Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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miércoles, 21 de mayo de 2014

EL DOCTOR ALEJANDRO ROBIOLO (1892-1941) Médicos Rosarinos



Por Sebastián Alonso

Alejandro Robiolo, nació el 18 de di­ciembre de 1892 en Armstrong, provin­cia de Santa Fe.
Era hijo de Pedro Robiolo (1), nacido en Envíe, provincia de Cuneo, Piamonte, y de María Bolatti, padres también de Cé­sar y Augusto Robiolo. Viuda, su madre se casó con José Sala Ayet y fueron pa­dres de Ernestina y Arturo Sala.
|Alejandro Robiolo realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Rosario. Se graduó de médico en la Universidad de Buenos Aires y fue practicante por concurso en el Hospi­tal de Niños de esa ciudad desde 1914 a 1917. Obtuvo su doctorado en Medi­cina en 1917 con su tesis "Tratamiento seroterápico de la poliomielitis anterior aguda en la infancia" y fue su padrino de tesis el doctor Alfredo Casaubón. (2)
Desde 1926 fue jefe de Pediatría del Hospital Italiano Garibaldi, y fue fun­dador del Sanatorio Plaza López, luego Sanatorio Plaza, junto con los doctores Juan Arnaldi, Raúl Parody, Santiago Giorgi, Silvio Francesio y Rolando Ri-nesi.jFue tesorero del Círculo Médico de Rosario y fundador de la Sociedad de Medicina del Hospital Italiano. (Fue uno de los fundadores, el 2 de abril de 1936, de la Sociedad de Pediatría de Rosario junto a Roberto Siquot, Isidro Slullitel, Eugenio Travella, Camilo Muniagurria, José Celoria, Ángel Invaldi, Clemente Imhoff y otros, institución de la que llegó a ser su vicepresidente.! Escribió varios artículos, como el escri­to con Eugenio Travella, "Anemia arre-generativa: agranulocitosis", publicado en "La Medicina Ibera" y en la "Revista Médica Latinoamericana". Robiolo era un amante de los idiomas y hablaba fluidamente alemán, francés, italiano, inglés y piamontés. Fue un gran cono­cedor de música y de ópera.f Practicó muchos años el golf en el Club Mitre de Pérez e inclusive, durante varios años, se disputó un torneo que llevaba su nombre estudiando Pediatría en Viena con el doctor Heinrich Finkelstein. Alejandro Robiolo se casó en Bue­nos Aires el 15 de marzo de 1919 con Blanca Rosa Rodríguez, nacida el 12 de octubre de 1898 cerca de la ciudad de Lujan (3), y fueron padres de Osvaldo Alejandro Robiolo, casado con Mar-tha Durand Palencia; Beatriz Blanca Robiolo, casada con Adolfo Rouillon Brusaferri y Jorge Alberto Robiolo, casado con Sheila Renison, todos con descendencia.
El doctor Robiolo residió primero con su familia en una casa de altos en Sar­miento y Rioja. Más tarde adquirió un terreno en la esquina de Rioja e Italia e hizo construir una casa, proyecto los arquitectos Tito y José Micheletti, que fue su residencia y donde tenía su con­sultorio particular, en calle Rioja 1791.1 (4) Inclusive contaba en el subsuelo con una habitación y baño diseñados para cortas internaciones de sus pacientes pediátricos.
Diez años antes de su fallecimiento su­frió un infarto agudo de miocardio, y fue asistido por el famoso profesor Pe­dro Cossio, que trajo a Rosario, para su asistencia, un electrocardiógrafo Siem-mens, uno de los primeros llegados al país. Superado el infarto continuó tra­bajando sin descanso hasta su súbita muerte.
Alejandro Robiolo falleció en Rosario el 17 de mayo de 1941 y sus restos des­cansan en el Cementerio El Salvador.(5)

Referencia

1-Pedro llegó a los 16 años ala Argentina con su hermano César y una hermana. Se estableció en Cañada de Gómez y luego en Armstrong donde instaló, en un cruce de caminos, un boliche y al­macén de ramos generales. Más tarde Pedro ad­quirió campos en la zona de Inriville y se dedicó a la actividad agropecuaria.
2-La dedicó a ¡a memoria de su padre, a su madre, a José Sala, a sus hermanos Augus­to, Ernestina y Arturo, a su cuñada Angela y a los doctores Patricio Fleming, Andrés Copello, Lindolfo Bellocq y Domingo Roca. Universidad Nacional de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Médicas, "La Ciencias", Buenos Aires, 1917. Í-Hija de Virginia Berra, docente y autora de un libro escolar de Historia Argentina y otro sobre mujeres argentinas. Virginia Berra, viuda de Rodríguez, luego casó con un señor Massey.

4-Esta casa fue adquirida por el doctor Enrique Bertotto y más tarde por el doctor Ignacio Jaira-la, ambos oftalmólogos.
5-El autor agradece al doctor Osvaldo Robiolo las fotografías y los datos aportados.

Fuente: Extraído de la Revista “Rosario, su historia y región”. Fascículo N• 125 de diciembre 2013.-

martes, 20 de mayo de 2014

LOS CASTELLANOS



El almacén de Lozano, en Laprida 1392, fue el escenario de los primeros encuentros de aquellos diecinueve castellanos que en los primeros meses de 1920 gestaron al que después sería el Centro Cas­ulla. Pero fue en la casa de Damián Alvarez, en Santa Fe al 900, donde el 20 de agosto de ese año se cris­talizó su creación mediante el acta fundacional de rigor. Desde enton­ces hasta hoy. prácticamente sin interrupción, la institución desa­rrolló sus actividades de la mano de todas las entidades de origen español.
Cuando sus recursos lo permitieron el Centro alquiló un local en Corrientes al 900 y muchos de sus asociados recuerdan aún la rea­lización de grandes bailes y de fun­ciones teatrales en aquel recinto. En la década del 30 se adquirió un predio en Ruiz Moreno y Pago Lar­go, en La Florida —por entonces zona de quintas y descampados—. al que denominaron Soto La Mon­cha, y actualmente todas las ac­tividades del Centro se llevan a cabo en esta sede social, que ya forma parte del paisaje y de la historia de ese centenario barrio rosarino.

Allí se levantan dos grandes construcciones: el viejo salón y el nuevo e imponente "Cervantes", totalmente vidriado, con el rio Pa­raná como presencia inmediata y en cuya costa se construirá pró­ximamente el balneario propio. En el Soto se hacen deportes, vida social y se accede a la biblioteca "Pedro Diez", que con sus 1000 volúmenes recuerda con su nom­bre al español que donara la mayor parte de dicho patrimonio biblio­gráfico.
En el año, hay dos fechas im­portantes para los castellanos y sus descendientes: el aniversario de la creación del Centro y la que recuerda al españolíslmo entierro de la sardina. La primera se festeja con una gran paella a la castellana. La segunda imita a los españoles mediterráneos, que a falta de sar­dina para enterrar, queman un muñeco el martes anterior al Miér­coles de Ceniza. Con ello se da por terminado un período de fiesta pa­ra comenzar otro de contricción.
El Centro Casulla cuenta hoy con cerca de 700 socios, de los cuales menos de un centenar son castellanos, y se enorgullece asi mismo de su cuerpo de baile, que resguarda y mantiene la tradición de sus danzas populares, las de la tierra inmortal del Quijote.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la Vuelta.  Fascículo nº 13  Junio  1991. Autor: Hilda Habichayn.

lunes, 19 de mayo de 2014

EL DOCTOR ANGEL F. LINARES (1877-1923) Médicos Rosarinos



Por Sebastián Alonso

Ángel Florencio Linares nació en Bue­nos Aires el 24 de mayo de 1877 y fue bautizado en la Iglesia de San Nicolás de Bari el 15 de diciembre.;Era hijo de Georgino Linares y de Estaurófila Fer­nández. Georgino Linares había naci­do en 1855 en Paraná donde su padre, Juan Antonio Linares fue edecán del general Justo J. de Urquiza hasta 1859. Georgino Linares se trasladó a Rosario en 1880, viudo y con su pequeño hijo, donde fundó una empresa dedicada a la distribución de diarios y revistas e importación de libros llamada "La Li­teraria" o "Empresa Linares", que llegó a liderar en este rubro; y también fue concejal de la ciudad. Ángel F. Linares fue practicante interno menor y mayor del Hospital del Norte de Buenos Aires entre 1901 y 1904. Se graduó como doctor en Medicina egre­sado de la Universidad de Buenos Aires en 1904, con su tesis "Equinococus de la pleura", siendo su padrino de tesis el doctor Gregorio N. Cháves.(l)
Se dedicó a la docencia y fue profesor del Colegio Nacional de Rosario, profe­sor de la Escuela de Parteras y profesor de Clínica Obstétrica. Fue socio funda­dor del Círculo Médico de Rosario en 1910. entidad que precedió once años a la fundación de la Facultad de Medici­na. Fue director del Hospital Intendente Carrasco de Rosario entre 1915 y 1918.1 Durante su dirección, el 2 de septiem­bre de 1917, se inauguró la sala "Her­mana Superiora Faustina Sanguinetti", destinada a enfermos de tuberculosis.' Fue el primer secretario técnico de la Facultad de Medicina de Rosario, en el año 1920. A fines de octubre de 1921 el doctor José Benjamín Ábalos. en ejer cicio del decanato de la Facultad, lo nombró Secretario Organizador de la Facultad de Medicina de Rosario.
Fue el primer director del Hospital Na­cional del Centenario desde su inaugu­ración el 12 de abril de 1922, cuando se habilitaron algunas salas y consulto­rios, hasta su fallecimiento en 1923.
Aficionado al remo, estuvo en 1913 en­tre los fundadores del "Rosario Rowing Club", creado por la fusión del Club In­ternacional de Regatas Alberdi (nombre del ex Rowing Club del Rosario, llama­do así desde su origen en 1887 hasta 1897) con el Club del Progreso, el que aportó treinta y un socios y un capital de $ 26.183,20 a la naciente institución. ( Ángel F. Linares se casó en Rosario el 14 de septiembre de 1907 con Paule Marie Bertolotti, nacida en Niza, Fran­cia, el 4 de abril del883 y fallecida el 23 de septiembre de 1952, hija de los ita­lianos Giovanni Pietro Bertolotti, y de Margherita Cassini. Fueron padres de Ángel, casado con María Esther Araya; Armando, casado con Bertha Neumann y Juan Carlos, casado con Lucrecia Ca­sas, todos ellos con numerosa descen­dencia. Tuvo dos hijos más, el segundo y el cuarto, ambos llamados Georgino, que murieron uno siendo niño y el otro a los 19 años.! Uno de sus nietos, Juan Carlos Linares Casas, cardiólogo y dos bisnietos, Jimena y Alejo Linares Ca­sas, ginecóloga y otorrinolaringólogo respectivamente, han seguido los pasos del doctor Linares en la Medicina en la ciudad de Rosario.
Ángel F. Linares falleció en pleno de­sarrollo de su prometedora carrera a los 46 años en Rosario, el 17 de enero de 1923 y está enterrado en el panteón fa­miliar del Cementerio El Salvador. | En las Memorias del año 1922 y 1923 elevadas por el decano de la Facultad de Medicina Dr. Rafael Araya, se re­cuerda al doctor Ángel F. Linares y su obra "cuyo concurso en la organización de esta Casa le hicieron digno del pres­tigio y la consideración a que se había hecho acreedor y que hará perpetuar su memoria en el espíritu de todos los que fueron sus compañeros de tareas".(2)

Referencias
(1)Linares, Angel F. "Equinococus de la pleura", "Las Ciencias", Librería y Casa Editora de Nicolás Maraña, Bue­nos Aires, 1904. Dedicada a la memoria de su madre, a su padre y a su segunda madre, María Merello de Linares.
(2)Facultad de Ciencias Médicas, Farma­cia y Ramos menores, "Memoria corres­pondiente a los años 1922 y 1923, elevada por el decano Dr. Rafael Araya", Rosario, Talleres Romanos, mayo de 1924.


Fuente: Extraído de la Revista “Rosario, su historia y región”. Fascículo N• 125 de diciembre 2013.-

jueves, 15 de mayo de 2014

TIEMPOS DUROS



   La  crisis de los años 30, dramáticamente reflejada en la li­teratura y en la música popular de aquella época, también puede ser trasladada hasta Rosario, te­niendo como actor a un hombre joven, y una fonda de la calle Ri-vadavia como mudo testigo.
   En otros tiempos, el periodis­mo trataba de reflejar la realidad con un estilo propio y hubo perio­distas en Rosario, que hacían ga­la de sus condiciones literarias, alejándose del lenguaje neutro y burocrático que suele invadir al­gunas secciones de los diarios.
    La crónica policial apasionaba a los rosarinos, y los judíos de Rosario, seguramente se mostra­ron muy impresionados con la si­guiente noticia:
"Se quitó la vida en una fonda un hombre sin recursos. En las primeras horas de la noche ante­rior en una fonda de la calle Riva-davia 2451, se alojó en una pieza por la modesta suma de 60 cen­tavos, Luis F. Goldenberg, ruso, de 29 años, soltero, empleado, sin domicilio.
Horas antes, Goldenberg ha­bía almorzado en otra fonda de la sección novena y como carecía de dinero para abonar el gasto se le hizo arrestar. Más tarde, en ra­zón de las explicaciones que diera acerca de su afligente situación, las autoridades de aquella depen­dencia lo pusieron en libertad.
    En una tarjeta que dejó escri­ta, Goldenberg solicita que una canasta con ropas de su propie­dad sea enviada a su padre, do­miciliado en la Capital Federal en el barrio de Floresta, calle Cervantes 4519", finalizaba la trági­ca crónica del Diario "La Capital" del 20 de junio de 1931.
Hubo otros suicidios que impactaron a la sociedad rosarina de la época, que seguramente fueron generados por dificultades económicas; entre ellos, Salomón Milman y su esposa se suicidaron en su panadería de la calle Entre Ríos 1999. Milman era muy estimado en la colectividad judía ya que había sido presidente de la Cooperativa Popular de Créditos Mutuos. Estos hechos tienen un mero carácter anecdótico, mas allá de la tragedia" real que reflejaron.
La colectividad judía sufrió las vicisitudes de toda la población rosarina y afrontó los tiempos di­fíciles con trabajo y creatividad.
Nuevas oleadas de inmigran­tes llegaron a Rosario después de la primera guerra mundial, y la comunidad se consolidó llegando a tener un peso que no pasó de­sapercibido. El historiador de Ro­sario, Juan Alvarez, al analizar el censo Municipal de 1926, dice que "...40% de los vecinos son nativos de Rosario y en materia de extranjeros hay novedades, pues si los italianos mantienen todavía el primer puesto y los es­pañoles el segundo, ocupan el tercero los judíos rusos o pola­cos" (Alvarez, Juan: "Historia de Rosario" -Imp. U.N.L. Santa Fe-1981).
Rosario tenía en aquel año 407.000 habitantes, casi el doble de los 220.000 que vivían aquí en 1914. En aquella ciudad en cons­tante crecimiento, surgen nuevas actividades; algunas de éstas fue­ron iniciadas por los pequeños comerciantes que vendían merca­derías a plazos.
Los vendedores domiciliarios, los "cuentenikes" como se llama­ban en un lunfardo "idish", reco­rrieron todos los barrios y todos los rincones de la ciudad, ven­diendo a los sectores más humil­des artículos para la familia y el hogar, a los que de otro modo no hubieran podido acceder. Con el sistema de venta a plazos, popu­larizaron la compra a crédito y la necesidad del ahorro.
Los "cuentenikes" realizaban compras comunes a través de una organización que fundaron en el año 1924, la Cooperativa Mutual Fraternal. Otra actividad realizada por el gremio textil, fue la fabricación de gorras. Desde los niños pequeños hasta los an-cíanos, en invierno y en verano, los rosarinos tenían la costumbre de ir con la cabeza, cubierta. El gremio de los gorreros impulsó la creación del Banco Comercial Is­raelita, con un espíritu cooperati­vo. A través de los años mantuvo su conducta y es el puntal de la colectividad en Rosario, destinan­do sus utilidades a obras de bien público.
En esta reseña, no podemos dejar de mencionar "la calle San Luis". Esta arteria comercial se fue formando con tiendas, merce­rías y casas de confecciones, has­ta formar un centro de distribu­ción comercial de enorme impor­tancia en el país. En la calle San Luis, árabes y judíos protagoniza­ron una larga historia de amistad y armonía.
En los lejanos y duros tiem­pos, muchas cosas se construían en Rosario con el afán de dejar un testimonio de la presencia de hombres humildes en esta ciudad de trabajo, y el símbolo de la co­munidad fue el templo y local so­cial de la Asociación Israelita de Beneficencia en la calle Paraguay 1152. Inaugurado el 12 de marzo de 1933, la construcción del mo­numental edificio llevó casi ocho años. El empeño de aquellos pio­neros visionarios, pudo más que las dificultades derivadas de la crisis de los años 30. El presiden­te de la institución en aquel pe­ríodo, fue don Salvador Naidich.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la Vuelta.  Fascículo nº 24  de noviembre 1993. Autor: Luis Gerovitch.





miércoles, 14 de mayo de 2014

PROTESTAS Y ENFRENTAMIENTOS



Por Rafael Ielpi

   El año de la Revolución Rusa iba a tener dos momentos de ten­sión en Rosario: el derivado del tema de la neutralidad argentina en la guerra y las consabidas huelgas obreras, ambos con picos máximos entre agosto y septiembre de 1917. Aquel año, consigna Hugo del Campo, la desocupación llegó a afectar a más de 450.000 personas o sea el 19 por ciento de los trabajadores y, aunque sin alcanzar esos niveles, era una de las características permanentes del sistema. Si las diversas formas de trabajo se veían relacionadas con el hilo rojo de la explotación, algo unificaba las variadas formas de vida de los obreros en todo el país: la miseria. Esta se manifestaba, aunque con distintos rostros, en todas partes y era la compañera inseparable de la población trabajadora.
La ola de huelgas en la ciudad se relacionó, sobre todo, con las quejas de los ferroviarios, en especial, y de los tranviarios, por mejo­res salarios. El 12 de agosto, grupos de obreros del Central Argentino, acompañados por civiles hombres y mujeres, y en algún caso parti­cular por menores de ambos sexos que se instalaban sobre las vías para obligar a la detención de los trenes, logran ese propósito con varios convoyes, destruyendo y quemando varios vagones, según la cró­nica periodística.
La noticia provoca la consiguiente reacción oficial: el Jefe Político pide al gobierno provincial el envío de tropas nacionales por ser ello imprescindible. Se le informa que el Regimiento 11 de Infantería dis­pone de 400 hombres que pueden ocuparse de reprimir a los huel­guistas mientras circulan rumores de que lo propio haría el 5o de Infantería con asiento en San Nicolás. La continuidad del movimiento de fuerza de los ferroviarios hace que pocos días después se movilice este último cuerpo de ejército junto al 8o de Caballería, que llegan a Rosario para sumarse al escuadrón de seguridad local.
El 16 de agosto, en el Cruce Alberdi, los policías montados protagonizan un enfrentamiento sangriento. Sin que mediara pro­vocación alguna, llevando por delante con sus caballos, atropellan y golpean con sablazos a cualquier persona que encuentran en su ca­mino, llegando a perseguirlas aun dentro de sus domicilios. Los agen­tes que, según hemos podido comprobar —-dice La Capital— estaban ebrios, descargaban sus revólveres y con sus sables apuñaleaban con ensa­ñamiento a obreros indefensos que huían para ponerse a salvo de las iras de la soldadesca...
La huelga dura sin embargo casi dos meses, con episodios como el relacionado con el tramo o cruce de rieles existente a la altura de Bvard. 27 de Febrero, en el encuentro de las vías del FC. Central Córdoba y Rosario y el Central Argentino. La Capital comentaba el hecho, que no dejaba de tener su misterio: Dicho cruce, que debe pesar varias toneladas, fue arrancado de su sitio y no se ha podido dar con él por más que se buscó en todos los alrededores próximos. Esta desapari­ción es tanto más original por cuanto no se concibe que se hayan entretenido en desarmarlo en el mismo sitio en que se encontraba y no se alcanza tam­poco (a determinar,) la forma como lo han hecho desaparecer o lo han trans­portado. Ardides y medidas de fuerza de un gremio combativo como pocos que asistiría, el 20 de agosto, a la reapertura de los talleres del Central Argentino en Rosario y en Pérez, lo que significaba el fin de otra huelga.
A mediados de septiembre, se produce otro paro del gremio, esta vez generado por los obreros del Ferrocarril Provincial a Santa Fe, que tuvo el carácter de rápido y violento, como lo definiera la prensa. La cesantía de cuatro obreros fue el detonante de la medida de fuerza, que impidió la salida de los trenes a la capital provincial y tuvo como colofón el incendio de un gran lote de cerca de 200 vagones cargados con leña, carbón, algodón y otras mercaderías, estacionado en Sorrento.
El mismo día, 12 de septiembre, los tranviarios se constituyen en asociación gremial y redactan el petitorio a la empresa de tranvías eléctricos; el mismo exigía aumento de salarios, jornada de 8 horas de trabajo y pago de las horas extras que se trabajasen; pago al obrero de los días no trabajados por causa de accidentes; un traje cada seis meses para los guardas y motorman; un sobretodo cada dos años; no expulsar a trabajadores sin causa justificada y reconocimiento del nuevo gremio.
Como era previsible, la falta de aceptación del pliego da origen a jornadas tensas y enfrentamientos entre trabajadores y policías y soldados que tienen en vilo a la ciudad, mientras llegan refuerzos: Los 300 hombres que trajo el de Infantería a las órdenes del comandante Brusa tomaron posesión de la estación Central Córdoba y diversas dependencias de la empresa. Los 130 del 12 de Infantería acamparon en el cuartel del Regimiento 11, en Sorrento y fueron comisionados a cuidar la zona norte, donde hay dependencias del Central Córdoba. Los 100 hombres de mari­nería que llegaron de Zarate al mando (lo que parecía una cruel humo­rada) de un mayor de apellido Palizza, fueron destinados a la estación de la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires y sus inmediaciones. En resumen, hay 700 hombres de línea prestando servicios en las estaciones ferroviarias donde hay huelga o donde está a punto de pro­ducirse, precisa La Capital el día 16.
Los tranviarios, por su parte, no se quedaban de brazos cruzados: el 14 salen a calle y realizan un raid punitivo contra la empresa. Un grupo numeroso de tranviarios salió del local de Brown y Suipacha dando vivas a la huelga y en tono amenazante, en su mayoría provistos de palos y trozos de hierro. En la esquina de Jujuy y Ovidio Lagos hallaron su primera víctima: un tranvía que pasaba fue detenido y destrozado y lo mismo ocurrió con la mayoría de los coches que circulaban tanto por Avda. Wheelwright, Ovidio Lagos, Presidente Roca, Sarmiento, Córdoba, Pichincha, Cafferata, Avda. Pellegrini, etc., es el resumen que el diario fundado por Ovidio Lagos hace de la jornada.
El saldo de esos días inquieta a todos: paralización del transporte, obreros detenidos y encarcelados, contusos y heridos. Los obreros del ferrocarril de la Provincia de Buenos Aires, los del Central Argentino, los del Central Córdoba, recomienzan sus protestas mientras se suman los de las fábricas de tejidos, de alpargatas, de la yerbatera de Estévez, pescadores y palanqueros, estibadores. La ciudad es un hervidero de sol­dados y trabajadores y los hechos sangrientos no tardan en producirse.
Entre el 18 de septiembre y los finales de octubre de 1917, las jor­nadas fueron de zozobra y temor en la población. El día mencionado, los tranvías salen de la estación terminal custodiados cada uno por dos soldados de línea provistos de máuser y bayoneta calada, mientras en las inmediaciones de la misma se reúnen los huelguistas y mezclados con ellos, mujeres y niños. Como sucedería cientos de veces después, no falta el comentario periodístico que intenta desnaturalizar el movi­miento: Parece evidente que en esta gran agitación obrera hay muchos ele­mentos extraños a los trabajadores, que se consideran los causantes principales de lo que ocurre: se está investigando...
Una crónica de La Capital del mismo 18 de septiembre ilustra vividamente el clima de esas jornadas: En el primer vehículo, al salir, iba el Jefe Político señor Noriega; los huelguistas empezaron a dar gritos hostiles a los conductores y luego los más exaltados arrojaron algunas piedras, actitud que dio lugar a que el señor Noriega procediera a despejar ese punto debiendo sostener, varias veces, una verdadera lucha cuerpo a cuerpo con numerosas muje­res que gritaban desaforadamente, enarbolando palos de toda clase, de los cua­les se hallaban provistas. En otro caso, las mujeres se situaron en las vías, para impedir el paso de los coches, pero como notaron resolución por parte de los con­ductores, todos guardas y motormans que han quedado fieles a la empresa, y por parte de los soldados, debieron abandonar sus propósitos, que pudieron resul­tar desgraciados...
El coronel Marcilessi, comandante de las tropas asignadas para reprimir el movimiento, no era ciertamente hombre de andarse por las ramas: Entiendo que la situación es relativamente grave. Ya no se trata de uno o dos gremios; hemos llegado al punto que no podría precisar muy fácil­mente cuántos son los gremios en huelga. Aun cuando las cosas se agraven, con los 380 hombres que llegarán esta noche (200 de marinería y 180 de caba­llería) tengo suficiente para responder a cualquier eventualidad. ¿Las instruc­ciones? Son como deben ser: primeramente haré uso de toda la benevolencia posible; si no se me atiende, apretaré un tanto, y si finalmente se atropella con todo, en ese caso llegaré hasta los extremos durísimos, dice en un reportaje.
Por si fuera poco, los panaderos entran en conflicto y se pro­ducen tiroteos en "La Europea", la panificadora más importante de la ciudad, al llegar desde Buenos Aires un contingente de panade­ros contratados por los Cabanellas, dueños de la firma, para traba­jar en lugar de los huelguistas: los conocido "carneros". La Capital opina: Puede decirse que estamos en pie de guerra. Anoche, todas las vigi­lancias especiales lo han sido con rémington y máuser. Se vigila en especial las panaderías.
En el período mencionado, a la huelga iniciada por ferroviarios y tranviarios se suma la de los metalúrgicos, obreros de aserraderos, portuarios y jaboneros, mientras esa misma situación se reitera en todo el país, con movimientos similares en Córdoba, Entre Ríos, San Juan, Tucumán, Santiago del Estero y Capital Federal. El 21 de septiembre, Bautista Franchini, un soldado de guardia en Alem y las vías del ferro­carril, que custodiaba un galpón, es apedreado por seis o siete perso­nas, a las que balea con disparos de máuser que hieren gravemente a Pascual Pajón, un ferroviario de 36 años. En los portones del Central Argentino, en Avda. Alberdi, los obreros que iban a ingresar a su tra­bajo, apedrean a un tranvía de la línea 5 que hacía el recorrido con conductores "carneros" custodiados por soldados. Uno de éstos, del 12 de Infantería, responde a tiros hiriendo a dos trabajadores.
Los obreros ingresan entonces al Salón Ariossi, ámbito habi­tual de sus reuniones y mítines, adonde llega a desalojarlos el escua­drón de seguridad, que es recibido a balazos. El parte periodístico es suficientemente claro: Resultaron heridos dos obreros: José Ratti, ita­liano, y Jacinto Raggi, turco. Los primeros heridos que fueron llevados a la Asistencia Pública eran Pedro Mena, español de 36 años, con un tiro de máuser en el estómago con salida por la espalda, fallecido a la 1.15 de la tarde y H. Gaad, inglés de 29 años, con un balazo de máuser que lo atra­viesa de hombro a hombro. En otro enfrentamiento resultó herida de rebote una niña de 13 años mientras por vía fluvial arribaban 100 hombres pro­cedentes de Paraná.
Mientras la huelga se extendía pronto por el país y en San Francisco, Córdoba, el ejército y los obreros se enfrentan a tiros, muriendo uno de estos últimos, Pedro Stuardi, en Rosario la sangre también llegaba al río: en el cruce de las vías del Central Argentino con el Ferrocarril de Buenos Aires, un centinela dispara contra el ferroviario Martín Revecchi, italiano, de 28 años, y lo mata. Los tranviarios, por su parte, persisten en el movimiento de fuerza y se producen diariamente cho­ques entre huelguistas y "carneros", en muchos casos a palos, en otros a tiros y cuchilladas. La intervención de la FORA y el socialismo hace que el conflicto se propague a otros gremios, como los cocheros.
El 24 de septiembre, se reciben noticias alarmantes desde Mendoza y Córdoba. La información de La Capital es estremece-dora: Un enfrentamiento entre alrededor de 1000 huelguistas, precedidos por grupos de mujeres, y conscriptos que custodiaban la estación del Ferrocarril Trasandino, derivó en una tragedia cuando éstos abrieron fuego sobre la mul­titud, ocasionando varias muertes... Una confusión indescriptible siguió a los primeros disparos, pues los huelguistas, a pesar de la actitud belicosa, no se imaginaban que iban a ser blanco de las balas de los conscriptos. Tan pronto como el grupo formado por ellos se desbandó pudieron apreciarse los efectos del tiroteo: esparcidos por el suelo y debatiéndose en medio de agudos dolo­res y grandes manchas de sangre, yacían los cuerpos de varias personas, entre ellas los de tres mujeres, de las que precedían a los huelguistas, dos de las cua­les quedaron muertas en el acto.
Dos días después se conocen los nombres de las víctimas, Josefina Biandani de Gómez, casada, con dos balazos en el pecho y uno en la cabeza, y Adela Montana, soltera, con un tiro en la cabeza. Los heri­dos son en realidad 19 y no 17, como informaran las autoridades inicialmente. El secretario de la Federación Ferrocarrilera, Juan Iglesias, es detenido, y se entregan a los obreros los cuerpos de las dos mujeres, a los que se agrega el de Doroteo Elortondo, español, uno de los heri­dos que falleció poco después del tiroteo. El Centro Socialista mendocino, en un documento, previene: Se ha fusilado al pueblo indefenso, que se había reunido en la calle Belgrano sin propósitos hostiles y lo que ha ocurrido no debe extrañar pues ya estaba resuelto, toda vez que el Jefe de Policía había declarado días antes que acribillaría a balazos a los huelguistas en cuanto empezaran a molestar...
De la capital cordobesa, simultáneamente, llegan las noticias de otros tiroteos entre las tropas nacionales y los huelguistas, que arrojan como saldo varios heridos. En Buenos Aires, por su parte, se ordena que los acorazados "San Martín" y "Belgrano" permanezcan con los fue­gos encendidos para poder entrar a la dársena a la primera orden y tener dis­puestas sus tripulaciones por si fuera necesario desembarcarlas con motivo de las huelgas, mientras otros buques de guerra se encuentran en el antepuerto prepa­rados para entrar en acción.
Entre el 24 y el 29 de septiembre, los huelguistas, a los que se habían agregado los obreros de la Refinería, siguen sufriendo una durísima represión: el 26 es muerto a balazos Paulino Medeiro, en la esquina de Iriondo y 3 de Febrero; el 27,Víctor Ballesteros, un espa­ñol de 27 años, es detenido en las inmediaciones de la estación de Barrio Belgrano por un centinela que pretende llevarlo detenido y
que, ante la resistencia del obrero, lo mata de un balazo en el pecho. Poco a poco, cerca de fin de mes, comienzan a prestarse algunos de los servicios paralizados largo tiempo, como el de los tranvías, mientras vuelve a ser normal la producción de las panaderías, hasta entonces más que escasa por el conflicto, y se reanuda el expendio de leche.
Los ferroviarios, por su parte, negocian con el gobierno nacio­nal, entre conciliadores e intransigentes, y el servicio de trenes se man­tiene semiparalizado hasta casi los últimos días de octubre, cuando se acuerda el cese de la huelga. El 19, los obreros del riel regresan al trabajo en las diferentes empresas, mientras el gobierno autoriza el aumento de las tarifas ferroviarias para compensar a aquéllas los aumentos de salarios y el costo de las pérdidas producidas por la para­lización de los servicios.
José Negri, un malagueño que había arribado al país en 1905 portando su carnet de afiliado al Partido Socialista Obrero Español fundado por Pablo Iglesias y que bien puede ser incluido en la nómina de los fundadores del gremialismo obrero en la Argentina, sería uno de los principales dirigentes del movimiento de protesta de los ferro­viarios rosarinos, en los albores de una militancia que recién conclui­ría con su muerte en 1971.

A mediados de 191 7 se declararon en huelga los talleres ferroviarios de Rosario y el movimiento se propagó a otras regiones. José Negri dirigió el conflicto oculto en Villa Diego, pueblo cercano a la gran ciu­dad santafesina, llegando a paralizar durante veinticuatro días a los tre­nes y alterando la vida económica nacional. El gremio tuvo que sopor­tar el sacrificio de numerosas vidas a causa de la represión, pero luego de laboriosas tramitaciones con el gobierno, los ferroviarios volvieron al trabajo, con la mayor parte de sus aspiraciones satisfechas, merced a la huelga de los veinticuatro días como la denominó el gremio, y la cabal comprobación de que las compañías extranjeras no iban a manejar más a su arbitrio a ese sector de los trabajadores argentinos. De esa manera se redujo la inhumana jornada de trabajo de muchos miles de obreros, se desterró el sistema de multas que habían impuesto las empresas y, principalmente, se consolidó la solidez del gremio.
(Oscar Troncoso: Fundadores del gremialismo obrero, Centro Editor de América Latina, 1983)

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame”  Tomo II Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones
 

martes, 13 de mayo de 2014

ECOS Y TESTIMONIOS DECO-ROSARTNOS



Obviamente, el estilo llegó a la Argentina, y según coincidencia en varios autores, lo hizo de la mano de Alejandro Virasoro, importante arquitecto nacional que se adscri­bió al movimiento como "primera cabeza", dejando en Buenos Aires verdaderos mojones en la materia: el cine "Capítol", el "Banco Hogar Argentino", "La Equitativa del Pla­ta" y la casa Ganduglia, más la suya propia, ambas al 2000 de calle Agüero, todas levantadas en los últimos años veinte.
Virasoro aporta en Rosario con sus obras, como la de Urquiza casi Oroño, con fachada contenida en el uso de los motivos pertinentes, más un conjunto de casas-habitación en la esquina noroeste de Av. Francia y Córdoba con cerca de diez construcciones que toman un importante número de metros por ambas calles, con independencia de uso entre ellas, e inscribiéndose en el típico terreno entre mediane­ras. Todas hacen gala de una li­bertad en el uso de los elementos decorativos, con disposiciones dis­tintas y variaciones de orden que dan frescura al conjunto con notorio gesto afirmativo en el armado de la Cuadra. Todavía echan sombra so­bre el suelo.
Un paréntesis en la considera­ción del caso local, obliga a desta­car que al Igual que el art nouveau, el decó tuvo distintas denomina­ciones para una misma idea: "Modemistic", "Aztec airways" (denota influencia americanista y movimiento a través del avión), "Jazz ornament", "Jazz modern". Una expresión típicamente porteña y tanguera, identifica al art decó en Argentina: "estilo gomina", de la que no puede estar ausente -cuan do no- la figura del Zorzal Criollo. El Gardel de sonrisa brillante, en el aura del cabaret de "Tango Bar" es una figura que se hermana con las "Rubias de New York", adorables criaturas perfumadas, con sus boquitas pintadas. También la casa Hónner de Alemania contribuyó al "estilo gomina" con miles de ban­doneones marca Tango", con decoración de nácar incrustada en la madera, a través de círculos y cuadrados triangulados por diago­nales, sometidos a giros de noventa grados, que los adscriben de lleno al estilo. Son imágenes decó del más pícaro y criollísimo tenor pampeano-argentino.
Una situación a laque Rosario no puede sustraerse, es la reacción local contra ciertos excesos del eclecticismo, más la anexión al modernismo europeo, o a la versión vernácula de Ricardo Rojas a tra­vés de su conceptualización de "Eurindia" (lo que no exime de una paradoja, ya que Ángel Guido, uno de nuestros acervos adherentes en el área de la arquitectura, cayó tentado, al menos en dos testimo­nios que serán tratados luego, aun­que bueno es reconocerlo, lo hizo con aplicación de motivos america­nos).

Triunfó el art decó, y entonces los rosarinos tuvieron su momento correspondiente, que arraigó mo­mentáneamente con mayor pro­fundidad, a pesar que la ortodoxia del Movimiento Moderno ya co­menzaba a echar raíces en el país.
La ciudad no escapa tampoco aquí a su "tradición fachadística". El art decó sentó reales especial­mente en el rostro exterior de los edificios, lo que no exime de contar entre nosotros verdaderos monumentos que Incluyen en sus inte­riores tratamientos totalizadores o acentos puntuales importantes en la lectura de los espacios.
Los viejos números de "Edilicia" y "El Constructor Rosarino" dan cuenta de las adhesiones y pro­puestas urbanas popularizadas fundamentalmente en base a una interpretación directa y aplicación casi textual de lo que llegaba en los catálogos de los centros extranje­ros de gestación y una agilidad adquirida en el manipuleo formal y distributivo de los elementos, que aseguraban el ingreso al mundo moderno a través del estilo. Y esto no ocurrió solamente con las cons­trucciones nuevas...
La tienda "A la ciudad de Roma" que estaba ubicada en la esquina sur-oeste de San Juan y San Mar­tín, dada su importancia, ilustraba postales de uso turísticos dedicadas al Rosario de las primeras décadas del siglo, con su frente de fábrica de ladrillo bruto, sin revoque, en len­guaje italianizante con fuerte mo­dulación de aberturas, frontis so­bre ellas, cornisa de remate con balaustradas y pilastras marcando el ritmo de fachadas. Años des­pués, desaparece dicha piel y nace "un nuevo mensaje cutáneo" con adscripción al revoque general, aparición de balcones redondeados y barandas cromadas, desapari­ción de frontis y cornisas y acepta­ción de ideas de "vibrato", parale­lismo lineal y acentos propios del art decó, comprobable aún hoy, ya que la construcción está destinada a comercio y viviendas, pero con testimonio urbano de haber adhe­rido "a lo moderno* entre los años 30 y 40.
Se puede entonces descubrir en nuestra realidad, obras de signifi­cación dentro de lo comentado, a través de la conceptualización decó de sus autores. Juan Vanoli, aso­ciado a veces con Quaglia, deja el "Almacén Pompeo" de Rioja y Para­guay con un destacable gesto en la resolución de esquina mediante un complicado encastre de volúmenes y juego de entrantes y salientes combinados en ambas plantas en altura. La vivienda de 3 de Febrero al 800 y la de Entre Ríos al 1600 también son notables. Esta última, convertida en "Sanatorio del Niño", atrae por su rica fachada, con puertas metálicas con motivos na­turalistas de excelente factura y "vitraux" interiores respondiendo también al estilo.
Dos edificios de rentas: los pala­cios "Boero" de San Luis y Sarmien­to y "Nápoli" de San Luis y Mitre, son obras de peso en la ingeniería decó de este autor. Hernández Larguia y Newton conciben en San Lorenzo e Italia el edificio "Castag­nino", en donde destacan pilastras "egipcias" modulando las fachadas, con remate de comiza geometrizada y "vibrada" de gran impacto vi­sual y bajorrelieves de valor. Ángel Guido, autor de nuestro Monu­mento Nacional a la Bandera, se tienta con el art decó en la fachada de Gimnasia y Esgrima sobre calle Buenos Aires y lo vuelca a motivos americanistas. Suyo también es el proyecto del Palacio de Correos, que en los años 30 planteaba una torre de 70 mts. de altura, cuya estructura metálica llegó a cons­truirse para luego ser desmontada, y preveía en interiores y exteriores, importantes grupos escultóricos y detalles generales del art decó.
El cine "El Cairo" ofrece su panta­lla inmersa en la exuberante imagi­nación del escultor Pedro Cresta, que concibe relieves decó integra­dos por palmeras, frutos y demás motivos naturalistas, que incluyen hasta ondas marinas iluminadas con neón.
De Ermete De Lorenzi, pueden señalarse como notables la casa que construye para sus padres en Moreno y Córdoba en el clima de Plaza San Martín, esquina sur-oes­te, de la cual Paul Valéry, al visitar Rosario dijo: "... no sólo es hermo­sa... también sabe cantar...". Con la recuperación de la democracia en 1984 y al ser desocupada por las oficinas militares allí instaladas, fue prácticamente desguazada, perdiéndose entre otras cosas la rica "boiserie" de roble de la biblio­teca y algunas modificaciones in­ternas (pérdidas de su cromatismo original, aberturas, etc.) que hoy la hacen interiormente Irrecuperable y la disminuyen en su grandiosi­dad.
De Lorenzi concibe también el "Sindicato del Seguro" en Mitre al 800 con socavacíón de te techada mediante un vacío que integra am­bas plantas, tema que emplea tam­bién en lo que quizás sea su obra más importante dentro del estilo, el edificio "Gilardoni" de Córdoba al 1400, en donde el vacío unifica ya a escala urbana todos los pisos su­periores, señalándose con un marco decó que lo resalta en toda su di­mensión. Templos de credos orientales no escaparon al decó, como el caso de la Asociación Islá­mica en Mendoza al 1700.
Gerbino, Schwarz y Ocampo, conciben la Sinagoga de Paraguay al 1200, asi como el edificio "La Unión Gremial" en Mitre y Santa y desnudas, que elevan sus antorchas hacia las nubes, convir­tiendo al edificio también en un verdadero faro de lo que se enten­día al nacer los años 30 por pujanza comercial y adhesión a la moder­nidad en Rosario. Su valoración incluye también la mención del rico artesonado decó en muros y cielo-rrasos de los locales de planta baja. El "Palacio Minetti" es, simplemen­te, el monumento mayor del art decó en nuestra ciudad.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 23  De Abril 1993. Autor: José Mario Bonacci.