viernes, 28 de septiembre de 2018

BAR EL CAIRO Un Bar Tradicional



"El Cairo" fue inaugurado en 1943 en la planta baja de una antigua casona.




Leyenda urbana por donde se lo mire, comenzó como todo típico café, con mesas de billar, un bowling subterráneo y la presencia de verdaderos maestros del casín. A los hombres de la ciudad se reunían para parlotear de fútbol, política, mujeres y, quizás, para sellar algún negocio. En la década del 70, tras ser remodelado, se convierte en el lugar donde jóvenes intelectuales de entonces hacían de él su invariable punto de encuentro, cual si se tratara de un club social de barrio.

En aquella época, y hasta su cierre temporario, fue el Bar referente e indiscutido del querido escritor rosarino Roberto Fontanarrosa. Muchos de los motivos que han iluminado sus cuentos y de los personajes novelescos que muestra su vasta obra literaria, están inspirados en las tertulias recreadas en torno de la mítica e "inmortalizada"


MESA DE LOS GALANES"


Circunstancias coyunturales hicieron que en el año 2002 el Bar debiera cerrar sus puertas al público. Sin embargo, en 2004, dos médicos rosarinos, jóvenes habitués del ícono imaginario colectivo, ajenos por profesión al ramo gastronómico, pero movilizados por sus propios recuerdos y experiencias allí vividas, deciden encarar el desafío de reabrirlo bajo la idea de una impronta remozada. Con la misma identidad de concepto y propósitos, se sumarían más tarde al grupo otros dos jóvenes rosarinos, conformando, por sobre la reunión asociativa comercial, un auténtico equipo de trabajo.

Un voraz incendio hizo peligrar el tan anhelado proyecto. Sin embargo, merced a una apasionada tarea de reconstrucción, el Bar fue reinaugurado.

Así, el 26 de noviembre de 2004, día del cumpleaños del querido "Negro" Fontanarrosa, las puertas de "El Cairo" se abrieron nuevamente al público. Ese mismo día y mes de cada año, se revive la cena conmemorativa de la "mesa de los galanes".

"El Cairo", espacio histórico y cardinal de esta ciudad, renovado en su concepción arquitectónica, pero con la vigencia y el espíritu que lo mantuvo y preserva como "el" Bar emblemático de Rosario, se constituye en el paso obligado de quienes visitan esta urbe.

A todos, rosarinos y forasteros, les garantiza un servicio gastronómico calificado y eficiente, a la vez que una variada agenda de espectáculos en el ámbito de a música, del arte en general, y otros eventos de interés social.




CONTACTO:

www.barelcairo.com
Sarmiento y Santa Fe Reservas

Tel:(0341) 449 0714

Fuente: Extraído de Revista del diario “La Capital Bicentenario2010”

jueves, 27 de septiembre de 2018

Cine Lucero y Cine Diana, las luces del Saladillo


Por Oscar Benito Ríos




Yendo hacia el sureste, por la que por ese entonces se llamaba avenida Lucero, en la margen derecha, se levantaban los famosos Baños del Saladillo, atravesados por el arroyo del mismo nombre, a través de compuertas, sobre enormes piletas de natación. El Saladillo, poco después, realizaba una larga curva que desembocaba en el río Paraná. Uno de sus brazos llegaba por otra vía y desembocaba en el Paraná, frente al frigorífico Swift.

En la margen este, se levantaba un edificio de ladrillos vistos, para mí, imponente: era el cine Lucero.

Debía yo contar con nueve o diez años, cuando comencé a repartir volantes, casa por casa, lo que como retribución, í me valía la entrada gratis al cine.

El cine estaba enclavado en un predio con una especie de bosque y matorrales que lo rodeaban y constituían nuestro principal lugar de juegos infantiles. En la parte posterior había una especie de basural de deshechos, trozos de películas, porque en aquellos tiempos, los films se 'cortaban" frecuentemente, dando lugar a silbidos y griterías para que repusieran de inmediato la película de turno.

Yo, revolvía entre los deshechos y encontraba cintas, a veces de dos o tres metros. Las enrollaba y conservaba, casi todas por muchísimos años, hasta que, adulto ya, se perdieron en una mudanza.

El cine Lucero era también un casino y, cuentan que, en sus sótanos, existía una casa de citas, hecho que por mi edad, nunca pude confirmar.

Un mal día, la picota. El cine fue demolido para levantar en ese predio lo que iba a ser el Policlínico del Sindicato de la carne. Su estructura se fue levantando, pero, finalmente, sólo quedó el "esqueleto" porque nunca llegó a concretarse la obra.

En el lado opuesto, frente a la enorme rotonda donde finalizaba su recorrido y doblaba de ida hacia el centro, el tranvía "11", lado suroeste, nacía un cine emblemático; el cine Diana.

Cruzando la calle y la rotonda se ubicaba el "Bar griego, muy famoso al igual que varios bodegones a lo largo de la avenida Lucero y cerca del frigorífico Swifft, con excelentes comidas para los parroquianos, marineros y gente del lugar.

Una farmacia emblemática: "la del rengo Fernández", se ubicaba al inicio de la calle Diana que hoy, se llama Lituania.

Se confunden un poco los recuerdos y las fechas, pero, de los años que intento recordar, el cine Diana era entonces regenteado por el señor Loria, un caballero recto, muy apreciado y el señor Italo Bigagli, maestro de la escuela 526 Provincia de Córdoba "mi" escuela, sita en calle Anchorena y la calle que nacía en avenida Lucero y Tupungato y moría en las puertas de la C.A.P. a cuyo lado, se encontraba la entonces comisaría 11.

Allí, junto a un querido amigo de la infancia, que me invitó a reemplazarlo, porque él deseaba embarcarse, que era su sueño, me convertí en bombonero y acomodador a tiempo completo: matineé, familiar y noche.

Trabajaba para Heladerías Noel, que nos suministraban un lindo uniforme y un apreciable descuento en todo lo que ofrecíamos: helados, bombones, caramelos, chocolates, pastillas, etcétera. Allí pasé varios años felices. Almorzaba muy temprano y regresaba a medianoche. Mi madre solía esperarme, con ojos de cansancio y sueño, con guisos de lentejas o mondongo, y cenábamos alrededor de la una de la mañana. Postre: queso y dulce de batata.

Recuerdo que limpiábamos el cine, entre función y función, con grandes escobillones, previo tirar por el piso aserrín mojado que dejaba los pisos limpios y brillantes. Entre intervalo y película - en ese entonces, tres películas por función- pasaban música de la mejor: tangos con la orquesta de Alfredo D' Angelis, fox trot, boleros y cuanta música de auge estaba en las disquerías de aquel entonces.

Yo venía de las experiencias del cine Lucero, completando en el cine Diana los mejores recuerdos de famosos episodios y películas: Mencionaré algunas de ellas sólo a título recordatorio: El famoso detective Dick Tracy protagonizando "Guardacostas, alerta" o" Dick Tracy contra el hombre invisible", "Bu! Elliot, el conquistador'de las praderas", Bud Jones, Tim Mackoy."La ciudad infernal", "El tesoro de la isla misteriosa", Charles Starret, "Las aventuras de Búfalo Bill", "El arquero Verde", "La afafía negra", "La sombra", "La sombra del escorpión", "El .rayo de la muerte", "La mano que aprieta", "Las aventuras de Flax Gordon", "La invasión de Mongo", "Los tambores de Fu Man Chú, "El llanero solitario", episodios con los cuales años más tarde, se realizó un famoso concurso que consistía = en descubrir quién de los cinco llaneros que aparecían en la serie era el verdadero y tantos otros que escapan momentáneamente a la memoria.

Asimismo, las películas de terror, como "Drácula" protagonizada por Bela Lugosi, que se adueñó tanto del personaje que dormía en un féretro especialmente acondicionado; Boris Karloft, protagonizando a Franskestein; Lon Chaney (h), como el lobo humano. Entre las de terror que se destacaron estaba "El profanador de tumbas", por Boris Karloft y "La pavorosa casa de Usher", por otro maestro del terror: Vincent Price.

Mi asistencia al cine, era perfecta, y todas las grandes películas, argentinas y extranjeras, desfilaron ante mis ojos. El cine Diana, un día nefasto para el barrio, cerró sus puertas. Felizmente, muchos años después, vecinos de la zona, gestionaron y lograron su reapertura. En horabuena.




Una historia que está en internet

Las tareas de recuperación del cine Diana, luego de estar 34 años inactivo, en la esquina de Lituania y avenida del Rosario, fueron encarados por la Asociación Cultural Amigos del Barrio Saladillo y no fueron fáciles, ya que la sala, que en todos estos años fue en general sede de comercios de distintos rubros, estaba muy deteriorada, se destaco en Rosario3. El cine Diana fue reabierto a través del programa Espacios Solidarios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), "haciendo realidad la recuperación de un patrimonio perdido durante décadas en un barrio emblemático de la ciudad", informó ese organismo.

El trabajo de los vecinos del barrio y la recuperación del cine Diana puede consultarse en las siguientes facebook: www.facebook.com/video/video.php?v=224955300847870 o http://www.facebook.com/pages/BARRIO SALADILLO/182855874532




La histórica sala fue inaugurada en 1943 en Avenida del Rosario 501 bis, y cerrada en 1972. La Municipalidad local, por su parte, aporta desde el año pasado el dinero para el alquiler del edificio. La sala cuenta con la pantalla que pertenecía al cine Broadway y se utiliza para proyecciones infantiles los sábados. El equipo que entregará el Incaa es desmontable y cuenta con un sistema de sonido, proyector, reproductor DVD, reproductor VHS, micrófonos y un "banner" con la identificación de Espacio Solidario. (Fuente Rosario3. com). Mención aparte merece la decidida actuación de Alfredo Monzón, (ver nota adjunta) técnico electromecánico, docente en el taller de la escuela para adultos que funciona en la Casa de la Cultura Arijón, en el corazón del Saladillo. Desde hace décadas trabaja arduamente en pro de la recuperación del Cine y de la historia de barrio. 
El portal de Monzón es http://barriosaladillo.com/portal/index.php/aportes/ alfredo-monzon.html,
 Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 102 de Noviembre 2011

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Una persecución cinematográfica

Por Juan Pablo Robledo



El suceso policial ocurrió el 29 de octubre de 1934 y tuvo como escenario la sala del cine América, ubicada en San Martín 3325 y propiedad de entonces de José Ghio.

Según los diarios de la época, unas 600 personas asistieron esa noche al cine "a causa de que el precio de la entrada era módico y se desarrollaría un atrayente programa popular", dijo el diario La Capital de la época.

El comisario Domingo D' Annuzio, jefe de la comisaría 13' que tenía jurisdicción en esa zona, recibió esa noche una información que un delincuente llamado Alfredo Palacio, apodado El Negro Mota, se encontraba en una mesa del bar El Águila, de San Martín entre Amenábar y Rueda. El sospechoso tenía pedido de captura por herir a un policía en un tiroteo en una persecución en la que se dio a la fuga.

El comisario se presentó en el bar junto a una comisión de uniformados, pero no estaba el hombre buscado. Solamente encontró a dos de sus cómplices identificados como Luis Monafú y Andrés Méndez que dijeron que El Negro Mota había ido al cine América, junto a dos cómplices más.

Ante esa situación, el comisario de la 13' pidió refuerzos para cumplir su objetivo de capturar al hampón. A los pocos minutos la zona sur se pobló de uniformados bajo las órdenes de las máximas autoridades de la fuerza de entonces: Felix De la Fuente, Hugo Barraco Mármol y José Martínez Bayo. Los mismos se presentaron en el cine quince minutos antes de la medianoche y el propietario del cine pidió que esperaran hasta el final de la función para capturar el sospechoso, pero desoyeron esa recomendación. En medio de la sala llena de personas, las luces se encendieron y los uniformados entraron a punta de pistola e identificándose a los gritos. Según la reconstrucción judicial, hubo dos versiones de los hechos: la versión oficial afirmó que: "la policía dio la voz de alto y el Negro Mota respondió a los tiros y hubo un enfrentamiento entre dos bandos". En cambio, según varios testigos solamente la policía abrió fuego para terminar con el sospechoso.




La reconstrucción judicial y la caída de Palacio



La pesquisa determinó que en la sala habían impactos de treinta tiros. Una espectadora de 50 años e inmigrante italiana recibió un balazo en la cabeza y murió en el acto.

Según una crónica de la sección policiales de La Capital, decía: "El Negro Mota echó a correr hacia la puerta de la sala donde está la tela para las proyecciones, pasó por debajo del escenario y continuando la fuga por un pequeño espacio que hay entre la pared del costado derecho, y el sector de las butacas de ese mismo lado, ganó la única puerta de acceso al local"

Los efectivos de la fuerza pública, sólo pudieron detener a unos de sus cómplices, Antonio Moreno que fue detenido luego de recibir un balazo. La policía insistió en que hubo un tiroteo y adjudicó al Negro Mota la muerte de la inmigrante europea, Libertina Spacavento. La vida del reconocido personaje dentro del mundo del hampa local, Alfredo Palacio, el Negro Mota, terminó a fines de 1935 cuando cayó muerto luego de tirotearse con algunos agentes de la policía en el Parque Independencia, tras cometer un robo menor.

El reconocido escenario de este hecho, el cine América fue inaugurado en la década del veinte y en sus inicios además de películas ofrecía diversos espectáculos de varieté. En 1936 fue reformado y en mayo de 1945 se lo reinauguró como el Gran Teatro América. Cerró sus puertas el 30 de septiembre de 1982 y en su mejor momento llego a contar con 1399 localidades que estaban disponibles para los vecinos del sur de la ciudad.




Bibliografía Utilizada


Aguirre, Osvaldo, La Chicago argentina. Crimen, mafia y prostitución en Rosario. Editorial Fundación Ross, año 2000. Archivo diario La Capital.

Zinni, Héctor Nicoiás;- Ielpi Rafael Oscar, "Prostitución .y rufianismo". Editorial Horno Sapiens Ediciones, año 2004.

Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 102 de Noviembre 2011


martes, 25 de septiembre de 2018

Una sala emblemática


Por Alfredo Monzón*




El cine Diana, emblemática sala de barrio Saladillo, se construyó en el año 1944, año en que fueron aprobados los planos delineados por el ingeniero Farbmann. La construcción estuvo a cargo de Martín Balma, quien junto con el arquitecto Gatta, construyeron la mayoría de las casas del Saladillo, en aquellos años. Todavía hoy se puede observar en el frente de algunas propiedades, la marca de construcción que dice: Gatta y Balma. 

Pero, volviendo al cine Diana, debemos decir también que su propietario fue Samuel Linder, un inmigrante Judío que se estableció en el Saladillo a fines de los años 30 y, junto con otro connacional, Aarón Braun, amasaron una inmensa fortuna con su fábrica de soda y reparto de bebidas en general ubicada en la esquina de Pasaje Saldías y Lituania, lo que les permitió adquirir muchísimas propiedades y terrenos en este sector, fundando una inmobiliaria que se llamó Roque Sáenz Peña. También fueron quienes construyeron una sinagoga en avenida Lituania al lado del cine, que sirvió para contener y dar asistencia espiritual a los inmigrantes judíos del Saladillo. 

Cuentan los viejos vecinos que, en los terrenos donde se construyó el cine, había una canchita de fútbol y también una calesita que funcionaba a tracción a sangre, o sea, que se la hacía girar empleando la fuerza de un caballo, donde jugaban los chicos del barrio en aquellos años. 

Anterior al cine Diana existió el cine Lucero, que funcionó en uno de los salones del antiguo edificio conocido como "El Colón" ubicado donde hoy existe una estructura de hormigón, frente al Sindicato de la Carne. 

Los primeros arrendatarios del cine Diana fueron los señores; Carrero y Osacco, quienes provenían de familias de la "Alta Sociedad", ya que eran propietarios de ingenios azucareros en Tucumán, y tenían, además, la concesión y explotación del balneario del Saladillo.


CUENTAN LOS VIEJOS VECINOS QUE,
EN LOS TERRENOS DONDE SE CONSTRUYÓ EL CINE,
HABÍA UNA CANCH1TA DE FÚTBOL Y TAMBIÉN UNA
CALES1TA QUE FUNCIONABA A TRACCIÓN A SANGRE,




El cine Diana tomó este nombre de la avenida Diana (actual avenida Lituania) en cuya intersección con avenida del Rosario, está ubicado y, cuando se inauguró, proyectándose "La guerra gaucha" con Enrique Muiño y Francisco Petrone, el primer operador fue un señor de apellido Singer, luego siguieron otros como: Luis García, Poyatos, entre otros, siendo Virgilio Pastore quien estuvo proyectando películas hasta que el cine cerró allá por el año 1972. 

El Diana tenía una capacidad de 475 butacas, repartidas en planta baja con butacas a nivel y en planta alta pullman. Había ventiladores de pared para la época estival y estufas en el invierno, luces testigo en las paredes que indicaban las salidas de emergencia. Los baños estaban a los costados de la pantalla (el de la derecha; el de Damas, y el de la izquierda; el de Caballeros). Un amplio hall de entrada con paredes cúbiertas de mármol, igual que la escalera que conduce a la planta alta. 

El frente totalmente vidriado, donde se exponían los afiches promocionando las películas que durante la semana se proyectarían. También las paredes del hall exhibían fotografías de los artistas más famosos de aquella época como: Tony Curtis, Burt Lancaster, Gina Lollobrigida, Sofía Loren, Marcelo Mastroianni, Brigitte Bardot, Marlon Brandon y John Wayne. 

De cientos de películas que se exhibieron en el cine Diana, podemos recordar algunas; Películas de acción y aventuras: "Tarzán", con Johnny Wesmuller; "Espartaco", con Kid Douglas; "Ben-U? y "Los 10 mandamientos", con Chaiston Heston; "Trapecio" con Gina Lollobrigida, Tony Curtis, Burt Lancaster ; "Taras Bulba", con Yul Briner y Tony Curtis; "El álamo", con John Wayne. 

Películas cómicas: Todas las de "Cantinflas"- "Jerry Lewis"- "Bob Hope" - "Los tres chiflados", Películas románticas; "Sissi" y "Sissi Emperatriz" con Romy Schneider,. Dibujos animados; "La noche de las narices frías" y "La dama y el vagabundo' de Walt Disney. Películas de terror: "La sangre de Drácula" con Bera Lugosi - "El castillo de Frankestein" con Boris Karloff. 

Había pantalla gigante, lo que, en aquella época, se llamaba "Cinemascope", pero, en sus comienzos, la pantalla era mas chica y las películas en blanco y negro. 

El cine trabajaba durante toda la semana, menos los lunes, repartido en tres funciones: En la semana; de 21 a 24 horas. Sábados y Domingos; Matinée de 13.30 a 18 hs. Familiar; de 18 a 20.30 hs.y Noche; de 21 a 24 horas.


RECORDAR AL CINE
DIANA, ES RESCATAR
UN ESPACIO DE NUESTRA
HISTORIA BARRIAL,
CON TODA SU CARGA DE
EMOCIONES Y RECUERDOS
QUE VIENEN A NUESTRA
MEMORIA.




En aquel entonces se proyectaban tres películas por función, matizado con un noticiero de actualidad que se llamaba "Sucesos Argentinos". 

Recordar al cine Diana, es rescatar un espacio de nuestra historia barrial, con toda su carga de emociones y recuerdos que vienen a nuestra memoria. Y es allí donde precisamente vuelven al presente aquellos que transitaron ese lugar y cuyos nombres es importante rescatar: Don José Giglione su último administrador, don Rodriguez el acomodador, que con su linterna guiaba nuestros pasos en la penumbra de la sala cuando llegábamos y ya había comenzado la función. Apenas terminaba la primera película y se encendían las luces, irrumpía don Lucero, bien peinado a la gomina, su chaquetilla blanca y su caja (a manera de bandeja sobre el brazo) repleta de golosinas que hacían las delicias de grandes y chicos. Con su clásico anuncio en voz alta "¡Caramelos, bombones, pastillas... maní con chocolate, praliné! Aparecían como por arte de magia las cajas rectangulares de "Caramelos Mu-mu", pastillas "Renomé", los maníes con chocolate o los deliciosos bombones helados de crema. 

En uno de los costados del hall de entrada, había una ventanilla por donde don Lucero vendía unos enormes sándwiches de mortadela que los chicos devorábamos con avidez mientras hacíamos cola frente a la boletería. Después de 34 años en que el cine Diana fue: Almacén mayorista, carnicería, boliche bailable, cochera, roticería y hasta templo evangélico, desde que cerró, allá por la década del 70, en el año 2003 reabrió sus puertas, gracias al esfuerzo mancomunado de un grupo de vecinos del Saladillo y hoy es nuevamente el "Gran cine Diana" como decía un gran cartel luminoso que había en el frente del edificio, además de un Centro Cultural. 

Su "madrina" es la actriz saladillense María Fiorentino, y ostenta el título de "1° Espacio INCAA solidario del interior del país" 

*Historiador barrial 


Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 102 de Noviembre 2011


miércoles, 19 de septiembre de 2018

El primer clásico del profesionalismo y el penal más largo de la historia


Por Leonardo Volpe (1), Cristian Volpe (2) y Soccorso Volpe (3)*



Tras la creación de la Asociación Rosarina de Fútbol, el domingo 2 de agosto de 1931 los dos clubes más representativos de la ciudad se vieron las caras por primera vez en el nuevo marco del fútbol, que se había vuelto rentado. El encuentro se llevó a cabo en el estadio de Rosario Central, que contó con una numerosa concurrencia de público. Cerca de treinta mil almas, que no querían perderse el gran choque se dieron cita en la cancha desde muy temprano. Cabe recordar que casi un mes antes se habían enfrentado por última vez en la Liga Rosarina. En aquella ocasión La Lepra se impuso por 2 a 1, por lo que existía un ánimo de revancha entre los hinchas canallas. 

Esa tarde invernal Rosario Central alistó a Octavio Díaz; Francisco De Cicco y Juan González; Arturo Podestá, Teófilo Juárez y Ernesto Cordone; Pascual Salvia, Nazareno Luna, Ramón Luna, Gerardo Rivas y Juan Francia. Mientras que Newell's Old Boys formó con Gerónimo Díaz; Ildefonso Bureu y Fermín Lecea; Alfredo Chabrolín, Alfredo Díaz y Antonio Denessine; Agustín Peruch, Napoleón Seghini, Ignacio González, Máximo Fernández y Pedro Galimberti. El cotejo arrancó favorable a los rojinegros que a los 20' lograron desnivelar el juego a su favor mediante un remate cruzado de Agustín Peruch, que doblegó a Octavio Díaz y se transformó en la primera conquista de la tarde. Luego de esa acción la tribuna popular donde estaba ubicada la parcialidad visitante estalló en algarabía. No se alteró el marcador en los restantes minutos del primer período, por lo tanto Newell's se fue al descanso con la mínima ventaja en su haber. 

En el complemento prosiguió la supremacía de Nuls, que anotó un nuevo gol por intermedio de Ignacio González. Desde ese momento el ambiente se tomó bastante tenso. Hubo algunas fricciones entre los jugadores que indicaban que la normalidad del cotejo podía alterarse, cosa que finalmente ocurrió dos minutos después del segundo tanto rojinegro. En ese instante se produjo una jugada polémica que derivó en la suspensión del encuentro. La acción que desató los incidentes comenzó cuando Ramón Luna entró al área rival y al momento de sacar un disparo fue interceptado por Ildefonso Bureu, quien lo trabó. El delantero auriazul de todas formas pudo efectuar el remate que fue a parar a las manos de Gerónimo Díaz que tras dar un salto tomó el esférico. Enseguida el árbitro Angel Gámez sancionó la pena máxima, porque entendió que el defensor rojinegro había. cometido una infracción. El penal no pudo ser ejecutado, debido a la incesante protesta de Alfredo Chabrolín, capitán de Newell's, que se opuso tenazmente a la sanción del juez. En tanto los jugadores locales insistían en que se pateara rápidamente. En definitiva, se armó una tremenda gresca entre los protagonistas del partido que obligó a Gámez a suspender el encuentro. Triste final para un duelo que prometía buen juego. 

Posteriormente en una reunión del Consejo Directivo de la A. R. F. se resolvió reanudar el clásico, que comenzaría con la ejecución de la falta que-originó los inconvenientes. Por tal razón el 20 del mismo mes se prosiguió el cotejo. Hubo algunas modificaciones en las alineaciones de los conjuntos, en el cuadro anfitrión Constantino Borio jugó en lugar de Teófilo Juárez, Evaristo Cerfoglio entró por Gerardo Rivas y José Bono suplantó a Juan Francia. En tanto que por el lado de Nuis Alfonso Etchepare reemplazó a Antonio Denessine. Nuevamente muchos aficionados asistieron a la contienda, cerca de veinte mil espectadores acudieron a Arroyito. Esta vez el réferi fue Humberto Scremín, que colocó la pelota en el lugar donde se el lugar donde se patearía el penal, para que Arturo Podestá lanzara el disparo desde los doce pasos. Un intenso nerviosismo bajó desde las gradas hacia el campo de juego y una tremenda expectación se aduenó del estadio. Sonó el silbato del juez y Podestá lanzó el tiro que el arquero leproso rozó con las manos, pero Scremín ordenó la repetición del remate, alegando que Nazareno Luna, jugador canalla, invadió el área. Podestá volvió a efectuar el lanzamiento, que otra vez llegó a tocar el Oso Díaz, guardameta rojinegro, pero sin poder evitar que el balón besara la red y se transformara en el descuento auriazul. De esa manera se pateó el penal dieciocho días después se tendría que haber ejecutado. Se podría decir que ese fue el penal más prolongado de la historia, incluso más extenso que el del cuento de Osvaldo Soriano, titulado el penal más largo del mundo (ambientado en un pueblito de la provincia de Río Negro en 1958), donde la pena máxima tardó una semana en llevarse a cabo. Aquí se demoró once días más. Luego prosiguió el encuentro y el elenco visitante convirtió el tercero por intermedio de Galimberti, que puso el 3 a 1 final, con el que Newell's se impuso en el primer clásico profesional de la ciudad de Rosario, que tuvo un desarrollo y epílogo dignos de ser publicados en una antología sobre cuentos de fútbol.

(1) Periodista deportivo. Investigación.
(2) Diseñador gráfico. Gráfica.
(3) Licenciado en antropología. Asesoramiento.

Consultas en Internet: leovolpe81yahoo.com.ar
Espacio dedicado a la Historia del Fútbol Rosarino:
http://histofutbolrosarino.blogspot.com

Bibligrafia
Anales del Fútbol Rosarino" (Cipriano Roldán - Diario "La Tribuna" 1959), diario "La Acción" de agosto de 1931 y diario "Crónica" de Rosario del mes de agosto de 1931.

Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 111 de Setiembre 2012

martes, 18 de septiembre de 2018

ASOCIACIÓN ROSARINA DE INTERCAMBIO CULTURAL ARGENTINO NORTEAMERICANO



Fomentando el intercambio de ideas




La Asociación Rosarina de Intercambio Cultural Argentino Norteamericano A.R.I.C.A.N.A. nació con el propósito de fomentar el intercambio de ideas, el conocimiento y el estudio recíproco de las culturas de Argentina y la de los Estados Unidos de América, y de afianzar la amistad de nuestros respectivos pueblos.


Con esa visión es que a comienzos de 1943 un grupo de rosarinos, hombres y mujeres, la mayoría de ellos integrados al ámbito de la cultura, se unieron en el proyecto común de constituir una institución dedicada a sostener vínculos de intercambio con los Estados Unidos que permitieran, a la vez que difundir el conocimiento del idioma inglés a través de una enseñanza moderna, acercar los valores de su cultura a nuestra ciudad y su región.


La convicción de que esos vínculos de intercambio se fundamentaban en la común adhesión de ambos pueblos a los principios y el ejercicio de la democracia y la libertad como valores esenciales, se mantuvo inalterable en el espíritu y la acción de quienes presidieron e integraron ARICANA en todos estos largos años, y fue visible tanto en su quehacer cotidiano como en la amplitud y libertad con las que se desarrollaron en su ámbito actividades culturales estéticas y conceptualmente diversas.


En esa larga trayectoria, la institución fue presidida por firmes defensores de aquellos objetivos fundacionales, entre quienes deben señalarse en especial, los nombres de dos de ellos —Virgilio Albanese y Gonzalo Martínez Carboneil— cuya labor dejó una impronta perdurable, que constituye un acicate para mantenerla y aún para superarla a quienes hoy conducen ARICANA.


Nuestra ciudad, nuestro país y el mundo han sufrido transformaciones impensadas, en estos 67 años sin embargo en ARICANA no ha cambiado, aquel impulso y aquella vocación inicial, de concretar el proyector de vinculación cultural con los Estados Unidos, que permitieron la perduración de ARICANA, la consolidación y el respeto que su labor ha merecido y merece en la comunidad y el reconocimiento especial de quienes han tenido relación con ella: asociados, alumnos, profesores, empleados, directivos y exponentes de la cultura que la visitaron. En estos 67 años de vida, más de 100.000 alumnos fueron parte de la Institución. Tres generaciones de rosarinos eligieron A.R.I.C.A.N.A.


Esto permite garantizar el cumplimiento de los propósitos que le dieron origen: PRESENCIA + CULTURA + COMPROMISO.


Dr. Angel Cesaretti Monti Presidente






CONTACTO

Sede central Buenos Aires 934
(0341) 4217664
aricana@aricanabnc.com.ar
Sucursal Bella Vista
La Paz 3440
(011)4231125
bellavista@aricanabnc.com.ar
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Fuente: Extraído de Revista del diario “La Capital Bicentenario2010”

lunes, 17 de septiembre de 2018

Don Cornelio Casablanca


Por Jack Benoliel



Trascripción de un fragmento de la disertación pronunciada por Jack Benoliel en el inicio del ciclo de conferencias públicas propiciado por la Junta de Historia de Rosario, en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia



"Son aquellos que saben que sólo la obra de amor que encierra en su materialidad su fervoroso sentimiento humano está destinada a la memoria de los hombres más allá de la historia donde el tiempo se mide en profundidad.


Aquellos hombres que perduran, perduran por haber comprendido que la solidaridad y la fraternidad no es una concesión, es un deber. Y vamos a hablar de un hombre que hizo de su vida un símbolo de fraternidad y solidaridad.

Me emociona saber que está aquí la nieta de Cornelio Casablanca, Susana.

Si alguien acude al diccionario para ver quién fue y qué hizo Cornelio Casablanca, se va a encontrar con esto: Hacendado, nació en 1861 en San Nicolás, provincia de Buenos Aires y murió en Tigre, en 1945. Sus restos están descansando en la ciudad que tanto hizo por ella, en el Cementerio El Salvador.

Desempeñó variados y altos cargos bancarios en distintos puntos del país. Fue presidente de la Sociedad Rural de Rosario; presidente y fundador de la Liga Argentina contra la Tuberculosis; fundador e iniciador de la Facultad de Ciencias Médicas y del Hospital del Centenario de Rosario. En 1911 fue candidato a vicegobernador de la provincia de Santa Fe con Lisandro de la Torre.

¿Cómo surge la idea de crear el hospital escuela de Rosario?

Es el fruto del ideario de Mayo. En 1810 nace la libertad, se pone de pie la dignidad argentina. El pueblo inicia su camino de soberano. Y al cumplirse el centenario de ese primer gajito de la Independencia, Rosario debía celebrarlo. Como lo hizo: El hospital del Centenario y la Escuela de Medicina constituyen la esencia sublime de esa augusta celebración.

El de la idea original fue Lisandro de la Torre, que de regreso de los Estados Unidos había apreciado el aporte que brindaban ciertas escuelas libres de enseñanza y sabedor que en el Hospital Rosario los doctores Clemente Álvarez y Enrique Corbellini dictaban cursos libres en sus respectivos servicios, desde 1907, insinuó a este último la posibilidad de iniciar una escuela libre de enseñanza médica pública. Corbellini planificó esa escuela en 1908 y al comunicarle ambos esa iniciativa a Cornelio Casablanca, invitándolo a que se encargara de la suscripción como perito de finanzas, éste opinó que el momento no era el más oportuno y que no hallaría ambiente para la suscripción tendiente a la creación de una fábrica de doctores y convenía esperar una mejor oportunidad. Esa oportunidad llegó en 1910, al aproximarse la celebración del centésimo aniversario de la patria.

A mediados de abril, el intendente, el doctor Isidro Quiroga, invitó a un grupo de vecinos para intercambiar ideas sobre la forma en que se celebraría un mes más tarde el centenario de la Revolución de Mayo. Don Cornelio Casablanca una vez retirado de la reunión y recordando las exhortaciones que el doctor Eduardo Sempé, director de la Asistencia Pública, hacía en la tertulia del Club Fénix sobre la deplorable insuficiencia hospitalaria de Rosario y el postergado proyecto de de la Torre y Corbellini, dos noches después, el 8 de abril, en rueda de amigos en el referido club lanzó la idea de solemnizar la magna efeméride construyendo un hospital por suscripción pública, exponiendo con crudeza las consecuencias de la carencia hospitalaria y la vergüenza que significaba el diario rechazo de enfermos por falta de camas.

He aquí sus palabras textuales: "El hospital que falta y la escuela conjuntamente, eso si que tendría aceptación general".

Las crónicas recuerdan el siguiente diálogo entre Casablanca y Sempé: "Y si hiciéramos doctor amigo el hospital y la escuela por suscripción pública"... "Usted lo dice en broma -respondió Sempé- pero eso deberíamos hacerlo aunque no lo viéramos nosotros. Deberíamos iniciarlo". Y Casablanca contestó: "Primero, no hablo en broma, segundo, lo haremos y tercero, lo veremos. Ya tengo el nombre del hospital, será el Hospital del Centenario".

Y llega la fecha clave y decisiva, del 6 de mayo de 1910, convocada por Cornelio Casablanca en el Jockey Club. Se integra una comisión de quince miembros y se inicia la suscripción con los presentes. Casablanca leyó un manifiesto, redactado a su pedido por el doctor Francisco B. Correa. "Hemos acogido la idea cuya realización corresponde al pueblo de Rosario, de fundar una gran obra conmemorativa del Centenario de la Revolución de Mayo. La fecha está próxima. El 25 de Mayo, los 6 millones de hombres libres que habitan el suelo argentino festejarán regocijados el advenimiento de la nueva nación. Gloriosa por su pasado pero mucho más gloriosa por su destino".

"Pero es necesario algo más dejar algo que perdure... Carecemos de hospitales para las exigencias de la población y de los existentes ninguno se encuentra dotado de elementos completos. Se sabe además que el Rosario no atiende solamente a los enfermos de la ciudad sino a los de la zona de campañas y aún de otras provincias. No cuenta Rosario con ninguna escuela superior. Y esa ciudad de 200 mil habitantes debe tenerla. Las tres facultades de medicina de la República Argentina no alcanzan para formar profesionales. Todavía tenemos que aceptar que en la campaña existan diplomas extranjeros dudosos y sin revalidar. Seria más fácil recurrir exclusivamente a la munificencia oficial para estas iniciativas pero las energías que destinaríamos en pedir apliquemoslas en hacer. Conviene fomentar la iniciativa privada en Rosario que no dispone lo que disponen las ciudades que son sedes de gobierno.

"Invitamos al pueblo de Rosario y muy especialmente a los hombres de dinero a suscribirse. Los ricos tienen una función social y económica que legitiman las diferencias de la fortuna y en esta ocasión deben demostrar que son dignos del envidiado lugar que ocupan y de las ventajas que gozan por su dinero.

Abrigamos la esperanza un tanto arrogante de juntar la suscripción más grande que se haya hecho en ciudad alguna de la República siel 25 de Mayo ponemos la piedra fundamental del monumento podremos decir bien alto que nadie celebró con más honor el primer centenario de la Revolución argentina".

Esa misma noche de la primera reunión la suscripción alcanzó los 430 mil pesos. Corrieron los corresponsales de La Nación y La Prensa a transmitir la noticia. Pero los diarios no lo creyeron o pidieron confirmación. El diario La Capital abrió una suscripción popular. Lo mismo hicieron la Bolsa de Comercio, el Banco de la Nación y el Banco Español, donde trabajaba Cornelio Casablanca.

Al colocarse la piedra fundamental se habría recogido la cifra de 1.250.000 pesos. Pocas semanas depués mediante subsidios oficiales y de distinta índole se reunían 4.500.000 de pesos, casi 40 millones de pesos de nuestro tiempo.

El doctor Manuel Pigneto, al serle requerida su opinión dijo que el nuevo hospital debía ser policlínico, es decir comprender los servicios de todas las especialidades del servicio yen cirugía al igual que los policlínicos de Roma, Viena y Berlín, de los cuales debe erigirse el modelo en que se inspire, porque estaban considerados los mejores hospitales del mundo. En lo que respecta a la creación del instituto libre de medicina, el doctor Pigneto opina así: "Todo lo que sea a la difusión de la cultura me parece excelente, pero en este caso particular, un instituto libre de enseñanza no es el más apropiado. La escuela de medicina que es más oportuna debe ser lisa y llanamente oficial, constituida en la misma forma, con la misma organización y plan de estudios que las existentes en Buenos Aires, Córdoba y La Plata, y cuyos diplomas tenga el mismo valor académico y legal que los expedidos por los nombradas". Unida a la vida de la Facultad de Medicina está la vida del Círculo Médico, que nace el 14 de septiembre de 1910, para contribuir al progreso de la medicina fomentando el espíritu de solidaridad entre los médicos, estrechando vínculos con las demás asociaciones similares del país, y publicando una revista. El primer director fue el doctor Clemente Alvarez. En un ejemplar de ella de 1911 dice: "El Rosario está empeñado en la formación de un policlínico y una escuela de medicina. Una suscripción pública que ha tenido el valor de un plebiscito no puede dejarnos dudas del deseo general de constituir aquí un centro de enseñanza médica superior centro que exteriorice y estimule la producción científica. Nuestro hospital y escuela, marchan adelante. Ha terminado el plazo para la presentación de planos en el concurso público. Constituyó un éxito. Trece proyectos fueron presentados. Algunos provenientes de Europa. El jurado ha considerado que ninguno llena por completo las condiciones de un primer premio en un torneo de esta naturaleza y resolvió adjudicar dos segundos premios. Los premios fueron acordados a los proyectos 'Ciencia y arte' y 'Paraná', correspondiente a Tomás Varsi y el arquitecto René Barba el primero. Ladrillo tras ladrillo, suspiro tras suspiro la obra avanza. "La primera obra mundial disminuye sus pasos pero no la detiene. La voluntad es arrolladora. Se vencen antagonismos y se encolumna a todos", dice Raimundo Bosch en su obra Historia de la Facultad de Medicina.

El 27 de octubre de 1919 fue promulgada la ley creando la Universidad Nacional del Litoral. La obra titánica ya muestra su presencia casi definitiva. El gobierno nacional nombra delegado organizador a un hombre de valía: El doctor Antonio Agudo Avila.

Y llega el día que se escribiría un capítulo de gloria para la ciudad y la ciencia argentina. Es el 11 de abril de 1920. Los autores del más grande homenaje a la Revolución de Mayo a nivel país, por intermedio de su presidente, Casiano Casas, hacen entrega de las instalaciones a las autoridades nacionales.

Ultima semana de mayo de 1920. Rosario está de fiesta. Se inauguran los cursos de la Facultad de Medicina. Luego del acto el diario La Capital informaba: "La Chicago Argentina, la tierra de promisión de especuladores se convierte en una ciudad universitaria, ciudad docta que junta con orgullo y regocijo a la rueda de Mercurio que ondea en sus blasones la frente alada hecha de azul, de sol y de infinito con la que medita el genio".

En 1927, con motivo de denominarse Cornelio Casablanca a uno de los pabellones del Hospital del Centenario, el diario La Capital publica las siguientes palabras de Casablanca: "Quiero dejar constancia de la razón única que me decidió a ponerme por propia deliberación al frente como propulsor de la idea, con detrimento aparente de mi modestia, fue el convencimiento de que vide que en aquella circunstancia era yo la persona más indicada. Quizás la única para obtener el mayor número de contribuyentes".

En 1930, el diario La Acción le hace una entrevista con motivo de una fugaz visita a Rosario, en la que afirmó: "Rosario ha sido ingrato con este hombre que puso a su servicio lo mejor había de él. Y no nos consuela saber que siempre ha sido así y quien sabe hasta cuando seguirá siendo así. Todavía vale más un puntapié, una trompada que toda una vida puesta al servicio de una idea buena. .




La Universidad rosarina es hija del Centenario de Mayo y la Reforma Universitaria



Por Miguel Angel De Marco(h)


Nunca será redundante recordar que el surgimiento de la universidad en Rosario está íntimamente ligado al proyecto nacional y cosmopolita (no existe contradicción alguna en nuestra ciudad entre estos términos) de una dirigencia que consideró que la mejor manera de honrar el Centenario de la Revolución de Mayo era crear una Universidad al servicio de las necesidades más acuciantes de la sociedad, en solidaridad con los menos beneficiados por el crecimiento económico, y ante un Estado que aún demoraría un par de décadas en intervenir activamente en la dirección y gestión de la salud pública. Rosario, dio un ejemplo a la República: La tan anhelada nación de hombres libres se construiría desde la solidaridad, la educación, y la iniciativa individual puesta al servicio del desarrollo de todos.

Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 62 de Abril 2008

miércoles, 12 de septiembre de 2018

El Hospital Centenario y un tributo secular a Mayo


Por Juan Pablo Robledo


El Hospital Centenario es unas de las instituciones de salud pública más antigua de la ciudad, cuyos orígenes datan de principios del siglo anterior. La idea fue impulsada por el doctor Cornelio Casablanca, quien lanzó el proyecto de honrar al Centenario de la Revolución de Mayo con una obra que excedieran los habituales festejos, los fuegos artificiales e iluminaciones: crear un hospital público. En sus paredes se encuentran silenciosas, la memoria y la historia de Rosario.

Un proyecto que empieza a tomar forma

La idea de impulsar la creación de un Hospital Centenario había surgido, en vísperas del aniversario de los cien años de la Revolución de Mayo, tomando la iniciativa y comprometiéndose a recaudar los fondos necesarios el gerente del Banco Español del Río de la Plata, el doctor Cornelio Casablanca, por cuyo impulso se creó la Junta Pública Pro Hospital, que él mismo presidía y que era una verdadera constelación de apellidos reconocidos: Lisandro de la Torre y Martín de Sarratea como vicepresidentes; José Castagnino y Angel Muzzio como tesorero y pro tesorero, entre otros.

Estos hombres se reunían en el seno del Jockey Club, donde intercambiaban ideas sobre el tema. Hablaban sobre la "segunda ciudad de la República de poseer una construcción de un hospital grandioso, capaz por sí mismo no sólo de lograr su objetivo, sino de construir un orgullo sudamericano”.

"De utilidad inmediata..."

El 6de mayo de 1910, se firma y se hace público un manifiesto dirigido al pueblo de Rosario expresando los dignos fines perseguidos y haciendo un llamado a todos, pero principalmente a los hombres de fortuna a colaborar con donativos: "Los ricos tienen una función que legitima las diferencias de fortuna y deben demostrar que son dignos del envidiado lugar que ocupan. Entre una obra puramente artística y otra que, sin excluir el arte, fuere a la vez de beneficencia, enseñanza científica y utilidad inmediata, nos quedamos con lo segundo..."

El propósito de transferir a la ciudad una donación digna del centenario logró entonces una hoy añorada unanimidad: levantar, merced al aporte económico privado, simultáneamente un hospital, una escuela de medicina y un policlínico de grandes dimensiones.

Las donaciones de los vecinos prestigiosos formaron rápidamente la importante suma de $1.650.000, a lo que poco después se agregarían aportes provinciales y nacionales y las cuatro manzanas cedidas por la municipalidad. Eso hizo posible el comienzo de los trabajos de construcción, de acuerdo con el proyecto del arquitecto francés René Barba, a quien secundaba un prestigioso médico, el doctor Tomás Varzi.

Honrar a la salud


El diario "La Capital" señalaba por esa fecha: "Dicho hospital tendrá un programa de aproximadamente 300 camas divididas en dos servicios (hombres y mujeres); dos servicios de cirugía, un servicio de medicina para niños; uno de oftalmología, uno de piel, sífilis y venéreas; uno de laringología y uno de vías urinarias. Si el terreno se prestase, por su extensión, podría construirse un pabellón aislado, para tuberculosos. Honraría a la ciudad este hospital."

Las obras, comenzarían recién en 1913, pero la crisis derivada de la Primera Guerra Mundial provocó cada vez mayores retrasos en su marcha. Fueron subsidios provinciales y nacionales los que posibilitaron que el proyecto (que en principio parecía una utopía motorizada por el sector privado) terminara finalmente en realidad, a lo que debe sumarse una importante donación de Adolfo Rueda, fallecido en 1918, que permitió completar los fondos necesarios para la construcción de la mayor parte de los pabellones planificados.

El Centenario (como se lo denominaría popularmente) sería reflejo, entonces, de ese fervor de Mayo de 1910, que iba a impulsar, como nunca antes ni después, que los excedentes económicos de un sector se volcaran a una obra comunitaria. Una decisión que, transcurrido casi un siglo, sigue vigente. Como dijo un pensador "Lo más bello y noble de la vida radica en hacer algo más perdurable que la vida misma. Que lo que hagamos nos sobreviva" y el hospital Centenario es parte de una construcción que sobrevive, como identidad rosarina, como así también, para prevenir, curar, asistir humanitariamente y profesionalmente a los habitantes de todas partes del país.

Bibliografia

Utilizada: Archivo Diario "La Capital"

Artículo "Los fervores del Centenario" de Rafael lelpi

Artículos de "Rosario, su historia"

Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 62 de Abril 2008

viernes, 7 de septiembre de 2018

Calles de Rosario que recuerdan a los hombres que integraron la Primera Junta


Por Guadalupe Gómez
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Calle: Cornelio Saavedra 

Sentido: corre de este a oeste, desde Colón hasta Juan 

Manuel Casal 

Numeración: desde 00 bis a 5700 

Imposición del nombre: ordenanza 3 de 1905. 

Barrio: desde Barrio Centro hasta Barrio San Martín 


Calle: Mariano Moreno 

Sentido: corre de sur a norte. 

Numeración: Nace en los paredones del ferrocarril Central Argentino y termina en avenida Uriburu. Barrio: desde Barrio Centro hasta Zona Sur 


Calle: Juan José Paso 

Sentido: corre de oeste a este en su tramo inicial entre las calles Carrasco y Del Valle Ibarlucea 

Imposición de/nombre: ordenanza 3 de 1905 

Barrio: su trazado recorre De la Torre, Empalme Graneros y Fisherton. 


Calle: Manuel Alberti 

Sentido: Corre de este a oeste, paralela a la calle Ernesto Brandt 

Numeración: desde 7500 a 7800, a la altura de la calle 

Baigorria al 3300 

Imposición del nombre: ordenanza 25 de 1920 

Barrio: Alberdi 


Calle: Miguel de Azcuénaga 

Sentido: de este a oeste 

Numeración: desde boulevard Wilde al 200 bis hasta Eva Perón al 8800. Imposición de/nombro: ordenanza 25 de 1920. Barrio: Azcuénaga 

Avenida: Manuel Belgrano 

Sentido: de norte a sur, desde avenida San Martín a boulevard 27 de Febrero 

Imposición del nombre: ordenanza 3 de 1905. Barrio: Centro 

Cortada: Juan José Castelli 

Sentido: de norte a sur, entre las calles 1° de Mayo Juan Manuel de Rosas 

Numeración: desde la calles Ayolas a boulevard Segi Barrio: San Martín 


Calle: Juan Larrea 

Sentido: de norte a sur 

Numeración: desde la calle Reconquista a Camino l Broca. 

Imposición del nombre: decreto 220 13 de 1958 Barrio: Ludueña 

Calle: Domingo Matheu 

Sentido: de este a oeste Numeración: desde 300 a 1600 y desde 2800 a 34 Imposición del nombre: ordenanza 25 de 1920. Barrio: Alberdi 

OTRAS REFERENCIAS EN LA NOMENCLATURA URBANA 


La Plaza 25 de Mayo: 

Nació como plaza pública frente a la Capilla. Fue germen urbanizador del poblado. Sus primeras obras de ornato ocurrieron a partir de la declaración de Rosario como ciudad y en 1854 aparece por primera 

vez la mención de plaza "25 de Mayo". (Investigación de José Jumilla). 


Bustos de los miembros de la Primera Junta: 

Manuel Belgrano (Plaza Belgrano) 

Domingo Matheu (Plaza Matheu) 

Mariano Moreno (Estación Mariano Moreno) 

Cornelio Saavedra (Plaza Saavedra) 

Sabias que la Avenida de Circunvalación se denomina 25 de Mayo? 

Fuente: Extraído la Revista “ Rosario y su Historia” Fascículo N.º 62 de Abril 2008