Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

MONUMENTO A BELGRANO

MONUMENTO A BELGRANO
Inagurado el 27 de Febrero de 2020 - en la Zona del Monumento

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jueves, 6 de septiembre de 2012

TEATRO LA OPERA y TEATRO COLÓN - TEATROS ROSARINOS


Comenzaremos por
TEATRO LA OPERA
1916- Febrero Temporada de la bailarina española Pastora Imperio. En mayo realiza una temporada de bailes la compañía Tortora - Valencia; en julio actúa la compañía Guerrero -Díaz de Mendoza y en octubre ofrece bailes clásicos Felyne Verbist.
1917: Recién se habilita el teatro en octubre con la compañía española de comedias del Teatro Lara de Madrid. En diciembre, hace una temporada la tonadillera La Goya.
1918  Las compañías naciones deEnrique De Rosas, José Gómez, Podestá - Morganti y PaaenT Ducasse ocupan el teatro en los meses de mayo, junio, julio y octubre, respectivamente. En diciembre ofrece dos conciertos la arpista Lea Bach.
1919 La Compañía nacional Morganti hace una temporada en marzo y la española de zarzuela de José María otra en mayo. En junio pronuncia dos conferencias el novelista Satanás de  Héctor N Zinni. Tomo I, Pág. 125 a 134). En agosto actúa la compañía de varieté Alegría – Enhart , y en octubre realiza una temporada la bailarina española La Argentina.
1920  En enero sube a escena la compañía italiana de operetas La Giovanísima.
 Los meses  marzo, abril y mayo son propicios para las temporadas que realizan la compañía lírica  del maestro Marranti, la compañía de operetas Pompey y la compañía de bailes rusos  dirigida por Jacowleffde. A mitad de año, en el mes de julio, ofrece dos conciertos de piano Pepito Arriola.
El teatro rival, en cambio, repunta en una forma inusitada, actuando compañía de todo género con actores, cantantes y actrices de primera.

TEATRO COLÓN
1916: Recién este año el Colón vuelve a funcionar sin interrupción alguna, debiendo mencionarse por su orden algunas compañías secundarias; después el ilusionista Onofroíf; la compañía de prosa de Amalia de Isaura y Rafael Arcos, así como la compañía nacional de Angelina Pagano y Francisco Ducasse. En el mes de julio da una serie de funciones la compañía lírica italiana dirigida por el maestro De Angelis, con la soprano Adelina Agostinelli.
En agosto y septiembre ocupan el escenario la compañía de zarzuela Sagi Barba, con los maestros Ventura y Marín; la compañía dramática francesa de Lucien Guitry y la compañía italiana de operetas Caramba Scognamiglio, dirigida por el cómico Enrique Valle, con la Stefi Csillag, María Ivanisi, Walter Grant, Gonzalo y otros.
Realiza una serie de danzas clásicas y de salón en octubre, la bailarina belga Felyne Verbist y en noviembre da varias conferencias el conocido escritor Juan José de Soiza Reilly.
1917: Empieza este año con la actuación de la compañía cómica española de Rogelio Juárez, con Mercedes Díaz, Carmen Jordán, Paquita Escribano, Emilia Benito, Carmelita Ferrary Arsenio Perdiguero, quienes ocupan la sala casi el mes de abril. Sigue a la compañía nombrada, la italiana dialectal de Cayetano Cavalli y Emma Cairo Bordeau, y, ya en mayo, la compañía lírica italiana de la soprano Adelina Agostinelli; la compañía nacional de Angelina Pagano y Francisco Ducasse, viejos conocidos de nuestro público, con el primer actor José Gómez; y la de opereta italiana Della Guardia -Lahoz, con la primera tiple Lina Lahoz.
Después de la presentación de otras compañías de menor importancia, actúan, sucesivamente, (a compañía de operetas Caramba Scognamiglio quien ya lo había hecho el año anterior; la Banda Municipal de Buenos Aires, dirigida por el maestro Malvagni con dos grandes conciertos y la compañía rusa de bailes de la célebre Ana Pawlowa, con Iván Clustine, Alexandre Volinine y Alexandra Smallens. Por último, en diciembre actúa una compañía de variedades, con la cupletista Teresita Zaza.
1918: No son muchas las compañías que trabajan en el Colón durante 1918, pero, entre ellas, se destacan; opereta italiana de ettore Vítale, con Pina Gioana e Italo Bertini; opereta en castellano Valle - Csillaq; lírica italiana de Walter Mocchi con las sopranos Angeles Ottain, Ivonne Gall, llina Spani; contraalto Gabriela Besanzoni; tenores Perfile y Hackett; barítonos Crabbó y Stábile; bajos Mansueto y Joumet. Se estrena Thais, de Massenet, bajo la dirección de Gino Marinuzzi, Julio Falconi y Vicente Bellezza.
Además, completan la temporada las compañías dramáticas francesa de Andrés Brulet " Suzane Delvé; española de María Guerrero - Díaz de Mendoza, e italiana de Clara del]a Guardia - Leo Orlandini.

1919: Este año se destacan a lo largo de todo el período teatral, las siguientes compañías: opereta italiana La Giovanísima, con la primera tiple Egle Alcardi; opereta en castellano de Valle - Csillag; variedades, Ana Tiberio; dramática francesa: Henry Bourget – Germaine Dermóz. Ademas hay conciertos del Trío Barcelona que integran, Ricardo Vives en piano, Mariano Perelló, violín y J. Pedro Mares, violoncello. Nuevamente se presenta la compañía dramática española de María Guerrero y Díaz de Mendoza, con Díaz de Artigas. Hay un concierto de violín a cargo del profesor Manen, acompañado al piano por Lago /Roberto J. Pairó dicta conferencias. Por último, la gran compañía lírica de Walter Mocchi, con los directores de orquesta Marinuzzi, Falconi y Bellezza que habían actuado el año pasado con éxito en este teatro, vuelven otra vez con un elenco reforzado que integran en calidad de sopranos y medio sopranos: Gilda Dalla Rizza, Niñón Vallín, Angeles Ottein, María Carena, Zola Amaro, Anita Giacomucci, María Frere, Josefina Bertalozzi y Ana Cramegra; tenores, Aurelia Montesanto, Mariano Stabile, Atilio Muzio; bajos, Nazaruno de Angelis y Walter Natale Romito. El cuerpo de baile está formado por la compañía de los bailes rusos de la celebre Ana Pawlowa, con sus directores Clustine y Volnine. En esta temporada de espectáculos brillantes se ofrece por primera vez en Rosario, el Moisés, del inmortal Rossini  "el cisne de Pesaro".
1920  Este año comienza con las conferencias del eximio escritor español Eduardo Zamacois. Le siguen algunas compañías secundarias, y en mayo realiza una larga temporada la compañía lírica de  Adelina Agostinelli, con el maestro Bruñí y los tenores Tabanelli y Banino.
El de La Casa de Troya, constituye en junio un acontecimiento con el cual nos favorece la compañía española de la consagrada actriz Antonia Plana y el primer actor Emilio Díaz. En julio el público aplaude al celebre concertista de piano Ignaz Frirdmann, a la bailarina Maud Allai, y al no menos célebre concertista de guitarra Andrés Segovia En el mes de agosto ofrece dos conciertos el joven y ya célebre violinista Vassa Pnoda y, seguidamente, da algunas funciones la compañía dramática francesa de los eximios actores Félix Huguenet y Vera Sergine. El mes de septiembre esté dedicado a los grandes conciertos: actúan Arturo Rubinstein, Eduardo Risler, la soprano Niñón Vallin, el violonchelista Casado y el maestro Franco que lo acompaña al piano. En octubre la compañía nacional Rivera - de Rosas estrena Madre Tierra del joven y talentoso escritor Alejandro Berutti (V. Rosario era un Espectáculo, de Héctor N. Zinni, Tomo 1, Pág. 16). Clausura la temporada la compañía nacional de Blanca Podestá y Alberto Ballerini .
¿Qué pasa en el mundo entretanto? En 1916 Europa se desangra. Millones de hombres se arrastran de trinchera en trinchera, en tanto que millones de hogares se destruyen por la muerte, el hambre o la ausencia. Comienza la batalla de Verdún y los distintos frentes son visitados por un nuevo monstruo bélico: el tanque.
En Nicaragua muere Rubén Darío y se enluta las musas castellanas. En medio del caos aparecen dos libros que lo expresan: El fuego, de Barbusse, y La Metamorfosis, de Kafka. Sin la prosperidad que enmarcó en 1910 la celebración del 25 de Mayo, la Argentina se apresta y festeja un nuevo Centenario: el de la Independencia. La gran guerra influye en la economía nacional, y la crisis - extendida a todo el territorio -asume contornos graves. Y no es que todo esto haya caído de golpe en el país, sino que ha venido despertándose, progresivamente.
Alarman los costos de las viviendas en Rosario. En Buenos Aires, el diputado Cafferata  presenta un proyecto para  abaratar los alquileres. La actitud de este señor digna de elogio pues debido a a carestía nuestro país es - dice P.B.T. - de todo el mundo, donde peor se vive. Y agrega un dato: "En Buenos Aires hay 2.500 conventillos, habitados aproximadamente por unas 25.000 familias que arrojan un total de cerca de 140.000 personas , y cada una de esas familias ocupa una pieza que, por falta de aire, luz, e higiene, resulta inferior a cualquier pocilga: Con el debido respeto / te suplicamos lector / que nos hagas el favor / de guardarnos el secreto, / pues lo de vivir tan mal / chicos, hombres y mujeres / reviste los caracteres / de epidemia nacional"
En Rosario la cantidad de conventillos no van en zaga con los porteños, hay entidades respetabilísimas y hombres de pro que son dueños de muchísimos inquilinatos, como se ha demostrado en otra obra del autor de este libro • Y como la crisis no afloja, muchos autores se ocupan del tema, en serio y en broma, en prosa y también en verso. Miguel F. Oses publica un largo poema sobre esta calamidad, que transcurre en una reunión de familia donde se come a tradimento.

Fuentes: Capítulo 9 extraídos del libro Rosario era un espectáculo ¿Arriba el telón! Autor: Héctor N. Zinni de 1997

miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA HORA DE LOS BRINDIS


 
Por Rafael Oscar Ielpi
Aquella clase social adinerada, afecta al teatro y a la lírica tanto co­mo a la figuración social y a una módica ostentación de su riqueza • -en especial a través de sus mansiones y mobiliarios pero también por el refinamiento que pudiera exhibirse en materia gastronómica- era la principal consumidora de toda una serie de bebidas y alimentos que, provenientes por muchos años de Europa, eran habituales en la mesa de esas familias y en muchas de las de clase media, sobre todo de origen inmigrante, para las cuales al aceite de oliva y las conservas de pescado, por ejemplo, eran parte de su tradicional cultura gastronómica.
No debe extrañar entonces que el champagne fuera bebida habitual en el primer sector, en banquetes y festejos, y que una numerosa variedad de marcas, con abrumadora mayoría francesa, ~ apareciera en publicaciones periódicas, en diarios y revistas de Rosario. En esa lista pueden hallarse nombres de productos todavía vigentes junto a otros olvidados ya o desaparecidos. Entre los primeros, se bebían ya en el 900 el Moet & Chandon, proveniente de una "maison fondee en 1743", importado por Copello y Berlingieri; el Pipper, que hacia 1905 importaba Ignacio Granados, o el aún selecto Veuve Clicquot, que en 1910 se publicitaba con dudo­sa rima, recomendando: "¡Al gran pueblo argentino, salud!/ de­ben decir hoy los habitantes/ de esta gran nación./ Para que tenga eficacia su brindis,, no se olvide hacerlo tomando/ Champagne Veuve Clicquot..."
 Junto a los mencionados se consumían otros, provenientes de Reims, como el Champagne Irroy, "la marca del día"; el George Goulet, importado por M. Tiscornia, o el Archiduc, de Charles Heidseck; el Bollinger, "el preferido de la aristocracia inglesa"; el Ayala, "proveedores de Sus Majestades Eduardo VII y Alfonso XIII", lo que otorgaba prestigio adicional a la marca, a la que representaba en Rosario Otto Grieben, el Delbeck, "champagne de 1 "ancianne coeur de France", y el Gold Lack, elaborado en Epernay, Francia.
La preeminencia del gusto francés en buena parte de las costumbres importadas por la burguesía rosarina, desde la moda a la comida, hizo que también el cognac formara parte de las costumbres de los clubes exclusivos o del final de los banquetes. Eran por eso requeridas las marcas de ese origen, como el Robin Extra Vieux, de Jules Robin; el antiguo Martell, el Croi-zet, el Otard Dupuy, importado por Portalis y Cía. o el Domecq español, del mismo modo que la tradición británica del whisky imponía, ya entre 1900 y 1929, muchas marcas que seguirían siendo famosas casi un siglo después, como eljohnny Walker, fabricado desde 1820, o los de la destilería John Haig Co.: Markinch, Glen Leven, God Label y Dimple; el H&R, "único whisky servido en los banquetes del Centenario", se­gún una publicidad de 1911; el Dewar, "Gran Prix de París 1900 de la Exposición Internacional", el White Horse, importado en 1910 por Ongat y Araiz, o el Jubilee, de John Begg.
Mucho más difundidas, por corresponder a la me­sa diaria de los sectores populares de la ciudad, eran otro tipo de bebidas, la mayoría de ellas provenien­tes también de las casas importadoras y consignata-rias que las traían desde Europa, que se tomaban en los cafés y bares y en las casas de familia. Algunas eran caras al gusto de los italianos, como el tradicional vermut, del que ya en el si­glo XLX se conocían varias marcas reconocidas y populares como el Carpano, "el más antiguo de los vermut", repre­sentado en la ciudad por Zenobio Peralta; el Cora, el Glau-da, los famosos Cinzano y Martini o los rosarinos Giacometto, Henzi y Torino.
La Destilería Henzi fue fundada por el suizo Francisco Henzi, nacido en Berna, hacia 1888, en la esquina de Salta y Corrientes; elaborando primero cognac y ron, y luego el vermut que adquiriría prestigio nacional. Licoreros como el anterior serían los hermanos Antonio y Luis Balbiani, en cuyo establecimiento de Paraguay 866 se elaboraba su producto más popular, el Vermut Nacional. Del mismo origen italiano que los anteriores era Humberto Bonaudi, que inicia su actividad en 1895 y que como "Arrighi y Bonaudi" se contaría entre las empresas licoristas más conocidas de los primeros años del siglo, con fábrica en Italia 585, desde donde salían los cajones de Vermut Torino y Amargo Argentino.
Los alemanes aportaron asimismo lo suyo al extenso espectro de los li­cores, como Herwig y Cía., iniciada en 1885 como "Herwig Hermanos", con establecimiento en la esquina de Urquiza y Santiago. En ella trabaja­ban casi un centenar y medio de personas, que se encargaban de la elaboración del Vermut Herwig y el Anís La Trigueña, productos muy reconocidos entre 1900 y 1920.
De gran envergadura sería otro establecimiento licorero rosarino, el ini­ciado por dos miembros de la familia Weindenburg, Albert y Hermán, quienes se instalaron en la ciudad en los finales de la déca­da del 70, estableciendo la empresa Weindenburg y Herwig, que perduraría hasta 1886, cuando la llegada de Heinrich Joseph Weindenburg -padre de aquéllos- determina la consolidación de la empresa, la compra poco tiempo después de la cervecería de A. Schneider y Cía, y la formación de la sociedad anónima Destilería, Bodegas y Cervece­ría Germania, que alcanzaría prestigio y expansión en los primeros años del siglo XX.
Así, entre banquetes y agasajos, los rosarinos de 1900 a 1930 eran consumidores consecuentes de un vasto espectro de bebidas, del mismo modo que eran clientes y habitúes de otros establecimientos donde la gastronomía y el rito café se convertían en reales ceremonias cotidianas.

 Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital

martes, 4 de septiembre de 2012

LA CEREMONIA DE LOS BANQUETES


Por Rafael Oscar Ielpi

Algunos de estos hoteles eran los elegidos -junto a dos o tres de las confiterías de las más tradicionales del período 1900-1930- para # la celebración de los banquetes de todo tipo que, aunque son hoy una instancia gastronómico-social absolutamente perimida, eran en los finales del siglo pasado y primeras décadas de éste una costumbre poco menos que inevitable para agasajar a futuros casados o casadas, para despedir viajeros, recibir a huéspedes ilustres; para homenajear, desagraviar, premiar, pero sobre todo para concretar un hecho socialmente valorado, que demandaba una cuidada organización y una mejor atención.
De acuerdo a la documentación de diarios y revistas de Rosario e incluso porteñas como Caras y Caretas, Fray Mocho o PBT, los banquetes llevaban a cabo, por los años del Centenario, en dos de los hoteles principales: el Italia y el Savoy, con servicio provisto por estos y también en el Hotel Hansa, mientras que la Rotisserie Volta, de Sarmiento 950. ofrecía hacia 1916 la posibilidad de hacerse cargo de ese tipo de recepciones.
Muchos otros, en cambio, tenían d servicio de algunas confiterías que poseían salones para banquete que, en ciertos casos, como el de Cifré, fueron por muchos años verdaderas instituciones en la materia. Las confiterías fueron, en realidad, uno de los ámbitos de esparcimiento encuentro y distracción de las familias rosarinas desde que el Rosario comenzó a dejar de ser un villorrio menos importante para pensar en convertirse en una ciudad. Contemporáneas del año inicial del siglo XX fueron espacio abierto para el té ritual, para las "vistas" cinematográficas iniciales, para banquetes, ágapes y dinners de distinta relevancia y algunos de esos comercios serían recordados incluso mucho tiempo después. prácticamente hasta el comienzo de la década del 50.
Sería el caso de la confitería Los Dos Chinos, cuya fundación se :. monta a la década del 80, y a Luis Fontana, que cinco años después la vende a Gontarelli y Sanguinetti, una sociedad disuelta en 1884. cu. segundo queda como único propietario que la traspasa en 1901 a Marcos Bacigaluppo y Arturo Palenque, que pusieron especial interés en decorar equipar el local de acuerdo a los cánones vigentes, contratando a Levoni - entonces uno de los decoradores más reputados de la ciudad- para pintar un fresco en los techos del local.
Posteriores dueños insistieron en garantizar el prestigio inicial del establecimiento, que contaba con "lujosos salones magníficamente decorados y amueblados, para familias y caballeros", salones de billar, salones para banquetes en la parte alta, con capacidad para más de 100 cubiertos y un ventilado y espacioso patio en la planta baja. La terraza en cambio, subía la capacidad a 600 personas, con la posibilidad de hinchar los pulmones con "la perfumada brisa que tenue y sutil llega de las márgenes del Paraná", según un eglógico anuncio de la época.
 Similar renombre, sobre todo entre la mejor sociedad rosarina, tendría La Perla, en Maipú esquina Córdoba, en cruz con el Jockey Club, que al final de la primera década congregaba a parte de la éreme de la ciudad. La confitería, fundada por Arturo Palenque en 1906, tuvo un crecimiento económico y un éxito de popularidad inmediatos, al punto que un año después Caras y Caretas dedica una página al aviso que anuncia "grandes ensanches" en la misma, entre ellos el flamante Salón Rosa. La revista Iris asegura con florido estilo en 1911: "Las postrimerías de este invierno un tanto crudo son propicias para las reuniones sociales. Por eso vemos que el Salón Rosa de La Perla se ve al atardecer de todos los días concurrido por las niñas conocidas de nuestra haute..." Ese mismo año, según Monos y Monadas, en ese salón se reunían habitualmente familias como las de De Elía, Marquardt, Sugasti, Capmany, Copello, Grandoli, Chiesa, Echesortu, Brebbia y otras de parecido prestigio social.
Si del rubro se trata, el apellido Mitjans sería también notorio en el período. En efecto, en 1901 Jaime Mitjans publicita su confitería y pastelería La Esperanza y su surtido de bombones, confites nacionales y extranjeros así como el servicio de banquetes y ambigús, y el salón para señoras. Pero sería en los años de la década del 10 al 20 cuando la firma alcanza mayor prestigio con la Confitería y Rotisserie Colón, en Urquiza y Corrientes, enfrente del teatro homónimo, que le aportaba una parte importantísima de la clientela. En sus salones se llevaron a cabo toda clase de agasajos bajo forma de banquete, sobre todo en el Centenario y años
inmediatos: en 1911, por ejemplo, se realiza el destinado a celebrar el inminente casamiento del Dr. Francisco Netri, abogado de los chacareros del Grito de Alcorta, asesinado un par de años después, y de allí salía el servicio para otros en las residencias de las familias importantes.
Pero las exigencias de servicio, surtido y prestigio se las llevaría entre 1904 y 1930 Ramón Cifré, cuyo apellido estaría vinculado a la atención esmerada de las exigencias de banquetes, recepciones, veladas sociales de los rosarinos de cierta relevancia, sector para el que este tipo de actividades era parte substancial de su vida cotidiana y de su relación con los demás. Cifré, un inmigrante español, había iniciado su ascenso económico y comercial a comienzos de siglo con el Bar Victoria o Victoria Tea Room, en Córdoba y San Martín, con especialidad en cocktails, tés, cafés y sadwichería.
Mucho de la fama de sus establecimientos tenía que ver con la meticulosidad que Cifré exhibía para atender en forma personal a los pormenores últimos del servicio y la atención a la clientela: "El detalle es la obsesión de don Ramón: la copa y el vino, el plato y la fuente, el mantel, la servilleta, el plato tal o cual, las personas, la música, la loza, el vidrio, le menage bon marché son elementos que ni con el reflector se encuentran allí fuera de lugar: todo es rico, del más refinado buen gusto", alababa la misma revista. El crecimiento de la empresa llegaría a su punto más alto en 1927, cuando Cifré traslada su negocio al recientemente construido Palacio Fuentes, con entrada por Sarmiento 722, figurando como Rotisserie Cifré en los avisos de ese año. Quedan habilitados entonces amplios salones para fiestas, para familias y un local especial para banquetes y grandes recepciones sociales como casamientos, cumpleaños o la entonces obligada "presentación en sociedad" de las señoritas y púberes rosarinas de esos años. Los bailes del Cifré, como se los conociera, tuvieron asimismo una larga popularidad entre jóvenes y familias de la sociedad.
Algunos amarillentos impresos de distintos años del pe ríodo señalan los gustos gastronómicos que presidían los menúes de esas comilonas. Cuatro de ellos, servidos precisamente por don Ramón, son buenos ejemplos. El primero, del 20 de mayo de 1903, conmemorando el primer aniversario del Centro Juventud de Comercio, ofrecía a los invitados, en riguroso francés y entre tragos de Sauternes, Margaux, Macón y Champagne, "filets de pejerrey á la Marguery, Supreme de Perdreaux Brillant-Savarin, Choux Fleurs Sauce Mousse Une y Gateau Marie Antoinette".
El del 28 de septiembre de 1909, brindado por sus amigos al Dr. Antonio F. Cafferata, "con motivo de su elección de Presidente del Jockey Club de Rosario, brindado equisiteces diversas: “ Failletes au Parmesan Darne de Saumon Sauce Greviche; Etuve d'aloyau NesseUode; Chaud Froid de Perdreaux Moderne; Asperges des Sultanes Sauce Poloine". La orquesta de rigor, dirigida por Pascual Ro­mano, ofreció, entre otras, versiones de "El murciélago", de Strauss: "La Princesa de los dólares", de Fall, y "La viuda alegre", de Franz Leñar.
Importante sería, por último, el banquete del 4 de octubre de 1925. ofrecido por la Junta de Segundo Centenario de la Ciudad de Rosario al presidente Marcelo T. de Alvear y al gobernador Ricardo Aldao. En el mismo, si bien se reiteraban platos de menúes habituales, había novedades sin duda delicadas: "Foie d'oie a la Gefée; Oeufs Mignons, Supremes de Martinettes Mascotte, Glacé des Mandarín", respetando la grafía de aquellos añejos impresos. Todo regado, como correspondía a semejantes comensales, con el infaltable y aún ponderado Pommery francés, cuyo importador en esos años era Frasco y Cía., con negocio en Córdoba 950.

Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital

lunes, 3 de septiembre de 2012

LOS HOTELES DEL ROSARIO


Por Rafael Oscar Ielpi

El Hotel de France et d'Angleterre -convertido hoy en el Liceo Avellaneda y despojado de su tercer piso original, en Córdoba 625-•  era uno de los que podía vanagloriarse de una clientela de cierta distinción (comerciantes, viajeros de algún lustre), en los años finales del siglo XLX y comienzos del XX. Su propietario en 1902, Herbert J. Shaw, promocionaba ese año su restaurante a la carta, y una vieja tarjeta invitación, que no precisa fecha pero que debe datar seguramente de esos años iniciales del siglo, da cuenta del programa de una velada musical en el hotel a cargo de una orquesta dirigida por José Cayano, lo que constituía, al parecer, una costumbre aceptada.
Aquel lejano concierto incluía música muy del gusto finisecular, mezclando valses, mazurcas y fragmentos de óperas, desde "Toujours ou jamáis", de Waldteufel, y "Poeta y aldeano", de Von Suppé, a las grandes fantasías de "Aída", de Verdi, o "Elisir d'amore", de Donizetti. La arquitectura del edificio, por su parte, que no escapaba a los cánones de la arquitectura mayoritaria de la ciudad, dominada por los arquitectos e ingenieros italianos, era sin embargo -para los rosarinos- símbolo de su crecimiento y poderío económico, aunque viajeros como el francés Huret pensaban distinto, seguramente fascinados por otras construcciones argentinas como el imponente y afrancesado Bristol Hotel marplatense.
El viajero aludido anotaría: "Una vez en el Rosario nos alojamos en el Hotel de Francia e Inglaterra que, según parece, es el mejor de la ciudad. Ya he tenido ocasión de explicar la disposición en que están construidos estos hoteles, donde se pagan por cierto precios exorbitantes. Se componen de un largo patio enlosado de mármol blanco y negro, donde se ven dos hileras de arbustos, a cuya sombra se mecen algunas personas sentadas en rocking chairs de mimbre. Las habitaciones dan a ese patio, en el que se oye la gritería de los muchachos..."
El hotel había sido levantado por orden de Camilo Aldao y tuvo sucesivos dueños antes de llegar a manos de Shaw: Juan Romano, que lo era en 1896, Alberto Go-liste y un francés de apellido Bourgeois. Contaba con 80 habitaciones y estaba dotado de las mayores comodidades que podía ofrecer la época, en especial a los viajeros ingleses, que lo tenían como su preferido. Una publicación de 1910 indica que "los visitantes ingleses pueden estar seguros de encontrar buena acogida; hallarán criados muy corteses y sus necesidades y confort serán atendidos con todo el esmero posible..." No escapaba tampoco a la atención de los curiosos un portero con librea que acompañaba a los huéspedes y visitantes.
En 1912/3 se lo conoce como Hotel y Restaurante Europa, con dos entradas: la tradicional por Córdoba 625 y otra por 25 de Diciembre 864. Cercana al mismo, la conocida como casa de Comas, sobre la actual calle Santa Fe, se destacaba desde la década del 70 como una de las viviendas relevantes de una ciudad poco acostumbrada hasta entonces a contemplar edificios en altura.

Anteriores al siglo XX, pero que funcionarían aún en los primeros años de éste, eran dos de los hoteles importantes de Rosario: el Hotel Universal, de Lorenzo Careac, en Córdoba al 1000, y el Hotel Argentino, en la esquina de Libertad (Sarmiento) y Urquiza, en el que se alojaban los viajeros que arribaban cuando la nueva centuria estaba todavía llegando. Sin embargo, el que establecería sensibles diferencias, desde lo arquitectónico a la infraestructura de servicios que pondría a disposición de sus clientes, sería el Hotel Italia, de Albino Pagliano, en Maipú 1051.
El edificio original, terminado en 1886, tenía una superficie de 5000 m2 y su ampliación ulterior estuvo a cargo del ingeniero Antonio Meliga, que viajó a Europa para estudiar los grandes hoteles. En 1900 se lo publicitaba mencionando que "recibe mensualmente 500 barriles de Barbera, Freixa, Brachetto, Nebiolo, Barolo, Moscato, para venta al por mayor". Contaba con 100 habitaciones en seis patios, señalándose que "está montado a la altura de los de primer orden en Buenos Aires y otras ciudades". El hotel iba a albergar, a partir de su inauguración, a la generalidad de los grandes personajes de paso por la ciudad, y en especial a los artistas más renombrados, sin excluir por cierto a políticos, emba­jadores o conferencistas de nota que arribaban a Rosario.
El apellido Pagliano se reiteraría en el rubro hotelero y gastronómico de esos años. En 1905, con el Hotel y Restaurante Pagliano, de Alejandro, en San Luis 1038, frente al Mercado Central. Antonio, por su parte, aparece entre 1909 y 1911 como dueño del Nuevo Hotel Italia, en la cuadra siguiente al anterior, San Luis 1136. Albino, a su vez, tenía a su cargo por los mismos años el Hotel Central, en Urquiza 1264, -vecino al Mercado Norte, que abastecía en la zona a este tipo de establecimientos- que en 1919 era ya de propiedad de B.Terzano y Compañía, otro de los apellidos de larga tradición en el rubro en la ciudad. Mikielievich precisa que el edificio de este hotel fue construido en el siglo XIX por el arquitecto José Soler -que sería el primer propietario del mismo- con líneas de reminiscencias
moriscas, de bello exterior, cuya remodelación, en 1978 -que lo convertiría en el actual Hotel Imperio- dio lugar a una construcción indefinida sin ningún parentesco con la antecesora.
Muchos de aquellos hoteles de comienzos de siglo respondían a las exi­gencias de un público de viajeros menos exigentes que los que se alojaban en los anteriores. Se trataba de establecimientos muy similares uno al otro en cuanto a la oferta de comodidades, servicio, comida, etc. Era el caso, por ejemplo, del Grand Hotel de la Paix, en la esquina de Libertad y Urquiza, y del Hotel de Mayo, en San Lorenzo y Sarmiento, que tuvieron su prestigio entre 1910 y 1914, este último con restaurante anexo. Luis Carpentiero, en sus memorias, lo menciona como alojamiento también de muchos de los artistas famosos, que también comían en el hotel, y cita a una doña Rosa como la dueña o esposa del dueño. En 1913, Monos y Monadas lo menciona como de Pedro Ferranti "a media cuadra de la Bolsa de Comercio, a pocas cuadras de los bancos y de las estaciones ferroviarias, cerca también del puerto y de las calles de gran movimiento comercial. En plena city, como diría cualquier rematador..."
El Centenario iba a obligar a un urgente aggiornamiento en materia de hotelería en la ciudad, como para atender la demanda de los muchos extranjeros que llegarían y de los viajeros del interior. En esa fiebre se inscribe la inauguración el 3 de abril de 1910 de otro de los grandes hoteles rosarinos: el Savoy Hotel, que además de un hecho social previsible representaría una muestra más del empuje comercial de una ciudad que se destacaría justamente por eso. La velada inaugural tendría otro aspecto, el caritativo, ya que se trató de una fiesta organizada por la Sociedad Damas de Caridad como dinner-concert. El costo del cubierto, la noche del 3 de abril, fue de 6 pesos, sin incluir los vinos ni pedidos especiales.
Los comensales fueron dispuestos en mesas de a cuatro, aunque se aceptaba un número mayor si el pedido se realizaba con dos días de anticipación. El menú señalaba los gustos de la clase poderosa del Rosario y la decisiva influencia francesa en este tipo de eventos gastronómicos: Assiete Savoy Hotel, Créme Royal, Turbans de Solé al’americaine, Supremes de pousins parisienne, Gateau Castilla, etc. La Capital indica una concurrencia de 400 comensales, "de la mejor estirpe". En 1911 se lo menciona como Palacio Chiesa y su propiedad se le asigna a Pedro Widmer. El 10 de diciembre de ese año se anuncia la inauguración de su terrase-bar, "con espléndido cinematógrafo, iluminación a giorno y dos rápidos ascensores", mencionándose asimismo como atracción adicional "una orquesta de damas vienesas".
Símbolo del crecimiento de la ciudad y de la necesidad de ir proponiendo nuevas opciones de alojamiento a los visitantes sería por su parte el Palace Hotel, que en el momento de su construcción, en la esquina N.E. de Córdoba y Corrientes -completando con su estructura un cuarteto de edificios de gran porte en ese cruce de calles- se consideraría "el más moderno de la ciudad", como lo calificaba en 1922 la publicidad del mismo.
Otros alojamientos, en cambio, exhibían menores pretensiones pero una clientela igualmente garantizada, como los miles de chacareros, provincianos, viajantes, etc., que llegaban del interior del país y descendían en la estación Rosario Central del Ferrocarril Central Argentino, o en Súnchales, como en el caso del Hotel Alto Piemonte, en la esquina de Jujuy y Wheelwright, cuya construcción -en esa especie de cuña que era la manzana que lo contenía- fue durante algunas décadas posteriores una escenografía entrañable del antiguo Barrio de los Ingleses.
Distinto tipo de clientela, esta vez integrada por marineros y gente relacionada con la vida del puerto cercano y con algunas otras actividades comerciales, era la de dos hoteles vecinos: el Hotel Hansa, emplazado hacia 1910 en Sargento Cabral 156, y el Hotel Britannia, en San Martín 360. instalado en 1892 por el escocés Duncan Cameron, mientras que la proximidad de la Bolsa de Comercio, institución que garantizaba en forma permanente una corriente de viajeros vinculados con los negocios comerciales tanto como bursátiles, posibilitaba también el surgimiento de otros 6 hoteles de distintos niveles: el Hotel y Restaurante España, de Pedro Isern, en Sarmiento 856 ; el Hotel Esperanza, en San Lorenzo 972, fundado en 1886, "casa cómoda para viajantes, y habitaciones con balcón a la calle" ; el Hotel del Globo, que en 1900 funcionaba en el número 961 de la misma calle, o el Hotel Antiguo Comercio, en San Lorenzo 969, que en 1919 aparecía como Hotel y Bar
En 1918, en la esquina de Sarmiento y Urquiza -esquina hotelera si las hubo- Angel Gambero regenteaba el Hotel Plata, mientras que el mismo año publicitaba sus comodidades el Hotel Roma, en Corrientes 719, esquina Sante Fe, edificio que fuera, en años sucesivos, sede del Jockey Club y de una de las tiendas rosarinas de la época, incendiada en los años iniciales de la década del 10. En 1922, la revista Moderna publicita sus baños calientes y fríos, mientras que hoy, reciclado con bastante respeto, yergue aún su hermosa estructura, con el viejo cartel de "Hotel Roma" en la cúpula, en el que luce la recortada imagen de la loba amamantando a los mito lógicos fundadores de la Ciudad Eterna.
La vecindad del Mercado Central era asimismo fuerte aliciente para instalar en la zona este tipo de comercios dedicados al alojamiento de personas, en muchos casos con restaurante incluido. Uno de ellos era el Hotel Primavera, en Mitre 1034; otro, el Hotel Sarmiento, que hacia 1921 se inauguraba en San Juan 1235.

Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital