Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

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viernes, 16 de agosto de 2013

BARRIO SALADILLO pasado y presente


EL PAISAJE ACTUAL

 A veces mansas, a veces turbu­lentas, las aguas del arroyo Sa­ladillo desembocan en el caudalo­so Paraná después de haber reco­rrido muchos kilómetros desde su nacimiento, en las proximidades de la localidad de Fuentes, en el departamento San Lorenzo.
Las instalaciones de astilleros que otrora tuvieron intensa acti­vidad, un destacamento de la Pre­fectura Naval Marítima, el atra­cadero del frigorífico Swift y algu­nas embarcaciones de reducido calado pegadas al murallón de pro­tección levantado en las orillas del arroyo, definen un punto preciso en la cambiante geografía del ba­rrio que alguna vez fue "atracción turística", por el reconocimiento de sus aguas supuestamente yoda­das, a las que se otorgaban propie­dades medicinales.
El curso del arroyo es típica­mente de llanura, pero una ca­racterística lo particularizó: su tra­mo final descubría una formación de toscas sumamente irregular que determinaba la presencia de pequeñas cascadas, refulgentes bajo un sol sin atenuantes por la carencia, en el paraje, de vegeta­ción de altura. Esta circunstancia agregaba un motivo de interés más: bandadas de benteveos se posaban en las toscas para saltar desde ellas sobre los pequeños pe­ces que se movían en aguas trans­parentes por la poca profundidad del agua. Los vecinos bautizaron al lugar con el nombre de "Las que­bradas del Saladillo", y fue un lu­gar de atracción porque, efectiva­mente, constituyó un paisaje in­sólito en la geografía del Litoral.

Los proyectos urbanos, sin em­bargo, le asignaron otro destino. El curso del Saladillo fue rectificado para proyectarse una absurda cancha de remo que convirtió en recuerdo a las "quebradas", de las que hoy se conserva únicamente la cascada mayor en el Parque Sur —un salto de más de tres metros— que reúne a vecinos, ocasionales pescadores y bulliciosos niños que con mucha cautela se acercan pa­ra ver la "olla" formada por la caída abrupta del agua.

A pocos metros del actual puen­te ubicado en el nacimiento de la Avenida del Rosario, sobre el Sa­ladillo mismo, y por el cual se ac­cede al frigorífico Swift y a Villa Diego, próximo al antiguo puente llevado por la creciente de 1966. se abre la cortada El Mangrullo, que salvando el brazo norte del arroyo (en el reducido trayecto de pocos metros que conserva aún) ingresa al Bajo Saladillo, donde tienen sus instalaciones el Club del Ministerio de Obras Públicas, el Club de Pes­cadores Rosarinos, astilleros, y donde levantan sus precarias vi­viendas pescadores que alternan esa actividad con la confección de tramallos y la reparación de botes y chinchorros.
Se trata de una Granja por el paredón del Club del Ministerío y el descampado que lo se­para del Paseo Ribereño Sur y que en su tramo inicial trepa una ba­rranca que sabe de árboles y exhibe la modestia de su «en los carteles que ofertan la magra  mercancía que ocupa a  los niños de la costa: Se venden caracoles. Aquí lombrices… Niños. mujeres y hombres habitantes del  lugar —tí­pica vüla miserta— saben de angustias y dolores porque las perió­dicas crecientes del Saladillo y del Paraná los castigan por igual.
Aguas arriba, el barrio tiene otra fisonomía. En calles trazadas de acuerdo a los dameros clásicos, se ubican viviendas de una a dos plantas prolijamente cuidadas que suelen custodiar antiguas casonas hoy apretadas entre medianeras. No todas estas añejas construcciones se muestran así ya que algu­nas han mantenido los parques originales o parte de ellos, como acontece en la ubicada en Gral. Paz al 5400 o la que aún muestra su esplendor en   Av. del Rosario y Castro Barros. La mayoría fue construida para albergar a los funcionarios Ingleses del Ferrocarril Central Argentino, que en las úl­timas décadas del siglo pasado unió Rosario con Córdoba; otras estuvieron destinadas a los prós­peros hombres de negocios que en esa época fundaban la burguesía local. Sus descendientes —mucho más impiadosos que el tiempo mis­mo— las demolieron y son muy pocas las que se conservan.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 15 .  De Julio 1991. Autores: Sandra A: Bembo – Nelly I. Sander de Foster – Marisa Rocha