Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 19 de mayo de 2020

MIGUEL ANTONIO JUAREZ



Por Andres Bossio 



Conocerlo al "Gitano", compartir un café con él, charlar de mil cosas, aseguraba una cuota de cotidiano placer que, más tarde o más temprano desembocaría en una verdadera y férrea amistad. Traía desde su nativa Salta la calma proverbial de los norteños y una paciencia infinita para "esquivar" los elogios de sus interlocutores. Entendía que todo lo que hacía dentro de una cancha de fútbol era lo suficientemente simple y elemental como para merecer los enjundiosos calificativos que despertaba cada una de sus actuaciones. En algo tenía razón: lo que el "Gitano" hacía en la cancha aparentaba ser fácil, simple, sencillo: pero era así de fácil, simple y sencilo nada más que porque él lo hacía era él, Miguel Antonio Juárez, un salteño culto, bohemio y conversador, que Central ha. bía descubierto luminosamente en Córdoba, en la pretemporada de 1956. 

Junto a sus "paisanos" Alberto Dolores Sánchez y Juan Alberto Castro llegó en el inicio de temporada, debutando en la primera fecha ante Gimnasia y Esgrima un domingo 15 de abril de 1956. Central había producido el año anterior un hecho curioso: se salvó apenas del descenso —terminé penúltimo—, pero el máximo goleador de! año (Oscar A. 'Massei) lucía la casaca azul y amarilla. Y justamente Massei llevó su cuota de roles. y su estupenda calidad al fútbol de Italia. Los dirigentes centralistas confiaron en aquel salteño talentoso recién arribado y le confiaron la camiseta que había dejado vacante el riocuartense. Juárez demostró que aquellos no estaban equivocados. 

Durante nueve temporadas consecutivas el "Gitano" Juárez fue ingresando de a poco pero definitivamente en la mitología centralista. Sin ser un goleador nato estaba presente siempre en el marcador. Pero a su lado se lucían otros que usufructuaban su juego cerebral, inteligente, fino, veloz, mucho más veloz que lo que indicaba el trance por momentos parsimonioso de Juárez. es que el salteño solía transformarse con la pelota en los pies, convertirse en un rayo veloz e imparable, que terminaba inexorablemente con el pase exacto para el gol del "Negro" Castro, del "Flaco" Menotti o del "Pibe" Pagani. 

Aquel año inicial de Juárez en Central coincidió con la mejor actuación del equipo desde que ingresó a la AFA y marcó también la presencia de Castro al tope de la tabla de goleadores. Nadie ponía en duda por entonces que el "Gitano" tenía mucho que ver en aquella levantada. Su fama y sus goles llegaron a Buenos Aires y en 1957 participó de aquel seleccionado espectacularmente eficiente que ganó en Lima el Sudamericano. 

Sus actuaciones despertaron el interés de clubes, especialmente San Lorenzo e Independiente, que en varias oportunidades tentaron su incorporación a tan gloriosas entidades. Pero el "Gitano" tardó muy poco en ambientarse en Rosario, rodearse de una legión de amibos. Y aquí quedó atrapado para siempre. Con sus afectos, con su bohemía impenitente y su corazón inundado de pasión auriazul. 

Jugó 172 partidos oficiales luciendo la azul y amarilla. Era un centrodelantero nato pero jamás se quejó cuando lo ponían de puntero o de volante. Marcó 68 goles y es lástima que no haya forma de registrar la cantidad que hizo anotar a sus compañeros de ataque. Sus últimos años estuvieron signados por lesiones persistentes, quizás complicadas con reapariciones apresuradas o tratamientos no seguidos al pie de la letra. Lo cierto es que sus rodillas le jugaron una mala pasada y pudieron más que su voluntad y su tesón. Unos pocos partidos en la la temporada del '63 y los últimos esfuerzos en la del año siguiente pusieron el telón final a una carrera que fue decididamente brillante. El 18 de octubre de 1964. en cancha de Vélez, Miguel Antonio Juárez jugó por ultima vez para Rosario Central. Su rodilla dijo basta y se alejó de la actividad. Pero su nombre siguió alumbrando las marquesinas del escenario futbolístico nacional. Dirigiendo, aconsejando, comprendiendo, enseñando, dejó una estela imborrable en nuestra ciudad y trascendió a la propia e inmensa familia centralista. Su paso por Newell's, por Central Córdoba, no hicieron más que agrandar desmesuradamente el círculo de los afectos que su nombre siempre despertó. Pero "nació" rosarino en Central. Y su hinchada resolvió —nadie sabe cómo ni cuándo— ungirlo ídolo, otorgándole un lugar de privilegio en el nedestal de los nobles 'i varoniles afectos centralistas. 


Fuente: Extraído de la colección de Andres Bossio 


lunes, 18 de mayo de 2020

MIGUEL ANTONIO JUAREZ.



Nació: 29/9/1931 en Salta. 

Jugó: 183 partidos entre 1956 y 1964. 

Goles: 74 (10 Newell´s). 

Títulos: O 




El Gitano fue un definidos exquisito, de notable inteligencia y grandes cualidades técnicas. Hizo 74 goles para Central. 

Hijo de sirios afincados en El Tala, Salta, la familia se trasladó a Tucumán y allí él empezó a jugar en Atlético Norte. Como les había prometido a sus padres que estudiaría en la universidad, se trasladó a Córdoba y se puso la camiseta de Belgrano. Le faltaba poco para recibirse de abogado cuando en 1956 Central lo fue a buscar. De entrada deslumbró con su fútbol exquisito. Los canallas lo bautizaron El Gitano y vieron cómo lo llevaban a la Selección para el Sudamericano de Lima en 1957, como suplente de Sívori, nada menos, en aquel equipo de los Carasucias. En el 58, jugando para la Argentina en la Copa Roca anotó el gol del triunfo 2-1 sobre Brasil, en el debut de Pelé como internacional. Era un goleador con una capacidad extrema para la gambeta; esto lo hacía algo individualista, pero ponía todo su talento al servicio de Central. Brillaba y hacía rendir a sus compañeros. Se retiró en 1964. Junto a su amigo y excompañero César Luis Menotti compartía la manera de ver el fútbol. Lo acompañó en sus inicios como DT y después se largaron solos. Murió en Rosario, en 1982. 


Fuente: Extraído de la Revista “ El grafico”Libro de colección / Edición N° 35 / Febrero de 2012.-

viernes, 15 de mayo de 2020

MARCELO PAGANI



Por Andres Bossio 


En el seno de la familia Pagani, afincada en la localidad santafesina de Fuentes, había que ser carnicero para continuar con la tradición familiar que venía de varias generaciones. Pero Marcelo —nacido bajo el signo de Leo, el 19-8-41— no se sintió atraído por el negocio de su padre. Sí, en cambio, quedó cautivado por la pelota de fútbol y a los pocos años —asentado con sus padres en Casilda— empezó a defender los colores de Aprendices Casildenses. Ya antes, había nacido un romance, una pasión, que hasta hoy no lo abandona: su cariño por los colores centralistas. Marcelo Pagan¡, "canalla" de cuerpo y alma, suele contarlo así: 

—"En mi casa eran de Independiente, pero yo tenía 10 años cuando empecé a escuchar los partidos por radio. Central estaba en la "B" y salió campeón. Todavía recuerdo la alegría vivida ese año que yo seguía por radio cada sábado. Desde ese momento, fui hincha de Central, sin soñar todavía que algún día podría tener el honor de jugar en el club". 

Esa pasión, lejos de amainar con el paso de los años, recrudece cada día. Marcelo Pagani no se pierde un partido de Central. Nunca falta en los vestuarios cuando hay que dar la palabra de aliento a algún joven o felicitar a un crack. Su hombría de bien, su ponderado juicio, son apreciados por toda la familia centralista. 

Llegó a Rosario Central en 1956 y comenzó a jugar en la cuarta común. Fue pasando cada división hasta que inesperadamente recibió una grata sorpresa en 1958. En un partido contra San Lorenzo por la Copa Suecia —torneo que se disputaba mientras se jugaba el Mundial— fue llamado por don Juan Piotto para jugar en primera. Retornó luego a la tercera con sus escasos 16 años y su satisfacción de haberse entreverado ya entre los cracks. Un año después, el 19-7-59 ocupa la titularidad del primer equipo en un partido por el campeonato oficial. Es contra Atlanta y tiene como compañeros a Bertoldi. Cardoso, Ducca, Alvarez, Minni, La Rosa, Giménez, Rivero, Colla y Ochoa. Reemplaza nada menos que al "Gitano" Juérez. A partir de ahí va alternando partidos en primera y reserva hasta que queda como titular en la siguiente temporada. 

Su nombre ya empezaba a ser mencionado con insistencia. Ernesto Duchini lo había preseleccionado para el juvenil. Su potencia enel juego su velocidad en el área lo convirtieron bien pronto en punto de mira de muchos clubes grandes, siempre ávidos de hombres gol para sus equipos Su presencia de goleador y sus condiciones de buen jugado¡ no pasaron desapercibidas para un zorro viejo del fútbol argentino, don Victorio Spinetto, que en 1961 lo incorpora a la selección nacional. Debuta ganándole a Paraguay por 5 a 2 en cancha de independiente y convierte un gol. Viene luego la Copa Newton contra los uruguayos y una serie internacional contra Alemania y la Unión Soviética, erire otros. Recuerda todavía la actuación de aquellos fabulosos punteros lusos —Meshi y Merevelli—, que enloquecieron a 13 defensa argentina, Y una actuación. consagratoria en Buenos Aires, jugando contra la selección paulista: Argentina ganó '4 a O y los cuatro tantos fueron convertidos por Marcelo Pagani. Después de eso otra gran satisfacción defender los colores de la selección en un Mundial, el de Chile, junto a hombres como Rattin, Belén, Cap, Marzolini, Roma, Facundo, Rubén Sosa, Domínguez, Ramos Delgado, Navarro y otros. 

Ya para ese entonces, su fulgurante carrera había despertado el apetito de sus goles y fue nada menos que River Plate quien logró vencer en la puja entablada para con. seguirlo. Apenas había pasados 20 años y había tenido ya tantas satisfacciones que le parecía estar soñando. En Central ¡e tocó alternar nada me. nos que con Miguel Antonio Juárez la conducción del ata que. En River, con otro gran. de: Luisito Artime. Pero el futuro no había dicho su última palabra respecto a Pagani. 

Otra sorpresa le tenía preparada y muy grande: tras una temporada en River es transferido al Internazionale de Milán, el del legendario Helenio Herrera. Para un pibe de 22 años era todo un récord. Allá se quedó durante cuatro temporadas y retornó envuelto de añoranzas y nostalgias que los triunfos deportivos no lograron borrar. 

Su estrella le seguía alumbrando. De vuelta en casa, con la familia y en Rosario Central. Fueron dos temporadas —1966-67— que se dio gusto de vestir nuevamente los colores queridos, hasta que las exigencias profesionales lo llevaron nuevamente a trasponer las fronteras. Esta vez fue mucho más cerca, en Chile. 

Campeón y goleador con el Atlético Concepción en 1968, nuevamente goleador en 1969 con el Audax Italiano, debió retornar cuando la situación económica en el país hermano comenzó a deteriorarse. Estaba de regreso en la Argentina un goleador, en excelente estado físico y con 28 años de edad. Estuvo a punto de ingresar a Quilmes, a Argentinos Júniors, y a San Lorenzo, pero ninguna de las tratativas tuvo la seriedad suficiente como para concretarse. No quiso pensar en viajar nuevamente al exterior y así concluyó su ciclo de jugador profesional. 

Marcelo Pagani hoy es un próspero comerciante. Con la misma pinta y figura de cuando levantaba la tribuna centralista con una de sus espectaculares corridas. Con la misma sonrisa y el gesto de tipo bueno y noble, heredada quizás dé aquellos buenos y nobles carniceros de Fuentes, cuya tradición vino a romper Marcelo, siguiendo un derrotero distinto, rutilante, espectacular. Lo que no fue óbice, sin embargo, para que siguiera conservando aquellos valores morales inculcados en su hogar. Los mismos que hoy le hacen merecedor del cariño y el respeto de todos aquellos que lo conocen y lo tratan. Marcelo Pagani fue un ídolo centralista que nunca tuvo "contras", en ninguna hinchada. 







Fuente: Extraído de la colección de Andres Bossio

jueves, 14 de mayo de 2020

PAGANI, MARCELO




Nació: 19/08/1941 en Casilda (Santa Fe). 

Jugó: 73 partidos entre 1959-1961 y 1966-1968. 

Goles: 22 (1 a Newell's). 

Títulos: O. 




Inteligente en el juego y goleador frente al arco adversario, llevó su buen fútbol a varios clubes italianos. 




El 61. llegó con contrataciones y el público aumentó bajo el pregón del "fútbol espectáculo'. Central metía goles, muchos. Detrás de Menotti (que marcó apareció el centrodelantero Marcelo Pagani, con 12 tantos. Llegado de Casilda, lucía su habilidad con la casaca auriazul y evidenciaba su inteligencia en la cancha. Al año siguiente pasó a River, pero se negó a enfrentara su club amado, un gesto que los canallas nunca olvidaron. También formó parte del plantel argentino que participó en el Mundial Chile 62. Luego empezó su recorrido por el calcio: llegó al lnter en ese 1962 y al año siguiente pasó al Messina. En 1964/65 vistió la casaca del Mantova y en el 66 regresó a Central, donde jugó hasta 1968. Luego se fue a Deportes Concepción, en Chile, donde llegó a ser ídolo. En esa ciudad, un grupo de seguidores fundó un club amateur con su nombre. El homenaje no quedó ahí: Marcelo Pagani juega con una camiseta rayada azul y amarilla. Tras el retiro, se dedicó a representar jugadores. Nunca dejó de estar ligado a Central y por años fue habitué del palco .oficial. En Casilda, su ciudad natal, la filial Canalla lleva su nombre. 




Fuente: Extraído de la Revista “ El grafico”Libro de colección / Edición N° 35 / Febrero de 2012.-

miércoles, 13 de mayo de 2020

CESAR LUIS MENOTTI



Por Andres Bossio 


Fue uno de los jugadores—desde que comenzamos a ver a Rosario Central— más cuestionados de cuantos vistieron la casaca auriazul. Desde que debutó en primera división aquel domingo 26 de junio de 1960 (Central le ganó a Boca en Arroyito 3 a 1 y el último gol lo hizo él), cada una de sus actuaciones generó una áspera y polémica discusión en la parcialidad canalla. Cada gambeta del "Flaco"Menotti —que repetía golosamente una y otra vez— parecía darle la razón a quienes la criticaban sin piedad; pero a cada momento y desde cualquier sector de la cancha, el gambeteador empedernido y a veces caprichoso daba paso al goleador contundente y su disparo seco, mortífero, "teledirigido" a ángulo inalcanzable para el arquero contrario, terminaba con la discusión. El grito de gol ahogaba 

las quejas, las molestias, los enojos y hasta los insultos. Los cinco tantos conquistados en sus primeras trece incursiones en primera en 1960 anticipaban su condición de goleador extraña escasa por aquellos años en que empezaban a tornarse comunes las prácticas defensivas y la destrucción —por cualquier medio— de los habilidosos " de los creadores. 

Menctti se estabilizó al año siguiente como titular- Y en las tres temporadas siguientes—1961, 62 y 63— fue el goleador del equipo. La polémica nunca dejó de tenerlo como protagonista involuntario de dos opiniones encontradas. Y él respondía con roles: 14 en el 61; 16 en e! 62; 12 en el 63. Siempre precediendo a sus compañeros, algunos tan "amigos" de las redes adversarias como el "Gitano" Juárez y Pagani. En 1964 su nombre otra vez desató una tormenta cuando fue transferido a Rácing y generó dos posiciones casi irreconciliables en grupos directivos que más tarde utilizarían su nombre y aquella transferencia como argumento de la lucha electoral que desplazó a Flynn del poder para encaramar en el mismo a don Adolfo Boerio. Menotti, siempre Menotti, siempre la polémica, la duda, la crítica y el elogio, la aceptación y el rechazo.  

Pero hemos comentado más de una vez la sorprendente nobleza de la hinchada de Central. Y un día —cuando Menotti ya era un hombre aparentemente desarraigado de la entidad auriazul, cuando ya había pasado como futbolista por Rácing, Boca y equipos extranjeros (entre otros el fabuloso Santos de Pelé), cuando ya su nombre se había "universalizado", volvió al viejo predio de Arroyito, convertido en orgulloso Gigante. Ese día Menotti volvió a ser de Central. Y su nombre, junto al de Mario Kempes, fue rescatado por millares de centralistas aue estaban gritando al mundo el orgullo de tener a hombres con raíces en ese viejo y glorioso club. Fue el reencuentro de aquel muchacho de 8. partidos oficiales con la azul y amarilla, de 47 goles y una polémica que finalizó una noche de Junio de 1978, cuando miles de corazones centralistas advirtieron que dos hombres vinculados estrechamente a Rosario Central anticipaban —al golear a Peri— el primer campeonato mundial para el fútbol argentino, 

Pocos como Menotti oodrán profundizar acerca de los ocultos designios del destino. Cursaba los últimos tramos de sus estudios como técnico industrial mientras jugaba en Argentino de Las Parejas; allí lo descubrió el ojo atento de un "prócer" centralista, don Salvador Castiglione, quien lo trajo de inmediato a Rosario Central. Poco .antes estuvo a punto de enrolarse nada menos que en un club de Italia, el Udinese. Y muy poco antes también de fichar para Central estuvo a punto de hacerlo pa. ra Newell's, en cuya cancha había ya cumplido dos prácticas más que aceptables. Alguna vez Menotti se lo confesaría al colega y centralista de ley, don Alfredo O'Shea: "Conversamos extensamente (con Salvador Castiglione, su profesor en e! industrial Nº 4) y como en el fondo me tiraban los colores, me encontré un día vistiendo la gloriosa casaca" (de Central, por supuesto) - 

El signo de Menotti tenía marcada con gruesos trazos una línea bien definida que pasaba por Rosario Central. Como muchos pibes que llegaron a primera con el sueño de hacerse crack, debió soportar el apuro de la gente, algunas veces la incomprensión, las dudas y la impaciencia que caracteriza a quienes deben juzgar a los futbolistas hechos en el club. Muchos sucumben en tales circunstancias. Menotti no. Sacó a relucir la enorme fuerza de sus propias convicciones para seguir practicando el fútbol aue él sentía - que más de una vez no era el que convenía—; puso sobre la cancha todo lo que tenía y terminó primero por convencer a una parte, después por convencer a todos. 

Fue un hecho atípico dentro de los afectos de la parcialidad centralista. Pero una noche de junio de 1978, cuando ya muchos habían olvidado y otros ni conocido sus goles de cuarenta metros a Carrizo, se produjo el milagro: César Luis Menotti había "jugado" otra vez para Rosario Central. Su nombre estaba junto al de Kempes y ambos, para orgullo de los hinchas canallas, era la cuota fundamental del club de tantas glorias a la más grande gloria que podía aspirar el fútbol de un país: la conquista de la Copa del Mundo. 

Ese día un flaco gambeteador, tozudo y goleador —el mismo que tanto había sido discutido en sus domingos de pantalones cortos— no tuvo contras en la multitud que colmaba el Gigante de Arroyito; esa multitud —con ostensible mayoría centralista— le estaba dando la bienvenida a un hijo que retornaba a su hogar ingresando por la puerta grande de los afectos. 

Menotti y la hinchada canalla, desde esa noche, están otra vez juntos. Ya no hay polémicas, ya no hay dudas, ya no hay reproches. El sentimiento de los que quieren bien berré todo vestigio de aquella enconada polémica. Menotti, sus triunfos, sus logros, forman también parte de la mitología de Rosario Central. 

Fuente: Extraído de la colección de Andres Bossio

martes, 12 de mayo de 2020

Menotti César Luis



Nació: 5/11/1938 en Rosario. 

Jugó: 86 partidos entre 1960-1963 y 1967. 

Goles: 46. 

Títulos: 0. 




Como jugador, le brindó a Central su toque exquisito y una gran pegada. Como técnico, resumió la esencia del fútbol argentino. 







El Flaco tuvo un paso fugaz por la Reserva en el , y llegó a la Primera para enamorarse de su club. Así lo contó "Central es mi viejo, mi mamá, mi barrio, mi casa... Es el lugar donde aprendía expresar mis emociones. Es el primer amor, ese que te marca a muerte". Integraba el mediocampo con Enrique Fernández y el Gitano Juárez. Le pegaba con exquisitez a la pelota, tenía el tranco largo, tocaba, gambeteaba, metía la pausa, remataba al arco desde media distancia... También actuó como delantero. Luego jugó en Racing, Boca, EE.UU. y Brasil, donde se retiró en 1969. Inmediatamente comenzó otra etapa, como entrenador. Empezó en Newell's; en 1972 llegó a Huracán yal año siguiente fue campeón, con un fútbol de alto vuelo. En 1974 tomó la Selección e inauguró la era del trabajo serio y planificado a largo plazo. En 1978 guió a la Argentina a su primera Copa del Mundo, que incluyó tres noches inolvidables en el Gigante de Arroyito. Después del 82 dirigió el Barcelona, Boca, River, Peña rol, la Selección de México, Independiente, Sampdoria... hasta que en 2002 volvió a Central. Su carrera continuó entre Independiente y el fútbol azteca. 




Fuente: Extraído de la Revista “ El grafico”Libro de colección / Edición N° 35 / Febrero de 2012.-

lunes, 11 de mayo de 2020

EDUARDO NORBERTO ANDRADA




Por Andres Bossio 


En Rosario Central podría escribirse sólo una historia con tos arqueros que defendieron a la institución, tantos y tan buenos fueron los que pasaron por sus filas. Desde 'los legendarios Cornejo y Serapio Acosta pasando por Octavio J. Díaz (el mejor de todos los tiempos según quienes lo vieron jugar) hasta llegar a Quatrocchi, el "Negro" Ricardo o Daniel Carnevali, hay cantidad de excelentes arqueros centralistas. Naturalmente que en esa supuesta historia, un sitio preferencial, entre los más encumbrados, le corresponderá sin discusión posible a Edgardo Norberto Andrada. 

Desde pibe siguió Andrada caminos distintos al que le tenía reservado su destino. Ninguna do las sendas comprendidas pasaba por Rosario Central, quizás presumiendo que ése era un sueño demasiado alto para él, un •modesto muchachito nacido y criado en el barrio de Tiro Suizo. Allí despuntaba su pasión por el deporte jugando al .básquet (lo hacia muy bien) en Olegario Víctor Andrade. Un día alguien le arrimó la posibilidad de probar suerte en San Lorenzo de Almagro y allá se fue. No tardó mucho en volver a su ciudad. Y poco después, encontró por fin la senda que desembocaba en Arroyito. Como tantas historias repetidas (como la que cuenta un tango de Yiso) empezó en la cuarta, después llegó a la primera local. Después... la consagración. 

Era titular de Ja escuadra superior Juan Carlos Bertoldi, quien decidió abandonar la institución. Allí apareció Andrada, enfrentando a Rácing, en primera división profesional. Fue un acto simbólico mediante el cual, por casi nueve temporadas consecutivas "escrituró" los tres palos del arco centralista con su nombre y apellido. Muy pocas veces durante ese prolongado lapso se lo "presté" a quienes le sucedieron. Muchos de ellos debieron dedicarse a otra cosa. O buscarse otro club. Andrada era insustituible y, además, "irrompible". Alguna vez discutimos sobre eso con gente que opinaba que era pura suerte. Para nosotros —que lo conocimos, que sabemos cómo es y cómo fue "Gato"— su perdurabilidad en el arco centralista (y en los equipos que posteriormente defendió) no es atribuible a la suerte. Es, nada 'más y nada menos, que el producto de una extraordinaria conciencia profesional, de una exacta toma de noción de su propia responsabilidad, que trasciende en una actitud meramente personal ya que la misma se extiende a un contexto altamente motivado por razones sentimentales que deben respetarse. Y Andrada respeté siempre a Pa gente de Central —a sus hinchas fundamentalmente— entrenando como nadie, sacrificándose como el que más, preparándose durante toda la semana para ser el mejor de cada domingo. 

Su excepcional capacidad física fue incentivada y estimulada por su ejemplar conducta como profesional, lo que permitió —hasta después de pasados los 40— alternar en primera división sin mengua alguna de sus notables condiciones. Lamentablemente, cuando estaba en la plenitud de su carrera, reconocido, querido y admirado en Rosario Central y convocado cada vez que se reunía la selección nacional, un técnico dijo que no 'lo necesitaba. Y Andrada debió emigrar al Brasil, dedicándole casi una década entera al Vasco Da Gama de Río de Janeiro, que todavía hoy le reconoce la calidad de número uno de todos los arqueros que conocieron en su rica historia futbolista los habitantes de aquella ciudad. 

Alguna vez también discutimos con esos teóricos qué nunca faltan en el fútbol acerca de dos estilos, de dos fundamentos técnicos tal corno podían apreciarse en "atajadores" como Andrada y otros colegas cuyas bondades comenzaron a exaltarse a partir de Amadeo Carrizo y convertirse en dogma con el posterior advenimiento de Hugo Gatti. Y respecto a eso dijimos que todo es bueno en tanto sirve. O que todo sirve cuando es bueno. Pero más allá de discusiones bizantinas, Andrada fue el tipo de arquero que cualquier futbolista y cualquier hincha quiere tener en su equipo. Infundía seguridad, daba toda la sensación de invulnerabilidad que tranquiliza al más impaciente. Hizo escuela en Rosario Central y mucho después repitió sus clases magistrales de cómo evitar un gol —retornado al país tras la brillante experiencia carioca— en Colón de Santa Fe, en Renato Cesarini o en el interno de Provincial. La misma pinta, el mismo físico, las mismas ganas el mismo amor propio de cuan do defendía la casaca nacional o entraba a la cancha de Boca precediendo a sus diez compañeros de Central. 

Un día se cansó. Ocurrió hace muy poco. Y Andrada dijo basta. Privó todavía de unas cuantas clases magistrales de cómo se debe atajar, a unos cuantos aficionados al fútbol. No dejó escrito ningún tratada de cómo hacerlo. No explicó en diarios ni revistas "especializados" acerca del arte de achicar el ángulo, de anticipar o de tapar; pero dejó la evidencia irrebatible para quienes lo vimos jugar de que las atajaba a todas. Que, de última, es lo que le interesa al hincha de su equipo. Andrada se preparó toda su vida para ser e! mejor, y a fe que lo consiguió. 

La hinchada centralista —que no lo olvida.— aguarda que el "Gato" vuelva cualquier día de éstos a hacer cualquier cosa, pero en Rosario Central. Al fin de cuentas, ésa et su casa. Y en la propia casa, por más rencillas que hubieran ocurrido, uno es siempre bien recibido. 


Fuente: Extraído de la colección de Andres Bossio