El
coleccionismo profesional fue un gran protagonista de esa
primera conformación de un campo cultural y artístico rosarino.
Comenzó a adquirir obras de arte en 1907, con sólo 23 años, constituyendo a partir de entonces caso paradigmático del coleccionismo rosarino. Fue un modelo para los miembros de su clase, a los que descubrió una aspiración eminentemente moderna, que no tenía antecedentes en la ciudad. Su profesionalismo se hace patente en el detallado inventario de su colección, donde dejó constancia de los mecanismos de inserción en el mercado de arte y el rol que jugaron los restauradores y especialistas internacionales en la validación de las piezas, además de sus conocimientos en materia de pintura e historia del arte.
La colección de Castagnino se conformó en dos etapas. La primera (1907-1913)
muestra
su interés por el arte europeo, sobre todo por la pintura italiana
del siglo XVII, preferencia en la que acaso hayan influido el origen
peninsular y la actividad comercial de su familia, basada en el
vínculo del puerto de Rosario con el de Génova. A través de
sucesivos viajes y haciendo uso de intermediarios, Castagnino se
proveyó en galerías, subastas o por compra directa de gran cantidad
de obras de notable valor estético y comercial, provenientes en su
mayor parte de antiguas colecciones nobiliarias.
La segunda etapa (1914-1925) estuvo determinada por las incidencias de la Primera
Guerra,
que obturó el mercado de arte internacional y le restó a Castagnino
la posibilidad de mantener el nivel de adquisiciones de arte europeo.
Para compensar esa falta, recurrió al arte argentino y al rosarino,
que aún no habían alcanzado su legitimación.
Castagnino fue el artífice de la cruzada emprendida por los coleccionistas de El Círculo y la Comisión Municipal de Bellas Artes en pro de esta nueva causa.
Como tesorero de la comisión y desempeñando otras funciones, parte de la tarea de Castagnino durante esos años consistió en estimular entre las instituciones y los particulares la donación de obras para acrecentar el patrimonio del museo, encabezando él mismo la lista junto al Club Social y El Círculo con la entrega en 1920 de la obra Shanti el Atalayero, del pintor vasco Ramón de Zubiaurre. Tiempo antes, buscando motivar las adquisiciones de obras de arte, había donado Retrato de niña, óleo de Alfredo Guido expuesto en el IV Salón de Otoño.
El crecimiento de su prestigio dentro de la Comisión Municipal lo llevó a ocupar su
presidencia
de 1923 a 1925, signada por las disputas internas y el escaso apoyo
de
la
Municipalidad. Castagnino puso el énfasis de su gestión en la
evolución del salón, la legitimación del arte producido en el país
y en la ciudad, y la iniciación de los artistas y el público en la
historia del arte europeo y americano. Con el propósito de “difundir
el amor por la tradición y por lo bello, despertando la afición por
las concepciones superiores del espíritu”, organizó en 1923 la
Exposición de Arte Retrospectivo, en la que reveló su patrimonio
artístico y el de sus pares, tratando de demostrar cuán lejos
estaba Rosario de su señalado materialismo. En los salones de otoño,
ocupó un lugar privilegiado como jurado de admisión y de premios.
Dada la relevancia de los salones en la constitución del campo
artístico local, sus veredictos establecían el gusto dominante.
La legitimación del arte argentino en los salones se trasladó a su colección privada. Al haber “desechado el viejo criterio criollo que consideraba todo lo nuestro como producción inferior”, Castagnino se convertía para la prensa en un “argentino moderno”. Como dijo el poeta Emilio Ortiz Grognet al despedir sus restos en el cementerio El Salvador, el 19 de julio de 1925, “el arte nuestro, el arte nacional, constituía una esperanza radiante” para él. Castagnino “no omitió sacrificios para su divulgación, le prestó siempre su generoso concurso y los artistas argentinos saben bien que la tradición de Mecenas tuvo en él una cumplida realidad”. No sólo asistió económicamente a muchos de ellos –Castagnino se cuenta entre los primeros compradores de Berni–, sino que también les abrió las puertas de su casa, mostrándoles su colección y manteniendo con ellos conversaciones estéticas.
Fuente:
Ciudad
de Rosario Museo
de la Ciudad Editorial Municipal de Rosario Ciudad de Rosario /
Agustina Prieto ... [et.al.]. - 1a ed. - Rosario : Municipal de
Rosario, 2010.
228 p. ; 23x18 cm.
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