jueves, 26 de marzo de 2015

LA PERDURACIÓN DE LAS IMAGENES



Cada una de aquellas ceremonias sociales, en especial los casa­mientos, así como la liturgia de los retratos familiares que todavía hoy pueden hallarse en miles de casas rosarinas formando parte de los recuerdos de abuelos o bisabuelos, demandaba la existencia de quie­nes perpetuasen esos momentos y esas personas. De ese modo, las casas de fotografía y los fotógrafos se convertían en importantes referentes de la vida social de las clases pudientes tanto como de los cotidianos acontecimientos del resto de una ciudad que, entre 1900 y 1930, estaba construyendo su definitivo perfil.
Es asimismo con la popularización de la fotografía que se facilita la perduración de los mayores e incluso de los menores momentos de la vida cotidiana y privada de las personas, desde los casamientos a los nacimientos y desde la memoria de los antepasados y los muertos a la frivolidad de las recreaciones mundanas, e incluso a la comprobación objetiva de los cambios que el paso del tiempo conlleva en cada uno. El interés por la novedad de la fotografía como modo de resguardo del presente (y también del pasado) perduraría hasta los años 30 para decaer luego y reaparecer en las últimas décadas del siglo XX.
Alain Corbin, Roger-Henti Guerrand y Michelle Perrot consig­nan: La irrupción del retrato en el seno de amplias capas de la sociedad modi­fica la visión de las edades de la vida y en consecuencia el sentimiento del tiempo. Como soporte que es de la imaginación, la fotografía renueva la nostalgia. Por primera vez le resulta posible a la mayoría de la población representarse a sus mayores desaparecidos y a sus parientes desconocidos. Se vuelve también per­ceptible la juventud de los ascendientes a cuyo lado se vive cada día. Y se efec­túa de rebote una transferencia sobre las señas de la memoria familiar.
"Chute & Brooks" sería, desde la última década del siglo XIX y hasta los años de ambos centenarios, la predilecta de la colectividad británica y de las familias más notorias, con su estudio fotográfico ins­talado en Rioja 1060. La casa se había iniciado en Montevideo en 1868, con LymanW. Chute yThomas Brooks como socios, quienes en 1879 trasladan el negocio a la porteñísima calle Florida, centro de la vida social y mundana del Buenos Aires del fin del siglo. El éxito los acompaña tanto que en 1885, deciden la incorporación, también como fotógrafo, de Robert Chute, que vivía en Estados Unidos y que, tres años después, se radica en Rosario, donde abre una sucursal del estu­dio, bajo la misma razón social, siendo la primera en introducir en la ciudad los trabajos al carbón y platino.
Del 900 eran asimismo el estudio fotográfico de Eugenio Widmayer, en San Martín 810, sucursal de una casa porteña, donde se vendían cámaras fotográficas, y la "Fotografía Universal", de C. Rodríguez y Compañía, en Libertad 943, luego 881, con especiali­dad en platinos y bromuros y un slogan que afirmaba: Garantizamos los trabajos realizados en días nublados como si fueran días claros; la de F. Corte, publicitada en 1905 como primer establecimiento fotográfico del Rosario de Santa Fe, en San Martín 1336; la de G. Ameglio, en San Martín 974, y "Foto Iris", en Córdoba 1461.
Hacia el Centenario, podía consignarse asimismo a "Giordano y Wallace", en San Luis 940; el estudio fotográfico "Siglo XX", en Córdoba 854; la "Gran Fotografía Florida", que en 1904 estaba instalada en Córdoba 1149; "Luz y Sombras", de Alberto Daza, en Córdoba 1236, que en 1910 promociona esmaltes americanos únicos en Rosario; "La Eléctrica", San Juan 1034; la "Fotografía Italiana", de José Grazia, en Santa Fe 1133, al lado del Correo, que en 1915 ofrecía retratos al lápiz con fino marco artístico a $15; Castellani Arte Fotográfico (sucesor de "Assanelli y Castellani"), primero en San Martín 874 y luego, hacia 1923, en Córdoba 1365, lo más fino y selecto en retratos Gravure y ampliaciones al pastel.
Lugar especial tendría "Witcomb", instalada en la ciudad en 1918 en San Martín 874, sucursal de la legendaria casa porteña cuyo archivo fotográfico sería, con el tiempo, un invalorable testimonio del pasado argentino, incluida buena parte de la vida rosarina. Alejandro Witcomb se radicó en Rosario en 1869, primero en Libertad 173 y un año des­pués en Córdoba 161, desde donde se trasladaría a Libertad 134. Es en 1878 cuando decide su instalación en Buenos Aires, convirtién­dose desde entonces en el fotógrafo predilecto de la alta sociedad por­teña, cuyos retratos y costumbres fijaría para siempre en sus trabajos.
Igualmente pioneros fueron A. Alexander, en San Juan 1019; Francisco Arturo, con su casa de fotografía en San Luis 911; Antonio Emanuel, en Güemes 2528; César Grosso, en San Martín 992; "Militano Hermanos", en Independencia 955;"Morchio,Vasalli y Cía.", que editarían a comienzos del siglo una valiosa serie de posta­les coloreadas de distintas zonas y paseos del Rosario; "Caffaro y Cía.", en Córdoba 1147 o el estudio fotográfico "De Negri Hermanos", en Sarmiento 988. Relación con todas ellas, del mismo modo que con los artistas plásticos, tendría otro antiguo comercio:"Casa Masoero", que desde 1889 se encargaría, en Rioja 957, y por más de un siglo, de la confección de marcos de madera tallados a mano.
Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo III editado 2005 por la editorial homo Sapiens Ediciones. Autor Rafael Ielpi