Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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lunes, 16 de marzo de 2015

UN CORTAZAR INEDITO



Julio Cortázar, entonces es­critor inédito, envió a Olga una carta, con motivo de la lectura de "El niño y su expre­sión". Aquel viejo testimonio del autor de Rayuela adquiere, con el tiempo, un valor y una calidez que retratan la perso­nalidad generosa y la sensibi­lidad de quien, después, se convertiría en un nombre im­prescindible de la literatura, argentina. Cortázar, profesor entonces en la Escuela Normal de Chivilcoy decía a su colega de Rosario: "He leído El niño y su expresión y sentí de inme­diato la necesidad de escribir­le, para que supiera Ud. de mi admirado reconocimien to an­te la obra que se lleva a cabo en la escuela de su dirección. Obra que —y es triste tener que afirmarlo en esta tierra joven donde todo parece vie­jo— se alza como una excep­ción, como un ejemplo solita­rio que ignoro si será escucha­do. Su libro, señorita Cossetti­ni, donde junto a sus palabras llanas y claras se nos muestra la pura poesía de esos poemas y esos cuadros, duerme acaso ya en anaqueles olvidados. Yo no puedo olvidar a sus chicos y a Ud. Leí y vi esos milagrosos frutos de la espontaneidad bien encaminada, y creí com­prender la viva lección que de todo ello surge.
"No sé si esta carta, alejada de cánones retóricos, le expre­sará a Ud. mi aprecio y mi admiración. Pero pienso que sí, porque Ud. vive plenamente y busca que sus alumnos lo­gren esa total expresión del ser virgen de postulados y pre-conceptos. Por eso, que total expresión del ser virgen de postulados y preconceptos. Por eso, que queden-claro testimonio de amistad i comprensión.
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

sábado, 14 de marzo de 2015

LA OPINIÓN DE UNA PIONERA



La recordada maestra Amanda Arias —docente por definición y por vocación— fue una de las que con mayor autoridad valorizaron la ex­periencia de las Cossettini: ..."Así entiendo la misión de la escuela serena argentina. Por eso, el espíritu de nuestras es­cuelas debe ser también el de corregir los defectos naciona­les; por ejemplo, la indiferen­cia por los problemas de inte­rés general, el no te metas, che, del que tan claramente habla­ra en su oportunidad nuestro profesor Pizzurno. Debemos querer que en la conciencia de cada argentino triunfe la con­vicción de que es un elemento indispensable para el progre­so de la sociedad en que ac­túa..."
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

viernes, 13 de marzo de 2015

EXISTIO...CON QUIEN?...



"Victoria Olga Cossettini, la "señorita Olga" como la llamaba cariñosamente la gente del barrio es la inteligente mujer que funda­mentó teóricamente y condujo esta escuela de avanzada. Nació el 18 de agosto de 1898 en Rafaela. Hija de inmigrantes italianos. Su infan­cia que transcurrió en contacto con el campo pampeano, la tornó sagaz observadora de la naturale­za. Aprendió también allí a respe­tar el esfuerzo del hombre en su trabajo diario
Olga se recibió de Maestra Nor­mal Rural en la localidad de Coron-da en el año 1914 y comenzó a ejercer en Súnchales, pequeña po­blación de la zona. A partir de 1923 se desempeñó como maestra de grado en la escuela primaria del Normal NQ4 "Domingo de Oro" de su Rafaela natal. En 1930 ocupó la regencia de dicho establecimiento, cuya dirección estaba a cargo de Amanda Arias.
Olga encontró en Amanda Arias inquietudes similares a la suya y, fundamentalmente, pudo ser testi­go de situaciones que mas tarde le tocarían protagonizar. En ese lap­so comenzó su trabajo sistemático buscando las formas para encarar una reforma profunda en los siste­mas ortodoxos de la escuela públi­ca. Sensiblemente percibió que no se trataba de cambios de horarios ni programas, sino en abrir de par en par las puertas del aula a la vida.
Se perfiló allí, en la escuela Nor­mal de Rafaela, su proceder res­ponsable y valiente en defensa de su ideología y su proyección en las manifestaciones de la comunidad. Estas características fueron cons­tantes de su vida. Estudió, buscó las formas de mantener su infor­mación actualizada mediante la lectura de publicaciones y corres­pondencia con pedagogos euro­peos y norteamericanos contempo­ráneos que incursionaban en nue vas técnicas. Con algunas de las maestras, entre las que se hallaba su hermana Leticia, comenzó a va­riar el enfoque de los temas curriculares y su aplicación en el aula: excursiones, observaciones minu­ciosas del entorno, juegos espon­táneos y libertad en la expresión verbal y escrita eran sus puntos claves. Olga registró la tarea del aula en detalle, transcribió los diá­logos de los chicos y las apreciacio­nes de las maestras que respondie­ron a sus premisas teóricas.
Este documento fue presentado en el Primer Congreso Pedagógico de Escuelas Normales Provinciales realizado en Coronda en 1933. Tanto relieve tuvo la ponencia co­mo admiración las expositoras, ya que Amanda Arias enmarcó lo re­alizado con la aguda y valiente cri­tica al sistema imperante. La pos­tura mereció el abierto reconoci­miento del entonces Ministro de Educación Prof. Juan Mantovani.
Inevitablemente, estas actitu­des frontales y más aún provinientes de mujeres inteligentes y libe­rales no fueron bien vistas por los sectores reaccionarios que mani­pulaban los círculos de poder en Rafaela. Presionadas, asfixiadas. no pudieron seguir lo proyectado, Amanda renunció al cargo y Olga pidió traslado... el destino fue Ro­sario, la escuela Carrasco que la recibió en 1935 dispuesta, como siempre estuvo en su larga vida, a superar las dificultades con nue­vos trabajos.
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

martes, 10 de marzo de 2015

LETICIA COSSETTINI



Por CARLOS E. SALTZMANN


La obra de Olga Cossettini no se habría llevado a cabo tal como fue si a su lado, en la escuela y en la casa -en ésta para compar­tir, discutir y alentar; en aque­lla para colaborar y para impul­sar la obra colectiva- no hubiese estado, con su luz propia y com­plementaria, su hermana Leti­cia.
Estas dos personas asombro­sas, por raro que parezca, no fueron excepción dentro de una familia creativa y cautivante, de cada uno de cuyos miembros emanaba una poderosa seduc­ción: milagro sencillo del padre y la madre, cuyo secreto hemos perdido. Y sin embargo, Olga y Leticia carecen de iguales, y aun de semejantes: ambas tenían - tiene, Leticia- un atractivo sin­gularísimo, una asombrosa ca­pacidad de creación, y ese don infrecuente que señala a los ar­tífices de hombres y mujeres, a los Jardineros de seres huma­nos.
Olga cumplió, sin duda, y con brillante eficacia, el papel orga­nizador y directivo, con un co­nocimiento permanentemente incrementado por su curiosidad abierta y dinámica, con certera I Intuición, con habilidad para promover lo mejor de cada uno.
Pero Leticia ocupó, en el terre­no que acotaron con el esfuerzo compartido, un lugar que sólo ella podía llenar. Leticia es una artista, si las hay: una artista polifacética, porque la creación le es esencial. Cuanto toca,  cuanto hace, cuanto dice, se troca en belleza. Rara vez se encuentra plasmada en una persona, como en ella, ese gra­do de armonía que alcanza la creación cuando está sustenta­da por una forma racional que no estorba pero sí contiene e in­tegra la intuición estética.
Tal vez los perfiles propios de Leticia, la hermana menor junto a la mayor, la maestra de grado junto a la directora, no se hayan destacado durante algu­nos años con toda su brillante nitidez, a causa de la enverga­dura que se le reconoció a Olga.
El tiempo, no obstante, hizo posible que el despliegue pro­gresivo y natural de la inagota­ble riqueza creativa de Leticia revelara en diferentes terrenos su personalidad admirable:
-En la escuela, en función catalizadora, muchas veces por virtud de la sola presencia -por emanación, diría- y tantas otras por discreta sugerencia, hizo posible todo un repertorio crea­tivo:
-Las acuarelas y las tempe­ras, que siendo ilustración coti­diana en el cuaderno provoca­ban el asombro de los visitan­tes, y el placer de sus autores;
-los apuntes del natural que por dinámica potenciación recí­proca -el estímulo de la natura­leza y la respuesta de la sensibi­lidad del niño- daban por resul­tado un descubrimiento cada vez más rico del mundo circun­dante: ¿para qué copiaba Leo­nardo?
-las teatralizaciones de poe­mas, cuentos y episodios, que produjeron en la escuela -y donde se los llevó- la magia fina y bella de un teatro infantil enteramen­te diferente de todo otro: un teatro plástico, mímico, danza­do, y sobre todo divertido, origi­nal y estimulante; -el teatro de títeres, que con cabezas y vestidos que eran cada uno una minuciosa y perceptiva recreación del personaje, con telones y sonidos bellamente estructurados y un repertorio que se nutría de García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Javier Villafañe supo deleitar confino humor y gracia pura a chicos y grandes:
-el coro de pájaros, esa creación única que tantas referencias admirativas ha originado;
-las esculturas de arcilla, de chala, de corcho, de semillas y frutos, que abrieron un mundo de libertad creadora a centena­res de chicos.
Fuera de la escuela (desde la escuela, con ella, más allá de ella) Leticia, desde el fondo de su alma artística, no cesó de producir y de crear: ha pintado bellas naturalezas vivas, con acuarelas y tempera, modelado sus notables lechuzas incrusta­das y sus figulinas de chala, de corteza y de semillas, ha com­puesto su maravilloso Jardín y ha publicado sus ideas y expe­riencias sobre el teatro infantil: Teatro de niños y Del juego al arte infantil.
¿Qué nuevas sorpresas de creación y goce nos reserva este hada de la belleza? Desde hace un tiempo estudia guitarra, y en algún gabinete de perfumada madera ha de guardar cuentos y poemas. ¿Nos dejará oiría cantar? ¿Podremos leer esas páginas diferentes? No será fácil, porque me temo que debamos esperar hasta que Leticia Juz­gue que la música es por lo menos tan pura como la del pájaro y las palabras tales como para complacer a Federico o a Juan Ramón.

Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992.

viernes, 6 de marzo de 2015

COSSETTINI, Leticia y Olga ( 1904-2004 / 1899-1997)



Por Marcela Isaías

LA LIBERTAD VIVE EN LAS AULAS

Fueron excepcionales. A una sensibilidad única le sumaron su innato amor  por la infancia , que volcó en una obra cuyo legado permanecerá en el tiempo.  La clave era su respecto por la inteligencia  de los chicos.

Desde la primera vez que Leti­cia me abrió la puerta de su casa en barrio Alberdi en­tendí que a la obra de las hermanas Cossettini era posible dimensionarla en imágenes y sensaciones.
Vestida de blanco, nos invitó a pasar. Rubén Naranjo me acompañaba, era un gran amigo de la maestra santafesina.
Pasaron pocos segundos para que Leti­cia me llevara a ver las plantas de su jar­dín, mostrara cuadros que había pintado y esculturas. También contó que el juego de té sobre la mesa era uno de los tantos regalos que conservaba de sus alumnos.
Al igual que su hermana Olga, se gra­duó de maestra normal a los 16 años en la Escuela Normal de Coronda. Desde en­tonces empezarían a escribir una historia pedagógica imborrable.
Una y otra eran intelectuales de su época. Su oficio de enseñar fue tocado por la pintura, la literatura, la música y un apego infinito a la naturaleza. A tal pun­to que escritores y artistas de la talla de Bernardo Canal Feijóo, Javier Villafañe, Margarita Xirgú y Juan Ramón Jiménez desfilaron por Rosario para conocer la lla­mada "Escuela Serena".
"Digno del paraíso", fue el comentario de la poeta Gabriela Mistral al escuchar el "Coro de pájaros" formado por los niños de
la maestra Leticia.
La experiencia, que puso a la escuela pública en el mejor de los lugares, duró entre 1935 y 1950. La pasión por el co­nocimiento y la expresión fue la premisa del trabajo que alcanzó a los 600 alumnos que por esos años poblaron la Escuela Ca­rrasco.
Olga fue la directora de este proyec­to que trascendió al mundo, que removió adormecidas didácticas para dar lugar a una verdadera revolución del aprendizaje y la enseñanza. Bajo su dirección no hubo un libro de lecturas, sino muchas obras lite­rarias; la ciencia se buscó en la naturaleza y los valores se aprendieron en la democracia ejercida en las aulas, donde convivían los hijos de obreros y pescadores, y los de las clases más cultas y acomodadas.

Pero el rasgo distintivo de "La Escue­la de la Señorita Olga", tal como llamó el realizador Mario Piazza a la película de­dicada a la experiencia, fue el respeto a la inteligencia de los niños.
En 1950 un decreto ministerial separó a Olga de la dirección. Fue un intento de detener lo que la educación pública era ca­paz de lograr con buenos maestros Imposible. En cierta oportunidad, Ol­ga ya había develado en qué consistía el método de su trabajo de maestros frente en su capacidad, nuestra confianza en su obra, nuestra amistad, nuestro cariño, nuestro apoyo, que él siente y de tal manera nos devuelve (…), de nadie más que de él es esa armonía, esa amistad, ese ambiente alegre; mueve en el aire, hasta que nos dice hasta mañana".

Las hermanas Leticia y Olga fueron un  manantial inagotable de enseñanza para sus alumnos de la "Escuela Serena".


Fuente: Extraído de la Revista de capital de los 140 años del año 1987

jueves, 5 de marzo de 2015

LETICIA COSSETTINI TENGO LA SENSACIÓN DE QUE NACÍ DESPUÉS"






Por Pedro Aquillaci
Tiene tan sólo 94 años. Una mirada profunda sale de sus ojos azules y chiquitos. Su pórtelo envidiarían muchas adolescentes.
Transmite sabiduría, calidez y capacidad de asombro. Cuando se levantó de la cama el día de su cumpleaños dijo: "A mí me ocurre algo maravilloso, la cabeza no me pesa, el cuerpo tampoco, para mí que lo me cuando me anotaron se equivocaron, yo nací después". Y festeja su humorada. Junto con su hermana Olga Cossettini y su sobrina Leyla protagonizó  entre 1935 y 1950 un emprendimiento educativo experimental escuela Dr. Gabriel Carrasco, de barrio Alberdi, que "trataba de unir la cabeza y los sentimientos de los alumnos". Dice que siempre tuvo "tendencia a la belleza" y una de las cosas más trascendentes de  su vida “fue descubrir la belleza escondida que había en cada uno de chicos".
Desde pequeña, cuando aún no sabía leer, ya sentía amor por los libros. Quizás fue porque se manejaba libremente con ellos y jamás nadie le dijo "ése no se toca". "No entendía con mi cerebro, entendía con mi corazón", dice al recordar sus años en San Jorge, la ciudad donde nació, y en Rafaela, donde se crió.
Leticia tiene necesidad de contar de dónde vino para que puedan entenderse con mejor claridad su trayectoria y su presente. Por eso a su padre, un maestro italiano de Véneto que llegó con la misión ­de colaborar "con esa gente modesta que quería que sus hijos se ilustren, y que fueran mejor que ellos".
"Ese hombre me enseñó sin enseñarme, porque alguien dijo sabiamente  que el aprender es válido cuando uno se olvida el aprendi­zaje y queda la esencia, el núcleo sensible", dice con palabras elegidas que suelen ser ayudadas con tenues movimientos de sus manos
Y ese hombre, del cual ni desliza su nombre, lo siente como una marca luminosa, como el ejemplo de vida que ella llevó -junto con su hermana Olga- a lo largo de su excluyente carrera docente.
Cuando recuerda los tiempos en que su padre fue director del Centro Filodramático de Rafaela, cita momentos que tienen que ver con esa magia de "enseñar sin enseñar", aplicable a cualquier disciplina de vida.
"El provocaba en mí situaciones que me incitaba a moverme -dice entusiasmada-, nunca me dijo 'tienes que hacerlo así'. Y cuando en mis primeros pasos me expresé de alguna manera, ¿sabe lo que me hizo?: tomó mi frente, me dio un beso y me dijo 'repítelo'. El que repite así, ya saca algo de sí mismo, no tiene miedo ni inhibición. Hay una puerta prodigiosa que es la de la independencia, de la libre manera de decidir, que hace que uno en ese momento sea otra persona".
Esta formación le dio a Leticia Cossettini un talento pedagógi­co, que ella aplicó después en sus alumnos de turno mañana y los de teatro de la escuela Carrasco, y que la llevaron inevitablemente a una "tendencia a la belleza".
"Yo no sabia qué era la belleza -admite. La belleza se descubre por caminos diferentes. Y cuando fui maestra, además de esa tarea pre­ciosa de ayudar al despertar de un niño, yo tenía el pensamiento de descubrir esa belleza escondida que cada uno tenía con un mensaje diferente. Creo que, en mi vida modesta, fue una de las cosas más tras­cendentes que enriquecieron mi existencia y mi trabajo".


La grandeza de lo simple
La mirada intelectual, poética y hasta filosófica de Leticia Cossettini no quiere decir que les sean ajenas otras cosas de la vida, que la ha­cen igualmente feliz. Una buena comida, su jardín y el diálogo con vecinos, o personas apenas conocidas, le producen un placer inocultable.
"Yo amo el jardín", afirma. "Me crea una zona de serenidad, de equilibrio, y me pone en contacto con la tierra, los perfumes y los colores. Aquí todas las ventanas miran al jardín, desde donde se ven el cielo, la Vía Láctea y se escucha de vez en cuando la sirena de algún barco que pasa. Todos esos elementos se dan en mi jardín, que no es espectacular, porque yo creo que el encanto no es espectacular, sino secreto", detalla.
Su nombre en italiano, Letizia, significa alegría, que, según sus palabras, "es aquella alegría del goce íntimo, delicado, no ruidoso". Es misma sensación que transmite a la gente con la cual dialoga en la diariamente. "La gente sencilla, la que no sale de las academias, veces tiene reflexiones que son notables", asegura, para agregar que : encuentros más valiosos son aquellos en los que en algún momento se dice algo inteligente, que están tocando una necesidad de claridad nuestro espíritu".
Con tanta sabiduría a flor de piel, al cronista se le ocurre hacer una pregunta que tendrá una respuesta marca Cossettini.
"-Usted repite la palabra inteligencia ¿En qué ayuda la inteligencia para
Sobrellevar  distintas situaciones de la vida?         
*¿Usted quiere un consejo? (risas). No, yo le expongo mis circunstancias, no puedo ponerme a predicar.


Una escuela sin filas ni timbres

"Los quince años que duró el ensayo que Olga dirigió en la escuela Carrasco fueron de una enorme vitalidad, de una gran belleza espiritual, de una exigencia de la inteligencia y de la solidaridad, que es la única que puede lograr la plenitud de una Obra. Hoy pareciera que se han olvidado de la solidaridad y la ética, y nada puede emprenderse de una manera fecunda si no resta la ética" sostiene de manera crítica Leticia Cossettini.
Esto confirma un principio que, junto con su hermana, llevaron adelante sobre la base de las palabras del pensador Mon­taigne: "El que se educa es un hombre. Es preciso no hacer de él  dos”. Esto es, no separar razón de corazón
Esa filosofía defendieron desde 1935 hasta 1950 en una escuela considerada una de las pioneras de la corriente pedagó­gica en la Argentina. La Carrasco, La Serena o La Escuela Nue­va fue ese lugar donde los chicos podían debatir ideas, siempre desde el programa oficial, pero con una mirada más amplia y creativa sobre las cosas simples de la vida.
"Observábamos la naturaleza, escuchábamos el canto de los pájaros. Era una escuela sin timbres ni campanas. Nosotros sabíamos que la música marcaba la hora de entrar o salir" re­cordó Mariana, ama de casa, de 53 años, ex alumna de Leticia Cossettini, en testimonios recogidos para el filme de Mario Piazza "La escuela de la señorita Olga'.'
Después de que personalidades como Margarita Xirgu, Hi­larión Hernández Larguía, Romero Brest y Beppo Levi, entre otros, visitaron y elogiaron el proyecto, todo concluyó un 30 de agosto de 1950. Ese día, un decreto -con firma ¡legible— prohibió el ensayo educativo y destituyó a Olga, que se retiró del proyecto junto a su hermana. "Fue por motivos políticos. Pero pasa siempre así, cuando la escuela tiende a abrir los ojos, siempre hay alguien que se siente molesto y lo impide',' sostuvo Leticia. Y lo impidieron porque no todos entienden que "razón y corazón deben ir juntos" y que "la vida de un ser humano es una sucesión de germinaciones y el maestro sólo debe sugerir lo que considere para que aquello que está potencialmente es­condido en el niño se manifieste'.

Fuente: Del Libro Perfiles de Rosario. Fundación La Capital. Rosario 2008. 25 de mayo de 1988. Fotos de Enrique Rodríguez.

miércoles, 4 de marzo de 2015

FAUSTINO GONZALEZ, AUTOR DEL PRIMER GOL EN LA HISTORIA DE LOS CLASICOS DE LA CIUDAD



Por Leonardo Volpe (i), Cristian Volpe(2) y Soccorso Volpe(3)
Faustino González nació el 9 de agosto de 1883, en la ciudad de Rosario. Siendo hijo del matri­monio de Basilio González y Josefa Requeiro. Vivió desde chico en una casa de la calle Callao 872. Cursó sus estudios en el colegio Comercial Anglo Argentino, situado en la calle Entre Ríos 139. Allí fue un alumno distin­guido, que dominó con excelencia el idioma inglés. Además se destacó en lo deportivo, integrando los equipos del club Newell's School, que era parte del colegio y tenía su cancha detrás del mismo, sobre la calle Jujuy, entre Mi­tre y Entre Ríos. Fue ahí donde apren­dió el arte de este magnífico deporte, llamado fútbol, o en aquellos remotos tiempos football.
Asimismo vale añadir que Faustino, como muchas personas en su época, fue ferroviario, ya que a los 25 años in­gresó a trabajar en los Almacenes del Ferrocarril Central Argentino, donde permaneció hasta su jubilación, acae­cida en el año 1933.
Socio fundador de Newell's
Faustino fue uno de los fundadores de Newell's Oíd Boys, ya que estuvo pre­sente en la histórica reunión en el patio la escuela de don Isaac Newell, donde un nutrido grupo de jóvenes le dio vida a la entidad rojinegra. Posteriormente en el año 1905 fue par­te del equipo de Newell's Oíd Boys, que disputó la copa Pinasco, primer torneo que puso en juego la Liga Rosarina de Football. En dicho torneo se consagró campeón, siendo una de las figuras del equipo.
Goleador del primer clásico

El domingo 18 de junio de 1905 se en­frentaron por la copa Pinasco, Newell's Oíd Boys y Rosario Central. Esa histórica tarde se registró el primer enfrentamiento entre los dos clubes más re­presentativos de la ciudad de Rosario. Alrededor de dos mil quinientas almas asistieron al cotejo, que se llevó a cabo en Plaza Jewell. Luego de un primer período reñido, que culminó sin goles, se fueron al descanso. En la segunda parte del partido, Faustino González recibió un pase de Víctor Heitz y re­mató al arco rival, venciendo a Norris, guardameta de Central. Con ese gol inmortalizó su nombre, al anotar el único tanto del encuentro, que le dio la victoria por 1 a 0 al elenco rojinegro. Quizás luego del partido no imaginó la magnitud de lo que había logrado, ya que la rivalidad entre ambos equipos fue creciendo agigantadamente con el correr de los años.
La formación de Newell's ese día fue con José Caloso, José Hiriart y Deo-lindo Barcelone; Wallace W. Wheeler, Agapito Balbiani y Guillermo Renny; Víctor Heitz, Guillermo Moore, Fausti­no González, José Viale y A. Lyon Pats. En tanto que Rosario Central alistó a Norris; A. Faggiani y J. H. Grant; Juan Díaz, A. Ellison y H. Boan; W. Whort-ley, Antonio Vázquez, Pedro Heamett, Stanley Hooper y Percy Jones, siendo el encargado de impartir justicia el se­ñor Ricardo Olavarría Le Bas
 Los hermanos sean unidos
Uno de los privilegios que gozó Faus­tino González en sus años como fut­bolista, fue el de haber vestido junto a sus hermanos la camiseta de Newell's Oíd Boys. Manuel Paulino, debutó en 1906 y Caraciolo lo hizo en 1908. Los tres hermanos González jugaron jun­tos hasta 1913, cuando Faustino y Ca­raciolo dejaron la actividad. Manuel, apodado Lito, prosiguió hasta 1915, retirándose del cuadro leproso con la cifra record de haber marcado 158 tantos, en 120 encuentros disputados, siendo el máximo goleador del club en la era amateur.
Ocho años defendiendo los colores rojinegros
Faustino González jugó en Newell's Oíd Boys un total de sesenta y seis partidos y señaló treinta y nueve goles. Se desempeñó en su puesto habitual de Centrofoward (delantero centro) desde su debut en 1905 hasta 1913, tempora­da en la cual sólo disputó un encuentro.
En sus ocho años defendiendo la divisa ñulista, cosechó varios títulos. ya que se consagró campeón en la copa Pinasco de 1905 y 1906, la copa Vila de 1907, 1909, 1910, 1911 y 1913 y ;: la copa de Honor Municipalidad i: Buenos Aires en 1911. Cabe señalar que además de haber sido jugador la entidad del parque, ejerció el cargo de presidente de Newell's en dos pe­ríodos, el primero entre 1910 y 1911 mientras que desde 1913 a 1914, ocupó el cargo de mandamás leproso por se­gunda vez.
(1)  Periodista deportivo
(2)  Diseñador gráfico
(3)  Licenciado en antropología
Consultas en Internet:
leovolpe81 @gmail.com
Espacio dedicado a la Historia
del Fútbol Rosarino:


Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario, su Historia y Región”. Fascículo Nº 135 . Noviembre de 2014.