Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 11 de agosto de 2016

DE ZUASNÁBAR, Horacio

Miguel Ángel De Marco (h)

LOS NIÑOS

En el terreno de la vida sólo se puede influir sobre los otros por medio de fuerzas propia­mente vitales, como el amor, la inicia­tiva y el ejemplo, dijo un maestro de la psicología social.

Rosario supo tener a principios de siglo pasado una pléyade de médicos que irradia­ban actitudes vitales. El doctor Horacio de Zuasnábar pertenece a aquella generación de grandes personalidades de la medicina nacidas en las dos últimas décadas del siglo XIX, formadas en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Bue­nos Aires a principios del siglo XX, y que tie­ne en Bernardo A. Houssay, primer premio Nobel de medicina de Latinoamérica, a su gran exponente.
Hasta el siglo XX no existió una política tendiente a implicar al Estado como respon­sable de la salud pública de la población. El área de salud pública ni siquiera disponía en la provincia de una pequeña oficina ni se encontraba anexada a alguno de los mi­nisterios. El Estado provincial ejercía sólo una función subsidiaria y solidaria hacia entidades particulares. En tal contexto De Zuasnábar regresa a la ciudad para trabajar en los hospitales públicos cuando hacerlo en el sector privado era más renta­ble. Sin embargo, uno de sus legados más importantes fue el Hospital de Niños, que se inauguró el 14 de julio de 1930. La labor que realizó en la década del 20 lo conceptuó como un médico capaz y por eso fue desig­nado director fundador de la que sería bajo su conducción una de las más prestigiosas instituciones del país.
Durante esa década había sido responsa­ble del único servicio municipal de niños de la ciudad hasta ese entonces y por lo tanto era conocedor de las dificultades délos esta­blecimientos de salud sostenidos por el era­rio comunal. Fue entonces que creó la Aso­ciación Pro Hospital de Niños. De Zuasnábar incorporó a la salud pública municipal el vo­luntariado social, y muy lejos de adoptar una política personalista y excluyente involucró en aquel proyecto, que le pertenecía desde su concepción, a la ciudadanía, a través del fomento de la solidaridad humanitaria.
De Zuasnábar no limitó su actividad a la dedicación que el Hospital de Niños le exigió por décadas. Militó en la Unión Cívica Ra­dical del Pueblo y participó en actividades culturales. Fue profesor en el Colegio Na­cional Ne 2, en el Liceo de Señoritas y en la Escuela de Servicio Social, y formó parte del núcleo de la Asociación Médica. Asimismo, fue presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, de la Sociedad de Pediatría, de la Sociedad de Médicos del Hospital de Niños y de la Asociación Pro Escuela Normal de Maestros.
Fuente: Extraído de la Revista del diario “ La Capital 140 “ de año 2007.

miércoles, 10 de agosto de 2016

TAMBEROS Y CARNICEROS



Hacia la década del 30, en la rama láctea, los tamberos de la zona Rosario — explotados por las usinas privadas— se constituye­ron en organizaciones de autode­fensa, que en su mayoría se in­tegraron con inmigrantes de ori­gen vasco.




La leche que enviaban al con­sumo urbano no era pagada a pre­cios justos y equiparables a los esfuerzos realizados. Los tamberos debían transportar la leche por su cuenta y riesgo; el transporte, transitado por precarios caminos de tierra, resultaba sacrificado y, por otra parte, el flete ferroviario tenía un costo demasiado alto.

Frente a este panorama, los productores convocaron a una reunión en la localidad de Roldan, el 30 de enero de 1935. con el objetivo inicial de conseguir el co­bro de su producción al contado, reivindicando asimismo el mejo­ramiento cualitativo y cuantitativo de la actividad laboral y, como era justo, un pago suficientemente ra­zonable para permitir ei incremen­to de la producción lechera y el mejoramiento de su calidad.

Al hacerse evidente la impor­tancia del accionar mancomuna­do, el 1# de marzo de 1939, surge formalmente la Sociedad Coope­rativa de Tamberos de la Zona Ro­sario (COTAR), a la sazón una em­presa de gravitación fundamental para los consumidores, que poste­riormente habilitó una usina pasteurizadora —técnicamente de pri­mer nivel— que aseguraría un pro­ducto de calidad superior acorde con las exigencias sanitarias más sofisticadas. Aquel nucleamiento inicial había hecho posible en 1935, por primera vez, la fijación del precio de la leche que se vendía a los establecimientos de creme­ría.

Corrían los primeros meses de 1936 cuando un grupo de carni­ceros consideró necesario, en de­fensa de sus intereses y el de los consumidores, crear una institu­ción que sirviera a tales fines. Lue­go de considerar las vicisitudes po­sibles, aquellos pioneros funda­ron, el 12 de agosto de 1936, la Cooperativa de Carniceros de Ro­sario. Después, y concretando un sueño de sus propulsores, en 1967 crearon un frigorífico regional, el primero en el país por sus carac­terísticas, ubicado en calle Lamadrld 139.

En 1382, con aportes bancos Provincial de Santa Udecoop Cooperativo Limitad entidad adquirió el predio perteneciente a la Corporación Argentina de Productores de Carne ocupando a más de 1800 operarios y realizando el 40 por ciento faenado en Rosario.

Otro añejo problema, que ; taba esta vez a los producto frutihortícolas de las quintas canas a Rosario, fue el de la comercialización de frutas y verduras. En una tentativa de solución se habilitó en 1918 el Mercado de Abasto, en la manzana delimitad por las calles Pasco, Sarmiento, Mitre e Ituzaingó, en pleno centro urbano. Por causas que resultan realmente difíciles de explicar mismo fue cayendo, poco a pe en una dejadez y falta de higiene notorias, al punto que en 1932 funcionaba en condiciones deplo­rables.

Por tal circunstancia, la Muni­cipalidad adquirió el predio del cuatro manzanas comprendido! entre Castellanos, Bv. 27 de Febre­ro, San Nicolás y vías del Ferroca­rril General Belgrano, real control geográfico de la ciudad. El mismo resultaba ideal para la instalación de un mercado de frutas y ver­duras porque tendrían acceso con mayor comodidad que en el an­terior emplazamiento no sólo los productores de la zona sino los de otras jurisdicciones vecinas. Signi­ficaba además, de hecho, la ruptu­ra del sistema instrumentado por la intermediación mayorista en de­fensa de su predominio en la plaza y sobre los productores, quienes al carecer de espacios físicos donde desplegar sus actividades caían, fatalmente, en manos de una in­termediación tan onerosa como parasitaria.

El 2 de diciembre de 1967, por último, se inauguró el llamado Mercado Cooperativo de Producto­res, con los aportes de la Coope­rativa de Horticultores y Fruticul­tores de Rosario Limitada, desa­rrollando hasta el presente un per­fecto contralor de precios y sani­dad de todos los productos que se comercializan en sus amplias ins­talaciones. Actualmente, se gestio­nó ante la Municipalidad la com­pra no sólo de los terrenos sino también de las estructuras exis­tentes, por parte de la cooperativa, existiendo asimismo un proyecto de la intendencia de subastar el Mercado, decisión que provocara dispares reacciones.

La década del 30 fue testigo de importantes emprendimientos co­operativos. El 16 de junio de 1936 se constituyó la Cooperativa de Electricidad y Anexos de Rosario, más conocida por la sigla CLEAR, que contaba con 15.360 socios cuando fue intervenida en 1952 por el ministerio de Industria y Comercio de la Nación.
Fuente: Extraído de la revista “ Rosario , Historias de aquí a la vuelta”. Fascículo N• 12. Autores: Héctor G. Deppeler – Ricardo Roccuzzo. Mayo 1991

martes, 9 de agosto de 2016

ESTAMPAS DEL PASADO

Cinco distintas razas de caballos — las aquí representadas en diseños— se destinaron en Rosario a arrastrar chatas de cuatro ruedas hasta el advenimiento del camión. Estos animales eran introducidos por casas mayoristas que transportaban cargas pesadas entre el puerto local y sus depósitos y almacenes.
Los más populares de estos equinos el percherón y el shire, empleándose este último, con doble yunta, para llevar carbón de piedra desde las carboneras de Refinería, actual Las Malvinas, hasta los establecimientos industriales de la ciudad que alimentaban sus calderas con ese combustible importado.

Largo tiempo y permanente publicidad demandó llegar a que la población consumiera leche pasteurizada. Avisos como éste, aparecido en 1923 en la "Revista de la Sóciedad Rural de Rosario", advertían sobre los peligros de consumir leche impura, Fernando R. Jacobsen fue a comienzos de este siglo uno de los primeros que pasteurizó leche. Tenía su "usina" en la calle Catamarca 1158 y en 1905, su producción era vendida en nueve lecherías situadas en distintos lugares de la ciudad.

El Palomar del parque Independencia se terminó de construir a comienzos de 1937 y el 11 de marzo de ese año llegaron a la estación Rosario Norte, en jaulas especiales, 1.400 palomas amaestradas destinadas a su habilitación. Cuatrocientas de esas aves eran de variados colores y todas procedían de una donación M encargado de custodiarlas en la avenida Costanera de Buenos Aires.

Hasta fines de la tercera década de este siglo eran poco menos que diarias las riñas a golpes de puño entre condiscípulos. Las querellas suscitadas en horas de clase o en los recreos, se ventilaban al terminar la jornada "a la vuelta de la esquina" o en baldíos cercanos. Si no había avenimiento entre los contrincantes, el combate a puñetazos comenzaba inmediatamente que uno de éstos mojaba el pabellón de la oreja al otro, o bien cuando el desafiado pisaba una raya trazada en el suelo por el retador. La pelea terminaba al perder sangre por la nariz uno de los contendores.

Abundaban aficionados al ciclismoa comienzos de la última década del pasado. Con los auspicios de la Amateur Athletic Association, el Rosario Athletic Club organizó carreras, entre ellas la denominada Jewell Cha llenge Cup que se corrió primera vez en 1892. Se disputó seis a seguidos obteniendo la Copa J. A. Grasso por haber resultado ganador en 1892, 1894 y 1897.


Antonio Berdier, comerciante de mediados de siglo, que en 1853 fue juez de comercio y síndico del Tribunal de Comercio e 1854, fue considerado el primer introductor de mercaderías de ultramar en Rosario En agosto de 1855 arribó al puerto loca una nave, de bandera norteamericana, que transportaba para su negocio tejidos de algodón, azúcar y maderas de pino.

Fuente: Extraído de la “Revista de Historia de Rosario” Año XIII N.º 27. Año 1975

lunes, 8 de agosto de 2016

EL FRIGORIFICO SWIFT



El Swift actuaba en la Ar­gentina desde 1907, como un desprendimiento del poderoso Beat Trust de Chicago. Los mata­rifes importantes de dicha ciudad

habían organizado un pool dentro de los propios Estados Unidos, cuya influencia se hizo evidente al punto de provocar la aplicación de una norma anti­trust, la llamada Ley Sherman.

Cinco grandes frigoríficos de Chicago maniobraban para evi­tar la libre competencia en los mercados de producción y con­sumo, con el fin de asegurar un reparto de altos beneficios. Ellos eran Armour, Swift, Morris, Wilson y Cudshy, que coordina­ban precios uniformes en la compra del ganado a los pro­ductores rurales, y en la venta de sus productos en el mercado interno.

Ante la aplicación de la men­cionada Ley Sherman, uno de ellos, el Swift, se instalo en la Argentina en 1907, siendo el primer frigorífico norteameri­cano en hacerlo; años mas tarde siguieron su ejemplo el Armour y La Blanca.

En 1918, el Swift organiza un nuevo rubro legal, la Swift Inter­national Sociedad Anónima Argentina, que vigilaba los intereses de la empresa y de sus subsidia­rias en Brasil, Paraguay, Uru­guay y Australia. Pese a la apa­rente división entre los intere­ses de la Swift &, Co. de Chicago y la Swift International de Bue­nos Aires, lo cierto es que la empresa de Charles y Harold Sw{ft mantenía el control tanto en una como en otra ciudad.


La instalación, del frigorífico en el Saladillo, en una zona no ganadera por excelencia (que imponía al animal el desplaza­miento al lugar de faena, man­teniendo las cámaras frigorífi­cas cercanas al transporte ma­rítimo) representó una estrate­gia americana en un ámbito de influencia británica. Con ello se quebraba un cierto equilibrio lo­grado por las potencias impe­rialistas a partir de la Conferen­cia de Fletes de 1915, que afir­mó la incorporación de capita­les de Estados Unidos en la Ar­gentina. En dicha reunión se coordinaron los intereses y ope­raciones de embarque de carnes hacia Gran Bretaña, siendo la expresión del entendimiento an­glonorteamericano que domi­naba la industria frigorífica.

Las nuevas técnicas introdu­cidas y la utilización de una flota propia permitió al Swift obtener menores costos y con ello margen para pagar mejores precios a los ganaderos argenti­nos, exigiendo una mayor cuota de participación en la exporta­ción de carnes.

El desequilibrio causado por la apertura de la planta indus­trial del Swift en Rosario, que ocupaba 65 Has., con cámaras frigoríficas que abarcan un edi­ficio de cinco pisos, faenando 600 cabezas diarias y dando ocupación a alrededor de 1600 obreros, se compensó con el le­vantamiento de la unidad del Dock Sud, en Avellaneda, por los británicos. Esto no significó un real ajuste de la influencia inglesa ya que los norteamericanos aplicaron técnicas expe­rimentadas ya en su mercado interno, que posibilitaban la producción del "enfriado" y de los elementos componentes del animal y productos derivados aplicados a la industria de la alimentación, química, etc., que no constituían actividades per­mitidas ni en los Estados Uni­dos ni en Inglaterra.

El procedimiento utilizado prefirió un determinado tipo de carne proveniente de animales de alta mestización: Shorton, Aberdeen Angus, Hereford, etc. Esta zona, centro vital de la economía agropecuaria del país, es por otro lado receptora natural (por la envergadura de sus operaciones) de la hacienda vacuna existente en la zona de la Mesopotamia, norte del Lito­ral, así como de gran parte de la Pampa húmeda.

El procedimiento exige, ade­más, especialización de pastu­ras, lo que incidió en la división del sector productor ganadero entre los invernadores, especializados en el engorde , ligados a los frigoríficos., y a los criadores, ­que proveían a aquellos hacienda, vinculados al interno, que no compartió» grandes beneficios obnidos por los primeros.
Fuente: Extraído de la revista “Rosario, Historias de aquí a la vuelta”. Fascículo Nº 15 de Julio 1991. Autores: Sandra A. Bembo-Nelly I. Sander de Foster – Marisa Richa

viernes, 5 de agosto de 2016

Cine Lucero y Cine Diana, las luces del Saladillo



Por Oscar Benito Ríos


Yendo hacia el sureste, por la que por ese entonces se llamaba avenida Luce­ro, en la margen derecha, se levanta­ban los famosos Baños del Saladillo, atravesados por el arroyo del mismo nombre, a través de compuertas, sobre enormes piletas de natación. El Saladi­llo, poco después, realizaba una larga curva que desembocaba en el río Para­ná. Uno de sus brazos llegaba por otra vía y desembocaba en el Paraná, frente al frigorífico Swift.

En la margen este, se levantaba un edi­ficio de ladrillos vistos, para mí, impo­nente: era el cine Lucero. Debía yo contar con nueve o diez años, cuando comencé a repartir volantes, casa por casa, lo que como retribución, me valía la entrada gratis al cine. El cine estaba enclavado en un predio con una especie de bosque y matorra­les que lo rodeaban y constituían nues­tro principal lugar de juegos infantiles. En la parte posterior había una espe­cie de basural de deshechos, trozos de películas, porque en aquellos tiempos, los films se "cortaban" frecuentemen­te, dando lugar a silbidos y griterías para que repusieran de inmediato la película de turno.

Yo, revolvía entre los deshechos y en­contraba cintas, a veces de dos o tres metros. Las enrollaba y conservaba, casi todas por muchísimos años, has­ta que, adulto ya, se perdieron en una mudanza.

El cine Lucero era también un casino y, cuentan que, en sus sótanos, existía una casa de citas, hecho que por mi edad, nunca pude confirmar. Un mal día, la picota. El cine fue de­molido para levantar en ese predio lo que iba a ser el Policlínico del Sindi­cato de la carne. Su estructura se fue levantando, pero, finalmente, sólo que­dó el "esqueleto" porque nunca llegó a concretarse la obra. En el lado opuesto, frente a la enorme rotonda donde finalizaba su recorri­do y doblaba de ida hacia el centro, el tranvía "11", lado suroeste, nacía un cine emblemático; el cine Diana. Cruzando la calle y la rotonda se ubi­caba el "Bar griego", muy famoso al igual que varios bodegones a lo largo de la avenida Lucero y cerca del frigo­rífico Swifft, con excelentes comidas para los parroquianos, marineros y gente del lugar.
Una farmacia emblemática: "la del rengo Fernández", se ubicaba al inicio de la calle Diana que hoy, se llama Lituania.

Se confunden un poco los recuerdos y las fechas, pero, de los años que inten­to recordar, el cine Diana era entonces regenteado por el señor Loria, un ca­ballero recto, muy apreciado y el señor ítalo Bigagli, maestro de la escuela 526 Provincia de Córdoba "mi" escuela, sita en calle Anchorena y la calle que nacía en avenida Lucero y Tupungato y moría en las puertas de la C.A.P. a cuyo lado, se encontraba la entonces comisaría 11.

Allí, junto a un querido amigo de la in­fancia, que me invitó a reemplazarlo, porque él deseaba embarcarse, que era su sueño, me convertí en bombonero y acomodador a tiempo completo: matineé, familiar y noche.
Trabajaba para Heladerías Noel, que nos suministraban un lindo uniforme y un apreciable descuento en todo lo que ofrecíamos: helados, bombones, cara­melos, chocolates, pastillas, etcétera. Allí pasé varios años felices. Almorza­ba muy temprano y regresaba a media­noche. Mi madre solía esperarme, con ojos de cansancio y sueño, con guisos de lentejas o mondongo, y cenábamos alrededor de la una de la mañana. Pos­tre: queso y dulce de batata. Recuerdo que limpiábamos el cine, entre función y función, con grandes escobillones, previo tirar por el piso aserrín mojado que dejaba los pisos limpios y brillantes. Entre intervalo y película - en ese entonces, tres pe­lículas por función- pasaban música de la mejor: tangos con la orquesta de Alfredo D' Angelis, fox trot, boleros y cuanta música de auge estaba en las disquerías de aquel entonces. Yo venía de las experiencias del cine Lucero, completando en el cine Diana los mejores recuerdos de famosos epi­sodios y películas: Mencionaré algu­nas de ellas sólo a título recordatorio: El famoso detective Dick Tracy prota­gonizando "Guardacostas, alerta" o" Dick Tracy contra el hombre invisi­ble", "Bill Elliot, el conquistador de las praderas", Bud Jones, Tim Mackoy."La ciudad infernal", "El tesoro de la isla misteriosa", Charles Starret, "Las aventuras de Búfalo Bill", "El arquero Verde", "La araña negra", "La sombra", "La sombra del escorpión", "El rayo de la muerte", "La mano que aprieta", "Las aventuras de Flax Gordon", "La invasión de Mongo", "Los tambores de Fu Man Chú, "El llanero solitario" episodios con los cuales años más tarde, se realizó un famoso concurso que consistía en descubrir quién de lo cinco llaneros que aparecían en la serie era el verdadero y tantos otros qu escapan momentáneamente a la memoria.
Asimismo, las películas de terror como "Drácula" protagonizada p Bela Lugosi, que se adueñó tanto del personaje que dormía en un féret especialmente acondicionado; Boris Karloft, protagonizando a Franskestein; Lon Chaney (h), como el lobo humano. Entre las de terror que se destacaron estaba "El profanador de tum­bas", por Boris Karloft y "La pavorosa casa de Usher", por otro maestro del terror: Vincent Price. Mi asistencia al cine, era perfecta, y todas las grandes películas, argentinas y extranjeras, desfilaron ante mis ojos. El cine Diana, un día nefasto para el barrio, cerró sus puertas. Felizmen­te, muchos años después, vecinos de la zona, gestionaron y lograron su reapertura. En horabuena.


Una historia que está en Internet
Las tareas de recuperación del cine Diana, luego de estar 34 años inactivo, en la esquina de Lituania y avenida del Rosario, fueron encarados por la Aso­ciación Cultural Amigos del Barrio Saladillo y no fueron fáciles, ya que la sala, que en todos estos años fue en general sede de comercios de distin­tos rubros, estaba muy deteriorada, se destaco en Rosario3. El cine Diana fue reabierto a través del programa Espa­cios Solidarios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), "haciendo realidad la recuperación de un patrimonio perdido durante déca­das en un barrio emblemático de la ciudad", informó ese organismo. El trabajo de los vecinos del barrio y la recuperación del cine Diana puede con­sultarse en las siguientes direcciones de facebook: www.facebook.com/video-php?v=224955300847870 o http://www.facebook.com/pages//BARRIO-SALADILLO/182855874532

La histórica sala fue inaugurada en 1943 en Avenida del Rosario 501 bis, y cerrada en 1972. La Municipalidad local, por su parte, aporta desde el año pasado el dinero para el alquiler del edificio. La sala cuenta con la pantalla que pertenecía al cine Broadway y se utiliza para proyecciones infantiles los sábados. El equipo que entregará el In­caa es desmontable y cuenta con un sis­tema de sonido, proyector, reproductor DVD, reproductor VHS, micrófonos y un "banner" con la identificación de Espacio Solidario. (Fuente Rosario3. com). Mención aparte merece la de­cidida actuación de Alfredo Monzón, (ver nota adjunta) técnico electromecá­nico, docente en el taller de la escuela para adultos que funciona en la Casa de la Cultura Arijón, en el corazón del Saladillo. Desde hace décadas trabaja arduamente en pro de la recuperación del Cine y de la historia de barrio. El portal de Monzón es http://barriosa-ladillo.com/portal/index.php/aportes/ alfredo-monzon.html





Fuente: extraído de la Revista “Rosario y su historia y región” Fascículo N• 102 de noviembre de 2011.

lunes, 1 de agosto de 2016

SALADILLO: UN BARRIO-CIUDAD





Como ningún otro barrio, Sala­dillo muestra situaciones contra­dictorias y opuestas: el río y la ciudad: canillas públicas al lado mismo del Paraná; zonas verdes estructuradas en amplias veredas y barrancas salpicadas de árboles; plazas delimitadas por calles prolijámente pavimentadas (O'Higgins y Las Heras) y sinuosas calles de tierra que orillan el antiguo lecho del brazo norte del arroyo y que denominadas Avenida Argentina y Avenida Fausta —esta última en homenaje a la esposa de Manuel Arijón, el pionero— se unen con pequeños puentes salvando el zan­jón que quedó de lo que fuera el arroyo.

Pero estas no son las únicas diferencias. También se verifican en las gentes que viven en el barrio, descendientes de los inmigrantes polacos, rusos, yugoslavos e italia­nos, y los nativos llegados funda­mentalmente de las provincias li­toralenses. Los primeros configu­ran el proletariado industrial y los segundos la permanencia de los antiguos oficios del rio. Extraña conjunción de mazurcas y de chamamés que mantienen vigentes a las culturas originales.

Si alguna de las calles orienta­das de este a oeste es recorrida desde Avenida San Martín —limite del barrio— hasta el río, se pueden reconocer los distintos sectores so­ciales que componen una ciudad: desde viviendas de varias plantas realizadas con materiales costosos hasta los ranchos de adobe sobre la costa del río; desde coches lujo­sos hasta los carritos tirados a ma­no; desde comercios sofisticados de electrodomésticos hasta la ven­ta de lombrices. Si la calle que se recorre es Anchorena se pueden ver árboles de naranjos cubiertos de fruta amarga... Porque todos los elementos presentes en una ciu­dad están en Saladillo.
Fuente: Extraído de la revista “Rosario, Historias de aquí a la vuelta”. Fascículo Nº 15  de Julio 1991. Autores: Sandra A. Bembo-Nelly I. Sander de Foster – Marisa Richa

jueves, 28 de julio de 2016

Pasaje al Barrio Saladillo: Cómo era viajar hacia allí en Tranvía, en 1911, según la Revista "Monos y Monadas"



  "¿Han ido ustedes al Saladillo? Pues bien, un paseo a esos hermosos sitios es algo delicioso. El N° 8 corre, corre pesadamente. ¡Es claro!

     No se sabe si lo que pesa más son los pasajeros o los despojos, detritus, polvo, cáscaras, etcétera, etcétera... Pero eso no es nada. Se toma el tranvía a las 4 p.m. Ha llovido la semana última. En algunos sitios del tránsito hay pantanos. Es una una familia entera que quiere bajar. Se contravienen las ordenanzas. Se para a mitad de la cuadra y lo que es más desolador, la pobre familia desciende del tranvía al barro. Se protesta. Es inútil. En fin: como la pileta está cerca...

     Son las 7 a.m. ¡3 horas de viaje de Rosario al Saladillo! Cómo que ha habido empalmes, cambios de tranvías, dos o tres veces, etcétera. ¡Oh, qué delicioso es un viaje al Saladillo!".

Extractado de la Revista "Monos y Monadas" -

 3 de diciembre de 1911, por


 Julio C. Zalazar.