Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 8 de septiembre de 2011

LA CIUDAD VISTA A TRAVES DE LA CAMARA FOTOGRAFIA DE ENRIQUE LACASSIN

Enrique Fernando Lacassin nació en Rosario el 27 de marzo de 1888. Además de su afición por la fotografía, que comenzó desde la infancia, se dedicó de lleno al estudio de diversas profesiones, obteniendo cuatro títulos universitarios: Contador Público Nacional, Procurador Nacional, Abogado y Escribano





Por Lorena Ratner(*)

Durante la década de 1910 se desempe­ñó como empleado en la ex Compañía de Aguas Corrientes y Obras de Salu­bridad, llegando a ocupar el cargo de uerente Administrativo. Durante 25 años fue Director titular de la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones en la Capital Federal.
Estuvo asociado al Rotary Club Internacional, en el que logró su condición de socio veterano activo. Fundó el "Foto Club Rosario", siendo precursor en ese tipo de nucleamientos amateurs. En el año 1907 realizó un álbum de fotografías de la ciudad de Rosario de significativo valor documental. Lo constituían 17 fotografías con vistas de los lugares más representativos de la ciudad. Entre ellas, la imagen de la Plaza 25 de Mayo. Vinculada en sus orígenes a la Capilla, como punto de reunión de los fieles a la salida de la misa, sus límites definitivos fueron fijados en 1814 por Gervasio Posadas en su plan de urbanización de Rosario. Desde esos tiempos, la plaza fue escenario de actos patrióticos y de
y de revoluciones ideológicas y políticas que la relacionaban con los espacios contiguos, como la Municipalidad y la Jefatura Política. En la toma (1), se puede observar a un barrendero realizando sus tareas de limpieza, y hacia el fondo, el monumento a la Constitución de 1853.

Otra imagen perteneciente al álbum de Laccassin, nos muestra el edificio de Asistencia Pública o Palacio de la Higiene (2), en la calle Rioja y Moreno, también denominado Palacio Canals. Si bien comenzó a funcionar en esta casa a partir del año 1902, antes estaba ubicada en la calle Santa Fe entre Entre Ríos y Corrientes, contando con varias secciones para el servicio a la comunidad: Vacunas, Farmacia, Sección Antirrábica, entre otras.
La siguiente fotografía (3) nos muestra una vista de la Plaza López. Primitivamente la formaban dos sectores divididos por la calle Cochabamba, superficie cedida por la empresa Casinelli y Cía., que en el año 1858 estableció allí un mercado de frutos. En 1872 pasó a dominio público y la Municipalidad dispuso anexarle la superficie de media manzana en su parte norte, con frente a la Avenida Pellegrini. La fuente que se encuentra en su centro fue inaugurada al promediar el año 1897. Según el relato de Bergnia Córdoba de Lutges, la plaza se denominó popularmente como "Plaza de las Carretas”, ya que numerosas carretas se estacionaban allí, para realizar luego el transporte de las mercaderías provenientes de distintos sectores de la provincia.
La siguiente vista del álbum (5), retrata la Estación del Ferrocarril Central Argentino. Las obras para la construcción de esta vía ferroviaria se iniciaron en abril de 1863, sufriendo retrasos a causa de la guerra con el Paraguay, pero en 1866 se inauguró la línea con la sección Rosario-Tortugas-Bell Ville, en 1867 llegó a Villa María, en 1869 a Oncativo y en 1870 a Córdoba. En su lugar, actualmente funciona en uno de los galpones, la Isla de los Inventos.
La última imagen (5) pertenece a la Usina Eléctrica de Tranvías que estaba ubicada en Ovidio Lagos y Pellegrini. En el año 1905. el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza para llamar a licitación pública para construir y explotar una red de tranvías eléctricos, con la intención de sustituir el sistema de transporte urbano hasta entonces prestado por empresas de tramways. Ese mismo año se iniciaron los trabajos de construcción de la red ferroviaria, que prosiguieron durante varios años, en consonancia con el crecimiento de la urbanización de la ciudad. La primera línea de tranvías se inauguró el 31 de octubre de 1906; recorría el trayecto que iba desde el centro de la ciudad hasta el Parque Independencia. La empresa de Tranvías Eléctricos adquirió las líneas de tramways existentes en la ciu­dad y a medida que realizó el cambio de rieles y el tendido de cables aéreos para el suministro de la energía eléctrica, se fueron habilitando otras líneas. El 11 de mayo de 1907 se inauguraron los talleres, formados por dos edificios de 45 m. de frente por 100 de fondo y ese mismo año la Legislatura sancionó la ley que autorizaba la prolongación del recorrido hasta el entonces pueblo de Alberdi. Enrique Laceassm falleció el 8 de enero de 1950. pero su tenaz dedicación a la tarea fotográfica fue heredada por su hijo y por su nieto. Fernando Laccassin. su hijo, se destacó como investigador de técnicas artístico-fotográficas, siendo discípulo de Calógero. Asimismo. Enrique, su meto, se ha desarrollado como un reconocido profesional y docente en la carrera de fotografía, labor que aún desarrolla en la actualidad.
* Lic. en Antropología. Escuela Su­perior de Museología. Secretaría de Cultura y Educación. Municipalidad de Rosario.
Bibliografía
Bergnia de Córdoba Lutges, M. A. "La Plaza Gral. López". La Capital. 11/09/1961.
Imágenes pertenecientes al Archivo de Fotografía de la Escuela Superior de Museología.
Información recogida por Carmen Del­gado.
Luzuriaga, A. y Navasqués S. Álbum Historiológico de Rosario. The Red Star. 1914.
     Raggi, Carlos. Fotógrafos que registra­ron el fin del siglo XIX y principio del siglo XX en Rosario. En: 1er.    
     Congreso de historia de la Fotografía. Vicente López. 23 - 24 de mayo de 1992

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 87 de Julio 2010

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA PRENSA ROSARINA DE CENTENARIO DE MAYO

Por Valeria A: Principe(*)


Los orígenes de la prensa en Rosario

En el período comprendido entre la batalla de Caseros y la de Pavón, el país vivió una particular situación política bajo la cual las provincias se agruparon en una Confederación de la que la poderosa Buenos Aires no formó parte: en ese clima se firmó la Constitución de 1853. La ciudad de Rosario, declarada como tal en 1852. adquiere bajo esta situación un papel destacado dada la estratégica situación de su puerto fluvial que posibilita el imprescindible intercambio comercial con el exterior. De esta manera, la ciudad se ve llamada a encarnar los intereses nacionales y federales aunque aún no cuenta con la institución municipal, para la que deberá esperar hasta 1860.
El período comprendido entre las batallas de Caseros y Pavón constituye el marco para la aparición de numerosos periódicos en la ciudad de Rosario, en un clima político efervescente donde quedaba claro el propósito común de establecer un corte con el pasado e iniciar una nueva etapa. En Mayo de 1854 aparece La Confederación "periódico político, literario y comercial" bajo la dirección de Federico de la Barra, periodista, que inicia el movimiento editorial en un mercado con alto índice de analfabetismo. Como una presencia imborrable, el recuerdo de los violentos años del pasado inmediato condicionaba toda mirada sobre las instituciones recientemente acordadas: el estado de la Confederación debía ser respaldado por firmes reglamentaciones que alcanzaban también a la prensa, si bien se hacían en nombre de la libertad de opinión. Las manifestaciones políticas nunca más serían tratadas bajo la ley arbitraria de un tirano sino que ahora existía un estado que garantizaba la posibilidad de ''publicar las ideas sin censura previa". De todas maneras, se consideraba la existencia de "abusos de imprenta", los cuales deberían ser materia de la justicia. Las injurias no eran convenientes en una época de reconciliación. Otros ejemplares defensores del federalismo y surgidos en esta época pueden mencionarse: El Comercio, con el auspicio del gobernador J. M. Cullen; El Comercio de Rosario, El Progreso, El Embustero. El Eco Comercial, todos ellos vinculados en mayor o menor medida con las internas políticas locales y provinciales, desaparecen con el cambio de situación que supone el triunfo de Bartolomé Mitre en Pavón. Esta modificación va a afectar en más de un aspecto el rol de la ciudad, insertándola en un nuevo equilibrio de fuerzas que se ve reflejado en la prensa, a partir de este momento firme defensora de la causa liberal y nacional. Si bien el cambio no genera un nuevo tipo de prensa, es notable la proliferación de publicaciones y la diversidad de temas que se incluyen: el ferrocarril, la inmigración, la colonización, notas que cubren sucesos del exterior, frecuentemente copiadas de diarios extranjeros y corresponsales en las ciudades más importantes del país. La Nueva Era, La Patria, El Ferrocarril, El Diario, El Cosmopolita son algunas de las páginas que aparecen en el período y que desaparecen a los pocos años. En sus editoriales de despedida se puede observar una coincidencia significativa: todas hacen referencia a la imposibilidad de seguir publicando debido a las numerosas dificultades económicas que deben afrontar y que hacen imposible seguir adelante con la empresa. El método de distribución se llevaba a cabo mediante suscripciones a realizarse en la misma imprenta o en librerías reconocidas. Este método prevaleció por muchos años y constituye un índice de lo reducido de la tirada y del mercado lector, además de lo ya expuesto en cuanto a la dependencia de la prensa de la política o de la fortuna particular de su dueño.
Rosario en la época del Centenario
La ciudad de Rosario a principios de siglo se nos presenta como un paradigma de lo acontecido en el ámbito nacional con la Argentina y su inserción en el mercado internacional. Vinculada su estructura económica con el desarrollo del mercado agroexportador, la ciudad vivía desde las últimas décadas del siglo XIX un acelerado incremento del volumen comercial de sus transacciones y un desproporcio­nado crecimiento demográfico, producto de las oleadas inmigratorias que se asientan en la región. De este modo, la ciudad crecía al ritmo vertiginoso del comercio internacional. Su estructura comercial y demográfica se encontraba espacialmente orientada a las demandas de las transacciones: el puerto, la red ferroviaria que conectaba con la zona rural, contaba con una gran concentración de habitantes en las zonas aledañas representada por los conventillos y casas de alquiler para los inmigrantes.
E1 camino hacia la prensa moderna

En consonancia con este acelerado desarrollo económico y demográfico, la ciudad de Rosario en esta época vivió un significativo crecimiento de sus publicaciones periódicas. Gran parte de ellas eran órganos de difusión de asociaciones de inmigrantes o profesionales, así como de emprendimientos culturales y artísticos. Sin embargo, la mayoría no sobrevivía a los primeros números. Hemos elegido, por lo tanto, analizar y comparar los dos diarios más importantes del período, que se destacan por su continuidad y permanencia en este escenario tan cambiante. Uno de ellos es El Municipio, con una duración de 24 años, y el otro La Capital, fundado en 1867 y que llega hasta nuestros días. Para realizar esta comparación, tomaremos el año del Cente­nario como muestra, ya que constituye un punto de condensación de múltiples cuestiones, que serán tratadas más adelante. Si nos detenemos a revisar los diarios La Capital y El Municipio de los años del Centenario y los comparamos con los del período anterior, las diferencias son evidentes desde la forma. La primera impresión está dada por el tamaño y el tipo de papel: en el caso de la prensa de la época de la Confederación y la de los años 70 las dimensiones son menores, y el mejor estado de conservación indica el uso de un papel de calidad superior. También la tipografía se modifica con los años: en los diarios más tardíos se torna más apretada, cubriendo casi la totalidad de la hoja, con escasos márgenes. El número de páginas es casi una constante: nunca más de seis, y en la mayoría cuatro, rasgo que perma­nece en el caso de El Municipio hasta su desaparición en 1911. Ante todo es necesario señalar que tanto La Capital como El Municipio mencionan como objetivo principal la defensa de los intereses públicos, más allá de las simpatías políticas que ambos reconocen. Hacemos referencia a los contactos entre La Capital y la Liga del Sur y la más explícita relación que vincula a El Municipio con el radicalismo. Esta misión pública indispensable se materializa en la defensa del ciudadano ante los atropellos del poder, función eminentemente democrática y justa que ocupa un lugar que se percibe como dejado vacante por los partidos políticos. En términos estrictamente técnicos, ya desde el formato pode­mos advertir que las propuestas de ambas publicaciones diferían: en el caso de El Municipio vemos un diario de cuatro páginas de apretada tipografía, sin titulares. El tamaño de la hoja es el comúnmen­te conocido como "tipo sábana" (90x60 cm) que La Nación conservó por largo tiempo. En la portada se agrupan las noticias internacionales en largas y angos­tas columnas (ocho en total), así como las nacionales y locales, junto con los editoriales. Al pie de página, los folletines de autores extranjeros en entregas que se prolongaban durante meses. En la segunda página, la información está centrada en noticias locales (sociales, policiales) así como las referidas a remates, anuncios de profesionales y movimiento de vapores. Las dos últimas páginas agrupan los edictos judiciales, avisos clasificados y publicidades de diversos rubros: máquinas agrícolas, droguerías, aceites, firmas importadoras. Las fotografías o ilustraciones son escasísimas, sólo con ocasión del arribo de la Infanta Isabel de Borbón se publicó una amplia fotografía de la invitada a las fiestas del Centenario. En general los artículos referidos a temas sociales (fiestas, banquetes, recepciones) ocupan poco espacio en proporción con el total, son bastante esporádicos y no se diferencian del resto de las noticias por no contar con un espacio específico. Un alto porcentaje de las ventas se realizaba por suscripción, si atendemos a los avisos donde se exponen las tarifas así como las intimaciones a los clientes morosos.

La Capital presenta un aspecto diferente. Su tamaño es más pequeño y manejable que El Municipio', la cantidad de páginas es significativamente mayor (24 para 1910) y, por ende, las secciones son más numerosas. Las primeras páginas están dedicadas a los avisos clasificados, muy profusos. Luego nos encontramos con la primera página de información propiamente dicha donde se analizan los sucesos internacionales, entremezclados con notas de color, curiosidades, últimos adelantos de la ciencia y los consabidos folletines. Recién en la pagina 6 ó 7 las informaciones se centran en lo local y nacional. Bajo el título de "Asuntos del día" el diario expresa su opinión en formato de noticia comentada. Los avisos publicitarios se hallan entremez­clados con las noticias, utilizando tipografía de gran tamaño que todavía no se destinaba a los titulares.
La modernización y adquisición de nuevos equipos pareció ser una constante en el diario desde principios de siglo. En enero de 1905 se anuncia un cambio de formato, reducción del tamaño y ediciones de 16 páginas, en 1906 sale el primer suplemento ilustrado y en 1907 se renueva la rotativa: el nuevo equipo tiene capacidad para imprimir 24.000 ejemplares por hora. Ya en 1889 se publicaban quejas ante las dificultades que acarreaba el hecho de manejar "demasiada publicidad". En esa ocasión también se dio a conocer la implantación de un servicio noticioso nuevo, orientado a un público amplio y variado, así como la renovación del servicio telegráfico. Los elencos del período 1891-1916 dan una idea del perfil de los colaboradores del diario, no son pocos los que dirigieron otras publicaciones o participaron en ellas, con este motivo el redactor de sus biografías no duda en denominarlos periodistas, muchos son profesionales de renombre que redactaban artículos especializados. Por último, cabe señalar que aniversario. Nuestro estimable colega La Capital ha cumplido 42 años de vida periodística, que significa toda una época de labor y esfuerzos incansables, a la vez que de prosperidad continua. Largo es el camino recorrido desde su fundación, por el nunca olvidado y querido don Ovidio lagos, hasta la fecha en que ha llegado a ser el decano de la prensa nacional, para sintetizarlo en estas líneas de congratulación al pisar los dinteles de un año más de lucha. No hemos de citar aquí los progresos asombrosos realizados por el colega cada vez más difíciles de alcanzar, si se consideran las exigencias que el periodismo moderno impone. Nosotros nos felicitamos, sincera y lealmente, del éxito de La Capital porque él nos alcanza a todos los que bregamos por el bienestar general Los adelantos técnicos y editoriales aplicados significaron para La Capital el tránsito hacia una posición con la que ningún otro medio de la ciudad estaba en condiciones de competir. Las ventajas técnicas se tradujeron en una diferenciación absoluta con el resto. Así, el proyecto llevado adelante por el diario La Capital había puesto el acento en dos elementos básicos que le posibilitan dar el paso necesario para ganar en permanencia y escapar de la casi inevitable existencia efímera del modelo anterior de prensa: su apuesta se centraba en la innovación técnica y en la captación de un mercado lector cada vez más amplio y variado. De este modo, diarios como El Municipio, que mantenían un formato anticuado y una identificación demasiado fuerte con el radicalismo, quedaron estancados en un sector del público y atrapados en una lógica que brindaba reconocimiento más a la tradición y coherencia que a la innovación. Vemos en las palabras que siguen las justificaciones que ante esta imposibilidad hace el director Muñoz, en el número de despedida: "El Municipio, diario de filiación radical y entusiasta admirador de la talla moral y política del Dr. Leandro N. Alem muere como mueren los leales, sin transigir ni claudicar. No habiendo podido realizar, a pesar de grandes esfuerzos, las reformas proyectadas para instalar nuevas máquinas y cambiar el formato del diario, he resuelto clausurar El Municipio, con la penosa impresión que produce en mi espíritu la desaparición de esta hoja a la cual he consagrado, durante un cuarto de siglo, mi actividad y mis patrióticos anhelos. Al retirarme de la vida periodística, dejando huellas bien marcadas de independencia y honradez, cábeme la satisfacción de haber sido lo que debe ser un director de un diario: dueño de mi manera de pensar y de sentir en las cuestiones de orden social y político que se han debatido en estas columnas. Sin odios partidistas ni rencores personales, que  jamás llegaron al fondo de mi alma, he cumplido austeramente la noble misión que me impuse al fundar El Municipio. Haciendo votos por la prosperidad de la prensa nacional y extranjera, me despido de mis colegas con las más vivas simpatías. Deolindo Muñoz."
El tono en el que ha sido redactada la despedida y el fuerte impacto de la voz en primera persona dan la pauta de que la empresa de Muñoz constituía algo muy personal, donde las opiniones vertidas por el diario eran verificadas por él mismo y las voces de los redactores se fundían en una sola. No hemos podido recuperar casi ningún nombre de los redactores, ni de aquellos que colaboraron con el diario, y ello refuerza el vínculo entre el director y su hoja que se despide dejando la impresión de ser el producto del trabajo de una sola persona. Sin duda que la modernización constituyó un obstáculo, pero más insalvable era la reconstrucción de un escenario perdido, el cambio de las reglas del juego a las que un diario político no podía adaptarse. Si bien es cierto que al año siguiente con la sanción de la Ley Sáenz Peña el radicalismo tuvo la oportunidad de probar su fuerza electoral, no es seguro que para un diario como El Municipio esta situación le hubiera permitido acomodarse al nuevo mercado: las variables con las que había jugado durante un cuarto de siglo habían sido modificadas para siempre. A poco de cumplirse un año de la publicación de estas palabras, Muñoz se suicidó.
Una prensa diferente

Todos estos elementos, sumados a variables más significativas tales como el uso de la publicidad y los modos de circulación son indicativos de que estamos frente a un modelo de prensa diferente al del período anterior. De acuerdo con el análisis de Tim Duncan, existió en la segunda mitad del siglo XIX -si bien de modo más marcado a partir de la primera presidencia de Roca -lo que puede llamarse prensa política, a mitad de camino entre el panfleto de la época anterior y los diarios masivos del siglo XX. La característica fundamental de este tipo de publicaciones radica en su vinculación de carácter vital con el sistema político, con un peso muy grande en el debate y un financia-miento proveniente casi de modo exclusivo de parte de la facción a la que se brindaba apoyo. La figura del periodista, así como la del escritor, aun se hallan entremezcladas, como con la de abogado y funcionario público, y será recién para la época del Centenario cuando comiencen a adquirir rasgos propios. Esta falta de diferenciación está indicando de alguna manera que el oficio de escribir en un diario no era algo independiente que pudiera desvincularse de la actividad política. Las modificaciones que se advierten en las publicacio­nes periódicas en torno al cambio de siglo son elocuen­tes síntomas del paulatino abandono de un modelo que había primado por más de cincuenta años. Los diarios de Buenos Aires estaban cambiando de formato, incorporando nuevas secciones con el consecuente aumento de páginas, y brindaban un espacio mayor a la publicidad, datos que pueden leerse como componen­tes de una transición desde el modelo europeo al americano. El esfuerzo de incorporar las innovaciones no es sencillo de afrontar, las tiradas mayores con otro formato y diseño supone contar con la infraestructura necesaria -o al menos con la perspectiva de poder conseguirla- que hacen de la publicación una actividad de una dimensión poco menos que industrial; esto a su vez provoca que las pequeñas empresas orientadas a servir de plataforma política vayan desapareciendo. Intentar enmarcar estos dos medios en los modelos que la teoría ofrece, separándolos en "prensa política" y "prensa moderna" no es sencillo, ya que los ejemplos tomados de la realidad difícilmente se prestan a ser rotulados sin que queden elementos sueltos, no previstos. Los ejemplos aquí tomados no escapan a tal situación, por lo que caracterizar a El Municipio como "prensa política", contraponiéndolo a La Capital, que ofrecería el ejemplo moderno, es una reducción que deja escapar los matices que hacen interesante este período en el que conviven ambos.

Para el año 1910, las publicaciones existentes en la ciudad eran las siguientes: La Idea, La Plaza, La República, Camera de Comercio, El Deber, Mariano Moreno, Revista del Centro de Almaceneros, La Provincia, Gianduja, El Comercio, Luz y Verdad, El mercantil, Defensa Popular, El Derby, Artes Edilicias, El Pueblo, L'Italiano, Materinska Riec, Italia, Rosario Industrial, Gil Blas. SCHÓLE, Jorge "El periodismo en el Rosario", Tercer Censo Municipal, Rosario, 1910.
El diario La Capital había sido fundado el 15 de noviembre de 1867 por Ovidio Lagos, en sociedad con Eudoro Carrasco. En el momento de su aparición, sale por la tarde con una tirada de 200 ejemplares. Ovidio Lagos nace en 1825 en Buenos Aires, y desde muy joven trabaja en una imprenta y tipografía. Luego de Caseros, participa como teniente de la Compañía de Tipógrafos durante el sitio de la ciudad de Buenos Aires. Cabe señalar que la actuación política de Lagos es tan activa como sinuosa: las causas ante las que se opone, poniendo enjuego la vida, más tarde merecen su apoyo con idéntico tesón. Se intentará aquí un breve recorrido. En 1856 se enrola en el Partido Federal Reformista, apoyando la incorporación de Buenos Aires a la Confederación. Luego de la derrota electoral, y víctima de las persecuciones del alsinismo, se traslada a Paraná. En 1861 se incorpora al Club del Pueblo (enfrentados con el secesionista Club Libertad, de Tejedor) que se manifiesta en contra de la federalización. En 1867 se traslada a Rosario, vinculándose con los miembros del Club del Pueblo local, fervientes opositores a Oroño. Se entrevista con Urquiza. de quien logra apoyo y recursos para fundar un diario, nace así La Capital opositora a Oroño. En 1873 se lanza a apoyar la candidatura de Alsina (de quien había sido víctima de persecuciones), a raíz de lo cual se reconcilia con su antiguo enemigo Oroño. En 1877 es acusado de participar en un motín contra Serbando Bayo, por lo que es encarcelado. En 1880, Lagos apoya la candidatura de Tejedor (a quien también se había opuesto en su momento) por lo que sufre persecuciones de los círculos oficialistas provinciales, y se le clausura el diario por unos días. En 1886, presta decidido apoyo a la candidatura de Juárez Celman, luego de haber sido encarnizado opositor del roquismo. En el orden provincial, defiende la candidatura de Gálvez. En 1887 es designado diputado nacional por Santa Fe, si bien mantuvo una actitud crítica frente a la política económica del ejecutivo. Muere en Rosario en 1891. Ver LAGOS, Carlos M. Ovidio Lagos, Talleres de La Capital, Rosario, 1964.
En cuanto al director de El Municipio, Deolindo Muñoz, nacido en Rosario en 1845, podemos mencionar su desempeño en diversos cargos oficiales. Desde enero a junio de 1879 fue presidente del Honorable Concejo Municipal de Rosario, en Julio de 1882 fue designado Jefe Político y en 1884, Ministro de Gobierno, Justicia y Culto de la provincia. También fue Consejero del Banco Nacional. En mayo de 1887 funda El Municipio, "hoja que tuvo enorme difusión en el país por su prédica revolucionaria y fue el primer órgano periodístico del interior que se vendió en las calles de Buenos Aires; en los años 1889 y 1890, Muñoz fue considerado el paladín que con mayor denuedo combatía el régimen causante de la revolución de 1890. En el transcurso de esa prédica, embargadas y secuestradas las maquinarias impresoras, el pueblo de Rosario arrolló a la policía y arrebató de las manos de los secuestradores las piezas extraídas, devolviéndoselas a Muñoz para que pudiera continuar imprimiendo el diario". ABAD de SANTILLAN, Diego, Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe, 2 tomos, EDIAR Sociedad Anónima editora, Comercial, Industrial y Financiera, Buenos Aires, 1967, s/p.
La Capital, 15/11/1967 Edición Especial con motivo de su centenario, pp. 27-33. El Municipio, 18/11/1909 El Municipio, 30/4/1911
En abril de 1910 El Municipio cuenta con cinco personas en la redacción y veinte operarios. SCHÓLE, Jorge "El periodismo en el Rosario", Tercer Censo , Op. Cit.
DUNCAN, Tim, "La prensa política. Sud-América, 1884-1892" en Gallo, Ezequiel; Ferrari, Gustavo La Argentina del Ochenta al Centenario, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1980, pp. 761 -783.
"...En otro orden, más material pero no menos útil al público tanto como a su propia administración, "La Prensa "introdujo la costumbre del aviso chico,  económico, con un éxito desconocido en la prensa mundial, y de cuyos beneficios al obrero nos ocuparemos más adelante" Idem. p.30.

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia   Fascículo Nº 63 de Mayo de 2008

martes, 6 de septiembre de 2011

LA OPERA DEL CENTENARIO

Por Daniel A. Cozzi

Cuando aún resonaban los ecos del estreno de su ópera Zoraida, Juan Bautista Massa comenzó a gestar una nueva obra del género: la ópera María Cabral.

El argumento estaba basado en un episodio histórico correspondiente al período de la independencia, cuya acción se desarrolla en San Lorenzo, siendo su personaje principal, María Cabral, una hija del Sargento Juan Bautista Cabral. Con libro del poeta italiano Egisto Marradi, la obra, según estaba proyectada, se estructuraría en dos actos con varios cuadros cada uno. Massa la pensaba para ser estrenada en las ciudades de Santa Fe o Rosario, en el marco de las celebraciones del Centenario, por lo que buscó el apoyo económico necesario para llevar adelante el proyecto en el gobierno de la provincia de Santa Fe, al frente de cuya gobernación estaba entonces Pedro Echagüe: "[...] Como la representación de la nueva ópera requiere de la ayuda que los poderes públicos le presten a su autor, es el caso de hacer algo en obsequio del joven compositor rosarino, a fin de que aquella obra sea estrenada en el Rosario. Tenemos entendido que el intendente Municipal de Santa Fe se propone comprometer al señor Massa, para que su ópera sea conocida antes que en otra parte, en la capital de la Provincia. " La Capital (Rosario), 19 de agosto de 1909.

Dos meses después, para conseguir el tan necesario apoyo, debió, a instancias del intendente santafesino, presentar el proyecto y la solicitud del subsidio, al Consejo
Deliberante de la ciudad capital:
''Encuéntrase ya en poder del Consejo Deliberante, plenamente informada, la solicitud que días pasados presentara el compositor rosarino Juan B. Massa, deman­dando un subsidio para represen­tar una nueva ópera, producción original suya y en conmemoración de nuestro primer centenario. Rumores que hemos podido recoger nos permiten adelantar la noticia de que ella será despacha-da favorablemente y asi nuestro público podrá apreciar en todo su valer esta obra que indudablemen­te será tan buena como todas las que produce el señor Massa ". La Opinión (Santa Fe), 16 de octubre de 1909.

El 7 de noviembre de 1909, se publica un pequeño comentario en "El Mercantil" de Rosario, y a partir de ese momento se pierde todo rastro, tanto de la obra como del tan "mentado" subsidio. Es obvio que Massa, desalentado frente a su fracaso en conseguir despertar el interés político por su ópera, terminó abandonando el proyecto y, probablemente, los apuntes musicales tomados hasta ese momento, hayan pasado a formar parte de alguna otra obra. A pesar del fallido intento de nuestro compositor más destacado de la época, finalmente Rosario tuvo su "ópera del centenario ".". La obra se llamó 25 de Mayo de 1810, y fue compuesta en la ciudad por el músico italiano Alejandro Rissone sobre un libreto pertene­ciente a Marcelo Baracco. Alejandro Rissone, se había radi­cado en Rosario en 1909 atraído por la gran actividad musical que ostentaba la ciudad, e inmediata­mente abrió en la calle Entre Ríos 1045. el Conservatorio Fomento a las Bellas Artes.

Al año siguiente compuso la ópera en un acto y dos cuadros, 25 de Mayo de 1810, que fue estrenada el 27 de mayo de ese año en el Teatro "La Ópera", con motivo de las celebraciones oficiales del Centenario, con la participación en el elenco de Adelaida Saraceni nuestra primera diva internacional de la lírica, quien interpretó el papel de esposa de Rodríguez Peña.*
Una Comisión formada para esa ocasión con el fin de asegurar el éxito de la representación, cursó numerosas invitaciones personales con el siguiente texto:

"La Comisión que suscribe, autorizada por la Comisión de Festejos del Centenario, tiene el honor de imitar a Ud. a la función ofrecida por la Asociación Fomento de Bellas Artes, que, en celebración del centenario de nuestra independencia se realizará en el teatro de "La Opera " la noche del 27 del actual, a las 8 y 30 con el programa y argumento que adjuntamos. Tratándose de una soirée eminentemente patriótica y de gran esfuerzo de nuestra intelectualidad, esperamos querrá Ud realzar la solemnidad de este acto con el concurso de su presencia. Con este motivo nos es grato presentarle los sentimientos de nuestra consideración más distinguida.- Laura C. de Sánchez, Aurelia A. de Quiroga, Celia S. de Siburu, Sara P. de Albarracín, Josefa T. de Lucero, Aurelia Baigorri, Elena Cilveti". La Capital, 27de mayo de 1910.
  
Formaron parte del elenco, además de la ya nombrada Adelaida Saraceni, las sopranos Esther Aida Moneada (Inés), Dasolina Zampieri (matrona bonaerense), la mezzosoprano Celina Podestá (matrona bonaerense), los tenores Luis Madoglio (Aníbal), Manuel Araya (Saavedra) y Juan Bollatti (French) y los barítonos Santiago Osella (Cisneros) y Eduardo Pasques (Castelli).
El artículo del diario La Capital ya citado, cierra su comentario con augurios de éxito para los intérpretes : "Los muchos y prolijos ensayos que de esta ópera se han hecho, induce a creer que los elementos que en ella intervienen, a pesar de su condición de simples aficionados, -con perspectivas de buenos ejecutantes desempeñen sus respectivos roles con acierto y seguridad"
.
En la edición del día siguiente los comentarios no hicieron ahorro de elogios: "El festival patriótico [...] tuvo un éxito superior: Éxito artístico y éxito social. Artístico,  porque el programa confeccionado por la Comisión organizadora del concierto, además de su importancia musical, fue ejecutado con toda corrección; y social, * porque la concurrencia que llenó por completo la  hermosa sala de nuestro primer coliseo, constituyó un  ambiente selecto y elegante."
Expresándose específicamente en relación a los autores e intérpretes con los siguientes términos: "De esta producción literario musical no tenemos sino -— palabras de elogios. El señor Baracco, conocido ya ^ por sus trabajos literarios, ha escrito el boceto con  verdadera intuición, competencia y talento, y el  maestro Rissone ha bordado sobre esas letras una música fácil, melodiosa y de mucha inspiración, asegurándole una armonía riquísima de detalles e   instrumentado el conjunto con arte, consiguiendo así magníficos efectos, máxime en la parte vocal y orquestal. Ambos autores fueron objeto de una espontánea y franca ovación obligándoseles a los honores del proscenio como consagración del éxito obtenido. En cuanto a la interpretación de la ópera sobresalieron todos los ejecutantes indistintamente, lo que es un mérito más. [..] (Los cantantes) demostraron el pleno dominio de sus respectivas partes y bastante talento artístico ".La Capital, 28 de mayo de 1910

El argumento de la obra es el siguiente:

CUADRO PRIMERO
En casa de Rodríguez Peña, están reunidas la señora y varias matronas patriotas, esperando noticias sobre los acontecimientos del día. Se manifiestan inquietas. Mientras tanto en la calle un coro canta unas estrofas alusivas a las invasiones inglesas, origen y fuente de las libertades argentinas.
Entra Juan José Castelli, quien informa de que el Cabildo defrauda las aspiraciones populares. Vienen Rodríguez Peña, Saavedra, French y Berutti, seguidos de caballeros, señoras, y otros: y  protestan condenando la felonía del Cabildo. El espíritu de indignación y resistencia es general, y en este momento entra Patricio Albini, distinguido joven bonaerense.
Castelli le manifiesta su asombro, por cuanto es sabido que el recién llegado está por casarse con Inés, hija de Cisneros.
Los sentimientos adversos a Patricio son generales, pero éste logra persuadir a Castelli,,y obtiene que se suspenda todo juicio hasta que los hechos hablen. Se acuerda pedir a Cisneros la renuncia del Presidente y  se designa a Castelli ySaavedra, para las gestiones del caso.
Se pronuncian frases de aliento para los delegados, y  expresiones de sentimientos patrióticos. La reunión se disuelve.

SEGUNDO CUADRO
Cisneros está abatido y  presiente funestos acontecimientos.
Entra Inés, que trata de consolarle. Cámbianse frases de afecto entre padre e hija con alusión a Patricio. Un criado anuncia la llegada de Saavedra y Castelli, y Cisneros dispone que pasen al despacho privado. Inés, queda sola: su imaginación fluctúa entre Pa­tricio, el padre y la patria, e implora la protección divina.
Viene Patricio, quien confirmando su amor pregunta a Inés si acontecimientos inesperados pudieran hacerle perder el corazón de ella.
Inés le jura fidelidad y prodíganse frases reciprocas de amor inquebrantable.
Llegan Cisneros, Castelli y Saavedra. discutiendo acaloradamente. Cisneros no quiere renunciar, y los dos patriotas insisten. Se produce gran efervescencia de sentimientos y palabras. El pueblo en la plaza grita ¡Renuncie, renuncie! Inés intenta persuadir a su padre, pero éste la rechaza. Ella y Patricio quedan mortificados, mientras Saavedra y Castelli vuelven a insistir, pero siempre inútilmente.
El pueblo grita; ¡Renuncia o muerte ¡...Castelli corre a la ventana gritando: ¡No! No maten a nadie.., no sea que el pueblo platense que se levanta, se manche con el delito.
Inés ha dado un grito de dolor y ya se ha arrodillado a los pies del padre suplicándole con lágrimas para que ceda. Finalmente Cisneros accede al pedido. Une a Inés y a Patricio, los bendice, les da el «adiós» y parte.
El pueblo llamado por Castelli invade la sala.
Es capitaneado por French y Berutti, y todos llevan cintas o escarapelas azules y blancas.
Castelli presenta a Inés como la heroína de la jornada,  y justifica a Patricio, de quien ella será esposa.
Coro final de triunfo con alusión melódica al Himno Nacional.

El maestro Rissone escribió una Fantasía para piano con los temas de la ópera dedicada a las alumnas de su Conservatorio, que fue editada por la Editorial Luis Mandrés que se encontraba ubicada en la calle Sarmiento 849/853, de nuestra ciudad, y cuya portada ilustra esta nota.
Esta Fantasía es la única y por cierto, escasa referencia a las cualidades musicales de la obra, ya que la partitura original, al igual que los materiales de orquesta, coros y solistas, se ha extraviado


*Adelaida Saraceni, quien fue indudablemente la cantante más importante
que aportó Rosario a la lírica, alcanzó un gran prestigio y reconocimiento
internacional. A la edad de 15                  . llevada por sus padres a
Italia donde durante siete años esr„-.: canto bajo la guía de Edvige Ghibaudo. Su grabación de la ópera Don Pasquale de Gaetano Donizetti junto a Tito Schipa y el Coro y Orquesta del Teatro Alia Scala de Milán con la dirección de Cario Savajno. realizada en 1932, fue considerada durante muchos años como una versión de refencia de la obra. Una de sus temporadas importantes dentro de la .Argentina, fue la realizada en el Teatro Colón de la ciudad de Buenos .Aires en 1928. donde ofreció seis funciones que incluyeron las óperas MamomLescjui de Puccini que cantó junto Beniamino Gigli con la Dirección Tulio Serafín y la ópera I pagliacci de Leoncavallo junto a Giacomo Lauri Volpi bajo la dirección de Franco Paolantonio.


Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia   Fascículo Nº 63 de Mayo de 2008

lunes, 5 de septiembre de 2011

"Las luces del Centenario”


Por Lorena Ratner

Hace ya cien años, la ciudad de Rosario festejaba el primer centenario de la pa­tria. Tal como sucedió este año para el bicentenario, la ciudad se vistió de fies­ta con los colores celeste y blanco, pero sin dudas, la protagonista fundamental de aquellos festejos fue la iluminación. Así como todos los rosarinos fuimos partícipes del estupendo espectáculo que vivió la ciudad frente al Monumen­to a la Bandera, colmado de luces y de centenares de fuegos artificiales, tam­bién para 1910, el recurso más explo­tado para engalanar las calles fue el de la iluminación eléctrica, la  cual recién comenzaba a imponerse como fuente de energía principal. El servicio de alumbrado en nuestra ciudad fue evolucionando conforme al desarrollo urbano a través de las dife­rentes épocas. En un principio se rea­lizaba con faroles, encerrando velas de sebo, lámparas con aceite de potro luego, y más tarde kerosene. Hacia el año 1863 comenzó la instalación de faroles a gas, extendiéndose por vastos sectores de la ciudad. A partir de 1888 y durante varios años se alternaron los faroles a gas y los focos eléctricos pre­dominando con el tiempo estos últimos. La conseción para el alumbrado eléc­trico pasó por varias etapas en manos de diferentes compañías y, ya para la década de 1910 el censo indicaba que en Rosario había 4.938 casas que conta­ban con luz eléctrica, 2.129 a gas, y una mayoría que sumaba 12.357 viviendas alumbradas a kerosén mediante los vie­jos y tradicionales faroles de mecha y tubo vidriado.
Este avance tecnológico se pudo vislumbrar con todo su esplendor durante las fiestas mayas de 1910. Una de las mayores atracciones fue la espectacular iluminación de los principales edificios públicos y privados. Las imágenes de los hermanos Pusso nos muestran la Plaza 25 de Mayo durante el día, e ilu­minada durante la noche. El diario El Municipio se refiere al aspecto de la Municipalidad diciendo que el frente del edificio "...desaparece tachonado por miles de lamparitas de colores pa­trios distribuidas con arte exquisito en alegorías y leyendas alusivas a la glo­riosa fecha que se conmemora. La plaza de Mayo ofrece un aspecto encantador. En la pirámide, fuentes, y ave­nidas se han colocado con gusto ponderable guías de lamparillas". Gran cantidad de edificios fueron iluminados para la ocasión, entre ellos: la Jefatura Política, los bancos Francés, de Londres, Británico, Español, Lon­dres y Brasil, Hogar Argentino, el Club Social, el Círculo Italiano, Club Espa­ñol, Rotiserie Cifré, El Municipio, La Capital, la Compañía Sudamericana de Electricidad, El Louvre, Casa Zamboni, la torre del Central Argentino, la Bolsa de Comercio, Banco de la Provincia, Asociación del Profesorado, Sociedad Rural, y otros muchos. Las actividades realizadas para con­memorar el primer centenario patrio se extendieron por una semana completa, la cual fue decretada feriado, por reali­zarse múltiples actividades organizadas tanto por instituciones públicas como privadas.
Según las crónicas de la época el en­tusiasmo fue tal, que el tránsito por las calles principales se hacía difícil por la cantidad de público que las recorría en todas direcciones. Esto, unido a las manifestaciones y desfiles de tropas y escuelas, dieron a la ciudad un animado aspecto festivo. La Municipalidad hizo acuñar medallas conmemorativas en cobre, las cuales fueron repartidas al público en general, y otras acuñadas en plata fueron entregadas a los concejales y profesores.
Tanto en el día como en la noche, en teatros, plazas, y otros lugares públicos se realizaron durante una semana, desfiles, y actividades gratuitas para toda la población. Los fuegos artificiales, cinematógrafos, funciones de teatro y de circo gratis, fueron los números más concurridos por el pueblo.

Durante la semana de mayo, las Escuelas Particulares se reunieron en la plaza de mayo, en cuya pirámide colo­caron una placa de bronce que lleva la siguiente inscripción: "En el 1er centenario de mayo.- Los directores de colegios particulares.-1810-1910".
Los festejos de la Semana de Mayo incluyeron diversos actos de beneficencia en los cuales las Escuelas y asociaciones privadas se ocuparon de distribuir calzado, ropa y comida a los niños pobres.
Las calles céntricas fueron espectacu­larmente adornadas con arcos colmados de lamparitas eléctricas. Las crónicas de la época relataban que "... la calle Córdoba es un derroche de luz, desde 25 de Diciembre hasta el bulevar Oroño, se han distribuido millares de lamparitas eléctricas celestes y blancas y bombas de gas, de los mismos colores". A cien años de aquellas luces, los rosarinos seguimos recordando y celebrando nuestros aniversarios patrios iluminan­do aquellos lugares que nos identifican. El imponente sistema de iluminación instalado en el Monumento a la Bandera es un ejemplo de ello. Como homenaje a este segundo centenario de la patria, la Escuela Superior de Museología realizó una muestra fotográfica que incluye una serie de vis­tas nocturnas de la ciudad tomadas en 1910, más otras imágenes cedidas por Alumbrado Público de la Municipali­dad de Rosario.
La muestra se expone en la planta baja del Palacio Municipal, y podrá visitar­se todos los días hábiles hasta el mes de agosto, y luego será expuesta en los diferentes Centros de Distrito Municipales.

Bibliografía:

Anuario estadístico de la ciudad de Rosario de Santa Fe de los años 1908, 1909, 1910 y 1911. Talleres Peuser. Buenos Aires. 1912. Bergnia de Córdoba Lutges, María A. Alum­brado público de Rosario, su evolución. En: Re­vista de Historia de Rosario. Año 1 N° 3. 1963. Diario El Municipio. Números varios. Rosa­rio. Mayo de 1910.
Revista Caras y Caretas N° 609. Buenos Ai­res. 4 de junio de 1910. Revista Monos y Monadas N° 1. Rosario. 12 de junio de 1910.
Varón Manuel. El servicio público de electricidad en Rosario. Editorial Liberación. Rosario. 1936

Fuente: Artículo publicado en la Revista “Rosario, su Historia y Región.  Fascículo Nº 86 de Junio 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

COMO SE CELEBRO EN ROSARIO LA PRIMERA CENTURIA DE LA INDEPENDENCIA


Tornando como eje el hecho de ser Rosario "la segunda ciudad de la Nación" y el haber aquí por primera vez la enseña patria, en el del diario La Capital del 25 de mayo de 1910 se  consideraba que en es­ta ciudad la conmemoración del
Cente­nario debía tener un sitio preferencial. "¡De pie, entonces, rosarinos!, demostre­mos al mundo nuestro cívico entusiasmo", exhortaba con vehemencia desde sus páginas el matutino como para rom­per con la notoria abulia oficial que ha­bía caracterizado a la organización de los festejos en las semanas previas al magno acontecimiento.

Circo y Cine. Los homenajes del día anterior, jueves 24 de mayo de 1910, incluyeron una conferencia patriótica en la plaza López y el imponente espectáculo de una procesión de antorchas organizada por los alumnos de la escuela Nacional y de Comercio que recorrió la calle Córdoba "y de la que participó también el pueblo" Además, para las autoridades locales y las familias distinguidas” hubo una representación de "Aída" en el teatro La Opera (luego El Círculo), mientras que para el público en general se proyectaron "vistas cine­matográficas" en distintos puntos de la ciudad y se dio una función gratuita de circo en el pabellón alemán de la Exposi­ción Rural, entre otras actividades.

El programa del 25. el programa de actos rosarino para el día del Centenario fue el siguiente:
1º Dianas  militares.
2º A las 8 de la mañana, reparto de pan, carne y yerba a los pobres en los mercados municipales y Modelo.
3º También a las 8 los alumnos de las escuelas cantaron el Himno Nacional en la plaza 25 de Mayo.
4º  A las 10 se celebró un Te Deum en el parque Independencia, el que fue con­siderado cono uno de los actos principales de este solemne día”.
5º  Luego del Te Deum se realizó una parada militar: el Cuerpo de Vigilantes, el Escuadrón de Seguridad y el Cuerpo de Bomberos, con todo el material, se formaron en línea en la intersección del bulevar Oroño y el parque Independencia vistiendo uniforme de parada. El Cuerpo de Bomberos y el Escuadrón de Seguridad desfilaron al galope por el bulevar hasta la calle Córdoba, donde se les incorporó el Cuerpo de Vigilantes. Luego, las tres fuerzas siguieron por Córdoba hasta llegar al edificio del Departamento Central de Policía.
6º  Mientras tanto, una procesión chica se dirigió a la plaza 25 de Mayo para colocar una placa conmemorativa en el monumento a h Constitución que allí existe.
7º   A las 13. y al igual que el día anterior, hubo una función de circo gratuita en el pabellón alemán de la Exposición Rural.
8º   Fiesta del Jockey Club en el hipódromo Independencia.
9º   Concierto en el teatro Colón.
10° Fuegos artificiales en el parque Independencia.
11° Cinematógrafo gratuito en distintos puntos de la ciudad


Fuente: Articulo Publicado en el suplemento de diario  La Capital “Rosario en el Bicentenario del martes 25 de mayo de 2010.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Vineron a "hacer la América"


Por  Pablo  Procopio


Son los italianos, españoles, alemanes, suizos, polacos y ucranianos que pasaron a formar parte del paisaje rosarino y se instalaron para siempre.

¿ Hay alguna duda de que tos inmigrantes extranjeros fueron un factor clave O para et crecimiento de esta ciudad?. Con ellos, motivados por el hambre, las guerras, la desolación o la discriminación, comenzó a erigirse el Pago de los Arroyos y Rosario abrió los ojos.
Al llegar a la villa custodiada por la Virgen agitaban sus pañuelos blancos como un símbolo de la esperanza, como un saludo a la posibilidad cierta de encontrar trabajo. Rosario fue uno de los tugares que ofreció la oportunidad de ascender y de progresar a quienes pisaron este suelo por vía fluvial (así lo hicieron los primeros inmigrantes). Italianos, españoles, alemanes, suizos, polacos y ucranianos pasaron rápidamente a formar parte del paisaje. Comenzaron a recorrer las calles y a ocupar pensiones y deteriorados dormitorios de alquiler.
En 1884 existían 246 conventillos y diez años después ya eran 1.026, para llegar a cerca de 1.200 al poco tiempo. Tanto que casi et 30 por ciento de la población de la ciudad vivía en un ámbito como ese

Empezar a subsistir

Apenas llegados, los forasteros encontra­ban albergue en el asilo de inmigrantes de Urquiza 22, pero a los pocos días su "casa" seria el conventillo, donde el paisaje estaba dominado por los patios centrales col­mados de bullicio en diferentes idiomas.
Algunos nombres de conventillos famosos y populosos fueron "Los 400 cuartos" en el barrio Refinería (actualmente Malvinas), que tenia 95 habitaciones pata 370 perso­nas. También, en el mismo barrio, estaban "El Atrevido", "El rápido" y "El Conventillo de Bachicha". En el centro fue muy conocido "El conventillo de La Paloma", de Córdoba al 1600. los números son contundentes y reflejan

"* Los inmigrantes habitan dentro de cada habitante de la dudad. Son la herencia de tos rosarinos


el acelerado crecimiento urbano que se pro­dujo con el auge inmigratorio. En 1869 había 26.169 habitantes y en 1895 ascen­dían a 90.000. Ya para el año de inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914, censo señalaba 225.000 habitantes.
Rosario es hija del trabajo y del es de aquellas personas que arribaron en de otra vida. Uno de los principales factores de cambio que dio lugar a la transición desde la Argentina tradicional a La moderna fue justamente la inmigración. Y sin ella es posible comprender al país contemporáneo.  No hubo otro periodo en el que la porción de extranjeros de edad adulta sido tan significativo por más de setenta años, el 60 por denlo de la población Capital Federal y casi el 30 por ciento en las provincias de Buenos Aires. Córdoba y Santa Fe, era inmigrante. La europeización del país y la modificación del carácter nacional tan anhelados por la generación del ochenta (la élite política del momento), se tradujo en una política inmigratoria abierta.
Comenzaba La segunda mitad del siglo XIX cuando Rosario se convertida en el puerto de la Confederación Argentina. La agraria en et sur de Santa fe y Córdoba, cuyos productos salían por el puerto fue transformando a la ciudad hasta convertirla en el centro de atracción de inmigrantes que iban encontrando su lugar.
A nivel nacional entre 1880 y 1920, entraron a la Argentina 4,5 millones inmigrantes y Rosario, después de Buenos Aires, tuvo un lugar destacado. La búsqueda  del bienestar se convirtió en una bandera que los "gringos" no abandonarían, do atrás miseria, guerra y discriminación.
El tipo argentino fue cambiando

El Tipo argentino fue cambiando

La clase dominante estaba compuesta por ganaderos, estancieros, comerciantes, abogados y políticos. Las clases medias iban creciendo a la par de la inmigración a través de su participación en la economía y clases bajas, distribuidas a lo largo y a lo  ancho de toda la geografía, recordaban  la dualidad del país.
América. Los extranjeros vinieron a “hacer la América" enfrentándose a mucho: la horrible sensación del destierro, el comple­jo de inferioridad y el desconocimiento del idioma. Pero persistieron y no se desanima­ron. Tener una casa propia o un comercio se lograba con mucho sacrificio.

* El suelo argentino dio cobijo a personas que pretendían escapar de guerras y miserias. Lo logra­ron y empezaron otra historia.
Además, los conflictos sociales no dejaban de estar presentes. En efecto, las huelgas obreras a principios del siglo XX fueron obs­táculos. Aunque primó la solidaridad poten­ciada por los lazos de afecto... de hermandad.
Aquellos hombres y mujeres mantuvieron en Rosario sus formas y los valores que lle­garon consigo desde muy lejos. Lograron formar organizaciones de ayuda mutua. Lo hicieron los italianos y los españoles: a tra­vés de sus organizaciones (incluso a nivel nacional desarrollaron actividades sociales y culturales. Y esa senda fue seguida por los israelitas, los suizos, los franceses y los ale­manes. Pasaron los años y, aun con los cambios estructurales del país, no modificaron sus raíces, en definitiva su identidad que también es la de los actuales rosarinos.
Esta ciudad y sus alrededores son verdaderos ejemplos (quizás los más claros) de lo que significó la presencia de esos hombres y mujeres que llegaron cargados de ilusiones, en busca de nuevos horizontes (de prosperidad).
Hasta no hace tanto tiempo, eran muy pocos  pocos los habitantes de mediana edad que podían decir que sus cuatro abuelos habitan nacido en la Argentina. Eso sí ocurre ahora, aunque en muchas familias hay uno o más inmigrantes entre sus mayores; entre quines todavía son la historia viva de todas y cada una de las personas que hoy siguen construyendo esta ciudad (y el futuro).
EL FENOMENO
El 4 de septiembre se celebra el Día del Inmigrante. El motivo: en esa fecha, en 1812, el gobierno criollo promulgaba un decreto con la firma de Bernardino Rivadavia, que fue la primera medida desti­nada a fomentar la inmigración. Muchos años después, en 1876. cuando ya la inmigración y las colonias eran una realidad social y económica de Santa Fe, el gobier­no de Nicolás Avellaneda dictó la ley 817. que dio el marco norma­tivo al fenómeno inmigratorio. La Constitución de 1853 expresó la voluntad nacional de abrir los brazos a "todos los hombres del mundo" que quisieran "habitar el suelo argentino" y brindarle su trabajo. A partir de esa puesta en vigencia comenzaron a desarro­llarse esfuerzos en pos de la ubi­cación de aquellos esperanzados extranjeros en distintos sitios. A la primera colonia propiamente dicha. Esperanza, surgida en 1854 en territorio santafesino, surgie­ron otras en las que el espíritu laborioso y la capacidad de los pioneros lograron superar todo tipo de dificultades. Así, en menos de 50 años, fueron modifi­cadas la vida, las costumbres y la economía del país al punto de convertirlo a fines del siglo XIX y principios del XX en uno de los primeros del planeta


Fuente Artículo publicado en Revista de Cablehogar de Octubre 2009