Masónica Unión", en calle Laprida, subsistente hasta avanzada la década del 50, cuando "masonería" era una palabra que poco o nada decía ya a las nuevas generaciones de rosarinos.
Rezzara y Meliga habían tenido participación asimismo en la construcción del Hospital Italiano Garibaldi, en la década del 90, cuyo proyecto fuera realizado (y donado a la institución) por otro arquitecto italiano, Francisco Tamburini, llegado a la Argentina en 1881 y radicado en Buenos Aires, donde realizara obras relevantes como la Casa Rosada, sede del gobierno nacional, y el actual "Teatro Colón" porteño. Igualmente reconocido sería Abraham Pozzo, otro piamontés que arribara a Rosario en 1887 y que colaborara también en las obras del Hospital Italiano y del Mercado Modelo, dejando muestras de su capacidad en el complejo de viviendas de calle Salta entre Moreno y Dorrego.
Coincidentemente con las últimas décadas del siglo XIX, profe­sionales italianos como Demetrio Isola tenían ya predicamento en la ciudad desde bastante antes; el mencionado arquitecto proyectaría el edificio del Mercado del Sud o Mercado Sud, en 1855, luego sucedido por el Mercado Central (actual Plaza Santiago Montenegro), proyectado por el arquitecto José Hortal, con Zacarías Manoni como constructor. Isola había integrado el mismo año una comisión municipal encargada de zanjar arduos problemas catastrales en la ciudad y su nom­bre está unido además a la creación del Monumento a la Constitución de 1853, que estuviera emplazado en la Plaza 25 de Mayo.
Nombre importante sería asimismo el de Felipe Censi, otro egresado de la universidad turinesa, quien residió en Rosario a partir de 1886 y es autor de obras significativas en la ciudad en las primeras décadas del siglo: el edificio de la Bolsa de Comercio (1907), en calle San Lorenzo al 1067; el edificio del Hospital Español y el Banco Español del Río de la Plata; el Colegio del Sagrado Corazón, en Mendoza 1951; la actual sede del Obispado de Rosario, construida originalmente como residencia de Alejandro Moreno, y dos construcciones aún subsistentes: la de Santa Fe 1076 y su propia vivienda, emplazada en la calle Santa Fe y Entre Ríos, esquina noreste, con su cúpula verde Nilo que señala aún en el tercer milenio, enhiesta y pese al abandono de la planta alta del hermoso edificio, su condición de sobreviviente a tanta piqueta demoledora y a tanta Imprevisión colectiva para la preservación del patrimonio urbano y arquitectónico de Rosario.
Censi, que murió en Rosario en diciembre de 1935, proyectaría asimismo las recordadas mansiones de José Arijón, levantada en la esquina noreste de Laprida (entonces calle Comercio) y Santa Fe, y de Camilo Aldao, en Córdoba entre Buenos Aires y 25 de Diciembre, en la que de 1889 funcionó el "Grand Hotel Americano".Igualmente destacados en los años finales del siglo XIX e inicios de. fueron otros profesionales italianos como Francisco Petrarca, quien a partir de 1888 trabajaría en la ciudad, con proyectos relevantes como el del convento e iglesia de San Francisco Solano, en Córdoba y Bvard. Avellaneda, o el genovés Adelqui Di Francesco Ballestrero, instalado hacia 1870.
A esa nómina meramente enunciativa, debe agregarse asimismo al arquitecto Juan Bautista Arnaldi, nacido en la actual Imperia (entonces Porto Mauricio) en 1841, quien proyectaría en la ciudad la actual Iglesia Catedral, y los ingenieros-arquitectos Víctor Cremona y Silvio Contri, autores del proyecto del teatro La Opera (actual Teatro El Círculo). Contri tendría a su cargo más de una década después de su propuesta arquitectónica para el teatro La Opera, elevada en 1889, otro proyecto perdurable: el del edificio originalmente ocupado por la Secretaría de Comunicaciones de México DF, que hoy alberga al magnífico o Museo Nacional de Arte, frente a uno de los paseos públicos mis bellos de la capital mexicana, la Plaza Manuel Tolsá, a la que también enfrenta otra joya arquitectónica: el Palacio de la Minería. Contri fue uno de los arquitectos italianos de renombre contratados por el presidente Porfirio Díaz, en el marco del proyecto del dictador vitalicio de integrar a México a la modernidad que acarreaba el nuevo siglo.
Al lado de arquitectos e ingenieros tuvieron su espacio, y muy Amplio, los constructores, también oriundos de la península itálica, como Alessandro Máspoli, a cuya empresa se deben el "Savoy Hotel"; el Hinco Francés; el edificio de "La Bola de Nieve", proyectado por Le Monnier; el de la empresa Chiesa y Compañía, sobre calle San Lorenzo, con su torre erguida hasta casi la década del 70; la todavía subsistente residencia de José Firpo, en Córdoba al 1900, en el mencionado Paseo del Siglo; las construcciones de Buenos Aires 1038; San Martín 364/72, que fuera residencia de José Arijón, Santa Fe 1857 y Santa Fe esquina Pte. Roca (esquina noreste), donde estuviera emplazado el "Hotel Rex".
A esa nómina de constructores debe sumarse en forma especial a Enrique y Segundo Taiana, italianos, con una serie de viviendas pertenecientes a familias de notoria capacidad económica como la de Copello, en Córdoba al 1700, y las de José y Arnolfo Calvo, en 25 de Diciembre 848 y 847 respectivamente y las residencias emplaza­das originariamente en calle San Lorenzo 1045 (hoy sede de una ins­titución oficial), 1121 y 1383, y la de Santa Fe 1045.
Constructores y profesionales relevantes serían asimismo los Candia y los Micheletti. Rafael Candía, italiano, llegó a Rosario en 1890, siendo reconocido cuatro años más tarde por la Municipalidad como "maestro de obra" e iniciando entonces la actividad de su empresa constructora. Con ella, realiza edificios reconocidos como el de la "Farmacia y Droguería del Águila", en San Martín 850, construido en 1895 y demolido en 1954 y el llamado Palacio Basualdo, en Avenida Pellegrini y Santiago. En 1909 incorpora a la firma a su hijo Rafael, nacido en Aieta (Cosenza) en 1885 y como "Candia e Hijo" construyen edificios como el de la esquina suroeste de Córdoba e Italia, proyectado por Christophersen, en 1911; el de "La Inmobiliaria", de Córdoba y Corrientes, levantado entre 1914y 1916, sobre proyecto de Juan Antonio Buschiazzo (1846-1917), y el del Jockey Club de Rosario (1913/16), del francés Le Monnier.
Luego de su retiro en 1915, el segundo Candia de esta dinastía de constructores encara obras relevantes como las del "Palace Hotel", de 1920 y la tienda "La Favorita". En 1925 se asocia con el ingeniero Carlos Isella, vínculo que perduraría hasta 1928; en ese lapso, la empresa, que pasa a denominarse "Candia e Isella", es responsable de algunas obras de relevancia en Rosario, en estilos diversos, como el Banco Montserrat, en San Lorenzo al 1300, de 1926, y el edificio de la empresa Bunge & Born, en la esquina suroeste de Santa Fe y Corrientes, pro­yectado por el arquitecto F. Naeff, de 1928.
Al producirse la desvinculación de Isella y el ingreso de Armando Delannoy, y como "Candia y Cía.", la firma constructora prosigue la ejecución de obras significativas en la ciudad, como las de "La Unión Gremial", en la esquina noreste de Santa Fe y Mitre; el Palacio Minetti, en Córdoba al 1400 y el Sanatorio Británico. Deben consignarse asimismo algunas residencias particulares importantes, varias de las cuales subsisten gallardamente en el siglo XXI: Córdoba 617, Santa Fe 880, Santa Fe 1372, Entre Ríos 756, esquina suroeste de Mitre y Tucumán , etc. Al morir su titular, en 1964, un tercer Rafael, arqui-tei 10, asumiría la conducción de la empresa familiar.
Antonio G. Micheletti, un ingeniero paduano nacido en 1871 y muerto en 1940, sería el iniciador de otra gran empresa constructora en la ciudad, continuada por sus hijos José Agustín (ingeniero) y Tito Carlos  los (arquitecto), ambos rosarinos. El primero (1896-1940) estudió en Buenos Aires y ejerció asimismo la docencia universitaria, mientras el segundo, nacido en 1894 y también graduado en la capital argentina, compartiría la dirección de la empresa que tendría a su cargo la construcción de edificios relevantes desde los mismos inicios del siglo XX. Entre éstos pueden mencionarse el Hospicio de Huérfanos, el Asilo de Mendigos, el Hospital de Caridad, el Círculo de Obreros Católicos, en Entre Ríos al 1200; el anexo del Banco de la Nación, en San Martín casi esquina Córdoba, aún de pie; el Teatro Odeón (1926), actual Auditorio Fundación Héctor I. Astengo, y algunas obras vinculadas a lo eclesiástico, como la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia y otras en importantes ciudades argentinas, así como las residencias de Italia 909 esquina Rioja, San Martín 750, Mitre 738/54, Entre Ríos 1254 y Sgto. Cabral 156, entre otras.
A esa legión de constructores, mayoritariamente italianos, que ni 1 ha ron a la ciudad en las décadas finales del siglo XIX y comienzos del XX, deben agregarse nombres y apellidos como los de Ludovico Cicotti, Antonio Brindisi, Giambattista Gaggero. José Badini, Pedro Pinazzo, Pesinetto, Pontiggia, Castiglioni y otros
También tendría significación en la ciudad entre ambos siglos, la obra de arquitectos europeos: ingleses, franceses, alemanes. El más reconocido de los primeros sería sin duda Herbert Boyd Walker, nacido en Huddersfield en 1865, quien había estudiado en Leicestershire y traillado en Liverpool junto a prestigiosos arquitectos. Arribado a la ciudad en 1886 para hacerse cargo del proyecto de construcción de los talleres del Ferrocarril Central Argentino, de capitales británicos, en Avenida Alberdi y Junín, viajaría luego a Canadá para regresar en 1893 al país y radicarse en forma definitiva en la ciudad en 1910
Tuvo a su cargo también el proyecto del Palacio de Justicia, frente a la Plaza San Martín, junto a su compatriota y colega John Currie, con el empresario catalán Juan Canals como financista del para entonces monumental emprendimiento arquitectónico. Abandonado por la desidia oficial, cobijaría finalmente a la Facultad de Derecho y el Museo de Ciencias Naturales "Angel Gallardo", hasta que un incendio (fruto del lanzamiento de bombas de estruendo por una manifestación de protesta) afectó, en junio de 2003, parte de la hermosa estructura proyectada por Walker, desnudando la imprevisión y el desprecio oficiales acerca de la preservación de patrimonios como el antiguo edificio y avivando, recién entonces, el interés comunitario por su recuperación.
Le pertenecen asimismo otras dos construcciones aún subsistentes: la entonces llamada cárcel penitenciaria, en Ovidio Lagos y Montevideo, y el "Hotel Savoy", en la esquina noroeste de San Lorenzo y Sarmiento, habiendo proyectado contemporáneamente la monumental estructura de la Jefatura de Policía y Cuartel de Bomberos, en Santa Fe al 2100 frente a la Plaza San Martín y algunas viviendas sobresalientes para su tiempo, como las que construyera en Bvard. Oroño 973,1340 y 1359; Entre Ríos 566, Sarmiento 633, esquina noroeste de Urquiza y Mitre, Mitre 473, Corrientes 299 y la emplazada en la esquina noreste de San Lorenzo y Paraguay, proyectada con Juan B. Soler, con quien estuvo asociado, y cuyos tejados verdes presiden todavía esa céntrica ochava. Vivió en calle Salta 1840 y fue miembro de la London Architectural Association y de la Asociación Central de Arquitectos de la Argentina. Falleció en la ciudad en diciembre de 1910.
Del mismo origen eran Charles Evans Thomas, a quien se debe la mansión que Nicanor De Elía mandara levantar en el entonces Bvard. Santafesino (hoy Oroño) y Mendoza, demolida en 1967/68; Percy Clarke, nacido en 1862 y muerto en 1930, autor del proyecto de la estación conocida como Sunchales, del Ferrocarril Central Argentino, y Arthur Hernet Inglis, a quien se debe el del Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones, todavía subsistente en Salta y Ovidio Lagos, y la vivienda de Entre Ríos 750.
El llamado "academicismo francés" en la arquitectura, que imperara en el país entre 1880 y el Centenario aproximadamente, llegaría con retraso a Rosario y perduraría unos años más. Esta arquitectura, en realidad, había sido introducida en el país a través de la poderosa porteña de origen terrateniente, adherida, en lo cultural, a parámetros,  modas y estilos franceses, como lo preconizara la Generación del 80. El habitual retraso de su imposición en la ciudad debemos atribuirlo por un lado al inevitable efecto de mimetización de las burguesía de   interior, es decir, que es una aceptación meramente superficial. Quizás ,el elemento esencial debe buscarse en el hecho de que el Rosario cosmopolita carecía de una oligarquía tradicional que pudiera apoyarse en un aparato cultural francés y que más aún, aceptara y deseara vivir a lo francés, tal cual sucedía con la élite porteña, señalan Gutiérrez y Viñuales en su pionero estudio Evolución de la arquitectura en Rosario 1850-1930.
En esta etapa es donde sobresale la obra de Eduardo Le Monnier, un parisino nacido en 1873, que se radicó en Buenos Aires y que en Rosario pondría su sello a obras como los edificios del Jockey Club, en la esquina sureste de Maipú y Córdoba y "La Bola de Nieve", en Laprida y Córdoba. Se le deben asimismo construcciones valiosas la subsistente en la esquina sureste de Entre Ríos y San Lorenzo, cuya parte superior, aun con supresiones, sigue conservando mucho de sus características originales; la que fuera casa central de la firma Castagnino Hermanos, en Corrientes al 300, aunque en este caso sufriendo los irreparables daños que conllevaron reformas arbitrarias cuando no irresponsables.
También le pertenecen los edificios de Córdoba 1560; la primitiva sede de "La Unión Gremial" (actual Banco de Boston), en la esquina sureste de Córdoba y Mitre, construida por Mazuchelli e Isellan el Centenario; la residencia de Alberto J. Paz, en Córdoba al 1500; la de San Lorenzo 1055, cuya construcción estuvo a cargo de Máspoli; la de la esquina noreste de San Lorenzo y Sarmiento, entre otras, o originalmente ocupado por la empresa Federico Meiners, en San Martín 1269, todavía subsistente. Algunas de las muchas construcciones de Le Monnier, pese a su formación académica, exhiben sin embargo rasgos del "art nouveau" o "modernismo", cuya influencia se hiciera visible en Rosario, desde los finales del siglo XIX hasta el une 10 de los años 20.
No menos significativa sería su labor porteña, con obras como el Palacio de los Fernández Anchorena, en la esquina noroeste de Avenida Alvear y Montevideo, de 1909, luego perteneciente a María Adelia Harilaos de Olmos, quien la donaría para sede de la Nunciatura, que la ocupa aún hoy; el Yatch Club Argentino; la sede central de "La Bola de Nieve" en la Capital Federal y algunas residencias particulares de significativa vigencia.
Emile Hughé, muerto en 1912, proyectaría el Banco Francés del Río de la Plata, en la esquina noreste de San Lorenzo y Sarmiento, otra de las interesantes construcciones que aún conserva la ciudad, aunque sometida al desinterés oficial y general por su conservación y mantenimiento; Augusto Plou, otro destacado profesional de ascendencia francesa, tendría a su cargo, en 1905, el proyecto de la Escuela Gobernador Freyre, luego Escuela Normal N° 2, en Córdoba y Balcarce. Plou sería responsable asimismo de la propuesta de reformas en el Teatro Colón de Urquiza y Corrientes en 1910, contando con el antecedente de ser el autor del Teatro Municipal de Santa Fe; proyectaría también algunas residencias de la alta burguesía rosarina, como la de Díaz de Fernández, en Córdoba 1547, frente a la actual Plaza Pringles, y la de Córdoba 2084, construida por Ferrari. Francés era asimismo Rene Barba, a quien pertenece el proyecto del Hospital Nacional del Centenario, una de las grandes obras surgidas en el fervor que despertaran en 1910 los cien años de la Revolución de Mayo.
Otro profesional recordable por sus obras es Juan B. Durand (1888-1934), un descendiente de inmigrantes franceses, autor de los proyectos del monumental Palacio Fuentes (1926), en la esquina noroeste de Sarmiento y Santa Fe, con sus puertas igualmente emblemáticas, procedentes de A. G.Wunsiedel, de Baviera (Alemania); del edificio de la esquina sureste de Mendoza y Sarmiento, ocupado originariamente por la Federación Agraria Argentina; el Club Rosarino de Pelota, en San Luis esquina Alem; la residencia de Leopoldo Uranga, en Santa Fe 730, actualmente sede del Consejo de Ingenieros; la vivienda de Santa Fe 880/82, construida por Candia e Isella; o su propia residencia, en la esquina noreste de Santa Fe y Dorrego, entre otras.
Destacadas entre las de la ciudad y, además, entre las del propio ed­ficio, las reconocidas puertas plafonadas del Palacio Fuentes, ubicadas en su ochava, representan un distintivo estético de alto contenido simbólico, constituyendo en sí mismas una verdadera obra de arte. Su "singular” similitud compositiva, así como la "evidente" licencia que se tomó su autor en el empleo de determinados elementos figurativos, que se hallan emplados con un ritmo definido, la vinculan ineludiblemente con las famosas "Puertas del Paraíso" (Baptisterio de Florencia, Italia, de Lorenzo Ghiberti), orientando a quien las diseñó, el artista Manuel Ocampo, en una búsqueda estética en fuentes europeas. Con tres metros de ancho por lineo metros de altura se representan en ellas "los cuatro vientos, las cua­tro estaciones, la ganadería, la agricultura y las razas humanas. Símbolos todos que definen los elementos que engendran el progreso y magnitud de este maravilloso joven pueblo".
(Viviana Marini: "Puertas de Rosario", primera parte, en revista Una mano, septiembre de 2003).

Meneen ser mencionados asimismo los alemanes Ernesto Sackmann, , autor del Palacio Recagno, actual Liceo "Bernardino Rivadavia", en Bvard. Oroño 1163, una de las construcciones notables de comienzos de siglo, con vitraux traídos desde Alemania, y de la residencia  N° 1045 del mismo bulevar, y George Goldammer, que tuviera a su cargo la finalización del proyecto del teatro La Ópera ( 1904) modificando parcialmente el proyecto original de los italianos Cremona y Contri; Raúl Zapata, un ingeniero nacido en Bolivia, que fuera proyectista  de la "Tienda Buenos Aires", edificio que subsiste con modificaciones en  la esquina noroeste de Córdoba y Entre Ríos y dictara cátedras en la Facultad de Ciencia Matemáticas; Alejo Infante, también ingeniero y docente universitario como el anterior, que proyectara el  Palacio Vasallo, residencia del prestigioso cirujano Bartolomé Vasallo en la esquina noroeste de Córdoba y 1o de Mayo, actual sede .del Concejo Municipal de Rosario.
Alejandro Christophersen, nacido en Cádiz en 1866 y muerto . en Buenos Aires setenta años después, otro de los nombres relevantes de. la arquitectura en la Argentina, sería responsable en la ciudad de edificios  que han perdurado en el tiempo, como los de la residencia de Pinasco en la esquina noroeste de Córdoba e Italia, actualmente ocupada por la Universidad Nacional de Rosario, el edificio de Italia y Santa Fe (esquina noroeste) o el de Pasaje Álvarez al 1500, sede hacia 1995 de una delegación del Senado santafesino. Ninguno de ellos  alcanzó sin embargo la magnificencia arquitectónica de algunas de sus obras porteñas, como el imponente Palacio de los Anchorena (1908), actual Palacio San Martín, frente a la plaza homónima, sede tradicional de la Cancillería argentina, en calle Arenales, el Hospital de Niños (1888), con Ernesto Bunge, o el Banco de la Nación Argentina (1923) en Rivadavia al 2800.
También inmigrante, aunque temporario y por razones distintas a las de cientos de miles de españoles que llegaron en busca de mejores horizontes, sería otro de los grandes arquitectos europeos que dejaron en Rosario la impronta de su obra y, en este caso, de su personalidad, el barcelonés Antonio Roca i Simó (graduado en 1906 y arribado a Rosario poco después), cuyo parentesco con la familia Cabanellas, una de las "de fortuna" en el Rosario de comienzos de siglo, le facilitaría concretar en la ciudad un puñado de proyectos de real valor.

A Roca, exponente del llamado "modernismo catalán", una de las formas del "art nouveau" europeo, deben los rosarinos parte de su valioso patrimonio urbano sobreviviente: el Club Español, en Rioja 1052, cuya solución, señala el también arquitecto Mario Bonacci, es de especial impacto por lo atrevida y deslumbrante, con el vacío central gigantesco en función del desarrollo de la escalera principal; para plantear un espacio así, no sólo es necesario ser inteligente: también se necesita valentía; el llamado "Palacio Cabanellas", en la esquina noroeste de Sarmiento y San Luis; el edificio de la firma "Remonda, Monserrat y Cía.", en la esquina de San Lorenzo y Sarmiento (ochava noreste); el Banco de Castilla y Río de la Plata, en Rioja y Mitre, y el de la Asociación Española de Socorros Mutuos, en Entre Ríos y Santa Fe, frente a la que fuera residencia de Felipe Censi, todos ellos edificios absolutamente reconocibles, como lo es el de la antigua "Panadería Europea", en San Luis al 1100, propiedad también de la familia Cabanellas.

Todos éstos presentan una riquísima utilización de recursos afines al Modernisme Catalán, una formidable capacidad artesanal en el trabajo del hierro, el uso de azulejos, mosaicos, vitrales con una ornamentación que aprovecha motivos zoomorfos, antropomorfos y heráldicos. Una de las obras más significativas es el edificio del Club Español, con un espacio interior y un tratamiento del exterior, donde los tres vanos flanqueados por conjuntos escultóricos y ornamentaciones de hierro, acentúan la fuerza plástica del conjunto. Es notable la oposición entre el modo de producción artesanal del escultor Diego Masana y la ejecución industrial de la puerta de acceso en hierro, encargada a W. MacFarlane & Co. de Glasgow. La notable capacidad de Roca traducida en la calidad de su obra hace de estos cinco edificios buenos exponentes de una corriente que interesa en el panorama de la arquitectura argentina.
(Viviana Mesanich - Carolina Rainero - Graciela Schmidt Guy Van Beck - Claudia Chiarito: "Francisco Roca y el art nouveau", en Recorridos de arquitectura en Rosario, Centro de Arquitectos de Rosario, 1986)

Su obra, llevada a cabo en un lapso de tiempo que apenas supera un lustro (el período de su residencia en Rosario, única ciudad del país en la que se levantarían edificios proyectados por él), se concretaría en los primeros diez años del siglo XX, constituyendo sus obras, casi cien  después, ejemplos vigentes (y subsistentes por suerte) de un verdadero creador.
Roca trabajaría en la ciudad junto a un escultor sin duda también relelevante, su compatriota Diego Masana, un catalán nacido en octubre y muerto en Rosario en 1939, quien viajara a la Argentina en 1911 con su título de egresado de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y estudios inconclusos de arquitectura y medicina, además de algunos premios por sus trabajos escultóricos, como los de Viena, en 1904  y Zaragoza, en 1908.
En Buenos Aires, Masana ganaría el concurso para la decoración ornamental de la fachada del Banco Castilla y Río de la Plata. Dos años después, sus obras eran parte relevante de los edificios del Club Español y del Palacio Cabanellas, dos de los proyectos ambiciosos de Roca i Simó Fue autor asimismo del valioso pulpito de la Iglesia de San Cayetano, de trabajos en madera, y ejerció la docencia en el Círculo Artístico de Rosario entre los dos centenarios.
Otro colaborador de Roca sería uno de los miembros de una impar familia de artesanos, Salvador Buxadera (también compatriota, inicialmente asociado al pintor Eugenio Fornells en "Buxadera, Fornells y Cía.", con taller en Mitre 435, donde aún existe su casa familiar), cuyos vitraux, verdaderas obras de arte enmarcadas en el dominio impecables de la técnica del plomo y los cristales de colores, embellecerían también muchas de las mansiones y residencias rosarinas e iglesias, desde comienzos de siglo y hasta su retiro de la actividad.
Contemporánea de la obra modernista de Roca es la aparición en la ciudad de otras expresiones arquitectónicas del "art nouveau", realizadas entre 1900 y 1920, especialmente verificables en la fachada de algunos edificios de la zona céntrica rosarina, en muchos casos realizados y proyectados por constructores cuyos nombres no han quedado registrados. Otras viviendas que ostentan, aun con un visible eclecticismo, rasgos distintivos del "art nouveau", reconocen la autoría de arquitectos y constructores de cierta notoriedad en Rosario en el período aludido, como Amador y Rosendo Soler, Torcuato Nale, José Mompel,Virgili y Cisa, Crexell e Hijo, Perla y Rezzara y otros.
Algunas de esas construcciones sobreviven aún (en algunos casos lozanamente) en los primeros años del siglo XXI, como en los casos de las de Presidente Roca 455/59 y Moreno 840, realizadas por Nale y Mompel, respectivamente; Entre Ríos 368, construida por Amador Soler en 1909; Santa Fe 1290, de Felipe Censi; San Luis 653, de Crexell e Hijo, de 1911; Urquiza 1772/74/76 y 1623, construidas por Rosendo Soler las primeras y por Pedro Pinazo la segunda; Presidente Roca 1576, realizada por Perla y Rezzara; o las de Mitre 431, Rioja 1260 y Laprida 841, cuyos constructores no están identificados, realizadas todas en el período 1900-1920.
La presencia importante del "art nouveau" en Rosario reconoce varias razones, desde la frecuentación personal de buena parte de la clase adinerada de las capitales europeas en sus viajes en los grandes vapores de la travesía oceánica, al acceso a revistas y publicaciones en las que era posible conocer las novedades de aquel movimiento que constituía una "modernidad" casi transgresora frente a los criterios cul­turales y estéticos del siglo XIX.
No menos relevancia en la aparición de edificios y viviendas con fachadas y detalles "art nouveau" tuvo la consolidación de una clase media inmigratoria, con posibilidades económicas apreciables (y con una vocación menos tradicionalista que buena parte del sector social cuya fortuna se había amasado ya en la segunda mitad del siglo ante­rior), deseosa de ser partícipe también, a través de la vivienda, del mobiliario, de las joyas o de los objetos, de las novedades de ese "arte nuevo".

La evolución arquitectónica de Rosario en las dos primeras décadas del siglo XX acompaña a la del país en el mismo lapso. El Art Nouveau aparece casi simultáneamente aquí y en Buenos Aires, siendo adoptado en nuestra ciudad por la floreciente burguesía comerciante de origen inmigratorio. Este sector social busca, a través de la diferenciación e indivi­dualización de sus obras, expresar su creciente autonomía. A este fenómeno no es ajena la búsqueda de identificación y de proyección hacia la ciudad, cuyo objetivo se evidencia tanto en la creación de espacios societarios, como a través de edificios símbolos, aptos para permitir la perduración de su nombre o la visualización del poder económico y obviamente también en la vivienda.
(Mesanich y otros: Op. cit.)

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame” Tomo I. Autor Rafael Ielpi Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

martes, 16 de octubre de 2012

LA HORA DE CONSTRUIR


Para entonces (1900), Rosario tiene 200 mil habitantes. El reciente censo del 26 de abril de 1910 había arrojado la cifra de 192.278 contra 150.686 del 19 de octubre de 1906. En medio siglo, la población había aumentado en estos términos: 3.000 habitantes en 1851; 9.785 en 1858; 23.169 en 1869; 50.914 en 1887; 91.660 en 1895; 112.461 en 1900; 150.686 en 1906 y 192.278 en 1910.
Esta población vive en aproximadamente 20 mil casas, se lee en La Nación. El censo de 1906 había dado 16.400, pero al aumento de más de 10 mil habitantes que ha exigido nuevas viviendas, hay que agregar el incremento de la edificación provocado por causas económicas generales y por la particularidad de la electrificación de los tranvías, sobre cuyas líneas se han improvisado barrios enteros. Las construcciones de dos y más pisos, que se han visto levantar por doquiera en los últimos años, no habrán alterado la proporción de 1 906 de 93,26 por ciento de casas de un piso, 6,24 por ciento de dos pisos, 0, 17 por ciento de tres pisos y 0,03 por ciento de cuatro o más. Es que las viviendas baratas se han corrido por los suburbios y la edificación en el centro, por  activa que haya sido, apenas si habrá logrado mantener esa proporción.
Seis años más tarde, en el Centenario de la Independencia, el crecimiento del Rosario es perceptible aún para los visitantes: El núcleo denso de la ciudad está encerrado en 400 manzanas entre el río Paraná y los Bulevares Pellegrini y Oroño. La población empieza a diluirse en los lindes de este triángulo hasta los arrabales, por donde siguen las calles de acceso urbanizadas en largas extensiones. Quedan así unidos al centro, sin solución ,de continuidad, los barrios de Talleres, Refinería y Echesortu y forman manchas los de Arroyito, Vila y Saladillo.
El aspecto edificio, sin embargo, no ha sufrido mayores variaciones: La ciudad puede decirse que se está edificando: de lo viejo, de una vejez de 30 años, nada es definitivo. En las calles interminables y rectas, sigue diciendo el diario de los Mitre, a las que la misma falta de carácter dá un carácter, los bloques de construcciones bajas se prolongan a ambos lados de las calzadas limpias y lisas. Predomina la arquitectura anodina de la puerta y los dos balcones (recuerdo de las dos ventanas) en las obras más presuntuosas. La prosperidad ha creado capitalistas, grandes y chicos, pero ha ido demasiado rápido para depurar el gusto. Sin embargo, una minoría creciente marca una reacción que se difunde por el ejemplo, y antes de mucho tiempo los arquitectos de verdad habrán sustituido a los maestros albañiles, todavía demasiado en boga.
Dentro del aspecto general sin duda transitorio, las casas de dos pisos for­man grupos compactos en el centro y se desparraman, irguiendo sus desairados paredones sobre las chaturas vecinas, en las calles más alejadas. No puede mostrarse el Rosario, seguramente, como una ciudad bella, es el diagnóstico de La Nación, aunque condesciende a aseverar: pero tiene su encanto. Hay mucha luz, todo es nuevo y la gente parece feliz. Si no comprende la poesía melancólica del pasado siente hondo la del porvenir. El cambio de posición no seducirá a los artistas, pero es fecundo en estímulos y lógico donde no hay reliquias que guardar...
En la segunda quincena de marzo de 1911, La Capital publica una nómina de los principales edificios que se comenzaron a construir, con mención del propietario, ubicación y costo de la finca. La misma incluye viviendas cuyo valor va desde los $ 140.128 que cuesta la única de dos pisos, que Pedro Cardini hacía levantar en San Luis entre Independencia y España, a los 37.000 de la de Néstor Noriega, en Laprida entre Mendoza y 3 de Febrero. Otras construcciones en ejecución en ese momento eran las de Juan Semino, en Avda. Pellegrini al 600, valuada en % 14.000; la de Portalis y Cía, en Santa Fe entre Callao y Rodríguez, de $ 11.338; la de A. Passanti, en Avda. Pellegrini e Independencia, de $ 28.856, entre otras.
En las zonas "suburbanas", los precios eran de este tenor: $ 7.940 es la valuación de la casa construida por S. Gorpi, en Buenos Aires entre Viamonte y Ocampo; $ 17.448 la de E. Segovia, en Avda. del Tiro Federal entre Avda. Alberdi y Avellaneda y $ 17.680 la de A. Saint Palencat, en Italia entre Güemes y Brown.En gran parte de esas obras trabajaban mayoritariamente albañiles, peones y ayudantes llegados de Italia.
La inmigración, y en especial la italiana, tendría mucho que ver Umbién en la conformación del perfil urbano-arquitectónico del Rosario de las primeras décadas del siglo, a través de arquitectos, ingenieros, constructores, maestros de obra, artesanos y albañiles que consumían en forma mayoritaria el sector de la construcción en la ciudad.
A ellos se deberán no sólo muchas de las grandes mansiones y residencias emplazadas en las zonas más valiosas como el Bvard. Oroño v la calle Córdoba, en especial, sino también las viviendas populares que, bajo la característica de "casa chorizo", o de las ulteriormente conocidas simplemente como "casas de barrio", se sucederán una junto a la otra ya desde finales del siglo XIX y exteriorizarán un modelo reiterado del mismo modo que lo sería el tipo de construcción "a la italiana" que es visible aún hoy en el centro rosarino y en algunos barrios, traducida en los símbolos diversos que adornan las fachadas.
Blas Matamoro sintetiza esos criterios que imperaron tanto en Rosario como en Buenos Aires: La intervención del albañil italiano hace aparecer la idea del poder de gasto: la pared colonial, lisa y desnuda, se cubre de elementos decorativos, ventanas "a entablamento", con marcos y frontis de manipostería, triangulares o curvos; guirnaldas con hojas de acanto; rosetones renacentistas con motivos florales; rejas de gruesas guías (adornadas con lanzas, espigas, cabecitas ensartadas de personajes del Renacimiento, volutas, alas, hojas de cardo); rosetas con que coronan los frontis y finalmente el cuerpo humano, nudamente mostrado en medallones y coronamientos en que aparecen rostros de personajes heroicos o legendarios y en el desnudo cuerpo del amorcillo pompeyano, en las más diversas actitudes.
Algunas construcciones que subsisten todavía en el inicio del siglo X XI, como la parte superior del antiguo Círculo Italiano, en la esquina noreste de Córdoba y Mitre, o muchos edificios del centro rosarino, ejemplifican con claridad todo ello. Otras, como las emplazadas en lo hoy se llama el "Paseo del Siglo" (Córdoba desde Paraguay a Bvard. Oroño), no sólo sirven para ilustrar, con características y épocas distintas pero siempre en el período 1900-1930,la vocación de los miembros de la burguesía rosarina por ser dueños de una residencia "de estilo", ejerciendo una "aristocracia del dinero" que la igualaba, por lo "históricas" sobrevivientes, como las de Enrique Astengo, Casiano Casas, Domingo menos en su exterior, a su similar porteña, sino para estudiar también la distribución de este tipo de residencias que aún hoy no dejan de mantener su imponencia.
En el último sector señalado, sobre calle Córdoba, y extendiéndose por la misma desde la actual calle 1o de Mayo a Bvard. Oroño, levantarían sus residencias muchas de las familias adineradas de la ciudad. Con la numeración del momento de su relevamiento (mediados de la década del 20) consignada entre paréntesis, pueden mencionarse las de Ramón Marull (631), Esteban Tiscornia (761), Pedro Tiscornia (763), Fermín Lejarza (954), Gervasio Colombres (1221), Mariano Marull (1235),Angel García (1267), Carlos Berlengieri (1364), Ernesto Marquardt (1411), Guido Travella (1432), Santiago Recagno (1433), Juan Marull (1668), Leonardo Benvenuto (1826), Casiano Casas (1850), Filomena B. de Siquot (1853), Enrique Astengo (1860), Luis Copello (1868), Alfredo Rouillón (1995), Santiago Pinasco (2170), Angela Tiscornia de Pinasco (2181), y algunos más.
Mikielievich consigna el caso del antiguo edificio emplazado en Córdoba entre Comercio y Aduana, actuales calles Laprida y Maipú, en el que funcionaran hasta 1907 firmas comerciales notorias de la ciudad, como la de Manuel Arijón y la Sociedad Anónima El Saladillo. Construido por cuenta de Manuel Paz en 1885, ostentaba la particularidad de sus dos balcones volados cubiertos con celosías de cristales, las primeras de su tipo en el Rosario.
Recordaba el fundador de la Sociedad de Historia de Rosario: La vivienda citada, por la construcción de sus plantas, puede ser un buen ejemplo de las viviendas de la clase acomodada: tres grandes salones y uno pequeño al frente, independientes; diez habitaciones grandes, cocinas, baños, patios y corredores con galería en la planta baja. La planta alta, destinada a residencia familiar, con terraza y escalera de cedro, además de otros detalles de confort, tenía sala, comedor, escritorio, tres dormitorios, despensa, piezas para el personal de servicio, cuartos de baño, cocina y retrete.
Semejante desmesura espacial y parecida distribución pueden verificarse todavía hoy en varias de las construcciones Minetti, etc., en el aludido "Paseo del Siglo", muchas de ellas convertidas hoy en sedes de instituciones profesionales o empresariales de distinta índole.
Para comienzos de este siglo no sólo se habían transformado los modos de vida siguiendo costumbres más o menos europeas, más refinadas y lujosas, sino que los edificios adquirieron distribuciones, materiales y apariencias de gusto depurado y de elegante diseño. Así, la casa de la élite que aceptaba y quería vivir a lo francés adopta la modalidad del petit hotel, del que pueden encontrarse diversas variantes en cuanto a tamaño y lujo a lo largo de Bvard. Oroño y de otras arterias principales de nuestra ciudad. Ciertamente, las instituciones clave presididas por prestigiosos rosarinos, construyeron sus edificios en significativas formas francesas, tales como la Bolsa de Comercio y el Jockey Club, estructurados enfundan de un eje de simetría, pero resuelto con un orden rigurosamente elegante, este último. También obras de gobierno se orientaron a Francia. Dentro de ese tipo de edificios de gran envergadura se destacan los viejos Tribunales rosarinos por la finura, proporciones, talento compositivo y su escala ajustada al entorno sin monumentalidades retóricas
. (Viviana Mesanich - Carolina Rainero - Graciela Schmidt Guy Van Beck - Claudia Chiarito: "Los reviváis", en Recorridos de arquitectura en Rosario, Colegio de Arquitectos, 1986)

Aquellas mansiones finiseculares, así como otras construidas en los primeros años del siglo XX, tenían sus problemas pese a la imponencia de las mismas y la nobleza de los materiales, por lo general importados, utilizados en su construcción. Elvira Aldao de Díaz consigna en Recuerdos de antaño que las mansiones, a pesar de sus vastos salones de fiestas, columnas, estucos, mármoles y artesonados, carecían de confort. Los hogares eran de adorno y jamás se encendían. La casa de dos plantas de Camilo Aldao, en Santa Fe y Buenos Aires, fue la primera con baño a la inglesa, al lado de los dormitorios, para poder bañarse  en invierno. Entonces las mujeres tenían un costurero aunque nunca cosieran en él: su verdadera función era servir de toilette de las señoras durante las fiestas. Los comedores fueron transformados en lugares umbríos, con sus espesos cortinados, muebles fastuosos y pesados y un aparador grande como una catedral...
Es en la misma época (últimas décadas del siglo XIX, años iniciales del siguiente) cuando se levantan en la ciudad, además de las residencias fastuosas que subsisten en dicho tramo de la calle Córdoba, Una serie de viviendas igualmente novedosas, una de cuyas características no convencionales estaba en los amplios balcones superiores, cubiertos por ventanales vidriados. Dos de ellas atraían en particular la curiosidad de los rosarinos de entonces: la emplazada en Córdoba entre Laprida y Maipú y la ubicada en Mendoza entre 25 de Diciembre y Io de Mayo.
Similar jerarquía pero mucho mayor perduración en el tiempo tendrían otras residencias, como la denominada "Quinta Canals", levantada por el empresario catalán Juan Canals para vivienda familiar en la manzana comprendida entre las calles Rioja, San Luis, Moreno y Balcarce, con acceso principal por la primera de las nombradas, consigna Mikielievich, rodeada por cuidados jardines, visibles desde el exterior a través de las verjas, que podían observarse como expresiones de acabada artesanía en forja de hierro. Tan hermosas eran, ironiza el autor de Memorias de Rosario, que un impreciso día, desempeñando el cargo de intendente municipal uno de los tantos foráneos nombrados desde Santa Fe, fueron arrancadas para destinarse, según se dijo, a cercar el casco de una alejada estancia...
Abandonado durante varios años, el inmueble pasó a poder de la municipalidad rosarina en 1902, durante la intendencia de Luis Lamas, siendo destinado a albergar las dependencias sanitarias de la Asistencia Pública, lo que hizo que pasara a ser conocido como "Palacio de la Higiene". Una parte del predio se destinó para instalar la Administración de Limpieza y Maestranza municipal, y aquella condición de empla­zamiento de dependencias oficiales se mantuvo hasta la actualidad, mientras que el sector que da a calle San Luis se constituyó, por décadas, en lo que el ingenio popular bautizó como "Monumento al pozo", por la gran excavación que demandó una obra pública frustrada y para­lizada durante muchos años, y cuya estructura se utilizaría, finalmente, para la construcción de un centro de salud municipal, el CEMA, cuya primera etapa se inauguró en agosto de 1999.

Desde el alejamiento de Canals, quedó completamente abandonada la que fuera su residencia. Los cuidados jardines se convirtieron en tupidos yuyales donde convivían como en la selva alimañas de toda especie. Los prolíficos roedores, magníficamente alojados en ¡as decenas de habitaciones, al poco tiempo comenzaron a ser molestados en las noches por vagos, a los que se agregaron delincuentes que establecieron allí sus guaridas. El pánico cundió en el vecindario, lloviendo quejas y denuncias de escucharse a altas horas de la noche fuertes ruidos de cadenas y quejidos. Decíase que al denunciarse esa situación, los vigilantes destacados para verificarla eran todos sordos... Hasta que un comisario, cansado de la reiteración de esos reclamos, después de meditar concienzudamente el procedimiento y aprovechando una noche tormentosa, con un piquete de subalternos provistos de antorchas, extrajo del laberíntico lugar no menos ¡le una docena de chanchos y viudas. Con esos nombres eran conocidos los delincuentes enmascarados que, a altas horas de la noche y después de apagar las mechas de los faroles a kerosene del alumbrado público o rompiéndolos, aparecían sorpresivamente de algún portal o hueco, gruñendo los primeros o llorando las otras, hasta paralizar a los peatones, unos por miedo y otros por compasión, terminando en ambos casos por ser despojados de sus alhajas, carteras e incluso de la ropa.
(Wladimir C. Mikielievich: Memorias de Rosario, Subsecretaría de Cultura, Municipalidad de Rosario, 1986)

No serían "chanchos" ni "viudas" los que motivarían a partir de las quejas de los vecinos de la ex residencia del emprendedor y controvertido Canals, cuyo nombre fuera asociado permanentemente a proyectos pero que terminaría finalmente poco menos qui pobre de solemnidad en Buenos Aires, tras el fracaso de distintos negocios que encarara con el mismo dinamismo, la misma determinismo muchas veces la misma mala fortuna.
Canals, nacido en Barcelona en 1849, se dedicó inicialmente al comercio mayorista, a partir de su arribo a Rosario en 1870, para encarar luego el financiamiento de la construcción de obras públicas en la ciudad, desde pavimentos a edificios en algunos casos notables, como el ya citadoPalacio de Justicia o su ya mencionada residencia particular devenida en Asistencia Pública. Con Llavallol había adquirido un extenso sector de las tierras que ocupa hoy el barrio Lisandro de la Torre (Arroyito), las que vendería en 1903.
Mikielievich consigna: Entre las obras que no pudo terminar figura el puerto de Rosario, que por contrato firmado en 1888 debió concluir en el término de cinco años. Para su ejecución organizó la Sociedad Anónima Puerto di Rosario de Santa Fe, cuyos estatutos aprobó el gobierno nacional el 8 de mayo de 1890. A causa de la crisis del 90 se vio obligado a abandonar el compromiso luego de invertir alrededor de 12 millones de pesos moneda nacional. I ni mi luchador infatigable que trabajó con tenacidad y audacia aunque con infortunio.
El autor de Memorias de Rosario incluye en su libro una nota periodística sobre la muerte de Canals que resume el juicio de los rosarinos sobre aquel catalán incansable, cuya parábola de vida lo llevaría de la opulencia a la pobreza: El valor moral y la indulgencia fueron sus dos características en la adversidad; cuando la buena suerte le sonrió, fue generoso y útil; factor de beneficios colectivos y de progresos urbanos. Jamás hizo derramar una lágrima a nadie ni a nadie hizo el más mínimo daño.
Pocos días después de su muerte en Buenos Aires (3 de enero de 1901), Caras y Caretas coincidiría en la evaluación del empresario: Ha bajado a la tumba uno de los hombres a quien más debía el progreso material del Rosario, pasando casi inadvertida su muerte, después de haber sonado como pocos su nombre, que en otra época, cuando Canals era figura de primera magnitud en el mundo de las especulaciones, se repetía por todos con admiración si no con respeto. Mikielievich recuerda: Cuando ocurrió su deceso había satisfecho todas sus deudas comerciales originadas por la crisis del 90, las que representaban una enorme suma.
En 1917, una carta de lectores en La Capital se refiere a otros males vinculados al sector donde se emplazaba la ex residencia de Canals: Los desgraciados vecinos que tenemos la poca fortuna de vivir en los alrededores de la Asistencia Pública tenemos que pasar las noches en claro, sin poder conciliar el sueño debido a la gran jauría de perros que se cobijan dentro de los muros de la misma. Admitamos que el vecindario soporta también pacientemente los malos olores que despiden sus caballerizas... Como quien dice, todo un paraíso.

El corralón municipal estaba en la manzana comprendida por Rioja, San Luis, Balcarce y Moreno, donde está la Maternidad Martin ahora. Por la esquina de Moreno y San Luis, donde está el "Monumento al Pozo", por allí entraban al corralón los carros que recogían la basura. De eso me acuerdo bien. El patio estaba pavimentado con adoquines grandes y había una pileta para bañar a los caballos que era como de 3 metros de ancho más o menos, y el conductor que llevaba sus animales, los metía caminando por un declive también pavimentado, para poder entrar y salir el caballo. Una cosa que ahora parece pintoresca, entonces era normal. En la esquina de Rioja y Balcarce tenían la perrera. Tenían las jaulas de los perros allí.
(Smaldone: Testimonio citado)

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame” Tomo I.  Autor Rafael Ielpi Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

lunes, 15 de octubre de 2012

NO SOLO DE FUTBOL VIVE EL HOMBRE ( Anecdotario)


Por lo que vimos hasta aquí, la casi totalidad de las instituciones deportivas rosarinas nacieron al conjuro de la pasión futbolística de la ciudad. Sin embargo, otros deportes ocuparon la atención de numerosos adeptos y dieron vida a entidades prestigiosas, muchas de las cuales perduran en nuestros días, engrandecidas y orgullosas de su creciente progreso.
Así, por ejemplo, Diego Abad de Santillán encontró evidencias de que en 1860 (siete años antes de que se fundara el decano Atlético del Rosario) se jugó en nuestra ciudad un partido de béisbol, actividad que cultivaron con algunas intermitencias residentes extranjeros durante todo el siglo XIX.
Por otra parte, dos años antes del nacimiento de Rosario Central, en el entonces vecino poblado de Alberdi, un grupo de entusiastas remeros que acaudillaba Walter Ransdale, fundó el Rosario Rowing Club. Corría por entonces el año1887 y en razón de la magnitud que tomaron sus actividades, en  cambió su nombre por el de Club Internacional de Regatas de Alberdi. Cuatro años después se fusionó con el exclusivista Club del Progreso, retomando su denominación original. En 1917, diferencias insalvables de criterio en la conducción llevaron a un grupo de asociados a escindirse para fundar otra institución de enorme arraigo en la ciudad: el Club de Regatas Rosario, fundado el 16 de abril de 1917, acaparador de premios y trofeos del mas alto nivel en el remo nacional e Internacional. Sus botes estuvieron en olimpíadas, campeonatos panamericanos y sudamericanos, y los nombres de Alberto Demidi -el más notorio-, Mario Guerci, Hugo Aberastegui, Ricardo González, Luis Pechenino, Enrique Lingenfelder y tantos otros, acrecentaron el pres­tigio argentino en esta actividad, en la que también descollaron los representantes del Club Remeros de Alberdi fundado con el mismo fin en el año 1919.

Admitimos finalmente la responsabilidad de haber sido injustos con una cantidad de precursores que, en distintas épocas, dieron vida a otros clubes que no hemos podido nombrar. Actividades como el ciclismo, el basquetbol, el tenis, el rugby, la natación, el atletismo, etc., dieron motivo a la agrupación de voluntades que fructificaron en instituciones de donde surgieron nombres de valía para el deporte rosarino. Algún compilador atento vendrá en los tiempos futuros para hacer la crónica detallada que complete esta reseña donde agrupamos a los clubes más encumbrados de la ciudad.
Más allá de olvidos, omisiones y carencias, este trabajo que culminamos asume el carácter de sincero reconocimiento a una comunidad que, a través de sus manifestaciones deportivas, le ha impreso el sello de su propia idiosincrasia, el mismo que le ha permitido destacarse y brillar con luz propia en el amplio y difícil escenario del deporte nacional tanto como en el internacional En tales acontecimientos, Rosario ha estado muy bien representada y eso, sin ninguna duda, es mérito de aquellos precursores-y ófe este continuadores- que han dado vida a los clubes de la ciudad.
Fuente: Bibliografía de Historia de Rosario Central de autor Andrés Bossio