Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Discurso pronunciado por Lisandro de la Torre



Discurso pronunciado por Lisandro
de la Torre el 29 de noviembre de 1908,
al ser electo Presidente de la Junta
Ejecutiva de la Liga del Sur:
«…esta poderosa agrupación popular,
a que presta el Rosario el calor de
sus simpatías unánimes y el nervio
de sus entusiasmos viriles… la Liga
del Sur se organiza sin bandera
partidista, como una reacción contra
las malas leyes que causan los malos
gobiernos; y se propone demostrar
que las usurpaciones e injusticias tan
hondamente sentidas en el Sur de
Santa Fe, son la consecuencia lógica
de una legislación antidemocrática que
suprimiendo la vida comunal entrega a
un ejecutivo omnímodo las atribuciones
que en los pueblos libres se substraen
incumbencias a fin de otorgar garantías
efectivas y esenciales a la libertad
electoral…
…basta la rápida lectura de cualquier
constitución argentina impregnada
de centralismo para medir la distancia
que la separa de cualquier constitución
de un estado [norte]americano, fundado
en el self-goverment… Concentremos
en esta bandera de autonomías y
derechos comunales la base esencial
de nuestras reivindicaciones…
…por mi honor que esos son los
móviles sinceros de mi espíritu,
considerando suficiente recompensa
de cualquier esfuerzo, el éxito de las
reformas que promovemos destinadas
a fundar la libertad electoral efectiva, a
reparar injusticias irritantes y a asegurar
un porvenir grandioso a la ciudad del
Rosario que ostenta cual ninguna entre
las ciudades argentinas el título preclaro
de ser hija de sus obras…».

Fuente:

Ciudad de Rosario

Museo de la Ciudad

Editorial Municipal de Rosario

Ciudad de Rosario / Agustina Prieto ... [et.al.]. - 1a ed. - Rosario : Municipal de Rosario, 2010.
228 p. ; 23x18 cm.

Municipalidad de Rosario
Secretaría de Cultura y Educación
Editorial Municipal de Rosario
© Museo de la Ciudad
Bv. Oroño 2300
Rosario, Santa Fe, Argentina
info@museodelaciudad.org.ar
www.museodelaciudad.org.ar
© Editorial Municipal de Rosario
Aristóbulo del Valle y Callao
Rosario, Santa Fe, Argentina
emr@rosario.gov.ar
www.rosario.gob.ar/emr
Queda hecho el depósito
que marca la ley 11.723
ISBN 978-987-9267-73-8
CUIT 30-99900315-6
Impreso en la Argentina



domingo, 14 de diciembre de 2014

"Conocí la casa cuando estaba en su esplendor" DE AIRES MURCIANOS, DE VICENTE MEDINA


por : Ana Maria Ferrini



Muros saqueados y heridos de muerte perdidos entre una fronda inquietante es todo lo que queda de la Villa Hume, en el sudoeste de la ciudad. La mansión, ahora devastada, integra el patrimonio de Rosario y albergó al poder político local de la primera década del siglo XX. Allí vivió durante 50 años, Ricardo Caballero, primer vicegobernador santafesino que asumió con la ley Sáenz Peña de voto universal, cuando en 1912 ganó las elecciones junto a su compañero radical, Manuel Menchaca.
Ubicada en las inmediaciones de la ex Estación Hume, más tarde El Gaucho, la villa ocupa un predio de diez hectáreas que recreaban un castillo moro, con mayólicas, azulejos, vitrales, fuentes y cántaros traídos de Europa junto a dos pianos de estilo. También hay un túnel en línea recta a la estación de trenes, una biblioteca que supo tener incunables y un parque de follaje espeso, con cientos de árboles, senderos   secretos, descansos y glorietas que eran casi un oasis en el sudoeste rosarino.
Allí Caballero, médico, historiador revisionista, legislador y ensayista; leía, escribía y meditaba. Hoy el lugar está arrasado. El tiempo hizo lo suyo sin encontrar resistencia. El resto corrió por cuenta de los depredadores de siempre. Nada escapó a la rapiña: se llevaron muebles, puertas, ventanas, pisos, techos, las mayólicas y los jarrones murcianos. Ni siquiera se salvaron los ojos del dragón que hace cima en el extremo derecho del techo de la casona y que emparenta a la construcción   con las líneas del Club Español de Rosario.

Saqueo. A la villa se accede a través de la prolongación de avenida del Rosario a la altura del 6000 y después de un camino estrecho flanqueado de cañaverales.
La entrada sólo tiene un par de alambres de donde cuelga un cartel.
En el sendero, la lluvia fijó las huellas de   un camión y una moto. Rastros de los que vaciaron la construcción.
Del saqueo dan muestra algunos textos   desparramados, abiertos, húmedos y salpicados de barro.
Trozos de madera, vidrios rotos, restos de muebles, rastros de un incendio, fotografías, trapos y macetas tiradas en un radio de varios metros alrededor de la casona que perdió parte de sus muros,   azulejos, pisos y techos.
Entre los restos hay manuscritos sobre medicina, una novela en francés y ejemplares de "Carta política a sus   correligionarios de Santa Fe", un texto de Caballero, editado en 1955.
El poeta murciano Vicente Medina construyó Villa Hume en los primeros años del siglo XX, como la réplica de un castillo moro, para amortiguar la nostalgia de su terruño español. Caballero lo compró y   ocupó hasta su muerte, el 16 de julio de 1963.
Después fue ocupado por algunos familiares y luego por un cuidador que falleció hace un mes y medio. Desde ese momento la   suerte del castillo moro quedó echada.
Según un familiar de Caballero no fueron pocos los contactos para interesar a la provincia o el municipio en el rescate y preservación " No podemos hacer frente a los gastos que demanda conservar el lugar sería muy importante que alguna institución se interesara " explicó Caballero tuvo dos hijos un varón que lo precedió en la muerte y una mujer discapacitada Hoy sus familiares son los descendientes de sus sobrinos pero ninguno puede hacerse cargo del emblemático sitio.
 

viernes, 12 de diciembre de 2014

CASA DEL DR. RICARDO CABALLERO QUE PERTENECIO AL POETA VICENTE ME



QUINTA DE HUME, AVDA. DEL ROSARIO 5900 Alejandro Cirilo Caballero Soy hermano de Mercedes y sobrino nieto Del Dr Ricardo Caballero dueño de la mansión de esas fotos . Vicente Medina la construyo en el año 1900 mas o menos y mi Tío se la compra a Medina en el año 1928 cuando mi Tío era Jefe Político de Rosario y Medina andaba con algunos problemas judiciales que mi Tío se los resolvió de allí su amistad con el .A la casa la conozco hasta el ultimo rincón ya que viví allí varios años con mi Tío . Si le interesa saber algo sobre las fotos me pregunta y con todo gusto se lo explico ya que cada cosa tiene su explicación. La casa fue saqueada y demolida por delincuentes en menos de un mes pues se nos murieron los caseros. Actualmente queda el predio que es todo monte y lo tenemos en venta serán 10 hectáreas mas o menos .Saludos. Vicente Medina Tomás, (Archena, Murcia, España 1866 -  Rosario, Santa Fe, Argentina 1937). Poeta y dramaturgo español y uno de los símbolos de la identidad regional murciana. Su principal obra, Aires murcianos (1898), se convirtió en un trabajo de referencia del costumbrismo sentimental y de denuncia social, alabado por literatos como Azorín. Hoy día es considerado el mejor autor en lenguaje tradicional murciano. Infancia y juventud. Hijo de un trabajador autónomo y una modista, Vicente Medina nació el 27 de octubre de 1866 en la localidad de Archena, en plena Vega del río Segura. En su pueblo estableció contacto con las letras a temprana edad ya que su padre don Juan de Dios Medina, se hizo cargo del quiosco del balneario de Archena, donde Medina pudo leer a autores como Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda, Víctor Hugo o Emile Zola. Su padre era conocido como Juan de Dios, "el de los romances", ya que era un gran conocedor de estos autores, e incluso los recitaba por los pueblos; además de que era un talentoso empresario, comerciante, macero, trovador, bardo, aficionado a los viajes de aventura, a la literatura, la actuación, el canto , la música, la danza y al teatro. De esta forma, se puede suponer que Vicente Medina tuvo una infancia repleta de historias y de relatos, reflejados en el ejemplo paterno. Con sólo trece años se marchó de su localidad natal para trabajar como relator en la mansión de un Procurador de los Tribunales, aunque pronto volvió a Archena para continuar con la venta de libros y preparar unas oposiciones de telégrados o aduanas que nunca llegó a realizar. Con 18 años ingresó en el ejército, donde llegó a cabo de Infantería de Marina con destino primero en San Fernando (Cádiz), y posteriormente a su tierra, concretamente la Capitanía General de Cartagena. Sus primeros versos como poeta se publicaron durante su estancia en Filipinas, donde fue como voluntario, comenzando allí su oficio literario. En 1890 abandonó el ejército para volver a la Región de Murcia. Acabará en Cartagena, tras fracasar con un negocio de tejidos en Archena. Sus inicios literarios en Cartagena En la ciudad portuaria encontró trabajo en el Arsenal y en una oficina comercial del dueño de dos periódicos, La Gaceta Minera y el Diario de Cartagena. En 1891 contrajo matrimonio en Archena con Josefa Sánchez Vera, la que sería personaje indiscutible en su poesía. Ambos se trasladaron a Cartagena, donde Vicente trabajaba. Allí participará de la vida literaria y artística de la ciudad, notándose su presencia en las tertulias del Abanico, con Inocencio Medina Vera (su primo), Bartolomé Pérez Casas y sobre todo, José García Vaso, su mentor y amigo. En este momento publicó colaboraciones literarias en El Diario de Cartagena, El Republicano, o El Mediterráneo. En 1895 apareció su primera publicación, el poema titulado El Náufrago, que fue bien recibido entre la crítica y el público, aunque después Medina renegaría de él. El autor lo elaboró con un propósito benéfico, socorrer con el producto de la venta a las víctimas del Reina Regente. El éxito de sus Aires murcianos] En la ciudad de Cartagena publicó su primera obra dramática, El Rento (1898), con la cual Vicente Medina quiso recuperar y dignificar el lenguaje huertano, el cual era usado cómicamente en las fiestas de carnaval llenándolo de barbarismos y extravagancias, algo que para el autor resultaba indignante. Fue entonces cuando, en total desacuerdo con esta interpretación del panocho, escribió el drama huertano de El Rento usando el dialecto murciano. El cual, fue muy bien acogido por la crítica nacional, principalmente por José Martínez Ruiz Azorín, que dijo de este trabajo: El Rento es una hermosa obra, un cuadro o canto sentido, conmovedor, de costumbres campesinas (...) Un drama pasional, una pintura fácil de un medio (...) es el drama del labriego, de la ruda gente del campo, embrutecida por el trabajo feroz de todo el día, explotada por el amo . Las excelentes críticas recibidas, animaron a Vicente a juntar los poemas que elaboró como ensayo para confeccionar El Rento, surgiendo así la primera edición de la que sería su obra maestra y más conocida, Aires murcianos (1898). Este libro de poemas se convirtió en su obra cumbre, todo un canto al sufrimiento de las gentes de la huerta del Segura. Su éxito fue inmediato, llegándose a publicar incluso una edición en checo. Azorín dijo del mismo: Aunque no escriba usted más, este diminuto volumen, que es de oro, bastará para colocarle a usted entre los grandes líricos de nuestro parnaso. Su poesía es de las pocas que conmueven hondamente. Puede tener usted la íntima convicción de que ha hecho una obra de gran artista . De hecho, el mismo autor alicantino llegó a prologar la primera edición de la obra. A partir de este momento la vida literaria de Medina se tornó intensa, con estrenos teatrales de cierto éxito, dramas y obras musicales, publicación de numerosos trabajos, tanto en verso castellano normal como en prosa. Dentro de estas obras destacan Alma del Pueblo (1900), La canción de la Vida (1902) y La Canción de la Muerte. También publicó una nueva serie de Aires murcianos titulada La Canción de la Huerta (1905), que vio la luz en Cartagena, además de una compilación de su obra poética en Poesía (Obras escogidas) (1908). Dentro del género teatral, tras El Rento publicó ¡Lorenzo! (1899), La sombra del hijo (1900) y El Alma del Molino (1902). Emigración a Argentina En 1906, diecisiete familiares suyos marcharon a América, por lo que los deseos de Vicente de cruzar el Atlántico aumentaron considerablemente. Finalmente emigró a Argentina en los comienzos de 1908 convirtiendo a éste país en su segunda patria. Su salida de España fue recogida por la prensa murciana, la catalana y aún la suramericana, incluso Unamuno se hizo eco de la misma en La Nación. Primero permaneció en Buenos Aires, para luego pasar a Rosario de Santa Fe, donde a través de diversos empleos mejoró su condición económica, de hecho, llegó a convertirse en propietario agrícola mientras que prosiguió su labor como literato a partir de 1915, que es cuando publicó La Canción de la Guerra (1915), una denuncia antibelicista en plena Primera Guerra Mundial. También editó una revista literaria denominada Letras y entre 1916 y 1919 regentó una escuela en la que ofrecía veladas literarias y conferencias. En Buenos Aires apareció una nueva serie de Aires murcianos titulada Abonico (1917), además de una sucesión de reediciones y colecciones de obras completas. Tras la muerte de su esposa publicó el libro Compañera (1921), compuesto por una serie de poemas de gran tristeza ante el fallecimiento de la que fue su mujer durante 30 años. En 1924 abandonó su empleo por enfermedad, dedicándose a su obra literaria, editar libros y recorrer Suramérica dando recitales de poesía. En 1928 se publicó en Murcia una nueva serie de Aires murcianos, llamada esta vez ¡Allá lejicos! (1928), en la que demostraba su añoranza por la Región de Murcia. Sus últimos años. Regreso a Murcia y exilio final[editar · editar código] Aprovechando una invitación para dar una conferencia en París, decidió volver a su tierra, lo que vio hecho realidad en el mes de marzo de 1931, cuando en olor de multitud fue recibido en Archena, disfrutando días después de unos juegos florales en su honor celebrados en el Teatro Romea de la ciudad de Murcia. También en Cartagena recibió un homenaje en el Ateneo de la ciudad. Los años siguientes los pasó el poeta en su Archena natal, publicando en 1932 el que será su último libro, Belén de pastores y villancicos (1932), obra extremadamente curiosa que da una idea de cómo Vicente anduvo metido en asuntos políticos. De hecho, Medina participó activamente en la política republicana del momento, interviniendo en las elecciones de 1936 a favor del Frente Popular, haciendo defensa de la cultura para todos, del acercamiento de los pobres a los bienes de la enseñanza y la educación. En abril de 1936, aconsejado por sus familiares, abandonó la Región Murciana para volver a Argentina, llegando ya enfermo. El 17 de agosto de 1937 murió finalmente en Rosario de Santa Fe, donde está enterrado. Vicente Medina escribió alrededor de veinte libros de poesía y cuatro dramas teatrales además de una gran cantidad de obra inédita. Sus artículos en periódicos son muy numerosos y se encuentran esparcidos a través España y América. Su poesía comenzó con un romanticismo sentimental y después pasó a incorporar un fuerte rasgo de observación naturalista, que le hizo avanzar hacia la denuncia social, mezclada con una mirada impregnada de un muy noble sentimiento popular: la piedad por el prójimo. En sus poemas comprime ese sentimiento de lo intrínsecamente murciano, desde la visión sentimental de la gente de la huerta del Segura, con gran fidelidad, sin tener que llegar a la sensiblería, superando lo tópico y lo abstracto del suceso. El poema "Cansera", perteneciente a la primera entrega de Aires murcianos, ha sido estudiado profundamente por el historiador José Mª Jover Zamora, quien en él ve una fotografía del espíritu español justamente tras los desastres de Cuba y Filipinas de forma previa a la Generación del 98. Aunque también hay que reseñar en este poema unos geniales valores líricos. CANSERA ¿Pa qué quiés que vaya? Pa ver cuatro espigas arroyás y pegás á la tierra; pa ver los sarmientos rüines y mustios y esnüas las cepas, sin un grano d’uva, ni tampoco siquiá sombra de ella... Pa ver el barranco, Pa ver la laera, Sin una matuja... ¡pa ver que se embisten, de pelás, las peñas!... Anda tú, si quieres, que á mí no me quea ni un soplo d’aliento, ni una onza de juerza, ni ganas de verme, ni de que me mienten siquiá la cosecha..... Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca pise más la senda, ni pué que la pase, si no es que entre cuatro, ya muerto, me llevan..... Anda tú, si quieres..... No he d’ir, por mi gusto, si en crus me lo ruegas, por esa sendica por ande se jueron, pa no golver nunca, tantas cosas güenas... esperanzas, quereres, suores... ¡tó se jue por ella! Por esa sendica se marchó aquel hijo que murió en la guerra..... Por esa sendica se jué la alegría... ¡por esa sendica vinieron las penas!... No te canses, que no me remuevo; anda tú, si quieres, y éjame que duerma, ¡a ver si es pa siempre!... ¡Si no me espertara!... ¡Tengo una cansera!...
Anónimo

jueves, 11 de diciembre de 2014

ALFREDO LOWELL



Extraordinario intelectual español llegado a Rosario el 7 de setiembre de 1910. El doc­tor Juan Carlos Alvarez lo designó bibliotecario de la Biblioteca Argentina en 1911, logrando organizaría científi­camente durante 35 años por sus conocimientos y sólida preparación. Licenciado en Filosofía y Letras fue además profesor de historia univer­sal. Escribió la historia de la Biblioteca Argentina, desde 1911 hasta 1947, en dos volú­menes mecanografiados. Uno para su archivo personal, los restantes destinados al doc­tor Álvarez, la Biblioteca Ar­gentina y a su colaborador Francisco Scibona. En 1953 dio término al policopiado de "Seudónimos de Escritores, Guía para Bibliotecas y Heme­rotecas", obra que contiene 11.825 seudónimos utilizados por 8.113 escritores de todo el mundo, obra considerada extraordinaria "sólo explica­ble recordándose sus profun­dos conocimientos bibliográ­ficos". Sumó más tarde su "Catálogo de libros y folletos editados en Rosario durante el siglo XIX" de inigualable valor para las investigacio­nes tendientes a esclarecer la evolución y crecimiento de la intelectualidad en Rosario. El doctor Lovell falleció en Rosa­rio a los 92 años de edad, con la satisfacción de haber dedi­cado su vida a la cultura de la ciudad. Una vida realmente ejemplar e inolvidable.
Fuente. Extraído de revista “ Rosario aquí a la vuelta” Fascículo Nº 21. Autor: Héctor Sebastianelli . De Junio 1992

miércoles, 10 de diciembre de 2014

MIS ANDANZAS POR ROSARIO - EL MENTIDERO DEL CAFÉ DE LA COMEDIA



Por Miguel F. Oses
El autor de este artículo, Miguel F. Oses, falleció en Buenos Aires el 8 de octubre de 1928. Además de colaborar en diarios y re­vistas escribió buen número de saínetes, entre los que se mencionan* "Dársena Sud", con música de Juan Canavesi9 estrenada en> 1911; "Calle Cortada", en colaboración con Augusto Garrido y música de Antonio De Bassi, estrenada en 1917; "El astillero", con música de Francisco Paya, estrenada en 1922; "A la gran muñeca", con música de Jesús Ventura, obra que incluye en monólogo "Lengua de trapo", uno de los grandes éxitos de Enrique Muiño; *La canción del odio", zarzuela, con música de Ernesto L. Oses. Debemos estos datos al escritor Jacobo A. de Diego, a quien agradecemos su gentileza.
Motiva la inclusión del trabajo de Oses en esta Revista, la exac­titud de sus referencias acerca de personas y hechos, las que me­diante llamadas nos permitimos ampliar y vn algún caso aclarar para mayor ilustración de los lectores (N. de la D.).


Era por 1921. La Federación de Gentes de Teatro, nacida a raíz del conflicto provocado por un grupo de autores que se disgregaron de la vieja Sociedad de Autores, tenía suma necesi­dad de obtener un teatro en Rosario para la actuación de la com­pañía que se desempeñaba en el Avenida, de Buenos Aires, cuando se produjo el movimiento de mayo. Yo formaba parte del Consejo Federal, en representación de los autores, con Belisario Roldan, Claudio Martínez Paiva y Defilippis Novoa, y una madrugada, a las 3 más o menos, se decidió librar una batalla a los empre­sarios arrebatándoles el teatro de La Comedia, cuyo arrendatario era José Palmada (1), el viejo amigo y aplaudido actor.
Sin darme tiempo a preparar una muda de ropa, se me de­signó general en jefe y hube de partir a Rosario en el tren que salía a las 7 de Retiro.
No es mi intención de recordar la lucha que entablé y en la que vencí a Méndez, delegado de la Sociedad de Empresarios, embarcado en el mismo tren. Palmada, como toda la población de Rosario, simpatizaba con la Federación, y Méndez hubo de regresar mohíno, mientras yo volvía vincitore con mi contrato en el bolsillo.
Era la primera vez que visitaba Rosario y, lo confieso, re­gresaba con honda pena, pues me había entrado por los ojos, como suele decirse.
Por fortuna, el Consejo Federal me designó delegado en la compañía y tres días después me instalaba en la ciudad que, por tres meses, iba a ser punto de mi residencia.
Rosario, en esa época, sólo tenía un punto de reunión para los noctámbulos: el Café de La Comedia (2), que permanecía abierto toda la noche y donde me hice de una cantidad de ami­gos, periodistas, literatos, artistas, etc. Al único que conocía fuera de José Palmada, era el gordito Alejandro Berruti (3)quien me piloteó por los andurriales bohemios y en el café me hice grandes amigotes les debo a todos muchas gentilezas—. Bravo, el simpático Negro que bruloteaba en Crónica (4), Robertaccio (5) que a su vez lo hacía en La Acciión (6), De la Torre, Gianii  Baraldi y otros, solíamos juntarnos en derredor de una mesa, patada la hora de los espectáculos, sorbiendo un chocolate chirle —creo que fue un brebaje invención de Robertaccio— consistente en una barrita del producto disuelto a cucharazos en un vaso de leche (7)..
Reuníanse en el café tipos de los más pintorescos. Satorra, un cómico venido a menos, que a la sazón desempeñaba el puesto de boletero en el Cine San Martín, un tal Bochita, impenitente recogedor de quiniela (8) cuyo mayor cliente era José Palmada – durante mi estada Palmada acertó tres veces las tres cifras- y otros cuyo recuerdo se ha esfumado a través del tiempo.

Este juego de las quinielas era entonces una epidemia en la segunda ciudad de la República. Lo asediaban a uno el canillita, el mozo de café, el expendedor de cigarrillos.. . ¡hasta el vigilante!
¡Las tres primeras y últimas veces que arriesgué 0,50 al malhadado jueguito, fue en Rosario, y la culpa la tuvo el simpático negro Bravo, a cuya invitación era inútil resistir.
Recuerdo una anécdota muy curiosa. Fue el primer día de mi estada en Rosario y como andaba muy agitada la cuestión obrera, no me llamó la atención al salir del Hotel Italia y cruzar la calle San Luis, ver la acera del mercado (9) bullendo con garrada muchedumbre.
Al llegar al teatro La Comedia, le pregunté a Giménez:
—¿Se ha declarado ya la huelga general solidaria con la de Buenos Aires? e
—No creo— me respondió el secretario de Palmada. Los diarios nada dicen. ^" Es que acabo de ver reunidos a los obreros, —¿Dónde?
—En la calle San Martín, junto al mercado. Giménez lanzó una de aquellas carcajadas hispanas, tan ca­racterísticas en él, que llenaban el vestíbulo del teatro.
—¿Huelga general? Pero amigo, ¡Lo que usted ha visto son gentes que esperan el número de la grande!
Solía concurrir también al café un distinguido facultativo, el doctor Saibene (10), espíritu mordaz y gran camarada, a quien le causaba gracia mi asombro, comentando el asunto con aquella ironía que manejaba tan bien como el escalpelo.
Pasé noches deliciosas en aquel café, mundillo en que se agitaban seres de toda catadura; un poco de hampa, otro poco de bohemia, un mucho de intelectualismo sin patente oficial, quizá el más legítimo porque se debe al propio esfuerzo.
Allí aprendí a conocer la gentileza rosarina tan franca y abierta como una mano y un corazón y un tiempo más tarde, hube de expresarlo en unos versos que Bravo dio en Crónica a manera de adelanto sobre mi pieza teatral a estrenarse y la cual constituyó uno de los mayores éxitos de Rosario.
Me has brindado, Rosario, finezas tantas
 que en tí sentí calores de patrio albergo,
 por eso reverente llego a tus plantas
 y humilde me despojo de mi chambergo.

¡Si pudiera hablar la cortada Ricardone! Habría de contar cosas que es bueno callar. Es que, pese a que Rosario era enton­ces una ciudad tranquila de noche (11), nosotros llevábamos en el alma esa turbulencia que no se apaga ni con la nieve plateando los cabellos.
Con todo, preferible es ser así. El Café de La Comedia po­día albergar entre el humo de los cigarros y la batahola de su clientela más de un episodio algo áspero, pero albergaba también ese romanticismo incurable de todos los


soñadores

Notas

 
(1)  Actor teatral, nacido en Barcelona, España, en 1868. Comenzó su carre­ra artística en 1885 en la ciudad natal. Llegó al país en 1898 y poco después de desempeñarse como actor en Buenos Aires, se constituyó como empresario especializado en género chico español. Fue también intérprete de los primeros sainetes criollos. Su deceso ocurrió en Bue­nos ¡Aires el 18 de julio de 1950.
(2)  Aún: en actividad, sobre la calle Mitre, al lado del Teatro La Comedia. No era el único local público de reunión de trasnoche en el centro de la ciudad; entonces y desde 1857, año de la inauguración- del Mercado de Abasto, luego llamado Mercado del Sud, y del Mercado Central, que lo reemplazó, sobre locales exteriores de esos edificios funcionaron cafés atendidos por españoles, permanentemente abiertos las 24 horas y denominados "La Cantábrica'', "La Castellana", "La Andaluza", "La Navarra", etc., frecuentados por noctámbulos de toda laya, desde peones portuarios a intelectuales de nota. También frente a la estación Rosario Norte, en el barrio Súnchales, otros cafés y bares concentraban sin interrupción alguna entre una y otra jornada, parroquianos de heterogéneas actividades, lícitas e ilícitas, lo mismo que viajeros esperando la salida de los trenes de la madrugada.
(3) Periodista y autor teatral, nació en Córdoba en 1888. Vivió en Ro­sario desde niño y cursó estudios secundarios en la Escuela Nacional de Comercio. Fue redactor de diarios y dirigió1 el vespertino humo­rístico "La Nota" que apareció desde 1913 a 1915 y reapareció, aunque por breve término, en 1919. Escribió más de setenta obras teatrales, la pernera, "Cosas de la vida", estrenada en 1912 en el teatro Politeama, de Rosario. La revista satírica "Rosario Film N? 2", otra de sus piezas más festejadas, se representó treinta veces consecutivas en el teatro Olimpo. Fue secretario de la liga Rosarina de Foot-Ball y presidió el Círculo de la Prensa. Ya consagrado como autor se ra­dicó en Buenos Aires donde continuó esas actividades; fue director escénico de varias compañías, administrador del Teatro Nacional de Comedias, delegado de los autores argentinos en la Comisión Na­cional de Cultura y vicepresidente de la Asociación Argentina de Foot-ball. Entre sus producciones más conocidas se encuentran "Ma­dre tierra", "La mejor doctrina", "La suprema ley" y "¡Quien tu­viera veinte años!".
<4 1914="" a="" aparecer="" comenz="" de="" diario="" en="" la="" ndose.="" public="" sigue="" span="" tarde.="" y="">
<5 1898="" 1961.="" antonio="" ciudad="" empresario="" en="" fue="" la="" misma="" muri="" naci="" periodista="" redactor="" ro="" robertaocio="" sario="" span="" teatral="" y="">de periódicos, entre otros de los diarios "La Nota*', "Crónica", "Refle­jos", "La Tierra" y "Tribuna"; a este último lo dirigió varios años y ya con el nuevo título de "La Tribuna", compartió su propiedad y dirección con Virgilio Albanese. Fue empresario del teatro La Come­dia, presidente del Círculo de la Prensa, diputado provincial y autor de comedias.
<6 1918="" 1923="" 1957.="" a="" ana="" apareci="" comenz="" como="" convirti="" de="" desde="" diario="" durante="" edici="" en="" la="" ma="" n="" ndose="" neamente="" partid="" publicado="" semanario="" simult="" span="" tiempo="" un="" una="" vespertina.="">
(7) El invento de Robertaccio se popularizó con el nombre de rema. Para prepararlo, el parroquiano debe remar afanosamente con la cucharita en el vaso de leche caliente, hasta desintegrar la barrita de cho­colate.
8) Juego clandestino en que se premian apuestas a las cifras finales de los primeros premios correspondientes a alguna de las distintas loterias oficiales que se sortean semanalmente. Se apuesta a una, dos y tres cifras y, según eso, va aumentando el monto del premio que se abona  si se acierta. También se juega con redoblona, esto es, apostando * un número y lo obtenido en premio queda apostado a otro número. Tuvo origen en Rosario a fines del siglo anterior y se atribuye s • creación al agente de loterías D. Irigoyen, establecido en la calle San Martín 892 (dato que me comunicó en 1922 el periodista Domingo Castro). Desde entonces ha seguido una trayectoria turbulenta $ su prohibición policial y municipal, jugándose clandestinamente en domicilios, lugares de trabajo y hasta en bancos de las plazas. Hubo  varios intentos: de oficializarla y hasta ordenanzas en ese sentido que no perduraron. El nombre de quiniela, supongo fue tomado juego así denominado que, en las últimas décadas del siglo pasado  se disputaba en los partidos de pelota a la vasca cumplidos en los frontones de Rosario, donde los apostadores a favor de los vencedores obtenían dividendos en caso de acertar, tal como en las carreras de caballos. Robustece la suposición la circunstancia de que D. Irigoyen era vascongado.
(9) Se refiere al desaparecido Mercado Central, demolido entre 196G v 1961, situado en la manzana limitada por las calles San Luis, San Martín y San Juan y la entonces cortada Riva, actual Barón de Mau^
(10) Pompeyo Saibene, conocido médico de la época.
(11)      No toda la ciudad era tranquila de noche; en el famoso barrio de Pichincha, donde se concentraban los lupanares, mantenían activi­dades hasta las 4 de la mañana, sus numerosos bares, cafés con orquestas y cantantes, casas de comida, etc. En éstos y aquéllos no siempre transcurrían pacíficamente las noches..

Fuente: Extráido de la " Revista de Historia de Rosario" Año X- N• 23-24. Publicación de la sociedad de Historia de Rosario Enero/Junio- Julio/Diciembre de 1972.-