Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

Vistas de página en total

martes, 5 de febrero de 2013

EL DOCTOR JOSÉ BENJAMÍN ABALOS (1882-1966) . MÉDICOS ROSARINOS




Por Sebastián Alonso

El doctor José Benjamín Ábalos nació en la ciudad de Santiago del Estero el 1 de noviembre de 1882. Era hijo del doctor Benjamín Ábalos y de doña Teresa Bulacio.
Su padre, Benjamín Ábalos había nacido en Santiago del Estero el 8 de junio de 1854, hijo de David Ábalos y Modesta Lami. Distinguido abogado y jurisconsulto, fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de su provincia y fue electo diputado por Santa Fe por la Unión Cívica Radical en 1912 l.
Cuando su padre se instaló en Rosario, el joven José Benjamín asistió a las aulas del Colegio Nacional.
 Se graduó como médico cirujano en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde había estudiado entre 1898 y 1905 e ingresó al "Hospital Pirovano" y al "Hospital San Roque" como médico interno, donde había sido practicante. Fue adscripto a la cátedra de Cirugía del doctor Juan B. Justo. En 1905 se recibió de doctor en Medicina2. A los pocos años regresó a Rosario para continuar su ejercicio profesional, dedicado especialmente a la atención de las personas más humildes. En 1909 viajó a Europa donde asistió a los servicios quirúrgicos de Londres, Amberes, Bruselas y París y luego se trasladó a Suiza, donde estudió en Lausana con el doctor César Roux y con los profesores Albertin y Berard y en algunos servicios en Italia. Ese mismo año se instaló definitivamente en nuestra ciudad3.
 Desde 1910 fue médico de la Sala 6 del "'Hospital Clemente Álvarez". En 1917 realizó otro viaje a Europa para practicar cirugía de guerra y estudió con el doctor Louis Tixier en Lyon, Francia. Fue fundador y director del "Sanatorio Palace", ubicado en la que fue la casa de Eloy Palacios en bulevar Oroño, (hoy Tribunales Federales)4. Hizo dos operaciones famosísimas: realizó un injerto de pierna y un injerto de lóbulo prefrontal.
Fue director de la Asistencia Pública de Rosario en tres ocasiones: en 1914, en 1915 y en 1923. Durante su primera administración y junto al los vecinos que colaboraron en su organización. También, en conjunto con el Ejército de Salvación, logró la creación de una Granja para dar trabajo a los desocupados que funcionó en el Barrio Herwig (hoy Matheu) y contó además con la ayuda de la Dirección de Aguas Corrientes que efectuaba el riego de los cultivos. Presentó al intendente doctor Emilio Cardarelli un proyecto que fue aprobado por el cual se instalaron dispensarios para lactantes donde se repartían diariamente entre 400 y 600 raciones de leche y harina. Inauguró en la Asistencia Pública una sección especial llamada de "Protección al Niño". También instaló una sala nocturna de atención a enfermos de sífilis y dos consultorios en los Barrios Belgrano y Echesortu. En 1924 logró que el intendente aprobara un proyecto para crear un "Instituto de Perfeccionamiento de Cirugía y Medicina" en el "Hospital Rosario", para que practicaran los médicos recién graduados. Fue uno de los creadores de la Escuela de Enfermería5.
Incursionó en la política y fue diputado provincial por el Departamento Rosario en 1912 y ministro de Obras Públicas de la Nación, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen. Durante su breve ministerio, de tan solo un año y once meses, Ábalos logró en Rosario la ampliación de la Escuela Normal N° 2, que permitió aumentar la capacidad en 500 alumnos y continuó con las obras de la construcción de la Aduana nueva, la Facultad de Ingeniería y la Escuela Industrial. En el ámbito nacional propulsó la construcción de vías férreas, construyó 54 puentes, realizó obras portuarias en la Patagonia, dragados y terminales portuarias en el Litoral y obras de irrigación y embalses en todo el país.
Fue además cónsul general en Lyon, Francia, en 1921. También fue el primer decano de la Facultad de Medicina ese mismo año donde en 1920 había ingresado por concurso entre los primeros profesores, en su caso en la Cátedra de Clínica Quirúrgica y en la de Anatomía. Fue también rector de la Universidad Nacional del Litoral en 1922 y en 1930, año en que renunció. Fue además presidente del Concejo de Higiene de la provincia en 1923 y, creó dos dispensarios en cooperación con la Liga Antituberculosa de Rosario. Fue electo presidente del Consejo Nacional de Educación en 1922, cargo que rechazó y fue consejero estudiantil al Consejo Directivo de la Facultad de Medicina en 19276. Dentro de la U.C.R. fue convencional provincial, delegado, interventor en la Provincia de Santiago del Estero y elector nacional.
Desde el año 1907 publicó numerosos artículos médicos7. Por sus trabajos de investigación fue condecorado por el Rey Miguel de Rumania con el grado de Comendador8.
El doctor José Benjamín Ábalos fue padre de Josefina del Carmen Ábalos Bulacio, casada con Eduardo Batallan (padres de Josefina y Graciela Batallan), José Alberto Ábalos Bulacio y José Hipólito Ábalos Mancini. Tenía su residencia en bulevar Oroño 440, junto al nuevo edificio del Sanatorio Palace9.
Falleció en Rosario el 6 de agosto de 1966. Está enterrado en el panteón familiar en el Cementerio El Salvador y una

 placa con su retrato, obra del escultor Herminio Blotta, fue allí colocada en el año 1969.


* Centro de Estudios Genealógicos e Históricos de Rosario



1 -Fue además juez de Io Instancia en lo Civil y Comercial en Rosario y camarista en 1900. Renunció a su diputación en 1914 por razones de salud. Falleció el 3 de septiembre de 1933.
2 -Su tesis fue "La colecistectomía en la litiasis biliar". La Ciencias, Buenos Aires, 1905. Universidad Nacional de Buenos Aires, 1905, n° 1554. Padrino de tesis: Dr. Telémaco Susini. Dedicada a su familia y a sus profeso­res los Dres. Jaime Darquier, Juan B. Emina, Juan B. Justo, Diógenes Decoud, Marcelo J. Viñas, Telémaco Susini y Juan José Naón.
3 - "Impresiones de la República Argentina en el Siglo Veinte", Lloyd's Greater Britain Publishing Company, Londres, 1911.
4 -El Dr. Abalos le alquilaba la propiedad a los herederos de Eloy Palacios. Luego funcionó allí el Correo y el Colegio Sagrado Corazón.
5 -Por qué auspiciamos al Dr. José Benjamín Abalos para gobernador de la Provincia de Santa Fe? ", Unión Cívica Radical Comité Nacional Elecciones internas, 14 de Julio de 1935, Provincia de Santa Fe. Ver: http:// issuu.com juancarlosmillet/docs/jose-benjamin-aba-los-juan-carlos-millet/1
6 - "Por qué auspiciamos al Dr. José Benjamín Abalos para gobernador de la Provincia de Santa Fe? ", op.cit.
7 -Santillán, Diego A. de, "Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe", Tomo 1, Ediar, 1967
8 - "Rosario Biográfico", Editorial Tradiciones Argentinas, 1955.
-En 1947 el edificio fue vendido al I.M.C.E., y fue modernizado. Hoy funciona allí el I.C.R


Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 99 de Agosto 2011.-
 
 

lunes, 4 de febrero de 2013

EL DOCTOR SATURNINO ALBARRACÍN Médicos rosarinos


Por Sebastián Alonso

El doctor Saturnino Albarracín era descendientes por padre y madres de la familia a que pertenecía doña  Paula Albarracín de Sarmiento. Era hijo del doctor Juan Crisóstomo Albarracín, el ministro de Justicia e Instrucción Pública a la Nación en la presidencia de Sarmiento y de Adelina Albarracín, Mario y Juan Crisóstomo Albarracín, hijo éste del segundo matrimonio de su padre con Leticia Lozada Lloveras, Saturnino Héctor Alejandro Albarracín y Albarracín, nació en San Juan el 13 de julio de 1873 y fue bautizado en su Iglesia Matriz el 10 de setiembre de 1873.
Quizás su vocación médica surgió por la admiración que sentía por su tío el doctor Alejandro E. Albarracín, gobernador de San Juan entre 1890 y 1894, a quien dedicó su tesis doctoral en 1899.
Se doctoró en 22 de junio de 1900 como médico en la Universidad Nacional de Buenos Aires con la tesis “ La cianosis en la enfermedad congénitas del corazón”. Obtuvo un diploma de honor otorgado por la Universidad de Buenos Aires “ Por ser con las clasificaciones más distinguida del curso”, tal como dice el certificado.
Se instaló en 1900 en Rosario con motivo de la epidemia de peste bubónica que asolaba la ciudad y tuvo una destacada actuación como médico combatiendo con abnegación esa enfermedad. El 2 de marzo de 1900 fue designado médico interno de la “Casa de Aislamiento”, luego llamado “Hospital Intendente Gabriel Carrasco“.
En 1901 ingresó como médico al Hospital de Caridad y en dicho nosocomio transcurrió gran parte de su vida. Llegó a ser su director en 1934 y desempeñó ese cargo hasta el año 1950.
El 5 de marzo de 1902 fue designado médico de la Asistencia Pública de Rosario.
Rn 1904 fue nombrado médico de la Sala “ San Francisco” del Hospital de Caridad y en 1909 fue designado médico director del Consultorio Ginecológico de la Asistencia Pública.
Integró la comisión asesora de médicos encargados de informar sobre los aspectos técnicos de la colosal obra de la construcción del “Hospital del Centenario” de Rosario, junto a Bartolomé Vasallo, Camilo Aldao, Clemente älvarez, José S. Sempé, Jerónimo Vaquié, Domingo Mangiante, Luis Vila  y Federico Schlessinger, entre otros.
Desde 1911 a 1923 se desempeño como médico jefe del Lactarium.
Ese año fue nombrado profesor de Ciencia y Terapeuta de la Facultad de Medicina de la Universidad del Litoral y más tarde, en 1925, fue elegido Consejero de dicha casa de estudios. Renunció a ambos cargos en 1929. Fueron sus más célebres discípulos los doctores Sylvestre Begnis, González Sabathié, Sgrosso, Fernández y Taltavull. Fue en 1934 vocal de la sección Clínica Médica y Terapéutica del V Congreso Nacional de Medicina que se realizó en Rosario y en ese mismo año fue nombrado director del Hospital de Caridad.
En 1935 fue designado médico titular de la Junta de Administración Sanitaria y Asistencia Social y, en 1937, vocal del Consejo General de la Educación y en diciembre su presidente interino.
En 1938 la Provincia de Santa Fe lo designó delegado al III Congreso Provincial del Niño y I Conferencia Nacional de Psicotecnia y Ramos Afines. Representó a la provincia cuando se descubrió en Santa Rosa la estatua de Sarmiento. Fue presidente de la Comisión de Maestros que, en ese mismo año, asistió a los homenajes rendidos a Domingo F. Sarmiento con motivo de los 50 años de su fallecimiento. En 1941 fue elegido miembro de honor de la comisión que preparó los festejos y ceremonias de la coronación de la Virgen del Rosario y fue designado vocal de la Sección Medicina Interna del Congreso Nacional de Medicina en la ciudad de La Plata.
Fue propuesto para decano de la Facultad de Medicina pero declinó el nombramiento.
Fue presidente del Círculo Médico de Rosario, fundador del Colegio Médico de Rosario y miembro fundador de la Liga Argentina contra la Tuberculosis de Rosario y "no escatimó esfuerzos en atender en su domicilio particular a grandes y niños, ricos y pobres... combatiendo la tisis que por entonces constituía un azote para la sociedad"'. Tenía su consultorio en la casa de calle Santa Fe 1346, que era además su residencia particular.
Concurrió a San Juan a colaborar con la asistencia a los heridos en el terremoto de 1944.
Se casó el 19 de mayo de 1900 con Sara Isabel Palacios, nacida el 16 de marzo de 1881, hija de Eloy Palacios (fundador del "Pueblo Eloy Palacios", hoy Barrio Belgrano de la ciudad de Rosario) y Aristodema Parera. Fueron padres de: Ernesto, Susana, Raquel y Alberto Albarracin. El doctor Saturnino Albarracin falleció en Rosario el 24 de septiembre de 1951.
Una calle de Fisherton lleva su nombre en homenaje a la constante y abnegada labor de Saturnino Albarracin como médico de la ciudad de Rosario 4, especialmente de instituciones sanitarias públicas.

* Centro de Estudios Genealógicos e Históricos de Rosario
1 Universidad Nacional de Buenos Aires. Tesis presentada para optar al grado de doctor en Medicina por Saturnino Albarracin. Imprenta y Encuad. "Mariano Moreno", Ctes. 829. 1900. Padrino de Tesis: Académico Titular Dr. Manuel Blancas. Dedicada "A ta memoria de mis queridos padres y de mi tío Dr. Alejandro Albarracin-A mis hermanos-Al Dr. Isidro Quiroga".
2  Esta epidemia se produjo en el verano de 1900. Si bien hubo casos en Buenos Aires, en Rosario fue más virulenta. Se realizó un cordón sanitario y se suspendió el tráfico ferroviario. La zona más afectada fue el Barrio Refinería y la barraca "Germania". Ver "Caras y Caretas", Buenos Aires, 10-11-1900.

4 Corre de E. a O. como prolongación de la calle Casilda, desde la avenida de Circunvalación 25 de Mayo hasta la calle Donado al norte de calle Córdoba. Un segundo tramo empieza en la calle Tarragona y se extiende hasta el Bv. Wilde. al sur de calle Córdoba. Antes se llamó Calle 7. Se encuentra en ju­risdicción de la Sección 19a El nombre actual le fue impuesto en 1966 por Ordenanza 1859.


Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.
 Fascículo Nº 98 de Julio 2011.-

lunes, 28 de enero de 2013

CAMILO MUNIAGURRIA – GOBERNAR ES CURAR


Por Miguel Ángel De Marco ( h)


Fue uno de los principales promotores del progreso sanitario y cultural de la ciudad. La medicina era su pasión, pero también amaba las expresiones artísticas.

Egresado de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires con medalla de oro, Camilo Muniagurria se radicó en Rosario en 1901, convirtiéndose en  uno de los principales promotores de su progreso cultural y sanitario. Fue director de la Biblioteca Argentina  poco más de veinte años) Y miembro fundador de la asociación El Círculo la Facultad local de Medicina, el-Círculo Médico, el Instituto Antirrábico y el de Puericultura Social. Catedrático
e investigador, también dedicó sus energías a escribir obras teatrales, de medicina e higiene, y de interés general. Participó en la fundación del Hospital Centenario y el “lactarium” de la Asistencia Pública. Dirigió por nueve años el Hospicio de Huérfanos. Fue profesor de puericultura en el Colegio Nacional N• 1 y propugnó su enseñanza obligatoria en las escuelas primarias de niñas. Su frase preferida
fue “gobernar es, por sobre todo, curar” aunque también fue recordado“la defensa del niño es un  deber de amor, de patriotismo y de filantropía".Integró las filas fundadoras det Partido Demócrata Progresista. Había nacido en la localidad
correntina de Goya un 3 de mayo de 1879 v murió el 5 de febrero de 1935.
Un año antes había llegado a presidir el Congreso Nacional de Medicina.
En febrero de 1925 fue nombrado ayudante de la cátedra de Anatomía Topográfica de la Facultad de Ciencias Médicas. Los profesores de aquella generación de médicos fueron firurás de la talla de los doctores José Ábalos, Clemente Álvarez, Rafael Araya. Alberto Baraldi, Enrique Fidanza, Teodoro Fracassi, Manuel Pignetto, David Staffieri, Emilio Solari, Tomás Varzi y Artemio Zeno.
Participó en Ia fundación de la Asociación Médica de Rosario, el 12 de mayo de
1932, y de Ia Sociedad de Pediatría, el 2 de Abril de 1936, junto a un grupo de médicos de niños con*iitoido por Alejandro Robiolo. Isidoro Slullitel, Eugenio Travella, José Celoria, Ángel Invaldi y Clemente Imhoff,  entre otros. Los fines de la entidad fueron propender a los estudios de medicina, cirugía de la infancia, y la adopción de medidas relacionadas con el desarrollo de la especialidad. También participaron de esa etapa fundacional los doctores Ricardo Puig, Ángel Invaldi, José M. Fernández, Miguel Cávigtia y Horacio de Zuasnábar, entre otros. A sólo cuatro años de su instalación, organizó el Primer congreso argentino de medicina social.
Su personalidad polifacética nos muestra a un hombre amante de las expresiones artíticas.

Como autor teatral, y durante 1909-1913 sus preferencias se a la comedia costumbrista para reflejar a la vida cotidiana de su provincia natal. “Los herederos", de 1913, la dedicó a su amigo Juan Álvarez. "Como la hiedra”
“ Conrado", “La fuerza domina al mundo" y “ Más allá de la ley” fueron presentadas en España.


Fuente:
Bibliografía de la revista de diario la capital de los 140 años

jueves, 22 de noviembre de 2012

OTRA VEZ UN CENTENARIO


El segundo Centenario iba a culminar esa etapa inicial del siglo XX con otra ola de festejos en todo el país, iniciados en San Miguel de Tucumán, pero que alcanzarían mayor relieve en Buenos Aires y en Rosario. Ninguno de ellos tendría, sin embargo, los fulgores patrioteros del de 1910, cuando el gobierno conservador de Figueroa Alcorta intentara darle al acontecimiento una dimensión interna­cional que, si bien merecida, no alcanzaría a disimular ante cualquier visitante avisado el abismo que mediaba entre la clase gobernante y las grandes mayorías populares excluidas todavía entonces de la vida nacional.
La inminencia de la elección para presidente de la Nación había hecho de 1916 un año de especiales características, sobre todo atendiendo al crecimiento del radicalismo que, en definitiva, iba a acceder por primera vez al gobierno con Hipólito Yrigoyen y que, además, triunfaría en forma abrumadora en todo el país. A comienzos de abril, los demócrata-progresistas, empeñados en la ilusión del triunfo de la fórmula De laTorre-Carbó, se animan a través de su vocero periodístico que era La Capital, a pronosticar a ambos candidatos como futuros presidente y vice, a la vez que se denuncia la existencia de carteles agraviantes de muy mal gusto contra la fórmula del PDP. Seguramente generados por "la chusma radical", como les gustaba definir a los radicales a los hombres de la ex Liga del Sur.
Entretanto, ese mismo año, en una publicación oficial —La Provincia de Santa Fe en el primer centenario de la independencia argentina 1816-1916— se incluía una tajante opinión sobre la ciudad: Además de gringos enriquecidos en la venta de cereales y ganados, hay un buen número que justiprecian el valor de un soneto por su belleza y del maíz por su industrialización...
Ligado a esos sectores que originarían la Liga del Sur, la Bolsa de Comercio y otras instituciones nacidas por impulso de la poderosa burguesía rosarina, Gregorio J. Machain, que muere sobre fines de junio, fue de uno de los rosarinos poderosos que merecería encendidas necrológicas como la del diario de los Lagos: Es visible aún en nuestros círculos más distinguidos el pesar de su fallecimiento. Hombre progresista, había dedicado sus mejores energías al progreso de la ciudad, trabajando con eficaz empeño en la instalación de la empresa de cloacas y aguas corrientes, por la construcción del puerto, etc. Con él desaparecía, en rigor de verdad, un arquetipo del sector socioeconómico que, entre 1860 y 1920, iba a dar fisonomía peculiar a la ciudad tendida a orillas del Paraná.
Casi un mes después, la muerte inesperada de Ovidio A. Lagos, hijo del fundador del diario y diputado nacional en funciones, vuelve a impactar al mismo sector, en momentos en que La Capital, de la que había sido director, se aprestaba a celebrar sus bodas de oro. Su entie­rro, con los honores dispuestos por las autoridades nacionales y provinciales y los homenajes del PDP, al que pertenecía el legislador, fue también una ceremonia de nutrida concurrencia.
Pero la llegada de la semana del 9 de Julio iba a movilizar a la ciudad en espera de los actos principales, a cien años del Congreso de Tucumán. La Municipalidad dispuso, a partir del 5 y hasta el 10 de ese mes, la prohibición del tránsito vehicular por la calle Córdoba, la más tradicional de la ciudad, desde el Bvard. Oroño a Laprida, en el comienzo de la Plaza 25 de Mayo, entre las 4 de la tarde y las 10 de la noche, para no entorpecer los festejos.
El día 9, la celebración no tuvo demasiadas novedades respecto de los fastos usuales en la época: espectacular desfile militar y fiesta popular en la Exposición Rural, como comenta La Capital, que vaticina: Todo parece anunciar que estos festejos serán esplendorosos. En realidad, la cosa se limitó, con entusiasmo pero sin demasiada originalidad, a ese tipo de actividades entre deportivas y de entretenimiento que era habitual en la época: un concurso nacional de tiro, un certamen de sociedades recreativas, bailes populares, función de gala en los teatros, etc. Mucho más revuelo alcanzarían los fastos porteños, sobre todo por un hecho que no figuraba en el protocolo oficial: el atentado contra el presidente Victorino de la Plaza, que se sumaría a varios otros igualmente fallidos contra primeros magistrados argentinos.

El presidente se hallaba en un balcón de la Casa Rosada cuando un hombre estacionado en la vereda, levantó un revólver y al grito de ¡Autócrata!, al decir de algunos testigos, disparó sobre de la Plaza. Este, sin inmutarse, dijo: Ha tirado con pólvora sola... El secreta­rio de Guerra, general Rodríguez, se apresuró a detener al asesino, que intentaba nuevos disparos. Se produjo un forcejeo y el hombre se defen­dió tenazmente. Cuando el público se dio cuenta, quiso atacar al cri­minal mientras se proferían amenazas de muerte y le daban "bastona­zos y puñadas" que le produjeron dos heridas. Se llegó al colmo cuando —al decir del cronista— una dama se sacó el pincho de su sombrero y acometió al criminal pretendiendo herirlo.
(jimena sáenz: "el centenario de la independencia", en revista todo es historia, n° 27)


El autor del fallido magnicidio, un joven de 24 años llamado Juan Mandrini, que provenía de la ciudad bonaerense de Azul, era uno de los tantos hombres enrolados, aún inorgánicamente, en las huestes del anarquismo. En su caso, el atentado no tenía otras connotaciones que las de una decisión individual adoptada por quien había escrito (se hallaron en la casa de sus padres, modestos inmigrantes italianos, manuscritos de poemas y narraciones de decidido tinte libertario y tremen-dista) encendidos párrafos contra el orden capitalista.
Mientras tanto, la dolorosa impresión pública provocada cuatro meses antes por el naufragio en las costas brasileñas del "Príncipe de Asturias", en el que murieron muchos inmigrantes que viajaban en tercera clase rumbo a Argentina, había comenzado a diluirse con la fanfarria de las bandas militares, con el estruendo de las bombas y alguno que otro módico fuego de artificio, que formaban parte de los festejos del segundo centenario.
En 1916 había ocurrido otro hecho trascendente, vinculado con una necesidad ciudadana: se inicia la construcción del nuevo edificio de la Jefatura dé Policía, que se concluye ese mismo año. El imponente edificio se emplazó en la manzana comprendida entre las calles Santa Fe, San Lorenzo, Dorrego y Moreno, frente a la Plaza San Martín, sobre proyecto de los arquitectos Pero y Torres Armengol, y reemplazó a la vieja Jefatura Política que miraba también hacia otra plaza, la 25 de Mayo.
La sólida construcción, coronada en su frente por una cuadriga monumental, sería, en épocas de la dictadura militar de 1976/83, esce­nario de aberrantes violaciones a los derechos humanos, mientras en los finales del 2002 (trasladadas ya las distintas dependencias de la Jefatura a su nuevo emplazamiento) el edificio mostraba los mismos signos de deterioro y desidia del vecino Palacio de Tribunales; hechos habituales en una provincia donde la preservación del patrimonio arquitectónico no contó casi nunca con apoyo y presupuesto. Dos años más tarde, sin embargo, el imponente edificio comenzó a ser restaurado para dar albergue al Museo de Ciencias Naturales "Ángel Gallardo" (víctima del incendio del viejo y aledaño Palacio de Justicia) y convertirse en un Centro Cívico.
La ciudad iba a tener un nuevo impacto en lo que quedaba de 1916: en los últimos días de noviembre, la visita de José Ortega y Gasset, aunque poco conocido entonces, vino a sacudir mentalidades provincianas. Con sus agudezas y su estudiada elegancia oratoria que no afectaba la brillantez de su pensamiento, el español —que sólo había publicado hasta aquella visita a la Argentina sus Meditaciones del Quijote— habló en el Colón ante una platea absorta, y el 22 fue agasajado con el ritual banquete de la colectividad, en la "Rotisserie Cifré", acto al que son numerosas las personas que han adherido, figu­rando entre éstas distinguidos miembros de nuestros círculos sociales.
EL entonces aún joven filósofo de 33 años había arribado al país en julio de ese año para ocupar una cátedra creada por la "Institución Cultural Española", en la Universidad de Buenos Aires: la de Cultura Hispánica, que había sido inaugurada poco antes por otro español ilus­tre, Ramón Menéndez Pidal.
Su conferencia rosarina (que en principio iba a dictarse en la Biblioteca Argentina, organizada por El Círculo de la misma, y fue suspendida por un malestar de Ortega en Buenos Aires, que había tenido un sofocón al desmayarse en el teatro Odeón, repleto por un auditorio que superó toda previsión) no sería otra cosa que un resumen del ciclo de diez clases que bajo el título de "Introducción a los problemas actuales de la filosofía" dictara en la Capital Federal y una ratificación de lo que el mismo Ortega confesara antes de emprender viaje a la Argentina: Quisiera presentar el panorama de las investigaciones filosóficas según éstas se hallaban en el momento en que la guerra vino a interrumpirlas. Intentaré transmitir una impresión de la fecunda renovación en que la filosofía ha entrado. Haré notar en este ciclo que para la filosofía, la fecha 1899 significa un pasado absoluto. Ortega volvería al país en 1929 y sus reflexiones de entonces sobre la Argentina y los argentinos siguen siendo dignas de ser, si no compartidas, por lo menos recordadas.
Años después, casi veinte, un notable español contribuiría a que los argentinos se conocieran mejor: los llamó hombres a la defensiva. Halló en el pueblo una suerte de vocación imperial, lo vinculó con su paisaje (la pampa) y se encontró con que acaso lo esencial de la vida argentina fuera ser... promesa, porque el argentino —escribía— tiende a resbalar sobre toda ocupación o destino concreto. Se le antojaba un frenético idealista, incluso un narcisista, un preocupado por su imagen ideal, por su role. Hasta en el guarango advirtió, junto a un enorme apetito de ser algo admirable, una agresividad que denunciaba inseguridad: El guarango iniciará la conversación con una impertinencia pera romper la brecha en el prójimo y sentirse seguro sobre sus ruinas. De alguna manera, el argentino corría siempre el peligro de la gua-ranguería, en cuanto forma desmesurada y gruesa de la propensión a vivir absorto en la idea de sí mismo. En una nota, el español que tan bien conoció y resumió tantos rasgos del argentino casi veinte años después del Centenario, formulaba esta definición concentrada:guarango es todo lo que anticipa su triunfo... La Argentina del Centenario era una mixtura extraña y singular de heroísmo cotidiano, vanidad, tensa belicosidad, inteligencia y guaranguería.
(Floria-García Belsunce: Op. cit.)

La facilidad de exposición del disertante, la resonancia que habían tenido en Rosario sus clases porteñas, la reciente aparición de su libro Meditaciones del Quijote, la repercusión que su venida produjo en la colectividad española, la expectativa con que se aguardaban sus reflexiones sobre la guerra, convirtieron la estadía del creador de la Revista de Occidente en un hecho cultural de relevancia, aun en una ciudad donde —como se quejaban los propios rosarinos vinculados a lo cultural— importaban al parecer más los bienes materiales que la filosofía...
A Ortega, a juzgar por la adustez de su rostro en todas las fotografías conservadas de su visita a la ciudad, no debe haberle causado mucha gracia la insistencia de los argentinos (y de los rosarinos) en los agasajos exagerados y en la manía de extraer de todo visitante ilustre o prestigioso sus impresiones sobre cada lugar que visitara y sus pro­nósticos sobre el futuro que esperaba a los habitantes de un país que creía estar avanzando hacia una eterna prosperidad.

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “década infame” Tomo II  Autor Rafael Ielpi Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones