Por Elías Díaz Molano
En la segunda mitad del siglo XIX, la afluencia de inmigrantes europeos a Rosario motivó el surgimiento de colegios, liceos, escuelas y academias, donde aparte de impartirse enseñanza primaria y secundaria en idioma castellano, se incluía en los planes de estudio un idioma extranjero, italiano, francés o inglés, destinado a perpetuar en los hijos el habla de sus progenitores.
Entre esos establecimientos educacionales figura el Colegio Anglo Argentino, fundado en 1884 por Isaac Newell, al que nos referiremos en este trabajo. Su biografía la hemos recordado en otra ocasión, pero insistimos para ocuparnos, no sólo de él, sino también de su distinguida familia, su esposa, sus hijos y demás descendencia, ilustre ramaje que embellece el tronco y nos da la fisonomía integrada del árbol.
Isaac Newell
Lo cierto es que, ante todo, debemos agradecer la amabilidad de doña Catalina Dodd, nuera de don Isaac (ya desaparecida), con quien conversamos hace bastante tiempo, y la afectuosa información epistolar recibida últimamente de doña Violeta C. Newell de Rubinstein, nieta y del doctor Claudio Newell, abogado, bisnieto, residentes en Rosario la primera y en Córdoba el otro. A ellos debemos una parte muy valiosa de nuestra versación sobre el tema.
Isaac Newell vio la luz en Inglaterra, en la pequeña y riente ciudad de Rochester, el 24 de abril de 1853. Su infancia feliz se desarrolló entre las preocupaciones del estudio y el juego con otros chicuelos de su edad, por las calles y a lo largo del Medway.
Dotado de un espíritu inquieto y soñador, lector apasionado de Dickens (nuevo David Copperfield debió sentirse), a los 16 años abandonó la tierra natal, a bordo de un buque de carga y pasajeros, como grumete. Aprovechando que se dirigían a la Argentina algunos amigos de su padre, el pequeño Isaac no viajaría tan sólo, pero dejaba el corazón desgarrado de la madre, que se opusiera en vano a la partida.
La nave que lo condujo tenía un destino, Rosario, y aquí amarró junto a uno de los muelles que ya poseía el naciente Ferro Carril Central Argentino, al comienzo de la calle Entre Ríos. Esto ocurría en 1869.
Con gran ansiedad debió subir el joven la barranca. Portador de un pequeño bagaje, buscó una dirección y se detuvo frente a la casa desde 1898 señalada con el número 139 de la calle Entre Ríos (donde funciona actualmente el Colegio Nacional 2). Sacó del maletín una carta dirigida al morador de esa vivienda e hizo funcionar el llamador. Fue atendido por una señora alemana, el ama de llaves, quien felizmente hablaba también el inglés, de modo que pudieron entenderse.
–Traigo esta carta –debió decirle– para Mr. Wheelwright.
El dueño de casa no tardó en acudir, brindándole la hospitalidad que el muchacho esperaba. De inmediato le consiguió un empleo en las oficinas del ferrocarril, como aprendiz de telegrafista. El joven se inscribió, además, como alumno del Colegio Nocturno que funcionaba junto a la iglesia metodista, instalada en la esquina noreste de las calles Salta y Progreso, actual Mitre, ambos atendidos por el reverendo Tomás B. Wood. El colegio ocupó luego un amplio predio en la calle Entre Ríos entre las de Urquiza y San Lorenzo.
Terminado su aprendizaje de telegrafista, trabajó un tiempo como tal en el Ferrocarril Central Argentino, luego en la inspección general del Telégrafo Trasandino, en Villa María y, a continuación, fue nombrado jefe de telégrafos de San Luis. Mientras se encontraba en Villa María, en 1873, recibió la noticia del deceso de su protector Wheelwright y, dos años después, al no adaptarse al clima de San Luis, presentó su renuncia con el ánimo de regresar a Rosario.
De su actitud en aquella circunstancia, da debida cuenta el texto del certificado que se le extendiera, en Villa María, el 6 de febrero de 1875. Dice así: “El Señor Don Isaac Newell ha renunciado del puesto de Jefe de la Oficina Telegráfica de San Luis que ha ocupado con toda honradez, laboriosidad y inteligencia; su estado de salud, no le permitía por más tiempo residir en aquella provincia. El que firma, en vista de la insistencia, tuvo que aceptarle la renuncia interpuesta; pero ha sido con todo sentimiento por perder uno de los mejores empleados de la empresa; quien se ha hecho acreedor a toda clase de recomendación, por cuyo motivo le otorgo la presente para que en todo tiempo le sirva para hacer constar los buenos e importantes servicios que él ha prestado en esta línea telegráfica. A. Vogliano. Inspector General”.
No encontrábase, en efecto, equivocado. En Rosario estaba su porvenir. Continuó manejando el aparato de Morse y volvió al Colegio del Rev. Wood, pero esta vez para perfeccionar sus estudios en inglés y otras materias. Allí conoció a una joven alumna, Ana Margarita Jockinson, hermosa rubia, de grandes ojos azules, condiscípula suya, con quien inició relaciones muy amables.
Ana Margarita, si bien era alemana por adopción, había nacido en Londres, donde vivían sus padres en calidad de refugiados de guerra.
El romance se anudó con fuerza y pronto contrajeron enlace, exactamente el 4 de diciembre de 1876. Isaac tenía apenas 23 años y Ana Margarita algunos menos. Como ambos poseían un ansia desmedida de saber, siguieron estudiando hasta lograr los dos, un par de años después, su título de profesor de inglés. Este hecho de por sí implicaba, además, haber adquirido un dominio acabado del castellano. Ese mismo año de la graduación, el 26 de mayo, nacía el primer hijo, Claudio. Luego, vendrían otros dos: Liliana y Margarita.
Dispuestos a ocuparse de la enseñanza, los esposos Newell tomaron a su cargo el Colegio Anglicano, del que fue Director D. Isaac hasta fines de 1883.
Al año siguiente, decidieron instalar colegio propio; lo hicieron con el nombre de Colegio Comercial Anglo-Argentino, precisamente en el domicilio donde fuera alojado el joven grumete, el día de su desembarco en Rosario, 15 años atrás. La casa, entonces administrada por los herederos de Wheelwright, D. Isaac la tomó en locación, hasta que pudo concretar su compra, con facilidades de amortización.
El colegio fundado por Newell
Como se proponía, al principio, impartir enseñanza primaria, contrató a dos maestras normales, las señoritas Clemencia y Emilia Saint Girons, con cuyo respaldo el establecimiento pudo funcionar y obtener luego autorización para implantar la enseñanza secundaria, mediante su incorporación al Colegio Nacional y a la Escuela Nacional de Comercio, al tiempo que D. Isaac bautizaba su Instituto con el nombre de Colegio Mercantil Anglo-Argentino y completó el cuerpo de profesores con su esposa, con su hija Liliana y Catalina Venzel de Hum (la primera profesora de piano que tuvo el colegio). Esta última lo reemplazó después. Ernesto Benítez, que tocaba, además, admirablemente el violín.
También integró el cuerpo docente el contador Ricardo Edwards, amigo y socio del fundador, quien tuvo a su cargo la enseñanza del álgebra y contabilidad. Actuó, por otra parte, desde el principio, la señorita Catalina Dodd, que luego sería la esposa de Claudio Newell, el hijo mayor de don Isaac y, a la vez, profesor del Colegio. Se incorporaron, paulatinamente Mr. Noolan en la cátedra de inglés; Guillermo Erauquin en la de dibujo; un simpático y pintoresco catalán que enseñaba castellano y a quien todos llamaban, no sabemos por qué, Mr. Frigola; M. Cañet como profesor de gimnasia; y Juan Bautista Hazebrouk, de nacionalidad belga, que dictaba francés, matemáticas y otras materias.
Este último, distinguido y apasionado educador, actuó en el Colegio Anglo-Argentino durante 12 años, desde 1897 hasta 1909, fecha en que se retiró para asumir la Dirección del Colegio Comercial Ibero-Americano, que funcionó hasta 1921 en la calle Santa Fe Nº 1647.
El colegio de Newell era sólo para varones. Además de la enseñanza elemental, se impartía la comercial de nivel secundario. El inglés representaba una materia importante, en uno y otro ciclo. El jueves era el día especial de ese idioma, pues no se permitía hablar sino en la lengua de Shakespeare. El alumno sorprendido conversando en castellano sufría un castigo original: traducir 24 trozos del español al inglés; posteriormente se le entregaba la clave de esas traducciones y el mismo alumno debía efectuar la auto-corrección, con lo cual resultaba que el castigo era provechoso para el infractor.
También se preocupaba don Isaac de la higiene personal y de la religión. En cuanto al aseo, los alumnos eran sometidos a una revisión diaria; por la mañana, debían formar fila y el implacable Director inspeccionaba las manos, las orejas y las pantorrillas. Al descuidado en la limpieza lo sacaba de la fila y llevaba de una oreja, ante la burla de sus compañeros, hasta los lavatorios donde le enseñaba la ubicación de la canilla, de la jabonera y de la toalla. Lo esperaba a que cumpliera con el rito higiénico y luego lo acompañaba hasta reintegrarlo a la formación, junto a sus compañeros.
Su nuera, doña Catalina Dodd, nos contó, hace tiempo: “Mi suegro era muy religioso. Sentábase en la cabecera de una mesa larga, a comer, y desde allí nos daba el ejemplo. Todos, a su imitación, rezábamos, inclinados sobre el plato, antes de iniciar el almuerzo o la cena... Había que mantener la limpieza por fuera y por dentro”.
Los domingos, por la tarde, los estudiantes del colegio eran transportados hasta Arroyito en los tranvías a caballo, lo cual significaba para ellos, una verdadera fiesta, sobre todo por las peripecias del viaje. Según Vladimir Mikielievich, en 1891, el boleto, entre la plaza 25 de Mayo y Arroyito costaba 15 centavos y el viaje duraba, cuando no ocurría nada raro, alrededor de treinta minutos.
Los jueves, por la noche, se hacía tertulia, participando de la misma, profesores y alumnos e inclusos el propio director. Preferentemente se jugaba a la “tómbola”. Su hijo, Claudio, dirigía el juego “cantando” los números en inglés. El premio era un paquete de galletitas “Bagley”.
Entre tanto, los sábados por la tarde y los domingos se practicaba el “foot-ball” en los amplios terrenos del colegio, que la avenida del Huerto y el resto por la plazoleta Suecia. Practicaban con pelotas que conseguían, incluso con alguna de trapo. Como es sabido, allí se formaron jugadores, sobre todo, a fines del siglo pasado, cuando varios alumnos, auspiciados por don Isaac, organizaron un club que, a partir de 1903, se conoce con el nombre de Newell’s Old Boys (Viejos muchachos de Newell).
El glorioso estadio de NOB
Entre sus fundadores, además de don Isaac, figuran su hijo Claudio y los estudiantes José y Atlántico Dianda, Víctor Heitz, Guillermo Renny, Gervasio Colombres, Alfredo Ferrando, los Ortiz Grognet, J.J. Arijón, Frank Martin, Del Valle Ibarlucea y otros.
A todo esto, el colegio poseía su escudo, distintivo que ostentaban sus alumnos en la solapa. El mismo, dividido en cuatro campos, presentaba en la parte superior, a la izquierda y sobre campo negro, las alas de Mercurio; a la derecha, y sobre campo rojo, la lámpara de la sabiduría y, en los campos inferiores, a la izquierda, la bandera inglesa y a la derecha, la argentina.
Los mismos rojo y negro que lució Diego MaradonaAl fundarse el club y a propuestas de don Isaac, los colores rojo y negro se perpetuaron en las camisetas de los jugadores.
Los Newell constituyen así una familia feliz, arraigada definitivamente en Rosario, vinculada con lazos afectivos al colegio que era, además, su hogar. don Isaac viajaba todos los años a Inglaterra, las primeras veces en compañía de Pieroni, su ayuda de cámara, luego con su hija Liliana y después con Margarita, la menor. Aprovechaba para traer novedades pedagógicas de posible aplicación entre nosotros. Su esposa lo ayudaba y estimulaba; con gran fe en su compañero entre ambos remodelaron el edificio, instalaron aguas corrientes, luz eléctrica, plantaron árboles en el patio, cultivaron flores...
Pero, he aquí que en 1899, se extinguieron los días de doña Ana Margarita. Don Isaac no resistió el embate y enfermó de pena; ya no se sintió con fuerzas para conducir el Colegio, y puso su dirección en manos de su hijo Claudio, nacido en Rosario en 1878, entonces bachiller y que pensaba seguir estudios universitarios.
–Ya no tengo interés en la vida –le dijo– he perdido a tu madre, estás de novio, te casás y te ponés al frente del Colegio con Katie. (Catalina Dodd).
En 1900, don Isaac, no repuesto del todo de su dolencia, resolvió hacer un viaje de descanso a su país natal para visitar a sus mayores y en busca de olvido. Cuando al año siguiente regresó a Rosario, lo hizo acompañado de una enfermera inglesa y de «Dash» un hermoso perro, que fue famoso en el barrio por su tamaño, prestancia y bravura.
Con altibajos en su enfermedad, don Isaac Newell falleció el 16 de octubre de 1907, cuando contaba 54 años. Sus familiares, que lo habían visto sufrir larga y resignadamente, recibieron el golpe con dolor, pero con dulce serenidad. Ya en los últimos momentos, el enfermo había pedido que llamaran a Benítez, el profesor de música del Colegio, porque deseaba irse de la vida escuchando los acordes de su violín. Allí estuvo, en efecto, el profesor y amigo, en el instante último, con el corazón estrujado, pero disimulando y moviendo el arco de su instrumento en la ejecución de un motivo musical, que aún medio siglo después, recordaban algunos descendientes de Newell.
Claudio fue, como hemos dicho, un digno sucesor de su padre. No sólo la dirección del Colegio y presidió el club de fútbol varias veces, sino que ocupó altas posiciones públicas. Tenía 27 años en 1905, cuando se graduó de abogado rindiendo exámenes en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Buenos Aires.
Su nieta Violeta nos ha contado cómo bajo la conducción de Claudio, cuyo deceso ocurrió en Rosario en 1941, el colegio intensificó sus actividades sociales y culturales.
“Yo era muy pequeña, entonces, pero recuerdo aún que eran notables las fiestas que se organizaban en el teatro Olimpo; en los programas se incluían coros y orquestas de alumnos, dirigidos por el profesor Romano. Se había formado un cuadro filodramático, y hasta representaron una vez la ópera “La Cenicienta”, con vestidos de época, que confeccionaba mamá. Entre los muchachos que actuaban en el escenario recuerdo a Elpidio González, que llegó a ser vicepresidente de la República”, rememoró.
El doctor Claudio L. Newell fue intendente municipal de Rosario desde febrero a mayo de 1921 y diputado nacional por la provincia de Santa Fe en el período 1924 a 1928. A continuación lo designó el presidente Marcelo T. de Alvear, administrador general de Impuestos Internos.
En 1928 el doctor Newell dejó la dirección del colegio y posteriormente vendió el edificio al gobierno nacional, durante la presidencia del general Agustín P. Justo, para instalar allí el Colegio Nacional Nº 2. El monto de la transferencia ascendió a $ 320.000, cantidad exigua de la que debió deducir los gastos en mejoras que quedaron a su cargo, entre ellas la remodelación para poder habilitar un salón de actos. La operación fue facilitada por la mediación del doctor Miguel J. Culaciati, entonces intendente municipal de Rosario.
El edificio, con sus reformas concluidas, fue habilitado para sede del actual Colegio Nacional Nº 2 “Gral. San Martín”, el 7 de julio de 1939.
Visitar el establecimiento de hoy y recorrer sus patios y galerías, es recordar un poco la historia educacional de Rosario a lo largo de casi un siglo y, de paso, evocar la gesta de los fundadores y profesores del viejo Colegio de Newell.
gentileza: www.rosariodehistorias.com.ar/protagonistas.htm
Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862
MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento
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miércoles, 10 de noviembre de 2010
CENTRO ASTURIANO DE ROSARIO
106 años cobijando a nuestros connacionales
Hablan del origen del “ Centro Asturiano de Rosario”, que es hoy la institución asturiana más antigua de Ámerica del Sur, es necesario remontanos a principios del siglo pasado exactamente el 01/11/1904, años en que un grupo de asturianos hacia intensas gestiones para llegar a concretar la “ Fundación” de una institución que tuviera como fin cobijar a todos aquellos connacionales que quisieran cultivar la confraternidad entre los hermanos de origen y pudieran evocar su Asturas Patria Querida, recordando a diario las costumbres y tradiciones de su Tierrina.
Fue así que Centro Recretivo Asturiano, - tal su primer nombre- comenzó a funcionar en la casa de calle Corrientes 852 de esta ciudad, siendo su Presidente Honorario el Dr. Rafael Calzada y Presidente el Sr. Cornelio Paláez.
En 1907 se modifican los Estatutos y entre otras cosas se cambia de denominación social, pasando a llamarse Centro Asturiano.
Posteriormente en 1914 al fusionarse con el Círculo Asturiano y con la Unión Asturiana, la masa societaria se acrecienta significativamente y pasan a pertenecer al Centro Asturiano.
Ya en 1922 se adquiere el local de calle San Luis 644, donde funciona en la actualidad. En 1926 se adquiere un importante predio en el bario de Fisherton con el objeto de convertirlo en uncampo recreativo y de deportes, conocidos hoy como PRADO ASTURIANO.
En 1985 en reunión del Consejo de Gobierno del principado de Asturias, se acordó conceder la Asturianía a nuestro Centro, siendo este el mayor reconocimiento otorgado por el Principado.
El 9 de noviembre de 1987 su Majestad El Rey, accedió a nuestra petición de aceptar para SAR el Príncipe de Asturias Don Felipe, el nombramiento de Socio Honorariode nuestro Centro.
Entre los años 88 y 89 se realizó la última gran obra, la construcción de dos panteones sociales.
Por primera vez en casi cien años de existencia, allá por 1998, recibimos la visita del Presidente del Gobierno del Principado de Asturias Don Sergio Marques Fernández, coincidiendo con la inauguración de la Plazoleta Principado de Asturias –hecho que arraiga más aún nuestra teierrina a esta hermosa ciudad, - ubicado en la estratégica esquina de Av. Wheelwright y Dorrego.
Hace 10 años , tras firmar un convenio con la Municipalidad de Rosario y la Embajada de España, se inaguró en nuestra institución el CENTRO DE LA TERCERA EDAD, primero en su género en Iberoamérica.
En 2001 tuvimos la inmensa satifacción de ser distinguido por el Gobierno de España con la Medalla de Honor de la Emigración en su categoría Plata del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales por las tareas realizadas a favor de la emigración.
| El Centro Asturiano Posee |
LA SEDE SOCIAL donde funciona LA BIBLIOTECA POPULAR “ALVAREZ ESTRADA”, la cual cuenta con el mayor material bibliográfico sobre Asturias y España.
EL CENTRO DE DIA PARA LA TERCERA EDAD PRADO ASTUARIANO : consta de un SALÓN y CAMPO DE DEPORTE donde se realizan distintos deportes tanto federados como recreativos distintas actividades culturales y sociales.
INFORNACIÓN UTIL
Centro Asturiano de Rosario
Biblioteca Popular Álvaro Florez Estrada
Sede social: San Luis 644 ( 0054-341) 4242317/4483935
Campo de deportes: Wilde 550
Fuente: Bibliografía de la Revista del Bicentenario del diario La Capital
El Centro Asturiano Rosarino

por Bill Ruesch
Como otras instituciones similares, el Centro Asturiano surgió con finalidades educativas, recreativas, artísticas y solidarias. Fue fundado el 1° de noviembre de 1904, o sea dos años después del nacimiento del Centre Catalá.
Para el cumplimiento de tales propósitos se organizaban veladas, festivales, conferencias, certámenes diversos y se ofrecían becas.
Al poco tiempo de fundado ya contaba este centro con 335 socios, quienes abonaban una cuota mensual de $ 1,50 de la época.
Disponía por entonces de un amplio y hermoso local en la calle 1° de mayo 1159, en el cual existía una nutrida y selecta biblioteca con sala de lectura.
La Comisión Directiva estaba integrada por las siguientes personas:
Benito Terviso (Presidente)
Antonio J. Perez (Vicepresidente)
Ernesto Termiño (Secretario)
Severino Sánchez (Prosecretario)
Sabino menéndez (Tesorero)
Manuel Fernández (Protesorero)
Integraban además la Comisión Directiva 6 vocales, 4 suplentes, 3 revisores de cuentas y un bibliotecario. Se había designado al Dr. Eladio Eguren Presidente Honorario de esta institución por sus méritos en el desarrollo de la misma.
martes, 9 de noviembre de 2010
Las Catacumbas de "el Círculo
por Enzo Duarte.
Orgullo rosarino, el Teatro “El Círculo” de Rosario asombra a propios y extraños por su grandiosa majestuosidad: 1.878 localidades contadas en la década del ‘70, una acústica impecable y considerables dimensiones del escenario (14 metros de boca y 20 de profundidad). Por si hiciesen falta pruebas, el célebre tenor Enrico caruso –que cantó allí- dejó testimonio de su admiración en un elogio escrito y firmado por él, que puede verse en el recinto. Inaugurado en 1904 con el nombre de Teatro Opera, desfilaron por su proscenio muchas figuras de prestigio internacional. Está decorado con los frescos de Carmignani y medallones con los retratos al óleo de los grandes de la música.
Pero también ofrece, detrás de esta imagen tradicional, un aspecto insospechado, encubridor de otra faz artística igualmente admirable y no menos atractiva. Descendiendo una antigua escalera cuyos ladrillos debieron ser reciclados, se descubre un portón de madera y, trasponiéndolo, las calderas que en el pasado eran alimentadas a palo de yerba.
El ambiente misterioso de un castillo con pasadizos secretos invade al visitante. Pero en lugar de los horrores esperados surge un mundo poblado de bellas imágenes de vírgenes, contemplativos santos y delicados bajorrelieves. Un mundo que jamás hubiérase sospechado desde la calle.
Es que allí, en los fosos del teatro, se exponen los originales de las obras religiosas del escultor rosarino Eduardo Barnes, nacido en 1901, varias veces premiado en los salones nacionales de exposición. Sus producciones figuran en casi todos los museos de arte del país, en templos y en colecciones particulares argentinas y extranjeras.
Indudablemente, el Teatro “El Círculo” constituye un motivo más de interés ente los muchos que depara la ciudad de Rosario.
Orgullo rosarino, el Teatro “El Círculo” de Rosario asombra a propios y extraños por su grandiosa majestuosidad: 1.878 localidades contadas en la década del ‘70, una acústica impecable y considerables dimensiones del escenario (14 metros de boca y 20 de profundidad). Por si hiciesen falta pruebas, el célebre tenor Enrico caruso –que cantó allí- dejó testimonio de su admiración en un elogio escrito y firmado por él, que puede verse en el recinto. Inaugurado en 1904 con el nombre de Teatro Opera, desfilaron por su proscenio muchas figuras de prestigio internacional. Está decorado con los frescos de Carmignani y medallones con los retratos al óleo de los grandes de la música.
Pero también ofrece, detrás de esta imagen tradicional, un aspecto insospechado, encubridor de otra faz artística igualmente admirable y no menos atractiva. Descendiendo una antigua escalera cuyos ladrillos debieron ser reciclados, se descubre un portón de madera y, trasponiéndolo, las calderas que en el pasado eran alimentadas a palo de yerba.
El ambiente misterioso de un castillo con pasadizos secretos invade al visitante. Pero en lugar de los horrores esperados surge un mundo poblado de bellas imágenes de vírgenes, contemplativos santos y delicados bajorrelieves. Un mundo que jamás hubiérase sospechado desde la calle.
Es que allí, en los fosos del teatro, se exponen los originales de las obras religiosas del escultor rosarino Eduardo Barnes, nacido en 1901, varias veces premiado en los salones nacionales de exposición. Sus producciones figuran en casi todos los museos de arte del país, en templos y en colecciones particulares argentinas y extranjeras.
Indudablemente, el Teatro “El Círculo” constituye un motivo más de interés ente los muchos que depara la ciudad de Rosario.
lunes, 8 de noviembre de 2010
COMUNA DE PIÑERO
Fundación 1903 (por Erasto Piñero Pacheco)
Piñero es una localidad del Departamento Rosario,provincia de Santa Fe, Argentina, a 14 km al sudeste de la ciudad de Rosario y a 183 km de Santa Fe (capital); sobre la Ruta Provincial RP 14 "km 13,5", y en el "km 15" de la Segunda Avenida de Circunvalación RN A012.
Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/piñero
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El Barrio Refinería
Por Javier Etcheverry
A partir de fines del siglo XIX se instalan en el por entonces extremo nordeste del municipio, en el barrio Refinería (1), los establecimientos industriales más grandes de la ciudad. Cabe aclarar que por entonces y hasta avanzado el siglo XX predominan en Rosario los talleres artesanales y las pequeñas industrias.
En Refinería (denominado desde 1948 Barrio Las Malvinas) se encontraban los grandes talleres del Ferrocarril Central Argentino, la Refinería Argentina de Azúcar (instalada en 1887, dando nombre al barrio), la fábrica de ginebra de E. Schiffner, las destilerías de Altgelt y de Wildemburg, la empresa de Aguas Corrientes, el establecimiento de Wilson’s Sons, las Barracas Remonda Monserrat, grandes galpones de almacenamiento y muelles. El gobierno municipal había dispuesto en 1903 que el barrio se denominara Norte, pero prevaleció el nombre Refinería.
A principios de siglo XX, tres empresas ferroviarias (Ferrocarril Córdoba y Rosario, Ferrocarril de la Provincia de Santa Fe y Ferrocarril Rosario y Buenos Aires) atravesaban el linde norte de Refinería para desembocar en los mencionados muelles. A través del ferrocarril llegaba el azúcar de Tucumán y el norte de Santa Fe que era procesado en la Refinería de Ernesto Tornquist. La actual Avenida de las Tres Vías lleva justamente ese nombre porque ocupa el lugar que otrora surcaban las vías de las mencionadas empresas ferroviarias.
Para alojar a los trabajadores de las fábricas, talleres, depósitos y muelles se edificaron grandes conventillos. Allí se hacinaban centenares de inmigrantes -europeos sobretodo, pero también sirio-libaneses (denominados “turcos” porque provenían del Imperio Otomano) y algunos japoneses- y migrantes de las provincias del interior del país. De esa manera, Refinería se constituyó como un barrio netamente obrero, sacudido periódicamente por conflictos sociales y laborales que tuvieron su expresión más destacada en la huelga general de 1901 - la primera del país- (2) iniciada en la Refinería de Azúcar. Entre los propietarios de esos conventillos, que generaban pingües ganancias, figuraban destacados empresarios como Arijón (de origen gallego), Canals (catalán) y Cilvetti. La Refinería de Azúcar contaba con su propio conventillo. En la parte del año de mayor actividad dicha Refinería empleaba, entre obreros y empleados, a más de un millar de personas.
El Ferrocarril Central Argentino construyó hacia 1888 en la parte aledaña a sus talleres (denominados “nuevos” en contraposición a los más antiguos y mucho más pequeños ubicados en las adyacencias de la Estación Rosario Central, que había sido otrora el asentamiento del segundo cementerio rosarino) dos bloques de viviendas denominadas Batten Cotagge y Morrison Building. Atilio Reati nos informa al respecto:
“En el primer conjunto habitacional se instaló al personal técnico-administrativo (jefe de Talleres, de Mantenimiento, etc.) y en el segundo aquel personal necesario para casos de emergencia, como agentes que atendían el guinche de auxilio para los eventuales descarrilamientos o bomberos.” (3)
Esos complejos habitacionales se levantaron en el límite norte del barrio. Estaban rodeados de espacio verde y alejados del núcleo proletario de la barriada.
Hacia 1911 Refinería era el barrio más poblado del municipio. Contaba con cerca de 40.000 habitantes. La población rosarina se había multiplicado casi por 10 entre 1869 (año del primer censo nacional) y 1914, pasando de 23.169 a 225.101. (4) El 50% era de origen extranjero, básicamente europeo. Entre los extranjeros predominaban los italianos. Inicialmente se radicaron en Rosario lígures, fundamentalmente. Luego se establecieron italianos de otras regiones del norte de Italia (Piamonte, Lombardía, Friuli y el Véneto). Hacia fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX comenzó a ser significativo el aporte itálico meridional (sicilianos, calabreses, napolitanos, etc.).
A los arrabales del norte de la ciudad, como Refinería, no llegaron las obras urbanísticas y de higiene emprendidas por el gobierno municipal a finales de la década de 1880. No obstante, y como consecuencia de la peste bubónica que asoló Rosario en enero de 1900, fueron incluidos en una campaña de saneamiento. (5)
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