Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 25 de abril de 2013

La fiebre de hacer


Por. Rafael Ielpi
Algunos de aquellos actos oficiales rosarinos tuvieron un inte­rés adicional: señalaron el inicio de varias de las grandes obras e instituciones de la ciudad. Fue durante la Semana de Mayo, por ejemplo, cuando se coloca la piedra fundamental del proyectado gran centro de salud que Rosario demandaba por entonces: el que luego sería el imponente Hospital Nacional del Centenario y la Escuela de Medicina. La idea fue sugerida a un puñado de hombres de la llamada "clase principal" por el gerente del Banco Español, Cornelio Casablanca, a media­dos de abril de 1910, en uno de los salones del aristocrático Jockey Club. II capital inicial, estimado por él mismo en 800 mil pesos, no parecía imposible de lograr con el aporte de los miembros de la burguesía rosarina, integrada en su mayoría por políticos, profesionales, comerciantes e industriales.
Según él mismo lo reconocería hidalgamente en más de una ocasión en forma pública, Casablanca había sido sólo uno de los importantes propulsores para la concreción del ambicioso proyecto: El honor de haber iniciado y auspiciado esta obra no me corresponde en un todo, pues la idea de hacer una Escuela de Medicina corresponde al doctor Lisandro de la Torre, quien la hizo conocer al doctor Corbellini y a mí un año antes del Centenario. Planeada la Escuela por el doctor Corbellini, que fue siempre un entusiasta partidario de ella, fui consultado sobre la posibili­dad de llevar a cabo el proyecto, conviniendo que no había ambiente favora­ble si no se asociaba con la construcción de un hospital, y que debía esperarse un momento más oportuno. Ese momento llegó con el Centenario y la idea del policlínico lanzada por mí en la noche del 18 de abril de 1910, ante un reducido grupo de amigos no fue sino el complemento, mejor dicho la base, de la Escuela de Medicina postergada. Fue, pues, una idea de largo tiempo madurada, aun cuando casi todos la creyeron una improvisación de las circunstancias, diría en 1924.
Casablanca contaría inicialmente también con el consejo y la ayuda de tres médicos prestigiosos de la ciudad: Clemente Álvarez, José S. Sempé y el ya citado Enrique J. Corbellini; el primero de ellos, reconocido por sus constantes luchas en pro del control de la tuberculosis en la ciudad, en especial a través de la "Liga Argentina contra la tuberculosis", fundada en 1901, que presidió, y en la que trabajaría tesoneramente contra la enfermedad junto a Casablanca y el más tarde intendente Isidro Quiroga; el segundo, director por entonces de la Asistencia Pública, además de un estudioso del tema hospitalario, capaz de señalar las deficiencias del sistema en el Rosario de comienzos de siglo y firme promotor de la construcción de un hospital adecuado a los tiempos y al avance general del sanitarismo; el último, que estaba a cargo entonces del Hospital Rosario (había sido designado en 1907), era uno de los más entusiastas propulsores de la creación de una Escuela Médica, cuya concreción había impulsado sin éxito un año antes junto con Lisandro de la Torre, que había comprobado en Estados Unidos, adonde viajara más de una vez, el funcionamiento positivo de este tipo de centros de enseñanza médica privados, algunos de ellos muy prestigiosos.
Sería otro recinto exclusivo, el del Club Social, el ámbito para la asamblea de notables promovida por Casablanca con el aval de más de setenta firmas "de pro" y la asistencia de más de un centenar de adherentes al ambicioso proyecto. En ella se leería el manifiesto "Al Pueblo del Rosario", cuya redacción se atribuye a Francisco Correa; se elegiría la primera comisión directiva, para cuya presidencia se designó por abrumadora mayoría al entonces gerente del Banco Español; se excluiría de aquélla a los médicos y se iniciaría finalmente la suscripción inicial entre los presentes. Esa noche, para asombro de muchos, se había recaudado una suma que rondó los 440 mil pesos.
La suscripción popular inmediata, abierta en algunos bancos de la ciudad y promovida en especial por Casablanca, Fernando Pessan y De la Torre, iba a demostrar el entusiasmo que la idea (y el fervor del Centenario, sin duda) había despertado en los rosarinos, pertenecieran o no a la clase adinerada. En menos de una semana, lo depositado alcanzaría casi a un millón de pesos, que subirían a $ 1.231.750 el 24 de mayo, al colocarse la piedra fundamental de las obras. Monos y Monadas detalla los pormenores de la ceremonia, que incluyó discursos del intendente Quiroga y Casablanca, bendición del párroco de la Catedral, presbítero Nicolás Grenón, y un coro de 5 mil niños que cantaron el Himno Nacional, con una orquesta dirigida por el italiano Santángelo. El entusiasmo contagiaría incluso al periodismo: ese barrio de suyo tan apartado y solitario se transformó ese día antes de recibir los beneficios del altruismo popular, pudo leerse al día siguiente.
La idea encontraría, sin embargo, no sólo auspiciantes económicos sino también voces sensatas que se preocupaban por el futuro de semejante edificio, una vez construido el mismo: La magna idea de conmemorar deforma perenne nuestro centenario con la construcción de un Hospital-Modelo, que debe ser la aspiración de los iniciadores y del pueblo en general, aloca sobre el tapete una cuestión de actualidad. Debe tenerse en cuenta —decía La Capital ese mismo año— la construcción, conservación y mantenimiento del futuro hospital, indicando un cuadro de conjunto y recordando los elementos que deben concurrir para el bienestar de los enfermos que a la enfermedad unen la pobreza, entendiendo que la idea dominante es levantar un hospital para pobres...
Agregaba el diario fundado por Ovidio Lagos: Dicho hospital ten­drá un programa de aproximadamente 300 camas divididas en dos servicios (hombres y mujeres); dos servicios de cirugía, un servicio de medicina para niños, uno de oftalmología, uno de piel, sífilis y venéreas, uno de laringología y uno de vías urinarias. Si el terreno se prestase, por su extensión, podría construirse un pabellón aislado, para tuberculosos. Honraría a la ciudad este hospital.
Mientras tanto, la Comisión, que era una verdadera constelación de apellidos reconocidos de la alta burguesía mercantil: Lisandro de la Torre y Martín de Sarratea como vicepresidentes; José Castagnino y Angel Muzzio como tesorero y protesorero, Osvaldo Rodríguez y Luis Colombo como secretarios y Ciro Echesortu, Santiago Pinasco, Juan B. Quintana, Emilio D. Ortiz, José García González, Fernando Pessan, Enrique Astengo y Eduardo Rosemberg como vocales, avanzaba hacia el inicio de las obras, preparando los pliegos para el con­curso de proyectos, convencidos sus miembros, como lo refrendaran por escrito, de que los ricos tienen una función que legitima las diferencias de fortuna y deben demostrar que son dignos del envidiado lugar que ocupan. Entre una obra puramente artística y otra que, sin excluir el arte, fuere a la vez de beneficencia, enseñanza científica y utilidad inmediata, nos quedamos con lo segundo...
Al poco tiempo, Monos y Monadas consignaría que es increíble el éxito de ¡a suscripción pública para levantar el gran hospital, comen­tando a la vez la designación de una comisión asesora de médicos, "distinguidos e ilustrados", encargados de informar sobre los aspec­tos técnicos de la colosal obra, y también ellos portadores de apellidos de prestigio en la ciudad: Bartolomé Vasallo, Camilo Aldao, Clemente Alvarez, José Sempé (ex Director de la Casa de Aislamiento por entonces),JerónimoVaquié, Saturnino Albarracín, Rafael Araya, Camilo Muniagurria, Domingo del Campo, Eduardo Carrasco, Enrique Corbellini, Cayetano Zampettini, Domingo Mangiante, LuisVila, Federico Schleisinger, José Agneta y Enrique P. Marc.
La revista dejaba constancia de que, tratándose de un hospital de cuatro manzanas, vienen ahora los puntos más complicados, como deter­minar cómo se distribuirán los numerosos pabellones aislados, además del edificio de la Escuela de Medicina anexa que se creará. A la suscripción (exitosa pero insuficiente para semejante obra) se sumarían los apor­tes de la Municipalidad de Rosario, que a la donación, en mayo de 1910, de las cuatro manzanas contenidas por las calles Urquiza al norte, Santa Fe al Sur, Suipacha al este y las vías del Ferrocarril Buenos Aires-Rosario, al oeste, agregaría un subsidio de 300 mil pesos pagaderos en tres cuotas a partir del año siguiente Una cifra similar, de acuerdo con los documentos publicados por la Comisión del Centenario, fue aportada por el gobierno santafesino, mientras que la Ley 7031 del 2 de junio de 1910 estableció un subsidio del gobierno nacional de 250 mil pesos para dicho año y de una suma igual para 1911, que fueron aportados no sin las demoras previsibles. El monto estimado para la construcción del Hospital Centenario y la Escuela de Medicina quedó fijado en $1.700.000 La relevancia del proyecto hizo que se decidiera un concurso internacional, cuyo llamado se produjo en octubre de 1911, con un plazo de seis meses para la recepción de trabajos, y un jurado que incluía el doble de técnicos que de médicos, de acuerdo al expreso pedido de la Sociedad Central de Arquitectos de la Argentina. Por los primeros, lo integraron dos ingenieros arquitectos de la colegiación pro­fesional de Buenos Aires: Carlos Nordmann y John J. Doyer, y dos locales, el ingeniero arquitecto Italo Meliga, uno de los profesiona­les reconocidos del Rosario de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y el ingeniero civil Manuel Sugasti. Sólo dos médicos, como se había exigido, pudieron juzgar las propuestas: Clemente Álvarez y LuisVila, a los que se sumaría Casablanca, que no era ni médico, ni ingeniero ni arquitecto pero sí el alma mater de aquello que parecía una utopía.
En abril de 1912, cumplido el plazo de recepción, los trece proyectos recibidos fueron exhibidos en el local del Jockey Club, en Córdoba y Maipú, ante el consiguiente revuelo de los habituales paseantes. El jurado, el 8 de mayo, declaró desierto el primer premio, que tenía una recompensa de 12 mil pesos y otorgó en cambio dos segundos, de 10 mil pesos cada uno, a los denominados "Ciencia y Arte",del ingeniero francés Rene Barba y el doctor Varzi, y "Paraná", cuyos autores eran el ingeniero Walter Molí y los arquitectos Ernesto Froliorg y Marcel Daxelfohofer, y un tercero de 5 mil pesos a "Salud", de los ingenieros Taurel y Distasio.
La Comisión iba a demorar sin embargo hasta el 4 de noviembre para determinar el proyecto finalmente elegido, lapso consumido en reuniones con los autores de las tres propuestas premiadas y en discusiones sobre las reformas propuestas por el equipo de médicos y arquitectos e ingenieros designados, entre los que estarían los ex jurados Meliga, Sugasti, Álvarez y Vila, a los que se sumaría invitado
Rezzara, otro de los prestigiosos del período finisecular, y finalmente Martín de Sarratea y Osvaldo Rodríguez, integrantes de la Comisión pro Hospital. Corbellini, pese a su digna renuencia a integrar las comi­siones vinculadas al Hospital y la Escuela que tanto impulsara, se sumaría como asesor permanente en ese período de febriles actividades. El 4 de noviembre de 1912, el proyecto de Barba-Varzi quedaba por fin consagrado como el elegido.
Ya bastante antes tampoco se privarían de hacer conocer su opi­nión los médicos de la ciudad, aun apelando al anonimato como un "Doctor X" que en La Capital del 15 de mayo de 1910 proponía: Deben construirse pabellones separados y ventilados, aireados, con buena luz y sol, separados unos de otros por una distancia doble a su altura, señalando como modelos a los policlínicos San Mauriziano de Turín, Boucart de París y los de Berlín y Roma, por entonces los más renombrados de Europa.
Las obras, en rigor de verdad, comenzaron en 1913 y La Capital dedicó un largo artículo al asunto, con una fotografía de las mismas, pero la crisis que devino como corolario de la Primera Guerra Mundial provocó cada vez mayores retrasos en su marcha. Fueron subsidios pro­vinciales y nacionales los que posibilitaron que el proyecto terminara finalmente, a lo que debe sumarse una importante donación de Adolfo Rueda (que fallecería en 1918), la que permitió completar los fondos necesarios para la construcción de la mayor parte de los pabellones planificados.

Fuente: Extraído de Libro Rosario del 900 a la “decada infame”  Tomo II Editado 2005 por la Editorial Homo Sapiens Ediciones

martes, 23 de abril de 2013

COPA IBARGUREN


Por Leonardo Volpe (i), Cristian Volpe (2) y Soccorso Volpe (3)*

En 1913 el Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, doctor Carlos Ibarguren donó una copa que llevaría su nombre para que la disputaran los campeones de Buenos Aires,   Rosario y Santa Fe. Dada la importancia de los participantes, el ven­cedor del certamen era considerado cam­peón argentino. Racing Club, ganador del torneo de la Asociación Argentina de Football, Newell's Oíd Boys, campeón de la Liga Rosarina y Colón, triunfador del torneo santafesino, tuvieron el honor de ser los primeros tres cuadros en disputarse la corona de campeón del país. Por reglamento quedó establecido que en primer término debían medirse los dos equipos de la Provincia de Santa Fe, cuyo ganador enfrentaría en la final al representante de la Asociación Argentina. Asimismo se estipuló que el cotejo decisivo se jugaría siempre en Buenos Aires. El choque de semifinales debía jugarse el 21 de diciembre, pero los directivos de Ñuls adujeron que a esa altura del año algunos de sus futbolistas se encontraban fuera de Rosario, en sus localidades natales, tal el caso de José Viale, que estaba en Centeno. Por tal motivo el compromiso se postergó. Finalmente el 29 de marzo de 1914 se efectuó el encuentro entre NewelPs y Colón, en la cancha del Parque de la Independencia. Allí el elenco leproso apabulló a su oponente con un contundente marcador de 8 a O, lo que le permitió clasificarse a la final. Paradójicamente el conjunto del parque afrontó el partido con la ausencia de varios de sus habituales titulares. Las formaciones fueron las siguientes; Newell's: José Airaldi; Florentino Varni y Julio Ongay; Cayetano Blotta, José Tacconi y Antonio Torelli; Juan Martin, Manuel González, H. J. Hamblin, Ricardo Puig y Anacleto Ongay. Colón: J. Montenegro; J. Sosa y E. Osuna; J. Marc, E. Gómez y L. Paván; M. Rodrí­guez, A. Rebechi, H. Fontana, Atilio Badalini (con posteridad jugó en Ñuls  ganó la copa Ibarguren 1921-ver en segunda parte-) y A. Leger.

Posteriormente el 5 de abril Racing Club, en su estadio se impuso por 3 a 1, quedándose con la copa. En el equipo rojinegro jugaron Caraciolo González y John Povey en lugar de José Tacconi y Ricardo Puig respectivamente .
arbitro, Luis Gil, sancionó una mano dentro del área del zaguero auriazul, Ignacio Rota. Instantes después Ohaco sacó un remate que Moyano, arquero del conjunto rosarino detuvo, evitando la caída de su valla. Ninguno de los dos equipos pudo sacarse ventaja luego del tiempo reglamentario y el suplementario, por tal razón se resolvió ce­lebrar un desempate, que se llevó a cabo el 30 de abril en el estadio
de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Gran expectativa causó el cotejo decisivo, que contó con una buena cantidad de espectadores. Los once titulares del equipo auriazul fueron Ramón Moyano; Zenón Díaz e Ignacio Rota; Ernesto Rigotti, Eduardo Blanco y Jacinto Perazzo; José Mario Barbieri, Antonio Blanco, José Laiolo, Ennis Hayes y Alfredo Woodward. En tanto que La Academia de Avellaneda alistó a S. Arduino; Ricardo Pepe y Armando Reyes; Ángel Betu-lar, Francisco Olazar y J. Viazzi; Zoilo Canaveri, Vivaldi, Alberto Ohaco, Juan Hospital y Juan Perinetti.

Tras comenzar el partido, rápidamente a los 11' Laiolo dejó en el camino a Reyes, zaguero de Racing y definió ante la salida del guardameta para anotar el primer tanto. Poco le duró la alegría a Rosario Central, puesto que cuatro minutos después Vivaldi igualó el marcador. Posteriormente el cuadro canalla se vio perjudicado por la labor del juez, que le invalidó dos goles a Laiolo, uno por una supuesta falta de Rota y el segundo por un dudoso offside. Según las crónicas de la época fueron  desacertadas las decisiones del arbitro. En definitiva los noven­ta minutos reglamentarios terminaron igualados y se disputó un alargue de dos tiempos de quince minutos cada uno. A los 5' de la prórroga Laiolo estableció la segunda conquista de Central, que rubri­có el triunfo con un gol más señalado por Alfredo Woodward a un minuto del cierre. Con el 3 a 1 final Rosario Central se adjudicó la copa Ibarguren y se proclamó campeón argentino. En honor a la magnífica conquista, la Liga Rosarina de Football organizó una cena en el hotel Mayo, donde asistieron además de los jugadores, dirigentes, tanto de Central (su presidente en ese entonces era Tomás Flynn), como de la entidad organizadora. Asimismo el Consejo Superior de la Liga Rosarina hizo entrega de la copa, que consistía en un hermoso trofeo de plata.

SUPREMACÍA DE RACING Y TÍTULO XENEIZE EN 1919


El 30 de diciembre de 1916 se midieron nuevamente Racing y Central, en la cancha del equipo de Avellaneda. El elenco local fue muy superior y se alzó con el triunfo, gracias a un inapelable 6 a 0. En 1917 una vez más se vieron las caras las dos academias, correspondiéndole el triunfo a la albiceleste por 3 a 2. El partido se efectuó el 13 de enero de 1918 en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. En noviembre de ese año Racing Club completó una seguidilla de galardones, ya que el domingo 24 goleó a Newell's por 4 a 0 y obtuvo por tercera vez consecutiva el torneo. En la edición de 1919, el triunfador resultó ser Boca Juniors, que batió a Rosario Central por 1 a 0, en un cotejo llevado a cabo el 8 de febrero de 1920 en el reducto que Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires tenía en barrio Palermo.
EDICIÓN 1920, TIRO FEDERAL VAPULEÓ A BOCA JUNIORS
La edición de 1920 quedó en manos de Tiro Federal, que sorpresivamente doblegó a Boca Juniors. En un principio el elenco xeneize se había impuesto por 2 a 1, pero el cotejo fue anulado por una inclusión indebida por parte de Boca del arquero Américo Tesorieri y de los jugadores Marcelino Martínez y Felipe Galíndez. Dicho encuentro se disputó el 29 de junio de 1921 en la cancha de Sportivo Barracas.
Varios meses después, más precisamente el 5 de febrero de 1922 se volvió a jugar la final, que tuvo como vencedor al cuadro tirolense, que contra todo pronóstico se impuso por un contundente 4 a 0. El conjunto local alineó a C. Galeano; A. Costa y J. Fa-biani; J. Mainardi, P. Busso y A. Elli; Pedro Bleo Fournol (más conocido por Calomino), J. Pissa, Pablo Bosso, A. Falbecy y A. Sánchez. Mientras que los rosarinos dieron el batacazo con los siguientes futbolistas; Lorenzo Colombo; Roberto Cochrane y Ernesto Faggiani; Antonio Rezzoagli, Victorio Faggiani y Juan Cochrane; Eduardo Bonzi, José Podestá, Justo Pastor Romero, Gerardo Waelkens y Celestino López.
La primera conquista se produjo a los cinco minutos de iniciado el juego, mediante una gran definición de Waelkens, que eludió a varios rivales para marcar el tanto. Antes que Boca pudiera reponerse, Podestá clavó la segunda estocada a los diez del primer período. Nuevamente Podestá marcó el tercer gol. Amplio dominio del conjunto rosarino, que se fue al descanso ostentado una clara superioridad futbolística, que se reflejaba en el tanteador. En el complemento
Fabiani le cometió un penal a Podestá; instantes después Juan Cochrane ejecutó la falta y anotó en el cuarto para su equipo. En definitiva fue un gran triunfo de Tiro Federal que le permitió alzarse con el título de campeón argentino.

1) Periodista deportivo. Investigación.
(2)Diseñador gráfico. Gráfica.
(3)Licenciado en antropología. Asesoramiento.
Consultas en Internet:
leovolpe81@yahoo.com.ar Espacio dedicado a la Historia del Fútbol Rosarino: http://histofutbolrosarino.blogspot. com
Bibliografía

Revista "Mundo Deportivo" (febrero i953), diario "La Capital" (noviembre ¡952), diario "La Tribuna" (noviembre 1952, octubre 1953 y marzo de 1958), libro de tablas de posiciones A. R. F. y libro "Fútboly Recuerdos III (Julio
Ongay - 1992).
 
Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia y Región. Fascículo N• 114 de diciembre de 2012.-

viernes, 19 de abril de 2013

EL DÍA QUE ROSARIO CENTRAL PASÓ A SER DE ARROYITO


Por Leonardo Volpe (*i), Cristian Volpe (*2) y Soccorso Volpe (*3)

Sin dudas Rosario Central está estrechamente ligado al barrio Lisandro de la Torre, más conocido como Arroyito, pero no siempre su estadio estuvo emplazado allí.
Luego de marcharse de la Quinta Sanguinetti, en 1918 el conjunto auriazul asentó su field a espaldas de los galpones del F.C.C.A., en inmediaciones de la extinta parada Castellanos, más precisamente la cancha estaba situada comienzos de la calle Iriondo (actualmente Ingeniero Thedy), contra la calle Facundo de Zuviría (hoy Central Argentino), lindando con los viejos talleres del ferrocarril Central Argento. Según narró Wladimir Mikielievich, la colocación del alambrado del nuevo campo de juego se hizo con tal rapidez, que al domingo siguiente de haberse mudado se disputó un partido.
Amismo añadió que dicho terreno llano y a diferencia de la cancha del cruce, sus alrededores estaban desprovisto de pastos altos.
Posteriormente, en 1924 la institución independizó totalmente del ferrocarril Central Argentino, por tal motivo o que abandonar dicho campo de deportes, que le pertenecía a la empresa Tras quedarse sin cancha jugó en la  Club Atlético Bolsa de Comercio, en 9 de Julio y Ovidio Lagos.
Luego obtuvo una concesión por parte la Municipalidad de Rosario de  uno en el barrio Lisandro de la Torre para poder emplazar su reducto allí tarde en 1951 logró adquirir esos terrenos. Por tal razón a finales del año 1926 inauguró el estadio de las calles Génova  (ex avenida Central) y Juan B. Cordiviola (antiguamente calle 31).
La tarde del 14 de noviembre por primera vez en su historia Rosario Central hizo de local en un cotejo oficial en Arroyito y su rival fue nada más, ni nada menos que Newell's Oíd Boys, su tradicional adversario. El público agotó las entradas desde muy temprano, ya que nadie quería perderse el clásico de la ciudad, que se jugaba por tercera vez en el año. Tan grande fue la expectativa que mucha gente tuvo que conformarse con seguir las alternativas del juego desde las adyacencias del estadio. En los anteriores dos cotejos, en el primero, Newell's se había impuesto por 3 a 1 el 10 de enero y en el restante igualaron en uno el 27 de junio. El cuadro auriazul tenía la posibilidad de revancha en su nuevo reducto.
 En los primeros instantes del encuentro el elenco rojinegro fue el dominador del juego y a los 5' abrió el marcador, gracias a un remate de Umberto (nombre italiano de Humberto) Libonatti. Cuatro minutos después el mismo jugador anotó el segundo gol. Panorama netamente adverso para el equipo canalla, que achicó distancias a los 15', mediante un penal que convirtió Florencio Sarasíbar. Incentivado por el descuento Rosario Central salió a buscar el empate, que logró a los 25 cuando Castagno pifió un remate de Coirini y señaló un autogol. A los 26' Bertei dio vuelta el tanteador y puso en ventaja a su equipo por 3 a 2. Notable reacción de Central, que en pocos minutos pasó a ganar el cotejo. En el complemento Bertei, marcó el cuarto tanto, con el que su equipo se impuso por 4 a 2. Al término del encuentro se observó el festejo de la parcialidad auriazul. que desde ese entonces pasó a ser del club de Arroyito, ya que su club quedó vinculado con el barrio, que lo adoptó como propio. Las formaciones de los equipos ese día fueron las siguientes; Rosario Central alistó a Octavio Díaz; Francisco De Cicco y Florencio Sarasíbar; Félix Sarasíbar, José Fíoroni y Fernando Fajardo; Antonio Maclas, A. Ongaro, Armando Bertei Atilio Coirini y Esteban Indaco. Mientras que Newell's Oíd Boys saltó al campo de juego con Enrique Vogler, Ángel Rizzi y Florindo Bear-zotti; Alfredo Chabrolín, Carlos Villa y Miguel Castagno; Agustín Peruch, Humberto Libonatti, Atilio Badalini, Antonio Ansaldi y Manuel Morosano.
Luego en 1929 se inauguraron las tribunas populares del estadio, que agrandó su capacidad. Para la ocasión se organizó un partido amistoso ante Peñarol de Montevideo, pero esa es otra historia que será contada en su debido momento.

Bibliografía

"Anales del Fútbol Rosarino" (Cipriano Roldán - diario La Tribuna 1958), Artículo "Aquella cancha del viejo "Talleres'T (Wladimir Mikielievich), "Historia en azul y amarillo" (diario La Capital 2011)
(*1) Periodista deportivo
(*2) Diseñador gráfico
(*3) Licenciado en antropología
Consultas en Internet: leovolpe81@yahoo. com.ar
Espacio dedicado a la Historia
del Fútbol Rosarino: http://histofutbol-rosarino. blogspot.com.

jueves, 18 de abril de 2013

DEL PEINADO A LA COSMÉTICA

En los primero treinta años siglo, la diferencia de moda, según los nuevos críticos estéticos, cuidado de la belleza.
La seda, el raso, el terciopelo, el tafetán, el cheviot, escocés, la lanilla, la sarga, las gasas, formaban parte de los atuendos para salir de las mujeres entre 1900 y 1915, vestidos, tapados y capas con los complicados sombreros de plumas y adornos y los guantes largos que formaron parte de la moda.
En enero de 1910, Ana de Montalvo escribe en La Capital en su columna “La moda y el buen gusto: El empeño furioso por copiar la moda. Aquella lejana comentarista rosarina relata algunas de esa imposiciones de moda del comienzos de siglo: “Los enormes sombrero ladeados que por un lado tocan el hombro, la falta lisa y ceñida; los altos tacones de los zapatitos, la silueta de una señora a la moda es bastante ridícula: se asemeja a un hongo o a un paraguas.
Alrededor de la decana 20 hubo grandes cambios en la moda femenina, el mismo diario comenta la llamada del modelito de 1918, “La mala costumbre de exagerar la moda de caer en ridículo; las faldas estrechas o polleras entravée ocasionaba los percances a sus portadoras, de caída en la calle, la risa despiadada de los peatones y la vergüenza, del descosido de las costuras de la falta, abierta por la tirantez, cuando el ascenso al estribo de un coche mostraba a mostrar parte de las escondidas piernas.
El peinado también tuvo modificaciones al comienzo de siglo al corte “ a lo muchacho” de los años 20, cuando la melena garcón se convertía en una moda. Los rizos y bucles postizos fueron reemplazados por peinados aplastados y luego por colas y trenzas. Se leía en el Centenario:”Cualquiera sea la cantidad y largueza de nuestros cabellos, nuestra cabezas están bien peinada sin la ayuda de postizos.
Entre los años 1900 y 1930 surgieron los rodetes jopos, rulos, trenzas, rizos que era esencial en el peinado femenino, ( se deja atrás a los que como el francés Fernand Leonard, criterios de la elegancia en esa materia entre 1905 y 1915) Leonard que era conocido entre las niñas rosarinas de modo en el Centenario y su casa de peinado era en la calle Córdoba 844.
La contemporánea a Leonard, Andrea de Callejas, en Santa Fe e Independencia era propietarias de varias casas de peinados y postizos, cuya sucesora Pascuaza de Ferraro, fue la primera en tejidos de cabellos caídos y en ondulación natural. Carmen de Ferrari, por su lado con su cartel de “ Coiffeur des dames en Córdoba 1338.
La moda rosarinas había lugares para escribir con lucirla. Gestos y muecas señala en 1913 al hipódromo como desfile de la moda, de rosario. La mujer rosarina elegante por sí, ha comprendido en lucir su último toilette en Hipódromo Intendencia y no en el parque. ( Superando el segundo centenario), en 1916 una nueva renovación en el crítico de la moda europea, donde las señoras rosarinas de alta social ponían en boga.
La moda este período hasta 1925, tuvo que ver con la confección de vestidos, trajes, tapados y blusas confeccionada en algunas de las tiendas rosarinas o porteñas de acuerdo al último grito de París o Londres para ser lucida, admirada envidiada en cualquier de las actividades que convocaban a las damas y caballeros de la sociedad local, a la vela en el Colón o La Opera, o al banquete de don Ramón Cifre o baile en el Club Social.
La actividad social de la clase popular tenía, por su lado, menos exigencia de etiqueta se ejercía sus ámbitos como las romerías españolas, los bailes de los centros y sociedades recreativas, los pic-nic populares usaban la modista de barrio.
La moda masculina produce grandes cambios en la indumentaria entre 1900 a 1910, la vieja artesanía de la sastrería tuvo nombres notorios en el Rosario, hombres de tijera, el colgate centímetro y la aguja a lo que iban encargar el traje, el frac o su ropa para ir al teatro para la burguesía rosarina, Ramón Martínez, Marcelo Morón, Maiolino Hermanos, Matías Layas, Caro Hermanos, Lomascolo Hermanos eran reconocidos santerías y tiendas diversas nombre: A la Ville de Toulouse en Libertad 78; La Confianza en San Martín 724; la sastrería Inglesa en Córdoba 1000. The High life Porteño en San Martín 983, la sastrería del Comercio en Entre Ríos al 700; la Mondiale, en Maipú e Mendoza; The Albion House en Córdoba y Sarmiento; el nuevo siglo, Muro y Cía en Córdoba al 1100. El Sportsman, en Sarmiento y Santa Fe; The Lasting , sastrería inglesa en Córodoba 1025 o Plus Ultra cerca de inicio de la década del 30.
El sombrero a partir del centenario y varias décadas después, una costumbre en la sociedad rosarina, se cubrían asimismo la cabeza de los niños con gorras, sobre todo en los sectores más populares. Para los sombreros masculinos, Rosario contaba desde 1867 con especialista como Casa Pusterla, que en 1912 hacia publicidades.
Había otra cosa que Casa Marino, en San Martín 947; en la Casa Trece Penedo de Córdoba 952, también se obtenían camisas y medias italianas y Casa Rossi de Córdoba de 1100.-
Los cuellos eran un elementos indispensable de la elegancia masculina de esos años , la más popular Casa Mey en Sarmiento al 700. En la Peluquería del Jockey Club en San Martín 809, donde se vendían puños y bastones y la Condal en Córdoba al 800.-

CREMA , PERFUME Y OTRAS BELLEZAS.

En 1902, la firma rosarina Demarchi, Parodi y Cía., promocionaban sus productos.
En 1914, la jalea Fin de siglo, en tarros proponía masajes contra la obesidad, para la reducción de la papada, de la mejilla o senos abultados, mientras entre 1920 y 1930 se hicieron popular, la Pomada Reductora Sarowal, Las Habas de Vucca, remedios infalibles para obesos.
En 1910, Monos y Monadas y Caras y Caretas publicaban avisos de faja Leonard, Faja Abdominal Gesell y marcas como Vestal, Marvel, Auds con ligas.
Los productos destinados para la belleza facial, la eliminación de arrugas , pecas y granos, los que iban desde los polvos grasosos - maquillaje a las crema y aguas desde 1900 al 1930 para género femenino.
Las aguas de bellezas existían en 1920 era el agua Blanco Casanovas destruía pecas, manchas, granos, rastros de viruela y marco como La Sirena, Nupcial, Magdalin y Aguas Japonesa Tholdber se asignaban el agua de belleza Schonheits waser.
Los polvos usaban casos con discreción en la cosmética femenina. Entre 1905 y 1915 se usaban el Polvo Simón, base de flor de arroz sin bismuto; el famoso Polvo grasoso de Leiclnner conocido como polvo de arroz Fleur de Nice, luego en 1920 el polvo facial: polvo Brissac, los polvos faciales Cielito Mío y Flores de San Isidro.
La famosa crema de lechuza usada como Beauchamps que promovían las casa cosméticas francesas como la Creme Simón o la famosa Crema Melba. La Crema Albina color carne, a base de zumo de pepinos, garantizaba cutis terso.
Entre 1925 y 1930 se publicaban dos marcas legendaria era Elizabeth Arden era preparación de uso del tocador u la menos famosas es Crema Hinds de miel y almendras. En 1920 a 1930 eran la crema de pepinos Copo de Nieve y el Ross- Alea extraído directamente de rosas frescas.
El cabello especialmente en las damas, aparecían de las temidas canas; y se empezaban a usar las tinturas, cremas y tratamientos capilares para la caída del pelo. Se usaban para los cabellos blancos: la llama de “Agua Cristalina”, Flor Criolla, vendida en la farmacia de Day y Luchini en San Martín y San Lorenzo; el Anticanizia Migone, la Nereolina, el Rejuvenol y el Especifico Boliviano Benguria.
A partir de 1920, las canosas y los canosos podrán recurrir al Restaurador Mary Goldman a la loción La Carmela y cerca 1920 a la Nuez de Agalla, el agua Salles o El Agua de las Rubias, del Dr, Thiband convierte el pelo negro en castaño y el colorado en rubio”. La temida caída del cabello se combatía con productos importantes: La crema Pilacetol, de Chigado, la crema líquida francesa Briolline-Broux y el restaurador Pilol, cuyo productor Blas Dubarry, sobre todo la popularizó en Argentina la marca Le Sancy.
Los cabellos usaban muchos productos como las señoras a partir 1920 como fijadores de cabellos, que iban Vaseline Chesehough a la loción gomalina Zanol. Aparece en esa época : la gomina Brancato, un modo similar a lo que sucedería con King Gillette y la hojita de afeitar.
La higiene cotidiana se usaban el jabón como protagonista. Es el caso del Jabón Sunlight, que en 1910 era jabones ordinarios; del Palmolive, cuya publicidad anunciaba que “este jabón jamás se vende desenvuelto” o del “Heno de Pravia” elaborado en Madrid,; aún hoy todavía existe. Hacia 1900 se vendían el jabón Banfi, el preferido de la nobleza italiana; el Parker y la Kaloderma. En 1920 y 1930 se popularizó el jabón Reuter, donde se peleaba con el jabón de Pears, el tinkal, el jabón de la Toja y el aroma de España según los avisos.
Entre 1900 y 1915, las damas de la alta sociedad, las muchachas de barrios o las maduras, ama de casas, elegían aromas, esencias y extractos de origen francés Couronned’or, Le reve de Madelon, de Picard; Amaryllis de Lubin, L’Incroyable, de Pays; Brise Enbaumme Violette o Eau de Quinine y la famosa Atkinson’s.
Entre 1920 comienza los cambios, en la moda, la belleza y la elegancia.

Bibliografía usada de la Colección “Vida Cotidiana de 1900-1930 del Autor Rafael Ielpi del fascículo N• 7

miércoles, 17 de abril de 2013

Historia de las Facultades de la Universidad


EL HOSPITAL NACIONAL DEL CENTENARIO, TRIBUTO DE LOS ROSARINOS
AL PRIMER SIGLO DE PATRIA SOBERANA
La Universidad Nacional del Litoral aún no había sido creada cuando el 15 de junio de 1919 se inauguraron públicamente las instalaciones de la Escuela de Medicina y el pabellón de Cirugía del Hospital del Centenario. Se trataba del ala construida sobre calle Santa Fe, frente a la avenida Francia.
su término Echesortu destacó que "el pueblo de Rosario", entendiendo al "patriotismo como verdadera virtud moral reguló el sentimiento de la patria por el de humanidad", y por eso había elegido festejar el primer centenario de la Revolución de Mayo con la construcción de un Hospital y una Escuela de Medicina.

La Universidad del Litoral crea en 1920 la Facultad de Ingeniería, Ciencias Matemáticas, Físico Químicas y Naturales aplicadas a la Industria. El 5 de septiembre de 1922, la Asamblea de Profesores propuso la creación de la Carrera de Arquitecto promoviendo el proyecto ideado por los arquitectos Angel Guido y Juan B. Durán, e impulsado por un grupo de alumnos de la Escuela Industrial que deseaban permanecer estudiando en la ciudad.
El 13 de junio de 1923, cuando el Consejo Directivo sancionó la Ordenanza de creación de la carrera, ésta se puso inmediatamente en funcionamiento con 43 inscriptos.
El Plan de Estudios aprobado resultó de carácter muy restringido por circunstancias presupuestarias y se planificó para cuatro años; incluso en la mayoría de las materias, los docentes se compartieron con los estudiantes de Ingeniería Civil.
En 1935, un nuevo Plan de Estudios extiende la duración de la carrera a 5 años; fijando criterios de enseñanza que perdurarían durante casi dos décadas.
Durante los primeros 30 años, la Escuela de Arquitectura se hizo merecedora de considerable prestigio y varios de sus alumnos obtuvieron el codiciado Premio Mitre. En 1949, la institución festejó sus 25 años entusiasmada por las gestiones que se encontraba realizando el Rector Angel Guido para convertirla en Facultad.
El quiebre institucional de 1955 estableció la oportunidad de modificar completamente la estructura vigente, tanto en lo institucional como en lo académico. Desde el Centro de Estudiantes y la Sociedad de Arquitectos de Rosario se realizaron gestiones diversas para la reorganización de la carrera.
El 20 de febrero de 1956, la Universidad designó como Delegado Organizador de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo al arquitecto Jorge Ferrari Hardoy; encargado de planificarla para un futuro independiente de la Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico Químicas y Naturales Aplicadas a la Industria.
El 3 de abril de 1957 la Universidad aprobó el Plan de Estudios y Reglamento Orgánico de la ahora llamada Escuela de Arquitectura y Planeamiento, en donde se estableció su dependencia administrativa provisional de la Facultad y su relación directa con el Honorable Consejo de la Universidad, en el orden técnico docente; esto significó la autonomía académica.
La Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas tiene sus orígenes en la Escuela Provincial de Farmacia de la Universidad Provincial de Santa Fe, creada en 1911.
En el año 1921, la Escuela fue trasladada a Rosario y se la incorporó a la Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos Menores, dependiente de la Universidad Nacional del Litoral.
Las actividades se iniciaron en forma precaria por la carencia de gabinetes y laboratorios y por las dificultades propias de las cátedras de reciente formación.
En estos primeros años, la dispersión de las actividades desarrolladas en diversos locales se constituyó en otro factor de importancia que entorpecía el quehacer cotidiano y dificultaba el crecimiento de la Escuela.
Finalmente, en julio de 1926 se inaugura, por iniciativa y gestión del Decano de la Facultad Profesor Dr. Rafael Araya y siendo Rector de la Universidad Nacional del Litoral el Dr Pedro E. Martinez, el primer edificio propio de la Escuela.
La Escuela acreditó a través de los años una larga y fecunda trayectoria científica y docente. En ella se cursaron las carreras de Farmacia y Bioquímica, esta última en un comienzo como continuación y culminación de la primera.
El 21 de mayo de 1919 fue presentado un proyecto de ley a la Cámara de Diputados de la Nación por el diputado santafesino Jorge Raúl Rodríguez, con el nombre de Universidad Nacional de Santa Fe y constituida por cinco Facultades que se ubicarían en distintos puntos de la Provincia:
1        - Ciencias Jurídicas y Sociales – (Santa Fe)
2        - Ciencias Médicas – (Rosario)
3        - Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas – (Rosario)
4        - Ciencias Matemáticas, Físicas y Naturales – (Rosario)
5        - Agricultura, Ganadería e Industrias Afines – (Casilda)

La Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas se instalaría en la Escuela Superior de Comercio de Rosario sita en calle Bv. Oroño entre Mendoza y 3 de Febrero, cuyo terreno, edificio, instalaciones, gabinetes, muebles, biblioteca, etc. formarían parte del patrimonio de la Universidad Nacional de Santa Fe.
Las discusiones continuaron durante casi 2 meses, hasta que el 14 de agosto de 1919 el mismo Diputado Rodríguez junto al Dr. Luis Agote, presentan un proyecto que es aprobado en general por la Cámara, propiciando la creación de la Universidad Nacional de Santa Fe con las siguientes facultades:
1        􀂾Ciencias Jurídicas y Sociales (Santa Fe), sobre la base de la existente Facultad Provincial de Derecho, de Santa Fe;
2        􀂾Química Industrial y Agrícola (Santa Fe), sobre la base de la Escuela Industrial de la Nación, de Santa Fe;
3        􀂾Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos Menores (Rosario), sobre la base de la Escuela de Medicina y Hospital del Centenario de Rosario;
4        􀂾Ciencias Matemáticas, Físicas y Naturales (Rosario), sobre la base de la Escuela Industrial de la Nación de Rosario;
5        􀂾Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas (Rosario), sobre la base de la Escuela Superior de Comercio de Rosario;
6        􀂾Ciencias Económicas y Educacionales (Paraná), sobre la base de las Escuelas de la Nación;
7        􀂾Facultad de Agricultura, Ganadería e Industrias afines, con asiento en la ciudad de Corrientes.
El tema fue tratado en reuniones posteriores y, luego de algunas impugnaciones, el proyecto fue aprobado definitivamente el 27 de agosto con ligeras variantes entre la que se destaca el cambio de nombre de Universidad Nacional de Santa Fe por el de Universidad Nacional del Litoral. La ley nacional 10861, promulgada el 17 de octubre de 1919, es la que hace realidad el proyecto tan ansiado.
La Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de Rosario comenzó a funcionar con una orientación técnica y humanista a la vez y con una estrecha relación con el contexto, a través de la implementación de actividades de extensión y de investigación y una postura definida de apertura hacia el medio.
Los planes y programas de estudio se adecuaron a las necesidades económicas y sociales del momento y fueron buenos para su época, adecuados a la realidad de ese momento presente y del futuro inmediato.
El primer plan de estudios, se puso en vigencia en 1920, expidiéndose los siguientes títulos:
1        􀂾Doctor en Ciencias económicas (5 años, 30 materias, 2 seminarios, 2 idiomas, tesis).
2        􀂾Licenciado para el Servicio diplomático (3 años, 15 materias, 1 seminario, 2 idiomas).
3        􀂾Licenciado para el Servicio consular (3 años, 13 materias, 1 idioma). Salvo la materia “Práctica notarial”, las doce restantes son comunes con las de la carrera de “Licenciado para el Servicio diplomático”.
4        􀂾Actuario (3 años, 11 materias, 1 seminario, 1 idioma).
5        􀂾Contador Público (3 años, 14 materias, 1 seminario o un proyecto de contabilidad privada o pública, 1 idioma)
6        􀂾Calígrafo público (2 años. 6 materias, 1 cuadro caligráfico, 1 informe pericial).
Luego se aprobaron nuevos planes, que fueron creando nuevas carreras y modificando otras, en los años 1927, 1929, 1953, 1957, 1963 y 1966. Se crea en 1920 como Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas y Naturales Aplicadas a la Industria siendo una de las tres facultades con sede en Rosario integrantes de la Universidad Nacional del Litoral. Esta Facultad se creó sobre la base de la Escuela Industrial de la Nación (1906), actualmente Instituto Politécnico Superior Libertador General San Martín (UNR). Tenía a su cargo la enseñanza técnica teórica y práctica, desde obrero hasta las distintas aplicaciones de entonces de la Ingeniería Civil (Mecánica, Hidráulica, Industrial, Electricista). La enseñanza completa comprendía cinco ciclos; correspondiendo los tres últimos al nivel de Enseñanza Superior. Por ese entonces se otorgaban los títulos de grado de Ingeniero Civil y de Agrimensor. A partir de 1923 comienza a dictarse la carrera de Arquitectura.
La Facultad comenzó a funcionar en el edificio sito en calle Córdoba 625 (actual Liceo Avellaneda). En noviembre de 1929 se inaugura el actual edificio histórico de la Sede Central de la Facultad, en Avda. Pellegrini 250. Su construcción comenzó en 1924, hacia 1934 se concluyó la sección talleres y sobre el final de la década del 30 se realizaron las últimas ampliaciones. En el año 1952 se dicta la Ordenanza municipal que fija el emplazamiento del futuro Centro Universitario (CUR), en terrenos pertenecientes a los ferrocarriles del estado. A partir de entonces y paulatinamente algunas escuelas, laboratorios e institutos de la facultad se fueron instalando en el CUR.
En 1934 se elabora un nuevo plan de estudios que estuvo vigente durante 20 años, dictándose las carreras de grado de Agrimensura, Arquitectura e Ingeniería Civil.
Las actividades de investigación desarrolladas desde un comienzo confluyen alrededor de 1939 en la creación del Instituto de Fisiografía y Geología y el Instituto de Matemática. Este último se inicia con objetivos como abrir la posibilidad a jóvenes estudiosos de familiarizarse con los resultados teóricos y aplicados de la matemática y participar en el desarrollo de los mismos. A partir de 1940 y durante casi 30 años fue su director el insigne matemático italiano Beppo Levi, quien contó como subdirector con el joven y brillante matemático español Luis Santaló. La acción de ambos dejó una impronta que se proyecta hasta nuestros días en la calidad y tradición académicas de nuestra casa.
En 1953 el Consejo Nacional Universitario definió cuatro grupos de terminalidades de Ingeniería: Civil, Mecánico Electricista (Electromecánica), Química y Geodésica. La Ingeniería Mecánica se agrupaba junto a la Ingeniería Electricista y la Ingeniería en Telecomunicaciones en la denominación general de Ingeniería Mecánico Electricista. En ese año se creó en esta Facultad la especialidad de Ingeniería Electromecánica, definiendo orientaciones en el sexto año de estudios. Éstas eran, las correspondientes al ingeniero electricista, ingeniero mecánico e ingeniero en telecomunicaciones.
Producto de un proceso previo de renovación académica, en 1960 se produce un radical cambio de plan de estudios: el renombrado plan 60, que continuará en vigencia hasta 1975 con algunas modificaciones en 1967. De cursado semestral con créditos y materias optativas, introduce las especialidades dentro de las carreras de ingeniería. Se crean las carreras de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Electricista. Se cursan las carreras de grado de: Arquitectura, Ingeniero Geógrafo, Ingeniería Mecánica orientaciones Mecánica o Metalúrgica, Ingeniería Electricista orientaciones Electrotecnia o Electrónica e Ingeniería Civil orientaciones Construcciones, Vías de Comunicación e Hidráulica. Es una etapa de
crecimiento de la Facultad en muchos aspectos que entre otros desembocará en 1967 en la creación de las Licenciaturas en Física y en Matemáticas. Se promueve la formación de posgrado en el exterior (Francia, Italia, Bélgica, USA, etc.) mediante un programa de becas para docentes.
Durante la década de 1960, hubo un notable crecimiento de las actividades de Investigación y Extensión al medio. Se crean laboratorios específicos y algunos de ellos comienzan directamente su actividad radicándose en los terrenos y dependencias del Centro Universitario Rosario (CUR). En 1959 se instalan allí el recién creado Laboratorio de Hidráulica y los Laboratorios de Electrónica. En ese año también se crea el Laboratorio de Suelos, que conjuntamente con otros Laboratorios relacionados con actividades de la Ingeniería Civil, se nuclearán en el Instituto de Mecánica Aplicada y Estructuras (IMAE) creado en 1962El IMAE se radicó definitivamente en el CUR en 1969 en un edificio propio. Respecto a su infraestructura, resulta de gran significación el patio de cargas, único en su tipo en la región, de 750 m2 de superficie. También se crearon por esos años, el Instituto de Diseño Industrial y el Laboratorio de Metrología Mecánica y Legal, este último de relevancia nacional.
En 1965 se crean la Escuela de Ingeniería Civil, la Escuela de Ingeniería Mecánica, la Escuela de Ingeniería Eléctrica y la Escuela de Agrimensura.
En 1967 se crean las carreras de Licenciatura en Física y Licenciatura en Matemática que además de la formación de grado promueven un paulatino aumento de la investigación científica en los aspectos teóricos y experimentales.
La carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (antes Diplomacia) tiene su origen en la Universidad Nacional del Litoral y fue creada mediante la sanción de la ley nacional Nº 10.861, promulgada el 17 de octubre de 1919.
Como carrera dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas, se cursaron las carreras de Doctor en Ciencias Económicas, Licenciado para el Servicio Consular, Licenciado para el Servicio Diplomático y Actuario.
El creador, líder intelectual y propulsor de la carrera durante su etapa inicial fue el Dr. Rafael Bielsa quién se desempeñó como Decano a partir del 19 de abril de 1927.
Ese mismo año fueron modificados los planes de estudio y se creó el Doctorado en Ciencias Políticas y el Doctorado en Diplomacia, también se dictó la licenciatura para el Servicio Consular.
La Facultad de Derecho registra su origen a mediados de los años 50. Más precisamente, en 1956 se dieron los primeros avances consistentes tendientes a la creación de un centro universitario para el estudio de las Ciencias Jurídicas en Rosario. Desde una perspectiva histórica, la creación de la Escuela de Derecho representa un acontecimiento de relevancia única en la memoria universitaria de Rosario. En la práctica, supuso la concreción real de una idea ampliamente respaldada por la Ciudad, cuyos antecedentes remiten, entre otros, al proyecto de Estanislao Zeballos, presentado en el Congreso a principios del Siglo XX y luego frustrado, proponiendo la creación en Rosario de una Facultad de Derecho y Ciencias Sociales dedicada especialmente al estudio de la legislación comparada y las cuestiones económicas y del trabajo. Esta iniciativa era parte de un proyecto mayor de creación de una Universidad Nacional del Rosario. Al respecto, cabe destacar que la argumentación sostenida por Zeballos refiere al crecimiento demográfico de la ciudad y a las reconocidas aptitudes rosarinas para el comercio, el progreso y la civilización. Estas consideraciones se traducían en efecto en el perfil de aquel proyecto, marcadamente enfocado hacia las necesidades de la vida argentina y el desarrollo de la civilización. Por sus fundamentos explicitados, queda claro que aquella iniciativa reflejaba fielmente el carácter de Rosario y sus ciudadanos. Además de otros proyectos de similares propósitos, la ciudad había ensayado anteriormente el dictado de estudios jurídicos en 1874, luego clausurados por decreto.
Volviendo al origen preciso del proceso de creación de la Facultad, cabe señalar que las primeras acciones iniciadas en 1956 estuvieron fuertemente vinculadas a la renovación de planes y métodos experimentada en la educación superior luego de 1955. Marcadamente críticas del sistema de cursado vigente en el período anterior, caracterizado por la debilidad de los vínculos efectivos entre los estudiantes y la institución, las nuevas posiciones ponían el énfasis en una mayor integración de los alumnos a los procesos académicos. En la práctica, esto se traducía en la necesidad de intensificar el cursado, avanzando hacia una mayor presencia de los estudiantes en la Facultad.
Considerando aquel contexto, cabe señalar que una importante proporción de los estudiantes de la UNL provenían de Rosario y el sur provincial. Esta realidad contribuyó a delinear las posiciones estudiantiles reformistas acerca de la problemática, orientando la acción en dirección a resolver los problemas de radicación en Santa Fe derivados de las nuevas concepciones sobre el cursado de las Carreras universitarias. Posiciones que fueron activamente sostenidas por los centros de estudiantes a través de asambleas, huelgas, campañas y otros medios. Estas acciones estaban claramente dirigidas a resolver el conflicto frente a las autoridades de la UNL.
Los propósitos centrales de la movilización estudiantil fueron ampliamente compartidos por fuerzas representativas de diversos sectores de la Ciudad de Rosario, las que aportaron apoyos importantes concretados en la formación de una comisión Pro-Escuela de Derecho, fuertemente apoyada además desde la prensa. El creciente consenso local alcanzado permitió avanzar firmemente hacia el objetivo trazado. En esta dirección, una importante medida tomada en aquel momento concretó la implementación local de “Cursos libres de Derecho” bajo el patrocinio e iniciativa del Colegio de Escribanos. Estos cursos estaban a cargo de profesores de reconocido prestigio en el campo de las Ciencias Jurídicas. Ante estos progresos, las negativas de las autoridades santafesinas fueron cediendo, lográndose la aceptación formal para la organización de cursos dictados en Rosario sobre varias materias, válidos para los respectivos exámenes. No obstante, estas actividades fueron luego suspendidas, poniendo en evidencia la naturaleza y la persistencia del conflicto existente.
Finalmente, la intensa actividad fundacional desplegada desde Rosario alcanzó su objetivo en Junio de 1959, logrando que la Asamblea Universitaria de la UNL aprobara la creación de una Escuela de Derecho, dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas radicada en Rosario. De este proceso político, es interesante rescatar la naturaleza de los debates que enfrentaron a las posiciones encontradas. En este sentido, la discusión no eludió abordar cuestiones tales como la valoración social del abogado en el contexto de la época. De parte de los defensores de la creación de la Escuela, se rechazaban los cuestionamientos economicistas, insistiendo en el compromiso de valiosos profesores a título honorario (realidad que de alguna forma se proyecta hasta la Facultad de hoy, en las modalidades propias de la actualidad), manifestando además que la distancia provocaba una negativa distorsión en la relación entre profesores y alumnos. Tampoco estas posiciones dejaban de lado las limitaciones que la distancia imponía a las posibilidades de estudio de los alumnos de escasos recursos.
La nueva Escuela de Derecho inició entonces sus actividades en 1960, habilitando los dos primeros años para las asignaturas del plan de estudios. En dos etapas siguientes se avanzó en la puesta en marcha de los años intermedios, hasta completar totalmente la estructura del plan de estudios. Unos años después, en 1967, por Resolución de la Secretaría de Estado de Cultura y Educación, la Escuela se transforma en Facultad de Derecho.
En lo referido a su emplazamiento, en 1964 la Provincia de Santa Fe cedió a la Escuela el uso del edificio del antiguo Palacio de Justicia, obra reconocida en la Ciudad por su valor arquitectónico. Esta sede, construida originariamente por iniciativa del catalán Juan Canals, fue ocupada por el Poder Judicial aún antes de finalizadas las obras, en 1892. Deteriorado por el paso del tiempo y las consecuencias de intervenciones irracionales, desde mediados de los años 80´ se promueven acciones de revalorización patrimonial impulsadas desde la Facultad y la Universidad, interactuando con las administraciones provincial y municipal. Cabe señalar que luego de la cesión por parte de la Provincia, la Escuela de Derecho compartió en aquella época el uso del edificio con otras instituciones.
El 9 de agosto de 1947, en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Exactas se inauguró la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Litoral. La facultad comenzó a funcionar a partir del 5 de junio de 1948, en el recinto del Colegio Nacional Nº1.
El 29 de diciembre de 1951, el Consejo Superior decide la compra del actual edificio, en el que funcionaba el Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones.
Cambió de nombre varias veces: Facultad de Filosofía y Letras, Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias del Hombre, Facultad de Filosofía y desde el 15 de junio de 1979 Facultad de Humanidades y Artes.
La carrera de formación de Psicólogos fue creada el 6 de abril de 1955 por el Consejo Superior de la Universidad Nacional del Litoral de la que formaba parte como Facultad de Filosofía y Letras y Ciencias de la Educación. En 1953, en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, se organizó la Carrera Menor de Auxiliares de Psicotecnia. Era una carrera de corta duración, abarcaba tres años, y estaba dirigida a los egresados de las escuelas normales; el objetivo más importante fue el de brindar a los docentes una especialización en las aplicaciones de la Psicología para conocer científicamente al alumno y mejorar la eficacia del acto educativo.
A tono con el prestigio que la Psicología renovaba en casi todos los países de América y por la funcionalidad de sus aplicaciones con los intereses del “Estado de Bienestar”; el primer peronismo alentó oficialmente la difusión de la disciplina como así también su organización académica al más alto nivel. En este contexto, el Ministerio de Educación conjuntamente con la Universidad Nacional de Tucumán organizaron, en el mes de marzo de 1954, el Primer Congreso Argentino de Psicología. La trascendencia de este evento, además de constituir un cuadro de situación del estado de la Psicología Argentina, radica en que recomendaba especialmente la organización, en las distintas Universidades Nacionales, de carreras superiores de Psicología.
Tan solo dos meses después del Primer Congreso, en mayo de 1954, se creó el Instituto de Psicología de cuyas funciones académicas y objetivos nos interesa subrayar el que propiciaba la creación de la carrera de Psicólogo con sus diversas especializaciones. Sobre la base del éxito de matrícula de la “Carrera Menor de Psicotecnia” y el aval del Primer Congreso; el Instituto de Psicología gestionó ante la Universidad Nacional del Litoral la organización de la carrera, lo que se consiguió en abril de 1955. La currícula contemplaba un cursado en cuatro años para acceder al título de “Psicólogo” y un postítulo de “Doctor” con la aprobación de la tesis. Esta primera carrera argentina de Psicólogo apuntaba a la formación de un egresado que ejerciera su saber en todas las áreas de aplicación de la Psicología; vale decir que la impronta profesional dada al título habilitaba a un nuevo agente con incumbencias para el tratamiento del conflicto y la promoción del bienestar en todos los niveles de la vida en sociedad: la Educación; la Salud; el Trabajo; la Justicia; etc. Si se compara con lo que la Comunidad Europea ha impuesto recientemente en materia de carreras universitarias se puede decir, sin falsa modestia, que aquel Plan del ´55 fue verdaderamente de avanzada. Basta con leerlo detenidamente. Las carreras de grado son ahora, en el ámbito europeo, de cuatro años, con planes muy flexibles y fuertes postgrados.
Como consecuencia de los cambios políticos producidos en septiembre de 1955; entre ellos, la intervención a las Universidades Nacionales y el recambio de la mayor parte de los docentes, la carrera de Psicólogo fue refundada en enero de 1956; siempre en el ámbito de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación. Nuevos docentes imprimieron una nueva orientación académica que se refleja en la estructura y contenido del plan de estudios queahora estipulaba un cursado de cinco años y preveía tres niveles de título: “Auxiliar de Psicología” al aprobar el tercer año; “Psicólogo” al aprobar el cuarto y “Doctor en Psicología” al aprobar el quinto año más la tesis. No obstante las grandes diferencias, ideológicas y académicas, con el modelo de carrera de 1955, se mantuvo algo esencial: la habilitación profesional del título del grado.
La carrera de Psicólogo tal como se la organizó en 1956, con alguna modificación en 1958/9, se mantuvo en pleno funcionamiento hasta el golpe militar de 1966. La dictadura intervino las Universidades; provocó la renuncia de numerosos docentes e instaló una concepción autoritaria y dogmática que en lo ateniente a nuestra carrera se materializó con la represión de la libre expresión de las ideas; la restricción del ingreso y la expresa prohibición -en 1968- a los Psicólogos del ejercicio de la Psicoterapia, con lo cual se limitó la incumbencia profesional del título. También fue suprimida la posibilidad del doctorado específico en Psicología tal como venía dándose en los primeros planes; reemplazándoselo por un curso de postitulación común a toda la Universidad. Durante la administración de los funcionarios de la intervención militar pocos fueron los cambios favorables para las carreras de Psicología del país; en el caso de la carrera de Rosario, el único a consignar, que en verdad no modificó las restricciones que afectaban tanto a la carrera como a la profesión, fue la disposición, en 1971, de que la carrera de Psicología se cursara en la Escuela Superior de Psicología y Ciencias de la Educación, nueva instancia académica independiente de la Facultad de Filosofía y Letras. En el período 1973/76, durante el tiempo que duró la democracia, se impulsaron grandes reformas sobre todo en el contenido de las materias y en la composición del cuadro docente; pero la inestabilidad política de esos años, que se expresaba con toda su fuerza en la vida universitaria, determinó que no se pudieran consolidar en cambios efectivos en la estructura de la carrera. El nuevo golpe militar de 1976, justificado en la nefasta doctrina de la seguridad nacional, llevó a extremos inimaginables la maquinaria represiva del Estado; entre sus atropellos menores debemos notar la suspensión del ingreso a la carrera; la anulación del estatuto de “Escuela Superior”; la expulsión de la mayoría de los docentes; la prohibición de autores clásicos de la Psicología, por ejemplo S. Freud y J. Piaget, porque propiciaban un pensamiento dialéctico y por lo tanto subversivo.La cursada completa, con los exámenes de las respectivas asignaturas finales, se completó en el turno de diciembre de 1959. No obstante, los títulos se expidieron entre 1960 y 1961 a causa de que los profesores responsables de los Internados (Pediátrico, Psiquiátrico y otros) demoraron mucho tiempo en comunicar la aprobación de los mismos. Aprobación que, por lo demás, se obtenía sin examen final. Los internados eran equivalentes, poco más o menos, a la actual Residencia Clínica. Como es comprensible, no hubo Internado Educacional. Cerrando esta página testimonial se plantean dos cosas más. La primera, que Diomira Carrara y Ovide Menin son los últimos supérstites académicamente activos en la Universidad. De los restantes, cinco nos han dejado definitivamente. Otros, increíblemente, siguen ejerciendo la profesión de manera liberal.

Fuente: reseña UNR