Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 20 de agosto de 2013

HISTORIA ( Saladillo)


Rosario fue declarada ciudad en 1852, pero el cambio radical de la misma no se produciría hasta  después de la batalla de Caseros,  al proclamarse la libre navegación de los ríos Interiores, lo que In­crementaría notablemente la acti­vidad portuaria, que se con­vertiría en la llave de su crecimien­to e importancia ulterior.
Otro cambio, no menos impor­tante, fue el advenimiento del fe­rrocarril, nuevo medio de trans­porte que reducía las distancias y permitía mayores cargas. Entre 1880 y 1890 se produjo una ex­pansión de la red ferroviaria, acompañada por inversiones de capitales, en especial de origen bri­tánico.
En Rosario, el crecimiento de la población y el desarrollo urbano crearon, a poco, una demanda que permitió la instalación de indus­trias de consumo. A ello se sumó el aporte inmigratorio, que produjo a su vez cambios en la composición ciudadana.  Aparecieron nuevos pueblos en territorio santafesino, con el paralelo incremento de la producción agropecuaria y la ins­talación en la ciudad de diversas industrias. En la periferia, mien­tras tanto, se fundaban centros poblados, incorporados más tarde como barrios (sobre finales del si­glo XIX y primeros años del XX se los denominaba aldeas), entre ellos Fisherton y el Saladillo.
El barrio Saladillo —hoy Roque Saenz Peña en la nomenclatura oficial, aunque se siga utilizando mayoritariamente la antigua de­nominación para mencionarlo en la conversación cotidiana de los rosarinos— se halla limitado por las calles San Martín y Lamadrid, el río Paraná y el arroyo Saladillo.
Su historia puede enmarcarse claramente en tres momentos: el de su fundación, que definiría el sitio poblacional; el de su expan­sión, de carácter residencial y ve­raniego, y el del entrecruzamiento de su historia con la del frigorífico Swift.
Durante la primera etapa, el Sa­ladillo se vinculó con los orígenes mismos de Rosario, si se recuerda que las tierras que abarcan la ma­yor parte de la ciudad fueron ce­didas en merced real al capitán Luís Romero de Pineda, tratándose de las comprendidas entre el arro­yo Salinas —hoy Ludueña— y el paraje de La Matanza, siendo su frente al este "el río Paraná y su fondo, todo lo que estuviera va­cío..."
Pero referencias de la zona del Saladillo como tal aparecen recién a mediados del siglo pasado cuan do la Municipalidad crea las aldeas de Saladillo, en el sur, la de Lu dueña en el norte y la de San Fran cisquito, en el oeste. El pueblo Sa­ladillo, con esa denominación, da­ta en cambio de 1880, cuando Ma­nuel Arijón funda el pequeño po­blado en lo que constituye la parte más densamente poblada del ba­rrio Roque Sáenz Peña. Arijón era propietario, además, de las tierras aledañas al río Paraná, con una extensión realmente importante.
Wladimir C. Mikielievich, en su inédito y valiosísimo Diccionario enciclopédico de Rosario, aporta otros datos referidos a la zona, al mencionar que en 1886 se ins­talaron sobre una de las márgenes del brazo norte del arroyo Saladillo unos baños públicos, aprovechan­do la creencia popular en las pro­piedades supuestamente curati­vas de sus aguas. "En 1887 —con­signa Mikielievich— los baños fue­ron ampliados, se construyó una pileta revestida de cemento portland de 100 varas de extensión por 30 de ancho, la que recibía el agua por una compuerta del arroyo y una vez llena se desbordaba con estrépito de una cascada en la con­tinuación del arroyo. También se construyeron 51 camarotes con pi­so de cemento, con galerías en su frente, y al otro lado de la pileta se levantó un murallón que la dividía formando un segundo depósito de agua para alimentar dos departa­mentos de baños de Inmersión".
Mientras las tierras aledañas eran cultivadas con alfalfa y di­vididas en potreros para la inver­nada de ganado vacuno, el em­prendedor Arijón continuaba em­peñado en la promoción de su es­tablecimiento de baños, logrando la habilitación de un transporte desde el matadero, hasta donde llegaba el tranvía que unía a éste con el centro de la ciudad.
Una nota evocativa publicada en el diario Rosario en 1984, men­ciona vivencias donde Saladillo tie­ne un protagonismo con sabor a pasado lejano: "Ir en el tranvía 17 era ir a la Luna; tomar el 5 era una aventura en las pampas, tomar el 8 era despedirse llorando porque se iba al Saladillo, o a otro mundo. Salías vos de la calle Ayolas —a la que ahora le han puesto otro nom­bre— y ya se acababa la tierra... Después de aquello, venía el mar, el mar con alas. Navegaba el tran­vía, subía, bajaba, hasta que lle­gaba a la calle Lamadrid y enton­ces embalaba por entre un empe­drado viejo y entraba ya en las tierras donde los señores capitos-tes tenían los grandes chalets... y entonces se llegaba al lugar de la ilusión. Era como llegar a otro país, porque el lugar de la ilusión era el balneario del Saladillo..."
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 15 .  De Julio 1991. Autores: Sandra A: Bembo – Nelly I. Sander de Foster – Marisa Rocha