viernes, 28 de febrero de 2014

ROSARIO Y SANTA FE, DOS PERFILES UNIVERSITARIOS DISTINTOS, EN LA ÓPTICA DE LOS PROMOTORES DE LA LEY DE UNIVERSIDAD (1917-1919)



Rosario, la ciudad de célebres médicos y Santa Fe la de los abogados de alcurnia. La afirmación de Dickmann de que la disputa de fondo existente entre los sostenedores de la Universidad Nacional de Santa Fe ( proyecto Rodríguez, sede abierta, con preferencia en Rosario) y UNL ( dictamen de comisión, con sede en Santa Fe), pasaba por la pugna entre sectores progresistas laicistas y sectores tradicionales y confesionales por quedarse con el control de la futura Universidad.
Rodríguez proyectó a la Universidad de Santa Fe como  punta de lanza del reformismo argentino.
El diputado Agote viajó comisionado por su Cámara a Santa Fe para evaluar la creación de una universidad. En Rosario la visita fue amplia: “ He recorrido sus hospitales, sus bibliotecas, sus centros científicos, los edificios donde se levantarían la futura facultad de medicina.
Los considerandos de Agote a favor de constituir universidades en el interior.
El 21 de mayo de 1919, con los sucesos de Córdoba ya consumados y creación de la Federación Universitaria de Santa Fe  mediante Rodríguez presentó nuevamente su proyecto original, no el que tuvo despacho favorable en 1917.
La antigua universidad provincial estaba herida de muerte. Sus estudiantes reformistas se habían movilización, se clausuraron los cursos y renunciaron la mayoría de los profesores, lo que motivó su intervención por parte del gobernador de la provincia. La prioridades de Rodríguez en el sentido de que propuso conseguir la nacionalización de dicha universidades y la apertura de la Facultad de Medicina en Rosario solicitar la creación de una universidad mayor.
El diputado Agote expuso que la república tenía una deuda para con Santa Fe por haber creado y cosiendo su Universidad , y con Rosario.
Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.

viernes, 21 de febrero de 2014

ELITE REGIONAL Y MODELO UNIVERSITARIO



El pensamiento de Rodríguez es claro: la Universidad estaba destinada ala construcción de una nueva sociedad del conocimiento para el desarrollo nacional.
Una Universidad que según Rodríguez, partiera de dos puntos principales: autonomía completa de la universidad, docente y económicas; y universidad democrática en la elección de sus autoridades y su gobierno. La Facultad de Derecho de Santa Fe  y las escuelas y colegios de Rosario que pertenecerían sin esfuerzo crear las Facultades de ciencias médicas, económicas comerciales y políticas y ciencias matemáticas.
De Rosario enviaron peticiones al Congreso para que se diera prioridad tratamiento del proyecto de Rodríguez: el centro de estudiantes de la Escuela Industrial, la Asociación Cultural “El Circulo”, el Colegio de Abogados, El Círculo Médico de Rosario, la Biblioteca Argentina, ( entidades creadas por influencias empuje de Juan Álvarez), y la Cámara Sindical de la Bolsa de Rosario.
Semanas más tarde  el Consejo Superior  de la Universidad provincial solicitó que la Facultad de Ciencia Matemáticas, Física y Naturales que se proyectaba en el marco de la futura Universidad Nacional se estableciera en la ciudad de Santa Fe y no en Rosario como lo proponía Rodríguez.
Busaniche ( un dirigente  de la altísima representatividad de esa ciudad donde nació  )aseveraba que la Universidad provincial” prestigiaba la creación de la Facultad de medicina de Rosario

Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.

lunes, 17 de febrero de 2014

IDENTIDAD REGIONAL Y VALIDACIÓN UNIVERSITARIA



El Ministerio de Instrucción Pública de la Nación , Tomás Cullen ( oriundo de Santa Fe ) se reunió en 1914 con el entonces gobernador santafesino Manuel Menchaca, Joaquín V. González y Rodolfo Rivarola, acordándose interesar al gobernador de Entre Ríos, Miguel Laurencena en pro de la iniciativa, y éste accedió. El proyecto de dar formar a una universidad regional fue uno de los primeros grandes consensos interprovinciales acordados entre los gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos a lo largo del siglo XX.

En 1916 se fundó en Santa Fe el “Comité pro Universidad Nacional del Litoral”; fue entonces que la Unión Cívica Radical decidió incluirla en su plataforma partidaria.

Otra elite provincial que no ocultó sus aspiraciones de contar con universidad apelado a un discurso de descentralización económica, social y cultural fue la de Tucumán, que compartía con la de Rosario similar sentido de pertenencia a la obra de Colegios Nacionales y asociaciones culturales laicas. Tucumán y Rosario, unidas por el ferrocarril Central Norte Argentino (1876) y por la cadena de producción de la empresa Refinería Argentina (1892), con sus instalaciones a la vera del río Paraná.

El diputado nacional Jorge Raúl Rodríguez, conociendo con exactitud de la despareja representatividad rosarina en el Congreso frente a la ciudad de Santa Fe  integrada por “doctores” de la antigua universidad capitalina, debió calibrar y negociar su proyecto de 1917, aunque intentó que no primara la denominación del Litoral porque que sumadas a Santa Fe pudieran establecer la sede en esta última y no en Rosario.
Fuente: fragmentos extraído del  “Libro Ciudad Puerto De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.

viernes, 14 de febrero de 2014

LA UNIVERSIDAD DEL REFORMISMO EN LA CIUDAD DE LAS INNOVACIONES



Hacia 1920, en el que abrían sus aulas las Facultades rosarinas de la UNL, ferrocarriles, rutas, caminos, vía fluviales y marítimas, un poco más tarde las líneas aéreas, el telégrafo, los teléfonos y servicios postales, convetiendose en un puerto de ultramar.
La reforma de 1918  en la Argentina, había tres universidades: Córdoba, Buenos Aires y La Plata. Los títulos de la ciudad de Santa fe, que abrió sus puertas por decisión del gobierno provincial en 1890, y la de la ciudad de Tucumán, creada en 1912.
Este mapa de influencia no se había alterado al momento de crearse la Universidad Nacional de Rosario en 1968.
En sus orígenes Ciudad Puerto y Universidad tributaron a la misma lógica de expansión capitalista pero el pensamiento reformista que intervino en el nacimiento de la UNL, se hizo realidad y en un altísimo porcentaje de la comunidad académica del estudiantado y cada vez más profesores constituyéndose en un limite  para las aspiraciones hegemónicas del sistema.

Bibliografía:
De Marco, Miguel Angel Leopoldo Gabriel  “Libro Ciudad Puerto – Universidad y Desarrollo Regional – Rosario 191-1968” de noviembre 2013.

martes, 11 de febrero de 2014

UN ALBERDI INCONCLUSO / Estampas del pasado rosarino



Por Federico Dunger
El monumento a Alberdi en la plaza homónima se inauguró en 1918. Actualmente uno puede contemplarla pero aún sin conocimientos artísticos, puede sacar la conclusión que a lo sumo no está bien terminada. Efectivamente. Su creador fue uno de los más importantes y reconocidos artistas que tuvo nuestra ciudad: Erminio Blotta. Este consagrado maestro de la escultura, nació en Rosario( algunos afirman que nació en Italia) en 1896 y con tan sólo 19 años comenzó la obra del busto de Juan Bautista Alberdi. Pero a los dos años de estar trabajando en ella, un fragmento del mármol le lastimó el ojo derecho y con el tiempo, perdió la visión del mismo. La obra quedó inclusa pero aún así se inauguró cuando el Pueblo Alberdi quedó anexada a la ciudad. Blotta fue también el creador del busto de Beethoven en el Parque Independencia que fue el primer monumento dedicado a este genial compositor en alguna ciudad latina en el mundo. Fallece el 23 de enero de 1976. Hoy un pasaje de Alberdi lleva su nombre y en 2006 fue declarado como Artista Distinguido Post-mortem de Rosario.
“Rosario bibliográfico” Tomo I – 1955 . Pag. 191

Fuente: extraído de la revista “Rosario,  su Historia y Región  Fascículo Nº 123  de Octubre de 2013

jueves, 6 de febrero de 2014

EL ESTANCAMIENTO ECONOMICO Y LA AGITACION SOCIAL (1910-1930)



Este período ha sido carac­terizado por la dificultad en la transferencia de los capitales de la producción agropecuaria a la In­dustrial, la falta de movilidad de los recursos y la resistencia social, política y económica de la oligar­quía a cualquier alteración de un sistema que, aunque con claros signos de agotamiento, había posi­bilitado su hegemonía.
A esto se agrega. la “sociedad”  con empresas extranjeras, cuyos posibles beneficios habían merma­do notoriamente y que persistían como una remora para gran parte de los proyectos de transforma­ción. Estas circunstancias se hi­cieron sentir en la ciudad, cuya impotencia política y administrativa  ha sido ocultada tras el di­fundido mito de su espíritu tra­bajador.

Este había estado también pre­sente en el modo de celebrar el Centenario, "en forma digna y exenta de despilfarro", dejando obras concretas. Una comisión en­cabezada por Cornelio Casablanca resolvió conmemorarlo constru­yendo un gran hospital de acuerdo a los criterios más avanzados en la materia. En pocos días recaudaron cifras altísimas y fueron muchos los que ofertaron su trabajo volun­tario. Las obras, paralizadas du­rante la Primera Guerra, se exten­dieron de 1911 a 1929.
La Biblioteca Argentina fue otro de esos emprendimientos, en los terrenos de la antigua caballeriza municipal. Se construyó en un año y frente a ella se habilitó la plaza General Paz, hoy plaza Pringles.
En 1926, la ciudad contaba con 407.000 habitantes, el 47 por cien­to de los cuales eran extranjeros. Se sucedían las huelgas y ollas populares y la escasez de produc­tos de primera necesidad, la deso­cupación, las reivindicaciones la­borales, desencadenaban conflic­tos obreros y universitarios. De las crónicas se destaca aquel día de febrero de 1921 en que estudian­tes y obreros tomaron el Palacio Municipal y enarbolaron por una hora y media un capote rojo...
Hacia fines del período había más de 14.000 desocupados y 326 conventillos con 2800 habitacio­nes. Las perturbaciones y choques callejeros a raíz del empobreci­miento y la falta de trabajo culmi­naron con un fusilamiento en 1930, el del obrero Joaquín Penina. Abundaban los sabotajes, los tranvías incendiados, los asaltos a las comisarías y las bombas. La asociación entre dirigencia obrera-agitadores extranjeros explica una creciente xenofobia de la que hay testimonios en la ciudad como lo demuestra la aparición de una fi­lial de la Liga Patriótica Argentina.
Los inmigrantes son acusados de la crisis "moral", del materialis­mo dominante, de la falta de idea­les, de la indiferencia cívica y de un afán que, algunos años antes, era entendido como laboriosidad y es­píritu emprendedor. Para muchos resultaba irritante su ascenso so­cial en base al ahorro y la coopera­ción familiar y étnica. El censo de 1926 vuelve a ilustrar su predomi­nio en las áreas productivas y comerciales, e inclusive de renta. De­bemos recordar que constituían el 45% de la de la población y que en una importante proporción ya alcanza­ba la segunda generación rosarina.
Paralelamente, se ha consolida­do una clase media caracterizada por un crecimiento incesante que la hace muy heterogénea, con el disconformismo como único rasgo en común. Al tiempo que la bur­guesía mercantil rosarina, más se­gura en su posición, buscará nue­vos campos de población y que en una legitimación en la valoración de la inteligencia y de las preocupaciones del espíritu, o de temas tan altisonantes como la identidad nacional

Fuente: Extraído de la Revista Rosario, Historia de aquí a la vuelta fascículo N• 11 Autores: Ana M. Rigotti y Isabel M de San Vicente.

martes, 4 de febrero de 2014

Entre murgas y antifaces



Pero la fiesta del pueblo -aunque en ella participara también el res­to del espectro social- era sin duda la de los días de Carnaval, cuya celebración ruidosa, agresiva, pintoresca y colorinche iba a mantenerse durante décadas para ir perdiendo en forma paulatina aquel carácter participativo y alegre hasta convertirse en otra cosa. Las Carnesto­lendas, con sus corsos de carruajes, sus serpentinas, papeles picados y jue­gos de agua eran patrimonio de la ciudad hacia finales del siglo XIX e inicios del XX.
Ya en 1900, las sociedades carnavalescas, muchas de ellas dedicadas a homenajear a los negros -la Sociedad de Negros Africanos, la llamada Pobres negros africanos, que recorrían el centro rosarino con sus cantos y bailes- se movilizaban bajo la forma de comparsas, troupes o murgas, invadiendo las calles, los salones donde se llevaban a cabo los bailes y los corsos callejeros, en una especie de contagiosa exaltación colectiva.
Algunas de ellas tenían nombres realmente insólitos entre 1900 y 1920. en los que se mezclaban el humor, el lunfardo y el gauchismo: Los rantifusos decentes, Qué haces, desgracia sin suerte, Batifondo, batuque y compañía; La flor campera o Apretáme, te doy cinco. Por lo general se constituían en distintos ba­rrios, en alguno gestos o notorios clu­bes, según el caso, pero también las había conformadas por jóvenes de ambos sexos, de la sociedad rosarina como No me gusta tanto o Gripi, grupo, grapa y Cía Otras de esas troupes carnavalescas buscaban destacarse con denomi­naciones variadas que iban desde Elegancia, fantasía y originalidad a Los clasificadores de chicas u otros como Las mimosas rosarinas. El cicutal de la pampa o Kerosén con soda y Los tarugos eléctricos... Aquellas agrupaciones eran, sin duda, junto a las murgas -que en todo ca­so serían sólo una versión más desprolija y atorrante de las comparsas- las que aportaban la cuota de animación desenfadada a una fiesta que, co­menzando como un festejo rodeado de un hálito de cierto romanticismo fin de siglo (lanzaperfumes, serpentinas cruzándose en el aire, salu­dos de carruaje a carruaje) fue degenerando hacia el bullicioso y agresivo juego con agua, a baldazos y manguerazos. hasta que los bailes se fueron encerrando en clubes, y los corsos mantenían, mientras pudieron, su condición de evento barrial con participación del vecindario El juego de agua tenía, desde el siglo pasado, sus elementos esenciales en los pomos, con los que se lanzaba líquido por aspersión a las mujeres que deambulaban por el corso, los bailes, o pasaban en sus carruajes, coches o automóviles. Hacia fines del siglo XIX las marcas más famosos y acreditadas de estos tubos lanzadores de agua eran Pider y Glover, mientras que para 1910 campeaban los pomos Bellas Porteñas, importados por Ignacio Granados.
El ajetreo que producía la llegada del Carnaval era enorme e iba desde la preparación de los disfraces -disfrazarse era por esos años una costumbre general, que nadie encontraba ridícula ya que incluso se rivalizaba en los atuendos- a los ensayos de las murgas y compar­sas, y la preparación y decoración de las carrozas, carros y vehículos utilizados en el desfile de los corsos barriales. Abundaban los disfraces tradicionales, desde las damas antiguas al Oso Caroli­na y desde los caballeros cortesanos a los Pierrots y gauchos ele utilería. En muchas casas de barrio se cosía afanosamente du­rante algunas semanas, para que los chicos, y los grandes tam­bién, estuvieran en condiciones de no desentonar en los días de Carnaval.
Otros, recurrían a Gath & Chaves, La Favorita, La Platense, de Rioja y Sarmiento, y otras tiendas donde se vendían dis­fraces de todo tipo mientras los que gustaban de estruendos mayores podían proveerse de bombas y fuegos artificiales en el negocio de Leonardo Moris, en 9 de Julio al 700, o en el de Miguel Coviello. en la misma calle a la altura del 1000.
Desde comienzos de siglo, los corsos iban a ser una atracción del Car­naval, con su desfile de carrozas, máscaras y mascaritas que transitaba sin descanso por la calle, arrojándose serpentinas, agua florida, papel picado, rivalizando en la originalidad de los atuendos tanto como en la música y los cánticos de las comparsas. Entre 1910 y 1916, uno de esos corsos ocu­paba el sector norte del Bvard. Oroño, con un recorrido que iba de Salta a Brown, de ésta hasta Alvear y desde allí hasta Salta y Rivadavia.
Igualmente concurrido era el corso de Alberdi, con sus palcos instala­dos sobre la vía de desfile, que era el Bvard. San Martín, actual Rondeau, por el que se pavoneaban tanto las carrozas como "las familias de este aristocrático pueblo vecino", como comentaba "Monos y Monadas". Saladillo, pese a su lejanía del centro rosarino, no se privaba de organizar también su corso, junto al baile de disfraz y fantasía organizado por el Saladillo Club. Los carros alegóricos y comparsas desfilaban por la Actual Avda. Lucero y el trayecto mostraba "calle* adornadas a todo lujo por la empresa Tortella y Llusá", la que también se encargaba de la construcción de los palcos -cerca de cin­cuenta- que flanqueaban el paseo, instala­dos sobre las avenidas Arijón, Schiffner y del Rosario.
Fuente : Bibliografía usada de la Colección “Vida Cotidiana de 1900-1930 del Autor Rafael Ielpi del fascículo N• 5.