Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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lunes, 25 de julio de 2016

PUEBLITO NUEVO

Por Héctor N . Zinni
En el departamento Rosario, sobre la margen derecha del arroyo Saladillo comienza a formarse, con motivo de la urbanización originada por la instalación del frigorífico Swift, un barrio de la localidad de Villa Gobernador Gálvez llamado Pueblo Nuevo. Al cierre de Pichincha, toda la zona referida es de pintoresca característica rural. Dirá el poeta de Rosario Emilio Ortiz Grogneti (1), describiendo con justeza lo que eran y aún resultan ser muchos pueblos de la provincia de Santa Fe.
Yo te vi nacer pueblito, de la noche a la mañana
como un hongo que se expande en las horas muy tempranas.
Rodeado de pasto fuerte, de pampas, de vizcacheras
pintó la gente espejismos de emociones lisonjeras.
Orillando rieles nuevos, el molino, el galpón
los bretes para la hacienda, corrales y la estación:
A la plaza enfrentan todos los negocios principales
y de preferencia aquellos con carácter de oficiales.

"—Llegar a los prostíbulos de Pueblo Nuevo era toda una aventura. Había que pasar un puentecito muy frágil que se movía todo. Oscuro como boca de lobo. Daba miedo cruzar por el puentecito porque a uno le parecía que se caía al riacho. Iban taxis hasta aquellos lugares cobrando veinte centavos por cabeza con cinco, seis y siete personas amontonadas".(2)

También otra población rural cercana a Rosario recibe y ampara e éxodo prostibulario, se trata de Arroyo Seco.

Allí la comisaría, aquí el juzgado de paz,
en la esquina la farmacia, la escuelita más allá.
Aislada, mirando al norte, la gran barraca alemana
que acapara lo que puede en cueros, cerdas y lanas.
En el espacioso patio los baños de la curtiembre
y una colina de huesos para embarcar en setiembre.
En la plaza de paraísos con alfalfa en sus canteras
por ser del juez predilecta, pace sola una tapera.
"—Las primeras casas que pusieron en Arroyo Seco eran de un tal Lacovara, que también tuvo prostíbulos en Santa Fe, y de un tal Tito...
—Tito Gorostondo?
—Si. Gorostondo. Una vez visité el prostíbulo de él, siendo yo muchacho Había una mujer que andaba de filo conmigo. Entonces la mujer se quedó más del tiempo . . . una hora. Viene la madama, golpea. De pronto me di ce que un señor quería hablar conmigo. Era Gorostondo, que me dice "Vea che . . ., le voy a pedir un favor. . . ¡Déjese de macanas porque es mujer es de afuera! . . Si usted la quiere, me da trescientos pesos y yo digo que un día de salida se fugó. Pero luego se la va a tener que arreglar...si la quiere". Yo le dije que no. Así conocí a Tito personalmente. A Lacovara lo conocí también, fuimos amigos, posteriormente lo perdí de vista, no se si está vivo. §upo vivir por la calle Garay, después de pasar muchos años en Santa Fe".(·3)

En cuanto se instalan los prostíbulos en Pueblo Nuevo, aparece un personaje característico llamado a cubrirse de renombre. Se trata de Pata Lisa, quien no es matón, ni pendenciero, ni tenebroso y si algo podría haber tenido de cada cosa, ahora está decidido a ganarse la vida honradamente en aquella región aledaña a Rosario donde
En la laguna del bajo, anidan en los esteros
gaviotas, bandurrias, chorlos y están alertas los teros.
El paisaje circundante no puede ser más sencillo,
en tres hornos diferentes se están quemando ladrillos.
La casa de la maestra luce una blanca cortina
y en el ángulo del patio, toda en flor una glicina.
Es la hora tan ansiada, está por llegar el tren
corren, saludos, voces, en el reducido andén.
"—Hablamos algo de Pata Lisa ya?
—No, no. Diga nomás.
—Bueno. León Alsina, alias Pata Lisa fue uno de los que tenía la parrilla en Pueblo Nuevo, donde había, después que se terminó Pichincha, dos prostíbulos uno de cuyos dueños era Tito Gorostondo, que creo está en Buenos Aires, no se
—Pero . . .ahí había un dueño que era un ruso
—¿Ahíen Pueblo Nuevo?..
—Uno gordo, grandote.
—Eso no recuerdo. Pero Pata Lisa tenía la parrilla ahí. Después que se cerraron los prostíbulos también allí puso una especie de pompas fúnebres. Antes de eso tenía un auto especial con la cabida abajo para los cajones de los cadáveres, que así trasladaba para no pagar derechos . . - La pompa fúnebre la instaló después, en la calle Ovidio Lagos pasando 27 de Febrero. Ahí hizo mucha plata y más tarde se corrió a la calle Córdoba y Provincias Unidas que es donde está en la actualidad.
—Vive todavía este hombre?
—El vive. Casualmente lo vi el otro día. Está operado de un pulmón también . - . Ese hombre por los años 28 al 30 tuvo un accidente donde le quedó la cara marcada. También tuvo la desgracia de que cuando vivía en la calle Güemes entre las de Pueyrredón y Rodríguez, junto con la madre y las hermanas, fue atacado de peste bubónica y colocaron el cordón ese, y la madre no lo dejó salir, no lo dejó sacar, mejor dicho, por la autoridad. A raíz de esto ese muchacho se salvó.
—Fue taximetrista también?
—Si. Trabajó muchos años en Rosario Norte. .. (4)

El almacén de Pulpiñez es también posada y fonda
tiene billar de casín y alegre mesa redonda.
Hace la panadería un diario de buena venta
aunque a veces la clientela está atrasada en la cuenta.
Trabajan también de firme, herrero, talabartero,
y sólo suele quejarse el maestro peluquero
pues quieren sus parroquianos, y aquí el hombre pone un terno,
al empezar de los fríos andar con pelo de invierno.

"—Cuántos prostíbulos había en Pueblo Nuevo?.
—Tres. Uno era de Tito, otro era de Castagnino y el otro de Víctor Lacovara. La casa más grande era El Internacional.
—Las mujeres que trabajaban allí, ¿eran casi todas las que no podían ejercer la profesión debido al cierre de Pichincha?
—Claro, claro.. ., algunas también fueron al otro prostíbulo que había en Paganini, ¿sabe?.
—Cuántas mujeres trabajaban allí?
—¿En Pueblo Nuevo?, ciento cincuenta, doscientas.
—Para tres prostíbulos solos, eran unas cuantas, ¿no?.
—Eso era entre semana . .. En sábado y domingo podía doblarse tranquilamente esa cantidad.
—Y trabajaban a lata también allí?
—Todo por ficha; no lata, ficha . . . No ponga lata: ficha.
—Cómo era el pasaje por el puente? ¿Se cayó alguien?
—En Pueblo Nuevo los taxis hacían un trasbordo donde llegaba el tranvía . . . le cobraban diez centavos primero y veinte después. Cuando llovía, los autos iban por el frigorífico y cuando el camino estaba bueno iban por el Este, por el puentecito ... pero nunca se cayó nadie del puente.
—Que fue lo que más le impactó en Pueblo Nuevo?
—La muerte de Fiorazzo. Cotocho fue quien trajo a Fiorazzo a Sunchales. Fiorazzo trabajaba con su auto, se ganaba el mango y alternaba con la barra de chauffeurs. Que no era una barra en sí.. . sino que estaban mancomunados por compañerismo.
—Claro, eran todos del mismo gremio...
—Por eso le digo que no era una barra donde uno se aleja del otro . . . no, no . . . porque el que era enemigo de otro, ahí no podía estar, ¿me comprende?
—Si, perfectamente.
—Bueno, cuando se abrió Pueblo Nuevo, el finado Fiorazzo tuvo problemas con Tito Gorostondo que era dueño de un prostíbulo allí. Al salir de la parrilla que tenía yo, Fiorazzo se cruzó enfrente donde estaba el Cafe del Negro Luis y al entrar, un amigo de Tito Gorostondo, sin discutir ni nada, sacó el revólver y le pegó un tiro en la frente. Se veía la cola de la bala en la frente de Fiorazzo, y uno de los muchachos quería sacarle la bala tirando para afuera de la cola.
—No hubo caso...?
—No. El hombre falleció ahí mismo. A Fiorazzo lo querían porque no era malevo, era correcto. Se hacía respetar como todo hombre. Flaco, narigón . . . Fiorazzo era simpático y sabía poner las cosas en su lugar. Si iban a verlo para consultarle acerca de alguna enemistad el trataba de amigar a los muchachos. .(6)

En un sulky de capota va raudo el recibidor,
la barba de cinco días y en el cinto un calador.
Lejos, el campito santo que enmarcan tapias oscuras
y unas cabritas triscando yerbas en las sepulturas.
Con palenques en la puerta, en un lugar apartado
está una casa dudosa con un farol colorado.
El corredor de seguros se despide muy atento
y el mixto soltando frenos arranca pesado y lento.

"—Una vez aparece un hombre gordito buscando a Pata Lisa, que era yo, pensando que era un inválido. Claro, cuando me vio . . . se llevó una sorpresa porque yo no soy lisiado, ni nada. Aquel hombre era un periodista famoso que después vino unas cuantas veces.
—Se acuerda cómo se llamaba?
—Espérese . . . estaba en la radio también ... Soiza Reilly.
—Juan José de Soiza RelIly?
—El mismo. ¡Vea quien buscaba a Pata Lisa!"(7)

Bolsas de correspondencia con algunas encomiendas
implementos de labranza, un cajón para la tienda…
Han llegado las mocitas que visitan la estación t
ornando por el sendero paliduchas de emoción.
En el breack de sus andanzas por causa de un espumante
el simpático Bachicha se ha dormido en el pescante.
Y el capataz caminero que trabaja en la sección
mientras carga la cachimba hace engrasar la Champión.

"—Había otra parrilla en Pueblo Nuevo?.
—Si, la del gringo Natalio que era, más o menos, tan nombrada como la mía...
—Cómo fue que usted se instaló allí?
—Yo, antes de poner la parrilla era chauffeur de taxi. Una vez se hizo cliente mío el ingeniero que construyó El Internacional en Pueblo Nuevo. Casi siempre íbamos y, aparte de hacer un viaje lindo, nos hicimos buenos amigos. También llevaba yo otros profesionales amigos del ingeniero y me distinguían, porque siempre buscaban conductores que no fueran a comprometerlos y todo eso. El que hizo El Internacional era un tal Rizzo... Gregorio Rizzo. Por medio de ese Rizzo yo compré el terreno de lo parrilla.
—El se lo vendió?
—No. El me buscó con el auto cuando se remataron esos terrenos. Me dijo: "Venga, León, que vamos a ira ver esos terrenos.. ."Y me hizo comprar también a mi. Insistió el hombre para que yo comprara, y después me dijo: "¿Usted sabe sentarse a comer en algún lado?. Bueno, ¿por que no pone una parrilla aquí?. Váyase allá, al corralón y saque los materiales que necesite. Váyase a Paniagua, en la calle Córdoba que elle va a dar ro-do lo que precise para la construcción, a pagar como pueda.
—Un buen gesto.
—Si, y además me dijo: "Usted saque sin firmar nada, diga que va de parte de don Gregorio y le van a dar. - ." Y don Gregorio se hacía responsable de que yo iba a pagar. Y así fue, como puse la parrilla. Después puse unos comedores en Ovidio Lagos y Amenábar, vino el tiempo de la guerra
y me fundí. Entonces volví al gremio de taximetristas y empecé a llevar los muertos en el baúl del automóvil
—Y empezó a salir adelante
—Si, pero me explotaban las cocherías y a mi no me gustaba. Fue cuando se me ocurrió lo de la ambulancia. Me dije: "Si llevo muertos, con más razón voy a llevar vivos enfermos. Y al llevar enfermos, también consigo los muertos..."
—Se ve que usted siempre ha tenido espíritu de progreso..
—Con la ambulancia me paré. Y soy uno de los pocos que sobrevive a aquella época, que ha sabido abrirse camino. Otros, pobrecitos -….(8)

Se avizora un humo largo por el rumbo del poniente
debe ser la trilladora que está cambiando de cliente.
El que vino a entregar trigo cumplió ya con sus encargos
que no se ha llegado al pueblo van para tres meses largos.
Cantando vuelve a su chacra en la tarde que declina
con vino en la damajuana y la gran bolsa de harina.
Lleva para la patrona lindo pañuelo floreado
y para el la reja nueva que ha de cambiar al arado.
"—¿En que año nació usted?
—En 1901.
—¿Había algún conjunto musical allí?. ¿Sabía haber músicos?
—Si, yo tenía músicos, pero no eran de fama. Estaba el pianista Panchito que tocaba en la parrilla y un día murió ahogado. Era muy enamorado de los hombres, era puto Panchito.
—Usted tenía entonces un escenario con piano en la parrilla?.
—Si, claro. El piano armaba el conjunto, los otros rascabuches venían a tocar después. Este Panchito era nombrado porque era un muchachito que tocaba muy lindo el piano, era un buen pianista, sino que este muchacho no triunfó porque no hubo quien le diera un empujón. Bueno, lo empujaban, pero no para donde tenía que ser".(8)

Y llegándose la noche para gusto popular
las lechuzas agoreras han comenzado a chistar.
Una banda de gitanos ha emplazado campamento
y aquí están sus carromatos con el oso y el jumento.
Ya de noche y fatigadas al resplandor de fogatas
tañen sus músicas simples de sugerencias tan gratas
y quizá mañana mismo en este sitio no estén
otros como ellos pasaron con su sino y su desdén.
Adiós, pueblito del campo, no se me borran tus huellas
apacible sea tu sueño al fulgor de las estrellas..
NOTAS
1 Emilio Ortiz Grognet. Biog. N. en Rosario el 17 de agosto de 1879; m. en la misma ciudad el 15 de mayo de 1932. Cursó estudios en el Colegio Nacional
de Rosario e inició la carrera de derecho en la Universidad Nacional de Buenos Aires, los que abandonó para dedicarse a la literatura. Formó parte de la redacción del diario El Tiempo y en 1901 fue premiada su novela Susana. Ese año publicó El salón de Apolo, ensayo cómico lírico en un acto y tres cuadros. Colaboró en la revista Preludios fundada por el rosarino Alfredo E. Bianchi y en 1904 estrenó su primera pieza teatral denominada En la sombra, comedia en un acto traducida al italiano para la compañía de Tina di Lorenzo, obra que editó en 1905. Enfermo de una grave dolencia, continuó produciendo distintas obras: El mejor tesoro, drama en un acto estrenado en el Teatro Nacional, de Buenos Aires, en 1907, año en que se publicó también como folleto; El Conjuro, drama en tres actos y versos, estrenado por la compañía Antonia Pellicer y Pedro Codina en 1909 y editado al año siguiente; Lunáticos, poema dramático; Hogar de antaño, comedia; La Nena, novela; Rayo del Cielo, comedia dramática, y otros escritos. La novela Susana fue reeditada en Rosario en octubre de 1918 por la revista quincenal La Novela Argentina. En Seis cantos a Rosario, edit. en Rosario (1949), se incluye su poema Canto a Rosario. En 1934, se editó en Rosario dedicado a su recuerdo: Cantó a su ciudad y cantó a España (16 págs.) y el mismo año, también en Rosario, apareció editado por la comisión de homenaje: Emilio Ortiz Grognet: "Fallecimiento, juicio de diarios y revistas; sepelio, discurso del doctor Lejarza; decreto minicipaJ" (32 págs.). En 1925 la librería Alvarez publicó Canto al Rosario, folleto (7 págs. y tapas). En El diario La Capital de 1.1.1930 aparece su poema Pueblito Nuevo. Wladimir C. Mikieievich. Diccionario de Rosario (en preparación).
213 Antonio Sciara, id.id.
4 Calixto Gallo, id.id.
5 Víctor Lacovara murió el 9.4.1978 en Santa Fe, a los 68 años, atropellado por un automóvil. V. El Litoral, 10 y 11.4.1978.
6/8 León Alsina (a) Pata Lisa, id.id.

Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanas Tomo I . Editorial Fundación Ross.

lunes, 18 de julio de 2016

BAÑOS DEL SALADILLO



Por Héctor N. Zinni

Un aviso (¡oh, tempora!) promocionando los Baños del Saladillo, reza en la edición del 3 de noviembre de 1929: "Visite los Parques—Baños del Saladillo. La pileta de agua corriente más amplia e higiénica de Sud América, con 7.000 m2 de superficie el canal del arroyo Saladillo pasa por doce grandes filtros y por 36 bocas que arrojan 300.000 litros de agua por hora y cae en la pileta cuya agua se renueva totalmente dos veces por día". Y más abajo:
"Abierto de 5 a 24 horas.
Amplias casillas y salones para desvestirse.
Ropa y toalla para baño.
Ducha de agua dulce para después del baño.
Bar Flotante sobre la pileta a precios moderados y artículos legítimos.
Bar de Entrada bajo la arboleda y con vista a la pileta y entrada de bañis-
tas.
Buffet en el gran edificio del Hotel sito enfrente de los Baños, donde hay
un servicio especial para almuerzos, comidas, cenas, pic nics, banquetes,
romerías; fiestas, etc., etc.
Playa para autos, con surtidor de nafta y cuidador.
Todos estos servicios se hallan a cargo de la empresa.
Baltos. Telef. 192 - Arijón.
Buffet. Telef. 199 - Arijón".
Como remate, un sutil llamado con una no menos delicada disculpa por el aumento de precios, dice así: "Señoras. Señoritas. Señores. Participamos haber introducido en los Baños del Saladillo grandes mejoras en beneficio del público, que invitamos pase a conocer; así como también que nos hemos hecho cargo del Bar y Buffet donde podrán hallar todo lo que les apetezca después del baño, con seguridad de artículo noble, legítimo y a precios moderados. Los precios de los baños nos hemos visto obligados a aumentarlos un poco, debido a las pérdidas sufridas las temporadas pasadas y esperamos que Ud. nos sabrá comprender. Temporada del 12 de Octubre al 15 de Abril. Servicio especial de ómnibus letra 1 y Servicio de tranvías línea 8. Precios: Baños nocturnos, $ 1.50; diurnos, $ 1.00; menores y señoritas, $ 0.75; casilla a abonados, $ 0.50; galería, $ 0.25; Abonos con casilla $ 15.— Venta de trajes de baño y gorras—. 16
Si bien para nada se habla de la presencia del bañero, es indudable que los famosos Baños del Saladillo tuvieron —con o sin el guardavidas— su popularísimo momento de esplendor. Mucho mas alegre, por supuesto, que el esplendor del tristemente célebre Ortelis a quien abandonamos al final del capítulo anterior cuando disponían su traslado a Azul.
Mientras se efectúan las tramitaciones pertinentes, vuelve El Fantasma a la actualidad. En horas de la madrugada del 23 de agosto de 1928, Ortelis fragúa con otro penado un plan de evasión. Con su característica habilidad logra salir a la terraza de la cárcel, y, utilizando una soga, se descuelga por la parte que da a la calle Montevideo, entre las de Pichincha y Suipacha. Elude tres guardianes que le salen al paso y se da a la fuga por Suipacha hacia el Sur, perseguido por el guardián Marcelino Vázquez. Este dispara al aire sin lograr atemorizar al delincuente quien, al disponerse a franquear un tapial para internarse en un extenso baldío, es herido de un balazo en la pierna derecha y apresado.
Al principio, Ortells es asistido en la enfermería de la cárcel, pero más tarde lo internan en el Hospital Rosario, con la correspondiente custodia policial. El 17 de octubre de 1928 pone Ortells otra nota sensacional en el ambiente rosarino. Esa madrugada, cuando reina la tranquilidad en el hospital, y aprovechando que la sala donde está internado se halla a oscuras, El Fantasma gana la calle y esta vez desaparece. Las pesquisas para conocer su paradero resultan infructuosas. No se tienen noticias del tristemente famoso delincuente hasta el 16 de diciembre de 1929. En un procedimiento efectuado por la policía de Montevideo durante una tentativa de robo, Ortells es herido de un balazo en una pierna, y cuando va a ser detenido el mismo pone fin a su existencia.
Así concluye la vida azarosa y llena de miserias morales de este extraño personaje, incapaz de adaptarse o regenerarse, que ha dado trabajo a la policía y sólo perjuicios al país que le diera hospitalidad.17
¿Y La Reacción?. Bueno, La Reacción, fiel a sus principios de "La Verdad como Bandera y El Honor como Blasón", que ostenta con orgullo, sigue orquestando campañas. Esta vez, los titulares son:
"MANTECA ADULTERADA"
“¡ ¿Qué hace la Oficina Química Municipal?! ".18
NOTAS

16 La Reacción. No 2075, 3 de noviembre 1929.
17 Revista de la Caja Mutual de Policía. Año XVII. Nº177. Rosario, abril—mayo 1960.
18 La Reacción. No 2081, 29 de diciembre 1929.
Brown, entre Pichincha y Suipacha. Frente del Venecia, prostíbulo demolido en 1976.

Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanas Tomo I . Editorial Fundación Ross.

domingo, 17 de julio de 2016

EL CICLO FRIGORIFICO



La aparición de la industria frigorífica en el país había sido con­secuencia del agotamiento del ciclo de la lana, producido en el siglo XIX, y sus necesidades terminaron por reestructurar la ganadería ar­gentina subordinando a la vez el crecimiento de la agricultura.



En Paraná, el pariente del mar —obra colectiva editada por la Bi­blioteca Vigil en 1973— se señalan aquellos comienzos del ciclo: "Los frigoríficos fueron los primeros grandes establecimientos moder­nos existentes en el país. Hasta 1900, su trabajo tuvo un pronun­ciado carácter artesanal, siendo únicamente moderna la máquina para producir el frío. A partir de ese año, el comienzo del faenamiento del bovino (cuyo cuerpo era diez veces más pesado que el del ovino) y la creciente industrialización de los subproductos, iniciada por las empresas de los Estados Unidos, fueron aumentando el empleo de la fuerza mecánica y de la mano de obra... como los frigoríficos tra­bajaban todo el ano (contraria­mente a los saladeros que sólo en­traban en actividad en primavera y verano), crearon uno de los pri­meros grupos permanentes, y sin duda el más numeroso, de obreros con características sociales plena­mente modernas. Estos trabajado­res eran su mayoría criollos de las provincias del litoral fluvial, los que por su habilidad en las tra- dicionales tareas ganaderas y saladeriles, constituían un elemento humano indiscutible para las ta­reas del establecimiento frigorífico".
La construcción de la planta del Swift se inició en mayo de 1924, comenzando su funcionamiento pleno a partir de diciembre de ese mismo año. El 30 de dicho mes, "La Capital" destacaba: "Desde el día de ayer se ha notado en el mo­vimiento portuario una nueva ac­tividad con destino al exterior; se ha comenzado a embarcar carne congelada del Frigorífico Swift, que están terminando de construir en el barrio Roque Sáenz Peña".
La actividad compleja del fri­gorífico, desde las especificas has­ta la elaboración de productos aje­nos a ella, transformaron a mu­chos de ellos en verdaderos distri­tos industriales (el Swift de Rosario • se contó en esa nómina), que die­ron lugar, en torno a su em­plazamiento, al establecimiento de viviendas ocupadas por su perso­nal obrero aunque el frigorífico permaneciera ajeno a los recursos constructivos.
La instalación del Swift originó el tercer momento de la evolución del barrio, que está relacionado no sólo con la gran cantidad de inmi­grantes que —no siendo absorbi­dos por la ciudad— se instalaron en terrenos libres o alrededor de las vías del ferrocarril, sino tam­bién con la proliferación de loteos de predios llevados a cabo por la Sociedad Anónima del Saladillo, que dieron origen a las primeras
viviendas modestas que poco a po­co irían concretando la urbaniza­ción.
Un testigo del barrio, Ricardo Lanza, fundador del club Olegario V. Andrade (CAOVA), define certe­ramente esa transición: "A partir de la instalación del frigorífico, se detiene la gran mansión y comien­za la construcción de casas fami­liares..."
Junto con los loteos comenza­ron a llegar, también, los que con el correr de los años darían a este sector rosarino las características de una pujante barriada. Eso, sin embargo, tendría un costo para­lelo: la Industria que dio trabajo a los pobres, privó a los ricos del placer del descanso", señalaba "La Capital" el 30 de diciembre de 1932, ocho años después de la apertura del Swift.

El diario, en realidad, no hacía sino indicar un hecho de la rea­lidad: había cambiado definitiva­mente el carácter del barrio, que dejaba de ser residencial para transformarse en otra cosa total­mente distinta: un barrio obrero. La edificación, por su parte, se com­pacta, cambia, y se transforman también los usos y las costumbres: la violencia aparece en el lugar, donde (sin una explicación apa­rente) han sentado sus reales los capos de la mafia rosarina.
Las grandes residencias ven có­mo se las desuna, paulatinamente, a usos muy diferentes de los que les asignaba su antigua condición de mansiones de fin de semana de los rosarinos de pro. Algunas de ellas pasan a albergar estableci­mientos públicos o privados, mien­tras otras se transforman en inqui­linatos. El Saladillo, de esa ma­nera, dejó atrás su aristocrática fisonomía para dar lugar al asen­tamientos de los obreros de la zo­na.
  Así, comenzaron a levantarse casas de distintos materiales, que iban desde la chapa o lata al ladri­llo o la madera, todas precarias, y que delinearon, por los años de la década del 30, el primer núcleo urbano conocido como Pueblo Nuevo, en la actual jurisdicción de Villa Gobernador Gálvez, y el sector co­nocido como Bajo Saladillo, inclui­do dentro del municipio rosarino.
Pueblo Nuevo, actualmente co­munidad ribereña, ocupa la sec­ción de la costa del río Paraná com­prendida entre los terrenos que hasta hace poco ocupaba la can­cha de golf del Frigorífico Swift, al norte, la Avenida Villa Diego y las barrancas al oeste. Se trata de una franja estrecha y larga, de alre­dedor de cuatro cuadras de ex­tensión en sentido longitudinal. La barranca del río alcanza en esta zona una altura aproximada de veinte metros y desciende en suave pendiente, permitiendo la forma­ción de una playa baja, en parte arenosa, que resulta accesible a los botes de los pescadores pero no para embarcaciones de mayor ca­lado.
En el decenio 1920-30 arriba­ron los primeros pobladores, gru­pos constituidos sobre todo por fa­milias de inmigrantes europeos, que construyeron sus viviendas sobre la costa de un canal del río, aprovechando que el calado del mismo permitía la entrada de pe­queños barcos. Sucesivas crecien­tes, sin embargo, arrasaron el lu­gar y destruyeron aquellas vivien­das iniciales, lo que motivó su abandono y la construcción de otras nuevas sobre terrenos más altos, donde se encuentran actual­mente.
Los primeros pobladores euro­peos fueron principalmente pola­cos, lituanos y rusos, hecho al que se debe su denominación genérica y popular de barrio de los rusos.
Miguel Piotrowski, emigrante polaco llegado a la Argentina en 1926 y actual miembro de la so­ciedad polonesa "Federico Chopin", que nuclea a la colectividad en Rosario, evocó para este trabajo sus recuerdos de aquella época: "Muchos extranjeros hicieron sus casitas lindas. Como todos traba­jaban en el Swift, los sábados se dedicaban a trabajar y a hacer sus casas... La gente se instalaba alre­dedor del frigorífico. Villa Goberna­dor Gálvez, Villa Diego; muchos que se habían venido desde Ro­sario se quedaban aquí, porque no tenían que pagar transporte para ir a trabajar, y a veces trabajaban de noche…”

Fuente: Extraído de la revista “Rosario, Historias de aquí a la vuelta”. Fascículo Nº 15  de Julio 1991. Autores: Sandra A. Bembo-Nelly I. Sander de Foster – Marisa Richa

jueves, 14 de julio de 2016

La visión crítica de Juan Álvarez



El magistrado e historiador rosarino, Juan Álvarez, presidente de la delegación local de la filial de la Academia Nacional de la Historia en Rosario, integro e plantel de profesores fundadores, en 1920, de la FACECYP, desempeñándose durante años al frente de la cátedra de Economía Política hasta su radicación en Buenos Aires a mediados de la década del 30 para desempeñarse como Procurador de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En 1940 publicó una pequeña nota "Sobre la conveniencia de escribir la historia de nuestros ríos", destacando que si bien abundaban estudios sobre la influencia que determinados personajes o partidos ejercieron sobre el cierre y apertura de los ríos Paraná y Uruguay al comercio mundial, resultaba "rarísimo hallarlos respecto de las facilidades u obstáculos que en cada época iban ofreciendo a esa navegación los ríos mismos”, y explicaba: "Absortos en la observación del hombre, nuestros investigadores prescinden de la obra de la naturaleza como si tal factor físico, por momentos decisivo ninguna atención mereciera. Conocemos así la historia política de nuestras vías fluviales harto mejor que su historia geográfica; y a causa de ello, la construcción de obras hidráulicas suelen causar inesperadas sorpresas a los ingenieros... No pocas de las catástrofes producidas por inundaciones en nuestros días, proceden de edificar sobre terrenos que una vez se garon en el pasado".37
En 1943 publicó su Historia de Rosario, en cuyo último capítulo efectuó una visión crítica de la dirección que en materia económica estaba tomando el país y la situación de abandono que se encontraba la ciudad por parte del gobierno nacional en materia de transporte y comunicaciones: No había logrado que la empresa concesionaria del puerto ampliara sus instalaciones, ni construido "la gran estación fluvial para pasajeros”, ni dragado los ríos establecidos por ley del Congreso como para que pudieran subir hasta Rosario los grandes buques de ultramar, ni disminuido las tarifas portuarias que mientras perjudicaban al comercio rosarino beneficiaban al de Buenos Aires, y piedra basal de la gran estación central de ferrocarriles sólo había quedado en ello.38
Sin embargo, Álvarez consideró que "el rapidísimo desarrollo de los transportes a motor abría nuevas perspectivas y permitiría organizar un sistema nacional de comunicaciones sobre bases más lógicas que las utilizadas para construir ferrocarriles", preparando mientras tanto "paraderos de ómnibus", afluyendo por distintos caminos de acceso camiones hacia el puerto, y funcionando empresas que prestaban servicios de transporte en caminos pavimentados o no. Se organizaban empresas turísticas en coches pulman, y pasarían por Rosario grandes rutas panamericanas. Todo esto produciría el abaratamiento de los fletes de ferrocarriles. Y si bien no se habían podido organizar con éxito servicios aeronáuticos regulares, "y fracasan los e se ensayaban a Buenos Aires y Montevideo", existía una actividad aeronáutica local firme.39
Junto al mencionado Dante Ardigó, Álvarez se situó en el sector de catedráticos liberales que no ocultaron su oposición a la economía dirigista en ciernes, que según él perjudicaba especialmente a Rosario por la cantidad de trabas y restricciones impuestas al desarrollo local, obstaculizando el ejercicio de iniciativas individuales sobre las que había cimentado su prosperidad. "Ahora hay poca, muy poca libertad económica, y mucha economía dirigida, muchísima intervención de funcionarios públicos en los negocios privados. Para conjurar trastornos transitorios producidos por las crisis periódicas, fruto del libre juego de ofertas y demandas, habrá ahora médico obligatorio, recetas inacabables y, en fin de cuentas, crisis crónica. El gobierno quiere remediarlo todo, inclusive las imprudencias de quienes aturdidamente se cargaron de deudas y desean que les ayude a salir del paso para seguir 8astando"40, escribió.

Un modelo económico que iría en detrimento del espíritu mismo de la ciudad como bastión de las libertades y el federalismo: "Economía dirigida.., hacia la metrópoli: eso parecía ser. Además, por obra de tan excesiva intervención del Estado, en todos los órdenes de la producción va creciendo un sentimiento de irresponsabilidad que hace esperar muchísimo de la ayuda oficial y muy poco del esfuerzo propio".41
Sin embargo, más allá de todo esto, Rosario había crecido como centro cultural y científico, con universidades con desatacada labor académica; con prestigiosos establecimientos de enseñanza secundaria y normal; con el florecimiento de los grupos de artes plásticas y de teatros y flamantes museos. Por eso concluía que si bien cada una de las diez generaciones que habían construido Rosario desde su fundación doscientos cincuenta años atrás, la última se destacaba especialmente por su esmero "en elevar el nivel intelectual y artístico, mientras tendría vastas redes de caminos pavimentados"42, una combinación de la que quizás ni siquiera el propio Juan Álvarez pudo dimensionar en su verdadera magnitud, aunque sí asoció al correr de la pluma en los últimos renglones de su Historia de Rosario: la simultaneidad de la expansión de las redes intelectuales y culturales con las redes de caminos.

Notas
37 JUAN ÁLVAREZ, "Sobre la conveniencia de escribir la historia de nuestros ríos", p. 11. En Anuario de Historia Argentina, 1940, Sociedad de Historia Argentina, imprenta de Domingo Viau y Cía, Buenos Aires, 1941, p. 11.
38 JUAN ALVAREZ, Historia de Rosario, ob. cit, p450.
39 Ibídem, p. 652.
40 Ibídem, p659.
41 Ibídem,p.660.
42 Ibídem, p. 667.
Fuente:  extraído del  “Libro Ciudad Puerto Universidad y Desarrollo Regional  De Marco, Miguel Angel  De Marco ( h)  – Rosario 1919-1968 “ Editado diciembre 2013.

miércoles, 13 de julio de 2016

DE ZUASNÁBAR, Horacio



Por Miguel Ángel De Marco ( h)

Los  Niños primero

Fundo el Hospital de Niños é incorporó a la salud Pública

En el terreno de la vida sólo se puede influir sobre los otros por medio de fuerzas propia­mente vitales, como el amor, la inicia­tiva y el ejemplo, dijo un maestro de la psicología social.
Rosario supo tener a principios de siglo pasado una pléyade de médicos que irradia­ban actitudes vitales. El doctor Horacio de Zuasnábar pertenece a aquella generación de grandes personalidades de la medicina nacidas en las dos últimas décadas del siglo XIX, formadas en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Bue­nos Aires a principios del siglo XX, y que tie­ne en Bernardo A. Houssay, primer premio Nobel de medicina de Latinoamérica, a su gran exponente.
Hasta el siglo XX no existió una política tendiente a implicar al Estado como respon­sable de la salud pública de la población. El área de salud pública ni siquiera disponía en la provincia de una pequeña oficina ni se encontraba anexada a alguno de los mi­nisterios. El Estado provincial ejercía sólo una función subsidiaria y solidaria hacia entidades particulares. En tal contexto De Zuasnábar regresa a la ciudad para trabajar en los hospitales públicos cuando hacerlo en el sector privado era más renta­ble. Sin embargo, uno de sus legados más importantes fue el Hospital de Niños, que se inauguró el 14 de julio de 1930. La labor que realizó en la década del 20 lo conceptuó como un médico capaz y por eso fue desig­nado director fundador de la que sería bajo su conducción una de las más prestigiosas instituciones del país.Durante esa década había sido responsa­ble del único servicio municipal de niños de la ciudad hasta ese entonces y por lo tanto era conocedor de las dificultades délos esta­blecimientos de salud sostenidos por el era­rio comunal. Fue entonces que creó la Aso­ciación Pro Hospital de Niños. De Zuasnábar incorporó a la salud pública municipal el vo­luntariado social, y muy lejos de adoptar una política personalista y excluyente involucró en aquel proyecto, que le pertenecía desde su concepción, a la ciudadanía, a través del fomento de la solidaridad humanitaria.
De Zuasnábar no limitó su actividad a la dedicación que el Hospital de Niños le exigió por décadas. Militó en la Unión Cívica Ra­dical del Pueblo y participó en actividades culturales. Fue profesor en el Colegio Na­cional Ne 2, en el Liceo de Señoritas y en la Escuela de Servicio Social, y formó parte del núcleo de la Asociación Médica. Asimismo, fue presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, de la Sociedad de Pediatría, de la Sociedad de Médicos del Hospital de Niños y de la Asociación Pro Escuela Normal de Maestros.
Fuente: Extraído de la Revista “ Diario La Capital  de 140 aniversarios” de 2007