Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 16 de mayo de 2013

EL RADICALISMO


Hipólito Yrigoyen y Pelagio Luna llegan al poder con la prime­ra elección presidencial de la ley Saenz Peña. Al asumir la primera magistratura, Yrigoyen encuentra una cerrada oposición en el Con­greso, lo que produce fricciones entre ambos poderes del Estado. El primer mandatatio responde con la progresiva intervención a. las provincias, hasta llegar al nú­mero de trece, en busca de lo que el gobierno llama comicios lim­pios.
A don Hipólito lo sucede el doctor Marcelo T. de Alvear, acompañado por Elpidio Gonzá­lez. Triunfante en las elecciones presidenciales de 1922, rige los destinos del país hasta 1928, año en que es reelegido Yrigoyen, quien no puede completar su man­dato porque un movimiento mili­tar encabezado por el general José Félix Uriburu lo derroca, ponien­do fin de esa manera a una etapa en la que el traspaso de un gobier­no a otro se fue dando en los plazos constitucionales y en forma demo­crática.
Por otra parte, concluido el mandato de Menchaca, asume el Ejecutivo provincial otro radical,
Rodolfo B. Lehmann, cuya ges­tión se prolonga hasta 1919, año en que toma el mando por breve tiempo Juan Cepeda, sucedido por el doctor Enrique Mosca, quien gobierna desde 1920 hasta 1925.
A partir de aquí comienza a evidenciarse el desgaste de la Unión Cívica Radical, después de catorce años en el poder. A Mosca le sigue Ricardo Aldao, a quien le toca participar en los actos por el segundo centenario de Rosario, que cuentan con la presencia en esta ciudad del presidente Alvear.
Un claro ejemplo del embate que sufre el partido en el poder son los calificativos de "debilidad" e incluso "incapacidad" para con­tener los excesos de los caudillos adictos que recibe la administra­ción del siguiente gobernador, Pe­dro Gómez Cello.
Con la segunda asunción de Yrigoyen a la presidencia, en la provincia va adquiriendo más fuerza el Partido Demócrata Pro­gresista (PDP), surgido, como se ha dicho, de la Liga del Sur, que ubica a representantes en el Con­greso nacional, en la Legislatura provincial y en el Concejo Delibe­rante de Rosario.
El PDP y la UCR se transfor­man en las opciones mayoritarias; el primero logra mayor preponde­rancia en el sur y la segunda en el norte provincial.
El radicalismo sufre en Santa Fe sucesivas escisiones: menchaquistas, sudistas, nodistas y cepedistas. Rosario no se mantiene al margen de esas divisiones y se crean tres líneas bien definidas: demócratas, caballeristas y elizaldistas.
En tanto, la ruptura del radi­calismo entre personalistas y anti­personalistas en el plano nacional repercute en la provincia con un agudo enfrentamiento entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, que terminó con la intervención federal en 1929.

Fuente: Extraído de la Revista del Diario La Capital de los 125 años del año 1992

miércoles, 15 de mayo de 2013

EL COMERCIO CALLEJERO


Por Rafael Ielpi
Los avatares del progreso llegados con el nuevo siglo iban i modificar la ciudad casi radicalmente. El viejo y pintores) o tramway a caballo tendría un sucesor no menos ruidoso en el tranvía eléctrico; las casas chatas empezaron a ser humilladas por imponente residencias de dos y hasta de tres pisos; se pavimentaban calles, se las iluminaba, se abrían avenidas, se formaban barrios.
Grandes tiendas e imponentes almacenes, en el centro del Rosario, no impedían la proliferación, en la misma zona y en todas las que esta­ban ya pobladas o comenzaban a serlo, de todo tipo de negocios, desde los modestos almacenes con despacho de bebidas a panaderías, fon­das, mercados donde proliferaba una especial población, mercerías, corralones, pequeñas y grandes industrias, talleres, etc.
No lograría aquel avance, sin embargo, desterrar por mucho tiempo a ese comercio callejero vocinglero, confianzudo, pintoresco, que desde fines del siglo XIX solía recorrer las calles de la ciudad, cada uno con su pregón o sus peculiaridades distintivas, algunos caminando, otros a caballo o sobre un carro; algunos con canastas pesadas, otros con carri­tos de mano, pero todos empeñados en ganarse el sustento gracias a la calidad de su mercancía o a sus habilidades de vendedor.
Todavía en el Centenario, ya desaparecidos algunos de estos tipos urbanos pero de ninguna manera la mayoría, Monos y Monadas analiza el fenómeno de esos vendedores ambulantes: Es algo que forma parte hoy de la vida doméstica, mal que les pese a los puesteros de los mercados. La sir­vienta, la señora y los niños esperan la llegada del ambulante como la de un pariente queridísimo; la primera por evitarse cotorreos; la segunda por comprar ella misma; y los últimos por la yapa.

Dada la vida que la generalidad de los vendedores hace en el Rosario, poca ganancia les es menester. Tan poca que una insignificancia de centa­vos bastan y sobran a algunos. Obsérvese, si no, la vida de los turcos, los que a voz en cuello pregonan mercaderías de un solo precio: 20 centavos. Cada mercancía tiene sus vendedores especiales. Las naranjas, los toma­tes no son pregonados por otros vendedores callejeros que los italianos; los pescados de río y las sandías por otros que no sean criollos; los quesos y las gallinas por otros que no sean españoles, y así cada artículo y cada nacionalidad.
("Vendedores ambulantes", en Monos y Monadas,
27 de agosto de 1911)

La nota de Monos y Monadas anotaba un hecho digno de aten­dérsela posibilidad que aquella condición de "marchantes", de comer­ciantes callejeros, daba a más de uno para ir acumulando un capital que
muchas veces alcanzaba niveles importantes, al punto de permitirles el regreso, siquiera eventual, a su patria, como ocurriera con aquel verdulero conocido como "Carusito", al que la revista consignaba en viaje a Italia. Por el Centenario, e incluso bastante después, el desfile de aquellos hombres generalmente dicharacheros que galanteaban alas muchachas de la servidumbre, era permanente y cotidiano. En los barrios, pertenecían casi a la escenografía cotidiana, del mismo modo que a la memoria de quienes fueron testigos de ese tiempo.

A la tardecita, solía aparecer el vendedor de lupines, con las bolsas cho- rreando agua colgadas a los lados del caballo. Era un hombre irascible que insultaba sin más ni más. Pero los. lupines tenían un gusto especial: quizás en el agua del remojo echaba los puchos del toscano... Una vez .1/ mes golpeaba el llamador de la puerta el vendedor de piezas de música, con el fardo de los valses y los tangos bajo el brazo: "Adiós, Taboada"; "Langosta"; "Trapo viejo"... Otro vendedor lo mandaba La Porteño en coche de plaza. De las valijas sacaba esencia de flores para hacer perfume, y frasquitos de esencias para licores: anís, pippermint. Todas las semanas, y a domicilio, teníamos a la vieja de los manises, menuda, consumida. Le mirábamos los brazos con tatuajes azules. Ella decía que era turca y que la nuera la mandaba a vender. A eso de las 10 gritaban los carboneros de El león del carbón, desde los carros: "¡Carbón fuerte, carbón flojo!", que entraban a la casa en grandes bolsas de arpillera. También pasaban los hueseros, con los carros cargados de huesos que llevaban a la Refinería Argentina, perdiendo a veces una costilla o un caracú...
(Foresto de Segovia: Testimonio citado)

El 27 de agosto de 1911, Monos y Monadas aportaba otra visión: El vendedor ambulante es el comerciante más dado a la competencia. Ofrece sus mercancías a precio de costo cuando comprende que le trabajan el cliente y lleva la competencia hasta el terreno de los hechos. Eso sí: para evitar clavos se prestan mutua ayuda. El vendedor está, por esa causa, mezclado en los chis­mes del vecindario que recorre. Para averiguar las finanzas de cualquier vecina orgullosa no hay más que interrogar al verdulero u ofrecerle un dato interesante para el negocio, que lo obligue a parlar. Esto lo saben bien las comadres, que tan a sangre y fuego llevan las habladurías.
Lo cierto es que aquellas presencias cotidianas en las calles de la ciudad, con sus peculiaridades, sus picardías y su necesidad impe­riosa de ganarse la vida, formaron parte de la vida diaria de vanas generaciones de rosarinos para los que su recuerdo o evocación cons-ti tuina también la legitima búsqueda de un tiempo perdido

En la mañana se sucedían los pregones: el del gringo de los pájaros, que vendía junto con éstos gatitos y perritos. El del gallinero, que empu­jaba el carrito cargado de gallinas que se picoteaban, patos y conejos... Al anochecer, volvían los pichincheros del Mercado. A esa hora, el pregón de los duraznos amarillos y papas a 1,20 la arroba, echaba en el aire un eco de tristeza. Era la hora en que se ponían blancas las flores de la enreda­dera de la Bella de Noche, que colgaba de los tapiales. Después venía la noche, con las pitadas del vigilante de la ronda, y el paso del escuadrón a caballo, y detrás del sueño, los gallos del alba, respondiéndose a gritos de una casa a otra...
(Foresto de Segovia: Testimonio citado)

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame”  Tomo I Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

martes, 14 de mayo de 2013

ALFREDO SAYBENE, MÚSICO COMPOSITOR Y PERIODISTA



ADEMÁS FUE PROMOTOR CULTURAL EN ROSARIO Y CAÑADA DE GÓMEZ. SU PADRE FUNDÓ EL ALMACÉN POMPEO, DE PARAGUAY Y RIOJA, Y "LA FAVORITA", DE CÓRDOBA Y LIBERTAD (SARMIENTO) ANTES QUE LO COMPRARA LA FAMILIA GARCÍA

Por Miguel A. Chiarpenello


Alfredo Saybene nació en Rosario, Argentina, el 10 de febrero de 1876, hijo
 Pompeo Saybene y Juana Sa-ccone.
Pompeo Saybene era un destacado emprendedor establecido en la ciudad de Fagnano Olona -ubicada muy cerca de Milán en La región de Lombardía, Italia. Con el alto optimismo propio de muchos europeos de inver­tir en la Argentina se estableció m Rosario alrededor de 1870, donde fundó el famoso almacén "Pompeo" situado en la esqui­na de las hoy calles Paraguay . Rioja que aún conserva gran parte de su fachada original.

También estableció otro negocio al que denominó "La Favorita", nombre elegido por la recorda­da ópera de Gaetano Donizetti de quien don Pompeo era un ferviente admirador. Posterior­mente transfirió a la familia García esta recordada tienda quienes luego levantaron en otro sitio el imponente edificio de las calles Sarmiento y Córdoba, manteniendo su nombre original. Actualmente es sede de un emprendimiento de capitales ex­tranjeros.
Sufrió la pérdida de su primera y su segunda esposa y regresó a Italia con los cuatro hijos del primer matrimo­nio: Adolfo, Alfredo, Ana y Pompeo. No tuvo descendientes con su segunda mujer, Magdalena Cristani. Instalado nuevamente en Fagnano Olona contra­jo su tercer matrimonio del cual §1   nació Aída. Reconocido, respe­tado y valorado por sus conciu­dadanos fue elegido Alcalde de . ¡    esa ciudad. Una calle de Fagnano Olona lleva su nombre. Su hijo Alfredo estudió física y matemática en el politécnico de  Milán y siguiendo su profunda *U    vocación musical ingresó pos­teriormente al Conservatorio Verdi. En 1905 el joven Saybene contrajo matrimonio con Ana María Geminiani una ascendien­te  soprano,  -"Anita Geminia­ni"- que el público había descu­bierto en 1901 cuando interpretó admirablemente el "Ave María" de Gounod, luego sería ovacio­nada al cantar "Voi lo sapete o mamma" de "Cavallería" acom­pañada en piano por su ilustre autor Pietro Mascagni. Recibió grandes y cálidos elogios por la admirable "Mimi" de "La Bohe me" de Giacomo Puccini, ofrecida en el teatro Rossini de Venecia. Sus suce­sivos éxitos le valieron compartir con otros ilustres y destacados artistas la mención especial dedicada a ellos por la Enciclopedia Diocesana Fidentina. Saybene regresó definitivamente a la Argentina en 1914 con su esposa y sus primeras cuatro hijas: Sulema, Silva­na, Suzel y Selene estableciéndose en Cañada de Gómez donde nacieron tres hijas más: Safo, (casada con Miguel Chiarpenello, padres del que escribe esta nota), Sólima y Soledad. En esa ciudad se desempeñó como Juez de Paz, fue jefe de redacción del periódico "Tribuna", estuvo entre los iniciadores de la biblioteca "Rivadavia" y entre los primeros catedráticos de la Escuela Normal inaugurada en 1917. En 1931, siendo secretario de la Municipalidad,   fundó acompañado
por un entusiasta grupo de vecinos el "Instituto de Enseñanza Secundaria Florentino Ameghino" donde fue di­rector y docente. Motivó la creación de este colegio el hecho de que los jó­venes pudiesen cursar el bachillerato sin necesidad de trasladarse a Rosario. Alfredo Saybene siempre consideró la creación de este instituto educacional, cuya biblioteca lleva su nombre, como "su obra de amor". Falleció en Rosario el 4 de agosto de 1961. Tenía 85 años. Sus restos descansan en el cementerio El Salvador.
estudió armonía con el eminente An­tonio Guarnieri, siendo además discí­pulo de Mario Tarenghi profesor de la "Scuola Musicale" de Milán. En el Teatro Dal Verme de esa ciudad presentó Saybene en 1905 su primera ópera, "Aminta", según argumento de
Su música: la gran vocación por la mú­sica lo lleva a Alfredo Saybene a ingre­sar en el Conservatorio "Verdi" donde su labor creativa comienza a desarro­llarse y fortalecerse dando a conocer su especial talento. En ese Instituto
Torcuatto Tasso, un idilio en dos par­tes que entusiasmó al público entre otros motivos por su armonioso "Coro del le Pastorelle". La atractiva música de Alfredo Saybene se manifiesta nue­vamente en 1909 cuando estrena en Milán su segunda ópera, "Floredana", un drama lírico en tres actos según libreto de Cario Frattini obteniendo elogiosos comentarios. Compuso pos­teriormente otras obras, un "Momento Musical" y un emotivo "Ave María". Legó a la Escuela Normal Juan F. Se­guí de Cañada de Gómez la música de su melodioso himno. Sus otras com­posiciones están siendo ordenadas en estos momentos por sus descendientes. Alfredo Saybene fue uno de los hom­bres elegidos por el destino que die­ron concretas pruebas de capacidad creadora envuelta en la virtud de una fina y lúcida sensibilidad, brindándose al teatro por su profundo amor hacia una cultura menos materialista y más romántica, mereciendo por ello una mención especial en la Enciclopedia Espasa-Calpe. Para lograrlo ne. sólo cariño por la tarea, una mente abierta y un corazón sencillo.

 
Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia y Región. Fascículo N• 116 de Marzo/2013

lunes, 13 de mayo de 2013

SANATORIO NEUROPÁTICO


El cuidado de la salud mental de los rosarinos

El cuidado de la salud de las personas siempre ha sido el único objetivo del Sanatorio Neuropático de Rosario, que cumplió más de noventa años al servicio de la comunidad, sosteniendo la calidad de atención en la experiencia institucional, en la calidez humana, el respeto, el trabajo integral y la capacitación continua de sus equipos profesionales. Como en los inicios, cuando los Dres. Teodoro Fracassi, Clemente Álvarez y Al­fonso Quaranta marcaban el camino, la institución se mantiene enfocada en la atención de los pacientes priorizando la mejora de los padecimientos y males­tares significativos para éstos y sus familias, y considerando todos los aspectos relativos a la prevención.
En el mismo predio donde inició sus actividades, este centro médico mantiene su estructura original a la que ha ido incorporando áreas y servicios médicos para los enfermos, sus tratamientos y sus procesos de recuperación. La concepción del centro fue siempre una característica distintiva y una ventaja en el proceso de rehabilitación.
Actualmente, utiliza un Sistema Integral de Atención en Salud Mental. Una for­ma de tratamiento médico que implementa a través de un equipo de profesiona­les que, de manera interdisciplinaria, trabajan para la recuperación del paciente, potenciando sus recursos y habilidades, y el desarrollo de herramientas destina­das a la prevención de recaídas y a la articulación de redes de contención para él y sus familiares. En ese grupo se articulan distintos conocimientos y esfuerzos de manera integrada, reuniendo para ello a médicos psiquiatras, psicólogos, terapistas ocupacionales, músicoterapeutas, asistentes sociales, entre otros, y facilitando la organización y optimización de los recursos con personal adminis­trativo. Para las modalidades de internación se integran al grupo médicos en las especialidades de neurología, clínica y cardiología, bioquímico y enfermeros. La actividad está centralizada en el Sanatorio, en un predio de dos hectáreas que cuenta con las instalaciones necesarias para cada una de las propuestas detalladas.
Las modalidades de tratamiento del Sistema Integral de Atención en Salud Mental que utiliza el sanatorio abarcan todas las posibles demandas. La aten­ción ambulatoria, en seis consultorios localizados en el edificio. La atención ambulatoria fuera de Rosario, para personas que se encuentran fuera de la ciudad y con imposibilidad de trasladarse, con atención localizada estraté­gicamente en distintos centros urbanos. La Atención domiciliaria, reservada para aquellos que, por cuestiones médicas, psicológicas u otras, se encuentren imposibilitados de trasladarse. La Atención en crisis, que ofrece la posibilidad de cancelar las necesidades a través de consultas de urgencia con un sistema de guardias médicas las 24 horas del día, los 365 días del año. El Hospital de Día, que otorga la posibilidad de explorar sus aptitudes, recursos y vocaciones, a la vez que potencia las capacidades y destrezas ya existentes a fines de lograr una óptima reinserción social. La Internación de pacientes agudos, en el Sanatorio, que cuenta con 112 camas para la atención según las características singulares de cada caso. Y la Internación de pacientes crónicos, para los ca­sos con trastornos psícopatológicos u otros fenómenos que se vean transitoria­mente imposibilitados de retornar en un breve período de tiempo a sus hogares. Para garantizar la preparación, solidez y solvencia de los agentes de salud, el sanatorio cuenta con un equipo de profesionales encargado de la permanente capacitación, abriendo los cursos de actualización en Salud Mental a otros pú­blicos interesados y ofreciendo charlas a la comunidad sobre tópicos relaciona­dos con el campo de trabajo en el que se desarrolla la institución.
 El Sanatorio Neuropático es, además, un espacio de formación de futuros pro­fesionales en el que se desarrolla la capacitación de médicos, que realizan la residencia en psiquiatría, y estudiantes de las carreras de Medicina (UAI) y Psi­cología (UCALP).

NEUROPATICO
CASI UN SIGLO EN ROSARIO

Hace más de noventa años, los Dres. Teodoro Fra mente Álvarez y Alfonso Quaranta fueron los responsable crecimiento y desarrollo del Sanatorio Neuropático de Rosario. Fue fundado en la zona sur de la ciudad, en la calle San Martín 5848 donde hoy sigue funcionando, con el fin de satisfacer necesidad que se hacía sentir en nuestra ciudad. En casi dos hectáreas de superficie, esta institución fue construida en forma de pabellones independientes articulados entre sí por una edificación central donde funcionaba; lo hace, una guardia médica permanente. Hoy, respetando la arquitectura inicialmente pro: sus fundadores, y con la incorporación de infraestructura que garantiza las condiciones necesarias para el y la comodidad de los pacientes, el sanatorio mantiene suspuertas abiertas al servicio de la salud de la comunidad”


CONTACTO
Sanatorio Neuropático
San Martín 5848
2000 Rosario
Tel. (0341) 463 2002/3

Fuente: Extraído  del libro de diario de la Capital del Bicentenario- Mayo 2010

viernes, 10 de mayo de 2013

ROSA WERNICKE Y EL AMOR DE JULIO VANZO


Por Julio Chiappini

Un destino romántico y literario
Rosa Wernicke nació en Buenos Aires en 1907. En los años treinta se radicó en Córdoba y allí se publicó su primer libro, En los albores de la paz. Luego pasó a Santiago del Estero y se hizo periodista. Acaso ya sabía que un buen periodista es aquel que escribe bien aún de lo que no sabe.
En 1934 Rosa se trasladó a Rosario y colaboró en el suple­mento literario dominical del diario La Capital. No conten­ta, dirigió la parcela de crítica literaria de La Tribuna; sec­ción que no sin ocurrencia se titulaba El tonel de Diógenes.
En 1938 le tocó el turno a Los treinta dineros, que ganó el primer premio en un concurso organizado por la Asocia­ción Artística del Magisterio. La Prensa se refirió al libro con términos laudatorios; lo cual no debe admirar pues las recensiones suelen ser un brindis. De modo que dijo: "...la autora tiene esa cualidad primordial del narrador, captación rápida de caracteres y de cosas, hondura psicológica y sobre todo una comprensión fina y delicada de los matices más sutiles del alma humana. Su castellano es fluido, maneja el adjetivo con propiedad... no exento de gracia que le permite, sin incurrir en las extravagancias de tal o cual escuela lite­raria, realizar una obra que llama a la inteligencia del lector y a la vez toca su sensibilidad".
Vocación literaria había pues a poco Isla de angustia, de 1941, con ilustraciones de Julio Vanzo. En el diario Críti­ca de Buenos Aires José Gabriel sostuvo que se trataba de "una serie de relatos que son de lo mejor del género que se ha publicado en los últimos años entre nosotros". Algo de ello debía de haber pues los cuentos obtuvieron un premio discernido por la Comisión Provincial de Cultura.
En 1943 se publicó la novela más caracterizada de Wernicke: Las colinas del hambre. Se hizo cargo la editorial Claridad, de Antonio Zamora, un prolífico editor republicano exilia­do. Vanzo deslizó algunas ilustraciones en verdad modestas y mal impresas (1). En tanto, interpreto que la primera ilus­tración de Vanzo relativa a un trabajo de Rosa fue en 1934, en el artículo Filosofía de un buzón, aparecido en la revista rosarina Monos y monadas.
Hasta no mucho antes Rosa publicaba en Rosario cuentos firmados como "Rosa Wernicke de Badalotti". Luego se se­paró y Vanzo me contó que un día se llegó hasta su casa y le dijo: "Julio, ahora soy por fin Ubre. Quiero quedarme con vos toda la vida". Según Vanzo había sido el momento más feliz y emotivo que tuvo. Y ¿cuándo fue? Él me confió que en 1931 y así lo repetí en su momento (2). Pero me parece que la vida en pareja fue ulterior. Comenzó en el departa­mento de Vanzo de Corrientes 626, 5o B, y desde 1963 en Cochabamba 2010, la casa definitiva que originariamente concibió como atelier el arquitecto Ermete De Lorenzi.
Rosa también escribió para El Hogar y Mundo Uruguayo. Dejó incluso dos novelas inéditas: La mosca dorada y Las señoras y las otras. Además se animó a textos teatrales y a guiones de películas: La estrella ciega, El héroe, La obra maestra, El amor de las furias, El circo y Cenizas en los cabellos.
Por fin: Germán García, en La novela argentina, emplaza a Wernicke entre las inclinadas a la llamada "novela so­cial". De modo que la aparea a Alcides Greca, Raúl Larra, Alvaro Yunque, Leónidas Barletta, Ismael Moreno y Elias Castelnuovo.
Vanzo me dijo una vez que ella había sido "una gran escri­tora". Pero en rigor me temo que no, que fue una escritora mediocre. Ahora ya no importa. Por lo demás, y cierta vez que musité que me gustaba un cuadro que él tenía de Fader, me espetó un tanto airado que "el gusto no es un juicio esté­tico". Y que "quien no es pintor no debe opinar de pintura". Mientras, uno trabajaba en su biografía, lo cual llevó medio año con reuniones casi todas las mañanas (3). Pude incluso hacerle algunas entrevistas, a las que él simulaba ser reacio. Una creo que sustanciosa apareció en Papiro, revista de la Facultad Católica de Derecho de Rosario N° 4, 1972, p. 24. Vanzo, y toléreseme que hable en primera persona, también tuvo la deferencia de ilustrar la tapa de dos de mis libritos de entonces. Por suerte los salvan el dictamen de Borges: "la juventud cuenta con la absolución del tiempo".
Y no olvidaba comentar que Vanzo poseía muchas obras de otros pintores, amontonadas en un largo corredor que se emplazaba al final del taller a la izquierda. Es que a veces los artistas intercambiaban obras entre sí. De su visita a Roma en 1946 se trajo un autorretrato de Giorgio de Chin­eo, un óleo pequeño bien logrado. En diciembre de 1975 fui a Roma y le llevé a de Chirico una extensa carta de Vanzo. Me recibió en su departamento de un primer piso, a tiro de piedra de la casa de Keats, al pie de la Piazza di Spagna. Lo cierto es que este griego hijo de italianos y nacionali­zado francés me gruñó un saludo y me despidió sin más. Luego me quejé con Vanzo (jeremiadas fingidas), quien me dijo que jamás le contestaron la carta. En cuanto al cuadro, Isaac Fernández Torres tuvo la bondad de contarme que lo vendió en Buenos Aires al poco tiempo por cuenta y orden de Vanzo. Se non é vero...
Es curioso cómo de Chirico, por ejemplo, tomó los ijares de caballos de Picasso y luego Vanzo el mismo dibujo de ambos. Vanzo llegó a adocenarse respecto a sus temáticas: puertos, bouquets, mujeres con paraguas, músicos, tango. Es una lástima pues de artista pasó a artesano (4). De todos modos fue diez veces por ejemplo respecto a Lucio Fonta­na, su socio por añares. Fontana un artista mundial pues atinó a irse a Milán, a promocionarse bien, a tener suerte y contar con algún talento y a inventar un movimiento, el espacialismo, hasta con sala propia en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo. Junto con Berni son los pintores argentinos, ambos rosarinos, de mejor precio internacional. Se ve que los mercados y los marchands también sobrelle­van sus boutades. En cuanto a los compradores y coleccio­nistas, ¡saben lo que hacen, cómo no!
Un destino también desdichado
En realidad el romanticismo sobrelleva una veta dramática cuando no trágica. Podríamos pensar en Frida Kahlo o en Rosa Wernicke o si se quiere en Romeo y Julieta. Bien que mejor no pensar demasiado en estas cosas. Mientras, uno habla de "destino desdichado" pues Rosa pasó una enormidad de sus últimos años postrada y finalmente en estado vegetativo (5). Vanzo estaba muy vinculado con mé­dicos, de modo que no pasaba día sin que alguno fuera en visita profesional (y de paso a veces a llevarse algún cuadro a cambio o por precios módicos). Alcancé a ver parte de este calvario bien que en los últimos años ya no podía alternar con Rosa -hasta tiempo antes habíamos sido vecinos- pues ella y Vanzo no querían; sí aceptaban alguna causerie con mi padrastro, que se llamaba Rodolfo Mario Larguía; o con Alfredo Teófilo Laborde entre otros pocos. Julio Carlos se portó de manera nobilísima y cuidó a su mujer, la "Gringa", hasta el último instante pese a que ella era algo caprichosa. Por ejemplo se negaba a comer si no era Vanzo quien le daba las vituallas en la boca. Vanzo, que era un hombre muy pintón y de atractiva labia y con gran llegada a las mujeres incluso muy jóvenes (en general estudiantes de bellas artes) siendo él ya un buen se­sentón, hasta donde uno sabe atesoró a Rosa Wernicke. Fue fiel a un juramento nupcial en verdad nunca pronunciada: en el sentido de que cuidó a su mujer con gran entereza-decíamos, hasta el minuto final. Ambos simpatizaban con d Partido Demócrata Progresista a lo mejor por pose o supers­tición; partido en el que Vanzo llegó a militar con alguna cercanía a Lisandro de la Torre. Que nunca pudo conciliar su extracción social alta y sus costumbres harto burguesas salvo cuando la soledad en su campo "Pinas", con las ideas progresistas y la pobreza y decadencia final que lo llevaron al suicidio. Por algo según Novalis "el acto filosófico por excelencia".
En el trance, solamente queríamos dejar testimonio de al­gunos recuerdos e impresiones personales y rememorar un nombre literario que dio lo suyo y que por asociarse con Vanzo adquirió mayor relieve. Es que a menudo "una cosa lleva a la otra"

(1)Cuento con un ejemplar que Vanzo me regaló hacia 1970 y tantos. Creo que a-una obra inhallable. Sería plausible una reedición oficial con un prólogo crítico, la novela guarda actualidad pues trata de la niñez en las villas miseria.
(2)Chiappini, Julio Vanzo, Zeus, Rosario, 1993, p. 9; en una ilustración inmeda*-tamente antes obra una fotografía de un óleo de Vanzo sobre Rosa, una muy guapi mujer. Puede consultarse Antonio Guarini, Página 12 del 24 de diciembre de 1W (habla de "una historia de amor"). También Fernando Fariña, Julio Vanzo, Muse* Municipal de Bellas Artes, Rosario, 2001. Y Diego A. de Santillán, Gran enciclopedia de la provincia de Santa Fe, Ediar, Buenos Aires, 1967, t. II, sin mencuB de página, artículo Wernicke, Rosa. Entretanto, Blanca A. C. de Saccani, en Julio Vanzo (Edit. del Paraná, Rosario, 2006), se abstiene de precisiones sobre lo que m lo mejor fue "el amor de su vida" para Vanzo; ese hombre que como artista tuvo gran futuro en el pasado.
(3)Vanzo da toda la impresión, y es para impresionarse, de que supo vivir y tema: talento al mismo tiempo. En invierno un poco constreñía a compartir un pocillo de café (la buena vajilla no fue una de sus obsesiones), que era a poco de jugo de paraguas, a la que le agregaba unas gotas de whisky nacional. Nunca más tome «¡t brebaje; pero no faltará oportunidad.
(4)Vanzo solía condolerse de que la burguesía rosarina, su clientela, por ignoras* solo apetecía pintura figurativa y decorativa. Él podía haber sido, en cambio y entre tantas cosas, un gran pintor expresionista o surrealista: fue el más grande dibujar -y conocía como nadie la cocina de la pintura. Me dicen que alguna vez dijo que Rosario es una ciudad de gnocchis y tallarines si son baratos y abundantes".
(5)La postración comenzó en 1957 con un ataque cerebral. Murió el 3 de septiembre de 1971. Sus restos descansan en el cementerio La Piedad, al lado de los de la madre de Vanzo, Antonia Siffredi. El padre de Vanzo, Giuseppe, fue asesinado por la mafia, en 1912, aquí en Rosario, por razones que aún se conjeturan. Fue un pintor aficionado; Vanzo siempre ofrecía un buen cuadro suyo por otro de su padre.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia y Región. Fascículo N• 73 de Abril 2009.-

jueves, 9 de mayo de 2013

JULIO VANZO Artista Plástico ( 1901-1984)


PINTAR CON EL ALMA
No sólo fue un gran pintor, sino un referente cultural y un hombre querido. La calidez de su recuerdo se vincula, entonces con mucho más que con el valor de su obra
Por Fernando Fariña
 
Julio Vanzo ha quedado en la historia como uno de los más reconocidos artistas rosarinos y un referente cultural, que vivió in­tensamente su ciudad. Pero Vanzo es mucho más que eso, fue también el gran amigo de Lucio Fontana, el compañero de Hilarión Hernández Larguía en la aventura de llevar adelante el Museo Castagnino y el amante y marido de la escritora Rosa Wernicke, a quien cuidó por años caaaaAo ella quedó postrada, dejando indaaa de lado el sueño de irse a vi­vir a Italia.
La muerte temprana de su padre lo obligó a hacerse cargo de la economía familiar y lo hizo a través de una habilidad: realizar ilustración y caricaturas. En 1919 presentó  su primera muestra indi­vidual en el salte Witcomb de Rosario y desde entonces desarrolló una gran pro­ducción, dibujando, pintando, haciendo publicidades y hasta alguna escultura.
En un contexto marcado por el natura­lismo academicista, Vanzo se interesó por la acción de las vanguardias europeas a través de diversas publicaciones, que leyó con avidez, y contactos con intelectuales. Tal era su deseo de estar actualizado que aprendió incluso a leer inglés diccionario en mano, aunque jamás supo hablarlo.
Reconocido pronto, sin embargo tuvo que sobreponerse a varios escollos, como que en 1929 le rechazaran en el salón li­bre de Bellas Artes su obra "El descanso de las máquinas de circo" por "inconve­niente e inmoral", lo que motivó un en­cuentro público de apoyo y desagravio.
     Entre los muchos movimientos, se in­teresó principalmente por el cubismo y el expresionismo, pero absorbió todo para desarrollar una estética personal carac­terizada por la heterogeneidad y el cruce de tendencias, rasgo que se mantuvo a lo largo de su trayectoria artística.

A partir de 1937, con la creación del Castagnino, acompañó a Hernández Lar-guía en su gestión, que apoyó decidida­mente la modernización. En esos años, se consolidó además como uno de los artis­tas más destacados de la ciudad y recibió numerosos premios.

Junto con Fontana compartió el taller entre 1939 y 1946, hasta que éste partió a Buenos Aires. Pero no todas fueron flores entre ellos: diferencias importantes dar rante un concurso los llevaron a retarse a un duelo, que finalmente no se concretó.
En 1946 Hernández Larguía fue re­movido de su cargo y Vanzo obligado a renunciar. Desde entonces el artista dejé de lado la gestión y trabajó en su taller, donde creó series famosas como la de las paraguas (1953), del tango (1957) y de las Tres Gracias (1958), que contaron can una buena aceptación del público.
Incansable, realizó a lo largo de su vida muchas muestras individuales en gale­rías de renombre nacional, diseñó esceno­grafías y vestuarios para obras teatrales fue docente, hizo carpetas de grabados e ilustró libros. Inclusive su casa se volvií un lugar de paso obligado de los intelec­tuales que visitaban la ciudad.
Sin embargo, siempre consideró a su obra como menor en relación con la de sa gran amigo Lucio Fontana, el mismo que lo invitó a irse a Italia con él y a quien na acompañó por la grave enfermedad de su mujer. Vanzo lo sobrevivió muchos anua y siguió cosechando elogios. Sin embargo, nunca se conformó.

Fuente.: Extraído de la Revista del diario “La Capital” 140 años – (1867-2007)