Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 8 de octubre de 2020

UNA TERCERA DE LUJO

 



Por Andrés Bossio 


Un acontecimiento sin precedentes fue para la parcialidad auriazul de 1964 el desempeño de su equipo de tercera división, que obtuvo el título de campeón tras un torneo de extraordinario relieve técnico y compitiendo con elencos de singular jerarquía. Decimos que fue todo un acontecimiento porque inclusive la prensa deportiva debió dedicarle en más de una ocasión un lugar preferencial a los encuentros de tercera, que suscitaban mucho mayor interés que los de reserva y primera. Era tal la expectativa que cada presentación de la tercera auriazul había logrado entonces despertar que buena cantidad de aficionados se convocaban muy temprano para presenciar el encuentro de esa división, retirándose del estadio una vez finalizado el partido, aunque inmediatamente jugara la primera. 

La mano experta del técnico don José María Casullo, la presencia siempre cálida de Rodolfo Aspiazú y la calidad de aquellos jugadores que integraron el plantel compusieron, junto al aliento multitudinario y bullicioso de la hinchada canalla, el marco adecuado para un hito siempre recordado en la historia de la institución. El equipo que salió por lo general al campo de juego estaba integrado por estos jugadores: Carnevali; Pascutini y Jorge Alberto González; Ainsa, Muñiz y Raimondo; Sello, Pignani, Poy, Palma y Giribet. Como resultará fácil advertir de la mera lectura de esos nombres, la casi totalidad de los mismos alcanzó excelente nivel de rendimiento en el fútbol profesional. Pero por si eso fuera poco, en distintas ocasiones: integraron también aquel brillante equipo jugadores como Poncini, Declercq, Hipólito, José Eduardo Pereyra, Arabia, Robila, Camerlo y Rubén Alfredo González. Pignani fue el goleador absoluto del elenco con 21 tantos, Sello y Palma conquistaron 10; Poy, Giribet y Muñiz anotaron 6, Arabia 2 y Robila 1. Aquel cuadrazo perdió tres partidos (todos en la primera rueda), empató siete y ganó los veinte restantes, conquistó 60 goles y soportó 27. 

Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. Autor. Andrés Bossio

miércoles, 7 de octubre de 2020

SE VAN MENOTTI Y FERNANDEZ. LLEGA D'AMICO

 



Por Andrés Bossio 


Central se había propuesto atender prioritaria mente el fútbol profesional aquel año. Desdibujada la figura de Jim López por la opaca campaña del 63, se buscó a otro técnico de gran prestigio: José D'Amico, uno de los teóricos más reconocido en el orden mundial y persona de gran relieve moral Las necesidades financieras llevaron a concretar dos operaciones muy ventajosas para el club, pero que dejaron un hueco importante en el primer equipo: Enrique Fernández fue transferido a River Plate y César Luis Menottti a Rácing. 

Justamente de River llegó el puntero derecho Ernesto Juárez, de Bánfield el defensor Antonio Manilo y de Boca el peruano Miguel Loayza, a quienes se sumarían Américo Royere, centrodelantero, Roque Palacios, defensor ambos del equipo de reserva del año anterior. 

Ese año de 1964 marcó también la reincorporación después de mucho tiempo de Newell's Oid Boys al círculo superior. Descendido en 1960, los rojinegros no pudieron ganar el certamen de la "B" y ese año aprovecharon una de las tantas jugadas inmorales de los presidentes de Boca y River para "engancharse" a una reestructuración que, en el mejor de los casos, sólo podría calificarse como ridícula. Para que el lector de estos días tenga una idea aproximada ce aquella situación bastará retrotraer este mero dato de la realidad: junto con Newell's fueron otros 15 los equipos ascendidos de categoría, a dedo, por una decisión caprichosa de los dirigentes de los clubes grandes. 

Y fue justamente un capricho del sorteo que marcó para la primera fecha del torneo el enfrentamiento entre Newell's y Central, en el Parque Independencia. Habían pasado cuatro años sin enfrentamientos oficiales por lo que el encuentro adquiría un atractivo especial. La hinchada auriazul se hizo presente en forma ruidosa y multitudinaria en el Parque y no escatimó "cargadas" por el dudoso derecho de los ñulistas a disputar el torneo superior. La fiesta canalla fue completa porque ese día. domingo 26 de abril, Central ganó 4 a 0, con dos goles de Malleo, uno de Néstor Borgogno, jugador incorporado ese año y que provenía de Unión de Santa Fe, y el restante de Alejo Medina. La campaña centralista de ese año sedesarrolló en forma por demás curiosa; después de derrotar a Newell's sólo pudo doblegar -en el curso de la primera rueda— a Chacarita en San Martín y a Argentinos Juniors en Arroyito. No perdió nunca como visitante y sus derrotas as recibió en su cancha: eLn Atlanta y con River, por idéntico marcador: 2 a 1. registró nada menos que 10 empate, y ocupó la octava posición, con 16 puntos. Newell's iba por entonces último, con 7. 
 

La segunda rueda empezó mal y çasi con un mayúsculo disgusto. En su apertura, Central recibió a Newell's en Arroyito y, al término del primer tiempo, sus simpatizantes no podían creer lo que habían visto: los rojinegros nos estaban ganando dos a cero, con tantos de los brasileños Zucca y Joao Cardoso. En la segunda etapa Néstor Manfredi, con 2 golazos, salvó la ropa y el encuentro terminó empatado. Pero fue un presagio de lo que vendría. Sólo cuatro victorias (ante San Lorenzo, Rácing, - Bánfield y Huracán), todas en Arroyito. Como visitante en es ta segunda rueda ocurrió exactamente al revés de la inicial: logró sólo dos puntos merced a empates ante Estudiantes y Argentinos Juniors; el resto de sus encuentros fuera de casa los perdió. Terminó undécimo, con 28 puntos, aunque sin angustias, ya que superó a Chacarita, Gimnasia, Estudiantes y Argentinos Juniors. Ultimo fue Newell's, con 16 puntos, a quien salvó otra vez la reestructuración. Ese año, también por decreto, se decidió anular los descensos. 


Fuente: Extraído de la Colección de Rosario Central. Autor. Andrés Bossio

martes, 6 de octubre de 2020

La televisión rosarina



Por Rafael Ielpi 




Llegan las imágenes 




Bastante antes de la aparición de los canales de televisión locales, los rosarinos debían conformarse con la recepción de la programación del estatal Canal 7, a través de una repetidora que llevaba a los hogares de la ciudad que tenían el privilegio de contar con los enormes aparatos de entonces, las imágenes de aquellos programas pioneros de la televisión nacional. 

En realidad, esas imágenes habían podido captarse en Rosario ya en 1952, a poco de la creación de Canal 7, en una prueba experimental realizada en el edificio de Sarmiento y Mendoza, sede entonces del Ministerio de Agricultura. La revista 15 Días anunciaba en noviembre de 1952 con inocultable entusiasmo y algo de retórica: Lo importante, lo real es que la televisión ya está en Rosario. En todas partes, el comentario bulle y palpita, impregnado de entusiasmo. Daniel Briguet señala: Hacía poco que, por iniciativa del gobierno peronista de entonces, había comenzado a emitir el primitivo Canal 7 y un inmigrante de origen dinamarqués llamado Pablo Thomsen, egresado de la Escuela Industrial anexa a la Facultad de lngeniería, había diseñado un dispositivo que permitía captar las ondas televisivas de tres modos distintos. Según testigos presenciales, la captación era nítida pero debieron pasar varios años antes de que la ciudad contara con sus propios canales de emisión. 


Fuente: Extraído de la colección de Vida Cotidiana de 1930-1960. Editado por el diario “La Capital”. 

lunes, 5 de octubre de 2020

Fragmento de Capitulo Volando a Río

 



Por Hector Nicolás Zinni 


En Rosario, a mitad de camino entre la sofisticación y los shows nocturnos de la Avenida Belgrano, se reúnen locales que transitan de la gloria a un aceptado olvido. Chandelle, en Maipú al 700, acumula pasados que son permanentemente evocados por un ancestral testigo del night club: Sánchez, el mozo, que melancólicamente recuerda los lugares y mesas preferidas por los clientes. En ese local, que entre otros nombres, ha ostentado el de Mi Varieté y más tarde se llamará Can-Can, no es sorprendente que cuando un habitué decide aventurarse por Chandelle, el cibernético Sánchez acote: "Usted, hace tres años, se sentaba allí“. 

Porque había sido precisamente en esa época, cuando la high-life rosarina se daba cita todas las noches, revolviendo los vasos de whisky con cucharita, encantados de verse de nuevo: escuchando Avec de Charles Aznavour, cómodamente depositados en los sillones de la antesala, o entreteniéndose con el juego de la verdad, que eran algunos de los imperativos de los iniciados. En la actualidad, Chandelle mantiene el Club de los Lunes, desde hace dos años, un coto privado de profesionales, industriales, y empresarios que forman un clan hermético inaccesible, que ni siquiera acepta nuevos socios. 

Pero es en Carnaval, curiosamente, donde más se percibe la falta de vigencia del reducto: a las ocho de la mañana, después de estrepitosas marchinhas brasileñas, un equipo de encargadas de limpieza desaloja a los paganos, esgrimiendo escobas y escobillones, mientras arrojan agua al piso. 

En el otro extremo, ocupado por los obreros, el Olimpo y El Riel se constituirán en unos de los pocos bares almacén que sobrevivirán los embates del tiempo. El primero, que ha abierto sus puertas en 1880, conservará su mobiliario original, encontrándose allí la última barra de estaño del país. Una importante vitrina de madera y vidrio, colmada de botellas, separa los dos ámbitos con una sinfonía de colores cuando los rayos del sol que entran por la puerta abierta de la ochava, dan de pleno. 

Hay una bebida de la que sólo queda su fantasma vagando en el local, el Suissé. Hasta la década del 20 este ha sido el aperitivo más solicitado por los trabajadores que, provenientes del puerto, recalaban en el Olimpo: "Los obreros portuarios que salían de trabajar transpirados de los buques, y agotados por la larga jornada, venían a beber el Suissé", afirma el galaico propietario del bar almacén y agrega "en el trato cotidiano se traslucía la rudeza de la personalidad de estos hombres". 

Entre los años'20 y'30 también el lugar era escogido por los guardas, maquinistas y foguistas del cercano ferrocarril. Los mismos se alojaban generalmente en las pensiones que existían cerca de allí, en Urquiza y Mitre. El nombre de Olimpo ha sido por el viejo teatro que estaba cruzando la calle y que un día se quemó. Francisco Vega, dueño del bar alma recuerda que a principios de siglo el paisaje urbano era muy distinto. '' calles eran de tierra con tacos de madera; el tranvía era tirado, en un momento, por caballos, y más tarde fueron éstos reemplazados por el motor". 

Queda claro que tanto tiempo y tantas vivencias dejan huella imborrables en el corazón: "Este retrato que usted ve ahí, colgado es : de un paisano vasco que se destacó como luchador: Paulino Uzcudum Cuando compramos este negocio estaba, y lo dejamos ahí. El bar es parte de mi vida y lo quiero con el alma porque son muchos años los que he dado por él", concluye diciendo Vega. 

Santiago Olmos, propietario de El Riel, en las cercanías de la estación Sunchales (Rosario Norte) siente el mismo cariño por el lugar que lo ha visto crecer. También él vive los cambios que se van sucediendo y afectan significativamente el movimiento de esa zona. "Hace 60 años era un despacho de bebidas y comestibles, y siguió así", dice Olmos. La esquina de Rivadavia y Santiago es el lugar preferido de los obreros portuarios ferroviarios y metalúrgicos. Estos, bien temprano, cuando el sol. recién comienza a colorear el cielo, se dirigen allí a desayunar. 

Un desayuno muy particular, ya que no consiste en el tradicional café con leche, sino en un vaso de vino, de caña o de grappa. Sobre el medio día, el almuerzo de veinte minutos vuelve a reunirlos. Los platos más solicitados: puchero y pescado que son elaborados por la madre de Santiago. Cuarenta años después el menú será reemplazado por comidas rápidas: hamburguesas, pebetes, milanesas, papas fritas, fideos, ensaladas. Nada de sopa o de buseca. En El Riel se vivirán muchas cosas que darán lugar a las consabidas anécdotas: desde fuertes peleas hasta despedidas o reencuentros cargados de emoción.

Otras cosas suceden entretanto a nivel nacional. Síguese con entusiasmo la Campaña Internacional del Club Independiente, quien obtiene el Campeonato de América en fútbol y dirime en Europa la final del mundo, en la que resulta sub-campeón. A su vez, la Argentina logra una victoria sensacional, al hacer suya la Copa de las Naciones, que gana invicta en Brasil. En la primera rueda del fútbol profesional, Rosario Central ha goleado a Newell's por 4 a O. Das goles corresponden a Malleo y los otros dos a Borgogno y Medina. Los rivales empatan en la segunda rueda 2 a 2, haciendo Manfredi, de Rosario Central, dos goles y uno cada uno, Zuccay Cardozo, de la escuadra rojinegra. 



Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanás” Tomo III. Editorial Fundación Ross. Año 2000.

sábado, 3 de octubre de 2020

Fragmento del Capitulo de los Bailes de la vida



Por Hector Nicolás Zinni

Sin tantos apremios, otros bailes permiten a los jóvenes rosarinos sin banca acudir al recurso de la contraseña vendida a mitad de precio por los que se van temprano, o simplemente regalada por quienes sufren estoicamente no estar en su día. La revancha para estos últimos se da soló ante un remo con alfajores Tarragona en algún bar donde el dueño ya ha empezado a colocar los postigos, anunciando el cierre. 

Con los bailongos que se llevan a cabo en el Cruce Park, ubicado en la esquina SE de Salta y San Nicolás, en el mismo predio que ocupará años más tarde una empresa telefónica, la contraseña es harina de otro costal. La entrada cuesta muy poco, pero para ingresar a la pista de baile - circundada por una baranda rectangular— hay que abonar una suma mayor. Los bailarines tienen acceso a la pista por una especie de tranquera baja, donde el control abrocha en la solapa del bailarín un primoroso precinto de cartulina de color, y que los muchachos levantan del suelo a la salida para colocárselos ellos mismos en la solapa con mucho disimulo y de esta forma burlar el costo de la entrada y el control. Para mirar solamente, también hay un precio fijado, aunque no se puede estar mucho tiempo de pie, por exigirlo así el reglamento del lugar: es obligatorio ocupar alguna mesa y consumir algo. 

La temporada en el Cruce Park, se salva con recursos inverosímiles: durante la semana se ofrecen espectáculos de boxeo, bailes y, además, los rendidores concursos de cantores, a los que suele invitarse a alguna figura de paso por la ciudad, para prestigiar este sitio. Los jóveneo pueden ver al sólo precio de un peso con cincuenta centavos, los primeros pasos de El Chúcaro y La Dolores, en sus primeras salidas al interior del país, así como extasiarse frente a los gorjeos de un gordito rudicundo, que usa las puntas del cuello de la camisa sin ballenitas y será con el tiempo uno de los más grandes y queridos cantores de tango en Rosario: José Berón. 

También un lugar predilecto de los jóvenes y no tan jóvenes, es Instituto Tráfico, en San Lorenzo entre bulevar Oroño y Alvear. Dotado de excelentes instalaciones: escenario, piso de madera lustrado, limpieza, orden, pulcritud, el atildado salón no difiere de los demás en la costumbre inveterada: sillas de Viena arrimadas contra la pared, formando el consabido cordón donde pacientes madres hacen su vigilancia celosa. Los grupos de muchachas frente al cordón, y de varones a la entrada, se observan mientras, en el escenario, la orquesta del momento: Héctor Lincoln Garrot, José Sala o Luis Chera, desgrana los primeros acordes de los tangos Gricel o Mañana zarpa un barco. 

En la vereda, mientras tanto, los muchachos carentes del peso para la entrada, buscan desesperadamente la contraseña salvadora, mientras van entrando las probables "conquistas", acompañadas por el consabido cuarto vigilante, encarnado por una robusta matrona de croquignol, tapado negro con cuello de piel, pronunciado bozo y cartera negra, que por su tamaño, recuerda las valijitas obsequiadas algunos años antes por la zapatería Casals receptáculos en cuyo interior muchas amas de casa guardan celosamente los carreteles y ovillos de hilo para bordar. 

Si bien los bailes de Instituto Tráfico resultan casi ceremoniosos, Sports. men Unidos, en pleno apogeo, permite un culto más libre de la danza, e particular de nuestro llamado arte menor, con el aporte de parejas de baile experimentadas en los arabescos sobre el granito de la pista, que reciben la admiración callada de los circunstantes e inhiben a los corredores de baile para ensayar su técnica pobre en recursos. En Sportsmen, la condición esencial es saber bailar, es decir, con todas las de la ley, ya que se permiten lujosos floreos, gambetas, corridas, cortes, quebradas, sentadas, ochos, dieciséis y veinticuatros. 

También este club acude al recurso de incorporar números artísticos a sus reuniones danzantes, cuando el delirio no conoce todavía los nombres de Palito Ortega, Raphael, Sandro o Favio y sí en cambio los de Leo Marini, Daniel Adamo, Gregorio Barrios, Pedro Vargas y el tenor de la voz de seda: el mejicano Juan Aivizu. Quedarán para la anécdota y el recuerdo el tapial hecho escombros por la multitud en su afán por ver de cerca al cantor Hugo del Carril, los puñetazos de Reynaldo Mompel prodigados a los atrevidos que no dejaban llegar al escenario a una dama generosa de curvas, ataviada con un vestido amarillo y reluciente, luciendo una cabellera hirsuta y larga, que se mueve como las vedettes y que canta canciones de moda. Es, nada menos que su flamante esposa: Virginia Luque, o sea Violeta Mabel Domínguez en los papeles. 

También quedarán para la evocación, las contorsiones del flamante médico cantor Alberto Castillo, así como el desplazamiento por el escenario del amanerado y popularísimo divo flamenco Miguel de Molina, cantando con su voz cascada algunos de sus éxitos como La bien pagá. Angelilo, Wáshington Bertolín, Rodolfo Biaggi, Francisco Canaro, Alfredo Gobbi y muchos otros elevan prodigiosamente el cartel de este club, que está bajo la presidencia de un mánager fuera de serie: un sastre de apellido Caruso. Son épocas en que los contratos se pagan religiosamente, con lluvia o sin lluvia. Así pasa, por ejemplo, con Juan D´Arienzo y su orquesta, cuando suspendida su actuación por causa de una intensa precipitación pluvial, se le paga hasta el último peso al dejar de llover. D´Arienzo se había tomado el tren desde Retiro con el sólo objeto de ir a cobrar. 

Mientras la grey porteña, en cumplimiento del 50 por ciento de música nacional, se reparte en sitios bailables donde celosos intérpretes del tango y jazz ejecutan por un lado, y aguerridos cultores del taragüí cinchan del otro (el salón Bompland, El Chamamé, el Palacio Urquiza), en Rosario, sin tanto problema, reina la milonga, entronizada en bailes y bailongos en los salones mas caracterizados: La Cubana, ubicada donde después se instalara la Caja de Créditos Arroyito; Socorros Mutuos, donde más tarde funcionara el cine Lumiére; el Cosmopolita, en Mendoza y Fraga; El Luchador, en barrio Echesortu; Intercambio, en Córdoba al 4700; el Club Social Zona Sud, en Maipú al 2900 y Libertad, en Mendoza y Felipe Moré a los que se agregarán después los bailes de los clubes Horizonte, Nueva Era Leña y Leña, Sportivo Federal, Provincial, Gimnasia y Esgrima, BenHu; Unión y Progreso y muchos más entre ellos los infaltables rivales Newell's Old Boys y Rosario Central, además de otros, perdidos en la infinitud de los calles de tierra de extramuros. 

Esta generación, crecida con tranvía y vino tinto, que ha hecho sus primeras armas en los bailes de carnaval o en los picnics de la Quinta La Nélida, el Centro Unión de Almaceneros, el Centro Castilla o el Prado Asturiano, nunca podrá imaginar que sus refocilos sabatinos o dominicales caerán heridos de muerte veinte años después, reemplazados por una pléyade juvenil, alegre, nuevaolera y desprejuiciada, que también habrá de escribir su historia. Juventud que, por otra parte, dará la medida exacta del tiempo, donde entre el descenso en la luna y otros sucesos similares, también las jóvenes cultoras de la minifalda y los hippies de pelo largo y barba más larga aún, verán llorar más que nunca, a la Biblia junto a un calefón4. 

NOTA: 

4. Boom. Rosario. Id. Id. 

Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanás” Tomo III. Editorial Fundación Ross. Año 2000. 

viernes, 2 de octubre de 2020

-PUCHERITO DE GALLINA Fragmento de Capitulo 10

 



Por Hector N Zinni 


Rosario, surge una variante aún no explotada del espectáculo. Se ta del café concert. Pretende introducir la novedad La Casa del viejo Tío Pablo. "Esto es una cosa seria, -proclama Roberto Albretch, uno de los responsables del proyecto-; hay que darle vida al aspecto cultural de la ciudad y hacerlo llegar a la gente jóven« El local logra acumular algunas noches célebres, como, por ejemplo, cuando lo transitan Miguel Saravia y Héctor Giunta, los invitados bajan las botellas de la repisa, sostenida por cadenas donde el barman Giordano conserva los brebajes para sus creaciones que se cotizan entre 130 y 150 pesos. 

Pero ninguna definición logra superar a la que desliza, una noche, el hirsuto director de cámaras de Canal 5 Raúl Agote: "Esto es como una guardería infantil: hasta nos cuidan" Quizá por eso, La Casa del viejo Tío Pablo (donde cinco confundidas damas fueron a pedir trabajo y no tuvieron suerte) se ha convertido en un lugar a la page: no se necesita ir en pareja, y el saco y la corbata han sido definitivamente excluidos. 

La ciudad alberga, asimismo, una cadena de locales nocturnos que constituyen el mejor ejemplo de las medias tintas. La pantera rosa, algo bastante diferente de la sofisticación que proponía el director Blake Edwards en su película, asegura por 320 pesos una excursión acuática: la humedad ha reptado por todas las paredes, y los asistentes insisten en que, durante el verano, se baila sobre agua. Por más que uno quiera, no se puede indagar sobre los orígenes del torrente. A lo sumo, los que penetran en La pantera rosa, en la calle Mitre al 600 optan por quedarse una hora, y trasladarse a la esquina de Mitre y Santa Fe para ver si pasa algo mejor en el Odeón. 

La lista, no obstante, se vuelve interminable: Jezabel, Marabú, Royal, Caracol, Le Papillón, Can-Can, entre otros, proponen el mismo grado de aburrimiento para los que ven en la noche la gran posibilidad de liberación. "Ya los conocemos a todos -se lamenta un adicto a los lugares nocturnos-siempre pasa lo mismo y se ven caras idénticas: por desgracia no podemos dejar de ir".3 Es de señalar que el vetusto edificio ocupado por Le Papillón en Sarmiento al 500 ha sido vivienda familiar de reconocidos apellidos por los años de María Castaña, pasando a ser ocupado por oficinas donde conocidos rematadores currlieron su periplo sin dejar de hacer sus agostos y, antes de transformarse en un misterioso y ensombrecido bailable, fue sede de ARICANA. 

Y ya que de vetusto hablamos, en la esquina de Mitre y Santa Fe, donde campea el bar Odeón, aparecen féminas nocturnas en tren de quemar sus últimos cartuchos: "La pesca suele ser abundante", señala un valiente dispuesto a todo. 

Fuera de este panorama, los bolichones céntricos ejercen su encanto: La Buena Medida, ubicado en la esquina SE de Buenos Aire y Rioja es uno de los pocos lugares donde el diálogo se extiende y la prisa se disuelve en una taza de café. Construido en 1897, funcionará hasta mediados de década de los 70 como Almacén y Bar, el primero sobre expendio de mercaderías sobre Buenos Aires. 

La fórmula muy efectiva de bueno y barato es el puntal de su fama El café al más bajo precio de la ciudad y los familiares gigantes parecen ser la combinación perfecta. Junto a ésto, La Buena Medida abre sus puertas a empleados del Correo, mujeres, militantes políticos, estudiantes, comerciantes, vendedores ambulantes y malandrines. "Aquí concurre todo el orden de la cultura -afirma su dueño-, es la buena medida para todos, desde el alto funcionario hasta la gente humilde.4 

Un bar muy conocido en la ciudad es El Cairo, inaugurado en 1943 en el mismo lugar donde estuvo la Tienda Dos Mundos, la intersección de Sarmiento y Santa Fé, esquina NO. En este año aún hay una enorme cantidad de billares ocupando un espacio importante y existe, cerca de la entrada, un tablado semicircular desde donde ejecutan sus instrumentos las orquestas. En los años 70 se harán importantes reformas colocándose el piso de parquet, cambiándose el techo y la barra, pero la modificación más significativa estará signada por el fin de los billares. Quien esto escribe, ha visto en 1951, desde la esquina, cómo jugaban un partido de billar nada menos que Edmundo Rivero y sus guitarristas.5 Otros bares como el Olimpia y el Madrid, seguirán siendo sede de billaristas de raza. 

NOTAS: 

3. Boom, Rosario. Año 1 Nro. 4. id.id. 

4.MeIlna Sainz. op. cit. 




Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanás” Tomo III. Editorial Fundación Ross. Año 2000.

jueves, 1 de octubre de 2020

ALFREDO OBBERTI ex jugador Newell´s

 




Rosario tiene ese perfume a barrio que te termina enamorando de todo 




Para Alfredo Domingo Obberti es tiempo dejarse llevar por el placer de la vida. Su me te navega hacia los lugares más felices y a la a su memoria prodigiosa para abrir el libro gordo de aventuras en Rosario. Es que para el Mono siempre es una delicia hablar de ciudad que lo arropó hace más de cuarenta años y que actualmente lo envuelve con su encanto. Como su compromiso siempre fue tejer alianzas con sus raíces, vale la pena detenerse en el testimonio de alguien que hizo del agradecimiento su verdadero cable a tierra: "Soy un tipo realmente agradecido Rosario porque la ciudad se portó muy bien conmigo. No nací acá por esas circunstancias del destino, pero me considero un rosarino con todas las letras. Hasta me como las eses cuando hablo apurado (risas). Dudo que alguna vez me vaya. Tiene que ocurrir algo muy extraño para que tome esa decisión. Aprendí a querer a la ciudad cuando empecé a jugar en Newell's en los años setenta y con el paso del tiempo me fui enamorando cada vez más Me encanta el sentimiento de pertenencia que tiene su gente. Para el que vive acá nada es mejor que Rosario. Tal vez sea una actitud egoísta, pero estoy convencido de que es la manera que encuentran sus habitantes para defender lo suyo” argumenta Los números no encierran toda la verdad, pero en la relación del Mono con Newell's ayudan a enten- der por qué es considerado un patrimonio futbolístico fundamental de la colectividad leprosa. Basta con darle un vistazo a su palmarés. Se consagró campeón en el Metropolitano 74, el primer título de los rojinegros y además es el tercer goleador en la historia del club con 89 tantos. Pero lejos de ventilar un aire de soberbia por sus grandes logro Obberti se apoya en estos registros para confesar su amor por el club y en especial por ciudad: "Si Newell's no hubiera aparecido e mi carrera, seguramente no me hubiera en morado de Rosario. Una cosa llevó a la otra., Igual, recién ahora empecé a disfrutar en serio de la ciudad porque antes no tenía tiempo ni para ir al río o caminar por la costanera, dos de mis pasatiempos preferidos. Cuando uno está en plena actividad no serio da cuenta las cosas que realmente valen la pena. Rosario tiene ese perfume a barrio que te termina enamorando de todo. El cafecito de todas las mañanas con amigos para discutir de fútbol es impostergable. Los tiempos cambiaron, pero esas costumbres se mantienen. Actualmente vivo en Alberdi, y si bien el barrio no logró escaparles a esos males tan habituales de las grandes ciudades, al menos todas conserva el gusto de salir a la vereda y hablar un rato con el vecino. El crecimiento tremendo que muestra la ciudad también tiene cosas a favor. Por ejemplo, antes para entrar a Rosario tenias que hacerlo solamente bulevar Oroño o Rondeau y ahora hay acce sos por todos lados. Además la señalización de las calles y el funcionamiento de los semáforos ayudan a una mejor convivencia todo sentido. En contraposición, me molesta muchísimo lo mal que maneja la gente. No tengo dudas de que antes se cuidaba más peatón. Hoy nadie respeta las reglas de transito y cualquiera deja el auto en el lugar que no corresponde. Por eso armé mi vida en Alberdi, para ir lo menos posible al centro. irrita tener que chocarme con todo el mundo, esperar para pagar un impuesto o para tomar un café en algún bar que está de moda. me enamoré de la Rosario más tranquila, esa que me permite transitar este momento junto a mi esposa sin tanto apuro por hacer las cosas comenta el actual director de escuela de técnicos de Rosario.


Esta última reflexión también dispara un pensamiento sin tibiezas en Obberti. Una cuestión que no le permite mirar hacia otro lado. La falta de seguridad y el alto índice de delincuencia lo empujan a levantar el dedo acusador. "En Rosario ocurren todos los días hechos de violencia porque es una ciudad en la que hay para robar. Para cambiar esto hay que hacer cumplir las leyes y punto”, cierra Obberti, un hombre sin pelos en la lengua. 


Fuente: Extraído de la revista del diario “ La Capital” 145 aniversario. Año 2012