Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 13 de octubre de 2011

LA ABADÍA DEL NIÑO DIOS DE LOS MONJES BENEDICTINO ( Entre Ríos)


Por Raúl Antonio Pedemonte
La centenaria Abadía del Niño Dios de los Monjes Benedictinos de Victoria, Entre Ríos está rodeada de un hermoso paisaje de suaves lomadas, coloreadas de todo tipo de verdes. Toda la zona está regada por arroyos que desembocan en el riacho Victoria, afluente del Paraná, o en los bañados adyacentes al mismo. En la cima de una de las colinas del lugar se levanta el conjunto de los edificios del Monasterio. El parque circundante tiene una gran variedad de árboles y plantas, incluso especies exóticas y medicinales. Asimismo cobija gran cantidad de aves. La Abadía del Niño Dios fue fundada el 30 de agosto de1899 por la Abadía de Belloc, Francia, y es el primer monasterio benedictino de Hispanoamérica.
Como todo monasterio benedictino la Abadía del Niño Dios está gobernada por un abad, que significa padre, y según San Benito hace las veces de Cristo. El abad es elegido por toda la comunidad y su tarea principal es trabajar por el bien espiritual de los monjes y atender la administración de los bienes del monasterio. Desde 1997 el abad es el padre Carlos Martín Oberti.
La vida fraterna de los monjes es uno de los rasgos característicos del estilo de vida de los religiosos, ya que son monjes cenobitas, es decir, viven en comunidad. San Benito en su testamento espiritual desea que exista entre ellos un amor sincero basado en el Evangelio, dice él "un celo bueno" que los impulse a una verdadera vida de hermanos. La búsqueda de Dios es el objetivo principal de la vocación del monje. Celebrar la alabanza divina durante el día y la noche con el canto de los salmos e himnos y con gestos y signos litúrgicos que los impulsa a penetrar en el misterio de Dios. Los huéspedes y visitantes participan de la oración litúrgica y experimentan esa paz llena de Dios a la que la oración conduce.
El trabajo para el monje es una manera concreta de colaborar con la obra creadora de Dios, a la vez que posibilita el sostenimiento de la Comunidad y ayuda a los más necesitados.
La Comunidad benedictina realiza una gran variedad de trabajos manuales, entre ellos: tambo con fabricación de dulce de leche y quesos; elaboración de un rico licor artesanal compuesto de 73 hierbas, apicultura (miel, jalea real, propóleo). El Monasterio ha sido pionero en la actividad apícola de la región. Elaboran también una amplia gama de fitoterápicos. Todos estos productos se comercializan con la marca Monacal que hoy es símbolo de calidad y prestigio en todo el país. La Abadía tiene también una surtida santería La Iglesia Abacial está dedicada al Misterio del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Es de estilo neo-románico. Consta de una nave central y dos naves laterales, enmarcadas por columnas y arcos. Comporta una gran luminosidad interior para marcar el paso de la luz. Durante el día el templo se inunda de la luz natural, jugando con los coloridos ramos que vienen del vitral. Esta luminosidad permite constatar el paso del tiempo, a lo largo del día, señalando las distintas horas, momentos en que la comunidad monástica se entrega a la alabanza y a la intercesión por las necesidades del mundo entero. Durante los oficios nocturnos, el prebisterio ofrece una luz blanca intensa, signo de la presencia de Dios en su palabra, y la nave central una iluminación adecuada para la meditación contemplativa propia de estas horas.
Con la luz amarilla se exalta la línea arquitectónica de columnas y arcos (en el interior); las galenas y la torre en el exterior. La hospitalidad es otra característica de la vida monástica. Los monjes benedictinos abren su casa para que todo el que since­ramente busca a Dios pueda encontrarse verdaderamente con él y consigo mismo. Los huéspedes se alojan en un edificio especialmente preparado para ellos y participan libremente de las celebraciones La amplia hospedería de la Abadía funciona también como Casa de Retiros y con esta actividad se brinda un lugar de paz, silencio y descanso a todas las personas que se acercan, sin importar su credo ni su condición social.
La Abadía del Niño Dios de Victoria fundó la Abadía de Cristo Rey en el Siambón, Tucumán, en 1956; el Priorato simple de la Pascua en Canelones, Uruguay, en 1976, y en 1982 asume como Priorato simple al Monasterio de San Benito de LLíu- LLíu, de Limache, Chile.
De la Abadía del Niño Dios depende el Instituto Privado John F. Kennedy de Victoria y el Instituto del Profesorado San Benito destinado a la formación docente y profesional. La comunidad benedictina ha promovido la construcción de un barrio de viviendas cuyo primer grupo fue inaugurado en 1971, y es atendido con mucha dedicación por las Hermanas Dominicas Misioneras. También nació por iniciativa de los monjes el club social y deportivo San Benito, centro de diversos eventos culturales. Además, es preciso señalar que la Abadía es una importante fuente de trabajo para el vecindario. Este es el camino que los monjes benedictinos transitan desde el siglo VI, siguiendo las huellas de su padre fundador San Benito.
Fuente: Abadía del Niño Dios.


Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 92 de Diciembre  de 2010

miércoles, 12 de octubre de 2011

Victoria, destino de agua

La bicentenaria ciudad de las Siete Colinas y su anhelado sueño de unión con la otra orilla: Rosario

“El río que me trae y que lleva -canal de amores, surco de bonanzas- es la historia del pueblo y de sus gentes inédita en la historia de la patria”.
(“La de las 7 colinas”.
Gaspar L. Benavento

Por Cecilia Oberti*

El río y la otra orilla. El destino del agua: marchar para volver. Así, siguiendo ese destino muchos victorienses emigraron hacia la orilla santafesina. Tal vez la sangre gringa hizo que miraran el río como alguna vez sus antepasados miraron el mar y, desde la Vieja Europa, se lanzaron con la esperanza de encontrar nuevos horizontes en la América que, "troppo lontana", ofrecía una tierra de promisión. Tal vez por eso, el río fue siempre la esperanza de un futuro mejor y fue el "norte imaginario" de una brújula que apuntaba siempre hacia Rosario, tan lejana y tan cercana a la vez. Los 60 km que separan a ambas ciudades pueden recorrerse hoy a través del enlace vial Rosario-Victoria, en escasos minutos. Pero al transitar esa distancia, pocos imaginarán que esa conexión física fue el sueño victoriense de casi un siglo. Don Ángel Piaggio, nacido en Victoria, perteneció a la generación de los primeros hijos de inmigrantes que dejaron obras importantes para el progreso de los pueblos y desde su puesto de subprefecto, tuvo la oportunidad de conocer, palmo a palmo, los riachos y arroyos de la región. "Ocupó sucesivamente diversos cargos: Subprefecto del pueblo de Victoria, en 1898, Jefe de Policía, Diputado y Senador en la Legislatura de Entre Ríos, por varios períodos. Dedicó su vida al bien público, promoviendo y cooperando en todas las iniciativas de adelanto y bienestar general. (...) La paz del deber cumplido y la pobreza lo acompañaron en sus últimos años. Había trazado para su pueblo la ruta del futuro opulento y sus golpes con la pala y el pico abriendo el camino a Rosario repercutirán siempre en la sensibilidad del pueblo entrerriano. Fue un visionario." (1) Don Cleto Colman, un lugareño conocedor de los recodos de las islas fue quien dio el dato preciso a don Ángel Piaggio para que éste pudiera vislumbrar en su magnífico pensamiento pro­gresista la posibilidad de unir Victoria a Rosario por la vía fluvial. La adelantada visión de Piaggio emprendió la encomiable tarea de construir el primer canal hacia Rosario aunando todas las voluntades de su generación, sin hacer distinciones partidarias ni religiosas. La labor demandaría el esfuerzo y la dedicación de todos los brazos que fueran necesarios. Esta tarea fue reconocida, años después, en 1901, por el Gobierno de la Nación que envió al ingeniero Edmundo Soulages a verificar la importancia del canal y su utilidad. "Los hombres y el comercio de Rosario y Victoria aportaron el capital y don Ángel Piaggio y sus isleros cavaron a pala y pico el cauce del arroyo Campana uniendo las aguas del Barrancoso con las del Timbó Blanco. Victoria y Rosario quedaron unidas definitivamente desde 1898. (...) Las penurias incruentas que pasaron don Ángel y sus peones trabajando con el agua a la cintura atados con cadenas y sogas, fue debidamente apreciado por la población que se volcó incontenible a celebrar la nueva obra, el camino hacia el porvenir" (2). Estas y otras razones dan mérito a don Ángel Piaggio para que hoy, en justo reconocimiento a su obra, se imponga su nombre a la cabecera Victoria del enlace vial, propuesta impulsada por personas y organizaciones civiles pero que, hasta el momento, no ha sido considerado en ámbitos oficiales.

De La Matanza a Victoria
"Te bautizaron Matanza.
¡Qué mal te quedaba el nombre Tierra de trigo y calandria!"
("Entre Ríos, tierra de horneros". Gaspar L. Benavento)

La Bicentenaria ciudad de Victoria no cuenta con fecha ni acta de fundación pero se toma como inicio poblacional el 13 de mayo de 1810, momento en que se erige el Primer Oratorio de La Matanza, por iniciativa de don Salvador Joaquín de Ezpeleta, vasco de nacimiento (n. en Guipúzcoa) y considerado -sin serlo- "el Fundador". Mucho antes de la llegada de Ezpeleta, acaudalado comerciante de la Bajada del Paraná, producida a principios del siglo XIX, el poblado fue iniciándose sobre el lugar de la tragedia que dio el nombre primigenio a la ciudad de Victoria. Es en documentos de la Iglesia, de 1779, donde aparece la primera men­ción del poblado de La Matanza pero don Tomás de Rocamora no lo señala en su Primer Mapa de Entre Ríos, que data del año 1782. Este nombre evoca el trágico hecho histórico en el que murieron los últimos pueblos originarios replegados en la zona. "En cuanto al primitivo nombre de Victoria habría sido tomado del arroyo La Matanza, así llamado a raíz de un sangriento combate desarrollado en 1749 entre tribus charrúas y tropas del Teniente Gobernador de Santa Fe, Don Francisco Antonio de Vera y Mujica y en el cual los aborígenes resultaron derrotados con apreciable mortandad de hombres". (3) Precisamente, uno de los lugares más visitados por los turistas es el denominado Cerro de la Matanza, lugar que recuerda aquel enfrentamiento y que posee un tesoro natural único: el Monte de los Ombúes, declarado reserva ecológica. Sabido es que esta hierba gigantesca crece en solitario, de manera que resulta una atracción poder ver esta formación natural o esta particularidad de agrupamiento Tanto al Cerro de la Matanza con la Abadía del Niño Dios, situada en la cercanías, es posible llegar, desde Rosario, tomando hacia la izquierda en rotonda de la cabecera del enlace vial. El legado de los Monjes Benedictinos provenientes de la Abadía de Belloc, Francia, incorporados a Victoria desde el año 1899, ha sido de suma importancia para la vida social y religiosa la ciudad. Con el correr del tiempo fueron materializando la iglesia abacial, la cripta, el seminario -creado 1903- y, hace pocos años, la nueva iglesia y el anexo donde se comercializar los productos Monacal elaborados con antiguas recetas y con nuevas tecnologías para que el visitante pueda degustar: licores hechos a base de hierba dulce de leche, jalea real, caramelos miel y de propóleo, entre otros. Pero también quienes buscan paz, retire armonía con la naturaleza, hallarán en ese lugar de oración lo que ansían .A pocos pasos de la Abadía, se encuentra el arroyo El Ceibo, cuyo manso caudal se embravece en tiempos abundantes lluvias, aportando al  paisaje el refrescante paso del agua que desliza por una cascada a la vera lo que fuera el viejo Molino harinero Tomando rumbo hacia la ciudad bordeando su costa, puede disfruta] de un paisaje ribereño único que hecho decir a algunos viajeros que hay crepúsculo más bello que el q puede apreciarse desde la costanera o desde lo alto de las colinas, junto al río. En ese paisaje, se mixtura naturaleza con los nuevos atractivos y solares de descanso o recreación restaurantes, playas, arboledas, camping, hotel cinco estrellas, casino y un deslumbrante atardecer de pájaros sobre el riacho, invita al descanso. El poeta Juan de Mata Ibáñez señala acertadamente, en un artículo publicado en 1954: "Es una ciudad blanca, sus­pendida en la cresta de las colinas. Desde todos los caminos que llegan se la ve como una paloma en descanso, con la sensación del vuelo imprevisto. Victoria, enamorada de su río pequeño y manso, baja de sus colinas cada tarde y tiene su encuentro de amor con el agua" (4). La Avenida Costanera lleva el nombre de otro gran benefactor de la ciudad: el doctor Pedro Radío. A este médico, legislador y diplomático, oriundo de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos, pero radicado desde 1919 en Victoria, cuando contaba apenas veinticin­co años de edad, la ciudad de las Siete Colinas le debe la finalización del edificio de la Escuela Normal, el Hogar de Ancianos, el Pabellón de Niños y la Sala de Rayos del hospital local, el edificio de la Escuela Técnica -que también lleva su nombre-, la remodelación del nuevo puerto, el edificio actual de la Prefectura, el primer camino pavimentado -Boulevard Brown, conocido como el "Camino Blanco"-, la Avenida Centenario y la pavimentación de numerosas calles céntricas que aún hoy mantienen su estructura de sólido cemento. Todas estas obras fueron realizadas en un lap­so de aproximadamente dos décadas y la que fuera su casa, hoy alberga el edificio de la Escuela Media y Superior de Artes Visuales "Dr. Raúl Ricardo Trueco". El doctor Pedro Radío falleció en Rosario, a la edad de 62 años, y sus restos descansan en Victoria, la ciudad que amó y a la que dedicó su "hacer" para que el pueblo encontrara, en sus instituciones y con una fisonomía arquitectónica característica, su "ser".

La ciudad de las Rejas

"...y más allá perdido en el boscaje como en un plumerío de torcazas,
claro, el Quinto Cuartel y su calera que era un orgullo en la pequeña patria'
"La de las 7 colmas". Gaspar L. Benavento

Un capítulo amplio en la historia del pueblo y de su gente lo constituye la inmigración, proveniente de los más diversos lugares de Europa y de Oriente Medio. Principalmente, el mayor caudal de inmigración venía desde el País Vasco y de Italia. Vascos y genoveses, que vinieron con la idea de "hacer la América", asentaron la concreción de sus proyectos en el Quinto Cuartel, patrimonio histórico-cultural que se convierte en referencia ineludible del pasado próspero de la segunda mitad del siglo XIX que posicionó a Victoria en los primeros lugares de producción de vinos y cal, además de lo cosechado en plantaciones de olivos y frutales, entre otras mercancías que salían desde el viejo puerto hacia lejanos sitios del país y también allende el mar. El trazado de la ciudad hecho a la usanza española, divide el núcleo urbano en cuatro cuarteles y, por estar fuera del mismo, hizo que se conociera como Quinto Cuartel al antiguo Barrio de Las Caleras, primer polo de desarrollo económico de Victoria. Aún conserva este lugar, los restos de una historia que testimonia silenciosamente épocas florecientes junto a un río que ya no es igual. Desde las ruinas del viejo puerto y la vieja Subprefectura crece, desde la fantasía, la visión de vascos y genoveses en su trajinar cotidiano, que mantuvieron en la nueva tierra de promisión, sus costumbres, sus tradiciones y sus creencias, forjando así el dinamismo de una economía basada, como hemos dicho, en la industria de la cal, las pesquerías y los demás productos que ofrecían los viñedos, los olivares, las quintas con sus árboles frutales y el campo mismo, con su agricultura y ganadería. Los barcos partían desde allí y resulta un hermoso juego de la mente poder recrear en la imaginación las carretas que se dirigían al muelle de embarque a través del Puente de Antón, un puente de piedra que suele dejarse ver cuando las bajantes del río lo permi­ten. Mientras el viejo camino de la cal ha borrado su blanco rastro desde el Puente Verde -ubicado en sentido diagonal, en el otro extremo de la ciudad-, los silenciosos hornos se mantienen de pie, como fríos fantasmas de Barrio de Las Caleras, primer polo de desarrollo económico de Victoria. Aún conserva este lugar, los restos de una historia que testimonia silenciosamente épocas florecientes jun­to a un río que ya no es igual. Desde las ruinas del viejo puerto y la vieja Subprefectura crece, desde la fantasía, la visión de vascos y genoveses en su trajinar cotidiano, que mantuvieron en la nueva tierra de promisión, sus costumbres, sus tradiciones y sus creencias, forjando así el dinamismo de una economía basada, como hemos dicho, en la industria de la cal, las pesquerías y los demás productos que ofrecían los viñedos, los olivares, las quintas con sus árboles frutales y el campo mismo, con su agricultura y ganadería. Los barcos partían desde allí y resulta un hermoso juego de la mente poder recrear en la imaginación las carretas que se dirigían al muelle de embarque a través del Puente de Antón, un puente de piedra que suele dejarse ver cuando las bajantes del río lo permiten. Mientras el viejo camino de la cal ha borrado su blanco rastro desde el Puente Verde -ubicado en sentido diagonal, en el otro extremo de la ciudad-, los silenciosos hornos se mantienen de pie, como fríos fantasmas de que aquellos inmigrantes no imaginaban cómo sería su nuevo habitat y construyeron sus residencias a la usanza europea. "Esas casas tenían en Europa un doble destino y obedecían, además, a otras razones. Eran establo en la planta baja y habitación de la familia en el piso alto. Pero ni como la tierra ni los animales eran escasos aquí, ni tampoco eran crudos los inviernos, no tenía justificación que las construcciones se hicieran así. Sin embargo el trasplante inmigratorio no advirtió la diferencia del medio y construyó aquí como lo había hecho allá" (5). Hoy, ese paisaje en sepia se mixtura con el moderno y atractivo colorido del Parque Temático Termal que se levanta en un balcón al río. De los primeros pobladores de la Matanza, que se radicaron en 1810 junto a don Salvador Joaquín de Ezpeleta, no hay datos precisos en cuanto a núme­ro se refiere pero "el Censo de 1849, denuncia un incremento notable de población. Los italianos han hecho su aparición en 1832. Una corriente de españoles y vascos había iniciado ya su vida activa integrándose a través de las actividades comerciales al núcleo de labradores y artesanos que poblaban la villa desde sus horas iniciales" (6). Ac­tualmente, y según datos provisorios del Censo 2010, Victoria cuenta con aproximadamente 38 mil habitantes, incorporando a su sociedad civil un significativo número de personas oriun­das de lugares diversos de Argentina que han optado, para su residencia, por la tranquilidad que ofrece la ciudad. Pero retomando lo dicho sobre la inmigración, los primeros italianos arribaron entre 1833 y 1837, provenientes en su mayoría de Genova, y su aporte para el desarrollo eco­nómico de Victoria es invalorable. Al poco tiempo de su arribo, los genoveses iniciaron empresas de navegación y bancos privados, trabajaron los mejores campos del departamento convirtiéndose en ricos ganaderos y agricultores, sin dejar de mencionar el próspero negocio que significó la explotación de la cal. La instalación de las primeras caleras fue obra de los vascos pero, sin duda, la etapa des­tacada de industrialización se debe a la labor de los genoveses, quienes también desarrollaron molinos harineros y pesquerías con fines industriales, elaborando aceite y guano en rama preferentemente de sábalo. El sello italianizante está presente en la arquitectura victoriense siguiendo, en general, las características de las prinçcipales ciudades aledañas, como lo son Rosario y Paraná. Si se trata de particularizar, el detalle que es un símbolo de identidad para Victoria es el que dio lugar a la denominación de "Ciudad de las Rejas” por aquéllas que con complejo diseño adornan pretiles de azotea, marquesinas y portales, como verdaderos encajes de hierro forjado construidos por manos artesanas que dieron gran impulso a la construcción ce el período 1840-1890 y que definen su personalidad urbana pero es alrededor de 1920, cuando se evidencia la influencia del estilo afrancesado que puede verse aún hoy en los balcones.
Ese embrujo llamado Carnaval
“….el pueblo está en la calle con su orquesta, Vire su historia azul de mascarada. ¡Dale que va!, ¡Victoria, todavía!,  con su carroza de cien mil cometas."
"Cosas de los días". Marta Zamarripa

Los niños hacen sonar tambores improvisados con latas, emulando el latido del corazón que presagia el hechizo. Es el carnaval que se anuncia en el sentir de todo un pueblo. ¿Qué extraño sortilegio se produce? ¿Qué encanto? ¿Qué extraña magia cae sobre la piel y el alma de la gente, sin edad? Nadie lo sabe. Pero es la fiesta popular más antigua de Victoria; la que convoca al amo y al esclavo como en las antiguas saturnales o bacanales. ¿Quién fue el primero que se pintó la cara? ¿Quién fue el primero que tomó el tambor con ese sonar característico? No lo sabemos. No lleva nombre. Por eso el pueblo es el dueño de la fiesta y no hay manera de que se convierta en espectáculo o en atracción circense para ser sólo espectador. Quien llega a Victoria en carnaval, forma parte de la fiesta, es protagonista. Ese es el espíritu que lo mantiene vivo. Recorrer las calles, a la hora de la siesta, para jugar con agua o escuchar los tambores en la costanera, en los barrios, en la plaza principal y estar en medio de todo aquello: eso es el carnaval en Victoria. Preparar las comparsas, las carrozas, coser el disfraz de "mascarita" con careta de trapo y con lo que haya a mano, es la postal repetida. Y cada tarde, después de la "carnavaleada" con agua, comenzar los preparativos para marchar al "Corso", en barra con los amigos o en solitario. Poco importa en qué o con quién se va, si allá se mezclan todos para vivir la fiesta. "¡Farolitos de colores encendidos en el alma! ¡Ha llegado el carnaval!...". Así lo ha anunciado por años la voz del ya legendario locutor, Raúl Pedemonte, para dar marcha al carrusel de luces que arde en la pasión de todos. Décadas atrás el carnaval subía las colinas hasta llegar a la Plaza San Martín frente a la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Aránzazu, la virgen vasca que trajo "el Fundador" Ezpeleta y cuyo templo está siendo restaurado para recuperar una joya exquisita del patrimonio arquitectónico y cultural campanas de sus torres señalaban medianoche para dar fin a la fiesta como dice Joan Manuel Serrat en canción, "la zorra pobre al portal, zorra rica al rosal y el avaro a las divisas", porque el hechizo terminaba hasta la próxima noche de ilusión, los últimos años, las calles del ce se despoblaron de fantasía y el carnaval bajó hacia el río y, junto alto, hoy resplandece con sus luces. El historiador Carlos Anadón re" lo siguiente: "El carnaval tuvo de antiguo en Victoria, un furor singular En los primeros años del siglo XIX, desborde sin control, el juego vio' to, las incidencias que provocaba; terminó el decreto, del 21 de octubre de 1848, del General Urquiza aboliendo para siempre tanto el Carnaval los tres días antes de miércoles de cenizas como otro Carnaval creado el Gobierno del General Echagüe que se realizaba los 29 de octubre".
Después de 1868, se instala en Victoria una sociedad denominada "Los Pobres Iniciadores" patrimonio arquitectónico y cultural Iniciadores", fundada por don Juan Cánepa, con un solo objetivo: "la Diversión Carnavalesca y su propaganda; la Filantropía y la Unión. Durante años festejaron los carnavales además, contribuyeron a toda de beneficencia pública. Dice al : don Carlos Anadón: "Los Pobres Iniciadores  inundaban de música la Victoria de entonces". (8) .A un siglo de aquella Sociedad Carnavalesca, nacía Terror Do Corso feliz idea de unos jóvenes amigos salieron disfrazados a divertirse y el correr del tiempo, fueron conocidos y desconocidos crear una leyenda viva, una ex-que, aún hoy, es una muestra de la popularidad de las carnestolendas" victorienses. No hay carnaval sin “Terror” y "Terror" es el auténtico de Victoria, sin diferencias, rótulos, sin condicionamientos vestir el disfraz. La única con-cs divertirse, vivir la fiesta. "Terror Do Corso" es una expresión que de la "mascarada" y la alegría del carnaval a convertirse en Sociedad Filantrópica, pero merece un capítulo en el relato de sus fundadores
* Escritora  victoriense. Profesora en , Literatura y Latín

(1)  Carlos Anadón-María del Carmen Murature de Badaracco: ''Historia de La Matanza-Victoria". 2a Edición ampliada. Editorial Los Gráficos. Victoria, Entre Ríos. 1995.
(2) Anadón-Badaracco: Op. Cit.
(3) Aníbal S. Vázquez - "Dos siglos de vida entrerriana". Paraná. 1950.
    Juan de Mata Ibáñez - "Victoria, la ciudad y el río". "La Capital". Rosar io-21 de marzo de 1954
(4) Raúl Ricardo Trueco: "El 5° Cuartel, Ceniza y Humo". 2o edición. Editorial Del Castillo. Rosario. 2010.
(5) Anadón-Badaracco: Op. Cit.
(6) Carlos Anadón: Artículo periodístico publicado en el Diario La Mañana. Victo­ria, Entre Ríos, 16 de febrero de 1978.
(7) Carlos Anadón: Op. Cit.

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 92 de Diciembre  de 2010

martes, 11 de octubre de 2011

VICTORIA – Entre Ríos


Victoria es un municipio de 1ª categoría del Departamento Victoria (del cual es cabecera) en la Provincia de Entre Ríos, República Argentina. El municipio comprende la localidad del mismo nombre, con categoría de ciudad, la localidad de Charigüé y áreas rurales e insulares.
Se encuentra a 60 km de Rosario (Provincia de Santa Fe, comunicada con ésta mediante la ruta nacional N° 174 que cruza el Puente Nuestra Señora del Rosario y un complejo de 12 puentes más pequeños. Esta vía de comunicación concesionada se habilitó en 2003, se denomina en su conjunto Conexión Vial Rosario-Victoria sobre el río Paraná, y permite la conexión más directa entre Chile y Brasil (ruta eje del Mercosur).


Interior de la cúpula del Templo Parroquial de la Virgen de Aranzazú.
La santa patrona católica de la ciudad es la Virgen de Aránzazu. La iglesia, de 1872, está dedicada a su patrona.
Cuenta con un monasterio, la Abadía Benedictina del Niño Dios, fundada por monjes benedictinos llegados de Belloc (Francia) en 1899. La misma se encuentra sobre la ruta provincial n.º 11 y es de gran importancia en la ciudad, no sólo como lugar histórico sino también como fuente económica de impacto turístico, ya que la orden Benedictina que habita la Abadía, produce su propia línea de productos comestibles como queso, dulces, licores y cerveza, atrayendo al turismo por su singular producción. Dentro del recinto también se realizan retiros espirituales, en los que el visitante puede meditar disfrutando del amplio jardín que se ubica en el costado este de la nave principal.

Abadía Benedictina del Niño Dios.
Los huéspedes y visitantes participan en la oración litúrgica de los monjes, que se celebran con cantos de estilo gregoriano. Los monjes se ubican a ambos costados del altar principal y recitan sus salmos y cantos, acompañados por un órgano tubular, ejecutado por uno de ellos.
Además en esta ciudad entrerriana se encuentra en vías de concretarse un complejo de aguas termales, Victoria del Agua. Según aseguran fuentes turísticas, esta ciudad de más de 30.000 habitantes es la que más creció en la provincia, tanto demográfica como económicamente en 2005, absorbiendo el impacto social y económico de la vinculación con el sur santafesino.
Actualmente es base operativa de medios aéreos del Plan Nacional de Manejo del Fuego.

Historia

En 1750 una expedición militar española al mando del teniente de gobernador de la ciudad de Santa Fe, Francisco Antonio de Vera y Mujica, mató una gran cantidad de indígenas en este lugar, por lo que desde entonces fue conocido como Cerro de la Matanza. Nombre que es mencionado por el obispo Sebastián Malvar y Pinto en documentos de 1779.
En 1806 los vecinos solicitaron la edificación de un oratorio y en 1808 encargaron a Joaquín Salvador Ezpeleta su tramitación.
Los abajo firmantes, vecinos y moradores de los Partidos de La Matanza y Pajonal y de Laguna, Chilcas y Manantiales y Ceibas hemos convenido y convenimos en que se levante y se edifique a nuestra costa una Capilla u Oratorio enfrente del Puerto de La Matanza a una distancia de un cuarto de legua (...) hemos creído oportuno conferir todas nuestras facultades y poder especial bastante cual de dicho se requiere y es necesario para más valer a Don Salvador Joaquín de Ezpeleta nuestro convecino (...)
Poder otorgado por los vecinos a Ezpeleta para gestionar la fundación del Oratorio.
En 1808 fue nombrado por el Cabildo de Santa Fe el primer juez pedáneo del pago de La Matanza, Juan Bentura Zapata.[1]
El 13 de mayo de 1810 se creó en La Matanza un oratorio dedicado a la Nuestra Señora de Aranzazu, a petición de Ezpeleta, por lo que suele ser considerado como el fundador de la ciudad.
En torno del oratorio surgió espontáneamente un poblado. En 1820 Francisco Ramírez nombró al primer comandante militar del pueblo, José Albarenque y Antunes, junto con un receptor de rentas, Ramón Pereyra. Se creó además la primera escuela.
En 1822 la provincia fue dividida en departamentos, quedando La Matanza dentro del Departamento Subalterno N° 3 del 1° Departamento Principal del Paraná. Albarenque y Antunes asumió como primer alcalde mayor de hermandad de La Matanza dependiente del alcalde mayor de Nogoyá.
El 13 de noviembre de 1824 el gobierno dictó un decreto estableciendo el ejido del pueblo de La Matanza:[2]
1°. Quedan designadas por ahora diez cuadras de terreno medidas desde la Plaza hácia los cuatro vientos principales en la Villa de la Matanza para la población.
2° Queda prohibido todo establecimiento de estancia dentro de los límites indicado.
El 26 de agosto de 1826 una ley del Congreso Provincial, sancionada a propuesta de Justo José de Urquiza, elevó el pueblo al rango de villa. En 1829 el gobernador de Entre Ríos, Juan León Sola, cambió el nombre Matanza por el de Victoria.
Sr. D. Vicente del Castillo, Ministro General.
Paraná, 31 de octubre de 1829.
El Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia en fecha 24 del que finaliza desde la Matanza dice al que suscribe lo siguiente: «El Gobierno en su última visita á los Pueblos de la Provincia al cumplir el bienio de su mando, ha tenido á bien ordenar que en lo sucesivo se titule esta villa con el nombre de Victoria. Y se avisa al Sr. Delegado para los efectos consiguientes».
Lo que pone en conocimiento del Sr. Ministro de Hacienda para su inteligencia y conocimiento.
El infrascrito tiene el honor de saludar á Ud.con las mayores consideraciones de su distinguido aprecio.

Pedro Barrenechea.
Comunicación avisando el cambio de nombre de la villa.
En abril de 1840 Victoria fue invadida y parcialmente saqueada por las fuerzas unitarias de Juan Lavalle, luego de un alzamiento unitario en la villa.
Mediante Reglamento de Administración de Justicia del 13 de abril de 1849, fue creado el Departamento de la Victoria:
5 ° Departamento de la Victoria. Su territorio desde el arroyo del Dol, Paraná abajo, hasta la barra de Nogoyá, comprendiendo la Villa y suburbios y los Distritos: Rincon de Nogoyá, laguna del Pescado, Corrales, Quebrachito, Pajonal, Rincon del Dol (...)
4° Victoria. Un Juez de Paz, cuatro Alcaldes de Cuartel en la Villa, seis Alcaldes de distrito en la Campaña.
José María Gamas fue el primer juez de paz de Victoria en 1850.
En 1851 fue declarada ciudad.[3]
El 1 de enero de 1873 fue instalada la municipalidad, asumiendo Luis Espíndola como primer intendente (presidente municipal).[4]
El ejido original de la Ciudad de Victoria, de 108 km², fue ampliado con las islas de las secciones insulares, unos 3.760 km², mediante la Ley Provincial N° 8855 sancionada el 30 de agosto de 1994.
Mediante la Ley Provincial N° 9876 sancionada el 6 de noviembre de 2008 fue ampliado hacia el este el ejido de la Municipalidad de Victoria para incluir la zona del complejo termal Victoria de Agua.
Amplíase el ejido Municipal de la ciudad de Victoria, desde el Vértice del límite del ejido actual conformado por la poligonal Este y el Arroyo El Ceibo, continuando por éste hasta su intersección con línea divisoria, por ésta, al rumbo S. 36º 16′ O. de 2.299,60 metros, lindando con plano de mensura Nº 17.223 hasta intersección con la Ruta Provincial Nº 11, desde ésta, continuando por línea divisoria mediante rectas al rumbo S. 10º 00′ O. de 2.555,20 metros, lindando con planos de mensura Nº 17.037, Nº 17.038 y Nº 4.377 y rumbo S. 64º 36′ O. de 4.337,80 metros, lindando con plano de mensura Nº 3.334 hasta su intersección con el Riacho Victoria, actual límite del ejido.

Puerto

Zona suburbana
Profundidad: 6 dm del cero local
Velocidad de la corriente: 0,7 m/s
Conservación: regular
Intensidad del viento: sin inconvenientes
Sistema de amarre: bitas
Sistema de incendio: cubierto por el Cuerpo de Bomberos de la ciudad
Iluminación: buena
Operación: buques de eslora máxima 27 m
Productos: pescado, ganado vacuno y arena

Instituciones culturales y deportivas

Victoria cuenta con una variada gama de instituciones de carácter cultural y/o deportivo. En materia de centros culturales podemos destacar los siguientes:
  • Agrupación Cultural Victoria.
  • Centro Cultural Mburucuyá (actualmente con actividad un tanto escasa).
En lo que respecta a instituciones deportivas.
  • Agrario Fútbol Club
  • Club Atlético el Porvenir
  • Club San Benito
  • Club Sportivo Victoria
  • Club Banfield
  • Club Libertad
  • Talleres Bochín Club
  • Club Malvinas
  • Círculo Católico de Obreros
  • Rowing Club Victoria
  • Club Deportivo 25 de Mayo
  • Club Gimnasia y Esgrima
  • Club Atlético Samiento
  • Club Newells Old Boys
  • Club atlético HuracanActores culturales y deportivos
Entre los principales actores culturales de la historia de Victoria se puede destacar a los escritores Juan de Mata Ibáñez, Marcelino Román, Gaspar L. Benavento y Gregorio Spiazzi (Martín del Pospós).
Actualmente se destacan en el área literaria Carlos Sforza, Marta Zamarripa, María Rosa Sobrón de Trucco, Paco Robles y Claudio V. González.
En escultura los nombres destacados de la actualidad son Miguel Menchaca e Imelda Banchero de Luque.
En pintura se puede mencionar a Gervasio Barbagelata, Ramiro Salinas (ambos ex coordinadores de Cultura de la ciudad, al igual que el escritor Claudio V. González), Luis María Andrade y Gabriel Calabrese. También se destaca el grupo de muralistas integrado por Christian "Pancho" Ramírez, Mario Ramírez, y Adolfo Tolosa, entre otros, autores de varios de los más importantes murales de los últimos tiempos en la ciudad.

En materia de música se destaca la Banda Municipal «Sebastián Ingrao», y entre los músicos más importantes que ha dado la ciudad se puede mencionar a Marcela Passadore (cantante y compositora),la exquisita cantante y profesora de canto Diana María (Diana María Sabio), el trombonista Abel Larrosa Cuevas,Jorge Campos, el "Colo" Caballero, Roberto "Pato" Román, los cantantes hermanos Andrés Osuna (más conocido como Osvaldo Ribó, padre de la actriz porteña Olivia Hussey) y Octavio Osuna. Chacho Abrego acordeonista nacido en Molino Doll (co autor con Tarragó Ros), Nardo Arballo acordeonista del conjunto Ivotí también nacido en Molino Doll y el autor y compositor Orlando Vera (bajista profesional), directivo de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores y gran defensor de los derechos de sus pares. Actualmente se destacan la acordeonista Mariela Campodónico, el bandoneonista Franco Giaquinto, los guitarristas Leo García y Facundo Prola (luthier). También se debe destacar a Marcos Pereyra y a El Canoero.
Entre los actores culturales victorienses que residen fuera de la ciudad se destaca a Yaya Firpo (artista plástico y escenógrafo, colaborador de artistas como León Ferrari), la bailarina Sol Rourich (quien integra el ballet estable del Teatro San Martín en Buenos Aires, dirigido por Mauricio Wainrot), el pianista Juan Manuel Bonahora (discípulo del mundialmente célebre Bruno Gelber. En lo que respecta al ámbito deportivo, como profesores se destacan a Miguel Menchaca, Carlos Firpo, entre otros. La principal personalidad contemporánea es Víctor Hugo Clivio, múltiple campeón entrerriano y argentino de duatlón y triatlón, pero también se debe mencionar a María Victoria "Pipi" Rivero en la misma especialidad, así como a Andrés Giusto, y Alejandro Bilbao

http://es.wikipedia.org/wiki/Victoria_%28Entre_R%C3%ADos%29

jueves, 6 de octubre de 2011

Alberdi y Rosario: Admiración mutua La ciudad como resguardo de los ideales de Mayo


Por Miguel A. De Marco (h)

José N. Puccio, en el momento de elegir el nombre del pueblo que fundaría lindero a Rosario, pensó en la deuda de gratitud que el país tenía con Juan Bautista Alberdi. El 6 de agosto de 1876, le escribió manifestándole su propósito y ofreciéndole la manzana número 23, donde el general Justo José de Urquiza había instalado su cuartel general en la campaña contra Juan Manuel de Rosas, en 1852.
 Alberdi, le contestó al año siguiente desde Saint André de Fontenay, donde se encontraba recluido en Francia, agradeciéndole la iniciativa y afirmando: "Si hubiera estado en mi mano elegir el pueblo que ha de llevar mi nombre, no lo había colocado en otro sitio que a orillas del Paraná, en Santa Fe, la llave de oro de los futuros destinos de nuestra República, en mi manera de entender su desarrollo ulterior, social y comercial".

La revista "Rosario, su historia y región" en distintas oportunidades se ha referido a este tema, específicamente a través del artículo de Miguel Ángel De Marco "José Nicolás Puccio y su admiración por Alberdi" (N.4 de abril de 2001), y "Alberdi y Rosario", de Julio Chiappini (N.71 de febrero de 2009). Chiappini, autor de la obra "Juan Bautista Alberdi. Biografía", editorial Zeus, Rosario, 2008, destaca en su artículo que Rosario fue quizás el primer lugar donde se tributó un monumento en su homenaje. Por ley provincial santafesina N° 1899 del 29 de junio de 1917 se autorizó a la comisión de fomentó de Alberdi, a levantar en la plaza pública un monumento en su memo­ria, obra del escultor Herminio Blotta.
La valoración y el tributo de homenaje al autor de las "Bases", se manifiesta en la nomenclatura urbana rosarina, además del nombre de uno de sus más populosos y tradicionales barrios, con su plaza y monumento, en una avenida principal, en la denominación de una escuela secundaria, en un hospital municipal, dos clubes, y en diversas instituciones académicas, culturales y sociales.

No es común que esta publicación, que enfatiza visualmente en el rescate del patrimonio identitario local, destine su tapa a personalidades del siglo XIX. Sin embargo, Rosario es en cierta manera obra del pensamiento alberdiano, que además cobra especial dimensión en este año del bicentenario de la Patria. Cuando en 1839, dedicó su "Crónica  Dramática de la Revolución de Mayo" a los sublevados del Río Grande que acababan de proclamar el ideal republicano en Brasil, América del Sur ofrecía en esos momentos el aspecto de un vasto campo de batallas por las guerras civiles donde el impulso emancipador parecía haberse consumido en guerras interiores y tiranías vernáculas. Alberdi, sin embargo, intentó con su pluma y acción resucitar los grandes principios y fines, y el espíritu libertador que animó a los hombres de 1810. Alberdi es también entonces símbolo de la resistencia contra todo intento de regresión al orden. No se cansó de destacar que la Revolución de Mayo señalaba para las futuras generaciones finalidades mucho más importantes que las meramente políticas, porque la Emancipación implicaba el desafío de que la patria integrada al mundo tuviera "una literatura, una' industria, una legislación, en definitiva una cultura propia".*

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 87 de Julio  de 2010

miércoles, 5 de octubre de 2011

La Torre de Chiesa, aparece y desaparece


Por Roque A. Sanguinetti

La calle San Lorenzo, como casi todas las del centro de Rosario, es bastante angosta. Y ya desde fines del siglo diecinueve, según muestran fotos de esa época, en el sector más céntrico corría encajonada entre edificios de considerable altura.
En el año 1977 ya había sido lamentablemente demolida la antigua Bolsa de Comercio que quedaba a la altura del 1.000 (entre Sarmiento y San Martín) a mano derecha. Mejor dicho, hasta ese momento se había preservado su hermoso frente, aunque después también cayó irremediablemente bajo la piqueta. Sólo se salvó la estatua del Comercio que lo coronaba y que ahora está en el parque Urquiza. Con igual frenesí arrasador ese año comenzaron a demolerse antiguos edificios de altos que quedaban a la misma altura sobre la mano izquierda, a mitad de cuadra, para "construir" una playa de estacionamiento que todavía persiste en el lugar. Y entonces se produjo el milagro. Al caer esos edificios apareció a la vista en el centro de manzana una magnífica torre, muy alta, de unos treinta metros, de un estilo entre francés e italiano, que podría recordar en algo a la torre de Pisa, al campanario del Giotto, de Florencia, o a la de algún castillo europeo. Nadie la conocía. Había estado oculta quién sabe por cuántos años por los altos edificios del frente, pero de pronto estaba allí, como trasladada mágicamente en el tiempo y en el espacio desde alguna época renacentista al centro de Rosario. La gente se paraba a mirarla con gran curiosidad y todos nos preguntábamos cómo podía ser que nunca antes la hubiéramos visto, aunque habríamos pasado cientos o miles de veces por esa cuadra.
Los diarios averiguaron el origen y así se supo que era la Torre Chiesa, edificada en el año 1870 por el destacado constructor suizo Alexander Máspoli .para esa firma comercial, que la habría mandado a hacer para ver los barcos que llegaban al puerto de Rosario con mercaderías y solían estar detenidos durante días antes de desembarcar. De ese modo los que trabajaban en la firma podían preparar los trámites de aduana y los embarques y desembarques con anticipación. Así se explicó, aunque otros dijeron que era un gusto estético que se había dado el señor Chiesa, quien supuestamente disfrutaba mirando el río y los barcos a vela desde lo alto de esa romántica torre. Por eso también se la llamó "El Mirador de Chiesa".
Así las cosas, se desató una polémica sobre el futuro de la torre, ya que surgieron voces que pretendían preservarla como un inesperado y muy valioso elemento del patrimonio arquitectónico. Funcionarios municipales la visitaron, hubo conversaciones, idas y venidas, mientras permanecía suspendida la demolición. Se había creado una expectativa sobre qué destino se le podría dar y cómo compensar a los propietarios de la playa de estacionamiento en construcción, y empezó a moverse una lenta burocracia. Una burocracia lenta e inútil, una ineficaz intendencia, y una casi absoluta falta de conciencia general sobre el valor de la preservación del patrimonio, frente a la voracidad comercial de quienes habían comprado el inmueble. El triste final se insinuaba y fatalmente se produjo: para evitar una posible expropiación parcial o algún problema que pudiera afectar su negocio, los dueños ordenaron  demolerla de inmediato.
 Y tan increíblemente como había aparecido pasado más o menos un mes de esa aparición, desaprensivamente, brutalmente, la joya arquitectónica cayó despedazada y no quedaron ni rastros de ella, inercia y falta de interés o de cultura ciudad perdió así un edificio que se presentó casi como un regalo del cielo, hubiera sido para siempre un orgullo y un  mito de su patrimonio. Y todo para que esa amplia playa, en la cual cabían muchísimos autos, no perdiera unos  pocos lugares de estacionamiento. Todavía ahora existe esa playa y pese al gran  incremento de automóviles producido en tantos años, aún hoy es difícil que se pueda llenar.
En definitiva, un triunfo más de la barbarie sobre la civilización, y una absurdo pérdida para la ciudad.
No siempre las historias ciudadanas terminan  bien, y ésta de la romántica y bella torre Chiesa, que posiblemente fuera ; apta para Romeo y Julieta que para playa de estacionamiento, terminó : la peor manera.
Como tantas historias románticas o como  tantas otras penosas historias de
pérdidas que ha sufrido nuestro agredido pero todavía notable patrimonio arquitectónico.
Al que ojalá sepamos preservar mejor. ■

Sobre el título de la nota: Sí, como Black Dog, para quienes recuerdan "La Isla del Tesoro



La Torre desde dentro
Lo que muy pocos quizás conocerán es que la Torre se conservaba perfecta en su interior y exterior, evidenciando su magnificencia. A principios de la década del 70 tuve la posibilidad de visitarla por gentileza del encargado de la playa de estacionamiento en cuyo interior se encontraba. La base de la torre se encontraba en el subsuelo de ese predio. Allí se podía apreciar una celda donde según testimonios orales se arrestaba a contrabandistas o infractores en la Aduana. Desde allí y hasta el mirador se accedía por un montacargas que pudimos utilizar para llegar al mismo.

Oreste Francisco Cirimele



Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 100 de Setiembre  de 2011

martes, 4 de octubre de 2011

ESTAMPAS DEL PASADO VIII: La Casa de Urquiza


Por Federico Dunger

Aunque no está demostrado con certeza, se estima que la vieja casona que hoy todavía sigue de pie en avenida Alberdi entre Genova y José Ingenieros, mano Este, fue mandada a construir por el General Urquiza. Según cuentan algunos historiadores, el entrerriano, al pasar por Rosario para incorporar a sus tropas hombres de la ciudad para la batalla contra Rosas, (hecho que ocurrió el 25 de Diciembre de 1851 y el encuentro se produjo en la esquina de San Luis y Juan M. de Rosas, la misma que hasta hace poco se denominaba con ese histórico día) pasó por esta propiedad de Alberdi dejando su cuadrilla de caballos. Con estilo ibérico, esta casona fue modificada en la década del 30, y en los últimos años hubo un restaurante, una casa de comidas y hasta un local bailable.
De confirmase no sólo estaríamos ante un lugar de importancia histórica, sino que sería una de las más viejas edificaciones de la ciudad.


Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 100 de Setiembre  de 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

ESTAMPAS DEL PASADO VI- Incendio de un buque Inglés

Gran repercusión en la sociedad rosarina y seguido muy de cerca por el periodismo de entonces tuvo el incendio de un buque en los primeros días de enero de 1911. En la zona del puerto a la altura de la bajada de avenida Pellegrini, por causas que se "trataron de establecer" se produce un incendio en el buque "Shakes" de origen ingles y que transportaba una muy valorada madera de Norteamérica. La nota periodística, destaca que no hubo que lamentar víctimas pero que un bombero se cayó de su caballo sufriendo "fractura de la pierna izquierda" en la esquina de Buenos Aires y avenida Pellegrini y que un sargento "cayó asfixiado" debiendo ser socorrido por la Asistencia Pública. Como consecuencia, el capitán del navío y un cocinero, que era el que estaba en el momento del siniestro, fueron detenidos. ■

Fuente: Monos y Monadas - Año II -Nro. 30 -1911

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 98 de Julio  de 2011