Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

Vistas de página en total

viernes, 19 de noviembre de 2010

GAUCHOS DE CARNAVAL

Refiriéndonos al barrio Refinería que la oferta de puestos de trabajo Había concentra en la zona, aledaña a Pichincha y Rosario Norte – o Sunchales- a gran parte de los inmigrantes que llegaban a Rosario a la vez a que atraía a población de otras provincias'

Mientras el centro rosarino a principios del siglo se iba poblando tiendas, comercios y edificios públicos, cruzando el pasaje Celedonio Escalada - más conocido por El
Túnel -,  el paisaje estaba compuesto por fábricas, barracas,  embarcaderos, conventillos, casillas, ranchos, almacenes, y boliches. Sólo  parecían no formar parte de aquel conjunto las viviendas de los funcionarios y técnicos del Central Argentino que dieron origen al llamado Barrio Inglés'

El Carnaval trae un respiro. "En la cortada Arenales - cuenta Salvador Terrazino -
se formaba una murga,. la de Los Escoberos, que se pintarrajeaban el cuerpo de
negro con betún y llevaban una escoba con un cuchillo disimulado entre la paja de guinea. De Refinería se iban al barrio La Tablada, a buscar a otros negros escoberos
Los gauchos de carnaval, que, de los corsos pletóricos de serpentinas, papel picado, agua perfumada que vierten pomos y lanza perfumes, máscaras sueltas, comparsas, murgas y carruajes, se han mudado a París.¿Cómo dice? Si a París." "Pero, ¿hay gauchos en París?" Hay gauchos en París, corno hay apaches en la Argentina.


Fuente: Fragmento extraído de Libro “Barrios de Tango y otras Yerbas de Héctor Nicolás Zinni . Ediciones Del Viejo Almacén . Año 1997

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL MERCADO CENTRAL

En 1904, el por entonces Intendente Municipal de Rosario, Santiago Pinasco, concluyó la construcción del gran Mercado Central, de dos plantas, que estaba ubicado en la manzana comprendida por las calles que hoy se denominan San Juan, San Martín, San Luis y cortada Barón de Mahuá.
En cualquier fotografía del Mercado tomada en aquellos años iniciales del siglo, puede percibirse la ciclópea estructura del edificio, cuya larga y justa fama trascendió a alejados pueblos del interior. De estos centros urbanos procedían multitud de forasteros que adquirían los más variados artículos alimenticios, para llevarlos a su terruño como extraordinarios presentes gastronómicos.
En su libro “Memorias de Rosario”, el historiador Wladimir Mikielievich relata que en el interior del mercado funcionaba un crecido número de puestos unidos en sectores de cuatro, separados por amplios pasillos, cada uno protegido con mallas de alambre. Carnes, aves, pescados, hortalizas, frutas, fiambres, quesos, leche y otros artículos de consumo diario colmaban esas instalaciones.
Desde tempranas horas de la mañana, un mundo de parroquianos con canastas, paquetes, cajones y otros envases se desplazaban por los largos pasillos.
Entre los seres que ambulaban por los alrededores se incluían muchos lustradores de botines y canillitas, y los que simulaban pertenecer a ese gremio pero eran en realidad expertos en timar a forasteros.
Mikielievich describe detalladamente el accionar de estos pícaros, diciendo que los mismos les ofrecían con la mano izquierda algún ejemplar de algún diario, con preferencia el Giornale d´Italia o La Patria degli Italiani, colocándolo a la altura del pecho del candidato, para incitarlo a leer los títulos sensacionales, mientras que con los dedos de la mano derecha les desprendían subrepticiamente del chaleco la cadena de oro y el reloj que, rápidamente, desaparecían en algún bolsillo.
Estas preciosas alhajas eran reducidas por los delincuentes en cualquiera de las tantas casas de remate al paso existentes frente al mercado.
El historiador completa el cuadro, contando que tales lugares de turbios remates de joyas perduraron largos años, engañando a incautos codiciosos de adquirir por pocos pesos anillos, relojes, cadenas, medallas, prendedores y gemelos de oro, que a la semana ya mostraban el herrumbre del auténtico cobre.
En momentos de la subasta, a grito pelado, un par de gurupíes disimulados entre los concurrentes, elevaban las posturas cuando detectaban interesados en adquirir el objeto o atendiendo a señales codificadas del martillero.
Entre los dedicados a explotar así su profesión, se incluyeron caudillos políticos, no faltando algunos que ocuparan el cargo de intendente municipal, designado por el gobernador o el partido triunfante en las urnas.
Podrían llenarse varios tomos con relatos de hechos insólitos ocurridos en aquel recinto. Nos referiremos a dos casos: la caza de ratas y las carreras de gusanillos.
Convivían en el mercado, roedores y gatos arratonados, persiguiéndoselos con tenacidad. En determinadas fechas, luego de la pausa del mediodía con el cierre de los portones, cuando las ratas buscaban descender del techo por los tirantes para buscar sus más sabrosos bocados en los puestos de quesos y fiambres, se procedía a eliminarlas a tiro de fusil.
Los empleados de la sección Desratización de la Asistencia Pública, encargada de la eliminación, festejaban cada tiro certero con satisfacción
Con respecto a las carreras de gusanillos generados por el “Gorgonzola”, aromático queso muy estimado por los extranjeros, las organizaban en las tardes, en horas de poca actividad, dueños y ayudantes de puestos de queso.
Concertadas las apuestas, se colocaban en línea sobre el mostrador de mármol, dos de esos invertebrados, que se arrastraban en dirección a un trozo del artículo que les diera vida. Como en una carrera de caballos, quien hubiera apostado al vencedor obtenía las chirolas puestas en juego.

El vertiginoso crecimiento que en experimentó la ciudad convirtió al mercado central en un obstáculo para la higiene, el desarrollo urbanístico y el tránsito vehicular de la zona, por el movimiento diario de los proveedores y puesteros.
Promediando el siglo, se reclamaba la intervención de algún intendente municipal decidido a concluir con dicho emprendimiento, permanentemente denunciado como foco infeccioso en pleno centro de la ciudad.
Ese brazo ejecutor apareció en 1960. El intendente Luis Cándido Carballo, enfrentando la fuerte oposición de los arrendatarios de puestos y sobreponiéndose al “no innovar” de la Justicia, en pocos meses terminó con el regio palacio de las ratas.
Lo que no pudo evitar, fue la invasión de los edificios aledaños por verdaderas legiones de roedores, fugitivas de sus destruidas moradas.
En 1969 otro intendente, de esos no rosarinos e ignorante de las tradiciones locales, designados en Santa Fe, solapadamente aplicó el nombre de Pinasco a la plaza pública formada en el área antes cubierta por el Mercado. Este homenaje lo destinó a un empresario del cemento armado nativo de Buenos Aires (Emidgio Pinasco), y no al ilustre intendente rosarino Santiago Pinasco, como lo creyera la ciudadanía, aprovechando para ello el homónimo apellido.
Este fue un fraude como los sucedidos en aquellas casas de remate al paso, que recién fue subsanado hace pocos años por el Intendente Cavallero cuando rebautizó el predio con el nombre del fundador de la ciudad, Santiago Montenegro

www.rosariodehistorias.com.ar/lugares.htm

sábado, 13 de noviembre de 2010

EL TRAMWAY



Por Wladimir Mikielivich

A pocos de iniciados el 1904 son varios los gremios empeñados en obtenr mejoras salariales; unos las gestionan amistosamente y los demás recurriendo a la huega. El 22 de enero numerosos comerciante e insdustriales piden a las autoridades la implantación del descanso dominical, motivo también de inquitud proletaría a parte del aumento de salarios y reducción de las horas de trabajo. La efervescencia se manifiesta el domingo 31 con un gran mitin organizado por la Unión Obrera Rosarina en la plaza San Martín Una semana después van nuevamente a la huelga de mayorales y cocheros de la empresa Anglo Argentino; el 10 de febrero comienza a circular tramways con custodia de uno o dos vigilantes mientras los huelguistas se quejan de no permitírseles andar en parejas por la calles; sólo falta, dicen se nos prohíba ir en grupo de más de una persona, anunciando al mismo tiempo estar dispuestos a abandonar el trabajo, en solidaridad con ellos, el personal del Rosarino del Norte y del Ciudad de Rosario.
Desde el 7 de mayo de 1904 es intendente municipal Santiago Pinasco, empresario nacido nuestra ciudad en 1860 y educado en Génova de donde regresó en 1880 para incorporase a la firma comercia Pinasco y Castagnino. A él le corresponderá suplantar los servicios del tramway por los del tranvía.
Se registra una nueva presentación ante la Municipalidad solicitando autorización para establecer líneas tranviarias; el 16 de octubre, patrocinada por los abogados García Gonzalez y Cafferata la entrega Santiago Keenan con un proyecto de ordenanza para facilitar el trámite, novedad que comentan los diarios del día siguiente.
Todavía hay un último pedido para instalar el tranvía; lo firma Henry S. Chappell y presenta el 23 de noviembre.  Transcurre el último mes de 1904 y la prensa periódica urge la necesidad de acelerar la instalación del tranvía; se reclama insistentemente que las autoridades municipales se aboquen a la redacción del pertinente pliego de condiciones para procederse a la llamar a licitación, primero paso a cumplirse si se quiere sinceramente dotar a la ciudad de ese moderno medio de transporte.
A las 2 de la tarde del 31 de Julio de 1905, en el salón de actos del Palacio Municipal y en presencia de numerosas personas, se abren las cuatro propuestas recibidas para instalar el tranvía en la ciudad, cada una acompañada con detalladas descripciones y planos.
Las tareas de colocar la vías obstaculizan en demasía el tránsito por las calles donde se realizan; para obviar en parte estos inconvenientes, Pinasco designa el 4 de julio una comisión  de funcionarios municipales encargada de inspeccionar los trabajos puestos, hasta el momento, bajo la vigilancia de inspectores y sobrestantes.
Por otro lado reclaman numerosos vecinos calles convertidas en estruendosos talleres mecánicos; se aserran y encorvan rieles a colocarse en las curvas, manteniéndose esos lugares sin pavimentos durante semanas. Y no falta la queja de alguien, que muchos años después será concejal, por la amplitud de las curvas emplazadas en la avenida Pellegrini, sosteniendo tener quince metros de longitud, dimensiones que se le restan a esa arteria.
Con sólo ocho coches se están cubriendo en agosto los servicios del Rosarino del Norte. La extensa y descuidad vía extendida entre Alberdi y la plaza 25 de Mayo sigue multiplicando descarrilamientos en cada viaje.
La noche del jueves 18 de octubre se realizan los últimos ensayos para librar al servicio la primera línea tranviaria. En uno de los dos coches que cumplen  el itinerario, viajan el intendente municipal, el inspector general, el director de obras públicas, invitados y periodistas; el trayecto se recorre sin inconvenientes y con regularidad.
Comenzando el año 1907 avanza la construcción de las líneas y siguen las protestas por los inconvenientes creados a la población por esa labor.
Festejan los estudiantes del Colegio Nacional el 15 de enero inauguración de la Línea Nº 2 de tranvías; en lanza la estación Sunchales ( hoy Rosario Norte) con la del ex ferrocarril Oeste Santafecino, dejándolos a pocos pasos del acceso a dicho establecimiento.
Se registran más variantes de recorridos. Se autorizan por ordenanzas, la  primera, del 11 de 1907 para la línea N 8 que recorrerá las calles san Lorenzo, Entre Ríos, Virasoro, San Martín, Av. Arijón, Andes, Petrópolis ( Actual Sánchez de Bustamante, Amberes, Av. Rosario y Tupungato ( hoy Regimiento 11) hasta la Villa Fausta ( residencia de Manuel Arijón con frente a la Av. Rosario ( hoy al E de la Av. De acceso al puerto); la vuelta se cumplirá por Tupungato Av. Rosario y las calles San Martín, La Paz, General Mitre y San Lorenzo.  La otra ordenanza del 30 de setiembre, señala el siguiente recorrido para la línea Nº 10; Estación del Ferrocarril Provincial Santa fe ( frente a la calle Cafferata), calles Córdoba, Alvear, santa fe, Maipú, San Luis, Buenos Aires, Estación del Ferrocarril Córdoba y Rosario; vuelta por Br. 27 de Febrero y calles San Martín, Cerrito, Laprida, Mendoza, Corrientes, Rioja, Pichincha y Córdoba, terminando en la estación ferroviaria de partida.
En diciembre se pide evitar el ingreso al centro urbano de los siempre de los siempre sucios tramways que llegan de Alberdi y Arroyito, haciéndose combinar con tranvías en la esquina de la Plata ( Av. Ovidio Lagos) y Salta. La Sugestión no encuentra eco porque el 31 de enero de 1908 se inaugura la línea Nº 5 hasta las Tres Vías ( ahora Av. Alberdi y proyección de la cortada Franco), lugar donde los pasajeros trasbordan a los tranways que cumplen el antiguo recorrido hasta Alberdi.
Para colocar las vías de la línea Nº 14, en marzo de 1908 la empresa abre zanjas a lo largo de la prolongación de la calle Mendoza, desde las vías del Ferrocarril Córdoba y Rosario hasta la calle Solís, obstaculizando el tránsito carretero.
El tramway del Oeste al pueblo Eloy Palacios, luego denominado barrio Vila, recorrió la calle Mendoza, doblaba en la de Río de Janeriro y siguiendo por ésta hasta detrás de la Casa de Aislamiento, hoy Hospital Carrasco, seguía por un camino, límite Palacios, eludiendo en esa forma cruzar los terrenos pantanosos cuya nivelación se practica.
La Línea Nº 5 a Alberdi es probada el 9 de setiembre y entra en servicio al día siguiente, superado el problema de las Tres Vías. Pero protestan los vecinos casi de inmediato por la escasa velocidad de marcha de los coches; más vale viajar a lomo de tortuga, dicen.
Antes de terminar el mes de setiembre se encuentran totalmente habilitados los cruces con las vías de ferrocarriles y las líneas  números 5, 8, 11 y 14 son recorridas en toda su extensión por los tranvías, desaparecido en consecuencia los tramways que completaban los recorridos hasta el extremo de sus itinerarios.
En los comienzos de la urbanización por la Sociedad Anónima “El Arroyito” del mencionado sector suburbano, a mediados de 1905, esa empresa gestionó la ampliación de la línea de tranvía Nº 5 con recorrido por la Av. Central ( actual Génova), desde la av. Alberdi hasta las barrancas ( actual av. Avellaneda)

Fuente: Bibliografía: fragmentos extraídos de la publicación de la “Revista de Historia de Rosario Año XIX Nº 33 de 1981



viernes, 12 de noviembre de 2010

COMUNA DE VILLA AMELIA


Fundación 1904 (por Felipe Lozardi)
Villa Amelia fue fundada en las inmediaciones de la estación del ferrocarril General Belgrano, a 25 kilómetros de Rosario (Argentina), hasta donde se conecta -vía ruta 16- por la Ruta Provincial 18 o la Autopista. Se ubica a 6 km de Coronel Domínguez y a 8 de Albarellos.
Según el Censo de 2001, Villa Amelia tenía 1.191 habitantes, y actualmente superaría los 1.500, estima su actual presidente comunal Ricardo Alberto Tabares, quien continua la presidencia de Fernando Jesus Paladini, fallecido el año pasado. Además de la actividad agropecuaria, que ocupa directa e indirectamente a 50 por ciento de su población, las fuentes de empleo de Villa Amelia son el criadero de Paladini -emplea a unas 100 personas, algunas de ellas también de Coronel Bogado- y el microemprendimiento para el mantenimiento del corredor vial cercano que llevó adelante la comuna.

                    Instituciones más destacadas

  • Agricultores Federados Argentinos (AFA), que posee uno de sus 26 Centros Cooperativos Primarios sobre la calle principal de la localidad
  • el hospital rural No 39 (que tiene gente internado y depende de Arroyo Seco en lo programático)
  • el centro de jubilados
  • 4 escuelas primarias, una secundaria, tres escuelas más rurales, el EMPA que es escuela nocturna
  • la Casa de la Cultura
  • Bomberos Voluntarios (cuenta desde hace poco con una autobomba y equipo de rescate)
  • la Iglesia de Santa Cruz, frente a la plaza y al lado de una canchita
  • la subcomisaría 9ª, que depende de la inspección de zona de Arroyo Seco.
En cuanto a los servicios públicos, el agua la maneja la comuna, mientras que la electricidad y la telefonía la brinda la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos

Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/villaamelia

Comuna de GENERAL LAGOS

Comuna de GENERAL LAGOS

General Lagos es una comuna del Departamento Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. Dista 22 km de la cabecera departamental Rosario, en trance de conurbación, y a 192 km de la capital provincial Santa Fe
Fundación 1888 (por ley provincial habilita Estación FF.CC. Mitre)

                   Escuelas de Educación Común y Adultos

  • Escuela Primaria Juan Larrea
  • Escuela de Enseñanza Media Hilario Lagos
  • Escuela de Enseñanza Media Para Adultos

                   Creación de la Comuna 23 de diciembre de 1915, con su Edificio Comunal de 1935

                    Vías de comunicación

Está vinculada con la RN 9 Autopista Rosario-Buenos Aires, con su Estación de Peaje; y con la RP 21 (ex Ruta 9).

                    Medios de comunicación Radio General Lagos

                   Personalidades


Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/generallagos

jueves, 11 de noviembre de 2010

ROSARIO da el gran salto-HECTOR THEDY

Por Luís Etcheverry


Cuando el 24 de marzo de 1916, poco antes de cumplir 46 años, fallecía el ingeniero
Héctor Thedy, Rosario perdía a una figura singular, creativa y difícil de parangonar. Perdía a un proyectista y hacedor de obras públicas de clara
inteligencia y aguda visión de futuro y también a un profesional que, como pocos en aquel entonces, sabía muy bien cuáles podrían llegar a ser los problemas venideros en una urbe con enorme futuro que, por la inmigración y el afán de progreso, amagaba con ahogarse en un crecimiento desordenado y desbordado, matriz de graves problemas. Lo sabía y en consecuencia actuaba desde la función
pública, a la que sirvió de manera ejemplar una vez egresado muy joven de la Universidad.

Como funcionario, el ingeniero Thedy reunió una condición quizás única: fue
director de Obras Públicas de la Municipalidad-entonces no existía, como ahora,
una Secretaría del ramo- de cuatro intendente seguidos: Alberto J. Paz (1895-98),
Luís Lamas (1898-1904), Santiago Pinasco (1904-06) y Nicasio Vila (1906-09), cir-
cunstancia que le permitió proyectar y plasmar (muchas veces, incluso, inspirar)
numerosas obras de extraordinaria importancia. Entre otras el parque Indepen-
dencia, los pabellones de maternidad y de niños del hospital Rosario, la reedificación del Cuartel de Gendarmes,  el Palacio de la Higiene, después Asistencia Pública, el bulevar Argentino (avenida Pellegrini), la avenida Godoy y el Mercado Central, así como el difícil rediseño del actual barrio Refinería, surgido
sobre el caos de casas precarias que rodeaban la refinería de azúcar, entonces importante fuente de trabajo de la ciudad. El detalle podría seguir; la lista es enorme. Thedy también fue concejal y, por un breve tiempo, subsecretario de Hacienda de la provincia.
De concepción liberal -con Lisandro de la Torre y otros fundó la Liga de Sur- y nacido el 22 de abril de 1870,  Thedy fue un típico exponente de la generación del 80. Sabía que la Argentina estaba llamada a grandes destinos y creía de manera absoluta en el progreso en ,  progreso de todos. En consecuencia, actuaba derrochando talento, conocimiento, decisión y, particularmente, responsabilidad
en cuanto encaraba. Perteneciente a una familia de origen suizo, su figura por sí
sola imponía autoridad. Padre de seis hijos,  uno de los cuales fue el político demócrata progresista Horacio Thedy, una muy buena vieja foto lo muestra dueño de un rostro armonioso y bien delineado, frente ancha y cabello oscuro, peinado a la gomina y ya batiéndose en retirada por la incipiente calvicie; los labios bien cortados, firme el mentón. Sobre los espesos bigotes de época, terminados en dos "manubrios', finitos que no suben ni bajan, la nariz avanza recta firme.
Dominando el conjunto, severos y penetrantes, los ojos destellan prestos ,
reprochar alguna inacción o error o, más precisamente, impeler a que no se pierda
el tiempo y se haga algo útil, que sirva todos, tanto hoy como mañana y, de ser
necesario, también pasado.

Fue director de Obras Públicas de cuatro intendentes. Inteligente,  visionario e infatigable, su acción marcó un hito en la ciudad que crecía. El parque
independencia y la avenida Pellegrini se originan en proyectos suyos

Fuente: Bibliografía de la revista 140 años  del diario La Capital

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Masones rosarinos

Por Jorge Benazar




Una vez por semana, cuando la hora que los junta es más discreta, los libres y aceptados masones rosarinos embocan la entrada de Laprida 1027 y trajinan el pasillo interminable que los lleva hasta la casa, hasta sus letras, hasta su lámpara. En tres logias hermanas, unos 150 hombres unidos en libertad, igualdad y fraternidad bajo el lema de la ciencia, la justicia y el trabajo, sostienen en Rosario los antiguos ritos y las faenas filosóficas de la masonería.

Masonería



En la historia del virreinato del Río de la Plata la primera referencia es de 1804, cuando el portugués Juan Silva Cordeiro fundó en Buenos Aires la logia San Juan de Jerusalén de la Felicidad de Esta Parte de América.



Hacia 1810, Julián Alvarez presidía otro grupo de masones porteños; muchos de ellos se sumarían más tarde a la logia Lautaro que formaron Carlos María de Alvear, José Francisco de San Martín, José Matías Zapiola y Eduardo Kannitz apenas llegados de Europa.



El 11 de diciembre de 1857, siete de los talleres masónicos de Buenos Aires se unieron en la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Por 1859 funcionaban en Rosario las logias Fraternidad y Bien Social, ésta con la presidencia del general Juan Pablo López, hermano del brigadier Estanislao López.



Un año después "levantó columnas" la logia Unión. Tiempos en que los masones Bartolomé Mitre y Justo José de Urquiza saldaban en Cepeda y en Pavón, a sangre y fuego, las disputas entre el puerto de Buenos Aires y la Confederación Argentina.



El siglo XX arrancó con la fundación de la logia General San Martín Número 186, en San Lorenzo, taller que luego se trasladó a Rosario y que, junto con la Unión Libertad Número 275 y la Unión Número 17 -decana en Santa Fe- funciona hasta hoy en el viejo templo de la calle Laprida.

Altar



Con la inmigración europea masiva, muchos hombres inquietos y sensibles encontraron en la masonería el ámbito de reflexión que buscaban para desarrollar y aplicar sus ideas progresistas.



Los nombres de algunas logias que se abrieron entre 1892 y 1945 parecen revelar tendencias a veces contrapuestas: La Luz, Obreros Unidos, Unión Liberal, Belgrano, Aurora, Perseverancia, Reforma, Obreros Liberales, Labor, Bernardino Rivadavia, Renovación, José Ingenieros.



Albañiles del Gran Arquitecto del Universo, los masones rosarinos se destacaron por su práctica de la solidaridad y su compromiso social: entre 1860 y 1870, la logia Unión se ocupó de rescatar cautivos de los malones que caían sobre el sur santafesino y de asistir a los enfermos durante la epidemia de cólera de 1867.



El templo de calle Laprida fue hospital de sangre en la revolución que, en 1893 y desde Rosario, lideró el radical y masón Leandro Nicéforo Alem contra el presidente liberal y también masón Miguel Juárez Celman.



En su libro Bicentenario de la Revolución Francesa (edición de la Comisión Rosarina del Bicentenario, 1989), Lelio Pugliani subraya algunas contribuciones que los masones locales hicieron al progreso de la región. Las logias locales estudiaron, planificaron y operaron a favor de la inmigración, de la explotación racional de los recursos, de la integración de capitales con los métodos modernos de producción y de la educación universal y obligatoria.

Puerta Mason



Muchos masones, apenados o asustados por los graves conflictos laborales que atravesaba la sociedad rosarina de comienzos del siglo XX, se ocuparon de atenuar sus consecuencias con acciones de ayuda solidaria.



También hubo logias que apoyaron la Reforma Universitaria de 1918 y aseguraron que la constitución provincial de 1921 tuviera la orientación liberal y progresista que se plasmó en su texto.



Entre muchos otros masones notorios, Aarón Castellanos, Zenón Pereyra y Lisandro Paganini trabajaron en el desarrollo de colonias agrícolas; Tiburcio Benegas y Melquíades Salvá, en la integración de capitales con destino al crédito; Francisco Henzi, Benjamín Tamburini, Luis Pinasco y Luis Rosenthal fueron masones que empujaron la industria y el comercio.



En la educación popular se destacaron Isidro Alliau, pedagogo español; Tesandro Santa Ana, Francisco Monguillot, Pedro Rueda y el periodista y educador Eudoro Díaz, rector del Colegio Nacional I. Desiderio Rosas fundó la primera biblioteca pública; Luis Lamas, la primera escuela industrial, y Elías Fernández de la Puente, la Escuela Normal II.



Lisandro de la Torre, Nicasio Oroño -gobernador que impulsó la ley de matrimonio civil y la secularización de los cementerios- y Ovidio Lagos también trabajaron en logias masónicas, lo mismo que el inglés Williams Wheelwright, administrador del Ferrocarril Central Argentino, y su compatriota Isaac Newell, educador y patriarca del club de fútbol del Parque de la Independencia.

Símbolo Mason



Por estos días, la logia General San Martín Número 186 se prepara para honrar al Libertador el próximo 17 de agosto. Vendrá Jorge Alejandro Vallejos, Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones; habrá reunión abierta al público en el templo de calle Laprida, y un acto de homenaje en el Salón de las Banderas de América.



Tal vez no sea inoportuno recordar a don José en estos días aciagos, barruntan los libres y aceptados masones rosarinos que, una vez por semana, cuando la noche que los junta es más discreta, trajinan el pasillo interminable que los lleva hasta la casa, hasta sus letras, hasta su lámpara.



Los hombres del compás y de la escuadra



Aunque ni los propios masones acuerdan sobre los orígenes más remotos de sus órdenes y sus ritos, la mayoría coincide en que las organizaciones actuales emulan a los gremios medievales de la construcción cuyos maestros y operarios, ocupados en levantar catedrales prodigiosas, concentraban el saber teórico y práctico de la arquitectura.



Masón significa albañil; los miembros de la orden visten el mandil, delantal del oficio, y trabajan en la ejecución del plan de Dios, el Gran Arquitecto del Universo. La gran catedral que construyen es la Humanidad; su faena cotidiana es el perfeccionamiento de sí mismos y de los demás seres humanos.



Entre sus símbolos se destacan el compás y la escuadra, instrumentos clave de la arquitectura, que imponen la equidistancia entre los hombres y la rectitud en el pensamiento y en la acción.

Masones rosarinos



Como los gremios medievales de su origen, las logias asignan jerarquías internas a sus miembros según un orden de 33 grados que los conduce desde la iniciación y el aprendizaje primario hasta los niveles superiores de especulación filosófica. Los masones llaman “tenidas” a las reuniones periódicas reservadas que los juntan según sus antiguos ritos y ceremonias; las tenidas blancas están abiertas a invitados profanos.



La masonería argentina acepta, predica y practica la tolerancia y la libertad intelectual y religiosa, propicia el laicismo del Estado y de la educación pública, defiende la democracia y alienta la participación individual de sus miembros en cualquier asunto de interés público, incluida la acción política.
 
gentileza: www.rosariodehistorias.com.ar/protagonistas.htm