Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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martes, 10 de septiembre de 2013

LOS ORÍGENES DEL CÍRCULO DE LA BIBLIOTECA


Por Sandra Fernández (CON1CET-UNR)

La creación de "El Círculo" de Rosa­rio, tiene como origen la inauguración oficial de la primera biblioteca pública de la ciudad. La Biblioteca Argenti­na inaugurada en julio de 1912 iba a consolidar un discurso alrededor de "lo público" y representaba los va­lores propios de la cultura le trada, en una ciudad que por su historia y constitución carecía de fuertes refe­rentes institucionales dentro de tal ámbito. Al momento de inau­gurar la biblioteca se nombra como direc­tor a Juan Álvarez. Por estos años la fi­gura de Álvarez aún no había trascendido ampliamente el es­cenario de la ciudad. Más allá de su perfil austero   de abogado abocado a la función pú­blica con fuertes preocu­paciones historiográficas, su más activa participación tenía que ver con su reformismo políti­co y su compromiso en pos de la edu­cación y la cultura.
Álvarez, en calidad de director acom­pañado por algunos reconocidos nom­bres de la élite rosarina, organizaría a partir de ella "El Círculo de la Biblio­teca". En el texto "La Obra Cultural Circulo" de 1921 se recordaría tal posición diciendo:
""...la dirección del establecimiento -o oportuno amenizar el acto con --nos números selectos de música de cámara, y ante el éxito obtenido por la fiesta -era la primera vez que sin propósitos de lucro se traía de la capital federal un conjunto musical de importancia- el Dr. Rubén Vila Ortiz lanzó la idea de repetir periódicamen­te reuniones de tal tipo organizando al efecto una asociación..." .
Este espacio institucional representa­ba el cimiento para una prolongación asociativa que con claros objetivos artísticos, pero también con metas que no ocultaban la posibilidad pa­ralela de la reunión social y festiva.
 Sin embargo si en otros lugares de la ciudad se podía disfrutar de una socia­bilidad galante e informal, el registro de periodicidad de las reuniones ten­dría una directa relación con lo que se consideraba selecto e intelectual.
La sociabilidad se encontraría reglada por esta forma de encontrarse que te­nía objetivo último armonizar la esfera pública y el ámbito privado bajo el cristal de una reunión artística, que no tenía fines de lucro. El perímetro se sellaba justamente en torno de es­tos elementos: articulación del espacio público y privado, institucionalizando tal relación a través de una entidad municipal; universalización de valores y percepciones detrás de un ideal ar­tístico y cultural, y finalmente la legi­timación de este lugar corriéndolo de la esfera del mercado.
Tanto el proceso de creación, así como la denominación   que se eligió para bautizar la novel entidad mostra­ron el vínculo perdurable entre la biblioteca mu­nicipal y la institución cultural. El acto eleccio­nario desarrollado en la sede del ejecutivo local, con la certificación de sus autoridades refrendó tal   unión: 'Asociación Cultural El Círculo de la Biblioteca". Controlado y rubricado por el propio pro­secretario del ejecutivo cata­pultó a la presidencia de la insti­tución a Juan Álvarez.
Inmediatamente se procedió a elabo­rar los estatutos donde claramente se dejaría señalada la vocación de la en­tidad para propender a la cultura inte­lectual y artística del Rosario . Es así que "...buscando evitar el escollo en que antes naufragaran iniciativas muy loables", los comisionados pensaron que el éxito de la nueva institución había de radicar, por lo menos en sus comienzos, sobre estas dos bases: "su­presión de los gastos de local, servicio, luz y calefacción, que habitualmente absorben la mayoría de los recursos en los centros culturales... ofrecimiento de mayores ventajas a los asociados que las que pudiera ofrecer cualquie­ra otra organización de conciertos y conferencias hecha con fines de lucro o por empresarios" . Las metas diseñadas por los estatutos se concretarían en "conciertos, confe­rencias, exposiciones de arte, publicar libros y revistas, crear premios de es­tímulo, acordar becas y subsidios y organizar certámenes literarios y ar­tísticos, quedando facultada al efecto para hacer todos los gastos que estos festivales demanden ... adquirir obras de arte las que podrán ser donadas a Instituciones culturales de esta ciu­dad, así como también aceptar dona­ciones o legados" . La eficiencia entre la formulación de los objetivos institu­cionales y la proyección de tales prác­ticas en el espacio público fue sustan­cial. En tal sentido la adquisición y legado de obras de arte, no era vista por "El Círculo" como una forma de acrecentar el patrimonio particular de la entidad, sino por el contrario como una manera de ayudar a gestar una co­lección "pública" de obras de artistas plásticos argentinos que en un futuro próximo pudiera ser expuesta en un museo.
La vida cultural de la institución se organizó sobre la base del diseño de un profuso plan de actividades que redondeaban las expectativas de los organizadores y que encontró amplia respuesta en un público de pares ávi­do por insertar a la ciudad en el esce­nario cultural, intelectual y artístico argentino.
Durante la gestión de la primera co­misión directiva se formalizaron doce conciertos  y  cuatro conferencias, además de inaugurarse el primer Sa­lón de Bellas Artes; en los años que llegan hasta 1920, se realizaron más de setenta conciertos y audiciones, y alrededor de treinta conferencias y espectáculos de poesía, y se retomó el Primer Salón Rosarino de Bellas Artes. Este sintético panorama nos habla no sólo del perfil de la actividad artística deseada por los promotores de la institución, sino además de los nichos sobre los cuales "El Círculo" quería desarrollar su propuesta. La música y las artes plásticas ocuparían un lugar relevante. La primera a par­tir de una dilatada lista de funciones que recorrerían el Salón Blanco de la Biblioteca Argentina y las tablas de teatros rosarinos, presentando un sinnúmero de compositores, obras y ejecutantes -argentinos y extranjeros,  profesionales y aficionados-.
Como puede advertirse en los progra­mas la actividad de la comisión di­rectiva de "El Círculo" fue casi febril organizando audiciones desde abril a diciembre de cada año. El recorrido musical fue bastante heterogéneo en los gustos, géneros e intérpretes. Des­de conciertos sinfónicos ejecutados por prestigiosas orquestas naciona­les, hasta más modestos recitales de señoritas, pasando por conjuntos de cámara que reunían visitantes extran­jeros del Conservatorio Imperial de Leipzig, del Metropolitan House de Nueva York o del Conservatorio Na­cional de Bruselas.
Tan atractivas como las reuniones musicales eran las conferencias de los programas de "El Círculo", que me­nores en cantidad, eran una muestra de los vínculos con destacados inte­lectuales del momento. A Ricardo Ro­jas, Leopoldo Lugones, José Ortega y Gasset, Ramón Menéndez Pidal, Ma­nuel Ugarte, Carlos Ibarguren, José León Pagano, le seguían higienistas como Gregorio Araoz Alfaro; biólo­gos, Clemente Onelli, e historiadores. Ramón Cárcano, viajeros y periodis­tas, y diplomáticos.
 No obstante fue en los actos dedicado a las artes plásticas donde existió ma­yor correspondencia entre "El Círculo" y las instancias gubernamentales, anticipando lo que sería la aprobación de políticas culturales en torno de la creación de museos. El sábado 30 de agosto de 1913, "El Círculo" inauguró el Primer salón de Bellas Artes, con la presencia del señor presidente de la Nación, Roque Saenz Peña.
Continuando con esta iniciativa cua­tro años más tarde, el 24 de mayo de 1917, se abría el Primer Salón Nacional de Bellas Artes de Rosario, organizado también por decisión de "1 Círculo" y con la presencia del director del Museo Nacional de Bellas Artes Cupertino del Campo. El éxito de esa primera muestra logra que el entonces intendente municipal F. Remonda Mingrand, creara el 19 c julio de 1917 la Comisión Municipal de Bellas Artes que tuvo por finalidad "la creación de un museo, una acade­mia y demás trabajos que tiendan a fo­mentar el arraigo y el crecimiento del espíritu".
Durante la inauguración Nicolás Amuchástegui, presidente de la Comisión Municipal, desplegó convincentes argumentos para incentivar a la bur­guesía local a ser generosa en la poten­ciación de una gran colección pública de arte, y así delinear la proyección de una perspectiva cultural en la ciudad tildada de fenicia.
Para sintetizar estos primeros pasos de la Asociación Cultural "El Círcu­lo" están las palabras de sus socios a casi diez años de su creación, en 1921: "Entre las características más simpáti­cas del Rosario se desataca la de haber organizado una poderosa institución cultural que agrupa en derredor acti­vidades intelectuales y artísticas, an­tes dispersas o faltas de apoyo eficaz. Conferencias, conciertos, exposiciones de pintura y escultura, concursos lite­rarios, premios de estímulo y otras ma­nifestaciones de alta cultura tienen su origen y su mejor apoyo en un centro directivo que las armoniza y orienta, habiéndose llegado gradualmente por tal camino a la honrosísima situación actual, acaso única en el país, de que sea una biblioteca pública el punto de cita habitual, familiar pudiera decirse, de los elementos sociales más repre­sentativos de la ciudad. Esa institución es 'El Círculo'."

*Sandra Fernández es investigadora de CONICET y docente de la carrera de Historia de la UNR. Su investiga­ción actual es sobre las formas de la sociabilidad en el espacio público rosarino y santafesino en las primeras décadas del siglo XX. Su tesis doc­toral tiene como objeto de estudio el asociacionismo cultural en Rosario, específicamente la Asociación Cultu­ral El Círculo de la Biblioteca en sus primeros años de acción.
 Pueden señalarse sobre el tema los siguientes textos de su autoría:
FERNANDEZ, SANDRA (2010) La revista "El Círculo" o el arte de pa­pel, EDITUM, Universidad de Mur­cia-Servicios de Publicaciones, Mur­cia, España, pp. 253.
FERNANDEZ, Sandra (2006) Sociabilidad, corporaciones e instituciones, Tomo 7, en BARRIERA, Darío (dir.) "Nueva Historia de Santa Fe' Prohistoria/La Capital, Rosario, pp 198.
FERNÁNDEZ, Sandra (2002) Li arena pública de las ambiciones privadas. Relaciones sociales y asociacionismo en la difusión de la culture burguesa: Juan Álvarez y El Circuito de Rosario (1912-1920), Tierra Firme revista de historia y ciencias sociales N° 78, Caracas.
FERNANDEZ, Sandra (dir) (2012, La ciudad en movimiento: espacie público, sociedad y política. Rosario. 1910-1940, Ediciones del ISHIR, CO­NICET, Rosario.

1 La Obra Cultural del Circulo, Rosario 1912-1921, Talleres Woelflin, Rosario, 1921, p.6.
2 Estatutos de "El Circulo", Art. 1, Estableci­mientos Gráficos Woelflin, 1921.
3 La Obra Cultural del Circulo, Rosario 1912-
1921. p.7
4 Estatutos..., art. 10.
5 La Obra Cultural del Circulo, Rosario 1912-1921           p. 5.


Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia y Región. Fascículo N• 111 de Setiembre de 2012.-

lunes, 9 de septiembre de 2013

EL PRIMER TÍTULO A NIVEL NACIONAL DE NEWELL'S OLD BOYS


Por Leonardo (1) Cristian (2) y Soccorso Volpe (3)

La copa de Honor Municipalidad de Buenos Aires fue instaurada en 1905, por Ja Argentine Football Association, que la organizó des­de el principio y hasta 1911. Lue­go el torneo fue auspiciado por la Asociación Argentina de Football. Cabe señalar que del extinto cam­peonato participaban los clubes afiliados a las mencionadas enti­dades y los de la Liga Rosarina de Football. El vencedor se enfrenta­ba a un representativo uruguayo, por la copa de Honor Cousenier. La final de dicho certamen se efectuaba en Montevideo, a dife­rencia de la copa Chevallier Boutell, que se desarrollaba en Buenos Aires. Se disputó en forma casi consecutiva hasta 1920. Después se reflotó en 1936 (lo organizó la AFA), pero no se jugó ninguna fi­nal internacional.

TÍTULO DE NEWELL'S EN 1911

El primer título a nivel nacional que consiguió Newell's Oíd Boys fue pre­cisamente la copa de Honor Munici­palidad de Buenos Aires, que obtuvo en el año 1911, tras batir en la final a Porteño.
El debut del elenco rojinegro se pro­dujo en cuartos de final, donde el do­mingo 30 de julio se midió nada me­nos que ante su eterno rival, Rosario Central en Plaza Jewell. En una tarde lluviosa los equipos formaron de la siguiente manera; Newell's Oíd Boys: José Hiriart; Tomás Hamblin y Rafael Bordabehere; Martín Redín, Caraciolo González y Antonio Torelli; Hugo Ma-llet, Manuel González, Faustino Gon­zález, Cayetano Blotta y José Viale. Rosario Central: Augusto Winn; Xe­nón Díaz e Ignacio Romeo Rota; Juan Díaz, Pablo Molina y Daniel Green; Federico Pupplet, Jenkis, Harry Hayes y Alfredo Woorward. Cabe destacar que el elenco auriazul comenzó el en­cuentro con diez hombres, porque el jugador Gregorio Uris se sumó prome­diando el primer tiempo. A los 17' José "Pinoto" Viale puso en ventaja a los del Parque Independencia, en un cote­jo, que según las crónicas de la época se jugó con dientes apretados, ya que nadie quería perderlo. Incluso el arbi­tro Jordán tuvo que detener el partido por algunos minutos por la brusque­dad del juego. Posteriormente sobre el epílogo de la primera mitad "Pinoto" Viale eludió a dos rivales y marcó el segundo tanto leproso. Con una con­siderable ventaja de dos goles a favor de NewelPs culminó la etapa inicial. Luego en el complemento el cotejo co­bró emoción, ya que en los primeros instantes del mismo, Hamblin cometió una infracción dentro del área, que el juez sancionó con un penal, que trans­formó por gol Daniel Green, achican­do distancias para Central. Incentiva­do por el descuento el conjunto canalla salió a buscar la igualdad, que nunca llegó, gracias a la tenaz defensa roji­negra. Finalmente Newell's se impuso por 2 a 1 y obtuvo la clasificación a la ronda siguiente.
Posteriormente en semifinales dejó en el camino a San Isidro, venciéndolo por 1 a 0, con un gol marcado a los 23' por Manuel González, que lo clasificó para la gran final. El partido se efectuó el viernes 8 de septiembre en el Parque de la Independencia. La alineación ro­jinegra fue la misma que luego disputó la final, en tanto que los once de San Isidro fueron C. Wilson; Juan Bello y Alberto Olivari; Juan Rossi; J. Goodfellow y Manuel Malbrán; Elias Fer­nández, Ricardo Malbrán, Juan Olega­rio Gil, L. Hulme y Alfredo Meira. El choque decisivo se disputó el do­mingo 24 de septiembre en la cancha que River Píate poseía por aquellos tiempos en la Dársena Sur. Cuentan los añejos periódicos de la época que en un reñido partido Newell's logró imponerse ante su oponente con un gol señalado en el último minuto de juego. Manuel González marcó el primer tan­to rojinegro a los 14'. luego ocho mi­nutos después Debenedetti igualó las acciones del partido. Posteriormente a los 29' una vez más Manuel González volvió a adelantar a Nuls en el marca­dor, pero a los 35' Marques logró esta­blecer una nueva paridad en el tantea­dor. Cuando parecía que el encuentro se definiría en el alargue. Hollamby señaló un agónico gol y estableció el 3 a 2 definitivo, que permitió la con­sagración rojinegra. La alineación del elenco leproso esa gloriosa tarde fue con José Hiriart; Tomás Hamblin y Rafael Bordabehere: Martín Redín. Caraciolo González y Antonio Torelli; C. Hollamby, Manuel González, Faus­tino González, Hugo Mallet y José Viale. En tanto que el cuadro perdedor alistó a Juan José Rithner; Héctor Viboud y J. Cucchi; B. Berisso, Domin­go Bacigaluppi y O, Destugne; Mario Genoud, Anacarsis Galup Lanús, An­tonio Piaggio, Antonio Marques y F. Debenedetti.
Tras coronarse en la copa de Honor Municipalidad de Buenos Aires, cayó por la copa Cousenier ante C. U. R. C. C. (Central Uruguay Railway Cricket Club, actualmente Peñarol) en Monte­video por 2 a 0, con dos tantos mar­cados en posición adelantada, lo que causó el malestar y enfado de los juga­dores rojinegros que protestaron enér­gicamente ante el arbitro. Finalmente el encuentro fue suspendido a los 65".

Bibliografía

"Anales del Fútbol Rosarino" (Cipriano Rol­dan, ¡959). diario "La Capital". Revista "Ca­ras y Caretas", blog "Historia del Fútbol Rosarino".



(1)  Periodista deportivo
(2)  Diseñador gráfico
(3)  Licenciado en antropología

Consultas en Internet:
leovolpe81@yahoo.com.ar Espacio dedicado a la Historia del Fútbol Rosarino:

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia y Región. Fascículo N• 120 de Julio de 2013.-

viernes, 6 de septiembre de 2013

ENTRE POCIONES Y BOTICARIOS: LAS FARMACIAS ROSARINAS


Por Lorena Ratner*

Curar las enfermedades ha sido, desde la sociedad primitiva, uno de los prin­cipales objetivos del hombre para po­der garantizar su subsistencia. En un principio el chamanismo, la magia y el uso de los conocimientos botánicos de su entorno, le sirvieron al hombre, como los únicos instrumentos para al­canzar este fin. Ya las tempranas civi­lizaciones americanas poseían un ex­haustivo conocimiento de las plantas y hierbas medicinales las cuales aplica­ban con fines terapéuticos.
Para poder realizar un breve repaso sobre lo que ha sido la historia de la farmacia en general, es preciso, en pri­mera instancia, referirnos a la historia de las ciencias médicas, ya que en un principio, y durante mucho tiempo, la farmacia formaba parte de estas últi­mas. La organización de la Farmacia en el Río de la Plata, al igual que en otros pueblos del Nuevo Mundo, fue un reflejo de las prácticas peninsula­res. Si nos remontamos a las primeras décadas de la vida de los pueblos que habrían de constituir el virreinato del Río de la Plata, no existía nada pare­cido a lo que hoy denominamos como farmacia o botica. A principios de 1600 los primeros médicos vinieron a esta parte de América y eran ellos mis­mos los que preparaban los remedios que recetaban. Habrá que esperar a mediados del siglo XVIII para comen­zar a hablar de boticarios. En 1782, en el virreinato de las Provincias del Río de la Plata, no había menos de 34 bo­ticas establecidas, de las cuales 19 se hallaban en tierra argentina.
Mas allá de las actuaciones de estos primeros médicos, era del todo co­rriente la utilización de "medicinas caseras" entre los pobladores. Una crónica de Charles Darwin, durante su viaje por la provincia de Santa Fe, des­cribe una curiosa técnica para curar el dolor de cabeza: "Un violento dolor de cabeza me obliga a guardar cama du­rante dos días. Una buena anciana que me cuida me apremia para que ensaye un gran número de extraños remedios. (...) ...se acostum­bra aplicar a cada sien del enfermo una hoja de na­ranjo o un trozo de tafetán negro; es aún más usual cortar un haba en dos partes, hume­decer éstas y apli­carlas asimismo a las sienes, donde se adhieren fácilmente. (...)Algunas veces, si se pregunta a un hombre que ostenta en la cabeza esos trozos de tafetán qué le ha ocurrido, contesta, por ejemplo: 'Tuve jaqueca anteayer'." (Darwin, C. 1945:168).
 Volviendo a las primeras farmacias del municipio, hay que decir que si bien muchas estaban instaladas en la Villa del Rosario, resulta bastante difícil el rastreo de las mismas, por el hecho de que  los archivos de Inspección de Farmacia recién comenzaron a parecer del año 1900. Francisco Cignoli, quien ha estudiado a fon-do la historia de la farmacia en nuestro país, nos dice que: "Con anterio­ridad a esta fecha, sólo se encuentran datos dispersos sobre boticas en el Re­gistro de Farmacias y en el Libro de Acuerdos (1875-1883) y Copiadores de notas (1892-1896) del extinguido Consejo de Higiene del Rosario.  Así, en el folio 2 del men­cionado Registro de Farmacias Consejo de Higiene del Rosario.  Así, en el folio 2 del men­cionado Registro de Farmacias se consigna   la si­guiente anotación "en 1854 el farma­céutico Dionisio Ramayo funda la Farmacia "Del Globo", llamán­dola después "Co­lón" y luego "Day" establecida en las calles Puerto (hoy San Martín) y San Lorenzo: funcionó sin interrupción hasta el año 1911 en que fue clausu­rada." En 1912 se habilitó nuevamente y es la actual Farmacia "Del Puerto". (Cignoli, F. 1953:178).
El censo de 1869, revela que había en Rosario 22 farmacéuticos. Otros regis­tros que nos brindan información so­bre este rubro, son las primeras Guías de comercio, que datan de los años 1870 y 1876. En estas últimas algunas de las que figuran son: "Del Globo", "Raspad", "Del Mercado", "Demarchi Hnos. (del Águila), "Cóndor Dora­do", "Central", y "Del Pueblo", entre otras.
Estos comercios recibían visitas perió­dicas del Consejo de Higiene, quienes controlaban, entre otras cuestiones, las normas de salubridad: "Se efectuó ayer 7 de Julio (1875) la revisión reglamentaria de las   boticas. Se las encontraron a satisfacción de los   revisores de boticas del Águila, la del Cóndor Dorado,    la del Mercado, la Ingle­sa, la Raspad y la de la S. Italiana, no dejaron nada de desear, respecto, abundancia de los preparados y de sus exactas preparaciones; así de la lim­pieza general, lo cual se reconoce más por el motivo de no había sido prevista la revisión. Alguna amonestación me­recía botica.... por fa de preparados mas corrientes y menos limpieza en la trasbotica...". (Ibid.,pp.179-180)
. Algunos años más tarde, se crearía la Inspección General de Farmacias, un organismo encargado de hacer cumplir las leyes y decretos relacionados con el funcionamiento de farmacias, dro­guerías, laboratorios, etcétera. Estaba facultado para controlar el expendio de estupefacientes, el cumplimiento de turnos, intervenir en las licencias a los directores técnicos y propietarios de farmacias, aprobar contratos, autorizar adscripción de profesionales, clausurar farmacias, droguerías, etc.
Ya para el año 1902 existían en nuestra ciudad, tres droguerías y treinta y una farmacias: "Algunas están ladas en lujosos edificios y monta con todos los perfeccionamientos ventajas de la época. Es lamen que no aparezcan bien distribuida} el municipio, habiendo zonas de tres o cuatro manzanas donde se han radicado una docena de estos establecimientos. El servicio nocturno no está reglamentado, sin embargo, las principales  farmacias  cuentan  con venían especiales para atender los pedidos hechos a altas horas de la noche" ( primer Censo  Municipal de población la ciudad del Rosario, 1902:389).
Una de las farmacias más reconocidas para esta época, y cuya trayectoria prolongó durante muchos años, fue la farmacia del Águila. Este comercio,   agosto de 1856, figuraba con el nombre de Botica y Droguería del Rosario. se encontraba en la calle Comercio 103. Luego es adquirida por Dem Hnos. y Cia., que la traslada a Córdoba N° 135 1/2, bajo la dirección técnica de don Carlos Delapierre que más tarde tendría el nombre Botica del Águila. En 1859 se mudó a Córdoba y Puerto y en 1864 a la calle Puerto al lado de la Droguería del mismo nombre. En la imagen podemos servar tanto el frente de la botica c el frente de la droguería.
Más allá del servicio inherente a este tipo de comercios, la botica del pasado era toda una institución por si misma. Los miembros mas importantes que definían una comunidad como tal, eran: el cura, el alcalde, el médico y el boticario. Además de funcionar como un negocio que expendía medicamen­tos y pociones, también funcionaba como una especie de club. En ella se reunían los notables a conversar y co­mentar los acontecimientos más des­tacados del momento. En general, las boticas estaban ubicadas cerca de una iglesia, de esta manera aquel que nece­sitara algún remedio, debía guiarse por el campanario de la iglesia más cer­cana. En cuanto a los boticarios, eran personajes que gozaban de la autoridad y el prestigio del medico, por lo que los vecinos acudían a uno u otro en bus­ca de un remedio para sus dolencias. (Op.cit., 1953:143-144).
Dentro de las vis­tas urbanas que realizaron los fotó­grafos instalados en nuestra ciudad desde mediados del siglo XIX, se destacan tomas en las cuales apare­cen las farmacias. Como decíamos antes, éstas no sólo eran un comercio más, sino que la botica o farmacia, era considerada como una institución, tan importante como el hospital o la iglesia. Asimismo, no debemos dejar de lado tampoco,
el papel que jugó para la práctica fotográfica, sien­do el lugar en donde los fotógra­fos adquirían los compuestos químicos para poder rea­lizar sus tomas. ■

* Lic. en Antropología.
Archivo de Fotografía. E.S.M. Secretaría de Cultura y Educación. Municipalidad de Rosario.

Bibliografía
Carrasco, Gabriel. "Guía civil y comercial de la ciudad de Rosario". Imprenta Carrasco. Ro­sario, 1876.
Chueco, Manuel. "Guía del comercio)'foraste­ros de Rosario". 1870.
Cignoli, Francisco. "Historia de la Farmacia Argentina". Ed. Ruiz. Rosario. 1953. Darwin, Charles. "Viaje de un naturalista alre­dedor del mundo". El Ateneo. Buenos Aires. 1945. Diccionario Mikielevich (inédito). Reseña histórica del primer periodo de la Farmacia en la Argentina.
Primer Censo de la República Argentina. 1869.
Primer Censo Municipal de población de la ciudad del Rosario de Santa Fe. Rosario. 1902.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia y Región. Fascículo N• 112 de Octubre 2012.-

jueves, 5 de septiembre de 2013

LOS ADELANTOS URBANOS


Por Rafael Ielpi

Por su lado, la ciudad asistiría aquel primer año del siglo XX a una serie de transformaciones, algunas menudas, otras trascenden­tes, que tendrían que ver, a veces, con un simple pero importante cam­bio de su escenografía urbana, como a mediados de agosto, cuando comienzan a ser plantados los nuevos árboles que sustituyen a los añosos paraísos de la Plaza 25 de Mayo, y que no eran otra cosa que los plá­tanos que después inundarían plazas y calles. O en diciembre, cuando el Departamento de Obras Públicas concluye los trabajos de transfor­mación de la "placita" General Paz, ubicada en Córdoba, Paraguay e Independencia (Presidente Roca), dejándola convertida en un precioso y elegante paseo que armoniza perfectamente con la suntuosidad que va adquiriendo la calle Córdoba, con su pavimento de madera, dice La Capital.
El Rosario contaba con calles pavimentadas, en realidad, desde comienzos de 1865, cuando se consolidan una treintena de ellas con "macadam", un material que pese a pensarse lo contrario terminó dete­riorándose al tiempo como consecuencia del pesado tránsito de carros, coches de plaza y otros vehículos similares. Veinticinco años más tarde, los empresarios López y Arias proponen (y obtienen) la pavimenta­ción de otras treinta cuadras con materiales de buena calidad y en 1881, es la propia Municipalidad la que toma a su cargo pavimentar, gracias a un empréstito, unas 480 cuadras con adoquines de piedra y piedra bruta, según las calles.
El adoquinado de madera sería impulsado notoriamente por el intendente Alberto J. Paz, realizándose en espacial en la zona céntrica sobre una base de hormigón que, se suponía, garantizaba su adheren­cia y duración. En 1910, el censo contabilizaba 239 cuadras adoquina­das con madera, 419 con adoquines comunes, 5 calles empedradas y 83 con cubierta de macadam. Sería el adoquinado, sin embargo, el que más se identificaría con la ciudad de las primeras tres décadas del siglo XX, e incluso de las dos subsiguientes (como ocurriría, por ejemplo, con Montevideo), hasta su paulatino reemplazo por el pavimento y el asfalto.

El empedrado era la vida de la calle. Sobre él, la jardinera del pana­dero repiqueteaba como un timbre de alegría. Pasaban los percherones, siempre pensando en otra cosa, y pisaban fuego y hacían estallar chispas doradas. Todos nosotros conocíamos cada una de las piedras de la cuadra y cada uno poseía sus minas, sus piedras flojas, bajo las cuales guardar tuercas, ratones muertos, alambres y otros objetos preciosos. Después de una lluvia resplandecía de limpieza. Cobraba un brillo entero y saluda­ble, se cubría de ríos, canales y lagunas y los conservaba todo el largo tiempo de las incansables navegaciones de papel... El empedrado era algo de uno, se vivía cerca de él, formaba parte de la casa. El empedrado era tierno y doméstico, era como si las madres hubieran comprado un gran choclo y lo hubieran tendido entre las casas, para que los chiquilines jugáramos sobre él sin lastimarnos.
(Maggi: Op. cit.)


Aquella "placita" General Paz, por su parte, se convertiría con el tiempo en la actual Plaza Pringles (media plaza en realidad), enmar­cada por altos edificios. No era igual entonces el entorno, aunque en octubre de 1900 se leyera en uno de los diarios rosarinos: Hay en la actualidad 20 edificios de importancia en construcción en la zona más poblada de la ciudad y se proyecta construir otros de tanta o mayor importancia, lo que ha de contribuir eficazmente a dar movimiento a las artes e industrias locales aplicables a la construcción.
Mucho que ver en todo aquello tendría el intendente Luis Lamas, preocupado tanto por el progreso edilicio como por la higiene en una ciudad que demandaba obras de saneamiento que llegarían poco a poco. En enero del 900, por ejemplo, manda a inspeccionar, en un solo operativo, 122 viviendas para vigilar la higiene domiciliaria, encon­trando a poco más de la mitad en estado poco satisfactorio, por lo que se multa a sus residentes.
También de principios de año es la puesta en marcha de otra ini­ciativa similar: la instauración de las llamadas "casas de baños públicos gratuitos", establecidos por la Intendencia a fin de que puedan bañarse todas las personas que lo deseen y especialmente las de la clase obrera.
El primero de estos establecimientos, para hombres y niños, se instaló en la casa de remates de Lamas y Villariño, que fue cedida espe­cialmente para ese fin, mientras que las mujeres que lo desearan podían bañarse en el corralón del Departamento de Obras Públicas, en la lla­mada Cortada de la Plaza General Paz (hoy Pasaje Juan Álvarez). En procura de nuevos locales para aumentar el número de baños públi­cos, el entusiasta Lamas se moviliza y puede anunciar el 9 de febrero: El próximo lunes a más tardar se librará al público la casa de baños gratuita que la Intendencia hizo preparar en San Lorenzo entre Libertad y General Mitre. No faltaba tampoco la promoción de la saludable práctica de la ducha y el jabón que la Municipalidad insertaba en los diarios, indi­cando: El pueblo debe acudir a esos baños; no se necesita ninguna clase de requisitos. No hay más que presentarse y manifestar al encargado el deseo de tomar un baño y nada más.
En realidad, más de un rosarino optaba en esos mismos años por otro tipo de baños, los conocidos "baños turcos", que podían tomarse en el establecimiento balneario de Juan Romano, en San Martín 930, que garantizaba además baños romanos y rusos; ducha a vapor y escocesa, baño eléctrico y masajes, con departamentos independientes para damas. El men­cionado local sería antecedente de algunos posteriores como por ejem­plo la casa de baños "La Cosmopolita", de Moisés Zacks, instalada a la moderna, según decía su publicidad, en Corrientes 1281, hacia 1915, y sucesora de la que en 1895 funcionaba en 25 de Diciembre 264.
La ciudad, a los pocos días de la habilitación de aquellos "baños municipales", iba a preocuparse sin embargo por otras noticias: las que llegaban desde el norte de la provincia, más despoblado aún, que daban cuenta de lo que después se daría en llamar "los últimos malones". Los relatos de entonces ubicaban el hecho en la zona de San Cristóbal, donde 70 salvajes entraron por el punto llamado Cachiyuyos, después de atravesar las vías del ferrocarril nacional de San Cristóbal a Tucumán, por un punto cercano a la estación Bandera. Los indios costearon la margen izquierda del río Salado, arreando a su paso las caballadas que encontraban, hasta llegar a la madrugada a la estanzuela Punta de la Isla, donde fueron asesinados el propietario Pérez y dos de sus peones; a las 5 am. llegaron al puesto, matando al estanciero Ramón Acosta, que salía a recorrer el campo con su hijo Pedro, según la información periodística.
El episodio incluiría otras secuencias, como la odisea del vecino Benigno Basilio y de los jóvenes Segundo y Eraclio Gorosito, más tres peones, que se atrincheraron en un almacén de ramos generales de las orillas de la población y salvaron sus vidas, mientras los indios robaban en la población y asesinaron a un hijo del estanciero Teodoro Cejas. Las razo­nes del comisario, ante su inacción, suenan entre patéticas y grotes­cas: Declaró que no los persiguió por no tener siquiera un sable viejo, dice La Capital el 8 de marzo de 1900. Los "salvajes" por su parte no eran otra cosa que una banda de desarrapados y empobrecidos aborígenes, condenados a la miseria y el hambre y empujados cada vez más hacia el norte por el avance de las colonias de inmigrantes y, antes, por las operaciones militares que buscaban ese objetivo.
Las malas noticias, como las buenas, ya podían conocerse en el Rosario mediante la comunicación telefónica, que venía del siglo anterior, provista por dos empresas: la "Compañía Telefónica Siemens” y la "Compañía Telefónica del Rosario", que habían instalado, para mediados de la década del 80, unos 700 aparatos. Una pronta fusión de las dos daría origen a la "Compañía de Teléfonos Unidos de Rosario", la que en breve lapso sería absorbida por una sociedad de capitales británicos, la Unión Telefónica del Río de la Plata, que denomina­ría a su empresa rosarina "Compañía de Teléfonos del Rosario" y por último, en 1890, "Unión Telefónica", como se la conocería hasta décadas después.
Un intento local motorizado entre otros por Augusto Wernicke y Esteban Frugoni, en 1905, bajo el nombre de "Sociedad Cooperativa Telefónica Rosario", no pudo concretarse pese a contar con el apoyo de algunos poderosos empresarios de la ciudad (siempre atentos a incursionar en negocios que garantizaran réditos más o menos inte­resantes), seguramente por la innegable influencia que detentaba la aún más poderosa Unión Telefónica inglesa.

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame”  Tomo I Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

miércoles, 4 de septiembre de 2013

BARRIOS DE ROSARIO


Barrios de Rosario… Salta y Francia, cuando había quintas y perales y cañaverales que llegaran hasta los terrenos del Hospital Centenario, aún no construido. Barrio quintero de un lado, obrero y de clase media baja del otro, tirando para el lado del ferrocarril, cerca de la refinaría.

Fuente: Estos fragmentos del libro “Barrios de Tango y otras Yerbas”. Autor:
Héctor Nicolás Zinni del año 1997 . Ediciones del Viejo Almacén

martes, 3 de septiembre de 2013

REMANSO VALERIO


Develada la incógnita por investigaciones que llevan a la conclusión de que allí había estado la referida fábrica, otro mito resulta ser el referido remanso Valerio. Cuando en noches de tormentas se escucha el zumbido que dicen es de una sirena, las gentes santiguándose, repiten aquello de : “ El remanso ha tragado mucha gente hasta un buque”.
“Al pasar, desde el bote, veíamos erguida sobre el lomo de la barraca, en las inmediaciones de la punta homónima y del remanso Valerio, una extraña construcción en ruinas. Era una especie de torre abovedada de ladrillos sin revocar, con aberturas que tanto podrían haber sido aspilleras con respiradores. Parecía la casamata de un fuerte abandonado.
Al pie, y un poco lateralmente, existía en la barranca un túnel, que sin duda, debía tener relación con la torre, por más que nadie logró descubrir un conducto entre ambos. La boca semicircular, hallábase sustentada por un arco de mampostería, para impedir los desmoronamientos. Su extensión, que se prolongaba misteriosamente tierra adentro, era una incógnita. / W.G:Weyland. El chalet de las Ranas. Ed. Losada Bs.As. 1968.-

Fuente: Estos fragmentos del libro “Barrios de Tango y otras Yerbas”. Autor:
Héctor Nicolás Zinni del año 1997 . Ediciones del Viejo Almacén

lunes, 2 de septiembre de 2013

LIMITES DE LA CIUDAD


En 1919, la  ciudad extiende sus límites hacia el norte y el arroyo Ludueña deja de ser el fin del municipio, el que llega aproximadamente hasta la actual Avenida de Circunvalación. Los entones pueblos Alberdi, Sorrento, Nuevo Alberdi y La Florida son anexados a la floreciente y pujante ciudad.
La zona de la Florida, que don Estaban Segundo Frugoni urbanizada en 1889 ha crecido. Se trata de un pueblo magníficamente proyectado que esta en una zona de terrenos del departamento San Lorenzo, cuyo lotes tienen como límites aproximados a la actual calle Pinto Musto, al norte Mathue al sur, el bulevar Rondeau al oeste y las costas del río Paraná al este, con una superificie de 1.029.185,66 metros cuadrados.
Con amplio espíritu progresistas, Frugone ha donado los terrenos para la escuela, la iglesia y el juzgado, lo que, rodeando la plaza que igualmente donara, han hecho de ella el núcleo central del pueblo, que ha pasado ahora a ser otro barrio rosarino
( la capital 1996

Fuente: Estos fragmentos del libro “Barrios de Tango y otras Yerbas”. Autor: Héctor Nicolás Zinni del año 1997 . Ediciones del Viejo Almacén