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jueves, 15 de diciembre de 2016

Maliandi: un hombre de radio

Por Rafael Ielpi

Aquel entusiasmo contagioso por la radio y su magia, que se palpaba en la ciudad desde los años 30 en adelante, tendría algunos impulsores decididos. Uno de ellos sería integrante de una familia que contribuiría al prestigio de ese medio de comunicación ya para entonces decididamente masivo: Fernando Maliandi.
En realidad Maliandi había tenido antes de 1932 una estrecha vinculación con un ámbito muy ligado a la ra­diofonía, prácticamente desde los comienzos de ésta, a tra­vés de una casa de música instalada en Sarmiento 855, a lo que agregaría la condición de editor, incorporándose de ese modo a la reducida nómina de estos en la ciudad. Aquella relación con la música sería la que -una vez concretado el proyecto de la radio propia- lo llevaría a emular a la competencia porteña con transmisiones musicales de primer nivel.
La cronología de la radiofonía en Rosario consignaba enton­ces la existencia de dos emisoras pioneras: las ya mencionadas LT3, ha­bilitada una década antes y LT8, cuyas emisiones se iniciarían en 1927. El proyecto de Maliandi se concretaría el 10 de julio de 1932, con el inicio de la programación de LT1 Radio del Litoral, cuyos estudios se emplazaban en calle Córdoba 1139, en el que había sido también ám­bito de su antecesora LT3. Fernando, junto a sus hermanos Oreste y Amadeo, iba a imponer un criterio altamente selectivo en la programa­ción musical de la nueva radio, hasta la casi ex­clusión del tango en beneficio de la música clá­sica o ligera.
LT1 tendría asimismo un privilegio: el de haber albergado las primeras actuaciones ra­diales de un joven músico y compositor bonae­rense, pero que había arribado a Rosario desde Tucumán, y que en esa emisora comenzaría a ser conocido por el seudónimo de Atahualpa Yupanqui. En realidad, la tendencia sustenta­da por Maliandi apuntaba (más allá de sus gus­tos o disgustos musicales) a una jerarquización artística de la radio, a la que se incorporarían poco después programas de distinta índole, siempre bajo su rigurosa aprobación. Una orquesta estable, con características casi sinfónicas, dirigida por un prestigioso músico -el maestro Tomás Santesteban- for­maría parte de ese esfuerzo.
El traslado de la radio a Córdoba 1331 cerca ya del inicio de los años 50 significaría un cambio sustantivo para LT1, en especial por la posibilidad que brindaba el nuevo edificio —remodelado por los Ma­liandi para ser sede permanente de su broadcasting-, como la construc­ción de los estudios de transmisión y del amplio auditorio, que la con­vertirían en una de las más importantes de su época. Buena parte de El entusiasmo y la visión de Maliandi lo llevarían a concretar otras dos iniciativas también novedosas: una filial porteña -en realidad un estudio desde el que se realizaban transmisiones para Rosario, de ti­po musical- y una asociación con algunas radios de provincias, a la que se denominaría Primera Cadena Argentina del Interior. A través de ella se escuchaban en forma simultánea programas especiales como los populares Bailables Geniol, que en el verano de 1935, por ejemplo, se irradiaban desde las 10 de la noche hasta las 2 y media de la madru­gada, cuando una marcha indicaba el fin de la transmisión.
Ese mismo año, la programación mostraba un eclecticismo ca­paz de albergar al Dúo Correntino Guaraní, al payador Pedro Garay, la Jazz Rioplatense, la Típica Casanova, Azucena Maizani, Enrique Santos Discépolo y la lectura del diario "La Capital". Mientras tanto, los avisos del "Receptor Gold Tone de onda universal, de 6 válvulas, anti-fanding (no se va la onda)" indicaban que "la maravilla 1935" po­día adquirirse en Casa Radio Argentina, de Rioja 1063. Casi simul­táneamente, 43 cines rosarinos publicaban un aviso señalando que "las empresas de las salas cinematográficas de Rosario, ante la imposibilidad material de satisfacer el nuevo gravamen del 5% de las entradas brutas para los Consejos Escolares, se ven obli­gadas a cerrar sus puertas por tiempo indeterminado".
Quien ingrese hoy, casi medio siglo después, a la ac­tual LRA Nacional, en el mismo solar donde funcionara LT1 Radio del Litoral, encontrará -aun con las modificaciones que imponen el tiempo y los vaivenes de las modas y costumbres- al­go del espíritu apasionado y riguroso de aquella familia de hom­bres de radio que a través -sobre todo- de Fernando Maliandi bregó por imponer la radiofonía en la ciudad, a través de un mensaje cotidiano en el que la cultura no estaba reñida con la comunidad. Cada una de aquellas emisoras, en permanente competencia, iba a generar a la vez , en distintos años del período, algunos de los su­cesos más recordables de esa historia de la radio local que, aunque hov parezca casi increíble, no es tan antigua como piensan muchos rosari­nos nacidos en el apogeo de la televisión y el desarrollo de la informá­tica, la compultación y la tecnología de punta.
Fuente: Extraído de la Revista “ Vida Cotidiana” del diario La Capital

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