Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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lunes, 9 de julio de 2018

SOCIEDAD FILARMONICA DE ROSARIO


Por Nicolás E. De Vita



Pocos años después de creada la antes recordada Orquesta Sinfónica, teniendo en cuenta no sólo el enorme éxito obtenido por la misma y del total apoyo que la comunidad le brindaba; un grupo de excelentes ejecutantes en cada una de las especialidades, que por falta de lugar habían quedado al margen de la plantilla de aquella, con el apoyo incondicional de reconocidos maestros rosarinos y apuntalados por personas no profesionales pero sí amantes a la buena música, resuelven de común acuerdo crear una nueva entidad musical a la que se le da el nombre de "SOCIEDAD FILARMONICA DE ROSARIO", y con ello la formación de una gran orquesta clásica para así también poder brindar a la culta población de Rosario espectáculos de alta jerarquía artística para los "amantes de la armonía" y por extensión a los "amigos de la música", como se define a lo filarmónico en los diccionarios de la especialidad. En verdad, con esta nueva orquesta lo que se creaba era otra Sinfónica más pues, en términos académicos, entre una de ellas, otra Filarmónica y otra Sinfo-Filarmónica, no existe el menor vestigio de diferencias; las tres cumplen el mismo rol musical. 

Es así como la ciudad de Rosario, que, durante tantos años no había podido contar con tan sólo una discreta orquesta clásica, de improviso y por circunstancias fortuitas se ve de pronto felizmente prestigiada con la existencia de dos excelentes formaciones las que, con evidente y no disimulado deseo de sobresalir una sobre la otra, van a procurar en cada una de sus presentaciones un desmedido deseo de superioridad, bajo ningún concepto criticable dado que al final de cuentas, el único beneficiario lo habría de ser el público asistente a cada concierto, y por ende, la ciudad. 

Entre una y otra disciplina, la orquesta estable de la Sociedad Filarmónica de Rosario llegó a contar con un plantel de más de 70 ejecutantes, e hizo su debut oficial el día miércoles 19 de mayo de 1937, a las 21.30 horas, en el Teatro Colón, también ante una sala totalmente colmada de público. En esta oportunidad, la dirección de la misma estuvo a cargo de cuatro excelentes directores rosarinos: los maestros Orestes D'Alo (viejo vecino de nuestro barrio), Humbertó De Nito, Aldo Gily, y Nicolás Mignona; quienes se alternaron en la conducción, y el programa preparado al efecto lo fue en base a las siguientes composiciones: Primera Parte: a) Ricardo Wagner: Rienzi-Obertura, con la dirección del maestro D'Aló; b) Humberto De Nito: Petite Suite; Invocación, Gavota, Marcha Tártara, con la dirección del mismo autor; c) Héctor Berlioz: Danza de las Sílfides. Tchaicowsky: Andante cantábile del cuarteto, op. 11, para arcos solos, con la dirección del maestro Gily; y d) Luis Mansinelli; Cleopatra: Oberture, con la dirección del maestro Mignona. 

Mientras que en la segunda parte se abordaron los siguientes temas: a) Ricardo Wagner: Tristán e Isolda, Preludio y Muerte de Isolda, con la dirección del maestro Gily; b) Carlos María Weber: Invitación al Vals, con la dirección del maestro Mignona; c) Manuel de Falla: El Amor Brujo, de la Danza del Fuego, con la dirección del maestro De Nito, y d) Pietro Mascagni; Isis: Himno al Sol, con la dirección del maestro D'Aló. 

Como lo hemos dicho anteriormente, este conjunto orquestal no contaba con un director estable, razón por la cual durante todo el tiempo de su vigencia el podio, además de los maestros antes recordados, fue ocupado por otros no menos prestigiosos, tales como: Juan Bautista Massa; Luis Mílici; José de Nito; Gustavo Funoli; Tomás Santestéban; Ricardo D. Scarafía, etc.; como así también por otros argentinos, como: Luis Gianneo; Bruno Bandini; José María Castro y, extranjeros, como: José Iturbi; Ricardo Engelbrecht; Manuel Almirall; Pablo Red¡; Erwin Leutcher; Alberto Wolff; Kurt Pahien, etc. 

A su vez como solistas, en distintas oportunidades lo hicieron: En Piano: Josefina Prelli; Nino Rossi; José y Amparo Iturbi; Francisco Amicarelli; Jorge Sandor; Wladimir Padwa; Arminda Canteros de Farruggia; Nicolás A. Alessio; Arturo Rubinstein; Celia Peñagaricano, di Miliner; Rudolf Firkusny; Wiltod Malcuzzynsky; Luis Camponovo; Claudio Arrau; Herberto Renison; Haydée Giordano; Lía Cimaglia Espinosa; Elsa Piaggio de Tarelli; Lisardo Varela, y Estrella Gregorio. En Violines: Pedro F. Napolitano; Mischa Elman; Carlos F. Cilario; Roger Salmón; Ricardo Odnoposoff; Yehudi Menuhin; Julián Olewsky; Carlos Pessina; Henryk Szering; Juan Alma; Lorenzo Romeo; 'iliana Solodkow. En Violoncello: Pedro Farruggia y Ramón Villacfára. En Flauta: Angel S. Martucci. En Oboe: Alfredo Perona. En Arpa: Tosca Barbacci. En Canto: las sopranos: María Luisa Coll Casas de Cuminetti; Julia Samiñán; Perla Valls y Haydée Lydia Varela; el tenor Mario Miglietta (también vecino de nuestro barrio); las contraaltos: Emma Brizzio y Yolanda Fiora; el Bajo: Jacobo Krasnopiurko y el Coro Estable de Rosario. 

Esta orquesta, en su mejor momento, estuvo integrada por el plantel de músicos que, por instrumento y por orden alfabético, se indican a continuación: VIOLINES: Juan Alma, José Abbati, Mario Bagnoli, Alfredo Barone, Antonio Bianchimano, Learte Carroli, Gerardo Cristinziano, Salvador Eskenazzi, Bruno Fernagni, Gustavo Funoil, Emilio Franchini, Dermidio Guastavino, Emilio Hanisch, Rafael Koren, León Liberjen, Enrique Lomónaco, Vicente Pendino, Mateo Pintos, Poliuto Pividor, Elsa Rittershaus, Lorenzo Romeo, Armando Sabatini, Luis Santiago Schiozzi, Samuel Schneider, Hermann Silberstein, José Valdivia, Marcos Waldmann. VIOLAS: Alberto Codina, Oscar Costa, Luis D'Antonio, Alberto Farruggia, Luis Freysselinard, y J. Zoppetti. VIOLONCELLOS: Andrés Barone, Genaro Della Barca, Pedro Farruggia, Juan Mazzoni, Felipe Milia y Enrique Storani. CONTRABAJOS: Salvador Alma, Vicente Ingro, Antonio Laddaga, Carlos Sanbucety, Antonio Sánchez y Marcelo Yocco. FLAUTAS: Juan Marino, Antonio Ragusa y Pedro Ritagliati. CLARINETES: Antonio Alessio y Rafael Módica. CLARINETE BAJO: Juan Angelone. OBOES: León Burgevin, Guillermo Kruger y Rodrigo Storani. FAGOTES: Francisco Alvarez y Héctor Barsotti. PISTONES: Tomás Lepere, Juan Mílici y Silvestre Panella. CORNOS: Miguel Alessio, Eduardo Balaña, Nicolás Benedetto y Francisco di Biassio. TROMBONES: Salvador Cigno, Anacleto Maero y Pedro Rossito. BAJO TUBA: Vitale Conti. TIMBALES: Mario Francisco Pinto. BOMBO: Luis Carbone. ACCESORIOS: Vicente Lepere. PIANO: Luis Mílici. ARPA: Tosca Bardacci. 

Si bien esta notable formación orquestal no llegó a sobrevivir 10 años, durante ese lapso de tiempo su labor fue más que proficua. Conciertos, audiciones, colaboraciones, etc., fueron más que numerosas, entre las cuales por su importancia merecen ser recordadas. Su intervención en los actos realizados con motivo de la celebración del 25° Aniversario de la ordenación sacerdotal del entonces Exmo. Obispo de Rosario, Monseñor Dr. Antonio Caggiano; 250 Aniversario de la fundación de la Biblioteca Argentina y de la entidad "El Círculo"; los conciertos auspiciados por el Instituto Dante Alighieri, los realizados como parte de los programas oficiales de celebraciones de las semanas de julio y de Rosario, del Tercer Congreso Provincial del Niño, del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Matemáticas, y de la Banda de Policía; las audiciones escolares en el Teatro Colón, con asistencia de más de un millar de niños y que estaban precedidas por interesantes charlas educativas pronunciadas por ese gran escritor y periodista de Rosario que se llamó Don Antonio Casablanca; el concierto homenaje al Maestro D. Juan Bautista Massa; su intervención en las Fiestas de la Coronación de la Virgen de Rosario; el de homenaje al Diario La Capital en su 75° aniversario, y a la Biblioteca Argentina en su 300 aniversario; los conciertos auspiciados por el Club Rosarino de Autores y Compositores y por la Asociación Amigos del Arte de Santa Fe; el Festival Bach que, con la colaboración del Coro Estable de Rosario, tuviera un éxito notable, sus actuaciones en distintas localidades del interior de nuestra provincia; y, finalmente, la inolvidable audición que al aire libre y en el Parque Belgrano, bajo el auspicio de la Municipalidad de Rosario, fuera realizada en los últimos días del año 1946 y que, prácticamente, marcó el final de esta formidable agrupación musical que, a pesar de los años ya pasados, se la sigue evocando con cariño. 


Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994

sábado, 7 de julio de 2018

LAS MANGAS DE LANGOSTAS


Por Nicolás E. de Vita



Este pequeño pero voráz insecto depredador, verdadero azote de la humanidad, es conocido desde tiempos inmemorables. La Biblia, en el Capítulo del Exodo1, ya la menciona cuando Yahveh (Dios de los hebreos) al no haber encontrado eco favorable por parte del Faraón 2. para que éste pudiera hacer salir libre y pacíficamente de Egipto al sojuzgado pueblo de Israel a pesar de haberlo castigado con las siete primeras plagas, le dice a Moisés: 

"...Extiende tu mano sobre el país de Egipto atrayendo la langosta; que invada la tierra egipcia y devore toda la hierba del país...". La langosta invadió todo el país y se posó en todo el territorio egipcio... Fue caso grave. Ella devoró toda la hierba del país y todos los frutos de los árboles que el granizo dejara; no quedó nada verde ni en los árboles ni en la hierba del campo..."



Ello fue la causa de la octava plaga que según el antiguo testamento debió soportar el pueblo de Egipto. 

Pero dejando el Pentateuco 3, con sus visiones más primitivas y más próximas a la mitología del pueblo hebreo, dado que ello es ajeno a la finalidad de este capítulo, pues lo recordado lo ha sido tan sólo como un simple hecho anecdótico tendiente a demostrar la antigüedad del insecto y su voracidad depredadora, continuando con el tema principal decimos que la langosta pertenece al género de la órden de los ortópteros y a la familia de los ácridios, siendo sus principales características las siguientes: Antena filiforme; muslos posteriores alargados; la punta preesternal es más o menos aguda; su cabeza es ovoidal y posee cinco ojos, de los cuales dos son muy visibles y se encuentran ubicados a los lados de las antenas, mientras que los otros tres forman un triángulo en la parte posterior de la cabeza que los hacen pasar desapercibidos; el esternón, a cuyos costados se insertan las patas, es ancho, resistente y aplanado; y el abdómen; sin patas ni alas, se compone de 8 articulaciones.y segmentos que van disminuyendo de diámetro hasta terminar en el que lleva los órganos sexuales. El macho se diferencia de la hembra por ser más chico y más claro y su último anillo termina formando dos labios que encierran el órgano de la generación; mientras que la hembra, en el último segmento, o sea en la parte posterior, tiene la forma de un taladro que le sirve para agujerear el suelo en donde habrá de depositar sus huevos. 

Este acridio, apenas nacido del lugar en la tierra en que su madre había depositado disimuladamente los huevos para evitar que se secaran o de ser comidos por las aves, no tiene entonces más de un centímetro de longitud; es incoloro y de movimientos un poco inciertos. Al observarlos, nadie puede imaginar que sus mandíbulas, apenas perceptibles, en un breve espacio de tiempo pasarán a convertirse en tan temible objeto desvastador. Luego de nacida, la larva, inmóvil, queda expuesta al sol horas enteras con el objeto de que su cuerpo vaya adquiriendo la coloración necesaria; luego comienza a dar pequeños saltos rápidos y, a partir de entonces va en pos de su obra destructora. Al terminar ese estado, comienzan a crecerle las alas; su cuerpo se hace más sólido; las mandíbulas se endurecen; da término a su estado originario saltando sobre los árboles; refriega su cabeza contra las ramas para romper la envoltura que la cubre; y, luego de tomar sol y aire, ya en estado adulto, se incorpora a ese ejército destructor de miles de bocas qué, sin descanso, siguiendo la dirección del viento, comenzará a ejercer terror a los propietarios de cuanto sembradío, jardín o árboles, encuentre en su implacable raid destructor. 

Las langostas se clasifican en norteamericanas, marroquinas y peregrinas, siendo estas últimas las que hemos conocido en nuestra ciudad, y que, por su voracidad, causaban grandes estragos; ya qué, a su paso, no dejaban nada en todo lo que a vegetales se refiere; por todo lo cual y sin lugar a dudas, debió ser el motivo por la cual se la considera una verdadera plaga. 

Felizmente, gracias a los sofisticados medios tecnológicos conque se cuenta actualmente, la langosta prácticamente a desaparecido, pues se las ha ido erradicando paulatinamente, tanto que las últimas generaciones de rosarinos no la conocen ni imaginan la fuerza de su obra destructora. En las décadas del 20.y 30, nuestra ciudad se vió invadida en varias oportunidades de densas mangas de langostas voladoras, que con su presencia y en cada una de dichas oportunidades, proporcionaron desagradables espectáculos e ingentes perjuicios. Esas mangas, por su magnitud, llegaban por momentos a formar verdaderas nubes que obscurecían la luz solar. Entonces, el acrídio tomaba pose-Sión de plazas, calles, paredes, techos y patios de las casas, causando grandes perjuicios al dejar en lamentables condiciones huertas, jardines, parques, etc.; pues, en todas esas oportunidades, quedaban totalmente devoradas cuantas plantas y sembradiós encontraban a su paso. 

Para ahuyentarlas, dentro de la ciudad se acudía al infantil e ineficaz medio de hacer ruido con toda clase de utensilios (tapas de ollas, envases de latas, bombos, etc.), pero el acridio solamente desaparecía cuando ya todo engullido, levantaba vuelo hacia otros lares. Era tanto el deseo de exterminarlas que el Ministerio de Defensa Agrícola de la Nación ofrecía en ese entonces a la población comprar bolsas con langostas muertas; y la pauta de lo importante que eran esas invasiones lo dan las noticias de la época donde, por ejemplo, en el año 1935, luego de una de aquellas recordadas irrupciones, el antes mencionado Organismo Estatal informaba haber adquirido: En Carcarañá, 1878 bolsas de langostas, con un total de 56.340 kilos; en Roldán, 2018 bolsas, con 60.540 kilos; en San Genaro, 50 bolsas, con 1500 kilos; y en jurisdicción de nuestra ciudad, 12.317 bolsas, con 369.510 kilos; todo lo cual se lograba en momentos en que el insecto, posado en tierra, era sistemáticamente destruído por cualquier método que fuere, especialmente el uso de lanzallamas o barreras de contensión. 

Con este capítulo hemos querido recordar las incursiones de tan temible voraz insecto. En aquellos ya lejanos años, la aparición del mismo causaba tanta conmoción que hasta llegaban a paralizarse todas las tareas que se realizaban al aire libre.


1. Exodo: Segundo libro del Pentateuco, en el cual se refiere la salida de los israelitas de Egipto. 

2. Algunos historiadores han identificado a Ramsés 11(1290-1224 a.C.), con el Faraón del Exodo, pero ello no es seguro. 

3. Conjunto de los 5 primeros libros de la Biblia. Forman el antiguo testamento. 


Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.

viernes, 6 de julio de 2018

LA ANTIGUA CRISTALERIA THIRION SU ACTIVIDAD - TRAGEDIA – CIERRE

Por Nicolás E. De Vita



Para iniciar la historia de este establecimiento fabril, comenzaremos diciendo que, a pesar del pomposo nombre de "Cristalería", en el mismo nunca llegaron a procesarse artículos de primera calidad, tales como espejos, copas, jarras, etc., sino tan sólo envases comunes de vidrio, es decir botellas, damajuanas y alguno que otro utensilio ordinario para el hogar. Además, en cuanto a las damajuanas concernía, a las mismas se las empajaba con varillas de mimbre.

Este establecimiento, muy importante en su época, llegó a emplear un gran número de operarios; las tareas se realizaban en tres turnos de 8 horas cada uno; su ubicación real lo fue en calle 3 de Febrero 3331, en una gran fracción de terreno en forma de "L", con frente también a la calle Crespo (no tenía salida a la calle por este lugar); y sus mejoras lo eran grandes galpones, hornos de fundición y fabricación, depósitos para envases terminados y de vidrios rotos, etc.

Esta fábrica inició sus actividades a mediados de la década del 20 y, hasta la trágica fecha que más adelante habremos de relatar, fue propiedad de un señor de origen belga llamado Carlos A. Thirión, casado con doña Micaela, padre de dos hijas llamadas Elena y Alicia; y se domiciliaba en una casa lindera a su fábrica, es decir, en calle 3 de Febrero 3335.

Físicamente Thirión era un hombre fuerte por naturaleza, con cierto grado de cultura, de una altura de 1,90 mts., fornido, con un peso aproximado a los 100 kilos, invariablemente vestido durante las horas de trabajo con un largo guardapolvo gris o amarillo y siempre atento a las actividades fabriles, las que controlaba personalmente. En cuanto al trato con sus vecinos, amigos, clientes, etc., a pesar de su aspecto circunspecto, era educado y amable, cosa que no ocurría lo mismo con la mayoría de sus asalariados, quizás esto dada la propia naturaleza de su negocio'y por la calidad de la gente a sus órdenes, en su mayor parte hombres sin cultura o educación alguna, muy afectos a la bebida y pendencieros al máximo, razón por la cual en no pocas oportunidades debió hacer valer su autoridad a mérito de su contextura física; y con ello, en una época en que los trabajadores se encontraban totalmente desamparados de leyes sociales adecuadas o entes que los protegieren, lo llevaba a cometer abusos injustificados. En esa forma se fue constituyendo en ese tan temido y odiado patrón de antaño, al que sus dependientes, más por necesidad que por cobardía, debían someterse mansamente asus arbitrariedades, y por lo tanto, quedar incondicionalmente a merced de sus caprichos. Además esa fama de hombre fuerte, de acción y de respeto que gozaba Thirión, estaba avalada por el conocimiento que se tenía de que el nombrado, siendo entonces dueño de una fábrica de tintas, instalada a principios del siglo en jurisdicción de la seccional 9na., había dado muerte a uno de sus operarios mediante la aplicación de un fuerte trompis que fracturó la cabeza de la víctima. No obstante, Thirión fuera de su establecimiento, aparentaba ser un hombre normal, buen esposo y padre, y muy afecto a los niños, a quienes todos los años, en vísperas de la Navidad, invitaba a su establecimiento para agasajarlos con un refrigerio a la par de hacerles entrega, en donación, de valiosos juguetes que en gran cantidad y de su peculio particular, adquiría a tal efecto.

Por haberlo vivido personalmente, aun recordamos nítidamente como se desarrollaban las actividades en dicho establecimiento vidriero. Siendo todavía muy jóvenes, invitados por el mismo patrón o alguno de los capataces, nos acercábamos para admirar la labor de esos pobres y esforzados obreros del vidrio, quienes sudorosos, con el torso aun en plena época invernal, completamente desnudo para mitigar en algo los efectos de la enorme temperatura que debían soportar al lado de los infernales hornos de ladrillos refractarios donde incesantemente se fabricaba o fundían vidrios; moldeando a mano con un tubo de hierro o caña, soplando desde su embocadura cierta cantidad de vidrio pastoso que era sacado del crisol con la otra punta del tubo al que hacían girar rápidamente, hasta que la masa candente comenzaba a condensarse, se la volvía a introducir en la boca del horno para otra vez hacerla maleable y así, sucesivamente, hasta obtener, con una facilidad y precisión de encomio, el objeto que se deseaba fabricar. Recordamos todavía a muchos de aquellos hoy ya olvidados obreros, algunos de los cuales llegaron a adquirir tal perfección en su trabajo que los llevaba a confeccionar objetos de inestimable valor; verdaderos profesionales que no caeríamos en exageración en afirmar que de haber los mismos desenvuelto sus actividades en alguna de las célebres cristalerías de Murano, por su real capacidad, habrían estado a la misma altura que los más cotizados artesanos de aquel centro cristalero. Luego venía la hora de descanso, en cuya oportunidad los obreros, bajo-los árboles de la calle 3 de Febrero, degustaban un magro almuerzo o merienda, siempre acompañados con abundante libaciones de vino con hielo y soda, esto último como medio de atemperar la enorme deshidratación que el enorme calor de los hornos les había producido durante las largas y agobiadoras horas de trabajo; otros aprovechaban para dormitar un rato; y, los más jóvenes, a disputar un picado futbolero; todo hasta que la sirena de la fábrica les indicaba el pronto regreso a sus arduas y fatigosas, tareas. Así, en esa forma, era como se desenvolvían las actividades en el antiguo establecimiento de don Carlos A. Thirión.

Así llegamos al trágico día del 31 de diciembre de 1928. En momentos que la canícula apretaba al máximo, los relojes marcaban las 15.30 horas, dentro de la fábrica se desarrollaban las últimas actividades del año y el comentario general entre todos los obreros era la forma en que, modestamente pero con gran alegría, junto a sus familiares, habrían de despedir ese año y comenzar el nuevo, de improviso los secos estampidos de un arma de fuego los deja anonadados. Corren todos de inmediato a inquirir los motivos, y a 20 metros del portón de entrada de calle 3 de Febrero, en un pasillo fuera de los galpones, vecino a la gran balanza, encuentran a un operario llamado Antonio Impellicieri, italiano, naturalizado argentino, de 27 años de edad, con domicilio en calle Zeballos 3986, con un revólver aun humeante en su mano derecha, mientras en el suelo, a pocos pasos de él, don Carlos A. Thirión yace en el suelo, aun con vida pero manando abundante sangre de su cuerpo. Requerido con urgencia los servicios de la Asistencia Pública, a pocos minutos se hace presente una ambulancia con personal médico quien al constatar la gravedad de las heridas resuelven trasladar de inmediato a la víctima al centro asistencial para una mejor atención; pero todo habría de resultar en vano, pues Thirión, que entonces contaba con 50 años de edad, nunca habría de llegar a ese destino con vida, ya que falleció durante el trayecto.

Mientras tanto el matador, voluntariamente, se hace presente en la Seccional 8va. (hoy 6ta.), donde ante el Comisario D. Lucio H. Lonné, entonces a cargo dela misma, se constituye detenido y hace entrega del arma homicida. En su descargo Impellicieri declararía luego que se vio obligado a proceder en la forma que lo hizo dado que en cierto momento y por cuestiones de trabajo, Thirión intentó agredirlo a trompis, razón por la cual, ya sea por temor o por la diferencia física entre uno y otro, al no poderse defender en otra forma, no tuvo más remedio que hacer uso del arma que llevaba consigo, la que descargó 4 veces contra su ex patrón, de las que sólo pudo dar en el blanco en 2 oportunidades, desgraciadamente ambas mortales para el mismo.

Muerto Thirión, ante la imposibilidad de su viuda e hijas menores continuar con las actividades fabriles, las mismas proceden al mme-

diato cierre del establecimiento; pero, poco tiempo después, esta vez bajo la dirección de antiguos obreros del vidrio, provenientes de otras fábricas, constituidos en sociedad bajo la razón de "Galli, Pastorino y Cía." SRL, el establecimiento reinicia sus actividades con un ritmo intenso durante las 24 horas del día; y así lo sería durante varios años hasta que, ya sea como consecuencia de la instalación dentro de la ciudad de nuevas fábricas similares pero mejor dotadas tecnológicamente, luego las llevará a fusionarse entre sí para evitar competencia inútil, al final con resultado negativo o por la adopción de otras formas de envases, la antigua Cristalería Thirión, que aun con sus nuevos dueños conservaba dicha denominación, cierra definitivamente sus puertas, y sus propietarios, que a la inversa de Thirión gozaban del mayor beneplácito de sus obreros y empleados, al dar por concluidas las actividades proceden a la venta de los bienes fabriles; la fracción de terreno es loteada para facilitar la transferencia, y, con ello, queda así cerrado el último capítulo de la hoy ya olvidada o ignorada "Cristalería Thirión". Ya quedamos pocos que la conocimos y recordamos que allí, en calle 3 de Febrero 3331, donde hoy se levantan diversas unidades de vivienda, en alguna oportunidad existió un importante establecimiento dedicado a la industria del vidrio, mediante los mismos procedimientos artesanales que, originariamente, fueran empleados por los antiguos pueblos helenísticos y romanos y que nos fueran transmitidos de generación en generación, hasta ser abolidos, definitivamente, por los sistemas de alta tecnología que hoy se conocen y que se perfeccionan 


Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.

jueves, 5 de julio de 2018

LOS CONVENTILLOS o INQUILINATOS LOS ASENTAMIENTOS IRREGULARES o VILLAS MISERIAS

Por Nicolás E. De Vita



Tanto en nuestros apuntes anteriores, como así también en el presente, hemos dicho que las primeras viviendas levantadas en sus orígenes dentro del perímetro del barrio Echesortu, cuando el mismo aún era considerado como un pueblo fueron, a no dudar, tan sólo míseros ranchos de adobe y/o modestas casillas de madera forradas con chapas y cubiertas con techo similar.

Pero, con el correr del tiempo, más precisamente al ser anexada esta zona al éjido municipal; producida la delineación de las manzanas y apertura de sus calles, y con ello el comienzo del parcelamiento de sus tierras por los grandes propietarios; esa situación, si bien muy lentamente, comienza a revertirse, pues no sólo se producen mutaciones en las ya existentes, sino también, en su mayor parte, las nuevas viviendas van siendo mejor construidas, es decir con ladrillos, asentados más en barro que en cal y arena, con techos de tirantes y cinc o ladrillos abovedados; en vez de simples y antigiénicos escusados de chapas se levantan water closet con ducha vecinos a las habitaciones principales; se le dotan de mejores pozos negros o ciegos, luego cámaras sépticas y finalmente cloacas, etc.; en una palabra, van produciéndose mejoras sustanciales y con ello, no sólo ganando una mejor calidad, sino que se va eliminando ese triste y deprimente espectáculo de antaño, enriqueciéndose la fisonomía de esta parte de la ciudad que, de esta manera va, tomando forma cierta de verdadero núcleo habitacional qué, con el tiempo, habría de ser un modelo en su género.

Entonces, salvo las construcciones que se levantaban sobre calle Mendoza, dada su importancia por ser una arteria netamente vinculante entre el Este (centro de la ciudad) y Oeste (el recientemente fundado pueblo Eloy Palacios, hoy Barrio Belgrano), donde a cada parcela se procuraba dotarle de un salón para su explotación como negocio, en su generalidad las demás viviendas respondían a un denominador común, es decir espacio descubierto al frente para jardín, una o dos habitaciones (una más grande que la otra), cocina y W.C.; tipo de construcción, a la que, por esa especial conformación, se le dio en llamar "casa de gringo"; viviendas que en su mayor parte fueron levantadas por sus mismos propietarios o por medio de albañiles dirigidos por constructores "hechos a dedo", es decir personas que por el sólo hecho de poseer tanto un espíritu emprendedor como una más eficiente aptitud en el oficio, tomaban a su cargo dicha tarea, a fuer de sinceros, en forma tal que lo hicieron con todo encomio como lo demuestran algunas de esas viejas construcciones que todavía existen y que han resistido a pie firme el paso del tiempo. Entre esos prestigiosos profesionales son dignos de ser recordados los nombres de Salvador Gazzo; Antonio Devito; Pedro Beati; Antonio Jiménez; Francisco y Gregorio Rizzo; Enrique, Eugenio y Pablo Novello; Fabio y Victorio Cicutti; A. Galatti, Salvador Castiglione; José María Iglesias; Santiago y Sebastián Navarro, padre e hijo, respectivamente; José Vittoria; Cayetano Maccarrone; Salvador Petronio; Antonio Pellegrino y sus hijos Juan, Enrique y Rafael; Biaggioni, etc; los que, sin haber pasado nunca por una escuela especializada, cumplieron con verdadero encomio y solvencia, la difícil y noble tarea de construir edificios.

Pero, con el correr de los años, si bien no en la forma por demás exagerada como lo fuera en otros radios de la ciudad, principalmente en la zona céntrica, nuestro barrio no pudo escapar a ese triste y cruel flagelo que durante muchos años, empobreció nuestra imagen ciudadana; es decir la proliferación de esa tristemente institución que se le conoció bajo los nombres de "INQUILINATO" o "CONVENTILLO".

Si bien en un principio su inclusión en la vida cotidiana pudo tener un pálido atenuante, propio de la afligente situación económica por la que entonces, como lo es ahora, estaba sumida una gran parte de la población de nuestro país, hecho que, para poder subsistir, llevó a muchos de sus habitantes a procurarse de cualquier manera posible, fuentes de ingresos heterogéneas, lo que, a posteriori y por el lamentable epílogo ocurrido en el campo de la vivienda sirvió para desnaturalizar cualquiera de aquellos justificados y bien intencionados deseos.

En un comienzo y como consecuencia de lo antedicho, algunos modestos propietarios debieron apelar al simple recurso de reducir sus espacios habitacionáles con el fin de dejar lugares libres dentro de sus viviendas para poder así arrendarlos a terceras personas. Pero, con el correr del tiempo, esos y otros desaprensivos propietarios que asimilaron prontamente la lección, engolosinados por la perspectiva de una fácil y segura ganancia, no sólo fueron agregando cuanto nuevo o pseudo local habitacional, pudiere caber dentro de su inmueble, sino qué, inescrupulosamente, hasta llegaron a la desvergüenza de achicar aún más los ya reducidos o agregar camas a los existentes, y con ello,

abusando de la imperiosa necesidad en que se encontraba inmersa la clase trabajadora, fue adentrándose en esos irresponsables propietarios un, desmedido y despreciable afán de lucro que dio lugar al nacimiento de un sistema repugnante de convivencia colectiva que habría finalmente de llegar a adquirir, dada su singular conformación, un hondo y doloroso dramatismo social.

Fue así como ese infame sistema fue adueñándose de la conciencia de una gran parte de los propietarios de bienes raíces, en mayor proporción de aquellos que, siendo dueños de viejos caserones con muchas piezas estaban en mejores condiciones de hacerlo; y con ello a proliferar en todo el ámbito de nuestra ciudad, aún dentro del mismo radio céntrico, inquilinatos o conventillos que hoy, por su pauperismo, harían llorar hasta los más insensibles; que repugnaban a toda conciencia humana; verdaderos ghettos donde sus ocupantes, pobres criaturas de Dios, ávidas de tener un lugar en donde poder cobijar a su familia, eran condenadas injusta e irremediablemente a tener que sobrellevar una vida llena de sinsabores y sacrificios, más aún "miserable e inhumana". Si no fuera por la falta de las alambradas electrificadas y vigilancia armada, esos antros de viviendas bien pudieron ser asimilados a los tristemente célebres campos de concentración nazis; y si bien aquí no existía la muerte por asfixia, cada uno de esos tétricos lugares, dada la promiscuidad en que vivían sus ocupantes, tampoco ella estuvo ausente, pues la falta de higiene indispensable, unida a la deficiente alimentación, tan necesarios para la salud humana, fueron un excelente caldo de cultivo de toda enfermedad infecto-contagiosa, las que, inevitablemente, resultaron fatales para muchos de esos infelices locatarios y familiares.

Quienes personalmente hemos llegado.a conocer como se desarrollaba la vida cotidiana dentro de esos antros, mal llamados viviendas, nunca podremos olvidar, con verdadera pena, la vía crucis que sus ocupantes llevaban en tan deficitarias condiciones. Dentro de cada una de esas comunidades habitaban gentes de las más variadas nacionalidades y, por ende de idiomas; de distintos quehaceres, sexos y edades; honestos y deshonestos; en la peor promiscuidad e inmundicias que la mente humana puede imaginar; rodeados de moscas que alternaban desde la olla del magro puchero o del pedazo de carne puesta sobre el brasero a la pestilente zanja de desagües al descubierto de aguas servidas existentes a la vera del patio mal enladrillado o simplemente de tierra. Las habitaciones, si es que así podían ser catalogadas, en su gran mayoría, lo eran de madera y chapas, mugrientas, sin pintura alguna, cuyas medidas perimetrales oscilaban entre el 2 x 2 y 5 x 5 metros, algunas de ellas divididas en dos por medio de un simple tabique de madera; ocupadas generalmente por una familia compuesta por el matrimonio con 4,5 y hasta 6 hijos, o por hombres sólos, a las que habían que agregar las camas de hierro o simples catres, una mesa, algunas sillas de paja, un baúl, un aparador o un cajón que hacía las veces del mismo, y la infaltable máquina de coser, elemento indispensable para que la esposa, actuando ya sea como modista o pantalonera, pudiera procurar con su trabajo una entrada extra para poder sobrellevarias necesidades más elementales de la familia, o para poder pagar el elevado costo del arrendamiento. Ese tétrico cuadro se completaba: Para el prepárado del sustento diario, una cocina colectiva, muy precaria, o el simple brasero o vieja palangana a carbón puestos en el patio, y para cumplir con las necesidades fisiológicas y poder higienizarse, tan sólo existía un escusado y con suerte, alguna ducha. En cuanto al lavado de la ropa se hacía generalmente en tinas de madera, resabios de media bordalesa, o de grandes piletones comunes construidos en el centro del mismo patio, receptáculos que desagüaban en la zanja a que hemos hecho referencia anteriormente, y el tendido de las ropas a secar se hacía en los mismos patios para lo cual, el mismo se cruzaba con sogas o alambres en todas direcciones. Hubo conventillos que llegaron a albergar hasta 100 personas. Ello da la pauta de como debían deslizarse los días en tan exagerada y extraña comunidad. Con los niños gritando y corriendo por todos lados; con las continuas peleas entre los inquilinos por tal o cual circunstancia; con las lógicas desconfianzas propias del lugar; con la moral en sus más bajos aspectos, etc., cada uno de esos antros comunitarios era un verdadero volcán siempre a punto de estallar y en donde la presencia de la policía era frecuentemente solicitada.

A no dudar que todo lo antedicho, podrá hacer suponer a muchos de los lectores que no vivieron esa época, que hemos exagerado la nota o que estamos tocados de un tremendismo barato; pero podemos asegurar a los incrédulos, que todo ello se ajusta a la más estricta y cruel realidad; tanto que para reforzar nuestra posición hemos considerado recordar una parte del artículo que el Diario La Capital publicara en su edición del día 29/1/1938, y que en sus partes pertinentes, dice así:
"...En uno de ellos, que consta de 14 habitaciones, todas con piso de tierra, con paredes semidestruídas y sin revoque, moran otras tantas familias, las que reúnen aproximadamente 100 personas, la mayoría menores. La suciedad es allí reina absoluta, pues alo miserable de las habitaciones debe agregarse que el inquilinato carece de toda otra comodidad complementaria, en especial bafios y W.C., lo que basta para dar una idea de las condiciones en que se desarrolla la vida de quienes el infortunio lleva a habitar tales tugurios...".



Años después, al mejorar las condiciones económicas de la población, ese triste y cruel flagelo fue paulatinamente desapareciendo y quedó casi relegado al olvido; pero ante la crítica y paupérrima situación que está atravesando actualmente gran parte de la clase menos pudiente de nuestro país, no sería exagerado vaticinar que el inquilinato o conventillo, como el Ave Fénix, intente otra vez resurgir de sus cenizas y con ello retrotraemos a un pasado al que todos, sin excepción, debemos procurar de evitar.

Los inquilinatos o conventillos, esos que fueron motivo de tantos hechos bochornosos de la vida real, como así también tema para la literatura, tal cómo hemos tratado de exponer en este capítulo, desgraciadamente ¡EXISTIERON Y, EN GRAN CANTIDAD!, algunos también dentro del barrio Echesortu; y, si aquí evitamos citarlos, lo es por el sólo hecho de no hacer pagar culpas ajenas a muchos vecinos descendientes de aquellos desaprensivos propietarios que, en determinada época, pudieron haber hecho aberración de tal sistema locativo.

Sólo queda rogar a Dios que nunca más, aún como simple metáfora, puedan otra vez a ser realidad ciudadana, pero, lamentablemente, ahora el antiguo inquilinato a pasado a manifestarse en otra forma, pues a raíz de la constante llegada de grandes contingentes de familias en condiciones de suma pobreza que desde el Norte del país y en busca de trabajo han venido emigrando desde hace más de 40 años hacia nuestra ciudad, se han ido incrementando desde entonces otros modernos conventillos tanto o más humillantes que los de antaño". Son ellos los llamados "asentamientos irregulares" que, ante la falta de trabajo y con ello impedidos de poder acceder a una vivienda digna, aquellos foráneos fueron levantando con materiales precarios en cuanta porción de terrenos ferroviarios, municipales, privados, etc., han encontrado desocupados, dando lugar con ello a la creación de numerosos barrios ilegítimos a los que se les han adjudicado pintorescos nombres, tales como Villa Banana, Villa Perejil, La Vincha y Vía Honda, Barrio Toba, etc.; en los cuales el total de sus ocupantes, calculados aproximadamente en cerca de 200.000 personas, viven en la mayoría de los casos en condiciones deplorables, sin los servicios más esenciales, pero despreocupados y sin abonar suma alguna por cualquier motivo que fuere y a la espera de un mejoramiento (?) en el nivel de vida de la clase pobre de la nación.

Para tener una idea cabal de la importancia adquirida por estos ilegítimos asentamientos, basta leer el estudio que la Fundación del Banco Municipal de Rosario hiciera efectuar en el año 1992, en cuya oportunidad, sobre 450 familias entrevistadas de una determinada Villa, se censaron 1133 mujeres (48,80%) y 1188 varones (51,20%).

Dentro del Barrio Echesortu propiamente dicho, existe tan sólo uno de esos asentamientos. Es el conocido como "Villa Modelo", que está ubicado dentro del perímetro formado por las calles Pascual Rosas, Montevideo, Servando Bayo y la Av. Pellegrini, que data desde hace 33 años y que alberga un total de 310 personas. No obstante, muy pegados al barrio se encuentran los llamados "Bella Vista Oeste", sito entre las calles Gutemberg, Pasco, Cerrito y las vías del F.C. Beigrano, con 1020 personas repartidas entre 205 familias, y el asentamiento PellegriniVera Mujica, que con frente a esta última calle y que se extiende desde la citada Avenida hasta la calle Ituzaingó, dando su contrafrente a las ex vías del F. C. Mitre, alberga a 61 familias con 254 personas. Todos los datos citados precedentemente provienen del estudio a que antes hemos hecho referencia.

Como podemos observar, el problema habitacional subsiste como antaño; las autoridades no hacen nada para revertir tal situación; los propietarios de los terrenos usurpados impotentes de poder disponer libremente de los mismos; y los asentamientos ilegítimos, las "VILLAS MISERIAS" como se les ha dado en llamar, sólo sirven para que sus pobladores vivan dentro de la mayor pobreza y promiscuidad y con ello en excelente caldo de cultivo para la procreación de mendigos, prostitutas, vagos, pedencieros, rateros, etc.; todo lo cual tiene a mal traer a los honestos vecinos de los alrededores que ante tal situación viven en continua sozobra, principalmente ante los reiterados robos y hurtos que los mantienen en vilo permanente.

Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.
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miércoles, 4 de julio de 2018

LOS HERMANOS JEWELL

Por Nicolás E. De Vita



Sin lugar a dudas, los mismos son parte real de la historia de nuestro barrio. Ambos fueron hijos del matrimonio constituido por don Samuel Jewell y doña Carlota Snell Carter, cuyo enlace fuera celebrado en el año 1835 en Inglaterra. Don Samuel Jewell nació entre los años 1805 y 1810 y su actividad principal, como cerealista, la desarrolló en la ciudad de Romsey, Condado de Hampshire, en el Sur de Inglaterra, y de su matrimonio nacieron cuatro hijos llamados: Carlota, Eleonora, Eduardo y Carlos.

En el año 1864, don Samuel Jewell, acompañado de su esposa y sus dos hijos varones que a la sazón contaban con 18 y 14 años respectivamente, se trasladó a nuestro país y, ya radicado en nuestra ciudad, juntamente con su hijo mayor Eduardo, se establece con una casa dedicada .a la comercialización y exportación de cereales, especialmente trigo; mientras que su otro hijo Carlos, en 1870 ingresa como empleado del recientemente habilitado Ferrocarril Central Argentino. Cabe destacar que la firma cerealera "Samuel Jewell e hijo" fue la primera en su género que envió cargamento de cereales directamente desde nuestra ciudad a la de Liverpool, toda cuya carga fue entonces consignada a la firma inglesa "Williamson, Milligan y Cía.".

Don Samuel Jewell falleció en esta ciudad en el año 1875, en una época en que sus dos hijos Eduardo y Carlos (este último ya retirado del F.C.C.A.) actuando conjuntamente y al frente de los negocios cerealeros se encontraban gozando de una sólida posición económica, lograda sea por aquellos iniciados por su padre y otros afines como lo fuera la construcción del elevador para granos que con otro connacional llamado Ernest Kennard Davis, hicieran construir en las inmediaciones de la Estación Rosario Central, que se conociera como Embarcadero Davis" y que tuviera enorme trascendencia hasta mediados del presente siglo.

Todos los Jewell vivieron parte de sus vidas en el complejo habitacional que hicieran construir sobre todo el frente de la calle Córdoba entre las de Vera Mujica y Crespo y que en gran parte aún se conserva como entonces.


EDUARDO JEWELL

Este pionero de nuestro Barrio, como antes lo indicáramos, nació en Ingleterra en el año 1846, contrajo matrimonio en nuestra ciudad con una connacional suya llamada Eleonora Boardman, de cuyo matrimonio hubieron cuatro hijos varones y una niña, todos ellos nacidos en Rosario; y falleció en Inglaterra en el año 1922 a los 76 años de edad.

Don Eduardo Jewell aparte de su actividad comercial, fue un destacado deportista, integrante en distintas oportunidades de la C. D. del Club Atlético del Rosario; uno de los principales organizadores de los famosos juegos atléticos realizados por dicho club con gran suceso a fines del siglo anterior y que tanto entusiasmaron a los habitantes de nuestra ciudad, y factor primordial en la implantación del fútbol y rugby, los que, como la mayoría de los deportes conocidos, nacieron, crecieron y se desarrollaron en el Club Plaza.

De los antes recordados hijos de don Eduardo Jewell, uno de ellos, el mayor, de nombre Ernesto, tuvo distinguida actuación dentro de los círculos sociales, culturales, comerciales y deportivos de Buenos Aires; y, luego de ocupar la presidencia del "Hurlinghan club", se trasladó a Puerto Manzano en la zona del Lago Nahuel Huapi, en donde, gracias a gestiones que mancomunadamente llevara a cabo con otros caballeros, fue posible la concreción del Parque Nacional allí existente.

Otro hijo, también de nombre Eduardo, como su padre, se le recuerda como un destacado deportista, habiendo fntegrado en 1899 los equipos de Rugby de Atlético del Rosario que intervinieron en el primer campeonato organizado por la "The River Plate Rugby Unión Championship", pero su mayor capacidad la demostró como futbolista, donde en el puesto de centro medio o centre-half, integró los equipos que su club hizo posible para sí los campeonatos Competencias, desarrollados durante los años 1902 y 1904, respectivamente, en memorables finales contra el glorioso Alumni y Peñarol de Montevideo. Por la calidad de su juego y juntamente con otro futbolista de su club, el entonces guardavalla Federico A. Boardman, integró el 9 de julio de 1904 el cotbinado argentino que en la oportunidad cotejó con el primer conjunto extranjero de ese deporte que jugó en canchas de nuestro país, es decir el "Southampton", que recientemente en ese entonces había logrado el título de campeón de la Liga Profesional Inglesa y que estaba integrado, según las crónicas de la época, por verdaderos maestros del balompié; y si bien el resultado en esa ocasión resulto adverso para nuestra representación nacional (5 a 3), la actuación de nuestros jugadores fue considerada por los futbolistas ingleses como formidable quienes, como así también la prensa de la época que se hizo eco de tales halagos, vaticinaron para nuestro fútbol un brillante porvenir, como en realidad así habría de serlo con el correr de los años.




CARLOS JEWELL

A su vez este caballero inglés, nacido el 6 de mayo de 1850, contrajo enlace en la ciudad de Londres el 19/3/1891 con Isabel Juana Williamson, de cuyo matrimonio hubo un solo hijo, de nombre Carlos, como su padre, nacido en esta ciudad en la casa del Bv. Oroño s/n., el día 6/11/ 1892. Desgraciadamente este matrimonio tuvo muy poca vigencia, dado que la señora falleció en esta ciudad el 5/4/1893, es decir a tan solo dos años de casada y sus restos recibieron sepultura en el primitivo cementerio de Protestantes, luego denominado de Disidentes, cuando el mismo todavía se encontraba ubicado en calle Dorrego 1850. Recordamos aquí que el mencionado cementerio fue levantado años después y trasladado al predio que ocupa actualmente vecino a nuestro barrio, es decir en el Bv. Avellaneda entre las calles Cochabamba y Pasco.

Hemos dicho anteriormente que don Carlos Jewell, padre, ejerció su primera actividad en nuestro país como empleado del ex F.C.C.A., para luego pasar a asociarse con su hermano Eduardo en el mismo ramo comercial que este iniciara originariamente con su señor padre al afincarse en esta ciudad.

Don Carlos Jewell, padre, desde la misma fecha de su introducción al país la práctica del juego del polo (lo fue alrededor del año 1870)10 ejercitó en su establecimiento de campo que bajo el nombre de "Las Yerbas" tuviera en la localidad de Las Petacas, de esta provincia, y su capacidad como polista llegó a ser tan extraordinaria que en su momento integró el conjunto que se completaba con los polistas Francisco Kinchat, Manuel Andrada, Sixto Martínez y Juan Benítez. Además, entre otros deportes por él practicado, descolló también en las actividades de atletismo y de ciclismo. Su entusiasmo por todo lo que fuera deporte lo tuvo presente en cuanta competencia pudiera estar a su alcance durante su dilatada permanencia en el país; todo lo cual no fue inconveniente para que ocupara diversos cargos directivos y luego ejercer la presidencia del Club Atlético del Rosario en el período 1892/ 93.

La vida de don Carlos Jewell se extinguió definitivamente en la ciudad de Londres, Inglaterra, el día 3/8/1922, a los 72 años de edad, y sus restos yacen sepultados en el cementerio de la localidad de Eastbourne.

Es interesante destacar, que el único hijo del recordado caballero, del mismo nombre que su progenitor, al declararse la Primera Guerra Mundial, es decir en el año 1914, de inmediato se alistó en las fuerzas aliadas y por los brillantes méritos militares acumulados durante la sangrienta contienda terminó la misma con el grado de Teniente 20 de Artillería. Una vez terminado el conflicto fijó su residencia definitiva en Inglaterra, pero no obstante ello realizó innumerables viajes a nuestra República, pues siempre siguió vinculado comercialmente, espiritualmente y por lazos de parentesco con la tierra que lo vio nacer, tanto que ese cariño lo llevó a producir un interesante libro titulado "Mensajerías Argentinas", escrito en castellano e inglés, que tuvo en su momento gran aceptación y que a la vez fuera elogiosamente comentado por el escritor argentino don Bernardo González Arrilli en un artículo de su autoría publicado con fecha 13/11/66 en el Diario La Prensa de la ciudad de Buenos Aires.




SINTESIS


Todo lo anteriormente relacionado muestra, sintéticamente, el gran perfil de esos dos distinguidos caballeros que en su momento y por compra que en el año 1883 efectuaran a los herederos de don Guillermo Wheelwright, llegaron a ser propietarios de una fracción de terreno de 300 metros de frente por 700 metros de fondo, aproximadamente, comprendida estima tivamente, dada su trayectoria en línea de lonja, entre las actuales calles Córdoba, Vera Mujica, Rioja y Castellanos, parte de la cual en su oportunidad, como socios del entonces "Rosario Cricket Club", ahora "Rosario Atlético Club", pero más que nada como verdaderos deportistas al servicio de dicha entidad, hicieran donación a la misma de la casi totalidad del terreno en donde, desde el 30/8/ 1892, fecha de su inauguración, dicho club sigue siendo no sólo brillante historia del deporte de la ciudad, sino indiscutible escuela de ello al servicio de la comunidad.




PLAZA JEWELL 
 

 

Teniendo en cuenta el aporte que significó para la ciudad en materia deportiva el "Rosario Cricket Club", actualmente "Club Atlético del Rosario", fundado el 27/3/1867 e instalado definitivamente en el Barrio Echesortu a partir del 30/8/1889 en su predio de calles Córdoba, Crespo y los Pasajes Burmeister y Gould, el Superior Gobierno de la Provincia de Santa Fe dictó con fecha 21/8/1968, el Decreto N°04292 que, en su parte dispositiva, dice así:

"Visto el Expediente N° 176955-N-1967 del Ministerio de Gobierno, Justicia y Culto, relacionado con el pedido formulado por el Círculo de Periodistas Deportivos de Rosario, en el sentido de que se declare solar deportivo histórico a Plaza Jewell, sede del Club Atlético del Rosario,y CONSIDERANDO:

Que la prestigiosa entidad ha desarrollado a través de su dilatada existencia una intensa y proficua actividad, constituyéndose en propulsora de la práctica y difusión del deporte en su más genuina y alta expresión.

Que dicha institución marca un hito en el desenvolvimiento deportivo del país, cuya sede ha sido escenario de importantes justas origen de entidades que han contribuido en su quehacer a la formación espiritual y física de muchas generaciones de jóvenes argentinos.

Que es deber del Superior Gobierno, rendir homenaje a la meritoria entidad que a través de su trayectoria ha sabido hacer honor al acervo cultural y social de la ciudad de Rosario, receptora de sus incalculables beneficios. Por ello:

EL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA

DECRETA

Art. 1°) Declárase Solar Deportivo Histórico a Plaza Jewell sede del Club Atlético del Rosario, de la ciudad de Rosario;

Art. 2°) Regístrese, comuníquese, publíquese y archívese. Fdo.: Vázquez - Alfredo A. Corea.





Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.

martes, 3 de julio de 2018

CUANDO ROSARIO SE VISTIO DE GRIS

Por Nicolas E. Vita



En momentos en que la República de Alemania del legendario Mariscal Hindenburg, democráticamente lo reelegía por un nuevo período como Presidente con la abrumadora mayoría de más de 6.000.000, —de votos sobre Adolfo Hitler, quien pocos años después habría de asumir, tiránicamente, la conducción de ese país; cuando Guillermo Marconi probaba su nuevo invento consistente en un aparato reflector parabólico instalado a bordo del yate "Elettra" surto en el Puerto de Génova, Italia, por el cual procuraba receptar y transmitir las conversaciones cambiadas desde los teléfonos de hilos; cuando en España su pueblo se aprestaba a festejar jubilosamente el primer aniversario de su proclamación como República; cuando el legendario navegante solitario Vito Dumas, completada la travesía del Atlántico a bordo de su pequeño y frágil "Legh", era esperado con gran impaciencia en Buenos Aires por un pueblo ansioso de testimoniarle sus más caros afectos ante tan temeraria empresa; cuando en nuestra ciudad ocurrían desgraciados hechos de sangre de resultas de una huelga general decretada por los trabajadores panaderos; y cuando, entre otras cosas, se anunciaba el estreno en el cine Palace Theatre de la película "El hijo del destino" protagonizada por Ramón Novarro, entonces ídolo indiscutible de las mujeres, quienes a su vez se engolosinaban con otro galán de su preferencia como lo era José Mojica (de quien nos ocupamos en un capítulo de este libro) con su reciente estrenada película "La ley del harem"; de improviso, el día 11 de abril de 1932, la ciudad amanece cubierta por un manto gris, cuya procedencia, por ser desconocida, hace cundir de inmediato, aparte de diversas conjeturas, una especie de incertidumbre y no disimulado temor.

Evidentemente nuestra población, no acostumbrada a fenómenos ignorados y de imprevisibles consecuencias como lo es habitual en otras latitudes del mundo, ese involuntario y hasta casi justificado temor, de ninguna manera podía catalogársele exagerado.

Pero en realidad ¿qué había ocurrido?. Pues qué, durante el transcurso de la noche anterior, el volcán "El Descabezado", que forma parte del sistema cordillerano, ubicado en los límites de nuestra frontera con Chile, a 20 leguas aproximadamente al S.O. de Malargué, en el Departamento San Rafael, de la Provincia de Mendoza, que desde hacía muchos años se encontraba completamente inactivo, ¡había entrado en erupción!.

La ceniza volátil que al principio lo fuera en forma tenue y de la que no se tenían noticias de otras de similares características de haber ocurrido anteriormente en nuestra ciudad, fue acentuándose con el correr de las horas por efectos del fuerte viento reinante, motivo por el cual el polvo volcánico se esparcía por muchas regiones del país y ello hizo que el día 12 su densidad llegara a ser de tanta intensidad que hasta no le permitía a los rayos solares atravesarla en razón de su pronunciado espesor. Era tanta su magnitud qué, sin serlo, daba la impresión de ser un día completamente nublado.

El día 13 amanece con una intensa y copiosa lluvia que se mantiene dentro de esas características hasta cerca del mediodía; y con ello se agrega una nota más triste al panorama ciudadano, pues el suelo, árboles, vehículos, etc., quedan totalmente cubiertos con un blanquecino manto y la atmósfera de encontrarse empañada por una espesa niebla casi irrespirable; todo lo cual iría a agravarse aún más al caer la tarde, pues el sol, que como consecuencia del mal tiempo existente no había aparecido durante la mayor parte del día, lanza entonces sus rayos sobre esa espesa capa de cenizas volátiles que se extendían sobre la ciudad, coloreándola con matices extraños que gradualmente y con rapidez, pasaban de un descolorido amarillo a un verde obscuro e intenso.

Cábe también agregar, que a tan triste situación y como si ello fuera poco, en horas de la mañana, al cesar la lluvia, se produce un hecho por demás inusitado y al que de inmediato se le quiso asociar con la erupción de "El Descabezado". En esa oportunidad, de repente, la ciudad se vé sacudida por una terrible descarga eléctrica que tuvo la característica de no tener resonancia en las altas capas atmosféricas, pues la detonación, por su importancia, lo fue como si hubiera hecho explosión una fuerza desconocida de la naturaleza u otro elemento de gran destrucción, dado de qúe el fortísimo estampido, precedido de una poderosa luz enceguecedora, dio pie a las más variadas conjeturas y, por lo tanto, ello aumentó aún más el pánico de la población. Pero, felizmente, todo ello no pasó a ser nada más que un momentáneo susto, dado que el motivo real de esa imprevisible circunstancia, lo fue por algo que no tenía relación alguna con la erupción volcánica sino por los efectos de un poderoso rayo que cayó dentro del perímetro del ex-Barrio Tiro Suizo, actual R.S. Peña y qué, lamentablemente, causó una víctima fatal.

Felizmente, con el cambio de la dirección del viento, la ceniza comenzó a dispersarse a partir del día 14, hasta desaparecer totalmente, quedando tan sólo para el recuerdo de los memoriosos, el susto inicial de la población y muy pocos daños materiales, pero más que nada la oportunidad que las entonces amas de casa, con esa innata capacidad imaginativa que es propia en las mujeres, se dedicaran pacientemente a recoger el abundante sedimento depositado en techos, patios y calles, para luego aplicarlo, durante mucho tiempo y con gran aceptación, como un eficiente limpiador. Inesperado regalo que "El Descabezado" les había dejado en retribución de los no polos inconvenientes pasados.
Fuente: Extraído del Libro ¡Echesortu! ( Ciudad pequeña, metida en la ciudad) Apuntes para su futura historia ( ensayo) y Segunda Parte (Miscelaneas de la Ciudad). Editorial Amalevi. Agosto 1994.

lunes, 2 de julio de 2018

LOS RECORRIDOS



Hacia 1935, la ciudad con­taba con 26 líneas de tran­vías, que cubrían practica-mente todo el ejido urbano. La discriminación de sus puntos de partida y llegada era la si­guiente: N* 1, del Ferrocarril Central Córdoba a Rosario Norte; N* 2, del Colegio Na­cional 1 a Rosario Norte; J** 2 del Colegio Nacional N* 1 a Rosario Norte; JV* 3, de Sar­miento y Pellegrini a Arroyito (Bvard. Avellaneda y Avda. Génova); N* 4, del Ferrocarril Central Córdoba al Puente Arroyito; Nº 5, de Maipú y Men­doza a Alberdi; N9 6, de Necochea y Gaboto a Rosario Norte; Nº 7, de San Martin y Ayolas a Rosario Norte; N* 8, de Virasoro y San Martin al Cruce Alberdi N* 9, del Cemen­terio El Salvador a San Martín y Santa Fe; Nº 10, del Ferro­carril, Central Córdoba a Cór­doba y Río de Janeiro; N* 11, de los Baños del Saladillo al Ferrocarril Central Argentino (Rosario Norte); Nº 12, del Mer­cado Central a Mendoza y Gar­zón; Nº 13, de la Plaza 25 de Mayo a Barrio Belgrano (Men­doza y Nicaragua); Nº 14, del Mercado Central a Barrio Bel­grano (Mendoza y Provincias Unidas); Nº 15, de Plaza 25 de Mayo al Estadio Municipal; Nº 16, del Colegio Nacional Nº 1 a Mendoza y Bvard. Avellane­da; Nº 17, del Mercado Central a Fisherton; Nº 8, de San Mar­tín y Agolas al Puente Arro­yito; Nº 19, de Ovidio Lagos y 27 de Febrero a la Aduana; N* 20, del Mercado Central a Ce­menterio La Piedad y Barrio Godoy; N* 21, del Mercado Central a Avda. Godoy y Pas­cual Rosas; Nº 22, del Ferro­carril Central Córdoba a Rosa­rio Norte; Nº 23, de Plaza 25 de Mayo al Cementerio El Salvador; N* 25, de Buenos Ai­res y Rioja a La Florida; Nº 26, de Ovidio Lagos y Muñoz a Ovidio Lagos y 27 de Febrero.


Fuente. Extraído de revista “ Rosario aquí a la vuelta” Fascículo Nº 14. Autor: Juan Carlos Muñiz. De julio 1991